PERIS ROMANO: “AHORA MISMO HAY TEXTOS EN TEATRO QUE PODRÍAN SER PELÍCULAS CON MUCHO PÚBLICO POTENCIAL”

15 octubre, 2015

Entrevista: Alberto Pérez Castaños. 

Fotos: Nacho Méndez.

Peluquería y maquillaje: María Manuela Cruz

Estilismo: García Madrid

Pocas comedias en el circuito teatral de Madrid pueden presumir de lo mismo que ‘Los miércoles no existen’: cinco temporadas de éxito –con la quinta recién estrenada– y una adaptación a cine a punto de ver la luz. El artífice de todo esto es Peris Romano. Tras debutar como director de largos junto a Rodrigo Sorogoyen con ‘8 citas’ en el año 2008, rodar unos cuantos cortometrajes (‘Trío’, ‘El efecto Rubik’, ‘Llámame Parker’…) y dirigir televisión, Peris se pasó al teatro con la comedia generacional-musical ‘Los miércoles no existen’. Y no le fue nada mal.

Gracias a ese éxito, mañana, 16 de octubre, se estrena la versión cinematográfica, para la que Peris se ha rodeado de caras conocidas a las que ha hecho bailar y cantar: Gorka Otxoa, Inma Cuesta, Eduardo Noriega, María León, Alexandra Jiménez… Un reparto de lujo para una película que tiene todos los ingredientes para convertirse, al igual que su hermana teatral, en todo un éxito.

UNO_0326

Vestuario: García Madrid.

‘Los miércoles no existen’ ha estado dos años cosechando éxitos en varios teatros de Madrid, ¿en qué momento te ofrecen hacer una adaptación cinematográfica?

La obra, en un principio, nació como guión de película, pero cuando ya lo tengo terminado y me pongo a moverlo por productoras, tanteo un poco y nadie está en disposición de producir: acaba de llegar la crisis de golpe, empieza a haber mucho miedo en el sector y, en lugar de quemarlo llevándolo de productora en productora para que me digan que no, como el teatro alternativo estaba en auge, lo monté e intenté hacer la peli que yo quería pero a pie de público. Así, en vez de que haya productores que se lean el guión, les llamo para que vengan a ver la función. Tenía seis semanas, que era el plazo inicial con el que empezó la obra, porque era mi primera experiencia en el teatro y no tenía ni idea de cómo podía salir el experimento, pero salió bien y las seis semanas se convirtieron en trece, las trece en un cambio de teatro y otros cuatro meses y así hemos ido empalmando hasta llevar dos años. Pero siempre nació como peli. Por eso, cuando empezamos a arrancar la tercera temporada recibo varias ofertas y me decanté por la que más se acercaba a la idea de película que quería hacer.

Vamos, que tenías razón desde el principio: ese guión que nadie se atrevía a producir era una película y tenía que hacerse…

No es cuestión de razón. Yo creo que cuando nos lanzamos a hacer un proyecto personal nos mueven muchas razones, dependiendo del momento en el que vivamos. Una, la principal, es cómo puedo generar mis ingresos. Mucha gente lo piensa diciendo: “lo hago con dos-tres actores, escribo y dirijo, hago también las luces…”, pero yo lo pensé en grande, esa fue la diferencia. Pensarlo así, de una manera más ambiciosa, con dos repartos a la vez, dos direcciones totalmente distintas buscando en una algo más tipo cine independiente y en otra más comedia comercial, me permitió ir probándolo con el público, recoger sus opiniones… Es un working progress que como paso previo a la película ha sido muy enriquecedor. Ahora bien, no tengo a los mismos actores en la película que en la función, así que todo lo que he ido viviendo en el teatro lo he trasladado al cine pero con el estilo personal de cada actor.

Entonces, ¿qué es lo que te llevas de estos dos años en el teatro?

Me llevo el trabajo actoral, el confiar en ellos y aporten haciendo el texto y el personaje suyo. Desde ese momento es una colaboración mutua, porque tú a lo mejor has escrito un texto que apuntaba a un sitio pero lo que termina de rematarlo es el trabajo con los actores y con el equipo. También me llevo el feedback con el público. Cuando vas a ver una cosa tuya ves gente que se ríe, gente que no, ves las emociones de manera más evidente. Aunque también tiene su lado malo; cuando sale una mala función no puedes parar, te frustras…

El guión original era de cine, luego lo adaptaste a teatro y creció, como dices, con los actores. ¿Cómo ha sido esa nueva readaptación del texto al cine?

Inicialmente, la película que llevo por primera vez al teatro es una cosa, con el trabajo con los actores se convierte en otra y en el proceso de función y con respuesta del público se convirtió en otra distinta. Ha evolucionado mucho. Para empezar, en un principio no era musical. Arranco con una comedia urbana, pero en teatro pensé en añadir esa parte de banda sonora que se convirtió en un elemento más de la obra cuando los actores hacían coros o alguna coreografía. Funcionaba tan bien con el público que hubiera sido un poco tonto no trasladarlo a la película. Esa es una diferencia bastante grande respecto al guión original.

De hecho, las canciones que añades en la película tiene peso en la propia trama. ¿Hasta qué punto es un riesgo hacer algo así? ¿Has tenido algún problema para incluir alguna canción o tenido que adaptar la historia a la canción que querías añadir?

Hay un poco de todo. Muchas de las canciones que ya utilizaba en la obra de teatro eran canciones en las que pensaba cuando escribía, porque definían bastante bien la secuencia. Pero lo asociaba porque me encanta escribir con música, entonces en ese tracklist que tienes para escribir te coincide con un momento puntual y dices: “qué bien funciona”, como si encajase la letra con lo que estabas escribiendo. La canción estaba por un lado y la escena por otro y las he hecho coincidir, nunca he adaptado la canción a la escena o viceversa. Lo único ha sido que, para la película, por cuestiones de derechos, ha habido que componer tres canciones porque, por ejemplo, ‘Dirty Dancing’ costaba una pasta. Obviamente, con dinero lo puedes todo, pero los productores tenían claro que esto no era un musical, que había que darle importancia a la música pero que el presupuesto había que destinarlo a otras cosas más importantes. Al final, lo que se canta en la película, lo que cuentan esas canciones, son el momento vital o personal por el que está pasando el personaje; para ver su línea de pensamiento de otra manera que no sea gestual o corporal. Lo que diferencia esto del musical es que aquí no se para todo de repente y se ponen a bailar y cantar, está integrado, es algo distinto. Lo hacía Dennis Potter hace años en series británicas; de repente un personaje miraba a cámara y se ponía a cantar con intención dramática, “ahorrándose” así líneas de diálogo.

UNO_0358

‘Los miércoles no existen’ ha tenido cuatro temporadas de éxito absoluto –y una quinta en marcha– antes de su salto al cine, ¿da esto cierta tranquilidad de cara al estreno?

A un estreno, a menos que seas uno de los directores tops que todos conocen –que seguro que también van cagados–, siempre vas inseguro. Nunca sabes cómo va a reaccionar el público. Lo mismo te estrenan la última de ‘Stars Wars’ y no va nadie a verla, sin que signifique eso que es una buena o mala película. Pero sí da tranquilidad de cara a ser resultadista; ya sé que algunas situaciones funcionan porque se han testeado con 50.000 espectadores. Porque lo bueno de esto es que, tras las funciones, siempre hay un blog que saca una crítica, o comentarios en el canal de ventas donde pone lo que más ha gustado y lo que menos. Yo me quedaba siempre con lo que menos había gustado porque, al fin y al cabo, como guionista de comedia siempre quieres contentar a mucha gente. Con ese muestreo tan amplio sí he hecho caso de algunas críticas, tomándolas de manera constructiva. Incluso para reforzar cosas que ya habían funcionado. Así que, al trasladarlo a la pantalla esperas que el público lo reciba igual de bien o incluso mejor, porque puedes ver en un primer plano en cine algo que en el teatro ni te diste cuenta.

Para la película has cambiado la gran mayoría del elenco que había en la obra de teatro, ¿por qué? ¿cómo ha afectado eso a lo conseguido en la función con el trabajo actoral?

