“NO ME DAN MIEDO LOS SILENCIOS LARGOS. SON PRECIOSOS CON EL INTÉRPRETE O LA ESCENA ADECUADA.”

1 abril, 2019

Por Àlvar López y Carlos Muñoz GadeaFotografías de Txuca Pereira.

¿Sabemos comunicarnos de manera sincera con las personas a las que amamos? Esta es la pregunta sobre la que se construye La Tierra llamando a Anael segundo cortometraje de Fernando Bonelli que, recientemente, se ha hecho con el Roel de Oro y el Premio de la Juventud en la Semana del Cine de Medina del Campo. Con Bonelli hemos podido profundizar, entre otros temas, sobre los motivos que le impulsaron a escribir este proyecto, las particularidades del formato del cortometraje o los mecanismos dramáticos que permiten narrar un conflicto universal partiendo de un conflicto cotidiano.

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Los cortometrajes tienden a ser proyectos personales: conllevan un riesgo económico menor y, por tanto, permiten una mayor libertad para explorar conceptos que le interesen al autor. ¿Qué te impulsó a querer contar la historia de Ana?

Me parecía una historia preciosa. Lo mejor es que fue naciendo. Apareció. ¿Sabes esto de querer escribir sobre algo y que de la nada, según avanzas, la historia crece y crece? Eso pasó.

Mi idea inicial era centrarme en la discusión de una pareja y trabajar con ellos, los personajes, el cómo resolver (o no) esa situación. Me atraía mucho la idea porque aportaba la dificultad de partir de algo cotidiano, no necesariamente bello y el reto era lograr que lograse cautivar al espectador.

Me llama mucho la atención la falta de comunicación. El cómo no escuchar puede romper algo que quizás con dos palabras o con una mirada podríamos haber solucionado. Entonces surgió esa idea de complicar aún más esa posible solución entre ellos. Hagamos más difícil la comunicación.

Situemos a Ana en un momento vital desalentador para cualquiera. Ana era música en estado puro: cantaba, componía, gozaba de éxito y un día devino el desastre; se quedó aislada. Yo no sé cómo reaccionaría.

A Laia Manzanares, la actriz que interpreta a Ana, la primera vez que lo planteamos levantando el personaje, le brotaban lágrimas. Pero oye, se levanta y sigue adelante, agarrándose fuerte a sus pilares: la música y Juan. Con esos mimbres, las manos se te disparan escribiendo. La historia a contar podía ser bellísima.

De hecho, lo difícil era contarla de una manera concreta, pequeña, hermosa, pero recogiendo en ella toda la fuerza, la energía, la potencia que sentía dentro de mí al pensarla.

A juicio de quien te pregunta, quizá, lo más interesante del cortometraje es que la relación entre ambos protagonistas es extrapolable a cualquier pareja. A todos, en un momento u otro, nos cuesta escuchar a los que tenemos a nuestro alrededor. Si nosotros no intentamos comunicarnos, nadie lo hará por nosotros.

Claro, y si lo piensas, muchas veces la clave está en escuchar. Y me parece un verbo maravilloso en relación con esta historia concreta. Escuchar es siempre posible. Escuchar puede hacerse incluso con la mirada. Esa forma en la que Ana mira a Juan en el momento en el que explica lo de Nines, esa ternura…

Un punto del que quería partir al contar esta historia es que una regla de esta pareja era que todo, absolutamente todo, debía hablarse entre ellos. Arrancamos la historia con Ana desesperada porque quizás hoy termina su historia con Juan. Reunir el valor de hablarlo es impensable. Y lo hace. Y trata de ir serena…

Tras ella vemos el esfuerzo de la pareja por solucionarlo, porque se quieren, porque saben que esa es la manera. Al menos, intentarlo. Debemos comunicarnos. Demos siempre esa opción. Nos cuesta a todos, a mí el primero, pero es clave en nuestra relación con el otro (conocido o no), incluso con nosotros mismos. No escucharse a uno mismo ya pinta un mal principio.

Si nos centramos ahora en Ana, una mujer que, por no hacer spoilers, solo diremos de ella que se ha visto obligada a buscar nuevos canales de comunicación desde hace relativamente poco, es interesante detenerse en las reflexiones que se desprenden de su nueva realidad: la oralidad es solo una de las muchas formas de expresarnos que tenemos. Como cineasta, ¿ha sido un desafío buscar formas de comunicación entre dos personajes más allá de los diálogos hablados?

Como director, sinceramente, solo he tenido que dejarme llevar. Creo que el proceso ha sido el natural y la ventaja es que el guion ya lo dibujaba. Ya lo apuntaba antes, creo mucho en las miradas. Creo que ahí encuentras todo. Desde hace muchos años me puse como norma no trabajar con nadie sin antes sentarme con él o ella. Mirando a la persona que tienes delante creo que uno es capaz de saber quién es y dónde está. Es la mirada, la actitud corporal… Quizás es la forma primera de comunicación. Es muy propia de la naturaleza.

El problema es que muchas veces no nos detenemos a observar. Yo intento hacerlo mucho. Desde un punto de vista cinematográfico no me preocupaba tanto la comunicación entre los personajes (leyendo el guion, era real entre ellos); me preocupaba más el lugar desde el que hacer partícipe al espectador. Me resultaba imprescindible respetar la intimidad de la pareja. No invadirla.

Para ello, lo que hice es jugar con la proximidad. Algo que propuse al dire de foto, operador, foquista… fue que considerásemos a la cámara como si fuese Campanilla, que viviese en casa, que fuese parte viva de ella. Quería observar a Ana, cuidarla, que el espectador se sintiese tal, y que desde ese lugar pudiese hacer propia la historia y casi sentir lo que Ana o Juan estaban viviendo.

Y hacerlo en silencio (ese sería el segundo elemento). He intentado respetar mucho ese posicionamiento de escucha, de cuidado hacia y entre los personajes. Ya en mi anterior corto, [Still] love you, intenté cuidar mucho el silencio y darle la importancia y el tiempo que merece. No me dan miedo los silencios largos. Son preciosos con el intérprete o la escena adecuada.

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Supongo que, con una protagonista tan marcada, la primera intuición que debió surgirte para estructurar la historia fue ella. ¿Cómo fue el proceso de escritura para escoger a los mejores protagonistas y su mejor conflicto en relación a lo que te interesaba transmitir?

La situación que vive Ana me llevó a determinar su edad y su personalidad. Siendo joven y con una personalidad fuerte y definida me parecía creíble que se pudiese poner en pie tras ese golpe que la obligó a cambiar su modo de comunicación, de rehacerse. No digo, por supuesto, que cualquier otro perfil no pueda lograrlo, pero para esta historia ayudaba.

También ayudó a definir a Juan. Debía ser mayor que ella, con un trabajo estable, seguro de sí mismo. Imaginar el proceso que debieron seguir hasta llegar al día en el que transcurre lo que contamos me parece asombroso. Hace falta mucho amor en una pareja para que Ana vuelva a tener ganas de salir a la calle (eso sí, tres años después) y para que su historia siga viva.

Ese, entendí, que, siendo su punto más fuerte, podría ser, de hecho, su talón de Aquiles. Lo es de casi todas las parejas. En nuestro caso, además, la inseguridad de Ana en sí misma, por mucha personalidad que tenga, es desbordante. Perdió su virtud, o eso cree.

A nivel de guion el reto también era lograr una conversación fluida, en la que lográsemos sorprender al espectador en los momentos adecuados. Es fantástico poder dotar al texto del ritmo que quieres, cuando te lo pide. En este caso, por la situación del personaje, esa fluidez y ese ritmo podrían complicarse. Llegué a pensar que así sería y me equivoqué. ¡Qué tontería! Dejé que fluyera, y fluyó.

Creo que hay que dar libertad a los personajes. No obsesionarnos al escribir. Fue una pasada releerlo y ver que funcionaba.

Lo que Ana sí determinaba mucho era la actriz que la pudiese interpretar. Hay grandísimas actrices en este país, pero lo que buscaba era tan concreto que el trabajo del equipo de casting (Luis San Narciso, Tonucha Vidal, Andrés Cuenca y Diego Martín) fue complicado.

Estuvimos seis meses buscando a la actriz ideal. Un día me hicieron llegar el reel de Laia; enloquecí. Necesitaba a una actriz con la mayor dulzura del mundo, pero a la vez tendría que ser muy “macarra”. Adorable en el sosiego, pero una fiera en el enfado. Laia era perfecta.

Es más, volviendo de Barcelona, tras conocerla, me di cuenta de que ahora el problema era él. ¿Qué actor iba a encontrar a la altura de Laia? Es tal su energía y nivel que le iba a devorar en plató y en pantalla. Y entonces apareció Javier Pereira. La tranquilidad de contar con un actor de su nivel. Menos mal.

Sin dejar de lado a Ana: ¿cuál fue el proceso de investigación que seguiste para entender cómo se comunica una persona con su perfil y poder así plasmar su particular modo de comunicación en el guion y en el cortometraje resultante?

Imprescindible rodearse de personas expertas en lo que desconoces. Eso es algo que ocurre en todas las películas y trabajos, o al menos, así debería ocurrir. Si vas a hablar de un mundo, debes recabar toda la información posible sobre el mismo y, de hecho, preocuparte de cómo contarlo. He intentado ser muy respetuoso en todo el proceso. Laia y yo recibimos formación específica, contamos con coachs en plató, hemos tratado de ser cuidadosos a todos los niveles (incluso cuidando los tiros de cámara, al componer la música…). En cualquier caso, más allá de suponer un descubrimiento para el espectador, la peculiaridad del personaje no hemos querido nunca que fuese extraordinaria de por sí. Es una realidad y una forma de comunicación, tan válida y natural como cualquier otra. Añadiría que incluso más bella. Laia y yo nos hemos enamorado de ella.

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Ana también nos recuerda que las voces, los sonidos, incluso la música, están tanto fuera como dentro de nuestra cabeza: ella sigue componiendo y tocando con ayuda de su piano. Y, sin duda, la música tiene un peso muy importante dentro del cortometraje. ¿Cómo de presente estuvo la música durante el proceso de escritura del guion?

La música nació según lo hacía el texto. De hecho, yo empecé a trabajar con Juanan (Juan Antonio Simarro) casi a la par. La complicación a este respecto es que yo no tengo formación musical. Sé lo que sabe cualquiera sin ella. No sé tocar instrumentos, más allá de la batería, si es que sé.

Pero surgen melodías, muchas, en mi cabeza, las tarareo, quizás porque mi padre siempre ponía música en casa y, a partir de ahí, siempre me ha acompañado. Con esta película brotaron intensamente. Cada línea de instrumento era nítida, y no eran temas sencillos: violines, piano, trompas, chelos, trompeta, percusión, voz… Por ello precipité la incorporación de Juanan.

Tenía claro que quería que fuesen cuatro estaciones, cuatro tempos: El dolor previo de Ana antes de tener que hablar con Juan, dolor que la propia música trataría de mitigar (‟Otoño”), la discusión hecha tormenta (‟Invierno”), la resaca (‟Primavera”) y el desenlace (‟Verano”).

Sí decir que la música no condicionó el guion, ni viceversa. No es fácil explicarlo. Iban de la mano. Se alimentaban el uno al otro. En todo caso, Juanan ha sido imprescindible. Ha sido muy generoso conmigo. Ha escuchado todas mis sugerencias (que no han sido pocas), ha sido paciente (soy muy perfeccionista) y creo que la BSO de esta película es algo de lo que los dos estamos muy muy orgullosos.

Aparte de la música, ¿tuviste en mente otros elementos que no fueran el uso la palabra durante el proceso de escritura?

Propiamente no. Lo más parecido es que durante la escritura del guion me dio por dibujar, a modo de story board. Dibujé bastante la escena de la conversación entre ellos y sobre todo veía claro (antes incluso de que apareciese Laia) el dibujo de la chica que Juan entrega a Ana. De hecho, ese dibujo lo incluimos en rodaje a última hora. Estuvo desde el principio en mis notas y me pareció bonito que apareciese.

