CORTO Y CAMBIO. EL GÉNERO DEL SKETCH.

16 julio, 2014
Corto y Cambio
Por Natxo López

Hace cosa de un año se pusieron en contacto conmigo de Paramount Comedy, desde hace poco rebautizado como Comedy Central. Habían grabado unos sketches veraniegos con cómicos del programa llamados “Planes de verano”. Estaban contentos con el resultado y querían desarrollar la idea y darle una presencia continuada en el canal, para lo que buscaban a alguien que les ayudara a desarrollar y asentar el proyecto. Yo había colaborado algunas veces con ellos, siempre con muy buenas sensaciones, y estuve encantado de echar una mano. Aunque sobre todo escribo guiones de ficción, he tenido experiencias previas con el formato de sketches, un terreno que siempre me ha gustado, que permite jugar y experimentar con diferentes recursos cómicos, y en el que nunca se deja de aprender.

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Mis trabajo se centraría en la coordinación de guión y la dirección, labor, esta última, que compartí desde el principio con el gran David Navarro, que se centraría más en cuestiones técnicas y de realización mientras yo me enfocaba en el trabajo con actores. En los últimos capítulos también Lucas Quinteros ha empezado a colaborar en la dirección.

A lo largo de los últimos meses hemos sacado al aire Corto y Cambio”, programa mensual de sketches protagonizado en su mayor parte por cómicos de Comedy Central. (El programa comenzó llamándose “Barra Libre”, pero había un grupo de jóvenes cómicos andaluces que tenían un canal de youtube de sketches que se llamaba igual, y desde Paramount se decidió, con mucha educación y buen tino, variar el nombre del programa).

Tras una primera temporada de asentamiento y búsqueda del formato, el programa ha funcionado bien y se está trabajando ya en una segunda edición. Nuevos proyectos laborales me han llevado a desvincularme del proyecto tras finalizar la primera temporada, pero me siento orgulloso de haber podido participar en su gestación, y he decidido compartir aquí algunas de las conclusiones que extraigo de la experiencia, sobre todo en lo que respecta a las diferencias entre la comedia en una ficción y en los sketches.

(Nota: desafortunadamente no he conseguido que WordPress me deje incrustar los vídeos directamente en el post, ustedes me disculparán. Ay, la vida moderna…).

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* Hacer un buen sketch es más difícil que escribir un buen capítulo de una serie.
O eso me parece a mí. La equivalencia más cercana es la de escribir una novela y un relato corto. La novela lleva más tiempo y esfuerzo, claro, pero en el relato te lo juegas todo a una baza, y es muy fácil errar. En pocos segundos debes hacer una presentación de personajes, plantear una situación, un conflicto y desarrollar el sketch, intentando cerrarlo además con un buen remate. Es un ejercicio más complejo de lo que podría parecer a simple vista.

En nuestro país los programas de sketches más exitosos han estado muy centrados en la figura de determinados cómicos (Morancos, Cruz y Raya, Martes y Trece en su día…), enfocados en un tipo de comedia muy concreta y en la explotación de personajes recurrentes. Pero han sido muchos los intentos que se han quedado por el camino, en gran parte porque se considera el sketch un género “menor”, que se puede sacar adelante sin demasiado esfuerzo. Y claro que se puede, pero luego no funciona. Nosotros hemos grabado un buen puñado de piezas que no han quedado bien, somos conscientes. Posiblemente el del sketch sea el género cómico que exige más autocrítica y paciencia.

 

* El sketch puede ser un formato barato
Un capítulo completo de “Corto y Cambio” se rueda en apenas tres días, en localizaciones naturales y con un equipo técnico y humano bastante reducido (pero muy solvente, gracias a dios). Es un rodaje muy de guerrilla. Y muy esforzado. Pero de otra manera el programa no podría existir en un canal pequeño. Y, de hecho, eso nos daba también bastante libertad y capacidad de maniobra.

En cierta ocasión, durante el rodaje, nos dirigimos a una pequeña plaza del centro para grabar una pieza. Éramos aproximadamente unas 8 personas, incluyendo a los actores. Al llegar a nuestro destino nos encontramos con un grupo de unas veinte personas que también trabajaban en televisión, pero no estaban rodando. Eran parte del equipo de una serie, que estaban localizando. Veinte personas. ¿Realmente es necesario?

