MARTA GONZÁLEZ DE VEGA: EL ROSTRO DEL GUIÓN

3 octubre, 2019

Cuando me dijeron que iba a entrevistar a Marta González de Vega mentiría si dijera que no me puse nerviosa. No solo es la guionista de Padre no hay más que uno, la película española más taquillera del año, sino que también es, para muchos, el rostro visible de los guionistas. La tinerfeña fue la presentadora de los premios ALMA, y es, además, actriz. Esta condición le permite tener más presencia en los medios que los muchas veces olvidados guionistas, y ella usa esa presencia para poner el foco en el trabajo de la escritura.

Nos vemos en la librería 8 y ½, de Madrid, rodeadas de libros de cine. Y, aunque advierte que está cansada, Marta irradia felicidad.

Padre no hay más que uno ha sido el taquillazo del año, ¿Cómo surgió esta idea? ¿Cómo estás viviendo este éxito?

Está siendo alucinante, estoy encantada. La película surgió cuando Sony le propuso a Santiago que escribiéramos nuestro propio guión sobre la idea original de un padre que se queda solo con los niños. El reto ha sido conseguir llegar a la vez a adultos y a niños, y que se rían por igual. No son padres acompañando a niños, ni niños yendo a ver una peli de adultos. Es literalmente para todos los públicos. Como guionista siempre he pensado que adentrarte en la mente de un niño, tanto para crearlo como personaje como para captarlo como espectador, es de lo más difícil, y hacerlo y que haya funcionado me ha hecho súper feliz.

La película está llena de críticas al “postureo” y al uso de las nuevas tecnologías, ¿Es tu escritura un modo de hacernos reír de nosotros mismos?

Claro. Yo comencé mi carrera de guionista en El Club de la Comedia, estuve 7 años allí y aprendí la fuerza que tiene la identificación en el humor. En toda mi carrera y en todas las cosas que escribo me baso mucho en el humor de identificación, lo que nos iguala a todos. Al final yo creo que el éxito de una peli como esta es que independientemente de tu clase social, las cosas relacionadas con la crianza de los niños las sufrimos todos igual. Y los niños son todos iguales en todos los estratos sociales, en todas las nacionalidades casi, porque tienen su propio universo mental. En lo que nos identificamos es donde el humor encuentra su sitio más poderoso.

Monologuista, actriz, guionista, escritora, humorista… ¿Cómo te definirías a ti? ¿Algún término que se ajuste más?

Guionista y actriz.  Es una pregunta que me suelen hacer. Para mí, escribir es como enamorarte y actuar es como hacer el amor. Escribiendo sufro más para llegar a la felicidad pero luego es exponencial. Actuando disfruto más inmediatamente.

En “Padre no hay más que uno” hago un papel, de madre “perfecta”, y me encanta que a la gente le guste, de hecho aspiro a actuar cada vez más (he empleado la mayoría de horas de mi carrera en escribir y eso me ha hecho ser menos conocida como actriz). Pero no puedo evitar enorgullerme más cuando a la gente le gusta la película en su conjunto, porque ahí me siento madre pero de verdad, no solo de la que interpreto yo sino de todos los personajes, sus ocurrencias y sus aventuras. Y todos sabemos que no hay nada que supere el orgullo de padre (risas).

Como guionista y actriz has tenido la oportunidad de ser un poco más visible al hacer que el espectador te ponga “cara” ¿Alguna anécdota relacionada con esa dualidad?

Me alegra el haber podido poner “cara” al guión por el hecho de ser actriz, precisamente para reivindicar dicho guión. Las personas que hacemos las dos cosas tenemos como un “poder extra”. No ya solo porque te pongan cara, sino porque no pueden achacarte “envidia de clases”. Yo lo veo de una forma totalmente objetiva porque me siento las dos cosas, y me parece que se le da muy poca visibilidad al guionista. En la medida en la que mi visibilidad de actriz me permita hablar de la falta de visibilidad del guionista, lo voy a hacer siempre. Incluso, cuando no lo escriba yo (risas).  De hecho, aprovecho para agradecer a Santiago Segura que siempre que le preguntan por nuestro guión, da mi nombre. Y esta sensibilización, que debería ser general, y para nosotros, obvia, no está aún generalizada y es importante que así sea, pero no por ego del guionista (que en cualquier caso, sería legítimo) sino porque es lo que te permite revalorizar tu trabajo.