La Tierra llamando a Ana también es un alegato en defensa de las “historias pequeñas”: no hace falta contar con grandes misterios ni con acción a raudales para desarrollar un conflicto universal con el que el espectador pueda empatizar. En este caso, dos amantes y un malentendido entre ambos es suficiente. ¿Qué es lo que te atrae de este tipo de historias? 

Ese es el reto. Hacer grande lo pequeño. Me muero de ganas de rodar escenas de acción, pero me parece tan bello sentarme ante Laia o Javier y ver cómo desde el gesto levantan un personaje… Eso ya es tanto….

Reconozco que siempre me preocupa no lograr saber transmitir esa belleza al espectador, tan delicada, tan pequeña. Por eso lo trabajo mucho, en texto, pensando en el mejor movimiento de cámara, con el equipo técnico artístico… para que funcione y se logre transmitir lo que queremos contar.

Cuando hace un par de semanas viajábamos hacia Medina del Campo para estrenar La Tierra llamando a Ana, cada vez que algún amigo me deseaba suerte o tal yo recuerdo decirles “Que guste, que guste…”. Necesitaba tener la tranquilidad de haber sabido transmitir esta historia. No era fácil. Ahora la miro y… funciona. ¡Qué gran equipo he tenido! Son unos genios.

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También conviene destacar que apuestas por la sencillez a la hora de narrar la historia. Dos personajes, una localización, y un detonante claro y fácil de entender: “A” cree haber descubierto algo que “B” le oculta. Lo que demostraría que, para contar una historia, tampoco nos hace falta buscar grandes giros o artificios dramáticos. Más bien, originalidad a la hora de afrontar tramas clásicas. ¿Dónde encontraste la originalidad para abordar esta historia con tu punto de vista?

La clave es que no hay tanta originalidad. Lo hemos vivido o lo viviremos todos. Lo que hemos hecho es tomarnos la calma necesaria para contarlo como merece, cuidarlo. Lo que hemos intentado es abordarlo con muchísima sensibilidad. Y me parece tan bonita la apuesta de todo el equipo por lograrlo… Es bello.

Sé que no soy objetivo, pero yo estoy muy contento con la película. Es contundente donde debe serlo y delicada donde lo precisa. No dudo que puede hacerse mucho mejor. A fin de cuentas estamos aprendiendo, pero confieso que me siento pequeño al verla proyectada y eso me hace feliz. Siento que hemos puesto de pie un gigante de 20 minutos.

La Tierra llamando a Ana ha ganado recientemente el Roel de Oro, lo que acerca un poco más el cortometraje a una posible nominación a los próximos Goya. Pregunta difícil: en tu opinión, ¿qué elementos posee el cortometraje para haberse alzado con dicho galardón? 

Creo que es una historia sencilla, contada desde un lugar honesto y, sobre todo, con mucho amor. Creo que tiene verdad y creo que es muy fácil, como ya apuntabas, identificarse con ella. Y tiene, junto a la música, sus puntitos de magia, que ayudan al espectador a soñar. También el cine debe conservar esa función, de transportarte, como le ocurría a ‟Inés” en la canción de Luz Casal. En cualquier caso, creo que sería más correcto trasladar esta pregunta al espectador. Algunos me decían que valoraban mucho esa sensibilidad a la que antes aludíamos. Sonrisa inmensa en mi cara, como imaginarás.

Vivimos en una industria que apuesta por el largometraje, pero pocas veces hay cabida comercial (más allá de festivales) para otras propuestas como el mediometraje o el cortometraje, cuando, en ocasiones, hay historias que no podrían ser contadas en otro formato. ¿Qué te aporta a ti el género del cortometraje para contar historias?

El apoyo al largometraje es razonable, al menos desde un punto de vista puramente económico: de estos tres formatos (corto, medio y largometraje) es el que a día de hoy puede permitir el retorno de lo invertido, sea por taquilla, por ventas a televisión… No obstante, una vuelta merece. No todo es economía. Por encima está la Cultura. Los fantásticos Festivales que tenemos en nuestro país (Medina del Campo, Huesca, Lanzarote, Tarazona y el Mocayo, entre otros muchos) necesitan de ayuda para hacer valer a los excepcionales profesionales que existen en torno al corto, y sus trabajos. Son presente y futuro. Lo cierto es que, si lo pensamos, sería muy fácil lograr que su difusión y visionado fuese mucho más accesible y habitual.

¿Qué me aporta el corto? A mí, sinceramente, en primer lugar, me da la posibilidad de rodar, y rodar es de las cosas que más disfruto. Yo no podría por mí mismo rodar un largo. Sería impensable. Es una mera cuestión de tesorería. Rodar un corto te puede suponer 10, 20, 30.000 €… o más. Puedo ahorrarlo o pedir un crédito. Rodar un largo te lleva a pensar, al menos, en torno al millón. Por supuesto, según cómo quieras rodarlo. Esa frontera se presenta insalvable, al menos sin ayuda.

¿Te garantiza el corto también libertad? A priori, rodando un corto gozas de la libertad de rodar lo que deseas de la manera que crees más conveniente. Trasladado al largo, el condicionante de la tesorería puede traer otros implícitos. Puede ocurrir que quien aporta la financiación desee imponer su criterio (en contenido, respecto al reparto [actores…]…), y tendría derecho: A fin de cuentas, pasa a ser su producción. Y no está mal contar con su opinión. Es más, por regla general, su experiencia será un plus.

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De hecho, yo, en mis cortos, me apoyo en cada departamento, les cuento qué idea tengo y escucho las suyas. Si son mejores que las mías, adelante con ellas. El problema puede darse si alguna propuesta no suma y es impuesta. Eso no será bueno para el proyecto. Lo debilitará. De hecho, aunque no debería ocurrir, en la práctica ocurre, y no tiene sentido. Por eso te rodeas de un equipo profesional: Para construir.

Finalmente, el corto me permite crecer. Y es a lo que debemos aspirar: Progresar, mejorar. Sería bastante descabellado arrancar nuestras carreras rodando largos. Parece sensato ir probando con cortometrajes, complicarte cada vez un poquito más la vida, ponerte retos y ver si eres capaz de superarlos. Si lo que haces, brilla, lograrás llamar la atención y, quizás así, quien pueda financiarte entenderá que puede confiar en ti. Me parece un proceso razonable. Así ocurre en cualquier otro trabajo, en tu propio desarrollo como persona. Esa es mi idea, avanzar paso a paso. Si encima te rodeas de un equipo mejor que tú, el camino será aún más fácil. Eso sí, estarás obligado a estar a su altura, lo que exigirá mucho más de ti. Pero eso es bueno, seguro.

* El tráiler del cortometraje puede verse aquí.


“EL PÚBLICO INFANTIL TE SORPRENDE Y ENTIENDE MUCHO MÁS DE LO QUE PENSAMOS”

25 enero, 2019

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea.

Juan Ramón Ruiz de Somavía (Juanra) es un guionista cuya trayectoria en el cine de animación empieza a ser notoria. Tras Ozzy, Juanra ha visto como Azahar, su segundo largometraje animado que está por estrenarse dentro de poco en cines, se ha hecho con una nominación en los Goya de este año. Con él hemos podido reflexionar, entre otros temas, sobre el proceso de escritura de animación, los motivos por los que se siente atraído por este género y la situación y estado de dicha industria en España.

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Azahar es la segunda película de animación que escribes, después de Ozzy, estrenada en 2016 y para la que ya te entrevistamos en su momento. ¿Qué has aprendido sobre la escritura de animación durante estos dos años?

Pues… en realidad es al revés, escribí antes Azahar, cuyo último borrador debe datar de 2009 o así. Volviendo a tu pregunta; el aprendizaje fue inverso, en todo caso procuré aplicar lo que había aprendido en Azahar a Ozzy. Este fue mi primer guión de animación. Rafa Ruiz, productor y director de Azahar, me conoció cuando fuimos jurados en un festival de cortos de Granada. Al poco, me contó que había escrito un guión para una peli de animación y me pidió opinión. Le expuse los problemas que yo le veía y le di mi sugerencia de propuesta y me ofreció reescribirlo. Me dio libertad total y ha sido siempre muy respetuoso con el material, igual demasiado. Así que, el aprendizaje esta vez fue en base a conocer por primera vez los procesos de animación, hubo lecturas de guión, bocetos de storyboard, un visionado exhaustivo de la animática, procesos algunos que yo ignoraba por completo. Me dejaron participar en la medida que yo podía acudir a Granada a sesiones de curro, que no fue a menudo (entonces yo era guionista a tiempo completo en Aída).

Por otro lado, ¿qué te ha impulsado a desarrollar una nueva película de ficción animada? Es decir, ¿por qué este y no otro formato?

Me encanta el cine de género. Trataré de ser específico, porque a la gente de animación, con razón, no les gusta que se trate el formato como un género, pues en animación tienen cabida todos los géneros. Así que diré que me encanta el género de comedia de aventuras familiar. El que alumbró Disney y que Pixar convirtió en una industria que vive hoy una edad de oro gracias a sagas como Toy Story, Gru, Ice Age, MadagascarAzahar y Ozzy, como propuestas, encajan dentro de ese género. Y ese es el tipo de pelis que mejor se ajusta al cine de animación para todos los públicos, producciones caras que necesitan un tipo de target lo más amplio posible. España tiene ejemplos ilustres, como las películas de Lightbox (Tadeo Jones, Atrapa la bandera), Ilion (Planet 51, Mortadelo y Filemón contra Jimmy el cachondo)…

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Azahar también supone la segunda nominación a los Goya de una película escrita por ti. ¿Qué crees que tienen en común ambos proyectos para haberlo conseguido de nuevo?

La escasa producción anual de películas de animación (risas). En común tienen el sentido del humor, un mensaje positivo y, en el caso de Azahar, creo que no sé, ¿humanista? ¿conciliador, integrador? Ambos son dos viajes iniciáticos y tienen sendos arcos heroicos muy tradicionales. Si en un caso el perro protagonista sin ninguna gana de jaleo es arrancado del seno de la familia y lucha por volver a casa, por escapar; en este caso una niña con ansias por escapar se rebela ante el papel al que la sociedad le ha predestinado y sale en pos de aventuras. Pero bueno, creo que esos viajes del héroe forman parte del corsé del género, de sus reglas. Y es un reto estupendo tratar de ajustarse a ellas.

A su vez, ambas películas también tienen en común el tono que utilizas. Podemos decir que el público potencial al que ambas películas van destinadas son los más pequeños (público infantil), pero, a su vez, incluyes ciertas bromas que, probablemente, solo entiendan las madres y padres que acompañen a sus hijas e hijos al cine. ¿Cómo encuentras el equilibrio entre estos dos enfoques?

Bueno, básicamente siguiendo como escritor la línea que me gusta ver como espectador. Cuando uno ve cine de animación familiar acepta cierto tono, rebaja su necesidad de realismo a cambio de otros ingredientes. Acepta, digamos, volver un rato a la niñez. Creo que tampoco hay que obsesionarse con intentar contar una historia para críos. El público infantil te sorprende y entiende mucho más de lo que pensamos. No quieren ver personajes exactamente como ellos, quieren ser desafiados también en cierta medida. Si sobreproteges al público, aunque sea infantil, es posible que te boicotees. Y luego, por otra parte, ¿qué herramientas identificamos con humor para niños? Los golpes, las caídas, el humor, físico. El slapstick. A mí me vuelve loco el slapstick, y es el idioma de Buster Keaton, Chaplin, Harold Lloyd, Henry Langdom o incluso Tati, si uno quiere citar referentes para ponerse estupendo. Es difícil y exigente escribirlo, un dolor de muelas, pero también divertidísimo. Y te da ocasión de revisitarlo con la excusa de refrescar tus referentes.

Hace poco entrevistamos a Jesús Cañadas al respecto de El Ojo de Nefertiti, el nuevo libro que ha publicado de literatura juvenil. Con él hablamos sobre su opinión acerca de si este tipo de proyectos pueden tener cierto componente educativo implícito en los mismos. En el caso de Azahar, por ejemplo, la misma historia puede llevar al espectador más joven a plantearse temas como lo absurdo de las diferencias que se dan por diferencias en la religión o el color de la piel de cada uno. ¿Te planteaste estos temas en el proceso de la escritura?

