DE PROFESIÓN: CÍNICOS.

6 septiembre, 2017

murray

Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Hace algún tiempo se estrenó una serie en la que había participado como guionista. Fue un desastre, pero creo que eso no sorprendió a ninguno de los que habíamos escrito en ella. Apenas me afectó que la serie no funcionase, pero sí me afectó comprobar lo poco que eso me afectaba.

Me dio cierta pena (e incluso cierto miedo) ese grado de desapego, esa facilidad para asumir que nuestro trabajo desemboque en el contenedor de la basura, como si eso fuese algo lógico, natural, aceptado de antemano como parte indisociable del proceso. Pienso en el Juanjo de hace veintipico años y en su recién descubierta vocación de escritor. ¿Qué opinaría aquel chaval de esta resignación cansada que me aqueja, de esta epidemia de conformismo, de este abaratamiento de las aspiraciones? Si aquel adolescente ingenuo supiese dónde desemboca el camino que inició con sus primeros cortometrajes, ¿se le quitarían las ganas de recorrer dicho camino, o acaso lo galoparía a toda prisa para agarrarme del cuello y des-anestesiarme con un par de hostias bien dadas?

Eso es lo que me encuentro en más de la mitad de las series y programas de España: Guionistas anestesiados. Tecleamos y escaletamos casi por inercia, inmersos en una rutina mental de funcionario, navegando en un barco que no nos gusta hacia un destino en el que no confiamos, y es ése el caldo de cultivo ideal para una de las plagas más peligrosas del mundo del guión, y de la vida en general:

El cinismo.

Hace tiempo me atreví a definirlo de la siguiente manera:

El cinismo es el arte de arroparte con la toalla en el suelo, una vez que has decidido tirarla.

Así es al menos como yo lo percibo, desde mi posición de cínico ocasional: La actitud de aquél que ya ha dado la batalla por perdida, y en el caso de los guionistas creo que hay también un componente de “huída hacia delante”. Nos creemos mejores y más listos que la gente que nos contrata, más talentosos que los gerifaltes que nos imponen limitaciones. Demasiado buenos para desperdiciar nuestro potencial participando en el engendro mediocre que nos da de comer. Quizá por ello nos obsesionamos con demostrar a nuestros compañeros (y a nosotros mismos) que somos más brillantes de lo que nos permiten ser en el curro, y como alguien nos ha hecho creer que ser cínico es sinónimo de ser inteligente, damos rienda suelta a toda esa mezquindad proyectándola sobre el chivo expiatorio que tenemos más a mano: La propia serie (o programa) donde trabajamos.

Creo que en muchas producciones televisivas de este país, los chascarrillos de sus guionistas poniéndolas a parir son más ingeniosos y elaborados que los contenidos de esos guiones por los que les pagan. Hay más chispa en los grupos de whatsapp paralelos y en los descansos del brainstorming que en el producto final. En ese intento de demostrar que somos mejores que nuestro trabajo mercenario, hacemos bullying a nuestras propias series. Esos críticos televisivos que las despedazan el día del estreno rara vez serán tan crueles como lo fueron sus propios creadores durante la gestación. A veces nos toca trabajar en proyectos en los que NADIE confía. Uno tiene la desoladora impresión de que todos, desde el jefazo que les dio luz verde en la cadena de televisión hasta el guionista más raso, pasando por productores, directores, coordinadores… TODOS miran al proyecto de marras como miraría un abogado a un cliente sin salvación posible. Desarrollamos esos engendros dando por hecho que, como mucho, podemos evitarles la cadena perpetua bajándonos los pantalones para llegar a un trato. “Tenemos que ceder, señor Capítulo Piloto V8. Con suerte dentro de veinte años podrás salir de la cárcel por buena conducta, antes de que te pongan mirando pa la señora de Cuenca.”

Lo más triste del asunto es lo rápido que nos acostumbramos a esa mierda. Ya ni siquiera nos parece chocante que nuestro día a día consista en criar un hijo al que no amamos y en insultarle para sentirnos mejor.

No seré yo quien niegue que esa desidia, en muchas ocasiones, está justificada. Todos estamos hartos de ver equipos de guionistas muy punteros pariendo subproductos muy por debajo de sus posibilidades, y las razones por las que esos “dream teams” están condenados a firmar cosas indignas darían para otro post. Sin embargo, creo que ni siempre sucede así, ni conviene enarbolar como estandarte ese cinismo derrotista antes mencionado.

Soy de los que opinan que el cerebro, ese ordenador portátil que tenemos entre los hombros, funciona de un modo u otro según los parámetros con que lo programemos. Si introducimos en él ciertos axiomas, ciertas limitaciones, es posible que estemos capando nuestro potencial involuntariamente.

Estoy convencido de que en algunos de nuestros curros mercenarios somos incapaces de tener ideas brillantes simplemente porque nos hemos convencido a nosotros mismos de que no estamos en un sitio adecuado para ser brillantes. De pronto nuestras musas son como esas tortugas que no pueden crecer más porque están encerradas en un terrario demasiado pequeño. Ese terrario, al menos en gran parte, está en nuestra cabeza. Es un asunto de percepción mental.

