ALBERTO ORDAZ: “LA CIENCIA FICCIÓN ES UN INSTRUMENTO MARAVILLOSO PARA HABLAR SOBRE LOS DEMONIOS INTERNOS DEL SER HUMANO”

12 enero, 2017

Entrevista y Fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea.

Muchos guionistas y cineastas apuestan por el cortometraje como pieza audiovisual para dar sus primeros pasos. Su menor duración y coste de producción permiten explorar ideas que, eso sí, pueden derivar más tarde en largometrajes. Este es el caso del mexicano Alberto Ordaz, guionista y director de H.H.L.cortometraje que, tras pasar por Sitges 2016 y ganar en el festival Internacional de Cine Mórbido, ha recibido diversas tentativas por parte de Netflix y Sony para desarrollar el proyecto hasta convertirlo en un largometraje. Con él hablamos en Sitges sobre las claves y origen del proyecto inicial.

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¿Cómo surge la idea inicial de H.H.L.?

En un primer momento me planteé desarrollar un triángulo amoroso entre tres niños punks, nada que ver con lo que acabó siendo en realidad. El problema de esta idea es que no me llenaba, porque la ubicaba en el México actual con los problemas actuales, cosa que ahora mismo todo el mundo está contando. Por tanto, y partiendo de la base de que yo quería hacer ciencia ficción y terror, me planteé trasladarlo a una realidad que no existe, o que podría existir en un futuro. ¿Por qué manejar marihuana o cocaína si puedo inventar mi propia droga?

Por tanto, fue el triángulo amoroso lo que desarrolló el universo, y fue el universo el que desarrolló aquello sobre lo que de verdad quería hablar. La idea de “el hombre contra el hombre”, pasar por encima de quien sea y lo de que sea para conseguir lo que quieres. De hecho, en un primer momento quería que los dos protagonistas fueran gemelos para que se comieran su propio reflejo.

Parece que en tu caso está muy clara la temática que querías tratar.

Sí. El hombre es un lobo para el hombre, sería. El monstruo más grande es él mismo. Creo que en todo lo que he escrito y estoy escribiendo los conflictos internos son lo más importante. No hay monstruos, solo el monstruo humano.

Pero por más que lo ubiques en un México futuro, es indudable que tratas el conflicto de las drogas, algo que está presente en la sociedad mexicana actual. ¿Es una manera de alejarse del presente para hablar de él?

Sí, y es también hablar de una sociedad completa, ya no solo de México. Si os fijáis, en el cortometraje se deja intuir que hay gente que quiere pasar las fronteras, que quiere abandonar la sociedad en la que viven. También hay sectores, y la sociedad, en función de su clase, vive en uno u otro. La gente más pobre vive en el sector 4 y 5, que es donde viven los protagonistas de esta historia. De ahí la oleada de secuestros, que solo pasan en los sectores 4 y 5. Algo que menciono poco en las entrevistas es que detrás de H.H.L. está la crítica al separatismo y a las fronteras de la política actual.

¿Cómo encuentras el punto medio para que todo este universo, esta crítica, no se coma la trama del cortometraje?

El punto medio lo encontré dando pequeñas pistas de la situación sin llegar a ahondar en ninguna de ella. No me metí de lleno en nada, lo mencionaba un poco, casi de pasada. Por ejemplo, te enteras del funcionamiento de la sociedad no solo por lo que dicen los personajes, sino por lo que ves, por lo que se dice en las noticias. Quise manejarlo así, como un agente externo que sabes que está ahí, que sabes que está pasando, pero que no le interesa a los personajes porque ya es su modo de vida.

¿Por más que sea un futuro distópico el que planteas, te bases en experiencias cercanas a ti para escribir?

Sí, y esto es algo que se ve de manera más clara en mi primer cortometraje. En este caso, os diría que no hay personajes que he conocido personalmente, pero sí que veo cómo son las personas del México actual y creo que retrato un poco la mentalidad del cangrejo. Esto es, que si alguien está saliendo de su caparazón lo jalo para que no salga. ¿Por qué va a salir y yo no? Os diría que esto no es algo que vea en una persona, es algo que veo en la sociedad entera, al menos, de manera bastante común.

Así, mi inspiración viene en la actualidad de la sociedad mexicana.

¿Cómo es el proceso de reescritura para que de un triángulo amoroso acabes haciendo un cortometraje de crítica social ubicado en un mundo de ciencia ficción?