Absolutamente. Desde las primeras reescrituras hubo un proceso muy consciente al respecto. Contábamos con una indudable ventaja, y es que nuestros protagonistas eran niños, y en ese sentido, Rafa puede dar fe, fui muy pesado insistiendo en bajar la edad de los protagonistas una y otra vez. Ambos, Jaime y Azahar están contaminados por los prejuicios de sus culturas, por el miedo al otro que les han inculcado, pero a la vez podían ser aún lo suficientemente puros como para estar abiertos a dar oportunidades a otras realidades. Azahar tenía que vencer, además, su condición de mujer, y la dotamos de una curiosidad incansable, de un inconformismo constante; esa rebeldía podía percibirse como frustración infantil, pero permitía sugerir algo más. Procuramos, además, que hubiese un equilibrio en todo, y que hubiera héroes y villanos entre los árabes, cristianos, representantes de la iglesia donde no hay bandos buenos y malos, hay gente buena y mala en cada bando… Casi todo estaba duplicado con una intención. Las parejas de soldados a lo Oliver y Hardy que militan en cada bando, y que representaban a los infelices que se veían embarcados en estas guerras porque no había otra. Hubo incluso una segunda banda de ladrones en la serranía de distinta cultura en cuyas manos caían los críos, que creo que fue eliminada por presupuesto.

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El guión está disponible para su lectura aquí

En esta línea, es interesante ver cómo, en un momento dado, un soldado hace una broma sobre que prefiere ir a la guerra antes de volver a casa con su mujer y su suegra. Al ver el film parece claro que este tipo de pensamiento pertenece a una generación mayor, a la que ni Jaime ni Azahar pertenecen, y que estas jugando a esto de que, aunque sea lentamente, los tiempos cambian. ¿Cómo fue la construcción de los perfiles de personajes del largometraje para poder establecer diferencias como esta?

Bueno, es un simple chiste de cuñaos que retrata, como dije hace un momento, a ese tipo de soldadesca, personajes más toscos y a su entorno. Respecto a lo que me comentas, Jaime, creo yo, es el más prejuicioso de los dos protagonistas, su condición de varón y sus ansias de convertirse en guerrero, de destacar en su entorno, de emular a un tío legendario que cubre la ausencia de un padre caído en batalla… Pero precisamente su impaciencia, su precipitación, unida a sus inseguridades, a lo poco apto que resulta para llevar a cabo ese propósito, y a su buen corazón en el fondo, consiguen que con el tiempo reconozca los méritos de su acompañante, a la que incluso cede el liderazgo, a pesar de ser ¡una chica!. Es probablemente el de Jaime el arco más apreciable, aunque tanto él como Azahar tenían que ser impulsivos y rebeldes. Ambos persiguen la senda de héroes a los que quieren parecerse, Jaime con su padre desaparecido y con su tío, el gran líder militar; Azahar con su aventurero tío Amir. Pero tanto Azahar como Jaime tienen que darse cuenta también de que ni Gonzalo es un militar temerario en busca de batallas, ni Amir es el mejor referente para Azahar. Aunque no sea capaz de verlo, es su padre, quien la ha educado, quien ha renunciado a sus ambiciones políticas en pos de la paz. Azahar ha recibido educación por parte de su padre progresista, aun siendo una mujer, y en la película aprenderá que esa sabiduría que tan poco valoraba, en varias ocasiones le salva la vida. El conocimiento, de alguna manera, acaba siendo una herramienta más poderosa que el valor.

Desencanto, la serie de Groenning estrenada en Netflix, es solo un caso más que, como el de Azahar, demuestran que la edad medieval sigue siendo un filón muy interesante para escribir historias. En tu caso, ¿qué te atrajo de esta época como para escribir un largometraje?

Que era nuestra Historia. No es que Azahar sea un ejemplo de rigor histórico, desde luego, pero era una oportunidad de hablar en un contexto que, aunque idealizado y suavizado, se situaba en un momento apasionante, pero además tenía eco en el presente. Hay muy pocas películas infantiles que se sumerjan en nuestro pasado, y nuestra Historia tiene episodios y escenarios que ofrecen infinitas posibilidades de aventuras.

Al igual que en Desencanto, en Azahar también juegas con ciertos anacronismos en los que mezclas distintas épocas. Por poner un único ejemplo: un parking para caballos donde puedes validar tu ticket con cualquier compra en el mercado local. ¿Qué es lo que te atrae de esta hibridación de tiempos?

Me están dando ganas de demandar a Matt Groening, menudo sinvergüenza. No, en serio, debo decir que apenas he visto Desencanto, lo siento. Respecto a la pregunta: es un clásico, creo que son guiños sobre todo al público adulto. Lo esencial es intentar que esos gags funcionen por sí mismos para los más pequeños, que no tienen el referente, y que sean una recompensa añadida para los más adultos que puedan reconocer la cita. Incluso en términos de carácter intentamos introducir tics modernos, como ese Boabdil paranoico e inseguro, con arranques de bipolaridad, un neurótico que necesitaría terapia urgentemente. Es muy divertido hacer ese viaje e importar y exportar cosas entre épocas. Creo que de hecho (Rafa te tendrá que confirmar) conseguí el trabajo con la propuesta de un gag visual, que era una cinta de correr en la que se ejercitaba Nasur, uno de los villanos, para correr. Era una cinta de correr absolutamente normal, y podía variar la intensidad de carrera. Luego, al abrir plano, veías que la operaba Jalil, el esbirro, y que los cambios de velocidad implicaban que éste debía darle más brío a una manivela. Era muy tonto pero muy visual, y todavía guardo por ahí los bocetos de la máquina que diseñaron y dibujaron, con su sistema de poleas. Propones un chiste así, a lo tonto, y no sabes el lío que requiere todo luego, especialmente en animación.

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También, aparte de los anacronismos, parece que quieras dejar marcadas ciertas opiniones o reflexiones sobre temas de actualidad. Incluso hay un juglar que sueña con que en el futuro pueda existir algún tipo de entidad que proteja los derechos de los creadores… ¿cómo ves la situación en España del guionista por lo que respecta a la protección de su derechos?

(Risas) No me acordaba. Sí, el juglar que suspira por la protección de una entidad de gestión… Debo agradecerte el esfuerzo al leer el guión, puesto que ese segmento tuvo que eliminarse, desgraciadamente, y no está en la peli. Por tema de presupuesto, no vayas a pensar mal: “Ninguna entidad de gestión sufrió daños durante el rodaje de esta película”. Pero ya que me preguntas, te diré que a día de hoy soy muy optimista y estoy muy tranquilo, tengo total confianza en DAMA, mi entidad de gestión, que creo que está haciendo un trabajo increíble. Me siento seguro con ellos y perfectamente representado, sé que se parten la cara por los socios y que han logrado acuerdos y avances memorables este año pasado, a pesar de todo este panorama incierto y novedoso de plataformas, Internet y nuevas formas narrativas audiovisuales varias. Y, por otra parte, soy miembro activo del sindicato ALMA, y ahí también hay una gente increíble trabajando por nuestros derechos laborales. Cada vez somos más afiliados y no me canso de animar a todos los que no lo son a que den el paso. Yo creo que concienciarse y ser solidarios, estar informados y ser activos es cada vez más importante en nuestra profesión.

Si tuviéramos que opinar, diríamos que Azahar trata, sobre todo, de dos niños que superan sus diferencias para aprender que juntos son más fuertes. A su vez sus padres aprenden a confiar en las capacidades de sus hijos, y a no infantilizarlos más de la cuenta. ¿Son temas que te interesaban tratar en el guión?

Sí, lo eran, en especial el de las diferencias y los prejuicios. Como corresponde al target y género de la película, se trata de un mensaje puede que planteado de forma algo naif, pero plenamente vigente. El mundo es menos hostil si ellos son capaces de mirarlo de otra manera. De acercarse, de dar ejemplo. De no quedarse encerrados en sus respectivas zonas de confort. En un momento como este nuestro actual, poco dado a los matices y a la reflexión, que cada vez se aferra más a los extremos, y donde la gente se deja llevar cada vez más por las entrañas y menos por la cabeza, a pesar de que escribiéramos la historia hace casi 10 años, la cosa me temo que sigue de plena actualidad.

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Para ir acabando, ¿cómo ves la salud de la animación en España? ¿Tenemos una industria suficiente para crear buenos films?

Más que suficiente, tenemos una industria sobresaliente, desbordante de talento e iniciativa, pero que sufre mucho para poder sacar adelante sus proyectos. Ojalá desde las instituciones se diesen cuenta de que este es un sector en el que vale la pena invertir. La animación puede alimentar cine, series, publicidad, ¡videojuegos! Y son procesos largos y complejos, que generan muchos puestos de trabajo y durante largos períodos de tiempo. El único peligro que veo, y que afecta especialmente a nuestro gremio del guión, es que nos podamos convertir en un país que acabe dando “service”, apoyo técnico a largometrajes chinos o americanos, donde gran parte de la parte creativa viene ya impuesta y donde la colaboración con escritores locales está fuera de cuestión. Sería una pena que se perdiese la ocasión de generar historias originales o adaptar desde aquí material para esas películas. A veces son los rigores de las coproducciones o las imposiciones de grandes producciones. Afortunadamente, no es algo extendido aún.

Respecto a la producción, ¿qué limitaciones existen en España actualmente y a qué crees que se deben? Por falta de público, parece difícil que sea… Y en la misma línea, ¿crees que las ayudas públicas para fomentar este tipo de cine son suficientes?

Las limitaciones son la falta de ayudas o de estímulos para poder acometer los proyectos íntegramente aquí. Azahar es una locura, una película íntegramente andaluza, sin apenas ayuda alguna y con un presupuesto inferior al millón de euros. No era de ninguna manera el objetivo, y conseguir terminarla ha sido un milagro no exento de peaje, ha obligado a que la calidad final sufriese un serio revés, que se tuviesen que eliminar personajes y tramos de la historia. Este tipo de industria genera una barbaridad de trabajo especializado, crea marca España, es cultura, es exportable, va dirigida en general a un público amplio y presta atención a un sector del público al que se ignora demasiado a menudo en nuestro audiovisual, el infantil, y que deberíamos cuidar más. ¿Qué más hace falta para llamar la atención sobre un sector tan prometedor?


ANÁLISIS DE PELÍCULAS: HANDIA

8 febrero, 2018

Por Àlvar López

Hace dos años, el estreno de Loreak dejó claro que sus autores tenían una visión muy clara y particular del tipo de historias que querían contar, y de la manera en que lo querían hacer. Su nueva película, Handia, ganadora de diez premios Goya, entre ellos Mejor Guión Original, no hace sino corroborarlo. Tras entrevistar a sus cuatro guionistas, publicamos ahora un análisis del guion.

[ATENCIÓN SPOILERS]

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Sobre el tema y la trama  

Lo primero interesante a destacar es la gran conexión entre el tema y la trama del film. Handia nos cuenta una historia donde la vida y la leyenda del gigante de Altzo se funden en un único relato. Su trama, por tanto, girará en torno al auge y posterior caída de la fama de Joaquín, el gigante, quien, junto a su hermano Martín, recorrió gran parte de Europa durante el siglo XIX cosechando una gran fortuna.

Pero el viaje de ambos hermanos no será solo físico. Los dos, Martín y Joaquín, son las dos caras de una misma moneda. Martín quiere abrirse a la modernidad, a la vida de la ciudad, y disfrutar de los avances de su época. Eso sí, será incapaz de conseguir el dinero suficiente para hacerlo por su cuenta. Mientras, Joaquín representará la inmovilidad de la vida en el campo, la tranquilidad y las ganas de que nada cambie. No obstante, y aunque no necesite nada más que su montaña para ser feliz, Joaquín se convertirá en una máquina de hacer dinero desde el mismo momento en el que empieza a crecer y a crecer: la gente llegaba a pagar un buen pellizco por verlo. Justo en esta relación es donde encontramos el tema de la película.

