NAPALM VENDO Y PARA MÍ NO TENGO

3 mayo, 2012

por Sergio Barrejón.

Cuando la gente sale de ver una película extranjera infame, comenta “qué mala es esta película”. Pero cuando sale de ver una película española horrible, comenta “qué malo es el cine español”.

La frase es de José Luis Borau. Se la oí hace ya unos cuantos años. Ahora está más vigente que nunca. En eso, como en tantas cosas, el maestro Borau se adelantó a su tiempo.

Ahora se lleva más que nunca atacar al cine español. Así, en genérico. El “cine español” entendido como si fuera un partido político, o una sociedad mercantil. Valga la redundancia.

Conviene aclarar cuanto antes que no escribo este post para defender al “colectivo” del cine español. Eso sería tan estúpido como lo es atacarlo. Etiquetar de manera homogénea a un montón de personas cuyo único denominador común es el trabajar en determinada actividad, es un error de base.

Un error derivado del desconocimiento. O peor: de la falsa sensación de conocimiento que caracteriza a los pontífices vocacionales y a los palurdos en general.

La mala fama del cine español, en concreto, no proviene sólo del desconocimiento general que se tiene sobre las profesiones del cine, sino también y especialmente del conocimiento general de dos o tres datos anecdóticos relacionados con la profesión, y que no son en absoluto representativos.

Convendría decir, además, que el hecho de que todo el mundo conozca esos dos o tres datos anecdóticos -baja cuota de pantalla, cobro de derechos de autor, existencia de subvenciones públicas- mientras que desconoce el resto de circunstancias que rodean al sector, es algo conscientemente buscado desde determinados medios de comunicación.

Por ejemplo: casi nadie que no sea familiar, muy amigo, o compañero de trabajo de un controlador aéreo tiene la más remota idea de las circunstancias en que se desenvuelve su trabajo. Pero todo quisque sabe (o cree saber) que ganan mucho dinero. Cientos de miles de personas pudieron saber, incluso, la cifra concreta que ganó en 2009 el controlador aéreo mejor pagado de España. ¿Y por qué lo saben? Porque un Ministro del Gobierno se ocupó de decírselo. ¿Y por qué hizo tal cosa? Porque le interesaba desprestigiar al colectivo. ¿Para qué? Para ganarse a la opinión pública en el momento en que tuviera que empezar a despedir controladores y traicionar los acuerdos laborales pactados con el gremio. ¿Y por qué quería hacer todo eso? Porque el Gobierno quería privatizar AENA, y ninguna empresa iba a comprarla si existían hipotecas complicadas en el entorno de los derechos laborales.

Qué pereza, ¿no? Esto de la realidad es complicadísimo. Con lo fácil que es decir “¡Hijoputas! Ganan 400.000 euros al año y no tienen bastante”. Cierto no es, desde luego. Pero es fácil. Y nos permite cinco minutos de sabrosa indignación, antes de volver a nuestra vida de mierda.

Print the legend, que dicen los americanos.

Con el cine pasa lo mismo. ¿Y saben qué? Me parece bien. Me parece estupendo que miles de personas hayan elegido el cine español para soltar su rabia. Mejor que la dirijan contra el cine español que contra… no sé, las mujeres, o los judíos. Así que, antes de continuar, vamos a quedarnos a gusto:

EN ESPAÑA SE HACEN UN MONTÓN DE PELÍCULAS DE MIERDA CADA AÑO. ¡Y SUBVENCIONADAS!

El hecho de que esa afirmación sea cierta aunque le cambies la segunda palabra por “Francia”, “Alemania”, “Italia”, etc. no debe arruinarnos la diversión.

CON LA QUE ESTÁ CAYENDO, NO ES NORMAL QUE SE GASTEN MILLONES EN HACER PELÍCULAS QUE LUEGO NADIE VE.

El hecho de que desconozcas realmente las partidas presupuestarias para el cine… (o para cualquier otro sector) tampoco debe arruinarte la diversión. Ni tampoco el hecho de que puedas cambiar todo lo que viene después de “millones” por casi cualquier otra cosa.

No te contengas: cágate en el cine español. El cine español te quitó la novia. El cine español te provocó esa alopecia patética. El cine español mató a Kennedy.

No pasa nada… siempre que mantengamos las cagamentas dentro de unos límites retóricos razonables. Es decir, sin llegar a cosas como ésta:

Con “el colectivo” se refiere al colectivo del cine español. Y ya sé que es una hipérbole. No me voy a rasgar las vestiduras por ello ni a pedir que El País censure a Arturo Pérez-Reverte por incitar al odio, como ha hecho en otras ocasiones mucho menos merecidas.

Lo que me entristece es precisamente la calidad de la hipérbole. Lo que me deprime es que un señor que se dedica a escribir novelas no cuide un poquito más sus figuras retóricas. Como decía el otro, “hablar bien no cuesta una mierda y quedas de puta madre”.

Vivimos en una época muy delicada. Los blogs y las redes sociales ha dado lugar, por un lado, a una edad de oro de la comunicación. Y por otro, a una proliferación terrorífica de barbaridades en negro sobre blanco.

A nada que te equivoques de click, das con un hashtag o con un estado de Facebook en que a alguien pide, literalmente, que MATEN a tal persona. O que TORTUREN a tal otra. Parece que hemos llegado a un nivel de rabia en el que ya sólo concebimos soluciones sangrientas para los problemas. Y no me refiero a grandes problemas políticos o sociales. Hablo de frases como “a Mourinho había que cortarle los huevos”.

Esas cosas, que se oyen en la barra de cualquier bar y no llaman especialmente la atención, ya escalofrían un poco cuando se ven escritas, en un foro o un grupo de Facebook. Pero verlas publicadas por un profesional de la comunicación es muy triste. Pérez-Reverte, aunque sólo sea en calidad de miembro de la Real Academia de la Lengua, debería ser un poco más consecuente.

E insisto: no me molesta particularmente el destinatario de su ataque. Me consta que le gusta atizar a diestro y siniestro. A mí lo que me ofende es esa manera de regodearse en la barbarie.

Por otra parte, ¿es legítimo criticar a voleo al “colectivo” del cine español cuando uno ha vendido los derechos cinematográficos y televisivos de varias de sus novelas, e incluso ha escrito un par de guiones de cine, como él mismo se ocupa de recordar?

(Nota: el Goya fue para el guión de “El Maestro de Esgrima”. Un guión que no escribió él… con otros tres miembros del “colectivo”.)

Pérez-Reverte debe de compartir esa opinión tan extendida de que el “cine español” es el cine español malo, y lo otro es una excepción, una anomalía: películas buenas que no parecen españolas. (O quizá, películas buenas porque no parecen españolas.)

Yo también la comparto, la verdad. Pero no la circunscribo al cine español. En mi opinión, casi todo es una mierda. Lo bueno siempre es una excepción. Por eso precisamente a lo muy bueno se lo llama excepcional.

Hoy en día, lo excepcional es ser capaz de expresar una opinión negativa sin necesidad de insultar. A mí me está costando hacerlo en este post, sobre todo teniendo en cuenta que los dos únicos guiones que, según imdb.com, ha firmado Pérez-Reverte son los de estas dos obras maestras que todos tenemos en lugar destacado dentro de nuestras colecciones de DVD:

No juzgues y no serás juzgado, dicen los evangelios. Y yo añado: no pidas napalm, no te vaya a caer a ti la primera ráfaga.


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