Si la gente sabe quién ha escrito la película cuya historia le ha enganchado, cuyos chistes le han hecho reír, cuyos giros le han sorprendido… Tendrá ese dato en consideración al elegir la próxima película que ve. El problema es que el público desconoce en gran medida que todas esas cosas son guión. El guión es valoradísimo por el público, pero sin plena consciencia de en que consiste, y por supuesto casi nula consciencia de quien lo ha creado. Cuanto más conozca el público lo que implica el guión, más valor le dará. Y si el guionista se convierte en un elemento a considerar cuando eliges ver una peli, como ocurre en mucha mayor medida con directores y actores, eso revaloriza su trabajo. Por lo tanto no es una cuestión de ego, es una cuestión de poner en valor tu trabajo y un elemento fundamental para la cultura audiovisual del público que le permita ampliar su margen de libertad y de elección. (Por supuesto, esto lo hago extensivo a cualquiera de los profesionales que componen el hecho audiovisual).Y ojo, cuanto mas libre sea el publico y más criterio tenga, más obligados estaremos a hacer bien nuestro trabajo.

Cuando hablamos por ejemplo, de guionistas de programas que han tenido y tienen que luchar tanto por el reconocimiento de sus derechos en comparación con los de ficción, se vuelve a poner de manifiesto el desconocimiento de lo que es guión, y la ficción que implica un guión de plató o un sketch. Es una de las cosas por las que lucha el sindicato ALMA.  

Fuiste la guionista y presentadora de la gala de premios ALMA y siempre has estado muy unida al sindicato, ¿ventajas de sindicarse?

Yo creo que ALMA ha hecho un montón de cosas súper valiosas por esa visibilidad de los guionistas. Yo desde que me sindiqué he podido comprobar que, por ejemplo, si tu nombre se omite en algún lugar donde debería estar, ALMA actúa súper rápido, súper bien y en seguida reivindica la presencia de los guionistas. La mágnifica asesoría jurídica de Tomás Rosón, los históricos logros en cuanto a salarios y condiciones… A mí me hizo mucha ilusión cuando me llamaron para la gala de premios junto a Marcos Más. Lo que más ilusión nos hizo fue poder hacer todos los chistes que los guionistas llevamos años y años rumiando y sacar todo. Resultó muy guay porque nos vengamos, siempre desde el cariño, de actores, productores… (risas) Fue como hacer terapia de grupo. Y lo mejor es que ellos se reían tanto como nosotros. Creo que el humor y el buen rollo, genera mucha más empatía y solidaridad que el recelo. Y la realidad es que nos necesitamos los unos a los otros.  Una de las cosas que dijimos en la gala es que nadie discute la visibilidad del autor en la literatura. En la gala lo que decíamos era: “Si Shakespeare o Calderón de la Barca hubieran vivido hoy en día, lo más probable es que hubieran sido guionistas. Y entonces nadie sabría su nombre. Ahora iríamos al cine a ver “Hamlet”, de Mario Casas.” Creo que a veces con un solo chiste puedes hacer reflexionar más que con todo un discurso reivindicativo. Con todo nuestro cariño a Mario Casas (risas).

Resumen de la gala de premios ALMA. Resumen más extenso aquí

Me fijo en que todas las implicadas en esta entrevista somos mujeres relacionadas con la industria. Ana Pineda, la directora de ALMA, Ana Álvarez, la fotógrafa, Marta González de Vega y yo, luchando por no sentirme intimidada. El mundo audiovisual es predominantemente masculino (aunque cada vez menos) pero la comedia en particular siempre se ha considerado algo más “de chicos”, ¿Has tenido que enfrentarte a prejuicios por tu género?