Con dos repartos y catorce actores ya era un problema de inicio a la hora de elegir. Si hubiese hecho tres películas y le hubiera dado a cada uno de los actores su personaje hubiese salido de distinta forma. Pero una vez entra un productor y una cadena de televisión quieren resultados y en un porcentaje tienes que ceder, sobre todo a la hora de elegir un reparto atractivo y llamativo. Son todos muy buenos actores que le han dado a los personajes una nueva visión más profunda. Además, todos han visto la función, así que de una manera u otra también se han nutrido de sus compañeros. También es algo que te renueva a la hora de enfrentarte al reparto, te vuelve a entusiasmar y te vuelves a implicar. Aunque también tengo unas ganas de hacer otras cosas que me muero, porque son muchos años de mi vida con esta historia. He ido haciendo algún corto o algún capítulo para una serie de televisión, pero como proyecto personal llevo con este muchos años. Le voy a deber mucho a ‘Los miércoles no existen’ en ese sentido.

Tanto la obra como la película beben de esa comedia madrileña que hacían Fernando Colomo o Emilio Martínez-Lázaro y David Trueba en los 90, que fue un subgénero que tuvo mucho éxito y que luego dejó de hacerse…

Totalmente. Incluso de Berlanga, que no era comedia madrileña como tal pero sí era Madrid en los años 60-70. Pero sí, he bebido mucho de ellos. Al final es una mezcla de referencias porque también soy de la generación de ‘Clerks’, ‘Alta fidelidad’ o de Kundera y sus relatos cortos –que era lo que estaba de moda entre los guionistas de cuando yo empecé–, toda la música de los 90… También me ha influido Armero, que primero con ‘Todo es mentira’ y luego con ‘Nada en la nevera’ abrió una puerta a esa comedia madrileña que es verdad que nos ha seguido esperando desde hace mucho años. Sin embargo, en cuanto a estética y puesta en escena las referencias creo que son más europeas o más cercanas al cine independiente americano que a lo que hacemos aquí. Todos los directores de mi generación han bebido de todos estos referentes y la mezcla de todos ellos intenta captar a un público muy amplio que lleva viendo cine 20 años.

UNO_0346

Vestuario: García Madrid.

Esa comedia siempre ha sido muy generacional. ‘Los miércoles no existen’ lo es, así como la mayoría de tu obra previa, ¿escribes este tipo de historias por tu cercanía a ellas –tienes prácticamente la misma edad de los personajes– o porque te parece una etapa especialmente interesante?

Bueno, para empezar, creo que es verdad que no se hace este tipo de comedia generacional, o comedia joven, o comedia urbana, porque quizás las ultimas que se hicieron no funcionaron y supongo que por eso se veía como un género agotado. ‘Los miércoles no existen’ es una historia que llevo escribiendo varios años, son diez historias y seis personajes y yo he sido alguno de ellos en estos últimos diez años de mi vida, tantos en los personajes femeninos como en los masculinos. De repente se me ocurría una escena por un momento que yo he vivido o que ha sido cercano a mi grupo de amigos y me llevaban a construir esa historia. A partir de ahí, la edad sí que influye mucho. Ahora tengo 36 y me siento bastante identificado en todo lo que pasa en la fase de los 30. Para un proyecto personal como este creo que sí es interesante escribir de lo que sabes, de lo que conoces y esas experiencias personales ayudan mucho a darle cercanía al guión, sobre todo cuando crees que tu historia puede llegar a mucha gente indistintamente de la edad. ‘Los miércoles no existen’ se ha aprovechado de eso, porque mucha gente ha ido a ver la obra y se ha sentido identificada con las situaciones, se ha reído, se ha emocionado… Y quizás alguien se ha ido dándole vueltas a la obra porque le ha removido alguna situación que a él le ha pasado. Esta sensación, por ejemplo, no pasa si vas a ver un thriller de Fincher, que es la leche y que me entusiasma como cinéfilo, pero a lo mejor tal y como la has visto se te olvida.

Me ha resultado curioso ver cómo has recuperado, dándoles una segunda vida en ‘Los miércoles no existen’, trabajos tuyos anteriores como ‘Trío’ y ‘En plan romántico’. ¿Hay alguna razón para esto?

Como te he dicho antes, esta es una historia que llevo escribiendo ya muchos años. Ahora lo ves como una película pero llega un momento en esos años de escritura en los que tienes unas ganas de rodar que te mueres. Entonces, descontextualizas esa historia que tienes para un guión y la haces como pieza única en un formato corto, y de repente pruebas cosas de cara a esa hipotética y futura película que a lo mejor haces en algún momento. En mi caso me lo tomé como un aprendizaje y como una manera de seguir aprovechando el audiovisual. ¿Para qué vas a generar un texto nuevo que no te convence si ya tienes uno que funciona? Pasó algo parecido con ‘Whiplash’; al principio era un corto y se ha terminado haciendo un largometraje. Al corto ya se le veía algo, se hizo para buscar financiación y salió bien. Pues esto es lo mismo. Si quieres llamar la atención de esos productores que son los que hipotéticamente te pueden dar trabajo en algún momento, tu carta de presentación es un cortometraje. Y cuanto más ruido haga ese cortometraje, más feedback más tener de productores que tienen ganas de saber quién es el chico nuevo. Ahora mismo hay muchos chicos nuevos y muchas chicas nuevas y está muy complicado. Si ‘Los miércoles no existen’ en teatro ha conseguido algo es abrir una puerta que mucha gente de la profesión no sabía que podíamos abrir. Ahora vivimos un momento súper dulce en ese aspecto, porque ves que hay cortos que a veces vienen de un microteatro, u obras que se convierten en películas. Ahora mismo hay textos en teatro que podrían ser películas con mucho público potencial. A lo mejor no lo vemos en cine porque la producción está sufriendo lo que está sufriendo, pero en teatro hay cosas espectaculares que podrían renovar nuestro audiovisual. Hay que aprovechar esto que coincide con el público parece volver a interesarse por las películas que hacemos en España.

UNO_0374

Ya debutaste en el largometraje con ‘8 citas’, junto a Rodrigo Sorogoyen. Además, también has escrito y dirigido el corto ‘Time After Time’ junto a Pablo Silva, ¿con qué te quedas de dirigir en pareja?

Yo creo que no es malo. Más allá de experiencias personales dónde con el paso del tiempo cada uno toma un camino y esa amistad se reduzca, creo que es bueno trabajar en equipo. Cuando empiezas, lo que necesitas es alguien a tu lado que te esté reforzando, que te esté diciendo que lo que estás haciendo está mal o está bien. No eres una figura solitaria desde el principio, y así tienes un apoyo con el que, si congenias y trabajas bien, tienes un frontón de puta madre con el que devolverte la pelota y contrastar lo que estás haciendo. Una vez pasas por esa fase de trabajar en equipo ya puedes evolucionar a trabajar solo y contar tus propias historias con tu visión. Eso sí, como cada uno vaya para un lado, puede ser una cagada trabajar en equipo. Pero yo he disfrutado mucho trabajando así, porque lo he hecho a menudo y si vuelve a surgir la oportunidad de trabajar con alguien en un proyecto interesante, genial.

Has sacado tu trabajo como director de televisión. Te iba a decir que, a lo mejor, por trabajar en series, tienes más asimilado ese espíritu de trabajo en equipo…

Es que yo creo que esto es un trabajo en equipo totalmente. Aunque tú hayas escrito la película y la vayas a dirigir, sin toda la gente de la que te tienes que rodear para hacerla no hay nada. Puede ser un equipo “capitaneado”, “comandado”, llámalo como quieras, donde haces una convocatoria como en el fútbol para tener a los mejores y sacar a cada uno el mayor rendimiento para que el equipo sea la hostia y ese partido lo ganes 5-0, por hacerte un símil rápido y futbolero. ¿Sabes qué pasa? Cuando trabajas en tele muchas veces tienes que dirigir como otros quieren que dirijas. No tienes la libertad que a ti te gustaría. A lo mejor tú piensas en hacer las cosas de una manera pero “arriba” quieren que haya un gag cada tres minutos… Hay tantos condicionantes que, bueno, vas ganando tablas y cuando llegas a cierto número de capítulos ya sabes de manera instintiva qué tienes que hacer y cómo lo tienes que hacer. Yo he estado en series que empezabas en junio a trabajarlas y tenían un nombre y cuando llegaba septiembre la serie no tenía nada que ver con lo que habías empezado y un nombre distinto. A veces, en un proyecto personal, eso puede contaminarte, porque a lo mejor no estás haciendo lo que tú quieres hacer, sino lo que sabes que va a gustar a este sector o a este target de público. Cuando trabajas solo aprendes también a contar tu historia y a atraer al público a eso que has hecho tú. Eso ha sido ‘Los miércoles no existen’ para mí.

