ENTREVISTA: BORJA COBEAGA Y DIEGO SAN JOSÉ

22 abril, 2014

por David Muñoz

A estas alturas no creo que haya muchos habituales de Bloguionistas que no sepan que Borja Cobeaga y Diego San José son los guionistas de la que ya es la película española más taquillera de la historia: la comedia “8 apellidos vascos”. Quizá porque, aunque no suele ser lo normal, por una vez los guionistas han hecho tantas entrevistas promocionando su película como el director y los actores. Sin embargo, en muy pocas se ha hablado realmente del guión de la película. Por eso, me pareció que sería interesante conversar con ellos aquí, para, por una vez, no mencionar ni los límites del humor, ni el mundo abertzale, ni los tópicos regionales, ni el difícil momento que atraviesa la industria del cine español, ni… en fin, todo de lo que ya han hablado tantas veces, y centrarnos en el proceso de escritura del guión y su forma de ver la comedia. Así que, aprovechando que me encontré con ellos comprando películas en un centro comercial (sí, somos de esos…), se lo propuse y este es el resultado: una conversación de más de dos horas vía chat. Espero que disfrutéis tanto leyéndola como yo disfruté teniéndola. Ah, para entender bien todo lo que se dice hay que saber un par de cosas: Borja y Diego coescribieron las dos películas que ha dirigido Borja, “Pagafantas” (2009) y “No controles” (2010); han sido guionistas del programa de la ETB “Vaya semanita”, y tienen en la nevera un piloto de serie de televisión también para la ETB titulado “Aupa Josu”, dirigido por Borja y coescrito por Diego y Juan Cavestany.

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David: ¿”8 apellidos…” es un encargo, no?
Borja: Sí.
David: ¿Cómo surgió? ¿Qué es lo que os propusieron exactamente?
Borja: La llamada la hizo Telecinco Cinema. Nos propusieron escribir una comedia sobre regionalismos e imagino que pensarían que nosotros tiraríamos por lo vasco, por haber estado trabajando en “Vaya Semanita”, el programa de ETB. Esa fue la directriz, poco más, y nosotros propusimos la historia, los personajes.
Diego: A partir de ahí se dieron muchas vueltas. De hecho, el primer tratamiento no tiene NADA que ver con la película. Lo que sí se mantuvo siempre fue que un andaluz iba a Euskadi y, lo que nos parecía más importante: que no iba a haber simplemente un choque, sino que se iba a hacer pasar por vasco.
David: Cuando os llamaron para el proyecto, ¿os citaron como ejemplo “Bienvenidos al norte”? Es algo que me parece haberle leído decir a uno de los productores de la película, Ghislain Barrois, en alguna parte.
Diego: Más que citarse como referencia, creo que se habló de la película porque la referencia es obvia, pero de cara a fijarnos en el argumento no. De hecho, es una película que tampoco nos gustó demasiado en su momento. Nosotros teníamos un proyecto de 2007 titulado “8 apellidos vascos”, que no tiene mucho que ver con la película que hemos hecho para T5 (rescatamos el título), que era más bien un “Los padres de ella” meets “Vaya Semanita”. Y siempre tiramos más por ahí que por “Bienvenidos al Norte”.
Borja: Es cierto que la idea de hacer una comedia sobre tópicos regionales flotaba en el ambiente. Varias productoras habían encargado a equipos de guionistas pelis del estilo. Estábamos nosotros con “8 apellidos vascos”, pero había una de un catalán en Andalucía, un manchego en Cataluña…
David: ¿Cómo era esa primera versión del tratamiento?
Borja: No era una comedia romántica, era una comedia “laboral”. Se centraba en un señorito andaluz, mucho más señorito y pijo que el personaje de Dani Rovira, que iba a Euskadi a dirigir una fábrica. Él era un hijo de papá que tenía que demostrar a su padre que era capaz de ser un hombre responsable. Y en Euskadi se hacía pasar por vasco. Pero la motivación era familiar y laboral, no romántica.
Diego: Esa primera historia viene de una motivación clara: No queríamos escribir OTRA comedia romántica. En aquella versión ya están apuntados algunos chistes que se quedaron. Creo que lo del contenedor que arde estuvo siempre.
Borja: Y se cayeron algunos chistes muy buenos, como el de otro personaje que llevaba años fingiendo ser vasco y tenía un zulo de jamones de jabugo.
David: ¿Y cómo fue el paso a escribir “otra” comedia romántica?
Borja: Fue jodido, porque llevábamos varios meses con la historia de la fábrica y nos dimos cuenta de que aún no teníamos un tercer acto válido. Partimos de cero otra vez, cosa que te puedo asegurar que no fue fácil. Pero veíamos que la mayor motivación para el personaje, la que podría hacer más o menos creíble que el tipo se fuera a Euskadi y fingiera ser vasco, debía ser una chica.
David; ¿Por qué os atascasteis con el tercer acto, qué pasaba?
Diego: ¡Ya no me acuerdo! ¿Qué pasaba, Borja?
Borja: La fábrica era una conservera, así que había alguna escena en un barco pesquero que creo que estaba bien. Teníamos una resolución muy “Bienvenido Mister Marshall”. Muy tonta.
Diego: Ah, venía el padre, ¿no?
Borja: Sí, venía el padre de Sevilla y los vascos fingían ser muy pro-españoles porque le habían cogido cariño al andaluz. Eso sí era muy “Bienvenidos al norte”.
Diego: Sí, demasiado, cierto
David: Entonces, si lo he entendido bien… ¿el paso a la comedia romántica fue decisión vuestra al ver que lo otro no funcionaba?
Diego: Creo que fue más bien con T5.
Borja: Yo creo que no fue T5. Empezamos a escribir el guion en una época en que los asistentes a la sala de cine empezaban a ser solo los señores y señoras mayores. Pelis como “Hotel Marigold”, “Intocable”… Es decir, que no hacía falta que la trama fuera romántica para tener éxito. Por lo tanto Telecinco no estaba particularmente obcecada en que hiciéramos una comedia romántica. Estaban contentos con que no hubiera trama de amor. Fuimos nosotros, más bien, porque veíamos que estábamos abocados a ello, aunque nos resistiéramos. Queríamos pensar que no y al final no hubo remedio.
Diego: También pasaba que eso nos permitía volver a la idea de 2007, que era sobre un chico de Santander que se enamoraba de la hija de Otegi y que para caerle bien a su suegro, se hacía radical, pensando que así se lo ganaba.
Borja: Eso es. Ellos seguían pensando en la idea original. Les encantaba. Tenían la espinita de haber hecho esa peli y al final hicimos esta, tomando algunos elementos, como el título.
Diego: Veníamos tocados de “No controles”, que no había funcionado bien, y queríamos evitar el amor. Pero era una tontería de actitud.
Borja: Exacto.
David: ¿Cómo son los primeros pasos que dais al escribir un guion? ¿Sois de escaleta?
Borja: Somos de escaleta muy al final.
Diego: Lo que hacemos es hablar mucho tiempo, meses. Y luego escaletar al final, para repartirnos la escritura, pero ya está muy mascada, incluso a nivel de gags.
David: Aunque tardéis en meteros en escaleta… ¿no vais construyendo una estructura básica de la película según vais avanzando en el desarrollo de la historia? Yo lo que suelo tener, tanto cuando escribo solo como acompañado, es una especie de “mapa” de la película, una línea horizontal dibujada en un papel en la que coloco los hitos principales. Lo llamo “mapa” porque aunque no sepa cómo voy a llegar, por lo menos sé a dónde tengo que ir. ¿Cuál es vuestro método?
Diego: Sí, eso sí lo tenemos. Lo que pasa es que yo creo que antes de eso nos centramos mucho en tener 4-5 gags muy potentes (la manifa estuvo ahí casi siempre), por si hay momentos de comedia que nos guían el argumento, sobre todo en una película como ésta, donde los gags son prioridad, o al menos más que en “Pagafantas” y “No controles”.
Borja: Creo que pasados meses de conversaciones tenemos bastante metida la peli en la cabeza. En cuanto a estructura sobre todo. Pero es cierto que estructuramos muchas veces en base a secuencias de comedia que creemos potentes. Hay 3 o 4 momentos que sabemos que van a estar. Y muchas veces tramamos para que esos momentos estructuren la peli. En ocasiones hacemos una escaleta física, pero muchas veces tenemos claro en la cabeza como es. Lo demuestra que cuando nos repartimos el trabajo no hay errores, sabemos de qué escena nos toca escribir a cada cuál.
Diego: Una cosa que hacemos mucho es: vale, podemos tener una secuencia como la manifa; que puede ser muy divertida, ¿pero qué nos puede cambiar en la trama, qué giro puede aportar más allá de que luego los chistes estén bien? Es decir, a veces tenemos primero la vía para el gag y luego pensamos bien cuál puede ser su aporte al argumento.
David: ¿En qué momento repartís el trabajo? ¿Cómo lo hacéis?
Borja: Recuerdo que en “Pagafantas” nos turnábamos. Es decir, uno escribía las versiones impares y el otro las pares. Pero a partir de “No controles” cambiamos y nos repartimos bloques de secuencias.
Diego: Pero la verdad es que cuando vamos a teclear, ya está todo muy mascado. Cuando escribimos yo no tengo la sensación de tener que inventar mucho. Otra cosa es dialogar, que ahí ya jugamos más a hacernos reír mutuamente.
Borja: Sí, a sorprender al otro con un diálogo que no espera. Yo recuerdo mi ataque de risa cuando en “Pagafantas” leí que el tío Jaime decía: “No sabía que te gustaban los Héroes del Zodiaco”. Ahí Diego me pilló desprevenido.
Diego: El chiste favorito de Julián López. No de la peli, de nuestra carrera.
Borja: A él también le pilló desprevenido.
David: ¿Os pidió Tele 5 un tratamiento o pasasteis de escaleta directamente a guion dialogado?
Diego: Hubo tres tratamientos: el primero, el laboral; el segundo, más romántico pero algo más secote, menos loco; y el tercero, romántico y entregado al gag, que es el que se ha estrenado.
Borja: El tratamiento es el enemigo de la comedia. Es imposible que un tratamiento sea tan divertido como el guion final, sobre todo en nuestro caso, que somos muy de diálogo. Nuestras pelis tienen su punto fuerte en los diálogos.
Diego: Lo malo es que la cadena puede dudar con un tratamiento de comedia. Llevarse la sensación de que no es divertido. Y te pueden volver loco. En T5 vieron la película clarísima en la primera versión dialogada, a partir de ahí, todo fue afinar detalles que no nos cambiaban la vida.
David: ¿Cómo eran los tratamientos? ¿Cuántas páginas tenían?
Diego: Muy largos, ¿no? Unas 30 páginas. Siempre vamos largos, en cualquier caso
Borja: Sí, tratamientos larguísimos, siempre pasamos de 30.
David: Y sí metíais diálogos, ¿no?
Diego: Algunos chistes que teníamos muy claros, sí están en tratamiento. Pero lo hacemos más de cara a los lectores del tratamiento que a nosotros. Por el pudor de “esto así contado les va a aburrir”.
Borja: Sí, además creo que así lo vendemos mejor, te da una sensación más precisa de cómo será la peli.
David: En teoría el tratamiento debería servir no tanto para saber si la historia es divertida sino para saber si funciona dramáticamente, ¿no?
Borja: Pero en una comedia se espera que uno se ría. Eso está por encima de todo. Desde luego es importante que funcione dramáticamente, pero la guasa es lo primero.
David: Claro.
Borja: Una cosa interesante que hacemos y es idea de Diego, antes de ponernos con el guion, es la ficha de personajes.
Diego: Es curioso porque su utilidad es un poco abstracta, nunca tengo la sensación CONCRETA de que me esté ayudando, pero está claro que sí: hacemos unas fichas un poco de periodismo barato, como si fueran estas entrevistas que hacen a los actores en las revistas de cine, “¿Tu frase más mítica?”, “¿Tu lema?”, “¿Qué odias de ti?”… pero en un rollo muy desahogado, creo que no aguantaríamos tomarnos eso muy en serio y, al ser comedia, buscamos divertirnos también con esa fase.
Borja: Es bueno para fases de bloqueo, cuando nos cuesta avanzar. Nos hace mirar a otro lado y nos da ideas.
David: ¿Pero no son biografías exhaustivas, no? Sino material que luego usáis para caracterizar a los personajes.
Diego: Sí.
Borja: Son cuestionarios, muy de “Quo” o “Elle”.
Diego: Exacto, es hasta divertido rellenarlos
Borja: A veces esos datos no aparecen en la película. Ayudan a saber cómo hablan los personajes, a rellenar huecos de su personalidad. El de Juan Carlitros de “No controles” es antológico.
Diego: Y también ayudan a que, cuando nos dividimos el curro, estemos escribiendo cada uno en su casa para los mismos personajes.
David: ¿Y la relación con el director? ¿Cómo fue durante la escritura del guión? ¿Estaba ya contratado cuando estabais escribiendo o llegó más tarde?
Borja: Cuando nos ofrecieron escribir la peli, pensaban que yo querría dirigirla. Pero teníamos otro proyecto con Telecinco que a mí me apetecía más, por lo que preferimos escribirla y pasar a otra cosa.
David: ¿Y el otro proyecto? ¿Cuál era?
Borja: “Fe de etarras”. Pero finalmente no lo hacemos con ellos. Cuando teníamos una primera versión de guion llamaron a Emilio.