Pasé por muchísimas fases de reescritura, la verdad. En cada fase lo que hacía era ver qué querían los personajes, qué necesitaban y anhelaban. Así, poco a poco me di cuenta que el protagonista y el antagonista querían lo mismo: pasar por encima de los demás. Son seres despiadados, no les importa nada, ni siquiera su hermano o su novia. El antagonista busca su placer.

Para llegar a la buena idea el proceso más importante fue el de desechar y reescribir. Y a partir de ahí, estructurar y reestructurar hasta que llegué a algo que me llenó por completo, al menos a mí.

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¿Sigues algún procedimiento de escritura?

No, soy bastante caótico. De hecho lo primero que hago es sentarme y empezar a escribir todo el guión, todo lo que se me viene a la mente. A partir de ahí sí que empiezo a estructurar. Personalmente, la escaleta antes de desarrollar una primera versión de guión nunca me ha funcionado. Solo cuando tengo la idea inicial desarrollada, y veo las cosas que me surgen, puedo empezar a escalera.

¿Te planteas una fase de reescritura en H.H.L. para conseguir que todas las escenas tengan el mismo núcleo temático?

Sí. En realidad, siempre empiezo con una idea visual, y a partir de ella encuentro ese núcleo temático. El núcleo, las escenas más fuertes, se va formando, y de ahí surgen solas las escenas menos, por decirlo de alguna manera, esenciales. A mí, al menos, me funciona así.

Las mejores historias son las que cobran vida solas, sin necesidad de que las estructures desde su inicio. No creo que ningún guionista tenga todas las respuestas de su historia cuando empieza a escribir. Los personajes te marcan el camino. Poco a poco te vas dando cuenta de qué sienten, cómo son… En un momento, el guión deja de ser algo tuyo para convertirse en un ente que vive solo. Tú crees que lo controlas, pero es él solito el que va encontrando su camino.

También creo que tiene mucho que ver el hecho de que yo no soy de escuela. Este es el cuarto guión que escribo y el segundo que filmo, pero no he estudiado en una escuela. No soy de punto y coma, de seguir un proceso, y supongo que por el hecho de que a mí no me han enseñado nada mi proceso de escritura es más libre.

Pero tendrás referentes.

¿De películas, o de referentes de guionistas?

De lo que utilices para escribir.

Me encanta meter tributos al cine que me ha marcado. Soy un niño que creció viendo cine de los ochenta y noventa, y tengo muy cerca Hollywood por mi situación geográfica. Conforme fui creciendo empecé a ver cine más europeo. Por ejemplo, soy muy fan de Tarkovsky. Me encanta Álex de La Iglesia, Luc Besson, Fellini… Pero sobre todo crecí con cine de los ochenta. En México había algo que se llamaba cine de permanencia voluntaria que hacía ciclos de cine gringo en televisión abierta desde las cuatro de la tarde hasta las doce de la noche, así de corrido. De repente, todo Karate Kid. Todo Robocop. Por tanto, sería absurdo negar que mis referencias son aquellas con las que he crecido.

En H.H.L., por ejemplo, se escucha a través de una radio el famoso sonido de Encuentros en la Tercera Fase, las cervezas que toman son las que utiliza Robert Rodríguez, los cigarrillos los que utiliza Tarantino. Intento meter ese tipo de cosas que me gustan.

Por tanto, me gusta meter elementos que, si bien no son determinantes en el motor narrativo de las historias, sí que creo que captan la esencia de esas películas.

¿Y para próximos proyectos?

Intento ver aquello sobre lo que quiero hablar realmente antes de ponerme a escribir. Por ejemplo, estoy desarrollando un largometraje sobre fantasmas que realmente profundiza en un conflicto sobre identidad sexual. Y para desarrollar esto partí de la base de Frankenstein. 

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Podríamos decir que, para ti, la ciencia ficción es tu modo de hablar sobre la realidad que te rodea.

Sí, como os decía antes. La ciencia ficción es un instrumento maravilloso para hablar sobre los demonios internos del ser humano. Ya que el ser humano es el peor monstruo que existe sobre la faz de la Tierra, ¿por qué no explotarlo?

 

 

 

 


CUATRO LECCIONES DE ESCRITURA QUE RECIBÍ CUANDO ERA NIÑO SIN SABER QUE LAS ESTABA RECIBIENDO.

9 marzo, 2016

Por Juanjo Ramírez Mascaró.