UNO_0309

Vestuario: García Madrid.

Ahora mismo estás trabajando en dos proyectos televisivos bastante importantes como son la adaptación de la novela ‘La sonata del silencio’ y la segunda temporada de ‘El ministerio del tiempo’, ¿crees que él éxito de la obra también te ha vuelto a abrir las puertas de la televisión?

Creo que sí, pero que también es una suma de factores entre la experiencia acumulada, y que eres tan bueno como tu último trabajo. El teatro ha sido un escaparate para todos los que hemos formado parte del proyecto, nos puso en el mapa como se suele decir.  Y en mi caso, me ha permitido que mucha gente de la profesión pudiera ver algo distinto a lo que venía haciendo, o ver algo mío por primera vez. Como Javier Olivares, que después de verla en dos ocasiones, me dio la oportunidad de incorporarme al ‘El ministerio del tiempo’. ¿Qué vio? Hay que preguntárselo a él. Me considero un afortunado por poder vivir un momento tan dulce como este y con los tiempos que corren, pero son 15 años de “pelea” hasta llegar aquí. Y los que me quedan.  

¿No crees que el crecimiento del drama en nuestra televisión ha sido muy superior que el de la comedia, que se ha quedado bastante estancada?

La comedia en televisión es muy difícil porque te tienes que dirigir a un sector tan amplio que tiene que gustar al niño, al padre, al abuelo y hasta al perro. Escribir para un target tan amplio y durante 70 minutos es muy complicado. Es más fácil construir dramas con esa estructura y esas líneas que comedias, dónde lo que se hace es repetir la fórmula de ‘Médico de familia’, ‘Los Serrano’ o ‘Aquí no hay quién viva’, que es lo que más funcionó en en el género. Las cadenas sólo quieren eso y es muy difícil sacarlas de ahí. Se han hecho algunos intentos absurdos, como adaptar ‘Cheers’, cuando aquí hay guionistas de muchísimo talento que te pueden escribir diez sitcoms estupendas sin necesidad de recurrir a comprar los derechos de una serie de los años 80. Otro ejemplo es ‘Vida loca’ o, ‘Con el culo al aire’, que al final se desinfló. Con ‘Algo que celebrar’ pasó lo mismo. Ante estas cosas no sabes qué hacer como guionista. Ahora parece que Movistar parece que abre la puerta a recibir proyectos más en la línea del formato americano, series de 40 minutos, de ocho o diez capítulos, de atmósfera, de personajes, con público concreto… Eso es música para los oídos de cualquier guionista. Pero, ¿qué pasa? Que representa un porcentaje muy bajo para todos los que somos, y lo que sigue dándonos de comer es la televisión generalista. ‘El ministerio del tiempo’, por ejemplo, es un intento de hacer algo distinto: tiene comedia, tiene historia, tiene aventura, tiene ciencia ficción… Tiene un montón de elementos. Ojalá esta sea la puerta que se abra para que vengan detrás un montón de series diferentes.

UNO_0386

 


LOS GUIONES ESTÁN VIVOS

12 diciembre, 2013

por Sergio Barrejón.

bonsai

El 17 de enero de 2001 se estrenó una serie semanal de prime-time que cambiaría el panorama de la ficción nacional, inaugurando la moda de los dramas ambientados en la historia de España. En este caso, era una serie ambientada en la posguerra. Y no, no estoy hablando de Cuéntame, que se estrenó ocho meses después. Estoy hablando de Temps de Silenci.

Cabe suponer que el éxito de la serie de TV3 tuvo algo que ver en que TVE diera luz verde a Cuéntame, aquel proyecto que llevaba siete años dando vueltas por las cadenas nacionales, en la época en que los expertos sentenciaban con toda ligereza que “la historia de España no le interesa a nadie“. O quizá Temps de Silenci no tuvo nada que ver. Quizá, simplemente, había llegado el momento. Igual que, en algún punto, este momento pasará. Y lo hará por sorpresa. Como siempre.

Pero lo que yo quería contar es que Temps de silenci había sido concebida por sus creadores como una telenovela diaria. El formato triunfaba en Cataluña y sus creadores lo dominaban con soltura. No en vano habían firmado ya algunos éxitos apabullantes como El Súper. Sin embargo, TV3 decidió que quería un prime-time semanal. Lo adaptaron. Sin problema.

Años más tarde, los creadores de aquella serie desembarcaron en TVE dispuestos a repetir el éxito con otro drama semanal ambientado en la posguerra, pero esta vez en Madrid, en lugar de la Barcelona de Temps de Silenci. El formato estaba testado, los creadores tenían prestigio. TVE compró la idea… pero quería una telenovela diaria. Lo adaptaron. Sin problema. Así nació Amar en tiempos revueltos.

Con el éxito de Amar en Tiempos Revueltos, Antena 3 pidió a su productora, Diagonal TV, una telenovela diaria para sus sobremesas. La productora puso varios proyectos sobre la mesa, pero ninguno era histórico. Y Antena 3 quería uno histórico. Esto es lo que queremos, dijeron señalando un guión de época llamado Bandolera. Un guión… de tv-movie.

La productora llamó al autor del guión, Tirso Calero, y le preguntó si podía adaptarla. Sin problema, dijo Tirso. Sólo se trataba de convertir una historia cerrada de dos episodios en una telenovela diaria de 65 capítulos como mínimo, y con posibilidad de continuidad (de hecho, llegó a emitir unos 400).

Sin problema.

Y aquí es donde yo quería llegar. Porque ésa es la actitud que hace falta si uno quiere ser guionista profesional. No estoy diciendo que todas las tv movies puedan ser convertidas en series diarias. Estoy diciendo que todas las obras de ficción pueden ser adaptadas a otros formatos. Ya sean tv movies, series semanales, diarias, largometrajes, novelas, obras de teatro o silvas arromanzadas. Y muchas veces cambiarán a mejor. Porque, si bien en el proceso pueden perder parte de aquello que te gustaba en su forma original, es también muy probable que adaptándolas descubras nuevas posibilidades de tu historia que ni habías imaginado.

Porque los guiones son historias. Y las historias están vivas. Tanto si las tienes en pequeñas macetas dentro de un invernadero como si las dejas crecer libres en mitad del monte, las historias tienen una vida aparte de ti. Pretender que tus obras sean inmunes a las circunstancias que las rodean es tan patético como decorar tu casa con flores de plástico.

Ayer estrenamos online el cortometraje En plan romántico, dirigido por Peris Romano y producido por el que suscribe.

Su estreno en sala había sido el 25 de octubre de 2012 en la Seminci el cortometraje  Era el único corto español que competía en la Sección Oficial. Un buen presagio… que se quedó en nada. Año y pico después, el corto no ha ganado un puñetero premio.

Pero la historia está viva. Tan viva que, con unos pocos cambios, se ha convertido en una de las escenas más hilarantes de Los miércoles no existen, una obra de teatro que consiguió llenar más de 20 noches la sala independiente El Sol de York de Madrid y acabó saltando primero al Teatro Principal de Donosti y luego al Teatro Lara de Madrid (donde aún podéis verla, varios meses después de su estreno).

¿Cuántas de las historias que hemos dejado por imposibles estarán todavía vivas, esperando a que las trasplantemos a la maceta adecuada?


ESO ES UN CORTO

22 noviembre, 2012

por Peris Romano.

Uno de los efectos colaterales de ser guionista, es que cuando sale a relucir tu trabajo entre amigos o gente que acabas de conocer, al final muchos creen tener “la obligación” de contarte una historia que ya sea real o inventada, debería ser una película o al menos un corto.

La mayoría de ellas, por no decir todas, no acaban de pasar de una simple anécdota o un gran batiburrillo de conceptos que, en muchas ocasiones sólo ellos le ven el sentido o la gracia. Pero en  otras pocas ocasiones, esas vivencias personales o esas ideas que tienen los ajenos a esta profesión, son el detonante para que a ti se te encienda la bombilla, tu inspiración comience a trabajar y digas: “Mmmm, detrás de esto hay una historia”.

Fue hace 8 años cuando oí una de esas escasas historias, que de principio a fin, piensas: eso es un corto. Quizás matizando alguna cosa, pero poco más. Todo funcionaba. Y no es la típica anécdota que le pasó al amigo de un amigo. Los hechos los conozco de primera mano. Narrados en primera persona y por boca de su protagonista.