Rodando la escena de la manifestación.

Rodando la escena de la manifestación.

Diego: No se metió mucho, fue siempre muy respetuoso porque la primera versión le hizo mucha gracia. Nosotros trabajábamos en las siguientes versiones y, antes de mandársela a la cadena, quedábamos con él y comentábamos algunos detalles.
Borja: Sí, él vio desde el principio que la trama y los personajes funcionaban. Quería afinar un poco la relación padre-hija, que creo que es su principal aportación.
David: En Twitter habéis comentado que hubo aportaciones a los diálogos de la gente de “Que vida más triste”, por ej. o de los actores andaluces Alfonso Sánchez y Alberto López. ¿Cómo gestionáis esas aportaciones?
Diego: Rubén Ontiveros o Mario Albelo son gente con la que siempre contamos para que se lean nuestros guiones y siempre nos cuelan 2-3 chistazos. Son unos superdotados para eso, son dos de las personas que mejor dialogan humor que yo conozca. Pero también lo hicieron en “Pagafantas” y “No controles”.
Borja: Ahí hay un tema. Somos vascos y los chistes de allí los controlamos. Los andaluces, no. Algo que ansiábamos mucho es que el actor que hiciera de Rafa fuera andaluz y aportara mucho en la manera de hablar del personaje.
Diego: Sí, para que no quedara falsísimo. Entonces, en la parte de Andalucía, teniendo a un actor malagueño y dos sevillanos, los chistes pasan a ser rematados por sus expresiones.
Borja: A mí me gusta cuando Dani Rovira confiesa que ha mirado el móvil de Amaia y dice “un salpicadito”. Eso no estaba en guion, por ejemplo. Me parece que hace suyo el personaje. Y en lo vasco hay frases como “el puto cura” o “perder has hecho” de Karra Elejalde que son aportaciones suyas. Pero por otro lado sí hay mucho diálogo tal cual del guion. Es que suele pasar que parece que el actor ha improvisado todo… No es una queja. Sólo una constatación. Me pasa desde Mariví Bilbao en el corto “La primera vez”, que el público lo veía y creía que estaba improvisando sobre la marcha.
David: ¿Cuántas versiones escribisteis del guion? Y, ¿cuánto duró el proceso de escritura?
Diego: Versiones de tratamiento 3. Dialogadas creo que 8. Aunque igual hubo las típicas separatas cuando se acercaba el rodaje. Y el tiempo total, como un par de años
Borja: Con muchos parones, eso sí, por la situación de Telecinco, que retrasó la producción de proyectos casi un año, en bloque.
David: Siguiendo con el tema de la improvisación (o no). Algo que en realidad sería una pregunta para Martínez Lázaro pero que me produce curiosidad: ¿Se permitieron improvisaciones de los actores y que aportaran cosas en rodaje, a lo Apatow? Dicen que Apatow (y eso es lo que se ve en los extras de los DVD de sus pelis) hace una toma con el guion y luego deja que los actores meten sus morcillas a ver si alguna merece la pena. ¿O eso es algo que una película española (por tiempo de rodaje) no se puede permitir?
Borja: Eso en España no se puede hacer. Es así. Y creo que tampoco hay una cultura de improvisación loca como la de los cómicos americanos. Yo muchas veces, como director, y si vamos bien de tiempo, pido al actor una toma “bonus track”, donde lo puede hacer como le dé la gana. Y a veces esa toma es maravillosa y otras una mierda. Pero creo que las improvisaciones de ensayo o rodaje, en el caso de “8 apellidos vascos”, son mucho más puntuales.
David: Además casi todos esos cómicos americanos también escriben, ¿no?
Borja: Claro.
Diego: Es otra cultura. Y si no escriben, venían de clubes de improvisación.
Borja: Exacto.
Diego: De todos modos, creo que los cómicos de ahora, tipo Dani Rovira, van estando más capacitados para eso. Dani se escribe su material, ha hecho mucho directo y, de hecho, cuando estás con él te das cuenta de que es muy rápido.
Borja: Pero la industria es la que no está capacitada, con rodajes de 6 semanas o menos.
Diego: Claro. Y yo, como guionista, me imagino una comedia rodada en 12 semanas para que haya mucha morcillita, y que el resultado no tiene ni puta gracia.
Borja: Hay actores cómicos buenísimos que no son capaces de improvisar.
David: También.
Diego: ¿Se sabe cómo lo hace Todd Phillips? Es que a Apatow le tengo paquete.
Borja: Lo de Apatow es fascinante, ver los making. Como Will Ferrell con Adam McKay. Es brutal el nivel.
Diego: Igual en “Funny People” tenían que haber improvisado un poquito menos, ¿no?
Borja: Jajajajaja. Sí, se les fue de las manos. Un par de horas, en concreto.
David: Carlos Areces por ejemplo es alguien que morcillea muy bien, con mucha gracia.
Borja: Pues con Areces, por ejemplo, rodamos hace poco un piloto que escribieron Diego y Juan Cavestany y no improvisó ni una coma. Se le notaba cómodo con el guion.

Carlos Areces en "¡Aupa Josu!".

Carlos Areces en “¡Aupa Josu!”.

David: Me gustó mucho. Ojalá el éxito de “8 apellidos…” sirva para que se animen a emitirlo.
Diego: “Aupa Josu” es lo que más me gusta de lo que he hecho con Borja, y me flipa la sociedad que hacemos con Juan.
Borja: De hecho, en “Aupa Josu” nos dimos cuenta de que debíamos improvisar algo. No por ganas, sino porque me di cuenta de que nos estábamos quedando cortos. El guion era de 60 páginas y los actores hablaban a toda pastilla, por lo que metimos un par de cosas en rodaje para estirar un poco. Pasó como con “Pagafantas”, un guion de 95 páginas que luego dura 78 minutos. Pero las improvisaciones de “Aupa Josu” eran más de escenas aparte, como cuando levanta los brazos en plan Nixon, por ejemplo. El guion se rodó tal cual.
David: El tono es fundamental en comedia. Y lo es desde la escritura. “8 apellidos…” y “Aupa Josu” son muy distintos en ese sentido. ¿Lo son tanto desde guion o es el resultado de la interpretación que hace de ellos cada directorl?
Borja: Creo que parten de la escritura.
Diego: Sí, claro. Se escribe de manera totalmente diferente, muy conscientes de qué busca cada proyecto.
Borja: Creo que el tono es territorio del director, pero sí hay algo ya desde guion que marca, incluso antes de guion, son las intenciones iniciales.
Diego: En “8 apellidos vascos” hay chistes, gags muy claros, y en “Aupa Josu” eso quisimos evitarlo, de hecho, incluso íbamos quitando del guion aquellos momentos en los que hacíamos comedia claramente.
Borja: El planteamiento inicial era muy diferente.
David: La situación incómoda sustituye al gag.
Borja: “Aúpa Josu” es una comedia más bajonera, sin chistes de diálogo.
Diego: A mí me encanta escribir las dos cosas, no creo que haya una cosa mejor ni más difícil que la otra, pero es una decisión que tomamos en base de para quién estamos trabajando.
David: Yo en “Aupa Josu” con los diálogos de los payasos abertzales me partí de risa…
Diego: Jaja.
David: Y ese plano del niño llorando…
Borja: No veo diferencia entre escribir un gag o una situación incómoda, siempre hay un concepto detrás. Pero es un concepto más dirigido a la exageración o a destacar un aspecto mediocre del personaje.
David: Y las conversaciones con el “contacto”… pero vaya, sí, que es otro tono, otro mundo.
Borja: Sí, son diálogos realistas. Es decir, no es nada que no pase en la vida real.
Diego: Eso es. El gran debate es si “Aupa Josu” llega a tanto público como “8 apellidos”, que obviamente, creo que no.
Borja: Creo que en “Aupa Josu” el público objetivo éramos Cavestany, Diego y yo. Ahí está la diferencia. Lo hicimos para nosotros.
David: Mmm… no sé… mi impresión es que podría gustar mucho. Pero a lo mejor me equivoco.
Borja: Yo creo que habría gente que diría “¿Esto es una comedia? Si es deprimente…”.
David: En Inglaterra “The Office” fue un éxito. Y mil series así lo han sido. Solo hay que intentarlo.
Borja: Claro. Por eso lo hacemos.
Diego: A ver si se estrena, aunque no sé yo si los programadores de Euskal Telebista leerán Bloguionistas.
Borja: Yo hago cine por el convencimiento absoluto de que puedes hacer algo buenísimo y que guste a la gente.
David: Volviendo a “8 apellidos…”, hay algo de lo que he hablado mucho con mis alumnos y es que, frente a lo que mucha gente cree tras leer libros como el de McKee, ni todos los personajes en cine tienen un arco de transformación, ni un conflicto interno que se resuelva en el clímax. Pasa en el terror (Alien), pasa en la aventura (Indiana Jones), y también pasa en la comedia. Mi impresión es que le pasa a Rafa, el protagonista de “Ocho apellidos vascos”. Quiere ligar con Amaia, y ya. Por lo demás él está bien, no tiene nada que resolver a nivel psicológico. Pero ese objetivo es suficiente para ponerlo en marcha. Mi teoría, quizá equivocada, es que cuando en comedia sí se le da al protagonista un conflicto interno (al personaje de Jack Lemmon en “El Apartamento”), su resolución hace que inevitablemente el tercer acto derive en drama. Y Rafa parece diseñado para evitar esa deriva al drama final. ¿O no es así?

