LO QUE BUSCO EN EL GUIÓN DE UN PILOTO

22 enero, 2015

por Sergio Barrejón.

En estos días en que las productoras grandes vuelven a hacer pruebas de guión, y en que las productoras pequeñas vuelven a buscar proyectos de serie, no está de más reflexionar sobre las particularidades de la escritura de pilotos.

Alegria-alboroto

Según mi poca experiencia, parece que una larga biblia o un detallado mapa de tramas no son los mejores formatos para “vender” un proyecto de serie. Biblia y mapa tramas son ya formatos de trabajo, para cuando la serie está aprobada por la cadena. Dicen los entendidos que lo que hay que llevar a la reunión es un documento de venta de pocas páginas y el guión del piloto. Ahí es donde se ve qué clase de moto estamos vendiendo.

Y sobre este asunto, el guionista norteamericano Ken Levine (M*A*S*H*, Cheers, Frasier, Los Simpsons) publicó un interesante artículo hace un par de días. Os recomiendo que le echéis un ojo a su blog. Publica a diario, y muchas veces habla de guión. Aquí os dejo mi traducción de su artículo “What I look for in a spec pilot“:

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QUÉ BUSCO EN EL GUIÓN DE UN PILOTO

Hace unos años, David Isaacs y yo escribimos un piloto para una gran cadena de TV. El ejecutivo de desarrollo era nuevo en su puesto. Le enviamos la primera versión y se quedó muy contento. En vez de ir a la cadena a hablar de los cambios, bastaría con una llamada de teléfono. Los cambios iban a ser mínimos. Música para nuestros oídos.

Cuando hablamos por teléfono, se mostró muy halagador. “Es impresionante cómo habéis introducido la premisa y los personajes, cómo planteáis la historia y cómo fluye todo, en ningún momento parece forzado. Llegamos a conocer muy bien a los personajes, y todo en 46 páginas”.

Sé que lo apropiado habría sido contestar gracias y dejarlo ahí. Pero por algún motivo no fui capaz. Lo que dije fue:

“Gracias. Es genial oír eso. Pero… es nuestro trabajo. Lo único que hemos hecho ha sido cumplir el encargo. Todos los pilotos que os llegan deberían ser así. Si no, estáis contratando malos escritores”.

Él se río y me dijo que quizás tenía razón.

La cuestión es que los pilotos deberían tener un cierto un nivel de profesionalidad. Plantear la premisa, presentar los personajes, proporcionar información disimuladamente, establecer el tono, darle gracia, y dejar que el público sepa en qué dirección avanzará la serie… es TU OBLIGACIÓN.

El truco es hacer todo eso y tener mejores chistes, personajes más originales y una historia más innovadora que otros pilotos bien escritos. Lo que coloca un piloto por encima de los demás debería ser la inspiración, no la profesionalidad.

Hoy, a los guionistas jóvenes se les dice que escriban pilotos como demostración de su capacidad. Que la industria está buscando voces nuevas y estimulantes.

Lo que yo busco cuando leo un piloto? Las voces nuevas y estimulantes están bien, pero antes me interesa saber si esta persona tiene la más mínima idea de lo que hace. Tiene que llegar a un mínimo. ¿Sabe contar una historia? ¿Están bien dibujados los personajes? ¿Sus acciones están razonablemente motivadas? ¿Los chistes son acordes a los personajes y al tono? ¿Hacen avanzar la historia? Si un guionista consigue todo eso y tiene una mirada fresca y genuinamente divertida, ha metido un golazo. Pero si escribe como un aficionado, esa estimulante “voz” se pierde.

Aprende las normas básicas.

Domina la técnica de escribir pilotos. Sí, son difíciles y el proceso te frustra y te roba mucho tiempo. La buena noticia es que compites con un montón de gente cuyos guiones son un desastre sin arreglo. Cuando le dije a ese ejecutivo que contratase mejores escritores, me refería a TI.

Mucha suerte.

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(Publicado originalmente por Ken Levine aquí)


CONSULTORIO: DUDAS SOBRE EL GUIÓN DE UN PILOTO

24 septiembre, 2013

Primero, una recomendación: en el último “Consultorio” que contesté, hablé entre otras cosas de esos argumentos que se repiten una y otra vez en la historia del cine. Y pensando en ello, esta semana recordé que hay un libro que habla de estos temas y que además está muy bien. Se llama “La semilla inmortal” y sus autores son Jordi Balló y Xavier Pérez. Como explica muy bien la sinopsis que tiene la editorial en su web,  “La semilla inmortal rastrea los motivos argumentales que se repiten en el cine de todos los tiempos y lugares, mostrando su relación original –no siempre consciente– con los relatos anteriores”. Yo lo leí hace años y lo disfruté mucho. De verdad que creo que merece la pena.