Martín, que no crece físicamente (de hecho, es más bien bajito) tiene un ansia insaciable de crecer espiritual y económicamente. Mientras, Joaquín no deja de crecer físicamente cuando lo único que quiere es que todo se detenga en la tranquilidad de su caserío. Así, entre los dos se empieza a desarrollar una relación que en momentos está más cerca de la necesidad y la envidia mutua que de la fraternidad. Pero, como comenta Aitor en la entrevista, “nadie crece eternamente”. Todo evoluciona. Todo muere. La relación entre ellos, también.

La mejor manera de analizar esta evolución es detenerse ahora en la estructura narrativa de la película. Cada avance en la trama supone también un avance en la relación entre ambos hermanos.

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Sobre la estructura: situación inicial.

Handia empieza con una sobreimpresión: se nos avisa de que la película transcurre entre los siglos XVIII y XIX y está impregnada de las tensiones que se vivían entre el antiguo y el nuevo régimen. Desde el primer momento, por tanto, podemos situar a cada uno de los dos hermanos en un bando diferente. Acto seguido, una voice over de Martín nos da una segunda pista: aunque el mundo parezca inalterable, siempre cambia, siempre evoluciona. De nuevo, Martín constata que el rótulo inicial esconde el eje central de la película: la tensión entre lo nuevo y lo viejo. Su voice over sigue diciendo que él y su hermano se enfrentaron al mundo de forma diferente. El prólogo acaba con Martín delante de la tumba de su hermano. Al abrirla, un enigma. Los huesos de su hermano no están en ella.

A partir de este momento la película se construye de manera capitular, lo que incrementa la sensación de que asistimos al visionado de un cuento, que se inicia con el “érase una vez dos hermanos” y finaliza como empieza, con el misterio de dónde habrán ido a parar los huesos de Joaquín. En este caso, la estructura capitular y la sensación de leyenda que transmite beneficia al conjunto de la historia, puesto que al entrar en ese universo nosotros, como espectadores, podemos dar por válida la historia del gigante y sus hazañas y disfrutarla a la vez que nos centramos en la evolución de la relación entre ambos hermanos.

El “cuento” tiene su detonante en la partida de Martín a la guerra. Los carlistas obligan al padre de ambos hijos a decidir qué hijo quiere que vaya a combatir por ellos, por la causa. Sin dudar, elige a Martín para que vaya. Al cambio, a la modernidad. Durante la guerra Martín perderá la movilidad en un brazo, por lo que al terminar ésta intenta subsistir como puede durante tres años, pero siempre sin volver al caserío. El rencor que guarda hacia su padre, unido al intento de evolucionar y de dejar atrás el poblado, le llevan a buscarse la vida como puede. No obstante, Martín no encuentra la forma de salir adelante. Al final no le quedará más remedio que volver al caserío. Su sorpresa es mayúscula cuando ve que su hermano no ha dejado de crecer hasta alcanzar un tamaño colosal. Por si fuera poco, tras la guerra el caserío está en un serio declive: no hay forma de pagar lo que deben. Así, el primer punto de giro nace como una necesidad, una solución para mantener el caserío: si no quieren perderlo, deberán abrirse a la modernidad, introducirse en el mundo del espectáculo y exhibir a Joaquín.

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Sobre la estructura: la tensión entre hermanos.

A partir de este instante, la tensión entre la seguridad de lo conocido que ama Joaquín y el afán de modernización de Martín no dejará de crecer. Cuanto más dinero consiguen, más quiere volver Joaquín a su hogar, y más ilustrado se hará Joaquín, el cual empezará a imitar a la clase burguesa del momento. Los escollos, eso sí, cada vez se harán más grandes, y alcanzan su cénit delante de la Reina. La monarca le pide a Joaquín que se desnude para ella. Martín tiene la oportunidad de poner un límite en la exhibición de Joaquín, de defender a su hermano. Sin embargo, no lo hace.

Por tanto, tenemos una primera parte de la película en la que nos es difícil empatizar con Martín, nuestro protagonista, por la forma en la que trata a su hermano y por su egoísta afán económico… una estrategia del guión para presentarnos a un personaje al que poco a poco se le irá dando la vuelta.

De Martín empezamos a ver cosas en las que no nos habíamos fijado. Sigue guardándole rencor a su padre, pero le encantaría recibir una muestra suya de cariño. Quiere empezar una nueva vida en Estados Unidos, pero es fácil entender que ese sueño nunca se va a cumplir. Además, hay algo que es indudable: Martín quiere a su hermano. En ningún momento se aprovecha de él, o no al menos de manera consciente.

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Sobre la estructura: el cambio.

El momento que ilustra la nueva relación entre ambos se produce en su viaje a Inglaterra. Momento que, tanto por metraje como por estructura, se instaura dentro del midpoint.

En Inglaterra, además de conocer a otros gigantes que existían en Europa (entre los que destaca una giganta que se fija en Joaquín y con la que más adelante tendrá su única experiencia sexual) Martín y Joaquín se dan la mano por primera vez, gesto que encierra todo el cariño que ambos se tienen. Esa unión refleja también la unión entre dos mundos, dos fuerzas, que, por más que sean opuestas, se atraen entre ellas.

Tras el midpoint, la segunda parte de la película se centra en la relación cada vez más estrecha e íntima de ambos hermanos. Conforme más tiempo pasan juntos, más se vuelven a complementar como lo hacían antes del detonante, de la Guerra. Pero, de nuevo, el guión vuelve a recordarnos cuál es la idea nuclear de la película: nada puede crecer eternamente.

Sobre la estructura: el declive

Martín, precavido, siempre enviaba su parte del dinero al caserío, pero Joaquín, en un acto de rebelión y desoyendo el consejo de su hermano, lo llevaba siempre consigo, oculto. En uno de sus trayectos, un grupo de asaltantes les roban hasta el último centavo que Joaquín había ganado durante los últimos años. Este segundo giro llega justo cuando la relación entre ambos hermanos ha madurado hasta hacerse más fuerte que nunca, lo que provoca que Martín use sus propios ahorros para seguir pagando el caserío y evitar que su padre y hermano lo pierdan.

Con este hecho asistimos a un giro de personaje que se ha ido cociendo a fuego lento a lo largo de todo el guión. Martín, el hermano que quería romper con todo, acaba usando la fortuna que tenía ahorrada para ir a Estados Unidos para salvar lo que más odiaba en esta vida: el caserío. La vida rural.

A la falta de liquidez se le suma la llegada de los tiempos modernos. La gente se cansa rápido de lo que no es tendencia. A Joaquín, al gigante, ya lo conoce todo el mundo. Ya no es una novedad, por lo que su empresa solo puede acabar como lo hace: en la quiebra.

A la ruina económica le seguirá la muerte de Joaquín debida al gigantismo, y así volvemos al inicio, a un Martín que se queda en el caserío, a cuidar de su padre. Padre que, por cierto, no recuerda haber decidido nunca haber enviado a Martín a la guerra.

La desaparición de los huesos de Joaquín al fin de la película ayuda a reforzar la sensación de que el guión está construido como si se tratara de un cuento. Sin huesos, sin nadie que se acuerde de Joaquín, los límites de la realidad se desdibujan. La leyenda y el mito cobran fuerza en la historia del gigante de Altzo.

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Sobre el cuándo y el dónde de la historia.

La elección de las coordenadas espacio-temporales de la historia son todo un acierto de guión. Los protagonistas vienen de una Guipúzcoa rural que luchaba por mantenerse frente a la modernidad, por un lado, y a la centralidad de Madrid por otro. No es casualidad que los madrileños se crean superiores a Martín y a Joaquín por el mero hecho de hablar español y no vasco. Además, el hecho de que la historia ocurra en el siglo XIX, en pleno Romanticismo, permite explorar en profundidad ciertas dudas existenciales que, si bien siguen presentes en la actualidad, alcanzaron su momento más elevado en aquella época.

El inicio de la industrialización, de la sociedad capitalista y del mundo del espectáculo (Martín) entraban en conflicto directo con el culto a la religión y a los antiguos estamentos (Joaquín), lo que obliga a ambos personajes a plantearse su lugar en el mundo. ¿Quiénes son?¿Quiénes quieren llegar a ser?

Sobre el tono, los diálogos y las subtramas.

Igualmente interesante es destacar la lentitud que respira el guión, la cual contribuye a que los arcos de transformación de los dos hermanos sean creíbles y coherentes con todo lo que viven. Hay muchas escenas de transición, de conocimiento de los personajes, más que de información o de avance de trama, algo muy necesario para contar este tipo de historias.

Por otro lado, los diálogos, escuetos en su mayoría, también contribuyen a reflejar la lucha de fuerzas que viven ambos hermanos. Mientras que Joaquín es más bien callado y no cuenta ni con un gran vocabulario (de hecho, ni siquiera sabe español) ni con grandes herramientas comunicativas, Martín, pese a sus limitaciones, tiene mucha más labia, más capacidad para vender y para adaptarse a los nuevos tiempos.

Para acabar, la cantidad de subtramas que rodean al conflicto principal dotan al guión de vida, de realidad. El mundo no se reduce a un único conflicto. En Handia asistimos a subtramas como la reflexión sobre la fama, el papel de la religión en el seno familiar, el amor, la cultura y su influencia en la sociedad, el nacionalismo y sus bases… En definitiva, las subtramas no hacen sino subrayar lo mismo que la trama principal: todo cambia, y lo único que podemos hacer como seres humanos es aceptarlo e intentar no sucumbir en el intento.


GOYA 2018: SOBRE EL GUION DE HANDIA (I)

5 febrero, 2018

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Handia es una de las películas españolas del año. Además de la buenas críticas que ha cosechado, ha obtenido diez de los trece Goya a los que aspiraba, entre los que se encuentra el de Mejor Guion Original. Aprovechando la coyuntura, hemos tenido la suerte de poder hablar con los cuatro guionistas del film (Jon Garaño, Aitor Arregi, José Mari Goenaga y Andoni de Carlos), quienes han encontrado el tiempo para contestarnos a todas nuestras preguntas sobre el proceso de construcción de una película que funde leyenda y realidad para contar la vida del gigante de Altzo.

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Aitor Arregi y Jon Garaño, durante el rodaje de Handia.

¿Qué hay de leyenda y qué hay de realidad en el guión de Handia?

Jon: Es cierto que el protagonista de Handia, el gigante, empezó a crecer con 20 años y no dejó de hacerlo hasta morir, que recorrió toda Europa y que lo hizo con su hermano, que era muy religioso, que le hacían marcas en la iglesia, que le quisieron juntar con una giganta… Casi todos los pasajes más conocidos del gigante de Altzo se recogen en la película, aunque también hay cosas que no están, como el hecho de que conociera a los reyes y reinas más importantes de su época (entre ellas la persona más poderosa de mundo, la reina Victoria de Inglaterra). Pero por supuesto hay también mucha leyenda, mucha invención. Las historias sobre su figura se empezaron a difundir y distorsionar en cuanto se hizo popular y así ha seguido siendo durante más de 150 años. La película no ha sido una excepción. Uno de los temas principales de Handia es la necesidad inherente que tiene una sociedad de fabricar leyendas, de crear héroes en los que creer. Y así, esta historia nos permite hablar de lo que es real y lo que no, de cómo van creciendo los mitos a medida que se propagan, del mismo modo en que lo hizo el propio cuerpo de Joaquín durante sus 43 años de vida.

¿Cómo fue el proceso de documentación y posterior selección de hechos reales para armar el guión?

Aitor: Fue una persona muy conocida en su época, pero la verdad es que no hay (o al menos nosotros no encontramos) una cantidad enorme de documentación respecto a su vida. Hablamos también con historiadores, fuimos a su pueblo natal, a Altzo, y vimos que había un punto en el que la realidad y la ficción empezaban a mezclarse. Gran parte de lo que se está documentado sobre Miguel Joaquín y Martín está en la película. Y los “agujeros negros” los completamos con nuestra visión, ya que poco a poco nos fuimos dando cuenta de que nuestra historia trata también sobre eso, sobre cómo una historia con un sustrato real se va convirtiendo boca a boca en una leyenda, se va haciendo más grande y luego se va transformando.

¿Cómo decidís dónde y cómo mezclar realidad con leyenda en las escenas y hechos que transcurren en el film?