Borja: No creemos en los grandes conflictos.
Diego: Yo creo que esto también tiene que ver con lo que decíamos antes de cuál es el proyecto que estás escribiendo. Si quieres que te quepan muchos gags y la gente se meta en el cine con la esperanza de reírse muchas veces y todo el tiempo, no puedes cargar al personaje de un gran conflicto que, para resolverlo, te va a llevar de manera inevitable a hablar en serio de esa resolución. Si quieres que hasta el clímax tenga comedia, habrá que darle un esquema que sustente todo, que haya progresión, pero que cuide el protagonismo de los gags. Hay una frase que leí en internet y me fascina: “los gags muy bien pero el guion una puta mierda”. El problema es mío por leer frases en internet.
David: Como si los gags no fueran también el guion…
Borja: Pero creo que también tiene que ver con nuestra actitud ante las pelis, las estructuras, los conflictos. En “Pagafantas” decidimos que no habría evolución de personaje. No pasaría Txema de A a B, sino de A a A.
David: Claro, en “Pagafantas”, donde el prota sí tiene ese conflicto (de hecho es la base de la película) lo que hacéis es no resolverlo. Al final el personaje de Gorka Otxoa sigue siendo el mismo (o peor). Me pareció una estrategia muy inteligente precisamente para evitar el final en clave de drama de muchas comedias.
Borja: Eso es.
Diego: Sí.
Borja: Pero incluso ahí el tono iba hacia el drama, por consciencia de que no vas a cambiar. Es que la gente no cambia TANTO. Eso no me lo creo nunca cuando veo una peli.
Diego: Sí, en los últimos 20 minutos de “Pagafantas” no hay casi chistes.
Borja: Justamente la gracia está en que no somos capaces de desprendernos de nuestras mediocridades.
Diego: Pero claro, era un proyecto diferente a “8 apellidos…”, donde diseñamos el primer acto ya pensando que en el tercero tenía que haber comedia por encima de todo.
David: En “Pagafantas” el final en el avión me pareció tremendo, pero muy divertido también.
Borja: Es terror, como el episodio final de “En los límites de la realidad”.
Diego: Creo que, precisamente de cargar a la comedia de “grandes conflictos dramáticos”, ha surgido ese cáncer que es la comedia dramática.
Borja: El dramedia. Uff.
Diego: Que es una fusión que funciona una vez de cada 100. En las otras 99 ni te ríes ni te emocionas
Borja: Lo difícil es lo que hace Alexander Payne, comedia y drama en la misma escena, incluso en el mismo diálogo.
David: ¿En qué películas pensáis cuando habláis de dramedia? ¿Algún título?
Diego: Dramedia es mucho la nueva comedia indie americana, no? Nunca son COMEDIAS puras. Nunca se tiran a la guasa.
Borja: Creo que la primera dramedia clara que vi, pero que justo estaba bien fue “La boda de Muriel”. Pero “Pequeña Miss Sunshine”, “500 días juntos”… No las aguanto.
Diego: Eso es. Ese rollo. En plan “comedia, sí, pero ojo, que tiene mucho cine”.
Borja: Diego, lees demasiado internet.
David: ¿Cuáles serían entonces vuestros referentes en comedia contemporánea? No tanto porque os den un modelo a seguir sino porque disfrutéis con ellos.
Borja: Ahí estamos muy de acuerdo. Es difícil decir algo que a Diego le guste y a mí no. Quizás yo soy más permisivo con el post-humor y demás.
Diego: Para mí, si hablamos de comedia, Adam Mckay, Todd Phillips, los hermanos Farelly, Edgar Wright… Y “The office”, “Louie”, Armando Ianucci (con “The Thick of it”, “Veep”)…
Borja: Alexander Payne es el tipo de director que yo querría ser. De hecho mi objetivo es hacer algo como “Nebraska”. Que considero muy comedia. Y claro, luego hay cosas de amigos nuestros que nos flipan: Cavestany, Alberto González…
Diego: Claro, Juan y Alberto hacen comedia. Pero de un nivel alucinante además.
Borja: Mis 15 minutos favoritos de comedia reciente son de un episodio de “The IT Crowd”.
Diego: El de los baños, ¿no?
Borja: El primero de la segunda temporada, el del musical gay, todo el tramo final.