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¡Hola!

Me he aventurado en la escritura de un guión de serie.  Después de bien trabajar las biografías de los personajes con antecedentes, referencias, pasado, etc. He desarrollado un proyecto más o menos consistente. Tenía varias preguntas.
Como soy guionista novel y sin más formación que un amor incondicional al cine y  a la televisión,  a la hora de escribir el capítulo piloto tengo algunas dudas.
En primer lugar, hay una escena donde la televisión explica que se cumple el segundo aniversario de la desaparición de una adolescente. En este caso, a la hora de escribir el guión, se explicaría como una acción o se pondría la televisión como un personaje. Siento si les parece una pregunta absurda.
Otra pregunta es, cuantas escenas suelen tener el prólogo y el epílogo.
Y por último, cuanto se establecen las relaciones entre los personajes en series como “Skins” donde no hay un claro personaje protagónico se consideran que son todos protagonistas y que uno de ellos es el personaje central? Es una serie que centra cada capitulo en uno de los adolescentes y la trama gira entorno a él.
Agradecería mucho las respuestas y todo consejo adicional. Soy fan de su blog!:)

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No sé si entiendo bien todas tus preguntas, pero voy a intentar contestarlas lo mejor que pueda.

Por lo que dices, me da la impresión de que has redactado biografías detalladas de los personajes antes de empezar a escribir el capítulo piloto de tu serie, e incluso antes de saber cuál es exactamente la historia que quieres contar con ellos.

Como creo que ya he explicado aquí alguna vez, eso suele ser un error. Es lógico que pienses en tus personajes al tiempo que inventas la historia, pero personajes y trama evolucionan a la par. Los cambios en el argumento te obligan a modificar características de los personajes que hasta hace nada te parecían inamovibles. Profundizar en una historia siempre implica profundizar en los conflictos de sus personajes, en sus motivaciones, y eso suele obligar a hacer muchos cambios. Y así es como debe ser.

Además, para escribir una historia solo necesitas saber cosas del pasado de los personajes si afectan a la historia que estás contando. Todo lo demás no sirve para nada, porque es una información que no le va a llegar a los espectadores de la serie. Solo la conocerás tú. De hecho, redactar biografías detalladas puede llevarte a creer que tus personajes son más interesantes de lo que realmente son, porque proyectas en ellos esa información que conoces pero que no está en el guión. Los personajes son lo que hacen. Si algo que te parece importante de ellos no está dramatizado, no está contado en forma de acciones, no existe. En todo caso, espero que mientras estés escribiendo el piloto no te sientas obligada a respetar las biografías que has escrito.

Respecto a lo que preguntas de la televisión, algo muy habitual es que el “personaje” sea el presentador que está dando la información, aunque no le veamos y lo que escuchemos sea una voz en off.

O sea que sería más o menos así:
PRESENTADOR TELEVISIÓN

Ha desaparecido una chica, estamos muy preocupados…

Respecto al prólogo y el epílogo, no hay reglas fijas, depende de cómo quieres que sea la serie que has creado. Tradicionalmente, si había un prólogo, una escena que normalmente aparece antes de los créditos (como creo recordar que pasaba siempre en Expediente X), no solía tener más de tres o cuatro páginas, pero ahora hay series en las que el título sale después de un buen rato, casi cuando ya te has olvidado de que va a aparecer.

Luego, para contestar bien tu última pregunta, tendría que escribir cinco o seis folios, y no es plan. Simplificando mucho, puede haber series con un solo protagonista (como House) y otras con varios (como The Wire). En las primeras hay un protagonista claro, y ante todo, es su historia la que se cuenta, y casi siempre desde su punto de vista. En las segundas se narran varias historias a la vez (casi siempre relacionadas entre sí) y se alternan los puntos de vista. Lo que no quiere decir que según van avanzando las temporadas, en las series de protagonista único no haya episodios protagonizados por personajes que hasta ese momento han estado en un segundo plano. Algo parecido pasa en Breaking Bad. La historia principal es la de Walter White, pero hay episodios en los que el punto de vista, y el protagonismo, pasa a ser de otro personaje, como Jesse. Lo que manda es la historia. Y cómo elijas contarla, por ahora, y hasta que entre una cadena de televisión y te vuelvan loca, es asunto tuyo. Serán tus decisiones las que harán que tu serie sea de una manera o de otra. Tanto para bien o para mal, vivimos en un momento en el que no se exige tanto que todas las series sigan un patrón estructural fijo (lo que se conoce como “formato”, aunque ahí también entran consideraciones de producción, y esas sí que siguen estando presentes).