Andoni: Miguel Joaquín Eleizegi fue una persona real que vivió en el siglo XIX, pero la información que ha llegado hasta nuestros días es escasa, y gran parte de ella mezclada con el mito, por lo que la mezcla entre realidad y leyenda ha sido bastante natural. Desde el principio teníamos claro que queríamos respetar su contexto histórico, recrear de la manera más fiel posible la época que le tocó vivir, pues nos daba mucho juego. Por lo demás nos hemos permitido ciertas libertades, al fin y al cabo había que rellenar muchas lagunas. Es una historia inspirada, y no basada, en el gigante de Altzo.

El protagonista de Handia, Martín, no “cae bien” durante gran parte del film porque empatizamos mucho más con Joaquín, su hermano, al no poder quitarnos de encima la sensación de que Martín le está utilizando. ¿Es esta una decisión buscada como parte de su arco de transformación?

J.M: Sin duda, aunque nosotros como guionistas intentamos no juzgar a nuestros personajes. No creemos que el personaje de Martín actúe desde la maldad sino desde la inconsciencia. Él está tan cegado por sus deseos de medrar y de alejarse de la realidad del caserío, que no es capaz de ver lo que puede estar sintiendo su hermano. Aun así, sea por la razón que sea, es cierto que la motivación de Martín a la hora de plantear el nuevo negocio familiar es totalmente egoísta. Pero tampoco hay que olvidar que la vida en un caserío de Gipuzkoa a mediados del siglo XIX tampoco era fácil ni agradable. Por eso, la propuesta de Martín puede sonar cruel, pero la alternativa (que puede ser morirse de hambre en el caserío) tampoco es la panacea.

¿Por qué la decisión de seguir el punto de vista de Martín y no el de Joaquín, el gigante?

Jon: Las primeras versiones de guión tenían como protagonista a Joaquín, el gigante de Altzo. Pero en un momento dado nos dimos cuenta que esa historia ya estaba contada de alguna forma. Que ya se había visto, por ejemplo, en El hombre elefante. Y así, en plena crisis, un día pensamos que sería interesante contar la historia a través de los ojos de Martín. Para que la historia se viera con otros ojos y no cayéramos en la tentación de hacer una película sobre el sufrimiento del gigante. Por otro lado, nos dimos cuenta que era el contrapunto ideal a Joaquín, la persona que no quiere seguir creciendo, el que no quiere cambiar.

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Desde el momento en el que Martín vuelve de la guerra tiene una constante necesidad de aparentar, de querer ser lo que no es. Sin embargo, su hermano Joaquín solo quiere que le dejen ser lo que es. ¿Es la idea de querer aparentar, de buscar algo que quizá nunca podemos conseguir porque no es lo que somos, una idea central en la construcción del guión?

Aitor: Podríamos decir que esta idea que nos indicáis tiene mucho que ver con las ideas que manejamos. El tagline de la película es “nadie crece eternamente” y sin duda esto es aplicable tanto para Joaquín como para Martín. Martín quiere largarse del caserío, quiere conocer mundo e integrarse en otros ámbitos más “modernos”. No se da cuenta de que quizás no se puede romper del todo con eso que quiere dejar detrás, porque sería romper consigo mismo. Sería traicionarse a sí mismo. A diferencia de su hermano, él quiere “crecer” y volar, pero parece que termina forzando la situación más de lo conveniente.

¿Qué otras ideas o temas os interesaba tocar en la construcción de dicho relato?

Andoni: La relación entre Joaquín y Martín, los dos hermanos, fue importante desde el principio, pero no tanto como en la versión final. En las primeras versiones Joaquín era el protagonista absoluto pero poco a poco Martín le fue comiendo terreno. Y con los dos a la par la idea del cambio, y las dos formas divergentes de afrontarlo (abrazarlo o resistirse), terminó por convertirse en un importante motor de la película. Que no el único: el esfuerzo por forjarse una identidad, la importancia de la figura del padre, la presión que ejerce la sociedad para que nadie se salga del patrón establecido, el complejo de inferioridad del mundo rural, el peso de la religión, la soledad del diferente, la sinrazón de la guerra… Se puede decir que Handia contiene varias películas dentro de una sola película.

Por otro lado, y sabemos que es una pregunta complicada, ¿por qué, de entre todas las posibles historias, contar esta? ¿Qué es lo que os hace lanzaros por esta leyenda?

J.M: El primer impulso viene dado por el propio personaje histórico. Tanto Jon como  Andoni (cada uno por su lado) se habían fijado en este personaje “popular” Gipuzkoano, con el ánimo de desarrollar una película. Es un personaje muy llamativo y enseguida piensas que detrás de él hay un relato interesante, pero luego hay que llenar ese relato de un contenido que va más allá de la mera narración de unos hechos históricos. Y en ese sentido, lo que más nos interesó fue el hecho de que el gigante de Altzo se erige en cierto modo en un símbolo de su propio tiempo. El Siglo XIX fue una época de cambios, una época donde el antiguo y el nuevo régimen colisionaron, y mostrar esa época a través de un personaje que no para de crecer, que no para de cambiar nos parecía muy estimulante. Por otro lado, también nos interesaba reflexionar sobre cuándo una persona como Miguel Joaquín Eleizegi deja de ser persona y pasa a convertirse en leyenda.

Es curioso que el primer gesto cariñoso entre los dos hermanos llegue casi a la hora de metraje, cuando Martín y Joaquín se dan la mano en Inglaterra. ¿Cómo os planteasteis la construcción de la relación entre ambos?

Jon: A Joseba y Eneko, los actores que interpretan los papeles de Martín y Joaquín, les repetíamos una y otra vez durante los ensayos, y también durante el rodaje, que los dos representaban fuerzas opuestas pero complementarias a la vez. Como si del “ying y el yang” se tratase, los dos poseen algo del otro dentro de él. Por eso, a pesar de opuestos, la idea era que Martín y Joaquín estuvieran más cerca el uno del otro de lo que cabría esperar, hasta llegar en momentos a confundirse el uno con el otro. A veces el entorno, las circunstancias o su estado de ánimo les separa, pero al final acaban haciendo el mismo camino. A veces muy a su pesar.

De Handia llaman poderosamente la atención, el cuidado de la imagen y de los paisajes. ¿Ya incluía el guión esta, digamos, escritura visual?

Aitor: El guión ya recogía que era una historia con varios viajes por paisajes distintos. Teníamos claro que teníamos que valernos de ello para darle cierta épica. Parte de la historia del gigante se sitúa en escenarios, pisos, habitáculos cerrados, ya que esa era una de las condiciones para que funcionara el negocio, que la gente no le viera y que se escondiera hasta que daba comienzo el espectáculo. Pero la historia que queríamos contar no era sólo claustrofóbica, por lo tanto había que contrarrestarlo mostrando espacios abiertos. De todos modos, se trata de una película que aúna lo épico y lo íntimo. Es una historia íntima de dos hermanos que se necesitan mutuamente y que son parte de un fresco histórico, de un siglo en tensión entre el antiguo y el nuevo régimen. En ese balance entre lo íntimo y lo épico, esos paisajes aportaban esto último.

También os habéis decantado por una estructura capitular en la que un narrador nos va contando la historia. ¿Con esta decisión queríais potenciar la sensación de leyenda?

Andoni: El narrador entra al principio y al final de la historia y fue una decisión que fue variando y que generó no pocas dudas. Se probó un poco de todo: diferentes textos, una voz en off que tenía más presencia e incluso el prescindir de ella. Al final, creo que la decisión tomada ayuda al espectador a sumergirse en la historia de Joaquín y Martín. Y a salir de ella con cierta calidez, con suavidad. En cuanto a la estructura capitular sí que queríamos potenciar la sensación de leyenda, de cuento, y alejarnos a su vez de un biopic al uso. También nos fue muy útil a la hora de ordenar la información.

Hay algo en el corazón del guión que recuerda a Loreak. Es una mezcla del tono utilizado, el poso que deja el film tras haberlo visto, los temas que tratáis. ¿Veis vosotros también ciertas similitudes entre las historias que os gusta contar? 

J.M: A pesar de que son películas que en ciertos aspectos se mueven en coordenadas muy distintas (la época que retratan, el trasfondo social, personajes femeninos vs. masculinos…) es cierto que en algunos aspectos ambas historias se vinculan estrechamente: en el tratamiento de los personajes, en el trasfondo psicológico de la historia, en la voluntad de dotar al relato de un tema y un discurso que sustente la trama a medida que esta avanza. Además, hay en las dos películas una voluntad de que los personajes trasciendan sus propias vidas. En el caso de Loreak, el personaje de Beñat adquiere más fuerza a partir de que muere (hasta el punto de que parece más vivo cuando está muerto), y en el caso de Handia, la figura de Miguel Joaquín sigue creciendo aún más a partir de que muere. Asistimos en ambos casos a cómo un personaje se desvanece, pero no para desaparecer, sino para pasar a formar parte de todos nosotros. Puede sonar un poco “místico” o “new age”, pero algo de esto hay en las dos historias.

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Resulta igualmente interesante ver que es una historia escrita con una bonita libertad a la hora de lo que demanda el relato. Usáis hasta cinco idiomas diferentes y visitáis varios países. ¿Escribisteis pensando en producción, o primero escribisteis la historia que queríais y luego os preocupasteis de encontrar la forma de contarla?

Jon: Yo siempre digo que uno de los momentos más difíciles en la producción de la película fue cuando tuvimos que dejar de ser guionistas para convertirnos en directores, porque a la hora de escribir el guion no nos cortamos demasiado. Pero fue una decisión meditada. Decidimos no ponernos límites en la escritura y retrasar “los problemas” a la preproducción de la película.


GOYA 2018: ENTREVISTA A ANTONIO SANTOS MERCERO

20 diciembre, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Este año estrenamos la sección de guionistas nominados al Goya (al menos tras conocerse las nominaciones, puesto que antes habíamos hecho ya esta y esta entrevista) con Antonio Santos Mercero. El hijo del icónico director de cine español ha obtenido dicha nominación gracias al cortometraje Como Yo Te Amo, un proyecto que nos ha servido para reflexionar con Santos Mercero sobre la función del cortometraje y su papel en la industria, los límites (o no) de la comedia, la distinta percepción del humor en diversos países y el proceso de escritura que siguió el guión.

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Fotografía de Marta Mercero

En primer lugar, nos gustaría que nos pusieras en antecedentes. ¿En qué momento y contexto surge la idea de escribir el cortometraje?

Todo empieza con un amigo de un amigo que me pregunta si yo escribiría un corto para un director de publicidad que quiere dar el salto al cine. Antes de conocerle, ya me cae bien el tipo. No es fácil encontrarse con un director que reconozca que no sabe escribir. Hablamos y me cuenta que quiere una comedia gamberra que tenga un poco de acción. Eso es todo. Normalmente, en un encargo, uno espera unas indicaciones más precisas, que te acoten el universo un poco más. Pero yo tenía libertad para disparar en cualquier dirección. Creo que un guionista, puesto a aceptar un encargo, prefiere que le marquen el camino para evitar la borrachera de posibilidades. Es muy duro sacar una idea de la nada. Pero por suerte la cosa salió bien. Le escribí un par de sinopsis y él escogió “Como yo te amo”.

¿Personalmente, qué te llamaba la atención contar? Es decir, ¿por qué querías contar esta historia?

Yo quería encontrar una historia que se pudiera resumir en una sola frase. “Un delincuente se enamora de la policía que le detiene y se pasa la vida cometiendo delitos con el propósito de volver a verla”. Ese tagline me gustaba. Creo que en un corto es fundamental que la idea sea buena, no hay tiempo para digresiones ni para exploraciones demasiado sesudas. Antes de la idea, yo veo una sala de interrogatorios y una policía que lanza preguntas a un joven que la mira embobado. Pero su silencio no es el silencio correoso de los delincuentes que se niegan a hablar; es el silencio de un pobre hombre que se está enamorando de la mujer que tiene delante. Esa es la primera imagen que se me presentó, y desde ahí se fue desenrollando la historia entera. Una historia que pretende contar lo azaroso que es enamorarse y la increíble construcción mental que hacemos de la persona amada a partir de ese momento.