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David: Bueno, volvemos a “8 apellidos…”, que nos despistamos. A mí lo que más me divirtió de la película (aparte de la mítica llegada a “Mordor”…) fue el tramo que empieza con la cena en la que Amaia le presenta a Rafa a su padre (Karra Elejalde) y termina con él colándose en la casa de Carmen Machi ayudado por el padre. Me gusta mucho que cada vez que parece que el prota va a salir bien librado del lío en el que se ha metido y el padre por fin se va a ir a casa, esté vuelva para “ayudarle” y cada vez le complique más las cosas. Funciona muy bien y es muy divertido. Además los actores están muy bien, sobre todo Elejalde y Rovira.
Borja: Esa es mi parte favorita de la peli.
Diego: Sí, es lo más redondo. De hecho se puede ver fuera de la peli y funciona como bloque.
Borja: Pero creo que viene también de otros guiones nuestros. En “Pagafantas”, a esas alturas de trama, pasaba lo mismo cuando le ponen las mechas, el cumpleaños… Creo que llegamos a ese punto de guion siempre bien. Nos hemos librado ya de plantear la trama, conocemos a los personajes y tenemos el terreno abonado.
David: Y podéis complicarle la vida al prota. El objetivo, como dice el guionista John August, siempre es putearle, ponérselo difícil, cada vez más. ¿En qué momento decidisteis dejar en elipsis la cena, o sea, cuando comen, y que no se viera? Porque esa es una de las cosas que ayudan a que ese tramo funcione. En la escena de cena de “Los padres de ella”, la estrategia del guionista fue justo la contraria, mostrar la escena y dejar fuera el antes y el después.
Diego: En realidad es bloque de “conocer al suegro” ya tiene un peso en minutos bastante generoso. Detenernos, además, en la cena, nos iba a alargar mucho esa zona y se iba a apoderar del segundo acto. Por otra parte, es un tema en el que iba a ser muy fácil caer en lo obvio: lo de comer demasiado, que se cuenta mejor vomitando
que viéndose. Nos hacía gracia pasar directamente a “RAFA sale vomitando”.
Borja: Sí, no queríamos hacer la escena de ingerir. Era más gracioso todo si quedaba en off.
Diego: Como símbolo del estómago andaluz sobrepasado por Euskadi.
David: Clara Lago ha sido la más criticada de la película. Por lo del acento (que a mí también me resulta raro), pero también creo que a eso se suma que le ha tocado un personaje que en comedia siempre resulta muy ingrato, y es el personaje serio, el normal, cuya actitud más creíble contrasta con la del protagonista y los personajes secundarios, que siempre suelen ser más divertidos.
Borja: El payaso blanco es difícil de defender.
Diego: Claro, pero es imprescindible. De hecho, creo que Amaia tiene más peso que la chica de “Los padres de ella”, que no me acuerdo ni de quién es.
Borja: Tiene que haber un rebote cómico. Si no, los personajes más cómicos no funcionan.
Diego: Nuestra vía para darle comedia era cargarla de carácter, que tuviera mucha mala hostia, una mala leche que no suele ser la de las chicas de comedia romántica, y además, darle el nudo de la decisión final.
David: Eso me gustó mucho. Que no es una pánfila.
Borja: Pero el personaje, como el tono de la peli, ha quedado más amable. Cosa que no considero un problema, sino una decisión. Nosotros imaginamos una concejala de Bildu que gruñe.
Diego: Sí, Amaia en nuestra cabeza tenía mucha mala leche, pero es posible que ese tipo de personaje femenino hubiera sido raro para parte del público. Luego, es cierto que pasa una cosa que se vio cuando montaron el tráiler: la peli se explica mejor con la Amaia gritona y malencarada. Y, de hecho, Clara Lago en el trailer parece Linda Hamilton en “Terminator 2”, entre empujones y tacos.
Borja: Sus mejores momentos son los de mala hostia, está claro.
David: ¿Y lo de darle un conflicto interno (o emocional), tan potente, que además se resuelve, con lo de su padre? Ella es el personaje que cambia, no el protagonista. Se reconcilia con el padre y acepta a Rafa.
Borja: Eso era fundamental para la mecánica de la trama. Es decir. ¿Cómo pasa de odiar al tipo a quererle? Teníamos que mezclarlo con el conflicto familiar. Amaia pasa de estar sola a tener una familia.
Diego: De hecho, Borja y yo llevamos 2-3 años muy obsesionados con la relación padre-hijo, y esto íbamos a meterlo sí o sí a las primeras de cambio.
Borja: Las relaciones paterno-filiales nos obsesionan mucho más que las románticas.
David: A mí me gustó mucho esa subtrama.
Borja: Pues ahí viene la insistencia de Emilio como director. Ese tanto es suyo. Esa escena la reescribimos muchas veces.
Diego: Sí, a mí cuando Karra le da el sobre, creo que es de los momentos más emotivos que nos han salido y es porque Emilio, que no es vasco, nos sacó el cariño a nosotros que nunca escribimos esas cosas.
David: De hecho lo que me pasó es que a nivel emocional para mí una vez pasa eso, lo demás me supo un poco a epílogo. Como que ya estaba todo el pescado vendido.
Borja: Totalmente.
Diego: Sí, la cosa es que lo siguiente fuera rápido. Otra opción que se barajó, y que viendo ahora la peli, me parece mejor que en su momento, era que Koldo estuviera en Sevilla en el desenlace. Koldo y Merche, los dos.
David: El final fue lo único que a mí me dejó un poco frío de la película. ¿Por qué Rafa dice que “no” en la escena de la boda? No lo pillé, me pareció un poco artificial, algo que hacía falta para provocar un giro antes del final pero que no estaba del todo bien “vendido”.
Borja: Había un tema que se limó en guion, bueno, más bien en rodaje, que era la motivación económica. Es decir, que Amaia hacía todo esto por el pufo que tenía con la boda. Limarlo ayudó a que la relación padre-hija fuera más emocional, pero claro, la motivación de Rafa para volverse a Sevilla tras decir que “no ” en la boda, quedaba más floja. Porque en realidad él se quedaba en shock cuando se enteraba de que Amaia hacía todo por la pasta.
Diego: Cuando se enteraba de que todo era una tomadura de pelo por pasta, se venía abajo.
Borja: Teníamos un chasco muy claro de Rafa que ahora está desdibujado. Pero eso habría convertido a Amaia en un personaje mucho más mezquino y la relación con su padre se habría resentido. Llegados a ese punto, con la peli a punto de rodar, había que elegir, y
el móvil económico casi desapareció.
Diego: A nosotros nos iba lo mezquino, pero se buscaba una película más blanca en cuanto a motivaciones, y eso se limó para suavizar a Amaia.
David: ¿Y el final con los del Río? Me comentasteis que vuestra intención era más irónica que la escena que se rodó, ¿no?
Borja: Bastante más. Rafa se daba cuenta de que su fantasía es una horterada.
Diego: Claro, la presencia de los del Río era para generar un APOCALIPSIS HORTERA del que se burlara Rafa. Yo creo que el cambio del personaje de Rafa en la peli es ése: se da cuenta de que es un hortera de cojones y no lo había visto hasta entonces.
Borja: Además el sonido es de playback, no de directo. Eso lo cambia todo. Es un matiz pero le da un aire mucho más mágico. Lo nuestro era realismo sucio. Sólo queda el diálogo de “un poco hortera sí que es”.
David: Me gustó mucho la subtrama de amor entre Carmen Machi y Karra Elejalde, esto de que sea una versión inversa de la de los protas, en este caso es el vasco quien se enamora de una española… es muy buena, pero también como muy de manual, esto que se dice a veces de que las subtramas deben de ayudar a ver la trama principal desde otro punto de vista, contar cosas que refuercen el tema y que no te permite contar la trama principal. ¿Sois tan cerebrales al abordar la escritura de subtramas así o es algo que surge de forma espontánea?
Borja: Lo somos. Cerebrales. Porque pasa en todos nuestros guiones.
David: Que no lo digo como una crítica, sino lo contrario.
Borja: Lo sé, lo sé… Yo creo que es porque odiamos las subtramas, pero como nos gustan los secundarios, lo que hacemos es que sea una trama espejo. Nos flipan los secundarios. A veces, demasiado, Juancarlitros en “No controles” se comía la peli.
Diego: El personaje de Merche era un hombre en la versión anterior de tratamiento. Y lo transformamos en mujer para que Koldo rompiera su nacionalismo a base de enamorarse de una extremeña sin darse cuenta.
David: ¿Y cómo era de hombre?
Borja: Era un falso abuelo.
Diego: Un abuelo al que los hijos no le hacían caso y entonces disfrutaba mucho con su rol de “falsa familia” y no estaba dispuesto a que el andaluz se volviera a Sevilla.
Borja: Porque nos gustaba la estampa de familia falsa. Una familia falsa que es más de verdad que la auténtica.
David: Que gran escena la revelación final sobre Merche, cuando se ve el cojín con la bandera de España y las fotos…
Borja: Sí, volvemos al terror de “alguien se da cuenta” que había en “Pagafantas” con los posters de Bunbury o el final del avión.
David: La relación entre Elejalde y Machi queda un poco colgada en la peli. No sabes cómo se resuelve. ¿Era así en el guión?
Borja: No tanto, porque en principio los veíamos en Sevilla. Pero nos pidieron centrar el final en los dos protas.
Diego: Es razonable resolver la trama romántica con ellos dos y nadie más, para darle más entidad. A mí hay algo de que no sepas bien qué pasa con Koldo y Merche que me gusta, porque creo que en este tipo de comedias comerciales no se suele dejar nada sin sobre explicar. El marronazo es que hay que hacer una segunda parte y habrá que pensarlo.
Borja: Alberto González es muy fan de “No controles”, pero dijo algo que nos afectó mucho: que el final, con todos los protas despidiéndose, cerrando tramas, parecía “El retorno del rey”.
Diego: Jajaja. Sí. Desde entonces medimos mucho las despedidas
Borja: Evitamos finales explicativos.
Diego: Esa frase me marcó mucho
Borja: Sí, es nuestra mayor influencia de los últimos años. Ni “Louie”, ni nada. Esa frase de Alberto.
David: Una cosa rara es cómo entra en la película el personaje de Carmen Machi, ¿fue así siempre en el guion? A mí me pareció extraño que aceptara tan fácilmente al prota cuando se presenta en su casa de noche, me costó tragármelo. ¿Cómo razonasteis vosotros ese momento?
Borja: Yo pensaba que era una mujer que se aburría mucho. No tengo conflicto con su motivación en ese sentido. Desde su primera escena es muy cotilla, muy invasiva, muy cercana.
Diego: Y vive en un pueblo tan pequeño y tan vasco, que tiene una conexión desesperada y automática con alguien de fuera.
Borja: Su motivación es que se aburre bastante y se apunta a un bombardeo. Y claro, lo que dice Diego, que empatiza con el no-vasco.
Diego: Es como una “alianza pro-constitucional”
Borja: Jajajaja.
Diego: Creo que en alguna versión, esa parte se explicaba más, y se intentó reducir para ir más rápido al grano.
Borja: Jajaja, Diego, no te justifiques. Nos han pillado. Como con las amigas de la prota, o el ex novio. Probamos a meterlos en la trama y nos sobraban todo el rato.
Diego: Es verdad
Borja: Teníamos que tener pocos personajes, eso estaba por encima de todo para que la trama funcionara.
Diego: Con el novio había alguna situación buena, como cuando se encontraba con Rafa ya vestido con su ropa.
Borja: El ex novio estuvo en casi todas las versiones de guion, pero era otra peli.
Diego: Sí, porque necesitabas explicar demasiado el fracaso de la anterior relación.
David: Justo ahora estoy asesorando la escritura de un guión de comedia que creo que puede estar muy bien en el proyecto de desarrollo “Dama Ayuda”. La guionista, Diana Rojo, está escribiendo la primera versión, y de pronto, hay varias subtramas que nos sobran. Hay una hija que me temo que es vuestro “novio” y no va a sobrevivir a la siguiente versión.
Borja: A nosotros lo que más nos gusta es la unitrama.
Diego: Solo nos gustan las subtramas que abre la trama principal, las que nacen por eso. Por ejemplo, lo de Koldo y Merche es consecuencia de una mentira, que es la trama principal.
Borja: Cuando hay tramas secundarias nos da la sensación de que estamos haciendo un capítulo de “Hospital Central”. Con todos nuestros respetos a la serie, pero creo que el cine o bien es coral a tope, como Berlanga o Altman, o de una sola trama. Odiamos cuando las subtramas están separadas de la principal, cuando ésta no la provoca.
Diego: Eso es. A mí me parece televisivo.
Borja: Y los personajes suelen caer en el proceso, está claro. A mí me ha tocado llamar a un actor para decirle que no venga a rodar, que su personaje se ha caído. Siempre se peca por exceso. Nunca me he arrepentido de haber cortado una escena de guion o montaje. Siempre es mejor más corto. Bueno, hay una excepción en “Pagafantas”. De guion. Sé que a Diego le duele especialmente esa.
David: ¿Cuál fue?
Borja: Una escena con el amigo de tío Jaime, el fotógrafo que SÍ había abrazado el digital.
Diego: Ahí teníamos un encuentro muy chulo con un compañero de instituto que tenía otra tienda de fotos, pero digitales, y se enfrentaba a él en el bar, como si fuera un western, diciéndole que no tenía principios.
David: Cuando nos encontramos hace unos días Borja dijo algo a lo que le he estado dando vueltas, y es que creía que si él hubiera dirigido la película no habría sido un éxito tan grande. Ya os comenté que a mí no me gustó ni la puesta en escena ni esa música como de “dabadabadaba” tipo años sesenta. Y sin embargo, me reí mucho. ¿Creéis que sí que hay un estilo en comedia a priori más comercial?
Borja: No lo sé. Tampoco lo dije por hacerme más “cahierista”, por decir que la peli dirigida por mí habría sido mejor. En absoluto. Pero creo que por ejemplo, el personaje de Amaia habría sido diferente, más hosco, y creo que la clave del éxito de la peli es su amabilidad, su tono caricaturesco y blanco.
Diego: Más que en aspectos técnicos, creo que Emilio ha sabido abrir la película a un público mucho más amplio del que nosotros teníamos en mente, se han simplificado detalles para que se descojone desde el adolescente hasta el abuelo, y si se habla del taquilla es importante este giro.
Borja: Todas las críticas que ha tenido Emilio sobre su puesta en escena las he tenido yo con mis dos pelis como director. El hotel de “No controles” no era la apoteosis del diseño de producción precisamente.
Diego: Jajaja.
David: Yo tenía casi una lucha interna viéndola… como que, vale, no me gustaba formalmente (tampoco es que me horrorizara) y a la vez me estaba riendo mucho. Y no soy de los que se parte de risa con facilidad en el cine. Me preguntaba si la comedia no sería un tanto incompatible con cierta complejidad formal.
Borja: Yo creo que es compatible. Tras “No controles” reflexioné un montón sobre esto. Una cosa es el estilo invisible de Cukor y Hawks y otra cosa es la inexpresividad. Creo que en mis pelis como director he confundido el estilo invisible con el estilo inexpresivo.
Diego: Yo aquí siempre recuerdo una cosa. Cuando se intentó hacer un piloto de “Que vida más triste” con dire de foto, realizador, etc… los mismos guiones no tenían ni puta gracia. Para mí, muchas veces, la comedia funciona mejor cuando la forma no luce demasiado.
Borja: Pero una comedia rodada con intención es más divertida que una comedia “retransmitida”. Ejemplos como Edgar Wright y Javi Ruiz Caldera lo demuestran. Pero entiendo lo que decís. Lo importante es saber dónde está la gracia y que la puesta en escena lo refuerce. A veces reforzarlo es dejar la cámara quieta. A veces puede haber un chiste de movimiento de cámara o un corte concreto.
Diego: En este sentido, los Farrelly son unos superdotados
Borja: Los mejores.
Diego: Hay algunos gags de “Carta blanca” que no se pueden contar mejor.
Borja: La escena del pedo líquido.
Diego: El pedo líquido, o la paja en el coche con la policía mirando.
Borja: Aguantan plano y cortan en el momento preciso. Y viene un plano de expresividad muy graciosa. Sí creo que se puede hacer comedia con la puesta en escena. El tema es reforzarlo.
David: Claro.
Borja: Y creo que lo último que he dirigido lo hace mejor que antes. Si ves el corto “Democracia” o “Aúpa Josu”, hay una intención de cambio.

