CUATRO AÑOS EN PARO

19 noviembre, 2015

por Enrique Herrero (‘Sé lo que hicisteis’, ‘El club de la comedia’).

Hoy hago cuatro años en el paro, o lo que es lo mismo 1460 días, o  2102400 minutos, o 96595468446682268716859 actualizaciones de la base de datos de Avast!. Cuando veía por televisión a gente que llevaba tanto tiempo en paro pensaba: “Tiene que ser una gran putada”, y ahora que lo estoy pienso: “Es una gran putada”, lo cual demuestra que además de guionista soy “mazo empático tía”

Pero mi vida no siempre fue así…

… Corrían los locos años 2000-2010, no existían políticos con coleta, los cuñados presumían de lo poco que contaminaba su Volkswagen, y Ricky Martin solo salía del armario para sorprender a niñas jugando con su perro y un bote de mermelada.

Por mi parte, tras acabar mis años de estudiante de dirección de cine que llevaba una pulsera Power Balance, me encontré con una sorpresa, la desaceleración no era desaceleración, era una crisis, a pesar de ello durante los años de escuela de cine trabajé en una productora (que ya no existe por culpa de la crisis), hice vídeos para otra empresa (que ya no existe por culpa de la crisis) y ahora vendría bien que pusiera que hice algo más y acabarlo con: “(que ya no existe por culpa de la crisis)” para cerrar mejor el párrafo, pero sería mentira, así que lo siento, aunque eso sí, para compensar lo cerraré con una palabra que nunca falla como cierre: ojete.

Como en aquella época todavía no hacía falta participar en “Los juegos del hambre” para obtener una plaza en un curso del paro, hice uno en una tele local donde además acabé teniendo un programa de humor. También dejé currículums en productoras que amablemente (o no) me ignoraban (sí o sí), hasta que me enteré de que en una productora hacían un máster de guión que te aseguraba prácticas, ¡¡¡ESTA ES LA MÍA!!! Grité mientras intentaban beber de mi cerveza en un bar, y luego ya después me inscribí en el máster.

Durante el máster tuve la suerte de asistir a clases impartidas por la gente que más sabe de guión de televisión, y la mala suerte de que muriera mi abuelo al que quería muchísimo, y que además coincidiera con mis miniprácticas en el programa en el que por mi perfil pensaba que más encajaba (no diré el nombre del programa por no comprometer a Wyoming) pero lo que si puedo decir es que debido a la muerte de mi abuelo tuve que hacer un Intermedio en mis prácticas, lo cual me impidió mostrar mis virtudes, mis defectos, y mis camisetas con mensajes divertidos en la redacción de ese programa que ponen antes de la hora de la cena y en el que no salen hormigas.

Wyoming-intermedio

El máster fue pasando, y en la muestra de trabajos tuve la fortuna de que a varios directores de programas les gustara mi vídeo de proyecto final de máster, así que casi al día siguiente ya estaba trabajando en uno de mis programas favoritos. Un día se me acercó un hombre y me ofreció caramelos, pero eso es otra historia… Un día se me acercó un hombre en el trabajo y me ofreció irme a un programa mítico de la tele que se iba a volver a hacer, yo le dije con total tranquilidad, que si a los del programa en el que estaba no les importaba, por mí genial. Más tarde descubrí que ese hombre al que traté con respeto pero sin mucha ilusión mientras pensaba “¿Y este hombre quién es?”  era uno de los mejores directores de programas que hay en la tele.

En el nuevo programa empezamos siendo muy poquitos, me encontraba trabajando con guionistas pata negra, aunque reconozco que estuve cohibidillo debido a la distancia en el tema de la edad y en la jerarquía, me reía muchísimo con mis compañeros. En ese tiempo todo pintaba bien, hacíamos buenas audiencias, gané un concurso de monólogos, y las mujeres se volvían locas por mí. (Una de esas tres cosas es mentira, pero como no he puesto mi foto en el post no podéis saber cual de las tres es).

Con el tiempo en la productora cancelaron varios proyectos, lo cual hizo que recolocaran a guionistas fijos de la productora en el programa, lo que fue positivo porque también eran pata negra y muy buena gente. Pero teniendo en cuenta sus incorporaciones, y las de los becarios que iban rotando, había tanta gente que cuando pasaban al lado de nuestra redacción nos preguntaban: “¿Esta es la cola para entrar en el Primark?”, así que cuando se me acabó el contrato me fui a la calle. (Dato: La anécdota del Primark podría no ser cierta).