Como yo te amo es un buen ejemplo de cortometraje que demuestra que, si bien los temas están todos tratados desde hace siglos, la originalidad sigue residiendo en la forma en la que contamos las historias. ¿Tienes algunas claves para detectar dónde puede haber una historia original?

 La única manera de detectar una historia original es tener la convicción de que nadie la ha escrito antes. Yo estoy seguro de que nadie ha escrito una historia de un delincuente que inicia una carrera delictiva tremenda solo por la esperanza de que le detenga la policía de la que se ha enamorado. Es imposible que alguien haya escrito eso, es una idea demasiado peculiar. Pero ojo, la originalidad no puntúa de por sí. Es importante en una historia, pero existe el peligro de caer en la extravagancia si te pasas de listo. Para mí era muy importante que hubiera un sustrato muy sólido por debajo de esta idea tan loca. Todos nos hemos enamorado alguna vez, todos hemos sentido en algún punto que tal vez estuvimos demasiado tiempo adorando a un farsante. Los años pasan y la persona que te enamoró pierde su halo y de pronto es vulgar. Esa tragedia de la vida la reconoce todo el mundo, y es de eso de lo que trata el corto. Por eso no me importa que el tratamiento de la historia sea exagerado o delirante. Yo sé que por debajo hay un tema universal, muy importante, que el espectador va a reconocer.

¿Cómo fue el proceso de escritura? ¿Hubo muchas versiones? ¿Qué buscabas mejorar en cada versión?

Hice varias versiones porque Fernando García Ruiz, el director, pedía más madera y más madera, como en la película de los Hermanos Marx. En fin, más humor. Cada versión intentaba ser más divertida que la anterior, porque un guion puede tener una premisa cómica y después muy poca gracia. El humor es muy difícil de escribir. Aquí teníamos el recurso de la exageración y también el de la repetición cómica de detenciones y reincidencias, casi a modo de running gag. Pero siempre se le puede sacar más partido a las situaciones y a los personajes, y eso se consigue a base de reescribir mucho. Cuando yo creía que ya estaba, me llamaba Fernando y me pedía más madera… Creo que su insistencia ha hecho mucho por el resultado final.

Y respecto a la construcción de los personajes, ¿qué es lo que te interesaba contar con cada uno de ellos?

Yo no diría que esta es una historia de personajes. A mí me interesaba contar cómo cambia la vida de una persona desde el momento en que se enamora. Toda su energía, su sensibilidad y su razón se ponen al servicio del amor. Necesitaba escribir un personaje inocente, ingenuo, sí, pero con la suficiente gallardía para traspasar los límites morales que le va imponiendo la historia. El punto de vista es férreo, siempre vamos con el protagonista, y los demás personajes son funcionales, para hacer avanzar la acción, o bien contrapuntos humorísticos. Aunque es verdad que algunos personajes adquirieron algo más de desarrollo según se iban incorporando actores al casting. Si te dicen que tienes a Carlos Areces o a Luis Zahera, merece la pena reescribir un poco para aprovecharles.

También es interesante ver cómo juegas en un cortometraje con la idea del paso del tiempo, puesto que es difícil encontrar un proyecto de corta duración cuya historia se narre a lo largo de diversos años. ¿Cómo fue esta construcción temporal? ¿Te planteaste cada salto como un pequeño acto dentro de la historia general?

No es habitual que un corto la acción transcurra a lo largo de tantos años. Muchas veces consisten en una escena contada en tiempo real, planteamientos sencillos seguramente inspirados por el poco dinero que hay para rodar la película. Pero la premisa de “Como yo te amo” me obligaba a plantear varios pasos de tiempo. Uno de los mandamientos del guionista es levantar obstáculos al personaje que quiere conseguir su objetivo. Mi delincuente sigue cometiendo delitos porque quiere que le detenga de nuevo la mujer de la que se ha enamorado. No me podía permitir que atracara una farmacia y cayera en manos de la misma policía, sería demasiado facilón. Mucho mejor descubrir que ella ya no trabaja en Seguridad Ciudadana porque ha sido ascendida a Homicidios. Si sueña con un nuevo encuentro con ella, el protagonista tiene que escalar en su carrera delictiva y cargarse a alguien. Lo malo es que ella sigue ascendiendo y de pronto está la Unidad Antiterrorista, y eso ya son palabras mayores. Este juego de escalada profesional, por un lado, y delictiva, por otro, me metía en un guion con muchos pasos de tiempo. Está bien, porque eso permite contar qué ha sido de los personajes secundarios a lo largo de los años, y el efecto cómico se potencia.

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Aarón Gómez, protagonista del corto, a la izquierda, junto con Fernando García Ruiz, el director, a la derecha. Fotografía de Andre Paduano.

Algo muy complicado es saber cuando una historia es un cortometraje o más bien se puede tratar de un largometraje. ¿Personalmente, cómo detectas que una historia puede tener elementos de cortometraje o de largometraje?

En este caso no he tenido que pensar en eso porque a mí me encargaron escribir un corto. Hay argumentos que nacen de una anécdota que funciona bien casi como un gag y piden el desarrollo concreto del corto. Pero esa misma idea puede crecer, porque hay películas muy buenas que trascienden la anécdota inicial y van cogiendo calado. Nunca se sabe. A veces una película se hace larga porque no hay mucho que contar, y yo noto el esfuerzo del pobre guionista por escribir noventa folios con la lengua fuera. Pero pienso, por ejemplo, en “A través de los olivos”, de Abbas Kiarostami. Dos actores hacen mal la última escena de una película, una y otra vez, porque saben que cuando acabe el rodaje no se van a volver a ver. Yo diría que esto es el argumento para un buen corto, y sin embargo la película es estupenda. Hay guionistas que con muy poco construyen una historia llena de resonancias, y otros que necesitan un guion lleno de giros. Supongo que es una cuestión de estilo o de talento.

La comedia suele ser un género muy útil para satirizar la sociedad. Parece que en este caso no es diferente, puesto que es fácil encontrar ciertas similitudes con algunos de los problemas a los que debemos hacer frente. ¿Desde la primera versión del guión te planteaste que el protagonista fuera un personaje que llegara hasta el extremo de cometer un acto terrorista para llamar la atención de su enamorada?

Yo no tenía ninguna intención crítica cuando me puse a escribir esta historia. Simplemente quería hacer una comedia delirante con un punto transgresor, y me conformaba con que fuera original y divertida. Claro que salen temas sociales, como los hijos de treinta y pico que no se han emancipado y siguen dependiendo de sus padres, o el bullying en los colegios o los peligros de internet, en los que puedes encontrar tutoriales para fabricar bombas caseras. Pero esas referencias de la realidad se fueron colando en el guion, yo no pretendía abrir ningún tema de debate. Me encanta la comedia satírica, me parece admirable el talento de muchos monologuistas que meten el bisturí en tantos y tantos temas y me quito el sombrero con los que saben repasar la actualidad por medio del humor. Pero a mí me basta con lograr que la gente se ría. Me parece que no hay nada más difícil que eso.

Aquí una pregunta que, no por repetitiva, tiene menos interés. Como yo te amo se atreve a jugar con un tono cercano a la comedia negra. ¿Dónde está, a tu juicio, el límite en el humor?

Un escritor debe escribir sin límites. Escribir comedia es muy difícil, hace falta mucha experiencia para conseguir escapar de la autocensura, que sabotea tantas y tantas buenas ideas. Nos censuramos ideas, situaciones, gags, líneas de diálogo y rasgos de personajes por culpa del pudor o del sentido del ridículo. Cuesta mucho atreverse a proponer sin miedo. Este combate con uno mismo es feroz. Si encima tenemos en cuenta a los guardianes de la moral y del buen gusto, que están por todas partes, no escribiremos un guion divertido jamás.

Cuando entrevistamos a Diego San José sobre Fe De Etarras nos comentó que, a su juicio, los límites del humor solo dependen de la sociedad en la que se ve un proyecto. Prueba de ello, por ejemplo, es el film británico Four Lions, donde los protagonistas son cuatro musulmanes que sueñan con formar parte del ISIS. ¿Cómo crees que es la audiencia española por lo que se refiere a la tolerancia del humor negro?

Yo creo que a los españoles les gusta el humor negro. Está en la calle, en los bares, en los chistes, en nuestra cultura. Pero estamos en un momento de involución y los defensores de lo políticamente correcto están tomando posiciones. El riesgo mayor que corremos está en que cojamos miedo a la hora de escribir, que evitemos el conflicto o el capón de no sé quién en las redes sociales (el capón o el linchamiento). De verdad, creo que los límites con el humor debe marcarlos el escritor y no la sociedad.

El cortometraje, antes de conseguir la nominación a los Goya, ha estado paseando por un sinfín de festivales tanto dentro como fuera del país. ¿Notas diferencias en la percepción y recepción del corto y de su particular humor en función del país?

Sí, es asombroso ver la diferencia que hay entre un país y otro. En el corto, hay un running gag del padre amenazando a su hijo con retirarle la pensión de alimentos. Aquí no hace gracia. En Francia se descojonan con eso. Hablo de Francia, no de China. ¿Por qué? No lo sé. Pero cada audiencia tiene sus características y prefiere unos gags a otros. Siempre se dice que el humor es universal, pero está claro que no todo el mundo reacciona de la misma forma ante un chiste.

Es interesante ver cómo un cortometraje de comedia se cuela entre los seleccionados al Goya, donde habitualmente es complicado que entren proyectos de este género. ¿Qué crees, a tu juicio, que tiene este guión para que así haya ocurrido?

No tengo ni la menor idea de por qué gusta esta historia. Uno piensa que ha hecho bien su trabajo, que el argumento de fondo interesa, que el desarrollo es divertido y todo eso. Pero muchas veces piensas eso mismo sobre otros guiones que caen en saco roto. Creo que hay que tener un poco de suerte. Este corto tiene acción y comedia. A lo mejor es un año de historias muy sesudas y el académico agradece un corto refrescante, cualquiera sabe. Pero a mí me hace ilusión que haya llegado tan lejos, porque es verdad que las comedias parecen partir con desventaja a la hora de aspirar a un premio. No sé por qué. Todos sabemos que es el género más difícil, pero en los festivales y en los repartos de premios se sigue despreciando.

Nos gustaría hablar sobre la difusión del cortometraje y la falta de salas de exhibición. ¿Crees que se sigue considerando un género menor, la antesala al largometraje?

Pues sí, yo diría que el corto es la antesala del largometraje. No creo que haya un solo director de cine que se quiera especializar en cortos y renuncie a dirigir un largo. Sí que hay escritores que se quedan en el relato y no se van a la novela, pero en el mundo del cine eso no pasa, lo que debería hacernos pensar, porque realmente el corto es un formato muy bonito, como lo es el del cuento en el mundo de la literatura. Quizá esto es así porque se sigue considerando un género menor, casi invisible. Hay que estar muy bien informado para enterarse de que hay un maratón de cortos o una proyección en el Capitol. Hay muchos festivales, eso sí, pero fuera de ese circuito el corto tiene poca razón de ser. Y eso que el cine español podría presumir de la calidad de sus cortos, que ganan año tras año decenas de premios internacionales en un mercado muy competitivo, porque hay muchísima gente haciendo cortos en todo el mundo.

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Silvia Alonso durante el rodaje de Como Yo te Amo. Fotografía de Andre Paduano.

Por último, nos parece interesante que nos cuentes cómo es crecer en el seno de una familia tan pegada a la industria audiovisual española. ¿Qué influencia y papel juega tu padre en tu educación fílmica?

Mi padre es un crack que me ha enseñado a querer el cine y la literatura. Ya solo con eso, se ha ganado el sueldo como padre. Yo soy un friqui del musical, por influencia suya, y de John Ford, también. Entre otras muchas cosas, le doy las gracias por eso.


GOYA 2017: “FRÁGIL EQUILIBRIO”, PREMIO A MEJOR DOCUMENTAL

17 febrero, 2017

Entrevista y Fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea.

Frágil Equilibrio es el ganador del Goya a Mejor Documental en 2017. Construido a partir de una entrevista de tres horas a Mujica que funciona como eje vertebrador, el documental explora tres historias ubicadas en España, África y Japón para demostrar que las palabras del exgobernante uruguayo retratan realidades que suceden más allá de las fronteras de su país. Con Guillermo García (guionista y director del documental) y parte de su equipo pudimos hablar en la última edición de SEMINCI sobre la construcción del guión del documental, la importancia del acabado visual desde la misma escritura y sobre los temas que hay detrás de Frágil Equilibrio.