Pues mira yo jamás pensé que existieran. Me parecía (y me parece) tan aberrrante que existieran prejuicios a que una mujer escriba humor que yo nunca me lo había planteado. De hecho, en mis veinte años de profesión, he sido coordinadora de guión de equipos mayoritariamente masculinos, (porque es verdad que suele haber más hombres en el guión de comedia aunque esto esté cambiando), pero ni se me pasaba por la imaginación que ese prejuicio existiera, y luego cuando he ido viendo que es verdad que existe… Me parece increíble. No tengo palabras para explicarlo. Pero los prejuicios solo sobreviven en la generalidad, en el momento que alguien concreta, ya juzga a la persona. Por eso yo nunca he sentido el prejuicio entre los que me conocen. Pero me pregunto, ¿Cuántas veces no me habrán llamado por no conocerme directamente y habrán preferido llamar a un hombre? Porque yo he tenido que oír, como hemos oído todas, “es que hace falta una chica para completar el equipo”. No me llames diciendo que hace falta una chica porque me dan ganas de mandarte a la porra. Lo que necesitas es un buen guionista, hombre o mujer. Quiero pensar que cuando quieren una guionista y te dicen esto de “para dar el punto de vista femenino”, es asumiendo que tienes todo lo que tiene un buen guionista (tramar, crear personajes, y en el caso del humor, hacer chistes y gags que sean brillantes) y además puedes dar un punto de vista femenino… Pero vamos, si esto fuera así, es el mismo plus que tiene un hombre con respecto a dar el punto de vista masculino, ¿no? Cabrea que te juzguen antes de conocerte, pero encárgate de que en el momento que te conozcan, el prejuicio ya no vuelva a suponer un problema.

Nos despedimos y Marta me cuenta sus planes de futuro: que están escribiendo ya Santiago Segura y ella la segunda parte de Padre no hay más que uno y, que, además, ella tiene un proyecto de película propia para dirigirla. Parafrasea a Billy Wilder diciendo que los guionistas se hacen directores para que sus pelis queden como ellos quieren. Porque es la manera de asegurarte tu visión, una visión que a menudo es olvidada.

Marta regresa con su obra De Caperucita a loba en solo seis tíos este sábado 5 en el Teatro Fígaro de Madrid.

Entrevista de Paula Sánchez Álvarez. Fotografías de Ana Álvarez Prada


ANÁLISIS DE PELÍCULAS: MIDSOMMAR

13 agosto, 2019

Por Paula Sánchez Álvarez.

Midsommar me tiene obsesionada y por eso he decidido escribir este análisis. Llevo desde que la vi sin parar de pensar en ella. No es ni mucho menos la película más terrorífica que verás en tu vida, pero tiene una atmósfera tan particular que da para mucho que comentar.

El segundo largometraje de Ari Aster cuenta la historia de Dani, una joven que tras sufrir una enorme pérdida se embarca con su novio y sus amigos en un viaje a Suecia. El objetivo es asistir a un festival que se celebra cada 90 años en la aldea recóndita donde nació uno de los protagonistas. Al principio todo parece perfecto: trajes regionales blancos decorados con bordados alegres y un escenario bucólico idílico. Este ambiente permanecerá durante toda la película, pero poco a poco se irá revelando que las tradiciones del pueblo de los Harga no son del todo normales.

Cartel promocional de la película

Antes de pasar a comentar el film en profundidad, destacar que esa idea de disonancia en el ambiente ideal está ya presente en la banda sonora. Los temas  de orquesta que suenan cuando los personajes están en Suecia te transportan a la belleza de esos bosques que parecen sacados de pinturas, pero en muchos de estos temas hay una nota disonante que va ganando intensidad poco a poco, como va aumentando lo siniestro en los Harga.

Al entrar en la sala de cine, yo pensaba que iba a ver una película estilo Wicker Man, con sectas malvadas haciendo oscuros rituales. Y tiene parte de eso, pero para nada pertenece al imaginario colectivo de secta de película de terror que tenemos en mente.

Para empezar, los Harga son unos suecos muy amables y sonrientes. Visten todos de blanco y tienen valores hippie que los hace definirse en múltiples ocasiones como comuna. Además, todos los escenarios de esta película son verdes, preciosos, y lo más destacable: luminosos. En la época del año en la que se desarrolla la película, hay sólo dos horas de noche, así que todos los horrores que te esperan por ver como espectador sucederán casi siempre a plena luz. Eso genera un contraste extrañísimo, porque el resto de cine de terror o suspense nos ha educado en lo contrario. Entonces tú, en la butaca, te conviertes en cómplice de los Harga, admirando la belleza y el etalonaje de un plano de un señor con la espalda a medio despellejar.

El presentar la muerte como algo bello se ha hecho multitud de veces, como sucede en la serie Hannibal por citar una; pero Midsommar nos llena de luz lo desagradable para así no poder hacer otra cosa que mirar. Porque la composición de los planos casi te fuerza a ello. Son tan hipnotizantes como el resto de la película, y todos tienen un porqué.