X, llamémosle así, es un amigo mío, muy buena gente. Nadie diría cuando le conoces, que la mayor parte de su vida adulta se la pasó trapicheando. No trabajaba en un sector concreto, controlaba muchos campos de acción. Lo que se conoce como un tío polivalente, que como buen autónomo, se metía en lo que iba saliendo mientras pudiera sacar pasta de ello. Y si querías algo en concreto, solo tenías que pedirlo. Desde cualquier tipo de droga a toda clase de electrodomésticos. Cosas “que se caían de un camión” lo llamaba él.

Cumplidos los 30, cansado, escarmentado o quizás buscando redención, lo dejó todo. Y se propuso ganarse la vida con la interpretación. El siempre tuvo claro que lo suyo era ser actor, pero que se entretuvo por el camino. Dejó su ciudad natal, se traslado a Madrid y buscó un trabajo “de verdad” para pagarse las clases en una escuela. Además se hacía todos los cursos habidos y por haber. Y convencido de que iba a triunfar también fuera, se apunto a clases de inglés.

Se formó durante dos años, no paró y vio como el esfuerzo había merecido la pena al conseguir algunos papeles secundarios en varias series de televisión. Podía vivir de lo que le gustaba. Todo sin ayuda de un representante, sin conocer a nadie. El mismo consiguió en poco tiempo que uno a uno, le conocieran todos   los directores de casting presentándose en sus oficinas. No se iba de allí hasta que le recibían y nadie se atrevía tampoco a ello.

A esas pequeñas apariciones, se sumaron otros papeles como secundario o protagonista en unos cuantos cortometrajes. Yo le dirigí en uno de los míos y a pesar de la brevedad de su papel, rápidamente vi que tenía algo distinto. No tenía mucha técnica, lo suyo era innato. Reconozco que ninguna toma era igual a la anterior, pero me daba igual pues lo hiciera como lo hiciera, funcionaba.

Ese potencial que yo había visto, no había pasado desapercibido para una conocida directora de casting, que le llamo para hacer la prueba para un papel secundario en una importante película. Y le salió muy bien, pues una semana después le llamaron para decirle que le había gustado mucho al director y que querían hacerle una última prueba. Para ello le citan unos días después y le mandan una nueva separata: el monólogo de Forrest Gump cuando éste habla ante la tumba de Jenny.

Era una prueba rara, había que reconocerlo. Pero no quisimos desanimarle y él se lo tomo muy en serio. Era su oportunidad y no la iba a desaprovechar. Pasó tres días ensayando, recuerdo que estuvo por casa repitiéndolo una y otra vez con mi compañero de piso, que también era actor. Incluso lo ensayó con algunos de esos antiguos compañeros de trapicheo que estaban de visita y flipaban con él de lo bien que lo hacía. Parecía sufrir una deficiencia de verdad, sin caricaturas. A lo Leo Dicaprio en ¿Quién ama a Gilbert Grape? Todos estábamos convencidos que el papel era suyo…

La prueba era a media mañana de un viernes de mayo. Según sus palabras, cuando nos lo contó varios días después, allí en la sala estaban la directora de casting, el director y el productor. A su lado un hombre alto, otro actor que le daría réplica.  X no se dio cuenta  en ese momento de que en un monólogo no hay réplica, pero se puso de cara al otro “actor” y comenzó a ser Forrest Gump.

A penas había empezado con el texto cuando el productor dijo en voz alta: “Es él”. En ese momento, el “replicante”, que en realidad era un policía de paisano, sacó unas esposas, le puso contra la pared y comenzó a leerle sus derechos. X seguía improvisando pensando que todo aquello formaba parte de la prueba; actor hasta el final. Así que estuvo en su papel hasta que le aclararon cual era la situación real: Al parecer, el productor, al ver las cintas de los castings había reconocido a X de un robo con intimidación en su casa unos años atrás. Aún guardaba copia de la cinta de las cámaras de seguridad y junto con la policía, organizaron ese falso casting para pillarle.

Durante el juicio la abogada de X llegó a presentar su videobook como prueba de que durante el robo, él estaba trabajando como actor y que era imposible que lo acometiera. Pero no hubo manera de demostrar que no estaba allí. Tenían las suficientes pruebas que dejaban claro que había sido él. Le declararon culpable y se pasó un tiempo como se suele decir, a la sombra…

Durante todo este tiempo transcurrido, cada vez que me planteaba un nuevo guión, está historia venía a mi cabeza. A penas tenía que estructurar toda la información y darle forma a los diálogos, pero a priori siempre era algo que pensaba que se escribía sólo. Tengo al protagonista para consultarle lo que quiera. Tengo la historia, los personajes, un principio, un final, un giro inesperado… Pero no sé muy bien por qué, cada vez que me pongo a ello hay algo que se me atraviesa, veo que son todo complicaciones, que hay mil posibles estructuras y tonos. Eso cuando no me invade el pesimismo y pienso que de verdad esto es una anécdota como otra cualquiera, sin atractivo ni interés  que  no merece ser puesta en imágenes. O quizás peor aún, a lo mejor no debería ser yo quien lo haga. Que lo asumo sin problema, pero como “yo la vi primero”, por lo menos quiero contarla y ahora quien quiera, que la adapte. Quede constancia aquí de ello.

Y la próxima vez os cuento una sobre un famoso futbolista sudamericano, una noche en Valencia, un puticlub, Rumanos y una cuenta sin pagar. Pero esa si que es la historia de un amigo, que conoce a otro, que se lo contó su primo que le paso a él…


EN PLAN ROMÁNTICO

24 octubre, 2012

por Peris Romano

En apenas unas horas, dentro de la sección oficial a concurso de la Seminci, se estrena el que es mi séptimo cortometraje: En plan romántico. He de reconocer que ha sido toda una sorpresa. No porque no esté satisfecho con el trabajo y el resultado final, si no porque siempre he creído que la comedia romántica es un género considerado menor por la crítica y los festivales (no por el público), que tienden más hacia el drama o la experimentación. Así que no podía imaginar un mejor arranque.

Y es que, a pesar de disfrutar como espectador con todo tipo de cine y de géneros, como guionista y director suelo tender más hacia historias minimalistas, de corte urbano. Historias del día a día, a medio camino entre el drama y la comedia, donde puedes identificarte con los personajes, con la situación que viven, con lo que cuentan, con las decisiones que toman… Me gusta analizar, darle la vuelta y contar de una manera diferente, esos momentos por los que todos hemos pasado, estamos pasando o pasaremos en algún momento de nuestra vida.

Es quizás por esto que también, visualmente, mis guiones piden estar a disposición de los personajes y de la historia. Por ello siempre he buscado una fotografía realista, basada principalmente en reforzar la luz del ambiente y sin artificios; con una cámara que pase desapercibida, muchas veces en mano, casi escondida y alejada de la acción para que el espectador asista como un voyeur a todo lo que ocurre, trasmitiendo así una mayor sensación de realidad de todo lo que ocurre… No obstante aunque esto queda muy bien así puesto, en el mundo del cortometraje, esta forma de escribir y de rodar no sólo es una decisión artística, si no que principalmente suele ser una cuestión presupuestaria. Únicamente algunos directores tienen la paciencia de buscar financiación privada o por medio de subvención (cuando las había) para rodar esa historia que tienen en la cabeza. Otros, la mayoría, no podemos.

Cuando lo que quieres es rodar por encima de todo, fuerzas la creatividad para que tu idea cumpla varios requisitos. Hay que escribir a la vez que produces. Por eso lo primero es ajustarse y comprometerse con un presupuesto razonable o contenido. Que sea una historia que puedas permitírtela. Lo de dejarte los ahorros en un corto no es una buena idea. El dinero que te está costando es en lo único en lo que estarías pensando durante el rodaje y a saber cual es el engendro que acabaría saliéndote. Hay que estar en lo que hay que estar. Sé por experiencia que hacer cine es el arte de la renuncia y creo que es mejor renunciar desde el papel a ciertos aspectos, que hacerlo en el rodaje. Además, para mí el cortometraje es el placer de contar historias porque sí, motivado sólo por el amor al cine y lo que hago. Nunca espero nada más allá que “escupir” esa historia que llevo dentro y que la vea el mayor número de gente. Así que al contrario que muchos otros cortometrajistas, jamás he diseñado ni distribuido mis trabajos con una estrategia comercial…

Mi cuarto trabajo en formato corto, Trío, fue estrenado directamente on line el mes de febrero de 2009 y en poco menos de una semana tuvo más de 10.000 visionados. El único medio para promocionarlo fue mi muro de Facebook y el de algunos miembros del equipo. Fue así, gracias a la red social, como conocí al que hoy en día puedo considerar mi productor, Sergio Barrejón. Le había gustado mucho y estaba sorprendido de que no lo hubiera mandado a ningún festival y que hubiera decidido “regalarlo” así sin más. Yo le reconocí que no tenía ni tiempo ni ganas de molestarme en enviarlo, que desconocía por entonces el funcionamiento de las distribuidoras. Además, habíamos tenido algunos problemas con el material original en vídeo, y no estaba muy satisfecho del aspecto técnico, en concreto de la foto. Pero aún con esto, él estaba convencido que con algo más de trabajo en la sala de montaje y con la distribución adecuada, era un trabajo que podría funcionar.