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“Democracia”.

David: Si, a mí los dos me han gustado mucho. Y me parecen muy bien dirigidos.
Borja: No es que sea una puesta en escena apabullante, no es formalismo, es lo que le pega a la historia. Y la bronca que me cayó cuando Diego vio “Democracia”…
Diego: No me acuerdo qué dije exactamente, pero cuando vi el corto pensé: “No me jodas, hacemos dos pelis… ¡¿y diriges así AHORA?!”.
Borja: Diego y yo estábamos de acuerdo en que por ejemplo, “No controles” tenía una apariencia mucho más pobre de lo que habíamos imaginado. Por culpa de las condiciones de producción y por la mía. Ahora he aprendido a localizar, a no contenerme… Es muy de colegio de curas eso de no presumir. De ahí una puesta en escena tan sosa en mis dos primeras pelis. Muy jesuita.
Diego: También has aprendido a coger una entrevista sobre guion y que acabemos hablando de ti sin que nos demos cuenta. Esto antes no te salía.
Borja: Jajajaja.


HABLANDO DE COMEDIA CON DIEGO SAN JOSÉ

28 noviembre, 2013

por Alberto Pérez Castaños

Diego San José es guionista de comedia. Ha trabajado en televisión (“Vaya Semanita”, “La Hora de José Mota”, “Qué Vida Más Triste”, ente otros), en cine (“Pagafantas”, “No controles”) y en teatro (“Más de 100 mentiras”). Hace unos días estuve con él hablando de comedia y de sus proyectos más recientes y éste es el resultado.

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Tras “Pagafantas” y “No controles”, “Ocho apellidos vascos” es tu nuevo guión de largometraje co-escrito con Borja Cobeaga, que se estrenará en abril del año que viene…

Sí. La idea es que vaya al Festival de Málaga y estrenarla inmediatamente después, pero ya veremos. Es una comedia romántica con tintes de humor “regional”. Tiene algo de nuestra época en “Vaya Semanita”, con mucho humor de lo vasco, aunque no muy político, porque creo que no era el guión para meterlo. Pero sí hay algo de política, de nacionalismo, de choque de ideas… La película es una especie de pez-fuera-del-agua, donde un señorito andaluz (Dani Rovira), de derechas, con gomina, pantalón de pinzas y con polo va a Euskadi y se ve obligado a hacerse pasar por vasco ante un posible suegro ultranacionalista vasco.

Esta vez no la va a dirigir Cobeaga, sino Emilio Martínez-Lázaro. ¿Ha sido un proceso de trabajo diferente sin Borja como director del proyecto?

Es una película que hemos escrito Borja y yo por encargo. Es decir, la cadena nos dio una idea general de lo que quería hacer y escribimos el guión en un proceso de un año y medio, más o menos. Con el guión ya escrito la cadena trajo un director, que en este caso es Emilio Martínez-Lázaro, para que la ejecute.

Es un sistema que está bastante bien, diferente al que estamos acostumbrados, en el que alguien tiene una idea en su casa, la escribe, pelea por venderla… Pero esta película se ha hecho con un mecanismo interesante. Creo que estaría bien que hubiese como diez proyectos al año así, donde una cadena busca un guionista para que escriba algo y luego busca a una persona que no está conectada al guión para que la dirija. Es un proceso mucho más corto. Pienso que facilitaría la entrada de muchos guionistas en la industria para hacer cine, ya que gracias a este sistema a lo mejor no tendrían que venir al Picnic a hacerse amigo de ningún director. Ojalá el sistema, independientemente de la película, sí funcione.

¿Crees que podréis hacer “Fe de etarras”, vuestra comedia sobre el terrorismo, a raíz de ésta?

Para hacer de “Fe de etarras” puede haber dos puentes. Uno sería que “Ocho apellidos vascos” salga bien económicamente hablando, de cara a la comercialidad de lo vasco. Y el otro estaría relacionado con un piloto que hemos hecho para ETB, que funcionaría también como TV Movie, titulado “Aupa Josu”. Lo he escrito con Juan Cavestany y lo ha dirigido Borja, y se estrena en diciembre. Por lo político sí se parece más a “Fe de Etarras”, ya que trata de un consejero del Gobierno Vasco que se propone acabar con ETA en dos días. Pero sobre todo se parece en el tono, más deprimente pero muy divertido, como una comedia oscura donde no está subrayada la carcajada. Creo que ha quedado realmente bien.

Borja comentó que Cavestany y tú os quedastéis alucinados con el nivel al que Carlos Areces, el protagonista de “Aupa Josu”, eleva el guión que escribisteis.

Fue brutal. Me asustó, incluso. Me impactó hasta qué punto había entendido bien los chistes. No sólo ha interpretado bien el guión sino que lo ha reforzado todo con una pausa o acabando una frase en un determinado punto porque ha sabido en qué palabra exacta está el gag. Eso es muy complicado pedírselo a un actor.

Hay pocos actores cómicos así, desgraciadamente…

Ya. Además, desgraciadamente no hay muchos en España que quieran ser actores cómicos, como Julián López o Gorka Otxoa, que te saben leer perfectamente un chiste. Ahora mismo vas a una escuela de actores y preguntas quién quiere ser cómico y no creo que salga nadie. Es decir, si les preguntas si quieren hacer comedia, te dicen que sí, pero si quieren ser cómicos, si quieren tener una conexión casi única con hacer comedia, no creo que haya muchos. Es una pena. Quizás por ese desprestigio que va siempre unido al género, que no da casi premios, y muchos no aceptan vivir sin ganar uno. También pasa una cosa con los actores de comedia, que es que la gente le atribuye su trabajo a su personalidad y se creen que de por sí ese tipo es gracioso; ves a un actor de drama y te crees que ha estado tres meses viviendo con yonkis preparando su papel, pero ves al de comedia y te crees que es gracioso porque con cinco años ya hacía reír a la gente de su barrio. Lo que falta es que la gente entienda que hacer reír tiene el mismo trabajo o más que el drama, que hace falta ser muy inteligente para eso.

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Jorge Guerricaechevarría dijo en el Encuentro de Guionistas de Bilbao que a él le gustaba trabajar con el director porque éste se iba imaginando la película en imágenes durante el proceso y eso le venía muy bien para escribir. Tú has escrito con el director y sin el director, ¿te pasa igual que a él?

A mí me pasan dos cosas que responden a por qué sí prefiero escribir con directores. Una es que yo no escribo solo. Escribir guiones de cine es un proceso muy largo y muy aburrido como para hacerlo en solitario. Y encima, al ser comedia te ayuda tener a alguien al lado, porque de vez en cuando te ríes, lo pasas bien y, además, puedes probar los gags.

Luego, por otro lado, a nivel laboral creo que es la respuesta por cómo están cosas. Es por lo que comentábamos al principio. Ahora mismo es complicado que a un guionista lo contraten para escribir una película y luego se incorpore un director. Normalmente, el proceso arranca con un director y luego con un guionista; o bien porque el director no es guionista o bien porque el director no quiere escribir el guión entero él solo.

Y en cuanto a si me ayuda o no a la hora de escribir, creo que más que ayudarme a mí, escribir con el director ayuda a la película, porque el director ha ido viviendo todo el proceso de escritura y luego lo plasma tal y como se han concebido las ideas sobre el papel. Aunque no hace falta que sea el co-guionista en muchos casos. Javi Ruiz Caldera, por lo que tengo entendido está en el guión, en reuniones y tal. Cuando escribo con Borja, él lleva la chaqueta de guionista. Si piensa imágenes o planos concretos lo hace para él, juntos estamos centrados en el guión.

En los últimos meses se ha hablado mucho en diferentes medios mediante reportajes y demás de la llegada de una “nueva comedia española”, en la que os metían a Borja y a ti con “Ocho apellidos vascos”, a “La Gran Familia Española”, a “Tres Bodas de más” y a otras no tan mediáticas “Ilusión” de Dani Castro o “Gente en sitios”, de Juan Cavestany. Me resultaba curioso leer que definían como “nueva comedia” un estilo que, por ejemplo, ya habíais escrito Cobeaga y tú en “Pagafantas” y “No controles” hace años. ¿Qué opinas tú de todo eso?

A mí también me resultó curioso, porque además salieron todos estos reportajes casi al mismo tiempo, creo que coincidiendo con el estreno de “La Gran Familia Española”, cuando, para empezar, “La Gran Familia Española” es una comedia de Dani, de las suyas de siempre.

Mi opinión es que creo que la cosa está tan mal en el cine español que a cualquier pequeño peldaño que subimos le ponemos la etiqueta de nuevo con mucho énfasis, como celebrándolo, lo cual por otro lado me parece bastante natural. Pero no creo que estemos hablando de una “nueva comedia española”, de hecho, a lo que llaman “nueva comedia” es a un tipo de comedia más americana. Creo que podríamos llamar “nueva comedia” a algo hecho aquí sin esos referentes americanos que todos conocemos y que son los que todo el mundo va a ver en masa. Por ejemplo, podría ser lo de Cavestany y su “Gente en sitios” o “Ilusión” de Dani Castro, cosas más lowcost y no a nivel industrial. Pero esto existía también antes, estas pelis muy pequeñas han existido siempre. Para que sea “nueva comedia española” tendría que ser que este tipo de películas las vean ocho millones de espectadores.

De todos modos, una cosa que me molesta mucho es que estos periódicos que sacaban los reportajes sobre el tema, nombrando a “Gente en sitios” e “Ilusión” y celebrándolas como “nueva comedia” luego las ignoren y, por ejemplo, no saquen una crítica de ellas. ¿Por qué Boyero no puede hacer una crítica de “Gente en sitios”?