Por poner unos ejemplos, cuando Dani se entera de su pérdida, nos enfrentamos a una imagen de ella tendida en el sofá gritando y llorando desconsoladamente (escena de dolor desgarradora muy similar a la que ya vimos en la ópera prima del autor, Hereditary). La cámara va avanzando hacia la ventana, oscura, tan vacía como lo está ahora la vida de nuestra protagonista. Pero pronto llegará la luz, en el camino hacia Suecia las imágenes están saturadas, son claras y brillantes. En determinado momento del viaje, cuando van a la aldea de los Harga, el plano poco a poco se va dando la vuelta porque a partir de ese momento van a viajar a un lugar opuesto a la sociedad en la que viven. Un lugar con valores invertidos, con una moral perversa y corrupta que es el ‘mundo al revés’ de como lo conocemos. Los planos cenitales abiertos también refuerzan ideas asociadas a la aldea: importancia de lo común y énfasis en el escenario. 

Todo lo que sucede en la película está profetizado desde el principio. Todo es inevitable. Van apareciendo pinceladas del destino de los personajes a lo largo del film en las pinturas del poblado, está sugerido en los planos que comentamos anteriormente o en los diálogos de los lugareños. Porque los Harga no son psicópatas, son personas que se han desarrollado de manera emocionalmente distinta a nuestra sociedad. Por ejemplo, en una de las escenas iniciales una lugareña le dice a Dani que el bebé que sostiene no es suyo, que su madre se ha marchado para que corte lazos y que lo cuidan entre todos. Esta mentalidad colectiva favorece dos cosas:

-El grupo y las tradiciones por encima del valor individual. Este pequeño diálogo siembra la normalización de actos deleznables en el poblado porque se comparten y se conciben como normales.

-El desapego. En todas las escenas en las que nuestros protagonistas se van a dormir siempre un bebé llora de fondo sin que nadie le haga caso. Este y muchos otros actos en el cuidado de los niños que se producen allí aumentan la falta de empatía, cosa que es perfectamente compatible con la conciencia global y el amor a su pueblo. Y estas dos cosas combinadas son el justificante perfecto para todo lo que sucede en la película.

Por si fuera poco, los estupefacientes también tienen su presencia en Midsommar. El consumo de drogas es un recurso recurrente en la película que modifica las imágenes que vemos, principalmente deformando los objetos del encuadre y añadiendo movimiento a las flores que decoran todo.

Pero no nos confundamos, Midsommar no es Miedo y asco en las Vegas. No es un viaje de sensaciones frenético con acción trepidante. Es una película pausada, con un ritmo lento al que poco nos ha acostumbrado el terror. Hay esperas para todo, cada vez que los personajes comen, duermen o asisten a alguna festividad hay planos sostenidos e intensos, que dan tiempo al espectador para que respire y se sumerja en el ambiente. 

Ojo, spoilers a partir de aquí:

La película no es otra cosa que una historia de descenso a la locura. Aunque quizás lo más correcto en esta película sería decir ascenso. Utilizo la palabra ascenso porque para Dani, la protagonista, es una historia con final feliz y un camino hacia la superación de su duelo. 

Finalmente se revela que su amigo les invitó a venir para que sirviesen de sacrificio en el festival y para embarazar a otras mujeres de la aldea. Van muriendo todos los personajes que anclan a Dani a su antigua vida y finalmente ella decide acabar con la vida de su novio. Porque esa es la única manera que tiene de superar su trauma. Porque ha decidido vivir junto a los Harga y así volver a formar parte de algo, y poseer una familia que sustituya a la que ha perdido. Y el último plano que nos regala Ari Aster es la imagen de ella, sonriente, por fin en paz, mientras observa arder vivo a su expareja. 

Esto genera un escalofrío en el espectador porque has visto cómo poco a poco un personaje que representaba constantemente la cordura, ha decidido abrazar la locura. Y a la vez sabes que esto es algo bueno para ella, que así está bien. Un final tan perverso como el resto del film.

Midsommar significa “pleno verano” en sueco. Un título que nos da pistas sobre la cantidad de belleza y sol que veremos en la película. Porque en esta película no hay espíritus, no hay oscuridad, no hay monstruos. Hay terror a plena luz.

Análisis de la estructura de la película:

Detonante: 
Dani pierde a toda su familia cuando sus padres son asesinados por su hermana, que posteriormente se suicida. Dani está destrozada, y se une a un viaje con sus amigos a Suecia, con el objetivo de rehacer su vida y mejorar su actual relación de pareja.