Llegamos a un acuerdo: él encargaría económicamente de solucionar todos esos problemas, y además se lo pasaría a Freak, considerada como la mejor distribuidora en lo que a pequeño formato se refiere. Para mi sorpresa, a pesar de mis inconvenientes técnicos, a Freak también le gustó mucho y una vez borrado su rastro de la red y solucionados los aspectos técnicos, arrancó la distribución. En un año, con algo más de 1.000 euros de inversión total, obtuvimos 30 secciones oficiales y 11 premios. Hoy lo “reestrenamos”:

Con esta experiencia y viendo que independientemente del presupuesto, se puede diseñar un corto para que funciones en festivales, decido abandonar temporalmente la comedia para probar suerte en el drama con Todo lo que sube. Con un presupuesto de 2.000 euros, es el único trabajo en estos casi 4 años que Barrejón no ha estado detrás y que a pesar de obtener algo más de una treintena de secciones oficiales y contar también con Freak para la distribución, los premios no llegaron. No sé decir que es lo que falló o mejor dicho, en que no acerté. Supongo que no marqué la diferencia, que es lo que hay que hacer para llamar la atención, pero independientemente de esto o de su rentabilidad, he de decir que es uno de los cortometrajes de los que más orgulloso estoy junto a El efecto Rubik.

Mi siguiente proyecto con Barrejón, fue Llámame Parker. Ya conté aquí la experiencia y como le “engañé” de nuevo sin renunciar a mi filosofía de producción. Empeñado en que lo que cuenta es tener una buena idea por encima de artificios y grandes presupuestos, y puedo decir con alivio casi dos años después de estrenarse, que no estaba equivocado y así lo respaldan las 34 secciones oficiales y los 9 premios cosechados. No está mal para un documental de tres minutos y treinta segundos con menos de 600 euros de presupuesto.

En plan romántico es mi vuelta a la comedia y de nuevo a esta filosofía de producción más acorde que nunca con los tiempos que vivimos. Todo surge cuando empecé a desarrollar un guión de largometraje en el que aplicar todo lo aprendido en este tiempo. En plan romántico nace de una de las escenas de ese largo. Porque, siendo realista, asumo que por muy bajo que sea el presupuesto, las productoras no están para nada ni para nadie. El crowdfunding es hoy en día la opción más viable de financiación para este tipo de proyectos, pero sin paciencia para ponerlo en marcha en esos momentos y con mucho mono de rodaje, decidí sacar la historia de Pablo y Lola del guión y convertirlo en corto.

Sin olvidarme del largo, por ahora no tenía más pretensiones que rodar sólo por el placer de rodar. Y mi idea además era hacer una gamberrada, una parodia de las películas de Tom Hanks y Meg Ryan, especialmente de “Algo para recordar” o “Tienes un email”. Buscando esa parodia, con la “supervisión” de Barrejón, al final encontré la manera de homenajear humildemente a todas esas comedias románticas que me han marcado como espectador y a la vez me han formado como director. Hablo de películas, por citar algunas, como “Sucedió una noche”, “Tú y yo”, “El apartamento”, “Annie Hall”, “Cuando Harry encontró a Sally” o “Alta fidelidad”. Repito, un género menor para muchos, pero que para mí siempre ha sido de mis favoritos y con el que más he disfrutado en la butaca. Quizá solo yo vea todas estas referencias en el resultado final, pero de alguna manera Pablo y Lola, la pareja protagonista, son mi visión actual, madrileña, treintañera y desenfadada de Tom Hanks y Meg Ryan teniendo la conversación más importante de su vida sentimental… por Skype.

Dani Pérez Prada y Rut Santamaría son Pablo y Lola en En Plan Romántico.
Fotos: @Natxo López.

Esta vez le enseñé el guión a Sergio sin más intención que recibir su opinión y consejos. Desde hace 3 años es la primera persona a la que le enseño todo lo que escribo y reconozco que hacerlo, siempre ha mejorado mi trabajo. No iba a pedirle un céntimo, es más, pensaba rodar únicamente con un chico de sonido, un cámara y los actores. Unos 200 euros, incluso menos. Presupuesto asumible para mi bolsillo y “vergonzoso“ para pedírselo a un productor, pero como hay confianza…

Una vez leído me preguntó: “¿Qué necesitas?” y yo, que siempre quiero tenerlo cerca, le conté cual era mi “diseño de producción”. Pero a pesar de la sencillez de la propuesta, y de los resultados obtenidos anteriormente con la formula low cost, apostó está vez por hacerlo a lo grande y rápidamente puso en marcha una producción en la que incluía grabar con la última cámara de RED, la EPIC X de Morituri que estrenamos casi sacada de la caja. Y un equipo técnico de primera, entre los que se encuentran Antonio J. García, director de foto de Impávido y Fuga de cerebros 2; Raúl de Torres, montador de Pagafantas o No controles, o Aran Calleja que ha puesto la música (además de a estas dos últimas) a Éramos Pocos, corto nominado al Oscar. Incluso la Foto Fija es de Natxo López, uno de mis referentes de la comedia española televisiva y que aparcó sus labores de guionista para dejar constancia fotográfica del rodaje. Y así un largo etcétera.

Rodaje de En Plan Romántico. Foto: @Natxo López.

Y ante tal despliegue, sin renunciar a mi estilo, decidí que había llegado el momento de aprender de experiencias pasadas, no repetir fórmulas, optando por huir en está ocasión de todo lo que pudiera resultar “indie” y que ya había hecho en mis anteriores trabajos. Me olvidé de la cámara en mano y los escorzos, jugando más con las posiciones de cámara y las diferentes ópticas, acercándome así a la estética más efectista y comercial del género. Me costó, me resistía a cambiar de fórmula, pero por suerte esta profesión es un trabajo de equipo, el cual me contagió las ganas de superarme. Y esta unión de factores, se ha traducido en una sección oficial, como único representante Español en uno de los festivales más importantes del sector.

Es cierto eso de que hay que fallar para acertar. Y he aprendido que está guay hacer cortos de un presupuesto casi cero y obtener mucho más de lo que esperabas, pero también he aprendido que hay un termino medio entre el “aquí te pillo aquí te mato” y el periplo de subvenciones o de la búsqueda de financiación privada. A veces merece la pena esperar un poco.

Estoy convencido que en estos tiempos de incertidumbre que vivimos, el cine no puede ser únicamente para los privilegiados, también debe ser para los valientes. Y la valentía siempre tiene recompensa.


FIRMAS INVITADAS: LLÁMAME PARKER

7 abril, 2011

Peris Romano es director y guionista de series de televisión como Impares, Yo soy Bea o La sopa boba; y de cortometrajes como Sigue Soñando, El Efecto Rubik, Trío o Todo lo que sube. Ha escrito y codirigido el largometraje 8 citas. Su último trabajo, Llámame Parker, está nominado a Mejor documental, Premio del Público y Premio Distribución Freak en el concurso Notodofilmfest. (Los premios se entregan esta noche en el Cine Capitol de Madrid.)

 

Me han pedido que escriba en este blog sobre mi experiencia con Llámame Parker. Me va a costar lo mío, la verdad. Nadie hasta el momento me ha pedido que pusiera en papel mi opinión o mi experiencia en nada. Me han hecho alguna entrevista, pero es distinto. Lo único que he escrito hasta ahora son guiones. Así que voy a intentarlo, pero pido perdón por anticipado por las meteduras de pata, porque alguna tendré. Me conozco.

El proyecto de Parker nace cuando, tras un Periodo Artístico Reflexivo Obligatorio (más conocido como P.A.R.O.), me doy cuenta de que, a pesar de mi experiencia y de mi curriculum, acceder a cierto tipo de oportunidades está cada vez más complicado. Y no porque no se produzcan cosas, sino porque el trabajo que he realizado hasta ahora me encasilla en un perfil determinado que parece que no es lo que el mercado busca. O algo así.