¿No tenéis la impresión de que algunos actores, algunos músicos, algunos técnicos, al margen de su indiscutible valía, sólo alcanzan su máximo esplendor cuando trabajan con ciertos directores? Tengo la teoría de que los buenos directores consiguen crear un clima determinado, una burbuja dentro de la cuál a todo el mundo le nace dar lo mejor de sí mismo, o lo más auténtico, casi sin proponérselo. Quizá sea eso lo que define, por encima de muchas otras cosas, a un gran cabeza de equipo. Fabricar en las mentes de sus subordinados el terrario más amplio posible.

Esos guionistas subordinados, como contrapartida, están casi en la obligación de hacer crecer sus ambiciones como si quisiesen romper las paredes del terrario. Nuestra misión es galopar, la de nuestros jefes es tirarnos de las riendas.

Es probable que, a pesar de tus esfuerzos, la serie o programa en cuestión siga siendo una mierda, por factores ajenos a ti. Así que no des el do de pecho sólo por el bien del proyecto, hazlo también por ti mismo. Un guionista que trabaja bien en una mala serie tiene más probabilidades de que alguien se acuerde de él en el futuro para ofrecerle un puesto en una serie mejor. Un guionista que no se conforma con la comodidad de lo mediocre acabará no sólo creyéndose bueno, sino incluso siéndolo.

A veces funcionamos a medio gas en el teclado o en la sala de brain por ese miedo inconsciente a malgastar nuestras mejores ideas en historias que ni son nuestras ni nos representan. Según mi experiencia, ese temor es injustificado. Creo que el grifo de las buenas ideas es inagotable, siempre y cuando lo tengamos bien engrasado, del mismo modo en que una teta no deja de dar leche mientras continúes ordeñándola. Por ello defiendo la idea de ordeñar con voracidad a nuestras musas incluso en los trabajos más indignos. Mantener el músculo entrenado. En contra de lo que solemos creer, esta actitud no hará que lleguemos secos a otros curros más “dignos”, o a nuestros propios proyectos. Llegaremos más entrenados, con más munición, con más puntería. Lo único que necesitaremos para no caparnos es seguir reprogramando continuamente esos parámetros que formatean nuestro cerebro.

Yo me recuerdo a mí mismo todo esto que os acabo de contar precisamente para eso: Para intentar formatearme el coco. No es fácil.


CERTEZAS QUE HAY QUE RECORDARSE PARA SER UN GUIONISTA FELIZ

6 marzo, 2013
guionistafeliz
Por Natxo López

Éste escrito es una respuesta comunal -solicitada y más optimista- a mi anterior post “Realidades que hay que asumir para no ser un guionista amargado“.

– El mayor privilegio de ser guionista es poder vivir de algo que te gusta. Sería difícil encontrar un sólo guionista que no lo sea por vocación.

– Si el resultado final que ves en pantalla queda bien siempre podrás decir que lo escribiste exactamente como se ve. Si queda mal, puedes echarle la culpa a un montón de gente: director, productor, actores, fotografía, casting, vestuario, ministro de Cultura.

– Puedes ir al trabajo vestido como te dé la gana. La falta de gracia en el vestir no te supondrá un problema. Muy al contrario, posiblemente te ayudará a ser considerado mejor profesional.

– Tus compañeros guionistas serán en su mayoría gente inteligente, leída, mayoritariamente poco violenta y proclive a la buena conversación y al sentido del humor.

– De vez en cuando tendrás la oportunidad de pasar semanas de trabajo enteras sin tener que ponerte ropa de calle.

– En televisión sueles llegar a la oficina cuando el resto de gente lleva tres horas trabajando, justo en el momento en el que sacan los bocadillos.

– No necesitas grandes sumas de dinero para invertir en un proyecto personal. Basta con un ordenador, ganas y tiempo libre.

– Puedes trabajar en tu cabeza mientras haces la compra, paseas, haces el amor o finges escuchar a alguien. Luego sólo tienes que pasar a limpio.

– Trabajas a cubierto.

– Al contrario que en trabajo físicos, ésta es una profesión en la que con el tiempo uno mejora.

– Otros profesionales de la industria saben más de cómo “montar” una historia, o cómo venderla, pero un guionista es el que sabe cómo contarla. Y eso, en el fondo, te hace ser respetado.

– Dar fuertes abrazos y besos ruidosos a mucha gente a diario no forma parte de tu trabajo.

– No tienes que pasar demasiado tiempo con actores si no es lo que quieres.

– En algún momento tendrás la oportunidad de dirigir. No es una imposición, es una elección plausible, una opción más. Eso sí, igual te toca reconsiderar lo de los besos ruidosos.

– Quedarte en paro es una putada, pero también una oportunidad y una invitación a escribir.