Por otra parte, aquí estamos más acostumbrados a ese tipo de cine de autor en el que es imposible que un director-guionista español diga: “Voy a hacer una película en la que el público salga deshuevado de la risa de la sala”. Ojalá pasase, pero siempre va a ser un tipo de comedia con sentimientos, con emociones, que gira alrededor de la familia… Es raro que alguien haga una película para meter 15 gags buenísimos y que la gente se ría. Creo que ese tipo de comedia nunca va a llegar por la vía autoral, por desgracia. Es más fácil que una cadena o una productora tenga esa visión y lo haga, como han hecho con “Spanish Movie” o “Promoción Fantasma”, que sería más el modelo de Estados Unidos; que un director con talento como Javier Ruiz Caldera coja un guión de comedia cada año y medio y lo ejecute estupendamente, sin exigir procesos de producción excesivamente. Harían falta cinco o seis más como él, directores que tengan ganas de dirigir un guión ajeno, directores de oficio que no tengan que cambiar el guión o tener que estar en el proceso de creación.

El lowcost también es una buena vía y no está del todo explotada para hacer una comedia de mucha risa, como sí ha hecho “Ilusión”, por ejemplo. Esto es porque el lowcost tiene una especie de pulso extraño con el humor. Parece que si haces una película de mucho descojono pierdes esa etiqueta intelectual que parece que necesita el lowcost, y que yo sepa, “lowcost” habla de un tipo de producción de bajo coste, no tiene por qué ser un estilo “enemigo de la risa”. Por eso espero que de aquí a un tiempo si salgan buenas películas de descojono hechas con poco dinero.

Entonces, ¿eres más de Adam McKay y Will Ferrell que de Wes Anderson, por ejemplo?

Absolutamente. Soy mucho más de Ferrell-McKay que de Wes Anderson que, de hecho, no me interesa mucho. Ferrell-McKay y Sacha Baron Cohen-Larry Charles me parecen los dos dúos más interesantes que hay hablando de comedia, de los más valientes a la hora de realizar un tipo de gag sin coartada, buscando directamente la carcajada. Me encanta esa valentía, que no te vengan vendiéndote una cosa megamoderna, una estética determinada, ni que vayas a poder copiarte las pintas del protagonista para ir a La Latina. Donde se la juegan es en la comedia.

De los británicos me gusta mucho Christopher Morris, que hizo “Four Lions” y además dirige capítulos de “Veep”, y ha hecho tele muy buena que me ha influido mucho. Me parece uno de los máximos exponentes de comedia incorrecta. De hecho, en ese sentido me gustan más los británicos que los americanos.

Volviendo a “Ocho apellidos vascos”. Se trata de tu tercera comedia romántica. Cuando estabas escribiendo “No controles” recuerdo que te leí que estabas algo saturado de este tipo de comedia. ¿Lo dejas ya con esta? ¿Qué otra comedia te gustaría escribir ahora?

Sí. Estoy bastante harto porque realmente no hay tantas maneras de contar el amor en una persona. Ya no tengo mucho más que contar sobre el tema. Además, pienso que el amor en el cine es demasiado complejo; en la vida real una chica te gusta pero es la novia de un amigo tuyo y ni lo cuestionas, pero en el cine tienes que justificarlo, que contarlo todo… Lo cual es curioso porque en el cine la vida es mucho más sencilla: la gente no va al baño ni trabaja ocho horas al día. Por eso ya no me interesa la comedia romántica.

La siguiente que estoy escribiendo con Cobeaga, que la dirigiría él también, habla de la relación padre-hijo y sobre hacerse mayor y la sensación de que tal vez te has perdido la vida. Va sobre un padre que se ha quedado viudo ocho meses atrás y llama a su hijo diciéndole que está preparado para volver a conocer chicas, a salir a ligar. Le pide que le eche una mano y ambos se lanzan a la noche, a ligar como colegas una semana en Canarias, sin contar que son padre e hijo.

Se podría decir que vuestra comedia y lo que queréis contar con vuestras historias va madurando con vosotros…

Totalmente. Además, Borja y yo siempre hemos hablado mucho de la relación con nuestros padres. Con el padre en concreto. No sé si es por ser vascos, pero es una relación en la que nunca se ha hablado de sexo, de alcohol, ni de ligar… Se hace muy incómodo, y creo que el escenario más infernal que se me puede ocurrir en la vida es ver a mi padre borracho bailando o entrándole a una tía. La comedia va un poco por ahí. No hay historia de amor. Ni se van a enamorar, ni a separar, ni nada eso, en todo caso sería la relación entre dos colegas.

Y, a parte de este, ¿tienes algún otro proyecto de cine en marcha?

Sí, estoy haciendo la segunda parte de “Días de fútbol” con David Serrano. Una secuela en la que se vería cómo están sus vidas 10 años más tarde. Si la primera parte hablaba de la crisis de los 30, ésta hablaría de la crisis de los 40; más que problemas con las chicas serían problemas con los divorcios, con la ex-mujer… Es una excusa para retratar la España de la crisis, que a los personajes les ha afectado mucho. Problemas con preferentes, con el Forum Filatélico, con las hipotecas… De hecho, el partido es contra el equipo de los banqueros, una especie de “España contra los malos”.

Además de tener una carrera en el cine, siempre has estado muy metido en televisión. ¿En que estás trabajando ahora?

Empecé escribiendo en televisión y la verdad es que me encanta, porque escribo más rápido y, además, es lo que me da un sustento estable. El cine está genial pero yo considero que lo que me da de comer es mi oficio, y lo que me da de comer es la televisión.

Ahora mismo estoy escribiendo el Especial de Navidad de ETB con Óscar Terol, que lo llevo haciendo un mogollón de años y me encanta hacerlo porque me dan libertad absoluta. Y, por otra parte, llevo meses colaborando con El Terrat en el departamento de desarrollo de proyectos. El año pasado estuve en “La Hora de José Mota” hasta que acabó e hice dos pilotos con Rubén Ontiveros y la gente de “Qué Vida Más Triste”.

Básicamente has hecho entretenimiento, ¿nunca te ha tentado escribir ficción?

La verdad es que me gusta más el entretenimiento que la ficción. A mí me encanta escribir sketches. Aún así, de todos modos, nunca me han llamado para hacer ficción. “Vaya Semanita” me encasilló mucho en el género. Pero sí que me gustaría, aunque ahora mismo no estoy viendo ninguna. Ni española, ni americana.

Parece que en drama las series poco a poco van evolucionando en productos diferentes a los que estamos acostumbrados, más cuidados, más elaborados y contando historias más atractivas. Pero en comedia estamos más estancados y, salvo excepciones, parece que seguimos haciendo productos muy parecidos, con los estándares clásicos…

Yo me ilusioné mucho con “¿Qué fue de Jorge Sanz?”. Me gustó y pensé que iba a ser una especie de punto de inflexión. Tampoco es que fuese muy optimista, pero al menos esperaba que un par de series al año se pudiesen hacer; series un poco fuera de lo común, en las que no hace falta meter un chiste en cada diálogo, pero parece que Canal + ha dejado de producir ficción.

Creo que igual la vía para seguir haciendo comedias atractivas es aprovechar la TDT, ahora que hay tantos canales y tantas horas de ficción, con audiencias pequeñitas. Quizá ese sea el camino para hacer cosas un poco diferentes. Porque, ya te digo, a mí me irrita mucho eso de que en cada diálogo haya que meter un chiste o cuando entiendo cómo se ha hecho el gag, cuando se nota que se ha aplicado escuadra y cartabón para construirlo. Parecen gags industriales, como generados por un robot. Por eso, esa comedia en que no sabes muy bien de qué te estás riendo me parece muy dificil que se haga aquí. Ojalá algún día podamos llegar a hacer cosas como “Louie”, por ejemplo. Yo en “Louie” no veo donde está el gag pero aún así me río y, de hecho, hay veces que ni siquiera hay gag y me fascina. Me río mucho y me encanta porque no sé cómo lo hace, no le veo el mecanismo. Y esto lo tenía también “¿Qué fue de Jorge Sanz?”.

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Ahora está habiendo una sequía bastante importante en el género sketch nacional, como si se hubiese pasado de moda de repente, pese a que siempre ha estado ahí, tanto aquí como fuera.

A mí me parece que el monólogo ha sido un gran asesino del sketch, y no sólo a nivel televisivo, que también. Sobre todo creo que lo ha matado en la etapa inicial, donde nacen los cómicos. Igual que en los 80 había salas donde iban a actuar los cómicos, como la Sala Cleofás, donde empezaron gente como Cruz y Raya o Martes y Trece, ahora todo son bares de monólogos, teatrillos para monologuistas. Por eso creo que una de las razones por las que no hay sketches es porque no hay gente que los haga. Ya no surgen dúos cómicos. Ahora la palabra “dúo” suena a la España de “Cuéntame”. Ya no existe. Pero ahora sigue tan válido como en los años 80, y sin eso el sketch aquí no sobrevive. Ahora son todo monologuistas y es una pena, porque yo siempre he sido un gran fan de los cómicos de peluca, de acentos y de imitador de voces.

Por lo tanto, a tu juicio, ¿qué es lo que necesitaría el sketch español para tener un nivel de solidez y asentamiento como puede tenerlo el sketch norteamericano o el británico, con buques insignia como “Saturday Night Live” o joyas recientes como “Little Britain”?

“Saturday Night Live” o “Little Britain” se hicieron porque en su día hubo personas que quisieron hacer algo más allá del humor cotidiano, más allá que recorrerse bares haciendo monólogos. Lo que necesitaría el sketch español es que el chaval de 22 años de un pueblo de Badajoz que quiere ganarse la vida haciendo reir se ponga una peluca y se olvide de observar cómo es su cuñado o cómo se comportan las chicas cuando se cortan el pelo; que se proponga crear un personaje o sketches surrealistas sin ningún sentido… Pero ahora mismo eso no pasa, porque ven que si hacen un monólogo luego pueden ganarse la vida de eso, lo cual está muy bien para ellos, pero no para el sketch.

Es decir, que una posible nueva generación de sketches en España tendría que venir de la mano de los intérpretes en lugar de los propios guionistas y creadores como tú…

Se podrían dar ambos casos. Por ejemplo, en Estados Unidos, cuando crearon “Satuday Night Live” fueron a Second City y de ahí sacaron a los cómicos, y una vez los tenían, hicieron un programa de sketches. Pero ahora sería muy complicado hacer un programa de sketches más allá de la gente de “Saturday Night Live”. La única manera es coger a monologuistas que hagan de cómicos. Yo creo que si surgiera una pareja de cómicos o un cómico como es José Mota, por ejemplo, un cómico en el sentido más literal de la palabra, podría haber alguien que le diera un programa. Igual que en los 80 era impepinable que los viernes por la noche hubiese un programa de televisión con algún cómico o pareja de cómicos, ahora es imposible. Pero el caso es que no creo que la gente lo eche de menos. Yo porque soy un amante de los sketches y sé que en este tema hablo desde un punto de vista muy personal, pero la gente tiene ganas de monólogos. No creo que nadie esté pensando que ojalá vuelvan los sketches. Pero es algo que yo echo mucho de menos.