Por otro lado, cuanto más trabajas para una productora en concreto, menos te conocen en otras. De hecho, muchos piensan que sólo trabajas para una productora, y directamente ni te llaman cuando buscan gente. Y luego, para colmo, te los encuentras en una fiesta y te lo dicen: “tenía un trabajo que te habría venido a la medida, pero pensaba que trabajabas en exclusiva para…”

Me encantaría poder dirigir en series como Cuéntame o República, o que me llamaran para escribir en Hispania o en El Barco. Pero resulta muy difícil acceder a esas grandes productoras. Difícilmente confiarán en ti si no conoces a alguien dentro de ellas. Y es muy difícil conocer a alguien dentro de ellas si no has trabajado para ellos. Es una pescadilla que se muerde la cola. Supongo que a todo el mundo aquí le suena.

Si eres guionista quizás puedas acceder a una prueba de guión. Para los directores es diferente: no tenemos pruebas, como los guionistas. No tenemos castings, como los actores. Si así fuera, estaríamos presentándonos constantemente. Demostrando que cuando eres director puedes hacer una comedia, una de época o una futurista. Pero no: sólo tenemos como recurso nuestros contactos y la amistad con productores. La única alternativa a eso es hacer un trabajo independiente que llame la atención, que no deje indiferente, que haga ruido. Tanto ruido que pueda llegar a oídos de esos productores que no te conocían. Y eso es lo que en parte intento conseguir con mis cortos. A veces me sale, otras veces no. Pero es lo que intentaba con Llámame Parker.

La idea surgió una mañana en la Plaza Mayor de Madrid. Yo estaba dando un paseo, tratando de pensar en alguna historia para un nuevo corto. Llevaba días paseando en busca de inspiración, y nada.

De pronto, me fijé en un corrillo de chicos y chicas que se hacían fotos junto a uno de los animadores callejeros habituales de la plaza: el tipo vestido de Spiderman. No era la primera vez que lo veía. Ya alguna vez había elucubrado con algún amigo sobre quién sería esa persona que se escondía tras el disfraz. Y de pronto comprendí que, si estaba buscando una historia nueva, acababa de encontrarla. No sería un corto de ficción: haría un documental sobre ese tipo…

… Si él quería, claro.

Me senté en una terraza y me pedí un refresco. Dejé que me clavaran, igual que a un turista, y me quedé contemplando al que esperaba fuera mi próximo protagonista. Pronto perdí la cuenta de la cantidad de fotos y fotos que la gente se hacía con él. Me fijé en sus reacciones, en su manera de relacionarse con el resto de trabajadores de la plaza, que como él, se buscan la vida. Aquello era un microcosmos fascinante.

Fui un par de días más por allí a observarle. A cada momento, me parecía más interesante el documental. Llegué a pensar en montar un largo con varios “personajes”: más animadores, dibujantes, transeúntes… Un documental en el que el protagonista central casi sería la propia plaza.

La cosa empezaba a crecer, así que le dejé caer el asunto a Sergio Barrejón, que me había producido un corto anterior, Trío, a ver si quería meterse en esto. No lo dudó, pero me insistió en que aparcásemos la idea del largo y nos centrásemos en hacer un corto para el Notodo. Yo estaba pensando en un largo, y el productor me pidió que me quedase en tres minutos. Típico.

Pero me lo tomé como un reto. La verdad es que llevo años intentando presentarme al Notodo y siempre me paso de los reglamentarios 3 minutos y 30 segundos. El primer intento fue “El efecto Rubik”, que acabó convirtiéndose en un falso documental de media hora, con otra media hora que se quedó fuera. Eso fue en 2005. Desde entonces, cada año he ido rebajando mis tiempos corto a corto, como un velocista. Hace dos años conseguí dejar Trío en 10 minutos, y el año pasado con Todo lo que sube, conseguí bajar a 7. Este año he entrenado duro y al final han llegado los ansiados 3:30. Y me he dado cuenta de que, si puedes contar una historia en ese tiempo, no hay razón para alargarla más.

Ahora, el corto tiene tres nominaciones en el Notodo y ha estado durante 15 semanas en la lista de los más vistos. El amigo Parker está encantado. El otro día, camino del rodaje de mi siguiente proyecto, pasé por la Plaza Mayor para darle la enhorabuena. Estaba rodeado de una docena de chicos y chicas que acababan de hacerse unas fotos con él. Cuando me vio, me dijo que ya sabía la noticia, alguien se lo había dicho. Nos dimos la enhorabuena y un abrazo. Luego, Parker les dijo a los chicos que le rodeaban que yo era el director del corto. ¡Todos lo habían visto! Y de manera totalmente espontánea, se pusieron a aplaudirme.

Nunca en mi puñetera vida me habían aplaudido por mi trabajo (exceptuando algún festival o presentación). Casi me muero de vergüenza. Pero me fui a rodaje (ya os contaré de qué) con una sonrisa de oreja a oreja.

Con Parker, en la Plaza Mayor

Ahora, a pocas horas de la gala, estoy nervioso. Bueno no. Vale, es a ratos. Yo creía que esto del Notodo era algo que no trascendía mucho más allá de Internet, pero según se acerca el momento de la gala, noto a mi alrededor cierto revuelo que hasta ahora no había sentido. Yo no estoy acostumbrado a llegar a muchas finales, ni a ser favorito en nada. He hecho una película, he dirigido varios cortometrajes y un par de cientos de capítulos de televisión, pero proporcionalmente, “Llámame Parker” es el trabajo que más repercusión ha tenido.

No sueño con ganar los tres premios. Ni dos. Ni siquiera… Bueno, alguno sí. Yo qué sé.  Pero que no pasa nada si no. La verdad es que me conformo con que no pase como en el estreno de 8 Citas en Madrid: yo venía de presentar la película en el festival de Málaga delante de 1.000 personas, y todo había salido muy bien. Cuando llegamos a Madrid, me subí al escenario del cine Callao muy crecidito. Iba el primero del grupo…

… y me tropecé con un foco del escenario. De la patada que le di, lo hice pedazos. Delante de un cine lleno de gente que rompió en carcajadas. Después de aquello, apenas me atreví a abrir la boca. De hecho no lo hice. Como pude llegué a mi asiento y aguanté el tirón.

Esta noche vuelvo a presentar un trabajo mío en un cine abarrotado, a escasos cien metros del cine Callao. Y tengo tres cosas que decirme para calmar la angustia hasta saber si he ganado o no:

  • Al menos no ha palmado dinero propio (muy importante)
  • He conseguido hacer algo distinto y meter bastante ruido (más importante aún)
  • Al propio Parker le ha encantado el corto (lo más importante)

Deseadme suerte… O no, que lo mismo competimos esta noche. Eso sí: prometo no romper nada si me llaman al escenario. Mientras tanto haré como todos y dejaré que mi trabajo hable por mí, a ver si alguien se fija.


FIRMAS INVITADAS: SERGIO BARREJÓN

13 enero, 2011

Sergio Barrejón es guionista de series como Amar en Tiempos Revueltos y La Señora, y estuvo nominado al Goya por su cortometraje El Encargado. Recientemente, ha producido cortos como ¿Quién está ahí?, de Alejandro Pérez, o Llámame Parker, de Peris Romano.


GOYAS 2011: INJUSTICIAS LAS JUSTAS

Anteayer se conocieron por fin las nominaciones a los Goya. Como dicen ahora en los periódicos, “el asunto cobró gran relevancia en las redes sociales”. Quisiera compartir aquí algunas de mis impresiones al respecto, y comentar también las discusiones que mantuve ese día por Facebook y por email con algunos amigos y compañeros.

YO VOTO A MIS AMIGOS

Muchos cortometrajistas han tenido reacciones negativas ante las nominaciones. Algunos de ellos critican razonadamente el sistema de selección, que la Academia cambió hace poco (el anterior también fue muy criticado). Otros, quizá menos razonadamente, se han indignado mucho por el supuesto amiguismo que rige el proceso. Curiosamente, suelen rematar estas críticas lamentando que no hayan nominado los cortos de sus amigos.