Primer acto:
Dani y sus amigos viajan al poblado de los Harga en plenas festividades de Midsommar, una serie de tradiciones locales que se celebran cada 90 años.

La relación de Dani y su novio no está pasando su mejor momento. Él quiere dejarla pero después de su pérdida no se ve capaz. 

Dani experimenta un episodio de crisis tras probar unas drogas allí y tener una breve alucinación con su hermana. Mientras, el resto del grupo se interesan por la cultura local, ya que estudian antropología todos salvo ella.

Primer punto de giro: 
Dos ancianos miembros de los Harga se suicidan brutalmente frente a todos como parte de las festividades del Midsommar.

Segundo acto:
Otros extranjeros que no pueden soportar lo del suicidio se marchan de allí abruptamente.

Dani también se quiere marchar pero su novio y Pelle, su amigo sueco, le presionan para quedarse con el pretexto de que son una cultura diferente. 

Ella no está agusto pero el resto del grupo empiezan a encontrar cosas que estudiar de la cultura para sus tesis de carrera. 

El novio de Dani se interesa por una de las lugareñas. 

Mientras, Dani encuentra apoyo en Pelle. 

Sus amigos desaparecen pero todo apunta a que han huido de allí al robar un libro del poblado en el que se interesaban.

Segundo punto de giro: 
Dani es coronada como reina de Mayo, lo que le convierte en la persona más importante del Midsommar, y es arropada por los Harga. 

Tercer acto:
El novio de Dani, Christian, le es infiel mientras está drogado, participando apenas consciente en un ritual de fecundación con la lugareña de la que se interesaba.

Dani y él están enormemente distanciados y prácticamente se ignoran. Mientras, ella recibe por parte del pueblo toda la atención que él no le brinda.

Christian encuentra los cadáveres de los extranjeros que supuestamente se marcharon de la aldea, pero es capturado e inmovilizado.

Se le revela la verdad a Dani de que sus amigos y los otros extranjeros fueron asesinados como sacrificio. Ella, como reina, debe decidir si el último sacrificio del Midsommar será Christian o un lugareño. 

Llevan los cadáveres de sus amigos a una cabaña sagrada donde arderán junto al último sacrificio.

Finalmente Dani decide que será Christian quien muera y es feliz habiendo dejado su vida pasada atrás.

Protagonista:
Dani, una joven en duelo con una relación de pareja que está naufragando.

Objetivo de la protagonista:
Recomponer su vida y superar la pérdida.

Antagonista:
Aparentemente los Harga, porque hasta el tercer acto solo agravan su malestar. Después entenderá que el verdadero impedimento para ser feliz siempre fue Christian.

Obstáculos, reveses:
La incomunicación de la aldea con el mundo exterior, los “malos viajes” con el consumo de drogas, la falta de apoyo de su novio,…

Aliados: 
Pelle, el amigo que le aconseja y le da apoyo.

¿Dani consigue su objetivo de recomponer su vida? Sí, pero no de la manera que se esperaba, que era arreglándose con Christian, el cual parecía el modo más idóneo, sino uniéndose a los Harga. Encuentra en la aldea un lugar donde forma parte de algo y matando a su novio puede cerrar por fin la etapa de dolor.

Las tramas del estudio de la cultura por parte de los amigos de Dani simplemente son utilizadas a modo informativo y, principalmente, para tener personajes a los que conozcas mínimamente y te impacte su posterior muerte. La excusa de que elaboran una tesis sobre los Harga es perfecta para que estos personajes puedan preguntar a los lugareños sin que se note demasiado la presencia del guionista dirigiéndose a ti como espectador.

Evidentemente, esta cinta no ha inventado todo, puesto que son varias las películas que han mostrado historias terribles con estética colorista; por poner un ejemplo mencionar Happiness, donde, entre otras historias, vemos la vida de un pederasta en tonos saturados. Tampoco es la primera película que nos ha llevado a una cultura extraña, aislada de la tecnología y del mundo: existe todo un género denominado folk-horror con estos elementos (Los niños del maíz o la ya mencionada Wicker Man). Pero Midsommar destaca por combinar estos elementos con la belleza de la luz y la estética bucólica, consiguiendo así fascinar con su horror hermoso.


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