Pero en el caso concreto de “Saturday Night Live”, muchos de sus mejores actores vienen del stand-up. Gente como Eddie Murphy, Chris Rock o Adam Sandler empezaron en el stand-up y acabaron triunfando como actores cómicos. Allí es un salto bastante natural. ¿Es porque el cómico norteamericano es diferente al que hay aquí?

En muchos casos el monologuista norteamericano es bastante diferente al de aquí, porque interpretan desde un personaje, no como ellos mismos. Se crean una especie de caparazón. Eso es lo que hacían los cómicos de los 80. Se inventaban una lectura de la vida, un estilo personal por el cual deformar la realidad, que es lo contrario a lo que hacen los monologuistas de aquí, donde todos tienen un mismo patrón con el que deforman lo cotidiano, sacándole pequeños fallos al comportamiento y las torpezas de las personas. De esta manera hay chistes que podrían ser de diez cómicos diferentes. En cambio, un chiste de Cruz y Raya lo diferencio de uno de Martes y Trece, o de uno de Faemino y Cansado. Eso es lo que me gustaría. Tener este tipo de cómicos con humor personal, y no escuchar un chiste sobre la pelea de una pareja por el mando a distancia.

Entonces, del stand-up actual o clásico, tanto de aquí como de fuera, ¿con qué te quedas?

De aquí me gustan mucho Ernesto Sevilla, Julián López y Raúl Cimas. De fuera, admiro a Louis C.K. Su último especial, “Oh my God”, me parece espectacular. Y clásicos, pese a que no creo que se pueda meter dentro del monólogo, Andy Kaufman me gusta mogollón. También George Carlin, Bill Hicks, Eddie Murphy… Me gusta mucho lo que hace Zack Galifianakis con el piano, que lanza one-liners totalmente absurdos. Y volviendo a lo nacional, más clásico, Chiquito de la Calzada, pese a ser un cuentachistes, me parece un cómico portensoso. Me da mucha pena que a Chiquito se la haya defendido mucho desde el frikismo, cuando es uno de los cómicos más acojonantes que ha habido en España. Creó un lenguaje, un personaje y un estilo físico con el que estuvo a un nivel brutal. Luego, el estilo de Eugenio también me gustaba mucho, ese mismo tono siempre, como de funeral, contando chistes desde la seriedad. Es, de nuevo, un personaje, el “qué pasaría si te comunican la muerte de tu madre y te obligan a contar un chiste”. Ese choque es una gran idea, un gran personaje. Esas son las cosas que admiro.

Además de cine y televisión, también has trabajado en teatro, concretamente fuiste unos de los autores del musical “Más de 100 mentiras”. ¿Tienes algún otro proyecto teatral en marcha?

En “Más de 100 mentiras” yo me incorporé para trabajar en los gags, mi aportanción fue para la parte más cómica de la obra, aunque al final acabas haciendo de todo.

Ahora he escrito una obra de teatro, una comedia que se llama “Doble o nada”, para intentar levantarla el año que viene. Y también tengo un proyecto con David Serrano que se llama “El Manual del Pillador”, en el que la idea es hacer una especie de simposio, una obra de teatro que sería una master class de cómo ligar con mujeres, interpretado por un personaje que supuestamente es un megafollador pero sus consejos son de alguien patético que no ha pillado cacho en la vida.

Ahora hay guionistas que siempre han escrito cine y televisión que se lanzan a escribir teatro. ¿A qué crees que se debe esto?

Creo que se debe a una razón principalmente laboral y económica más que por espíritu y vocación teatral. Está todo tan mal que muchos se ven obligados a hacer cosas que nunca han hecho antes, como, en este caso, es el teatro. Luego también hay mucha gente haciendo Microteatro, que parece que está muy de moda.

Todas estas alternativas teatrales que hay están muy bien también porque ofrecen una vía de hacer algo que no ofrecen ni la tele ni el cine. Si quieres hacer sólo cine, te cuesta años ver realizado algo que has hecho y la ventaja que tiene el teatro es que son procesos mucho más cortos. Y escribir un Microteatro está genial porque también es un proceso menos elitista que escribir, por ejemplo, una serie. Si eres un guionista novel, escribes una serie y la llevas a una cadena, no te la van a leer, pero escribes un Microteatro y es posible que hasta lo acabes haciendo, y de esta forma ves como con veintipico años ya hay un texto tuyo representándose. Creo que esto es muy necesario, porque si no, mucha gente joven tiraría la toalla. En esta etapa en la que estamos, en la que es tan complicado encontrar trabajo, se pueden perder muchos guionistas jóvenes capaces de escribir cosas de calidad. Por eso está muy bien el teatro, tanto en circuitos más comerciales, como en salas más alternativas o en Microteatro. Es, sin duda, la mejor forma que hay ahora mismo de aguantar la espera hasta encontrar trabajo o, los más jóvenes, una oportunidad.


ENTREVISTA: FERNANDO NAVARRO

16 septiembre, 2011

por Gorka Basaguren.

En Bloguionistas se ha escrito y reescrito en abundancia sobre cuál es la forma de acceder a este oficio. ¿Cómo se llega a ser guionista? Tengo 25 años y apenas he hecho unas prácticas en una serie de televisión así que no seré yo quien dé la clave mágica, pero tampoco creo que exista una respuesta concreta.

Recientemente, en el Verano de Guión de Córdoba, Valentín Fernández-Tubau decía que el oficio del guionista no es un trayecto en el que se asciende constantemente, si no una espiral en la que unas veces vas a estar arriba y otras abajo. Y tiene razón.

En mi caso, después de cursar el máster de guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, a través de una prueba entré como guionista en prácticas (sí, existen los becarios de guión) a Bambú Producciones. Hay que tener en cuenta que esas pruebas eran exclusivas para los alumnos del máster, y no conozco otra forma de entrar a trabajar en una serie de televisión que no sea por prueba o por enchufe contactos.

Pero al terminar el convenio que sostenía esas prácticas, de nuevo me vi en la línea de salida. Volvía a estar abajo en la espiral. Ya han pasado varios meses desde entonces, y como otros tantos aspirantes a guionista, sigo desempleado, vagando entre trabajillos de mierda esporádicos. Aún así, el tiempo que pasé en Bambú cuenta, porque aún recuerdo lo que aprendí y la gente que conocí. Porque de no haber estado ahí, no habría coincidido con profesionales como Fernando Navarro, guionista de series como Pelotas, ¿Qué fue de Jorge Sanz?, Hispania, la leyenda… Y en consecuencia no estaría escribiendo estas líneas.

Como dice Chico Santamano, lo importante es estar ahí, pero sobre todo, estar en movimiento. Porque cuanto más te mueves, más gente te ve. Y puede que algún día alguien se acuerde de ti.

En definitiva, no creo que ningún guionista haya accedido al oficio de la misma forma, y la de Fernando es una de esas trayectorias fuera de lo común que merecen ser destacadas.

Foto: Natxo López

¿Por qué decidiste ser guionista? ¿Buscaste la oportunidad o se te presentó de forma casual?

Medio tocaba la batería e intenté armar un grupo, pero en Granada todos mis amigos tenían uno. Así que me pareció que escribir cine o televisión podría ser igual de lucrativo y algo más relajado. Siempre me han interesado la escritura y el cine, y si juntas las dos cosas: sale un guionista.

Ahora están a la orden del día los cursos de guión, masters, etc. pero tus comienzos fueron muy distintos. ¿Cómo entraste en el gremio? ¿Recomiendas cursar este tipo de estudios?

Escribí mi primer guión de largometraje en Granada, antes de haber hecho otra cosa, en los ratos libres que me dejaban los trabajos mal pagados de camarero o crítico de música para un periódico local. Le pasé ese guión a un actor al que conocí casi de casualidad y él se lo llevó a una productora. Les gustó y me lo compraron. Como suele pasar, la película no se rodó, pero lo cobré íntegramente. Con ese dinero, conseguí tiempo para seguir escribiendo y moviendo cosas.

Respecto a los cursos, a pesar de mi formación, creo que está muy bien escuchar a guionistas con más experiencia, poner en práctica distintas técnicas de escritura, coincidir con más gente que también quiere escribir, aprender el paradigma, los tres actos y todas esas cosas de Aristóteles.

¿Qué hay de los libros? ¿Hay algún manual de guión, o algún libro de cualquier tipo, que te haya servido de guía o de inspiración?

De pequeño medio hojeé uno de Michel Chion cuyo nombre no recuerdo, pero que me parece que estaba bien escrito. Y alguien me dejó el que escribió Jean Claude Carrière, que es uno de los guionistas a los que más admiro. Sobre el proceso creativo a mí me han ayudado cosas muy variadas como el “Mientras escribo” de Stephen King o las “Oblique Strategies” de Brian Eno.

Y para aprender sobre el oficio recomiendo el “Backstory 4” (cuarto volumen de una serie dedicada a entrevistas a guionistas americanos, en este caso a los de los 70), y, sobre todo, “El Vendedor de Naranjas” de Fernando Fernán-Gomez, una novelita sobre un guionista que persigue a un productor para cobrar un guión.

¿Eres el típico guionista con un oficio alternativo? ¿Tienes un Plan-B por si lo de los guiones al final no funciona?

Dios proveerá.

Ahora, desde la distancia, ¿cómo recuerdas tus primeros trabajos de guionista?

No pienso mucho en los trabajos que ya he hecho. Y la realidad es que yo aún estoy empezando, con lo que mis primeros trabajos se remontan a antes de ayer. De todos modos, cuando empecé me sentía torpe en la escritura en sí. Me costaba encontrar las palabras justas, las más exactas o la manera de afrontar cada una de las secuencias. Hoy más o menos es igual.

Dicen las malas lenguas que curraste un tiempo de negro para un guionista famoso (si es que eso existe). No te pido nombres, pero sí anécdotas.

Las malas lenguas se equivocan. No era un guionista famoso. Y no conservo muchas anécdotas. Pero aprendí el oficio a su lado. No hice muchos trabajos para él. Dejó de llamarme pronto. Supongo que pensó que ya estaba preparado para ir por mi cuenta. No sé donde está ahora, pero si está leyendo esto, me gustaría invitarlo a una caña. Pago yo.