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De izquierda a derecha, Pablo Bürmann, Guillermo García, Raquel Gallego, Alejandro Suárez y David Casas.

¿Qué es lo primero que surge en este proyecto?

Guillermo: Estuve viajando un tiempo por Sudamérica, y me quedé un tiempo en Uruguay. Me sorprendió mucho cómo los ciudadanos uruguayos hablaban de su gobernante, de Mujica. Me sorprendió sobre todo por la diferencia que hay en el trato hacia él respecto al abismo que hay en esa misma relación en Europa, en España, con nuestros propios gobernantes. A partir de ahí me dio mucha curiosidad conocer bien el discurso de Mujica, y me pareció algo muy útil, práctico y valioso para la mayor parte de los ciudadanos. Tuve la sensación de que ese mensaje debería estar en cualquier lugar, en muchos lugares distintos. Y una de las formas de conseguirlo era haciendo una película.

A partir del discurso de Mujica, ¿cuál es el proceso que sigues para transformarlo en película y mantener el tema que te interesaba?

Guillermo: La verdad que el discurso de Mujica ya está estructurado por él mismo, se repite, lo tiene muy claro, ya sea en la ONU o en un barrio de Montevideo. Por tanto, el claro hilo conductor de todo el documental es su discurso, y sobre todo lo que significa: un viaje humanista por la condición humana. Aquí es donde elegimos tres historias situadas en tres lugares distintos con tres etnias distintas. Una situada en África, otra en España y otra en Japón, si bien esas tres historias podrían haber sido muchas otras. Hay algo de ese Frágil Equilibrio en todos nosotros, en todas nuestras historias. Sea como sea, el proyecto se empieza a armar con estas tres historias, que tienen contrapunto unas con otras. Está África por un lado, que quiere cruzar a través de una barca al primer mundo. El eje que hay en esa valla ya viene muy marcado, ya separa a los que están en cada lado. Y luego hay otro eje muy rotundo entre esas dos historias y Japón, que está en la otra parte del mundo.

¿Hubo más historias, o tuviste claro que iban a ser estas tres?

Guillermo: Hubo más ideas, pero al final elegimos estas tres porque también están en el panorama de actualidad. La migración africana y los desahucios en España son dos temas bastante habituales en los medios. El tema de Japón quizá es de menos actualidad, pero ya llevan desde los años ochenta con esa concepción del trabajo agresivo.

Quizá también es interesante precisamente por ser menos conocido.

Guillermo: Efectivamente.

¿Y cómo es el proceso de escritura? ¿Escribes todo el guión y luego mandas al equipo a los distintos lugares donde suceden las historias?

Guillermo: Realmente, tras haber hecho la entrevista a Mujica (cuando ya teníamos el cuerpo de lo que íbamos a contar) surgió la necesidad de darle voz a algo que él dice, y es a que tenemos que razonar como especie. ¿Qué mejor manera que reflejar eso a través del mundo en el que vivimos, que es enorme y amplio?

En este caso tuvimos además la suerte de contar con profesionales del medio, con espléndidos directores de fotografía que desarrollan su trabajo en lugares distintos a los que nosotros trabajamos, y les ofrecimos la visión que teníamos para este proyecto, el punto de partida suficiente para que luego ellos hicieran suyo ese mundo y aportaran su propia visión, que hablaran del frágil equilibrio en esos lugares donde viven ellos, pero todos alineados con el mensaje común del proyecto.

Ese mensaje en común, por tanto, nace a partir de la escaleta que surge al desglosar el discurso de Mujica. 

Guilermo: Eso es.

Al ver el documental se nota que tiene un cuidado trabajo visual, más parecido al que se puede ver en una ficción que en un documental, lo que aporta un plus al desarrollo de las historias, potencia el guión en cierto modo. ¿Cómo estructurasteis la parte narrativa y la visual para que fueran complementarias?

Guillermo: Yo tenía un aliado muy claro, Pablo Bürmann, un cineasta amante de la imagen plástica, hermosa, y creo que los dos íbamos buscando historias con ansia, que son difíciles de contar, y gracias a él pudimos contarlas también visualmente de una manera honesta y consecuente con la manera que queríamos contar desde el propio guión. ¿Por qué no hablar de un tipo que está en una situación decrépita con belleza?

Pablo: Aquí entro yo. Todo el documental se construye una vez que tenemos las imágenes de Mujica. Es ahí cuando nos damos cuenta que tenemos la columna central del documental. Normalmente los documentales se construyen a partir de una idea, pero aquí no. Aquí de repente teníamos una entrevista de tres horas con un señor que es casi como un Don Quijote que quiere cambiar un mundo imposible de cambiar. ¿Qué podemos contar nosotros para apoyar lo que está diciendo? Pues bien, tres historias en tres partes del mundo diferentes que sirven de ejemplo. Y para que fueran un buen ejemplo, había que contar las historias de la manera más real posible, con colorimetría diferente, para explicar a la gente que al final cada uno vive su historia pero a veces no nos damos cuenta de lo que sucede en otros mundos. Solo nos vemos el ombligo a nosotros mismos. Por ello, se trataba de explicar de la manera más real posible para que el espectador se lo creyera, y para poder lanzar la siguiente pregunta. ¿Vamos por buen camino, estamos avanzando como queremos? El caso de Tokio es muy claro. ¿Realmente quiero que mi hijo tenga muchas carreras para que solo sepa trabajar? O en África, la pregunta sería si realmente quiero que mi hijo salte la valla para llegar a una Europa rancia, antigua.

Así, planteamos varias preguntas y dejamos la respuesta abierta.

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Cartel promocional del documental

Suponemos que al hablar de lo que estáis hablando, que es escribir la realidad en cierto modo, hay algo que no se puede hacer si no es a posteriori. 

Guillermo: Sí, sin duda en montaje se han articulado ciertas cosas que se rodaron con un propósito diferente, pero nos aportan mucho. A lo mejor Alejandro Suárez ha rodado una cosa en Hong Kong con una idea y quizá Raquel Gallego ha encontrado esa misma idea en Los Ángeles contada de manera diferente, y es en montaje donde se establece esa relación. Ahí también se van construyendo cosas nuevas.

Alejandro: Yo creo que se trataba de eso precisamente. Cuando me contasteis un poco la historia yo estaba en Hong Kong, en mi caso particular muy apasionado por un lugar tan diferente, y lo interpreté pensando en que esta historia sobre todo iba a aportar contraste, es lo que sentía. Cada uno hizo la historia suya en cierto modo, porque al final es algo muy humano, y en este caso estamos hablando precisamente de seres humanos en diferentes partes del mundo, de cómo vivimos. En cierto modo, por tanto, lo que hice fue buscar gente que representara a nivel cultural, social y racial el contraste. Esto es lo que me motivó, las diferencias entre la gente que vive en la calle y luego la gente de las finanzas, los trajes. Esto es algo que ves a diario allí. La verdad que para mí fue muy fácil, me inspiraba.

Guillermo: A mí también me parece muy interesante cómo el mensaje ha permeado en cada uno de ellos de manera distinta incluso por lo que respecta a la forma de rodar. Por ejemplo Alejandro ha rodado a su manera, y Raquel incluso creó una steady.

Raquel: Para mí no solo era retratar Los Ángeles, sino Estados Unidos en general. A mí me llegó un guión y el discurso de Mujica, entonces en función de eso me junté con un grupo en Los Ángeles y empezamos a pensar cómo se podía retratar la sociedad norteamericana. Su capitalismo, su consumismo, el contraste entre la gente más rica y la más pobre. ¿Cómo se podía conseguir esto en una ciudad como Los Ángeles, donde todo el mundo está rodando? Nosotros nos metimos dentro de una furgoneta, y rodamos mucho desde ahí dentro, y ahí fuimos articulando nuestra parte de la historia. Entonces, a partir de un guión y de ciertas pautas, buscamos la historia.

Que al final eran las mismas pautas para todos, lo que ayudaba a crear historias diferentes a partir de un mismo punto de origen.

Guillermo: Sí, porque de eso se trataba, de buscar elementos comunes en todas las historias. Recuerdo buscar planos de zapatos en todas las historias. Zapatos en distintos lugares cuentan cosas, es como una transición de los distintos lugares.

Por tanto, hay varios procesos de reescritura que surgen ya con el guión acabado.

Guillermo: Sí, incluso durante el montaje hay reescritura. En el caso de la primera reescritura surgió a partir del momento en el que vimos las primeras escenas, puesto que ahí podías empezar a pedir a los distintos equipos ciertos elementos, como los zapatos por ejemplo. Y luego a un nivel más plástico podías pedir puertas, vallas, texturas incluso. Las colmenas de Hong Kong o los rascacielos de Los Ángeles. Incido mucho en el tema técnico, porque por ejemplo Raquel tuvo que rodar a su propia manera.

Raquel: Es que en Los Ángeles en seguida necesitas permisos para rodar. Entonces, las opciones eran o cámara en mano, que no es algo muy cinematográfico para rodar este tipo de proyectos, y que además yo ya había visto un tráiler que había rodado Pablo, o rodar dentro de una furgoneta. Con un trípode y una steady cam empezamos a rodar imágenes en movimiento desde dentro de una furgoneta.

Guillermo: Lo que permitió rodar de una manera que ninguna de las otras historias tiene. La técnica, por tanto, aporta mucho por lo que respecta a la narrativa.

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Y siendo un documental, más todavía. 

Guillermo: Exacto. Recuerdo estar hablando con Pablo largo y tendido sobre las pautas que íbamos a seguir en cada historia para rodar. La mayor duda nos surgía con España. Sabíamos que íbamos a estar en lugares de mucho movimiento, y eso ya nos limitaba la forma de rodar.

Pablo: La colorimetría de las tres historias es muy sencilla. Tokio, que vemos como la punta de lanza junto con China por lo que respecta a tecnología, es electrónica, es metal, es incolor. Es un poco Blade Runner, es algo poco saturado, poco humano. Ahora todo el mundo queremos un poco esto, un coche que nos hable, un móvil que haga de todo.

Luego está España, que es Europa, y representa esa cosa rancia, antigua y verdosa, que ya huele a comida pasada, que se tiene que reinventar. Y luego estaba África, con toda esa gente que quiere salir de un continente por todos los problemas que tienen pero en el que realmente está la vida. Allí las personas viven, tienen esos colores del fuego, de la tierra. Representa lo cálido, lo hogareño.

Por tanto, jugamos con esos tres matices, que son casi parte del guión y que también cuentan. En este caso, lo que cuentan, claramente, es que África es la vida. Ni la tecnología, ni el dinero. La vida es vivirla, sentirla. Tu familia, tu gente. Pasar ochenta años lo mejor que sabes y dejar la Tierra lo mejor posible para que lo vivan los demás.

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Algunos de los cines donde se proyectará, desde hoy, Frágil Equilibrio

Las imágenes, por tanto, juegan completamente a favor para potenciar el guión. 

Guillermo: Totalmente. Pablo tenía las ideas muy claras de lo que es su frágil equilibrio. Y eso lo ha visto siempre, cómo contar cada historia y cada personaje. Creo que es un documental con voluntad de utilizar los recursos audiovisuales al máximo. Del mismo modo que las imágenes, por ejemplo, la música también potencia la sensación de cada historia.

Y bueno, con eso jugamos, con ciertas ideas que teníamos claras y que se fueron construyendo.

Pablo: Cuando queríamos hacer la entrevista a Mujica, pensábamos que ese iba a ser el documental. Pero de repente llegó Mujica, dijo lo que dijo, y recuerdo que vino Guillermo y me dijo que lo que teníamos delante era mucho mas gordo de lo que pensábamos. No podíamos dejar que nunca nadie se fuera acordar de un hombre que dice verdades como puños. Que lo queramos reconocer o no, es otra cosa. Así que ahí nos lanzamos, a hacer algo muy cinematográfico, algo que pudiera marcar al máximo número de personas para dejar nuestro granito de arena e intentar tambalear las concepciones de los que lo vieran.