Antes de dejar la productora le di mi currículum y un dvd con mis mierdas a uno de los directores a los que les gustó mi proyecto de final de máster, lo que provocó que a los dos días de estar en paro me volvieran a llamar para otro programa. Las cosas volvían a ir bien, además de estar en el número uno en Youtube con un vídeo, trabajaba en un nuevo programa con un equipazo, con un director que confiaba totalmente en mi trabajo, teniendo yo más rodaje, y estando más suelto, pero de lo de mi colon irritable hablaré en otra ocasión.

Por desgracia esta vez las audiencias nos acompañaron, pero hasta la cola del paro, o eso parecía… cuando la cancelación ya era un hecho, el director del programa anterior en el que estuve me llamó para que fuera al nuevo programa que iba a hacer en otra productora, parecía que tuviera una flor en el culo… pero como he dicho antes, de lo del colon irritable hablaré en otra ocasión.

Nuevo programa, nueva productora, pero con el director que me dio mi primera oportunidad en un proyecto grande, con los guionistas del primer programa con el que estuve tras acabar el máster, y con unos presentadores de Champions. Estaba claro que si a todo lo anterior le sumábamos mi buena suerte, nada podía ir mal, y así fue, no fue mal, fue fatal, aunque aguantamos bastantes meses, los informes de las audiencias eran tan tristes que parecía que en vez de Kantar Media los hacía Isabel Coixet.

Así que a pesar de currar con un equipo cojonudo, ingeniosos, buena gente, y currantes, nos fuimos a la puta calle, y de esto hoy hace cuatro años.

Debo suponer que poco antes sin darme cuenta, miré a un tuerto que se me cruzó con un gato negro en la mano mientras pasaba por debajo de una escalera vestido de amarillo cantando canciones de José Vélez: Primero cancelaron el programa, después ganó Rajoy las elecciones, al poco tiempo primero murió mi perro, y al poco mi adorada abuela, vamos… que todo eran buenas noticias, pero Dios aprieta pero no ahoga, por eso para animarme me llamaron de un programa de otra productora, me ofrecieron un buen trabajo, me pidieron mis datos, y me incorporaba el lunes de la semana siguiente, todo genial salvo por una cosa, la cadena decidió cancelar las contrataciones el viernes, así que Dios ahogar lo mismo no ahoga, pero te mete unas patadas en los huevos que son de penalti y expulsión.

Y durante estos cuatro años de paro esta ha sido la gin tónica general, en el mejor de los casos proyectos que no se llegan a hacer, en el peor colaboraciones sin cobrar en las que no te devuelven los emails, sitios en los que descartan por ser mayor de 30… lo mejor que puedo decir es que en ningún sitio se han chupado el dedo, me lo han metido en la oreja, y luego me lo han dado a oler (en ningún sitio buscando trabajo de guionista, que buscando “de cualquier cosa” ya es otra historia)

Mentiría si dijera que no echo de menos la pasta, ¿quién no va a echar de menos esos macarrones gordos y aceitosos del comedor de Glob… ehh… de esa productora?, pero he de decir que una de las cosas que más echo de menos de menos de no trabajar es no trabajar, me encantaba sentarme, abrir la escaleta, que me dieran mi tema, y ponerme a escribir, y todo eso rodeado de gente ingeniosa. Porque sinceramente, después del de probador de nuevos sabores de Donuts, ser guionista es el puto mejor trabajo del mundo, y no tengo del todo claro que haya gente a la que le paguen por comer Donuts.

De mi trabajo como guionista lo mejor que me llevo es la cara de orgullo que tenía mi padre cuando viendo la tele le decía: “Esto lo he escrito yo”, sin su ayuda no habría podido llegar nunca a ser guionista. Por desgracia, a pesar de su juventud y su extrema bondad, el cáncer se lo llevó hace unos pocos meses, pero hasta en su última época presumía de las cosas que hacía su hijo, salvo cuando me dejaba dada la luz de la habitación y me iba al salón, que eso no le hacía presumir, le hacía maldecir.

No sé si mi situación cambiará o no, y no le culpo solo a la mala suerte, el hecho de haber priorizado el tiempo con mi familia, amigos de toda la vida, etc… me ha condicionado a la hora de no hacer nuevos contactos, y de no mantener los que tenía en un mundo en el que las ofertas de trabajo no salen en Infojobs, y en el que tampoco existe la figura del agente de guionistas.