Has trabajado tanto en cine como en televisión. ¿Cuál es tu visión de estos dos medios hermanos y tan diferentes a la vez? ¿Dónde te has sentido más cómodo / has encontrado más facilidades para trabajar?

Escribir cine es un trabajo más parecido al literario. Es más personal y, a ratos, mucho más solitario. De la  televisión me gusta su inmediatez, el hecho de poder trabajar mano a mano con otros compañeros, conocer distintos métodos de escritura, ser disciplinado. Se mejora muchísimo como profesional cuando se escribe televisión.

¿Cómo crees que se podría mejorar la situación actual del cine español? ¿Y la calidad de las producciones televisivas?

Quitándolo de la sección “Cine Español” de las tiendas. “Rec” tiene que ir con cine de terror, “Pagafantas” con comedia y, no sé, “La Mujer sin Piano” en cine de autor. Por lo demás, para mí, el cine español no tiene ningún problema. Si que lo hay en la forma que tiene de percibirlo cierto sector del público. Pero no pasa nada, Spain is pain.

Mójate: ¿Cuál es el mejor guión español del año? ¿Y el mejor guión del mundo este año? ¿Y el mejor guión DE TODOS LOS TIEMPOS?

Uff. No sé. De lo que llevo visto este año, me han encantado los guiones de “Dispongo de Barcos” de Juan Cavestany y el de “Cerro Bayo”, una preciosa película argentina. Y estoy impaciente por ver “No Habrá Paz para Los Malvados”, de Enrique Urbizu y “La Piel que Habito”. Respecto a guiones de fuera, ahora mismo recuerdo los de “The Kids Are Allright” de Lisa Cholodenko, “I Saw the Devil” de Jee-woon Kim o “El Padre de mis Hijos” de Mia Hansen Love.

No me atrevo a decir cuál es el mejor guión de todos los tiempos. Puedo empezar a decir guiones que me gustan, no sé… “Río Bravo” de Leigh Bracket y Jules Furthman me parece uno de los mejores, quizá mi favorito por su tono, tan ligero. Están muy bien “La Piel Suave” de Truffaut y Jean Louis Richard, “El Apartamento” de Billy Wilder y I.A.L. Diamond, el guión de “Yi Yi” de Edward Yang, que es como una novela, los guiones de Robert Benton y David Newman (que escribieron casi seguidos) para “Bonnie & Clyde”, “¿Qué me pasa, Doctor” y “El Día de los Tramposos”) y “Superman” o “Two-Lane Blacktop” de Rudolph Wurtlitzer. Si me preguntas mañana, seguramente te diría otros.

¿Cómo llega un joven de Granada a recibir el encargo de desarrollar un guión de largometraje para los hermanos Weinstein?

Llevo tiempo escribiendo con uno de mis mejores amigos, el director Gonzalo López-Gallego. A raíz de la buena acogida de su película, “El Rey de la Montaña”, en el festival de Toronto, se le abrieron las puertas del mercado americano. Un día le encargaron una película de terror y él se atrevió a sugerir mi nombre para escribirlo, aún sabiendo lo difícil que era que aceptaran a un guionista español, desconocido. Les mandamos un tratamiento escrito en inglés, les gustó y encargaron el guión. Todo es mérito de Gonzalo y de nuestros agentes en ICM, que han ayudado mucho con el papeleo.

Hay gente que piensa que “los del cine” os bañáis en champán. ¿Es tu caso? ¿Qué te pilla más cerca: el ranking de Forbes o el comedor de Cáritas?

“Hemos pasado de las más bajas cotas de la pobreza a las más altas cotas de la indigencia”.

¿Cuáles son las claves que te han permitido acceder al mercado internacional? ¿Cómo ha sido el sistema de trabajo con los productores estadounidenses?

La única clave está en la confianza que Gonzalo tiene en mi trabajo. También han ayudado la suerte y un moderado conocimiento del inglés para la escritura del primer tratamiento y la comunicación con ellos. Respecto al sistema, nos han dejado trabajar con bastante libertad. Como en cualquier trabajo, nos mandaban algunas notas desde Red Wagon -la productora- y más tarde, Dimension Films -el estudio- daba el visto bueno a los borradores que íbamos mandando. No ha sido especialmente traumático ni horrible. Son muy educados y muy amables. De todos modos, no me gusta mucho hablar mucho de este guión, porque como todo en Hollywood, no sabemos qué va a pasar con él.

¿Cómo es tu rutina de trabajo? ¿Eres de los que escriben a mano en un café, con jersey de cuello vuelto y fumando sin parar? ¿O tienes una mesa de diseño con un iMac y un sillón ergonómico? ¿Eres de los que no salen sin su libretita en el bolsillo, o trabajas en horas fijas?

¿Alguien escribe con jersey de cuello vuelto? Yo me levanto más o menos temprano, leo la prensa, pongo música y escribo hasta la hora de comer. Después, continúo hasta la caída de la tarde. Trabajo en un despacho sencillo, pequeño, siempre con música, con luz natural y ayudándome muy de vez en cuando de una libreta, que luego casi no miro.

¿Qué les recomendarías a un guionista novel para llegar a vivir de esto?

Que lea. Un guionista es un escritor. Y un escritor tiene que leer. Todo el tiempo y todo lo que caiga en sus manos.


QUICKIES

2 septiembre, 2010

por Pianista en un Burdel

Este es mi primer post después de las vacaciones, si exceptuamos El fin del mundo ya fue, una llamada de atención que espero muchos de ustedes se hayan tomado en serio, porque es de lo más serio que va a pasar en los próximos días.

Para hacer una reentrada suave, no me voy a ciscar en nadie ni voy a perorar sobre formato ni nada parecido. Sólo unas cuantas ideas para aquellos que aún no hayan encontrado un buen propósito para el año nuevo. (Ya saben que las personas decentes no hacen sus propósitos el 31 de Diciembre, sino el 31 de Agosto.)

Vamos allá, de más barato a más caro:

Propósito 1: mover mi guión. Éste es uno de los primeros propósitos en flaquear: ¿Y a quién se lo envío…? Si es que luego no contestan… ¿Y si luego me lo plagian…? Si además los directores en España no quieren guiones ajenos…

A mí estas actitudes derrotistas me parecen síntoma de falta de talento. La mayor parte de las veces esconden una certeza absoluta sobre la falta de calidad del propio trabajo. Es más fácil autocompadecerse que esforzarse por mejorar. Pero aun así, me gusta dejar sin excusas a esos blanditos que se quejan por lo difícil que está todo sin haber movido un dedo. Aquí les dejo el email de un director que está buscando guiones ajenos:

carnedeneon@yahoo.es

Es Paco Cabezas. Lo petó con su corto “Carne de Neón” hasta el punto de que le produjeron una peli basada en el corto. Se titula igual: “Carne de Neón”, y está a punto de estrenarse. En el blog de la peli apareció el lunes pasado una entrada titulada Quiero leer guiones, donde Cabezas dice literalmente:

[…] Escribir y dirigir una película es un proceso muuuuuy largo, meses, años de tu vida dándote cabezazos contra una pared de granito, hasta que ves la luz al final del túnel o te abres la cabeza.

Es por eso que voy a hacer algo fuera de lo común, se me ha ocurrido dejaros un e-mail por si hay alguien ahí que tenga un guión de largometraje que merece la pena ser leído… Ahora es buen momento…

La cosa es sencilla, punto 1, si has escrito un “melodrama-donde-se-ve-crecer-la-yerba-y-cuando-parece-que-va-a-pasar-algo-va-y-se-acaba” ¡No me lo mandes! agradecería que fuera un guión de género, llámale thriller, terror o comedia, o mejor los 3 la vez.
Punto 2, es bastante probable que me parezca una p*** mierda, no te lo tomes a mal, eso no quiere decir que no sea un buen guión o que no tengas talento, quiere decir que mis primeros 8 guiones eran espantósamente malos y que de tanto leer y escribir me he convertido en un cansino perfeccionista bastante ego-maníaco (Y un poco gañán también) y que el 99% de las veces que leo un guión acaba en la hoguera (En casa nos calentamos con una pila de guiones) porque me cuesta pasar de la pag 30 y me aburro con muuuucha facilidad…
Así funciona mi cerebro en un día bueno
¿Y qué pasa con el 1% restante? Pues que de ese guión puede salir una película, así de simple… Cuando yo trabajaba en el videoclub no tenía los contactos que tengo ahora y hubiera matado porque alguien me enseñase una puerta abierta. Así que, aquí está…

Lo dicho: no tienen ustedes excusa, quejicas de mierda. Recuerden: carnedeneon@yahoo.es. Dense prisa, antes de que se arrepienta o le pete el email.

Propósito 2: hacer algún cursillo de guión. Alguna vez he dicho que hacer cursillos breves con guionistas en activo me parece mucho mejor estrategia para meter la cabeza en la profesión que matricularse en inacabables carreras o carísimos masters. En menos de tres semanas da comienzo en Madrid uno de los cursillos más apetecibles que puedo imaginar: el TALLER DE SKETCHES de la Fundación Autor. Los profesores: nada más que Diego San José (Pagafantas, No Controles, Vaya Semanita…) y Rubén Ontiveros (Qué vida más triste, Vaya Semanita, Made in China…)

Dos monstruos del humor enseñando cómo hacen su trabajo en un cursillo eminentemente práctico. Son seis días y cuesta 200€ (sólo 125€ para socios de SGAE). Aquí el programa y aquí el boletín de inscripción. Más información: angomez@sgae.es

Propósito 3: hacer las Américas, que aquí la cosa está imposible. No sé si alguna vez les he hablado de InkTip. Es algo así como el Escaparate de Abcguionistas… pero de verdad. Un sitio donde los autores, por una tarifa razonable, pueden exponer sus guiones para que las productoras puedan acceder a ellos. La web está llena de testimonios sobre las producciones que han salido de ahí.

Pues bien, la gente de InkTip ha montado ahora un megaevento presencial en plan citas rápidas entre autores y productores. Lo han llamado InkTip Pitch Summit y tendrá lugar el 25 y 26 de septiembre en Los Angeles. Aquí ya estamos hablando de cuatro cifras, naturalmente. Les cobrarán 300$ por participar, lo que no es caro ni mucho menos, viendo la enorme lista de productoras que acudirán. Ahora bien, hay que pensar en hotel y avión, con lo que la broma, desde España, no bajaría de los 2.000€, calculo. Pero bueno, si lo combinan con ese viaje a L.A. que siempre quisieron hacer y para el que tanto han ahorrado…

El plazo límite para inscribirse es el 10 de septiembre.

Y eso es todo por mi parte hasta la semana que viene. Sigan pasándose por aquí, porque el resto de los bloguionistas ya están volviendo de sus vacaciones… y Chico Santamano ya va a dejar de publicar refritos.


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