Me citas como ejemplo Skins, pero como no la he visto no sé si puedo contestar bien lo que me preguntas. Aunque por lo que dices, lo que ocurre es que la serie no tiene un protagonista fijo, pero que cada episodio sí tiene un protagonista claro. Eso también puede pasar. Entonces lo que unifica la serie es el contexto en el que transcurren las historias, o el tema, pero cambiando el punto de vista, o el protagonista, en cada capítulo.

En resumen: yo que tú ahora mismo de lo que me preocuparía es de escribir un buen piloto, con una gran historia, y me olvidaría de intentar que encaje con uno y otro modelo de ficción televisiva. Si lo vendes, ya te tocará acomodarte a las exigencias de un canal de televisión. Pero esa sí que es una historia totalmente diferente.

Y en todo caso, aunque no tengas formación como guionista, sí que puedes hacer algo que puede ayudarte a resolver muchas de tus dudas: leer guiones. Ahora es muy fácil. Solo tienes que buscarlos en Internet. En ésta página, por ejemplo, hay muchos.


CONSULTORIO: PILOTANDO

14 septiembre, 2012
Por Natxo López

Una lectora, compañera guionista de largo recorrido, nos lanza la siguiente cuestión:

Hola,

En este momento estoy trabajando en un proyecto personal de una serie de televisión. Como me encuentro en el momento de empezar a trabajar en el capítulo piloto, me paro a reflexionar y me surge la pregunta del millón: ¿cuáles son las características de un buen piloto? Estos días leo aquí y allá recomendaciones y teorías variadas, algunas tan simples que se podrían resumir en “que sea bueno”. Por eso me gustaría contrastarlas con la opinión de alguno de vosotros. Tal vez esta consulta pueda ser útil además para otros compañeros.
 
Nada más (y nada menos)
 
Gracias.

Un saludo. En primer lugar, muchas gracias por escribirnos y por proponer el tema, siempre es interesante que entre profesionales -o no- discutamos estos asuntos. En segundo lugar, dejo claro que lo que yo voy a expresar aquí es mi opinión, no pretendo en absoluto sentar cátedra, sino abrir el debate. Estoy convencido de que lo más estimulante de esta entrada serán las aportaciones de los lectores que deseen dejar comentarios (y/o improperios).

He de empezar diciendo que no creo que haya una fórmula perfecta para escribir un buen piloto, que hay mil formas de encararlo y muchas de ellas serán válidas. Lo más importante es que sea una buena tarjeta de presentación de la serie a la que precede, que condense lo mejor de ésta y que te deje con ganas de más. A veces hay un poco de paranoia con los pilotos, se invierte en ellos mucho tiempo y dinero como si se olvidara que no son sino la antesala de un producto pensado para poder durar mucho tiempo. En ocasiones esta equivocada estrategia ha dado lugar a grandes batacazos de producciones que se hunden tras un exitoso y publicitado estreno.

Por otra parte, es conveniente aclarar que no es exactamente lo mismo escribir un piloto para vender a una cadena que escribirlo para que sea rodado y emitido. Las leyes que rigen unos y otros y sus objetivos son algo distintos. Casi nadie sabe qué hay que hacer para vender un piloto a una cadena. Yo no lo sé. Hay muchos altos directivos que invierten muchas horas y recursos tratando de averiguar la respuesta a esa pregunta, intentando esbozar proyectos que se acerquen a lo que teóricamente podría ser vendido, casi siempre fijándose en “lo que está triunfando ahora” para imitarlo de una forma u otra. Como guionistas, nuestra obligación, además de ayudar a escribir todas esas propuestas de la mejor manera posible, debería ser también intentar aportar ideas frescas, originales, bien escritas y que puedan abrirse hueco entre proyectos clónicos.