Y es que, como demuestra ese doble rasero, el amiguismo existe. Pero no tiene las características de gran conspiración que algunos le atribuyen. ¿Por qué? Muy sencillo. Porque todo el mundo tiene amigos. Y, según mi experiencia, uno no apoya determinada obra porque es de un amigo. El proceso es totalmente contrario: en esta profesión, uno tiene a frecuentar la compañía de aquella gente cuyo trabajo admira. (Lógico, no vas a arrimarte a los que consideras patanes.) O sea, son tus amigos porque les votarías.

Y bueno… no puedo hablar por los demás, pero aunque las obras de mis amigos en general me gustan, no apoyaría cualquier mierda que pudieran presentar a un concurso sólo porque sean mis amigos. En primer lugar, porque uno tiene muchos amigos, y porque, como he dicho, uno tiende a sentir simpatía por la calidad. Así que, entre una mierda firmada por un viejo amigo, y una maravilla firmada por un desconocido, la elección suele estar clara. Optar por la calidad, y tratar de tomarse una caña con ese desconocido. Puede ser el principio de una hermosa amistad.

LA DEMOCRACIA ES UN SISTEMA IMPERFECTO

Muchas críticas parecen provenir de una creencia equivocada, según la cual la Academia de Cine emite, con las nominaciones, un veredicto, basado en un criterio institucional. Como si fuera el fallo de un jurado. Y no es así. Las nominaciones (y los premios) son el resultado de la suma aritmética de los votos en un proceso electoral democrático. Esto no significa que no se puedan criticar. Pero no es serio decir cosas como “siempre salen los mismos” o “la Academia ningunea a las películas pequeñas”. En el Congreso de los Diputados también salen siempre los mismos y a nadie le parece sospechoso. Puede ser lamentable, pero es la voluntad de la mayoría. Volviendo a la Academia, un rápido vistazo a los resultados de años anteriores demostrará inmediatamente que:

a) Varias películas pequeñas han ganado premios importantes.

b) Los directores y productoras nominados varían significativamente de un año a otro.

Pero sobre todo, hay que tener en cuenta, y parece que es necesario insistir, que la Academia no decide de manera conjunta. Son el conjunto de los académicos, de manera secreta e individual, los que han apoyado determinadas candidaturas. Y la suma aritmética de votos es la que decide las nominaciones (y los premios). Por tanto, quejas del tipo ¿De verdad se merecía Balada 15 nominaciones? son, de nuevo, equiparables a ¿De verdad se merecía CiU sacar 10 diputados? Probablemente la respuesta sea “no”, no lo sé. Pero difícilmente se le pueda pedir cuentas a nadie por separado.

Y a mi modo de ver, si alguien ningunea a las películas pequeñas, no es la Academia, sino… la vida. Los estudios sobre evolución de las especies tiene más que enseñarnos a este respecto que cualquier reflexión paranoica sobre las supuestamente corruptas estructuras de poder que rigen el cine español. Las películas pequeñas son pequeñas, y pequeñas se quedarán, salvo unas pocas excepciones. Igual que raramente un chihuahua podrá hacerle frente a un dogo.

Excepcionalmente, una película pequeña, sin apenas promoción, puede convertirse en el éxito de una temporada (véase Tesis) o alzarse con el Goya a la Mejor Película (véase La Soledad). Pero lo lógico es que las especies grandes y más agresivas sean preeminentes. Esto, creo yo, no es justo ni injusto. No ha lugar ninguna valoración moral al respecto. Sería injusto e intolerable que no se pudieran presentar las películas pequeñas. Sería sospechoso que nunca obtuvieran nominaciones las películas pequeñas. Pero no es el caso.

Hay que tener en cuenta cómo funciona la Academia, quiénes son sus miembros, y cómo funciona la industria. Una gran producción contrata a muchísima gente: técnicos, actores y empresas de servicios. Es lógico que para hacer El Orfanato o Las 13 Rosas necesites cinco veces más técnicos y más actores que para hacer La Soledad. Es lógico que los técnicos y actores voten a la película en la que han trabajado. Es lógico que logren apoyos por simpatía entre sus amigos y asociados. Es, por tanto, de pura lógica que obtengan muchas más nominaciones las grandes producciones que las pequeñas. Y es evidente que tienen más probabilidades de ganar los grandes premios.

Y aun así, La Soledad ganó Mejor Película y Mejor Dirección, en el año en que competía con El Orfanato y Las 13 Rosas. Porque el sistema no impide esas cosas. Como todo sistema, es imperfecto y discutible, pero ni es radicalmente injusto (al menos, no más que cualquier otro sistema democrático) ni está necesariamente corrompido (al menos, no más que cualquier otro sistema democrático).

ES MUJER, ES JOVEN Y TIENE ÉXITO: A ALGUIEN SE LA HABRÁ CHUPADO

Como suele ocurrir, entre la gente que se rasga las vestiduras por la supuesta actitud reaccionaria de la Academia, hay quien exhibe rasgos de una insultante ranciedad. Por ejemplo, abundan las alusiones machistas a la nominación de Carolina Bang como Mejor Actriz Revelación. Según ciertos comentaristas, esta nominación se debe única y exclusivamente a la relación sentimental (pública y notoria, por cierto) que la actriz mantiene con Álex de la Iglesia, a la sazón Presidente de la Academia.

Dejando de lado el hecho de que nadie explica el mecanismo por el que esa relación sentimental se convierte en votos, me parece absolutamente intolerable que los méritos profesionales de una mujer sean puestos en cuestión de manera automática cuando esa mujer mantiene una relación sentimental con un profesional masculino de mayor fama. Puede disfrazarse de lo que quiera, pero eso es puro machismo, más propio de clientes de un puticlub de carretera que de profesionales del cine.

Uno puede suponer que hay una relación estrecha entre el hecho de que Carolina Bang sea pareja de Álex de la Iglesia y el hecho de que Carolina Bang interprete papeles importantes en las películas de Álex de la Iglesia. Pero remitámonos al capítulo del amiguismo. ¿Cuál es la causa y cuál el efecto (si es que los hay)?

Unos querrán ver a un calzonazos que se ve obligado a darle papeles a la putita de turno. Otros querrán ver a un autor que se ha enamorado de una actriz a la que ya consideraba talentosa. Otros, simplemente, verán a dos profesionales de un mismo gremio que trabajan juntos y que, anecdóticamente, son pareja. Para mí, los que sólo sean capaces de ver la primera opción necesitan:

a) Una revisión psicológica urgente.

b) Ser un poco menos cotillas.

c) Follar un poco más.

Desde mi punto de vista, un director como Álex de la Iglesia ha demostrado ya criterio de sobra en la dirección de actores como para poner a quien mejor le parezca al frente de sus películas. Y por lo que a mí respecta, tiene todo el derecho a acostarse con quien le apetezca, siempre que sea mayor de edad y consienta.

De manera que entiendo que la indignación proviene del hecho de que la actriz sea nominada. Aquí deberíamos repasar la lección de la evolución de las especies, que nos enseñaba que las películas grandes tienen muchas nominaciones. Creo que aquí procede aplicar la navaja de Ockham: es mucho más sencillo entender que Balada Triste de Trompeta acapara muchos apoyos por el tamaño de su producción y por su capacidad promocional, que suponer que Álex de la Iglesia va por ahí haciéndole a los académicos ofertas que no pueden rechazar.

Y a los que aún sigan con complejo de peones negros, les invito a investigar sobre casos como el de Francesc McDormand co-protagonizando Fargo (y ganando el Oscar, por cierto), o Lindsay Crouse y Rebecca Pidgeon interprentando papeles clave en House of Games y Heist. Aunque quizá a nadie le interese saber con quién están casados Joel Coen y David Mamet, ni le parezcan sospechosas muestras de nepotismo la contratación de sus respectivas esposas para papeles clave de sus películas. ¿Será tal vez porque estas actrices no son tan jóvenes ni tan atractivas, y por tanto, no hay por qué sospechar que sean putas?

EL PROBLEMA CON LOS CORTOMETRAJES

Como guionista, director y productor de cortos, me interesaban mucho las nominaciones a Mejor Cortometraje. Y concretamente, las nominaciones a Mejor Cortometraje de Ficción fueron muy contestadas.

De hecho, supongo que algunos aún estarán desconcertados porque se haya quedado fuera de la terna de nominados el corto Lo siento, te quiero, de Leticia Dolera. Extrañísimo, tratándose de una actriz joven y atractiva que además es pareja de un director de éxito.

Personalmente, no tengo ninguna crítica hacia las nominaciones. Creo que la mayoría de los nominados son títulos muy dignos. Cierto que se han quedado fuera títulos también destacables. Cierto que yo habría votado por otros cortos. Pero así es la democracia.