– Puedes currar en pijama durante el invierno y en pelotas durante el verano.

– Tienes una buena excusa para escuchar conversaciones ajenas en el metro.

– Ver series y películas es parte de tu trabajo. O puedes decir que es parte de tu trabajo.

– Si haces muy mal tu trabajo no muere nadie, en principio.

– Si haces bien tu trabajo haces pasar un gran rato a mucha gente.

– Si resulta que eres un guionista muy malo siempre puedes convertirte en productor y maltratar a guionistas más talentosos.

– Puedes asegurarle a tus amigos de fuera del gremio: “esta película es muy buena; hazme caso, sé de lo que hablo”, aunque se trate de una película de, yo qué sé, Robert Rodríguez.

– Sólo por ser guionista ya se nos presupone ser inteligentes, ocurrentes y graciosos.

– Trabajando en equipo te ríes mucho. Trabajando en solitario te flipas a gusto.

– La gente nunca te comparará con otros famosos guionistas porque no hay guionistas famosos.

– Latinoamérica está muy lejos, pero existen los aviones.

– De todo lo que te sucede, sobre todo de las malas experiencias, extraes vivencias que te sirven para escribir, incluso para hacer comedia con ellas.

– Te pillan en un puticlub haciendo un trío y puedes decir: “Yo no voy de putas, me estoy documentando”.

– Frase de una guionista que antes fue actriz: “siendo guionista puedo estar todo lo gorda que me dé la gana”.

Verónica F. nos cuenta esta historia:

“Cuando acogí a mi hija mayor tenia siete años y medio. No entendía muy bien a qué me dedicaba yo. Tenía por casa el guión de “El apartamento” y le hice aprenderse conmigo una escena. La representábamos las dos. Ella creía que era una obra de teatro. Cuando ya la habíamos hecho no sé cuántas veces, le puse la película. Cuando llegó la escena que las dos habíamos estudiado me miró alucinada. Le parecía magia. Unas palabras se habían convertido en película. A ella le pareció que su nueva madre tenía una profesión increíble. Eso unido a que en la lista de casi todos los compañeros de clase de mi hija pequeña estoy entre las tres escritoras más famosas del mundo (junto a Rowling y Meyer) me hace pensar que tengo un oficio muy chulo”.

– Tienes mucho ganado cuando llega la hora de contarle cuentos a tus hijos (aunque nunca tendrás lectores ni espectadores tan entregados).

– Puedes estar tumbado en el sofá a las dos de la tarde y si tu novia te pregunta qué coño haces responderle “Pensando tramas”.

– Si eres dialoguista de una serie puedes trabajar desde lugares inhóspitos, véase, un pueblo de Albacete… Las señoras de ese pueblo te dan conversación y te preguntan sobre la serie…

– De vez en cuando podrás matar en la ficción a actores maleducados.

– Tu madre puede fardar de hijo con sus amigas.

– Puedes asegurarles a tus viejos compañeros del cole que sí, que conoces a tal y a cual famoso.

– No importa si no eres muy brillante, puedes suplirlo siendo trabajador.

– No importa si no eres muy trabajador, puedes suplirlo siendo simpático.

– Si trabajas regularmente como guionista tendrás un sueldo bastante por encima del mínimo interprofesional.

– Te invitarán a un cinco por ciento de las fiestas de rodaje. Así no tienes que ir a las demás.

– De vez en cuando tendrás un sobresueldo gracias a los Derechos de Autor.

– Puedes opinar sobre Derechos de Autor y canon con conocimiento de causa y sin maniqueismos.

– Puedes compartir las penas diarias con maravillosos compañeros de penurias. Y las penas compartidas son Media Pena.

– Entiendes y disfrutas series como “The Wire” o “Rubicón”.

– Puedes criticar con argumentos la patochada del final de “Lost”.

– Te gusta escribir. Y por lo tanto tienes la opción de escribir blogs, artículos, largos estados de facebook, tweets, mails concienzudos y declaraciones de amor suficientemente dignas. No sólo disfrutas haciéndolo, además te resulta -hasta cierto punto- sencillo.

– Tu profesión es lo suficientemente variada y rica como para que siempre encuentres nuevos retos. Puedes escribir cine, televisión, cortos, largos, teatro, microteatro, textos para niños, ensayos, novelas, musicales, series web…

– Cada vez que escribes estás aprendiendo.

Muchas gracias por sus aportaciones a Verónica Fernández, Lector Constante, Mercedes Rodrigo, Ana Hormaetxea, Mar Illundain, Laura Molpeceres, Alberto López, Felix J. Velando, Paco López Barrio, Martín Román, @mbaselga, @raulgalvezm, @ramirezmascaro, @SerGuionistaEs, @magadalenaProust, @jaimevaquin, @cabodevila, @fernandopolanco, @peposuevos.

Sí, toda esta gente ha hecho falta para pensar en cosas buenas. Que lo hayan hecho es un punto positivo más.


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