Solo espero que si lees esto, necesitas a alguien en tu equipo, y te apetece, me escribas para hacer una prueba, que si lees esto y te encuentras en la misma situación veas que no eres el único (que quieras que no algo de consuelo da) y que si quieres dedicarte a ser guionista veas que tiene cosas muy bonitas, pero que también tiene otras que son todo lo contrario… Ah, y que si me escribes para que te diga como funciona el máster de guión que realicé y me molesto en responderte, que al menos me mandes un mail para darme gracias, que aunque parezca sorprendente, hay gente (en plural) que no lo hace.

Muchas gracias por vuestro tiempo, de nada por el mío.


FIRMAS INVITADAS: LLÁMAME PARKER

7 abril, 2011

Peris Romano es director y guionista de series de televisión como Impares, Yo soy Bea o La sopa boba; y de cortometrajes como Sigue Soñando, El Efecto Rubik, Trío o Todo lo que sube. Ha escrito y codirigido el largometraje 8 citas. Su último trabajo, Llámame Parker, está nominado a Mejor documental, Premio del Público y Premio Distribución Freak en el concurso Notodofilmfest. (Los premios se entregan esta noche en el Cine Capitol de Madrid.)

 

Me han pedido que escriba en este blog sobre mi experiencia con Llámame Parker. Me va a costar lo mío, la verdad. Nadie hasta el momento me ha pedido que pusiera en papel mi opinión o mi experiencia en nada. Me han hecho alguna entrevista, pero es distinto. Lo único que he escrito hasta ahora son guiones. Así que voy a intentarlo, pero pido perdón por anticipado por las meteduras de pata, porque alguna tendré. Me conozco.

El proyecto de Parker nace cuando, tras un Periodo Artístico Reflexivo Obligatorio (más conocido como P.A.R.O.), me doy cuenta de que, a pesar de mi experiencia y de mi curriculum, acceder a cierto tipo de oportunidades está cada vez más complicado. Y no porque no se produzcan cosas, sino porque el trabajo que he realizado hasta ahora me encasilla en un perfil determinado que parece que no es lo que el mercado busca. O algo así.

Por otro lado, cuanto más trabajas para una productora en concreto, menos te conocen en otras. De hecho, muchos piensan que sólo trabajas para una productora, y directamente ni te llaman cuando buscan gente. Y luego, para colmo, te los encuentras en una fiesta y te lo dicen: “tenía un trabajo que te habría venido a la medida, pero pensaba que trabajabas en exclusiva para…”

Me encantaría poder dirigir en series como Cuéntame o República, o que me llamaran para escribir en Hispania o en El Barco. Pero resulta muy difícil acceder a esas grandes productoras. Difícilmente confiarán en ti si no conoces a alguien dentro de ellas. Y es muy difícil conocer a alguien dentro de ellas si no has trabajado para ellos. Es una pescadilla que se muerde la cola. Supongo que a todo el mundo aquí le suena.

Si eres guionista quizás puedas acceder a una prueba de guión. Para los directores es diferente: no tenemos pruebas, como los guionistas. No tenemos castings, como los actores. Si así fuera, estaríamos presentándonos constantemente. Demostrando que cuando eres director puedes hacer una comedia, una de época o una futurista. Pero no: sólo tenemos como recurso nuestros contactos y la amistad con productores. La única alternativa a eso es hacer un trabajo independiente que llame la atención, que no deje indiferente, que haga ruido. Tanto ruido que pueda llegar a oídos de esos productores que no te conocían. Y eso es lo que en parte intento conseguir con mis cortos. A veces me sale, otras veces no. Pero es lo que intentaba con Llámame Parker.

La idea surgió una mañana en la Plaza Mayor de Madrid. Yo estaba dando un paseo, tratando de pensar en alguna historia para un nuevo corto. Llevaba días paseando en busca de inspiración, y nada.

De pronto, me fijé en un corrillo de chicos y chicas que se hacían fotos junto a uno de los animadores callejeros habituales de la plaza: el tipo vestido de Spiderman. No era la primera vez que lo veía. Ya alguna vez había elucubrado con algún amigo sobre quién sería esa persona que se escondía tras el disfraz. Y de pronto comprendí que, si estaba buscando una historia nueva, acababa de encontrarla. No sería un corto de ficción: haría un documental sobre ese tipo…

… Si él quería, claro.

Me senté en una terraza y me pedí un refresco. Dejé que me clavaran, igual que a un turista, y me quedé contemplando al que esperaba fuera mi próximo protagonista. Pronto perdí la cuenta de la cantidad de fotos y fotos que la gente se hacía con él. Me fijé en sus reacciones, en su manera de relacionarse con el resto de trabajadores de la plaza, que como él, se buscan la vida. Aquello era un microcosmos fascinante.