Guillermo: Nosotros, que somos amantes del cine y que creemos firmemente en este medio para contar historias, teníamos que hacerlo así. El discurso de Mujica está disponible en Internet, ahí lo tienes. Y creo que lo bonito de este documental es que refleja que el discurso de Mujica está presente en todos los lugares. Nosotros amamos el mundo en el que vivimos, y queremos tratarlo con cariño, con amor. Eso son las imágenes del documental, su forma, más allá de su contenido.


GOYA 2017: ENTREVISTA CON ALBERTO VÁZQUEZ Y PEDRO RIVERO

27 enero, 2017

Entrevista y Fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea.

A falta de pocos días para una nueva edición de los premios Goya, hoy publicamos la doble entrevista con Alberto Vázquez y Pedro Rivero, los guionistas que hay detrás de Psiconautas, los niños olvidados. Tras cosechar diversas nominaciones, el largometraje aspira ahora al Goya a Mejor Película de Animación. Con Alberto y Pedro pudimos estar en la última edición de SEMINCI, donde hablamos con ellos sobre el proceso de adaptación en la animación, las diferencias y similitudes existentes entre la animación y el cómic y las peculiaridades del guión de la película.

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A la izquierda, Pedro Rivero. A la derecha, Alberto Vázquez.

El largometraje surge como adaptación a la novela gráfica homónima. ¿Cómo es este proceso?

Alberto: Bueno, efectivamente todo esto surge de un cómic, que hice hará unos once años, ya. El cómic se publicó en España, y tuvo cierta repercusión, pero ahí quedó la cosa. Entonces me escribió Pedro un mail diciéndome que le había gustado el cómic, y que estaría bien adaptarlo a un largometraje.

Sabíamos la dificultad que tendríamos al intentar conseguir financiación para llevar a cabo una película que no era comercial, que digamos: es animación de fantasía para adultos. Así que lo que hicimos fue un cortometraje, que llevó el título de BirdboyEn este cortometraje contábamos con los mismos personajes principales, y ya de esta manera, si no conseguíamos la financiación para el largometraje, al menos habíamos hecho un proyecto cerrado, un corto de animación.

Y bueno, el cortometraje fue bien. Ganamos varios premios, entre ellos el Goya de Animación. Pero aún así tuvieron que pasar unos años más para que el largometraje pudiera ver la luz. En total, fue un proceso de siete, ocho años.

Bueno, al final el proceso ha tenido sus frutos, puesto que habéis conseguido estar nominados al Goya y a mejor película Europea.

Pedro: De animación, de animación…

Alberto: Como si fuera poco…

Pedro y Alberto ríen. 

Por lo que respecta al puro proceso de adaptación, ¿decidís crear una historia de cero para el largometraje o respetáis universo y personajes de la novela?

Pedro: Desde el primer momento que decidimos hacer la adaptación vimos que la novela tenía una historia bastante sólida por lo que se refiere a los protagonistas, pero necesitábamos ampliar las líneas argumentales, y en algún caso darle más background a los personajes.

De algún modo podemos considerarnos afortunados, porque todo el tiempo que tardamos en conseguir que la película se pudiera hacer nos permitió pensar con bastante calma sobre la mejor manera de hacer la adaptación. De hecho, casi hasta el último momento (incluso mientras hacíamos la película) tomamos decisiones para ajustar de la mejor manera posible la adaptación sin traicionar en ningún momento el original. Aunque bueno, eso no era un problema para Alberto, puesto que desde el primer momento él se mostró abierto a cualquier cambio hasta el punto que casi era yo más inmovilista que él. En ese sentido, por tanto, estuvimos barajando las distintas posibilidades hasta el último momento.

También hay que tener en cuenta que son dos lenguajes diferentes. Por más que sean similares, son diferentes, y algo que vimos desde el principio era que si bien el cómic era bastante duro en algunos momentos, esa misma impresión no se hacía tan digerible en la película. Por tanto, buscamos de qué manera podíamos expresar lo mismo sin que por ello fuese una patada en el espectador.

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Y, aún así, la película sigue claramente la línea que marca la novela gráfica por lo que respecta a dureza.

Alberto: Sí. En realidad la película es bastante respetuosa con el cómic, diría yo. En ambos casos la historia es bastante coral. Hay unos personajes que son los que llevan el peso de la historia, pero en realidad se van contando microhistorias a lo largo del proceso. Pues bien, lo que hicimos fue mantener esas microhistorias y hacer más tramas con más personajes. Hay un montón de personajes, como los hermanos rata, por ejemplo, que son nuevos.

Pero las demás cosas se mantienen. Digamos que se le metieron unos cuarenta minutos más a la historia.

La escritura de cómic puede llegar a tener ciertas semejanzas con la escritura de guión, pero suponemos que al pasar de imagen fija a movimiento ese mismo proceso ya os invitaba a crear nuevas tramas. Cosas que paradas podían no quedar tan vistosas, en un largometraje podían quedar mejor reflejadas. 

Alberto: Con lo que tienes que tener más cuidado al trasladar un cómic al lenguaje audiovisual es con la elipsis. En el cómic la elipsis temporal es el principal recurso estilístico. En cambio en animación no puedes hacer cortes donde te apetezca. Aún así, es cierto que en la película los hacemos bastante. Creo que al final es como un híbrido. Es un producto de animación cinematográfico, sí, pero tiene un pie bastante claro que proviene de la narrativa del cómic. Siempre quisimos mantenerlo así, la verdad.

Pedro: Ni se trataba de teclear algo completamente nuevo, ni de quedarnos simplemente en lo que había. Se trataba más bien de profundizar en lo que ya había, y eso nos permitía detenernos a explorar algunas tramas. Pero digamos que todo lo que hay, de algún modo, ya estaba en el cómic. Hemos amplificado y profundizado, pero prácticamente todo ya estaba señalado, aunque fuese de un modo muy inicial.

Suponemos que si bien las tramas podían no estar tan claras en el proceso de adaptación, los temas sí que los habéis respetado y estaban claros, ¿no?

Alberto: Sí, sin duda. Y aún se han abierto más temas.

Pedro: Quizá hemos añadido algún punto de vista, o hemos ampliado la reflexión presente sobre la catástrofe ecológica. En la película tiene un tratamiento más amplio del que podía haber en el cómic.

Alberto: La metáfora de la araña, por ejemplo, es algo completamente nuevo. Y lo mismo con otros personajes.

El largometraje presenta un universo muy complejo y definido. ¿Hasta qué punto se define esto en un guión de animación? ¿Os recreáis en cada detalle desde la misma escritura?

Alberto: Bueno, el dibujo es un lenguaje en sí mismo, y por tanto tiene su propia forma de pensar. Al trabajar con el dibujo este mismo te va dando ideas de cómo abrir tramas, de cómo crear los espacios. Muchas veces, si estábamos bloqueados, se hacían unos dibujos de las basuras, por ejemplo, y a partir de ahí podías seguir un mapa en el camino de la historia.

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Por tanto, el proceso narrativo parte en cierto modo del mismo dibujo.

Pedro: Digamos que la estructura básica de la historia ya la teníamos más o menos construida, y una vez Alberto se puso a trabajar en el story board las propias imágenes que fueron surgiendo fueron añadiendo ideas a lo que ya teníamos del guión. Incluso algunos dibujos nos permitieron ver que al transformar lo escrito en imágenes no funcionaba tan bien como la hacía en el guión. En esos casos había que continuar por otros caminos. Así que sí, el guión de animación se alimenta bastante del lenguaje audiovisual.

Alberto: Sí, yo creo que el guión de animación está en un equilibrio, a veces, arriesgado, porque entre escenas puede haber saltos muy fuertes a nivel emocional. Hay escenas que son cómicas y acto seguido viene una dramática, luego una violenta… estás todo el rato jugando a un equilibrio frágil. Aunque bien, nuestra idea era explotar esta vía.

Pedro: Digamos que tenemos a dos protagonistas cuyos caminos van en paralelo la mayor parte de la película. Entonces, cómo mantener la tensión en ambas historias sin que ninguna de las dos tramas decayera era uno de nuestros mayores retos. Así, cada vez que volvíamos a otro personaje queríamos sentir que estábamos contando algo importante.

Por otra parte, lo que hicimos con las nuevas tramas que añadimos era que ninguna diera la sensación de que se alejaba demasiado del resto del universo, que no salías de un sitio para meterte en otro sitio… Y esto es algo que fuimos trabajando cuando el proceso de animación ya estaba en marcha, por lo que el proceso narrativo partía en cierto modo del dibujo.

Por lo que decís, parece que no habéis seguido un proceso marcado por etapas: sinopsis, escaleta… 

Alberto: No, el proceso de escritura ha sido bastante libre, la verdad.

Pedro: Al principio sí que seguimos un camino más habitual, pero en el momento en el que Alberto empezó a dibujar todo cambió, porque lo que te guía ya no son solo las palabras, las ideas. Ya lo estás visualizando. Esas imágenes te construyen la película.

Alberto: También nos cargamos escenas que estaban prácticamente dibujadas, porque en el conjunto no quedaban del todo bien. Es doloroso, pero…

Pedro: Pero creamos otras nuevas.

Lo que sí que habéis trabajado bastante, parece, es la unidad temática desde la secuencia. Que cada una aportara algo nuevo, y que a la vez hablara sobre el tema de la película.

Alberto: Sin duda.

Pedro: Diría que era eso lo que perseguíamos. Realmente tuvimos algunas dudas puntuales con ciertas secuencias, y nos las cargábamos si veíamos que no aportaban un plus a la línea narrativa.

Alberto: Luego sí que trabajamos mucho el final para que esas últimas secuencias le dieran la unidad al conjunto. Pero apostamos fuerte por el concepto de película coral, por más dudas que tuviéramos en ciertos momentos. Apostamos por lo que nos pedía la historia. Sabíamos que era un guión un tanto atípico, con sus cosas buenas y malas, pero al final tienes que apostar por algo, y en este caso, quizá por esa apuesta, la película acaba con una personalidad muy marcada.

Al final esa misma apuesta, aunque sea coral, acaba dando coherencia, porque os quedáis firmes con vuestra propuesta desde la primera hasta la última secuencia.

Alberto: Sí, sin duda. Nos hubiera gustado más tiempo, eso sí. Pero al final era una película de bajo presupuesto, por lo que no teníamos más. Pero nos hubiera gustado dedicarle más tiempo a la preproducción.

Pero oye, viéndolo hacia atrás, diría que la valoración es que hicimos una película con pocos medios que ha quedado bien, y que creo que es honesta con lo que ofrece: una película de fantasía con puntos sociales intimistas, con un imaginario propio que juega a pervertir las fábulas.

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Quizá, precisamente porque la película dura 70 minutos (aunque sea debido a la falta de presupuesto), esto os ha permitido mantener esa unidad temática, que todo apunte en la misma dirección. 

Pedro: Es cierto, de hecho, que en un momento dado sí que tuvimos la tentación de alargar una subtrama, pero como no teníamos la oportunidad por presupuesto no lo hicimos finalmente. Pues, viéndolo con perspectiva, la película tampoco lo necesita. ¿Podría ser un añadido? Sí, pero mi sensación es que al ver la película no se echa en falta nada en concreto.

Alberto: Hay una corriente en el cine de animación de hacer películas tirando a cortas. Me imagino que es porque cuesta mucho hacer animación. ¿Pero por qué tiene que haber películas de 120 minutos? A veces no es necesario.

Pedro: Bueno, es cierto que te puedes plantear que 70 minutos pueden ser pocos para una película que pueda tener recorrido en cines, pero a nivel narrativo a veces no hace falta más.

Alberto: El tiempo del espectador es muy importante. No hay que hacérselo perder. Honestamente, esta película creo que no daba para mucho más minutaje. Y siempre es mejor que una película deje con ganas de más, que de menos.

Pedro:  Ahí está el ejemplo de Ma vie de Courgetteque tiene 65 minutos.

Alberto: Con créditos incluidos. Un capítulo de serie.

Pedro: Pues ahí está, nominada a un Óscar… Todo es posible en el cine.

 


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