La labor de un coordinador de guión no es sólo la de elegir los mejores guiones, sino también decidir cuáles obtendrán resultados satisfactorios con los medios con los que se cuenta. Y los nuestros eran bastante exiguos. De nada sirve empeñarse en rodar un sketch divertidídisimo para el que necesitas una compañía de danza. No la vas a tener y el sketch no quedará bien. Así que buscábamos pequeños gags cuya comedia no dependiera de grandes esfuerzos de producción.

HABLAR COMO PROFESIONALES

FIN DE SEMANA PERFECTO

En general apostamos por una mezcla de sketches breves con otros algo más largos y con bastante montaje, junto con piezas improvisadas. Obviamente a mí me hubiera gustado desarrollar también sketches más complejos al estilo de SNL (los grandes maestros) pero en este momento no teníamos a mano un presupuesto de varios millones de dólares por temporada.

Un tipo de sketch que a mí me encanta y que apenas hemos podido abordar es el sketch musical, un subgénero que, bien ejecutado, puede conseguir unos resultados espectaculares. Pero exige dinero y tiempo para componer, grabar los temas, rodar en diversas localizaciones, montar y sonorizar, un tiempo y unos medios con los que no contábamos. Si hay algo que me gustaría hacer en esta vida, sería parir mi propio “Mokiki”.

 

* Es importante filtrar
Encontrar una buena idea para un sketch es lo más difícil. Es recomendable proponer mucho y quedarse con lo mejor. En “Corto y Cambio” hemos tenido un equipo de 4-5 magníficos guionistas. David Navarro (hombre orquesta que rodaba, realizaba, escribía, montaba y hacía postproducción), Denny Horror, Clara Gavilán, Juanjo Ramírez y Jon Pérez Feito, además de yo mismo que también escribía algunas piezas, dentro de lo que mi labor de coordinación me permitía.

Para cada programa se lanzaban más de 300 ideas, de las cuales se rodaban unas 20-24. De esta forma se lograba no sólo un número adecuado de guiones con suficiente calidad, sino también suficiente variedad temática para no repetirnos en exceso, dentro de las limitaciones de grabación de las que disponíamos (sobre todo localizaciones). También podíamos permitirnos de vez en cuando descartar piezas grabadas que no habían quedado bien, o incluso volver a grabarlas si creíamos que podían mejorarse.

 

* Los actores son fundamentalesCorto y cambio raperos
Por supuesto los guiones también, pero sin buenos actores los mejores chistes se vendrán abajo. Necesitas intérpretes que entiendan la comedia. La baza fuerte de “Corto y Cambio” es que cuenta con cómicos consagrados del canal. Y la mayoría de ellos ha demostrado en el programa sus dotes interpretativas en un género que se sale de su terreno habitual del monólogo. Paco Calavera, Kikín, David Navarro (el cómico, no el realizador, se llaman igual), Sara Escudero, Salomón, Iggy Rubín, Albert Boira, Carolina Noriega, Maru Candel, Juan Dávila, Miguel Iríbar, Iñaki Urrutia, Ignatius… A todos ellos se suma la colaboración de los intérpretes Cristina Soria, Sayago Ayuso, Hortensia Soler, Rubén Martínez y Nadia Torrijos.

 

* Cada sketch tiene su propia lógica
Hay algunas normas generales de escritura de sketches (“planteamiento, desarrollo, remate”), pero es un género muy abierto, en el que cada pieza tiene sus propias reglas y exigencias. Hay sketches donde lo importante es el remate. Normalmente son muy breves y están jugados a una única idea.

DECIRLO A LA VEZ

Hay otros donde no importa tanto el remate final, sino el propio desarrollo del sketch.

COMPARTIR TU FANTASÍA

Y hay piezas donde se parte de una premisa y se le deja improvisar a los actores, creando luego el sketch en la sala de montaje. Éste que viene a continuación fue uno de los primeros sketches improvisados que hicimos con Ignatius. Sobre guión sólo teníamos algo así como “Ignatius vestido de faralaes”. Estuvimos pensando en la posibilidad de escribirle algún texto, pero tratándose de Ignatius aposté por experimentar, ir a una sala con él y empezar a grabar dejando que se soltara y dándole propuestas in situ. David Navarro hizo un magnífico montaje y el resultado, muy loco, nos gustó, iniciando una linea con la que seguiríamos jugando más adelante.

SER CAMALEÓNICO

Por supuesto, en cuanto al tono hay muchas apuestas posibles. Desde el surrealismo más puro, hasta el chiste “de texto”, la parodia, el humor visual… Pero si me quedo con una idea principal, yo diría que los mejores sketches suelen ser aquellos en los que hay algún tipo de hallazgo en la propuesta de personajes.

DESCONECTAR DEL TRABAJO

 

* La grabación debe ser un lugar abierto a la improvisación
Hay piezas como la anterior donde la improvisación forma parte de la esencia. Pero incluso en aquellos sketches más “guionizados”, es muy aconsejable dejar abierta la puerta a las propuestas y la improvisación de los actores, sobre todo cuando cuentas con la colaboración de buenos cómicos. Obviamente, el director debe tener una relación cercana con el trabajo de guión para poder acertar a la hora de decidir qué entra y qué no.

Es especialmente eficaz buscar alguna pequeña improvisación al final del sketch. Con frecuencia el cierre sobre guión no es el cierre que queda en pantalla. Greg Daniels, en la Masterclass que ALMA organizó este año en Madrid, explicó algo parecido: dijo que a menudo la mejor manera de concluir una escena es por medio de un pequeño gesto o frase aportación del actor, que vaya a continuación del chiste de cierre. Incluso tenían un nombre concreto (que ya no recuerdo) para ello.

El siguiente sketch, por ejemplo, cuyo final en guión era algo soso, se remató bien gracias a la aportación de Paco Calavera, que en cada toma improvisaba un pequeño texto final mientras escribía a máquina. Lo difícil fue elegir entre todos los que hizo.

NOBEL

 

* Cada pieza del puzzle debe funcionar bien y encajar
El guión, la interpretación, la realización, el vestuario, el sonido, el montaje… todo es importante. El fallo en uno sólo de los elementos puede estropear el resultado global. Hemos tenido sketches malogrados por una mala decisión en montaje, en la elección de la música, por falta de tino en la dirección de los actores o incluso por la localización.

Tomemos de ejemplo la siguiente pieza. Todo funciona bien… excepto la música. Problemas técnicos impidieron que los cómicos pudieran escuchar la base rítmica durante la grabación, lo que imposibilita que puedan seguir el ritmo en sus rapeos. La parte final con Paco Calavera funciona (es el momento cómico álgido), pero para que la pieza hubiera sido perfecta la actuación de los dos primeros raperos debería haber sido lo más creíble y “profesional” posible, creando así el contraste adecuado con el tercer intérprete. En este caso ese fallo lastra el resultado general de la pieza. Aun así, es una de mis favoritas. Y de nuevo la magnífica frase final “¡Estas cosas se hablan!”, fue aportación de Paco Calavera.

RAPEAR Y RAPEAR

 

* Lo peor que puedes hacer es dejar indiferente
Mi opinión (que no tiene por qué ser compartida) es que un programa de sketches tiene que ser atrevido y un poco gamberro. La provocación y la impertinencia pueden producir el rechazo de ciertos espectadores, pero desde luego el aburrimiento es un efecto mucho menos deseable. Si de mí hubiera dependido me habría gustado que “Corto y Cambio” hubiera sido aún más salvaje, aunque por lo general hemos tenido cierta libertad en cuanto a temática. Bien siendo un poco guarretes…

MUESTRA DE ORINA

O bien entrando en temas religiosos. Éste sketch, escrito por Denny Horror, es de nuestros preferidos:

OMNIPRESENTE

 

* El resultado final de un sketch depende muchísimo de encontrar el ritmo adecuado
Como decía antes, cada gag tiene su propio lenguaje y sus propias necesidades. A veces puede merecer la pena mantener un cierto espacio de tiempo sin ningún chiste, esperando el remate…

CAUSAS Y EFECTOS

Y, por supuesto, hay chistes donde todo el quid del asunto radica en la pausa.

FIJAR LA REUNIÓN

 

* Es muy útil buscar el contraste entre los tonos de los personajes
Una de las ideas que intento transmitir cuando imparto algún curso sobre comedia es que la gracia a menudo no está realmente en el que hace “la payasada”, sino en el que la observa. Contrarrestar un personaje más paródico con la mirada de alguien que debe asimilar lo que está contemplando es un recurso que suele ayudar a que el sketch funcione. El que los cómicos fueran capaces de actuar en ambos registros era una de las exigencias que nos poníamos en el programa.

EL PROBLEMA DE PELÁEZ

 

* Nunca se puede predecir con seguridad el resultado
Lo que es gracioso sobre el papel no siempre funciona en la pantalla. Y viceversa. A la hora de valorar las posibilidades de un guión hay que imaginárselo en pantalla, no sólo ver si nos hace gracia el texto. Aun así, siempre hay un componente de apuesta, de riesgo. Hay veces en las que todo funciona bien y el resultado acaba siendo bueno. Esta pieza de David Navarro (que él además dirigió), fue una de las que mejor quedó.

OÍR GATOS

 

* Un programa de sketches es un proceso de búsqueda
“La hora Chanante”, para muchos el gran hallazgo cómico de nuestro país en los últimos tiempos, fue un programa también de Paramount Comedy que tuvo un recorrido de más de cinco años. En el canal tuvieron la buena vista de mantenerlo en la parrilla a pesar de que al principio casi nadie lo veía. Pero apostaron por él y dejaron que los chicos de Albacete encontraran poco a poco su tono y su estilo, dejando que el talento encontra su forma de expresión. A la larga se  ha desmotrado que fue una buena apuesta, pero hoy en día es difícil que ninguna cadena se atreva a hacer algo semejante. Las audiencias mandan desde el primer día.

 

Como conclusión, a aquellos que quieran enfrentarse al difícil arte del sketch, les aconsejaría que buscaran un equilibrio entre un trabajo duro y riguroso y una cierta libertad creativa. Hay que escribir, filtrar, discutir, reescribir, ensayar, montar, remontar… y al mismo tiempo hay que divertirse, probar y dejarse llevar por el instinto. Si tienes a la gente adecuada trabajando en ello y les dejas hacer su trabajo, el resultado acabará por brillar.

 


DUDO, LUEGO ESCRIBO

14 diciembre, 2010

por David Muñoz.

Hace unas semanas recibimos este mensaje en el buzón de consultas de Bloguionistas:

Hola,

Hace diez años, cuando tenía veinte, un amigo me convenció de la utilidad de los cursillos impartidos por casas de cultura para ligar (soy de donosti y era un poco pagafantas, que se le va a hacer). Había una buena gama donde elegir, desde repostería caribeña a pintura flamenca, pero me quedé con uno de iniciación al guión. No ligue nada pero me entró el gusanillo de contar historias.

Al cabo del tiempo tuve la suerte de poder crear y trabajar en una serie que nadie vio pero que tenía su punto.

Hace tiempo que he escrito mis primeras mil páginas pero soy consciente que todavía me queda mucho por pulir.

Tengo escritos cuatro guiones de largo, uno de ellos finalista en un concurso. También he escrito muchos cortos y alguno ha sido realizado obteniendo una veintena de premios.

Resumiendo, no me ha ido mal pero tampoco bien (últimamente pago el alquiler gracias a currar en una guardería), ya no me considero un principiante pero desde luego no soy un veterano, tampoco soy viejo ni joven… Me siento en tierra de nadie y lo que es peor, he perdido mucha de la ilusión que tenía.

Y aquí va la pregunta (perdón por la chapa): ¿Cuándo es el momento de arrojar la toalla?

Ya llevo diez años intentando conseguir mi objetivo: escribir en pijama, es decir, escribir guiones desde el calor de mi casa. Una vez lo conseguí pero no duró mucho tiempo pues la serie no llegó ni a emitirse.

Alguien me dijo que los guionistas compramos tiempo para escribir nuestra siguiente historia. A mi se me está terminando ese tiempo. Lo malo es que soy como el burro del cuento, el de la zanahoria, que ha probado su sabor y que por muchos palos que sufra sigue caminando. ¿Pero hasta cuándo?

Gracias por vuestro tiempo

Un saludo

A.

Hola A.,

Me gustaría poder responder tu pregunta de forma categórica, dándote un plazo por Ej. (“¡Si a los 30 años no has conseguido que se ruede uno de tus guiones de cine, ha llegado la hora de abandonar!”*), porque tengo la impresión de que eso te daría cierta tranquilidad, tanto para atreverte a dejarlo como para decidirte a seguir intentándolo. Pero me temo que las cosas nunca son tan sencillas. Y mucho menos cuando estamos hablando de un trabajo tan impredecible como el nuestro.

En realidad, tú eres el único que puede responder correctamente la pregunta que formulas. Y quizá ya conoces la respuesta. Otra cosa es que estés dispuesto a obrar en consecuencia.

Se trata de un proceso emocional, no racional. Cuando uno se gana la vida realizando un trabajo, aunque odie ir a la oficina todos los días no tiene más remedio que hacerlo, pero en tu caso, si te apetece lo haces, o si no, no. Es así de sencillo.

La pregunta sería: dadas tus circunstancias actuales (que solo conoces tú)…  ¿te apetece escribir otro guión o no?

¿Cuál es la respuesta?

Y la edad no me parece un factor que debas tener en cuenta para responder “sí” o “no”. Eres muy joven. 30 años no es nada.  Si los aspirantes a escritores abandonaran al llegar a esa edad, prácticamente no se publicarían libros.

Pero a lo mejor no sabes qué responder. A lo mejor realmente estás hecho un lío y no sabes lo que quieres.

Desde mi punto de vista, el momento de “arrojar la toalla” es nunca o ahora mismo, dependiendo de varios factores.

Dices que has perdido la ilusión, pero al mismo tiempo, si has escrito este mail, supongo que sigues deseando profesionalizarte como guionista (o sea, lograr vivir de ello).

Si aún disfrutas inventando historias y sentándote a escribir delante del ordenador a transformarlas en guiones, debes seguir tratando de abrirte hueco en la industria. ¿Por qué no? ¿Qué tienes que perder? Otros dedican su tiempo libre a aficiones mucho más absurdas. ¿Por qué no escribirse un tratamiento de un guión en vez de… yo qué sé… irse a esquiar todos los fines de semana o montar una ciudad de cartón en el sótano de tu casa?

Eso siempre que tu vida te lo permita y no te veas obligado a renunciar a algo más importante para hacerlo.

Los edificios de cartón del dibujante Seth. Comenzó a construirlos para pasar el rato y terminaron en un museo.

Por otra parte, no te ha ido tan mal. Has trabajado en televisión y has rodado un corto que ha sido premiado.

No me parece que estés tan lejos de conseguir lo que anhelas.

¿De qué depende que lo logres?

Pues, básicamente, de que sigas trabajando y de que tengas un golpe de suerte.

Resulta duro aceptarlo. A todos nos gustaría creer que podemos controlar nuestro propio destino o que hemos conseguido nuestros objetivos solo porque nos lo hemos currado. Pero la suerte juega un papel muy importante a la hora de determinar por dónde va a discurrir nuestra vida. Tanto la personal como la laboral. Que sí, que la suerte hay que buscarla (escribiendo sin parar un proyecto tras otro), y te tiene que pillar preparado (con oficio si por Ej. te surge la oportunidad de hacer una prueba para una serie), pero sin ella no hay nada que hacer.

Un día, conoces a un productor que se interesa por ti para integrarte en el equipo de una serie; otro, un director decide que puede interesarle dirigir esa sinopsis que has escrito. Y si la serie o la película van bien (o al menos tienen cierta repercusión) ya tienes el inicio de una carrera.

Y ese golpe de suerte, gracias al que nos hemos profesionalizado todos los guionistas que vivimos de esto, puede llegar hoy, mañana o nunca.

Hace unos días, en su discurso de aceptación del Premio Nobel, Mario Vargas Llosa habló de su golpe de suerte: venir a España y conocer a su agente. También mencionó a todos esos escritores de talento que al no haber mediado ese golpe de suerte, abandonaron  vencidos por la desesperanza, o que han seguido trabajando sin que nadie les presté la más mínima atención. He leído por ahí que hubo a quien esa mención le pareció un arranque de falsa modestia por parte de Vargas Llosa (quizá son de esos ingenuos qué creen que el talento siempre encuentra recompensa). Pero yo estoy convencido de que era totalmente sincero y de que habló con el corazón en la mano.  Ya seas un escritor con Nobel o un modesto guionista como yo, sabes que habría sido muy fácil quedarse por el camino.

Entonces… ¿cuándo dejar de esperar que llegue el golpe de suerte?

Pues cuando no te compense emocionalmente, como he dicho antes. Cuando seguir moviendo proyectos (y moviéndote tú) te haga más infeliz que feliz. Todos necesitamos una recompensa de algún tipo para continuar haciendo algo que requiere un gran esfuerzo (y escribir guiones cuesta mucho). Sin esa recompensa, es imposible seguir adelante.

De todas maneras, me gustaría comentar algo en lo que me ha hecho pensar tu pregunta.

Muchas veces me da la impresión, sobre todo cuando doy clase, de que hay ciertas cosas que se da por hecho que ocurren automáticamente cuando se piensa en profesionalizarse en esto del guión. Como por Ej. que dejas de preocuparte por todos estos temas.

Pero la realidad es que nunca dejas de pensar en ellos.

Sobre todo, porque salvo casos muy contados, casi nunca “lo consigues” del todo. A poco que lleves en esto, te das cuenta de que es muy fácil perder de un día para otro todo lo que has conseguido tras años de esfuerzo. Lo digo a menudo en mis clases en tono de broma para no deprimir a mis alumnos, pero en el fondo de broma tiene más bien poco: si eres guionista, tu tercer apellido es incertidumbre, y el cuarto, fracaso.

Hay que fracasar mucho (pero mucho), para conseguir un éxito. Y por éxito no entiendo hacer una gran taquilla o conseguir una audiencia masiva, sino lograr que lo que escribes se haga. Yo he sido contratado veintitantas veces para escribir guiones de largo, por Ej., y solo tengo cinco películas. Por el resto de los guiones cobré (no todo lo pactado y no siempre), de manera que no puedo quejarme mucho. Pero eso no quiere decir que no me haya pasado meses y meses al borde de la depresión al darme cuenta de que otro guión en el que había estado trabajando tanto tiempo iba a quedarse también en el cajón.

Sé que visto “desde fuera” no parece así, pero es raro el guionista profesional que no siente que vive con una espada de Damocles flotando continuamente por encima de su cabeza. Las productoras cierran, las cadenas cancelan las series de un día para otro, el proyecto de cine que salía “seguro” deja de salir en unas horas, el dinero con el que contabas para sobrevivir los próximos meses nunca llega…

Luego, salvo que estés a sueldo en una productora tipo Globomedia, lo normal es compatibilizar la escritura de guiones con otros trabajos. En mi caso, además de haber ejercido como periodista hace ya muchos años y más recientemente, de realizar sketches y dirigir un programa en Paramount Comedy, ahora mismo me gano la vida también dando clases de guión. Disfruto muchísimo con ello, así que no me  agobia tener que hacerlo. De hecho, es algo que no quiero dejar nunca, por mucho trabajo de guionista que tenga. Lo importante es que hay que tener claro que muchas veces para ser guionista y llegar a fin de mes, es importante no ser solo guionista.

Y las dudas siempre están ahí: ¿Valdré realmente para esto? ¿Por qué no he encajado en esta serie? ¿Qué es lo que hice mal para que la cadena no decidiera producir el guión del largo que llevábamos desarrollando con ellos dos años…? ¿Por qué no me saco una oposición y dejo de sufrir de una vez?

Así estamos casi todos de desquiciados.

En fin, A. Espero que algo en toda esta perorata te resulte útil. Yo me he sentido muy identificado con tus preocupaciones. Han sido las mías en muchas ocasiones, y estoy seguro de que tarde o temprano volverán a serlo.

Mucha suerte.

*Esa fue la regla que me puse yo por Ej. Y lo conseguí por los pelos. Ahora creo que aunque no lo hubiera logrado, no habría dejado de escribir. Disfrutaba demasiado con ello y soy bastante cabezón.


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