Fui un par de días más por allí a observarle. A cada momento, me parecía más interesante el documental. Llegué a pensar en montar un largo con varios “personajes”: más animadores, dibujantes, transeúntes… Un documental en el que el protagonista central casi sería la propia plaza.

La cosa empezaba a crecer, así que le dejé caer el asunto a Sergio Barrejón, que me había producido un corto anterior, Trío, a ver si quería meterse en esto. No lo dudó, pero me insistió en que aparcásemos la idea del largo y nos centrásemos en hacer un corto para el Notodo. Yo estaba pensando en un largo, y el productor me pidió que me quedase en tres minutos. Típico.

Pero me lo tomé como un reto. La verdad es que llevo años intentando presentarme al Notodo y siempre me paso de los reglamentarios 3 minutos y 30 segundos. El primer intento fue “El efecto Rubik”, que acabó convirtiéndose en un falso documental de media hora, con otra media hora que se quedó fuera. Eso fue en 2005. Desde entonces, cada año he ido rebajando mis tiempos corto a corto, como un velocista. Hace dos años conseguí dejar Trío en 10 minutos, y el año pasado con Todo lo que sube, conseguí bajar a 7. Este año he entrenado duro y al final han llegado los ansiados 3:30. Y me he dado cuenta de que, si puedes contar una historia en ese tiempo, no hay razón para alargarla más.

Ahora, el corto tiene tres nominaciones en el Notodo y ha estado durante 15 semanas en la lista de los más vistos. El amigo Parker está encantado. El otro día, camino del rodaje de mi siguiente proyecto, pasé por la Plaza Mayor para darle la enhorabuena. Estaba rodeado de una docena de chicos y chicas que acababan de hacerse unas fotos con él. Cuando me vio, me dijo que ya sabía la noticia, alguien se lo había dicho. Nos dimos la enhorabuena y un abrazo. Luego, Parker les dijo a los chicos que le rodeaban que yo era el director del corto. ¡Todos lo habían visto! Y de manera totalmente espontánea, se pusieron a aplaudirme.

Nunca en mi puñetera vida me habían aplaudido por mi trabajo (exceptuando algún festival o presentación). Casi me muero de vergüenza. Pero me fui a rodaje (ya os contaré de qué) con una sonrisa de oreja a oreja.

Con Parker, en la Plaza Mayor

Ahora, a pocas horas de la gala, estoy nervioso. Bueno no. Vale, es a ratos. Yo creía que esto del Notodo era algo que no trascendía mucho más allá de Internet, pero según se acerca el momento de la gala, noto a mi alrededor cierto revuelo que hasta ahora no había sentido. Yo no estoy acostumbrado a llegar a muchas finales, ni a ser favorito en nada. He hecho una película, he dirigido varios cortometrajes y un par de cientos de capítulos de televisión, pero proporcionalmente, “Llámame Parker” es el trabajo que más repercusión ha tenido.

No sueño con ganar los tres premios. Ni dos. Ni siquiera… Bueno, alguno sí. Yo qué sé.  Pero que no pasa nada si no. La verdad es que me conformo con que no pase como en el estreno de 8 Citas en Madrid: yo venía de presentar la película en el festival de Málaga delante de 1.000 personas, y todo había salido muy bien. Cuando llegamos a Madrid, me subí al escenario del cine Callao muy crecidito. Iba el primero del grupo…

… y me tropecé con un foco del escenario. De la patada que le di, lo hice pedazos. Delante de un cine lleno de gente que rompió en carcajadas. Después de aquello, apenas me atreví a abrir la boca. De hecho no lo hice. Como pude llegué a mi asiento y aguanté el tirón.

Esta noche vuelvo a presentar un trabajo mío en un cine abarrotado, a escasos cien metros del cine Callao. Y tengo tres cosas que decirme para calmar la angustia hasta saber si he ganado o no:

  • Al menos no ha palmado dinero propio (muy importante)
  • He conseguido hacer algo distinto y meter bastante ruido (más importante aún)
  • Al propio Parker le ha encantado el corto (lo más importante)

Deseadme suerte… O no, que lo mismo competimos esta noche. Eso sí: prometo no romper nada si me llaman al escenario. Mientras tanto haré como todos y dejaré que mi trabajo hable por mí, a ver si alguien se fija.


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