Tampoco es lo mismo escribir un piloto en España que en Gran Bretaña, en EEUU, o en la India. Cada país, cada industria, e incluso cada cadena de televisión tiene sus características y es fundamental tener una idea de para quién y para qué se está escribiendo.

Entrando ya en materia, me atrevería a afirmar que los capítulos piloto de series son uno de los ejercicios de guión más complejos que existen, por la gran cantidad de objetivos que persiguen en tan poco espacio. Un piloto perfecto, en teoría, debería:
  • Presentar la premisa de la serie.
  • Detonar la trama o tramas principales, sin comerse recorrido posterior.
  • Dar a conocer el género, el tono de la serie y sus principales valores (algunos lo llaman “la franquicia”).
  • Explicar el “universo” de la serie (laboral, familiar, relaciones personales…), incluyendo la información necesaria para que sea entendido.
  • “Vender” la serie al público al que buscas.
  • Entretener. Nadie verá la serie si deja de ver el piloto.
  • Dejar un buen gancho para que el espectador quiera ver el segundo capítulo.
  • A ser posible, el piloto debería convertirse en sí mismo en un acontecimiento mediático. Una premisa atrevida podrá ser de mucha ayuda, aunque también es muy frecuente apelar a frases tipo “la nueva serie de…” (guionista/actor/director/productor…).
  • Y, sobre todo, y para conseguir todo lo anterior, un piloto debe ser una buena presentación de PERSONAJES.

Es muy fácil tener en la cabeza estos propósitos, y muy difícil cumplir con todos ellos. Uno dedica unas páginas de más a explicar un ambiente profesional y de pronto ve que no tiene espacio para presentar a los personajes, o  que el ritmo se resiente, o se profundiza mucho en el tema principal de la serie pero entonces no te caben todos los giros de escaleta. A veces se tiene un detonante muy potente pero entonces el giro final pierde fuerza; uno quiere que un piloto de comedia sea muy divertido, abarrota todo de chistes y el resultado es intrascendente y sin interés narrativo. Hay pilotos que pecan de ambiciosos y otros -los más flojos- que se quedan en agua de borrajas porque se han escrito en cuatro tardes.

Lo que está claro es que se trata de un encaje de bolillos en el que es fundamental la reescritura y la reflexión. A la hora de decidir en qué aspectos haremos hincapié, yo tengo la misma teoría que a la hora de redactar una biblia de una serie: se trata de atrapar, de vender, así que aprovecha lo mejor que tienes. Es decir, no hace falta ponerlo todo, no es necesario contarlo todo. Si tu serie tiene un personaje protagonista muy potente, procura que tenga mucha presencia y que le permitas “explayarse” a lo largo del metraje. Si quieres proponer una comedia coral apela a la coralidad. Si crees que lo más interesante de tu serie son las tramas policíacas autoconclusivas, recoge en el  piloto la más interesante e ingeniosa que se te ocurra.

La obsesión por “meterlo todo” en el piloto suele emponzoñar muchas rescrituras. Un piloto es un capítulo de una serie, pero también es un poco como una pequeña película. Es importante hacer un buen trabajo de escaleta y perseguir una estructura limpia, consistente, donde haya sitio para los giros sorprendentes y las vueltas de tuerca si son uno de los elementos clave del proyecto, pero sin que el espectador pierda de vista a los personajes y conflictos principales.

Mucho cuidado con el exceso de información. No es imprescindible la escena del “paseíto” donde la teniente explica al recién llegado para qué sirve cada uno de los rincones del decorado. “Aquí la biblioteca, aquí el almacén, aquí la sala de torturas”. Es una comisaría, ya la iremos conociendo. No hace falta descubrir todos los detalles de la vida de los protagonistas. Debemos conocerlos nosotros, deben estar en la biblia, pero no hace falta contarlos si no tienen una trascendencia primordial en la trama o son indispensables para entender al personaje y por qué llora cuando ve un payaso.

Para mí la pieza fundamental, la que lo decide todo, son los personajes. Son el alma de una serie, aquello por lo que los espectadores se sientan cada semana frente al televisor. Las tramas y conflictos variarán entre capítulos y temporadas, tienen que funcionar, por supuesto, pero son los protagonistas los que asegurarán la fidelidad del espectador, que querrá saber “qué les va a pasar la semana que viene”.

Por lo tanto un buen piloto, antes que nada, será aquel que haga una buena presentación de personajes. Esto no significa dar muchos datos sobre ellos (su pasado, su nivel de renta, su cualificación profesional), sino ser capaz de “vender” al personaje mostrando aquellos aspectos y conflictos que lo hacen interesante, atractivo, y que lograrán que empaticemos con él. Esto, que debería ser la obsesión principal de cualquier guionista que se enfrente a la escritura de un piloto, no suele ser tenido muy en cuenta en nuestro país, donde vemos muchos estrenos en los que “pasan muchas cosas” y hay mucha inversión en peripecias, tramas y decorados, pero donde nada te importa demasiado porque no se han molestado en explicarte a quién le pasan esas cosas. O bien porque, directamente, los personajes son dramáticamente  pobres, sin matices, sin elementos que los distingan de los cuatro tópicos vistos en mil películas malas.

No estoy diciendo que las tramas no sean importantes, ni mucho menos. Muy al contrario, es fundamental encontrar los conflictos e historias que mejor nos sirvan para explicar quiénes son los protagonistas, y “de qué va” la serie. Tramas que sirvan para entretener, informar y presentar al mismo tiempo. A ser posible estas tramas tienen que buscarse y desarrollarse en función de los personajes, y no al contrario, y siempre teniendo presente que el espectador no conoce a los personajes, y que con cada acción que realicen los estamos definiendo, esculpiendo.

Por suerte, no hace falta presentar y dar cabida a todos los personajes de la serie. Es el primer capítulo, no conocemos a nadie todavía, y si tienes un elenco numeroso el espectador puede perderse con tanta cara nueva. Mejor centrarse en los más protagonistas y dejar que guíen la historia, ya habrá tiempo para ir conociendo al resto. Los secundarios pueden quedar en un segundo plano, o incluso se puede relegar su presentación al segundo capítulo.

Un capítulo piloto es una especie de muestra de lo que va a ser la serie, pero tiene sus peculiaridades. No es obligatorio que se ate a los estrictos condicionantes del formato de la serie. Puedes gastar un poco más de dinero que en un capítulo “normal” (sin pasarse), puedes tener más exteriores (sin pasarse). Narrativamente, un buen consejo suele ser centrarse en una gran trama principal que ayude a “contar la historia” del capítulo. Incluso aunque tengas claro que tu serie va a tener un formato narrativo con cuatro tramas por capítulo, quizá en el piloto debas hacer una excepción, ya que 4 tramas de una serie que nadie conoce implicaría presentar demasiados personajes y situaciones, y la unidad dramática del capítulo podría resentirse.

Pero cuidado, el espectador puede no tomarse a bien un desfase radical entre el piloto y el resto de la serie. No hagas un piloto de 80 secuencias si el resto de capítulos van a tener 40. No inviertas el doble de dinero en escenas espectaculares si luego será una serie de “blablablá”. No vuelques todo tu talento en el primero y descuides la escritura del segundo, y el tercero, y el cuarto…

Una estructura clásica de piloto sería aquella en la que al final del capítulo queda “asentada” la situación que va a detonar y a caracterizar la serie. Rachel convivirá con Mónica y sus amigos. Vic Mackey y su grupo de asalto se mueven fuera de la ley. El padre de Frasier se queda a vivir con él. Walter White cocinará metanfetamina para dejar dinero a su familia cuando muera. Los chicos frikis de “Glee” cantarán y bailarán juntos y dudarán de su heterosexualidad. Es una fórmula generalizada que funciona bien, aunque se pueden buscar alternativas, como sabe cualquiera que haya visto el poco premonitorio piloto de “The Wire”.

Algunas veces el protagonista experimenta un arco de transformación a lo largo del piloto, casi como si se tratara de un film, que le lleva a variar su situación vital, profesional o sentimental detonando así su conflicto principal y la propia serie. Así sucede en el piloto de “The Newsroom”, aunque Sorkin, que es perro viejo, hace una trampa para vendernos en la primera secuencia a un personaje muy potente con el que atraparnos (un periodista “desideologizado” que de pronto empieza a clamar las verdades). Sin embargo en la segunda secuencia el protagonista da un paso atrás justificado con la excusa de que “la medicación le pasó una mala jugada”, para poder así profundizar en ese proceso de cambio, ya con más calma, a lo largo del capítulo. Es una trampa de guión, parecida al efecto que provoca hacer un flashfoward al comienzo del capítulo para luego volver atrás (como en el piloto de Breaking Bad), otro recurso muy habitual y que surge de la necesidad de atrapar rápidamente al espectador, al mismo tiempo que se intenta que el conflicto principal de la serie vertebre y tiña todo el episodio.

Un piloto debería ser siempre un gran capítulo, por supuesto. Hay que pulirlo, podarlo, remacharlo, dejarlo perfecto. Pero mucho cuidado con el exceso de rescrituras, propias y ajenas. Hay que ser flexible y colaborativo pero tampoco hay que decir que sí a todas las propuestas de cambio alegremente; un exceso de opiniones y vaivenes creativos pueden estropear un piloto, que en última instancia debería ser la plasmación narrativa de una idea potente, no de cincuenta. Es imposible que dos personas coincidan al opinar sobre algo tan subjetivo como una narración. A veces merece la pena intentar hacer comprender a quienes tienen las riendas que si confían lo suficiente en un producto como para adquirirlo, deben confiar hasta cierto punto, también, en sus creadores (siempre que estos no se vuelvan locos, claro, que a veces pasa).

Cuidado también con la propia obsesión por la perfección absoluta. No existe. Una linea de diálogo se puede cambiar mil veces creyendo que se está mejorando. A partir de la vigésimo segunda seguramente habrá perdido frescura e incluso su razón de ser. Y seguramente, por muy brillante que fuera, después de releerla cincuenta veces nos resultará manida o previsible o forzada. A menudo en esos casos no habla la experiencia sino la inseguridad. Esto pasa de manera muy marcada en comedia, donde los chistes pueden llegar a cambiarse cientos de veces por la sencilla razón de que ya no hacen tanta gracia como cuando surgieron. Hay que reescribir y mejorar, pero sin perder de vista cuál es la esencia que nos impulsó desde el primer momento a escribir el piloto.

Hasta aquí me estoy refiriendo sobre todo a la escritura de un piloto propio en el que tenemos que tomar la mayoría de las decisiones. Pero hay otra opción, si acaso más frecuente, que es la de tener que escribir un piloto de encargo, de una idea ajena. En esos casos hay que procurar conversar lo más posible antes de ponerse a escribir para que quede claro qué es lo que te piden, qué quieren y cómo lo quieren. La persona que toma las decisiones siempre debería estar implicada en el proceso de creación y escritura de una serie. Por desgracia, no siempre es así, bien porque no tiene tiempo, bien porque no es guionista, bien porque no le gusta el trabajo en equipo. En cualquier caso debemos amoldarnos al tono y las intenciones que nos proponen, y al mismo tiempo hacer hincapié en crear una correcta estructura de trabajo y de toma de decisiones. Por mi experiencia, algo aparentemente tan prosaico como la falta de un buen sistema de trabajo es la causante de la mayor parte de los fracasos de series nacionales, así que nunca está de más reivindicar la necesidad de tenerlo en cuenta y organizarse bien antes de ponerse manos a la obra. Puedes tener un magnífico equipo de guionistas, pero si les vuelves locos con mil indicaciones contradictorias no sacarás nada bueno de ellos.

Siempre llega un momento en la escritura de un piloto en la que uno se echa las manos a la cabeza y dice “esto que tengo entre manos es un mojón del tamaño de Manhattan”. Bien, quizá necesitas salir un poco de la habitación, dejar en reposo el ordenador, pasarle el guión a algunos amigos para que se lo lean y te den una opinión refrescante, y volver a replantearte las preguntas de partida: ¿Qué estoy contando? ¿De qué va mi serie? ¿A quién va dirigida? ¿Cuál es el conflicto principal? ¿Quiénes son mis protagonistas? ¿Por qué se supone que debería interesarme lo que les pase? ¿Cuáles son los puntos fuertes del proyecto? Vuelve a la esencia, y descarta aquello que sobre.

El resto de cuestiones a considerar tienen ya que ver con la técnica de la escritura de guiones en general. Ser conciso, crear una voz para cada personaje, entrar tarde y salir pronto, ser fiel al raccord emocional y al carácter de los personajes, huir del tópico y el maniqueísmo barato, contar con las acciones, simplificar, utilizar el subtexto, ser fiel al ritmo y al tono… En fin, todas esas pequeñas cosas del oficio de las que nos gusta hablar por aquí de vez en cuando, entre posts de chascarrillos, conciliábulos e indignaciones.

Muchas gracias por leer. Ustedes lo piloten bien.


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