Con lo que sí tengo problema es con el sistema de preselección de candidaturas que maneja actualmente la Academia. Dicen las bases:

Podrán concurrir en las distintas categorías todos los cortometrajes españoles, de duración inferior a 30 minutos, con versión en 35mm o 16mm, cuyo certificado de calificación, expedido por el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales, o por el órgano competente de las respectivas Comunidades Autónomas, esté fechado entre el 1 de diciembre de 2009 y el 30 de noviembre de 2010.

A esta limitación se añade otra que sólo rige para los cortometrajes de ficción (no para los documentales ni de animación, que por lo visto merecen privilegios especiales), y que consiste en la necesidad de haber ganado al menos “uno de los premios principales” de una lista de 33 festivales nacionales. Y añaden (y con esto termino de citar las bases):

Asimismo podrán participar igualmente aquellos cortometrajes que hayan sido seleccionados en las secciones oficiales de cortometrajes de los Premios de la Academia de Hollywood (Oscar) y de todos aquellos festivales internacionales no celebrados en España.

(El subrayado es mío.)

Pido disculpas por el insportable aburrimiento que habré provocado en más de un lector citando estos anodinos textos. Pero me parecía importante constatar lo que, a mi juicio, es el enésimo capítulo de maltrato que la Academia comete contra el sector del cortometraje.

La combinación de todas estas restricciones produce un efecto totalmente indeseable en el sector, y que este año se concreta en este dato: sólo 55 cortometrajes de ficción han podido presentarse al Goya. Para los que no estén muy informados, aclararé que cualquier festival español de segunda categoría en recibe entre diez y veinte veces más cortos.

¿Y por qué ha ocurrido esto? Muy sencillo: por la falta de conocimiento del sector, por la falta de ganas de conocer el sector, por la falta de autocrítica dentro de la Academia, y por la falta de reflejos a la hora de subsanar lo que, a todas luces, es un error de redacción de las bases.

Y el error es muy sencillo: antiguamente, la única restricción era la fecha de calificación del Ministerio. Es lógico considerar que cada año sólo pueden competir los cortos calificados el año anterior. Pero, al sumar a esa restricción la obligación de ganar en determinados festivales, la ventana se cierra muchísimo. Es de lógica: aquellos cortos que hayan sido calificados en la segunda mitad del año, apenas tienen tres meses para ganar un premio u obtener una selección en un festival extranjero. En la práctica, es casi imposible, porque en un festival, pasan varios meses entre que empiezan a recibir y clasificar los cientos o miles de cortometrajes que les llegan, y el momento en que hacen su selección, y más aún hasta que falla el jurado.

En una palabra, las bases dicen que te puedes presentar si tu corto está calificado entre el 1 de Diciembre de 2009 y el 30 de Noviembre de 2010. Pero la realidad es que si no calificas antes de Junio, tus probabilidades se reducen drásticamente. Y si lo haces más allá de Septiembre, son prácticamente nulas. Y la gracia es doble, porque como ya has calificado en 2010, no podrás presentarte tampoco el año que viene. Y lo de calificar en determinada fecha no es un capricho: si has tenido subvención del ICAA o quieres optar a tener una a posteriori, tienes que seguir los plazos del Ministerio. Que naturalmente no coinciden con losde la Academia. Así que, gracias a esta redacción, si quieres participar en los Goya, tienes que calificar en los seis primeros meses del año… o renunciar a la financiación pública. Más, naturalmente, ganar en esos festivales u obtener selecciones en el extranjero. ¿Esto son unos premios de cine o una gymkana?

Algunos profesionales se pusieron en contacto con la Academia hace meses para comentar esta situación. Y en la Academia reconocieron que era un problema, pero no pudieron (o no quisieron) solucionarlo. La solución era bien fácil: amplíar el plazo de calificación. Pero aparentemente, cambiar una frase de las bases requería de una movilización burocrática inconcebible (y a eso me refiero cuando digo “falta de reflejos”).

Merced a estas bases mal redactadas y a la incapacidad de reaccionar, se han dado situaciones absolutamente ridículas. Voy a citar un par de ellas que me afectaron personalmente, como co-producitor de dos cortos en 35mm que se han quedado fuera:

MARINA, dirigido por Álex Montoya. Tuvimos que calificarlo en Septiembre de 2009, porque habíamos tenido una subvención del Ministerio de Cultura. A esas alturas, ya no teníamos tiempo de presentarnos y ser seleccionados por ningún festival antes de dos meses, no digamos ya obtener un premio”. Después, durante 2010, el corto ganó premios principales en Medina del Campo, en Huelva y en Cortogenia: no uno, sino tres de los 33 festivales de la lista. Pero como estaba calificado fuera de fecha, tampoco nos hemos podido presentar en esta convocatoria.

LA CULPA, dirigido por David Victori. Calificado en Septiembre de 2010, otra vez sin tiempo de ganar nada ni distribuir internacionalmente. Sí que fuimos invitados a estrenarlo en sección competitiva en el Festival de Sitges. Pero recordemos que la Academia sólo admite selecciones en festivales internacionales no celebrados en España. Es decir, podríamos habernos presentado a los Goya si hubiéramos obtenido una selección en el festival de cortos de la aldea más mísera de Magadascar (con todos los respetos hacia Madagascar). Pero una selección en Sitges, uno de los festivales internacionales con más proyección de Europa, no cuenta para nada.

UN PAR DE COMENTARIOS FINALES

Quiero hacer mía la advertencia que escribió en este mismo blog hace unos días el guionista Silvestre García:

Anticipándome a todas las críticas que se basarán únicamente en el hecho de haber recibido una subvención del Estado, quiero posicionarme al respecto. Creo que las subvenciones y los modelos del ministerio son cuestionables, criticables y siempre mejorables. No obstante, las veo necesarias en cuanto representan un impulso, una oportunidad, una “beca” para desarrollar un trabajo.

Y añado: no voy a perder el tiempo intentando convencer a nadie de que las subvenciones son buenas y necesarias. De la misma manera que nadie podrá convencerme jamás de la necesidad de gastar dinero público en organizar corridas de toros. Sólo puedo decir, y que se lo crea quien quiera, que el número de subvenciones que me han sido concedidas iguala aproximadamente el número de subvenciones que me han sido denegadas. En ambos casos, desconozco las causas que han motivado la decisión, ya que siempre que me presento creo hacerlo con un producto digno. En cualquier caso, cuando las he obtenido no ha sido por amiguismo, enchufismo ni por pertenecer a ningún partido (que ni pertenezco, ni creo que sirviera para nada, tampoco).

En segundo lugar, invitar a amigos y compañeros cortometrajistas a abordar este debate con calma. Y sobre todo, a no ver la Academia como un enemigo a batir, ni como un reducto de carcamales endogámicos que sólo saben mirarse el ombligo. La Academia es una más de las instituciones públicas relacionadas con el cine. Tiene una función y una utilidad. Uno puede no estar de acuerdo y mostrarse todo lo crítico que quiera con su funcionamiento, pero hacerlo de una manera taxativa e irrespetuosa no es muy acertado, fundamentalmente porque:

a) La Academia está integrada por cientos y cientos de personas de diversa procedencia. Algunos de sus miembros, inevitablemente, por pura estadística, serán unos soplapollas. Muchos otros, y esto no lo digo por estadística, sino por experiencia, son personas inteligentes, dialogantes y talentosas. Al Presidente no lo conozco en persona, pero por su obra y sus actuaciones públicas deduzco que se le pueden aplicar los tres adjetivos. No hay razón para insultarles sólo porque no hacen las cosas como a nosotros nos gustaría. Tal vez hacer las cosas bien no es tan fácil como parece cuando no eres tú quien tiene que hacerlas. Como no soy académico ni presento nada a los Goya este año (ni el siguiente, me temo), espero que no parezca que estoy barriendo para casa ni haciéndole la pelota a nadie.

b) Hay compañeros en el sector del cortometraje con ideas muy interesantes para mejorar el sistema, pero mal vamos a convencer a nadie de escuchar nuestras ideas si se las decimos a gritos, rematadas por un ¿entiendes, subnormal? Esa estrategia no suele dar resultados serios en ningún ámbito. Como mucho, puede servir para obtener cierta “relevancia en las redes sociales”, que viene a ser el equivalente a arrancar el aplauso del público de un talk-show: un mérito muy relativo.


A %d blogueros les gusta esto: