LA OTRA POMADA

1 julio, 2014

por Alberto Pérez Castaños.

Dos de mis post favoritos de Bloguionistas, como guionista joven y novato que soy, son estos: LA POMADA, de Chico Santamano, y CÓMO ENTRAR EN LA POMADA, de Sergio Barrejón. Las razones por las que me gustan son diversas: por una parte, “POMADA” me resulta una palabra graciosísima que no decimos lo suficiente. Y por otra, porque creo que contienen los mejores consejos que se le pueden dar a un guionista que está empezando.

Hace ya más de un año que tomé una de las decisiones más acertadas de mi vida: decidí ir a Salamanca a estudiar guión al Máster de la UPSA. Ya se ha dicho muchas veces por aquí que es el mejor lugar para estudiar la materia en España. Y no lo digo sólo yo, los Bloguionistas que dan clase allí y los alumnos que están publicando recientemente sus experiencias, también lo dice el periódico El Mundo. Parece que me paguen por decir esto, ¿eh? Pero no. De hecho, Pedro, Michi, si estáis leyendo esto: tenéis mi número de cuenta.

Sin embargo, creo que lo mejor del Máster de Salamanca es que es lo más parecido a la antes nombrada POMADA (nótese que hay que escribirla siempre en mayúsculas para lograr el efecto adecuado) que te vas a encontrar mientras te formas como guionista. Gracias a mi año allí conocí a la POMADA de la que habla Barrejón en su post y también a mi POMADA, la de creación propia de la que habla Chico en el suyo.

Porque, ¿para qué sirve un guionista joven?, ¿dónde se esconden?, ¿a qué huelen? Todas estas preguntas tienen la misma respuesta: ¿a quién le importa? Sí, querido amigo guionista novato, como principiante que eres no le importas absolutamente a nadie. Ser guionista joven es duro: cuando te quejas, no hay nadie para escucharte. Por eso creo que lo mejor que puede hacer alguien que está empezando es montar su propia POMADA. Voy a hablaros de la mía:

Somos cuatro (como los Beatles); somos dos alicantinos, un valenciano y un ovetense (también como los Beatles); y tenemos en común el amor por la guasa y el uso constante de referencias aleatorias a los Beatles. También escribimos cosas juntos y vivimos en Madrid. Nuestros nombres: Sergio Granda, Héctor Beltrán, Vicente Bendicho y quien esto escribe. Algunos ya nos conocen como “Ya vienen esos cuatro pesados otra vez, corre, vámonos de aquí antes de que nos vean”.

Teniendo una POMADA, las preguntas que he formulado antes cambian de respuesta: ¿Para qué sirve un guionista joven? Para hacer COSAS. Muchas y variadas. ¿Dónde se esconden? En los rincones peor iluminados de Madrid. ¿A qué huelen? A pechuga de pollo y a Ron Almirante.

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Los Beatles bebiendo Ron Almirante

Personalmente, creo que la mejor manera de no venirte abajo mientras empiezas en el mundo del guión es creando tu propia POMADA. De hecho, si yo no tuviese una POMADA probablemente seguiría viviendo en Madrid, pero ahora sería el tercer heavy de la Gran Vía. Porque, con una POMADA puedes levantar proyectos que de otra manera no podrías. Y gracias a estos proyectos que, a lo mejor no llegan a ningún sitio, habrás conseguido lo que realmente importa: sentirte guionista y aprender a trabajar.

Con una POMADA puedes hacer locuras. Nosotros, por ejemplo, aprovechando que Vicent y Héctor hicieron unas prácticas en la productora La Competencia el año pasado gracias al Máster, escribimos un programa de sketches, nos colamos en el despacho del jefe y lo presentamos. ¿Nos lo compraron? Por supuesto que no. Recuerda que no le importamos a nadie. Pero al menos nos juntamos en agosto durante una semana en un piso en San Sebastián de los Reyes a escribir semidesnudos (insisto: agosto), nos reímos mucho y, de paso hicimos nuestro primer pitch ante un productor. Sin una POMADA no lo hubiésemos hecho. Es más, le cogimos el gustillo y volvimos a hacer otro hace unas semanas: fue ante los productores que formaban el jurado del premio Zona Pitching del Notodofilmfest. Nuestro pitch no ganó, pero quedamos muy satisfechos porque al llegar a casa seguíamos teniendo los calzoncillos limpios. Y porque seguimos aprendiendo. Ojo, que, afortunadamente, de vez en cuando algunos proyectos sí llegan a buen puerto y gracias a ellos podemos seguir permitiéndonos comprar pechugas de pollo y Ron Almirante en Madrid, donde, según Chico Santamano, hay que estar. Nosotros estamos de acuerdo.

Además de escribir cosas en calzoncillos también nos gusta conocer gente que, como nosotros, está empezando. Así que, si os apetece, podéis pasaros a tomaros una cerveza con nosotros los martes de este mes por el Microteatro de Madrid, en el que se estarán representando unas obras nuestras gracias al proyecto Microfusión en el que ha participado el Sindicato ALMA. Id con tiempo porque, ya sabéis, los martes de julio aquello está a rebosar. Nos reconoceréis porque al vernos dan ganas de abrazarnos con ternura.

En resumen, con todo esto lo que quiero decir es que sí, que la cosa está fatal, que vender un guión es prácticamente imposible, que en tele no hay trabajo y que es muy, pero que muy fácil desanimarse para un recién llegado al mundillo. Sin embargo, todas estas adversidades pueden serlo menos si trabajas en grupo y encuentras tus propias oportunidades; hay vida después de los másters de guión, pero hay que buscarla por cuenta propia. Y la mejor manera de empezar es siguiendo los consejos que Chico Santamano y Sergio Barrejón dan en esos dos textos. Ellos saben de qué hablan porque son de la POMADA. Nosotros los hemos seguido, de momento seguimos vivos y, lo más importante, con más ganas que nunca. Como los Beatles.


LA POMADA

10 febrero, 2010

Por Chico Santamano.

Años atrás, Raffaella Carrá nos aconsejaba que  para hacer bien el amor había que ir al sur. Yo les digo que para llegar a algo en este asunto de escribir guiones hay que ir a Madrid y, si me apuras mucho, a Barcelona.

Imagino que mucha gente pensará “pues vaya… yo puedo escribir mi guión de cine y mis biblias en mi pueblo y ya me iré una semana al centro a intentar colocarlo”. Bueno, puede funcionarles. No les digo que no. Pero si el milagro de la buena noticia es difícil viviendo a 15 kilómetros del epicentro de lo audiovisual, imagínense fuera de la capital.

Para conseguir meter la cabeza en esa cosa llamada “industria” no pueden olvidarse de uno de los factores más importantes (si no el más importante)… tener contactos, conocer gente, relacionarse con peña estimulante y/o influyente. Este conglomerado de elementos fundamentales será rebautizado a partir de ahora como LA POMADA. Vamos hablar de esta frivolidad, ¿les parece?

Si usted no vive en Madrid, tiene talento, ha escrito mucho en su casa y tiene ganas de trabajar… ENHORABUENA. Es el momento de hacer la maleta y venirse a la meseta central en busca de la Pomada.

Estar y sentirse parte de ella es como la isla de Lost. Es dificilísimo entrar, pero si la Pomada quiere que esté allí, tarde o temprano, estará. No desespere. Muchas veces oirá moverse los arbustos y pensará “¡Ahí está! Seguro que es Nacho Vigalondo. ¡Al fin soy de la pomada!” Y no. Es el puto perro Vincent el que se asoma por enésima vez.

Paciencia. Se sentirá sucio y perdido. Se hartará de vagar por la isla. Verá gente de la Pomada y pensará “¡Pero ese tío lleva años (profesionalmente) muerto!”. La pomada tiene poderes embalsamadores. Dentro de ella los cadáveres se conservan mucho mejor. ¿No se han preguntando mil veces cómo es posible que tal director siga haciendo películas después de habérsela pegado una y otra vez? Ahí lo tienen… La pomada.

Pero ojo, la pomada, como la isla, te elige a ti. Es un proceso lento y natural, sólo apto para individuos con paciencia, con algo que aportar y que desprendan buen rollo. No pretendas dinamitar la puerta de la escotilla a través de foros, comments, facebooks y demás vías rápidas. La Pomada detecta a los trepas y a los pesados rápidamente y los elimina mandando a su particular sistema de seguridad en forma de humo negro letal.

Otra opción, mucho más lenta, pero más meritoria es crear tu propia Pomada. Si los protagonistas primigenios de LOST, en lugar de rememorar cada uno por su lado, se hubieran sentado una noche alrededor del fuego, si se hubieran contado sus vidas, si hubieran compartido todas aquellas cosas misteriosas que habían visto por la isla… habrían creado su propia Pomada. Pero como no compartieron talento y conocimientos, Ben Linus les quitó protagonismo temporada tras temporada (y por extensión el Emmy).

Esto de crear su propia pomada les parece imposible, ¿verdad? Les pongo dos ejemplos clarísimos que demuestran que no lo es. Los chanantes y los fundadores de Arsénico son una muestra evidente de la unión generacional de tipos jóvenes y con talento que supieron hacer piña y por extensión… POMADA.

En fin… en un futuro no muy lejano les hablaré más de la Pomada. De momento, les emplazo al próximo domingo que tendrá lugar la cumbre anual del pomadismo nacional. Si nada lo impide, al igual que el año pasado, haré retransmisión minuto a minuto de la Gala de los Goya. Esta vez no sé si solo o acompañado, pero con ganas de reírnos un rato.

Tenemos una cita en San Valentín.
Hasta el domingo.


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