De un tiempo a esta parte me vienen a la cabeza algunas anécdotas de la niñez. Es interesante recuperar esos recuerdos ya en la edad adulta. Te sorprendes a ti mismo pasando la magia de aquellos tiempos por ese tamiz analítico que llevamos incorporado quienes a estas alturas, más que vivir y disfrutar de dicha magia, hemos aprendido a enlatarla y a ponerle un precio.

Siempre me ha resultado muy cargante ese vertedero de lugares comunes, ese “reivindicar el regreso a la infancia”. Me parece un concepto demasiado ñoño, demasiado trillado. Pero por mucho que me escueza, un artista sin conciencia de su infancia es como un árbol sin raíces.

He seleccionado una de esas anécdotas, que vista a posteriori me deja tres o cuatro enseñanzas. Ese tipo de enseñanzas que te llegan como por providencia divina, sin que ningún maestro te las recite directamente.

EL DÍA QUE LA TELE ME HABLÓ.

No sé cuántos años tendría. Supongo que menos de diez. Estábamos mi hermana y yo solos en la sala de estar, viendo Barrio Sésamo. Y de repente…

… de repente…

Apareció Blas en la tele y nos habló.

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Blas

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¡Se dirigía directamente a nosotros! Su voz y su mirada atravesaban la pantalla. Incluso nos preguntaba cosas y reaccionaba a nuestras respuestas.

Imaginad el ridículo que hice al día siguiente en el colegio cuando se lo conté a mis amigos. Si hasta yo sabía que aquello era absurdo, pero no podía ser una alucinación o un sueño, ¡porque mi hermana también lo había presenciado! Joder, si incluso hubo un momento en que le preguntó el nombre a mi hermana y cuando ella le contestó, me lo preguntó también a mí.

Nos pasamos varios minutos intentando ayudar a Blas, que estaba buscando a Epi y no conseguía encontrarlo. De vez en cuando, Epi pasaba por detrás de Blas. Mi hermana y yo lo señalábamos como locos y gritábamos: “¡Ahí! ¡Ahí está!” Blas nos hacía caso y se giraba a toda prisa pero en cuanto lo hacía, Epi había vuelto a desaparecer.

¡El cabrón de Epi era demasiado rápido!

Nosotros le decíamos a Blas por dónde se había ido su amigo y él salía del plano para buscarle. Entonces regresaba Epi, se acercaba a la pantalla de nuestra tele y se llevaba el dedo a los labios, pidiéndonos silencio. Quería que fuésemos sus cómplices.

Fue maravilloso.

Años más tarde, con la credulidad ya encallecida y un par de nociones rudimentarias sobre narrativa, deduje qué nos había pasado aquel día. Habíamos sido víctimas de una de las triquiñuelas más recurrentes del guiñol, pero adaptada al medio televisivo.

Hace poco, para corroborarlo, me puse a buscar ese sketch concreto en la web. Cuando lo encontré, mis sospechas se convirtieron en certezas:

Evidentemente, el truco era tan sencillo como magistral: Las marionetas hablaban para acto seguido callarse y mirar a cámara en esos silencios diseñados para que el niño respondiera.

Parece fácil, pero no lo es. Para que algo así funcione en televisión tienes que conocer muy bien a tu público. Lo que hicieron con ese sketch de Epi y Blas es casi de mentalista. Tienes que conocer muy bien los resortes que activan a los críos, adelantarte a lo que les va a nacer contestar ante cada pregunta, saber plantear la situación de manera suficientemente clara para conseguir reacciones inmediatas y viscerales ante todo lo que va a suceder.

De ese modo, Jim Henson y su troupe lograron hacer televisión interactiva mucho antes de que existiese la infraestructura tecnológica necesaria para hacerla. Sólo necesitaron un fondo neutro, dos marionetas de trapo y un montón de talento.

¿Qué enseñanzas extraigo de esto ahora que me dedico a contar historias? La primera es ésa que citaba más arriba: Conoce a tu público.

Pero voy más allá:

A veces no basta con conocerlo. Si te limitas a conocerlo y caminar a su ritmo, harás cosas correctas, pero no harás cosas brillantes. Si de verdad quieres agarrarte a la memoria del público como una sanguijuela, también tienes que arriesgarte. Si a los artífices de Barrio Sésamo no les hubiese salido bien el experimento, si los niños no hubiesen entrado al trapo, imaginad el ridículo, se habrían quedado en evidencia, como un mago al que el conejo se le ha cagado en la chistera, como cuando alzamos la mano para saludar a alguien y descubrimos demasiado tarde que no nos estaba saludando a nosotros.

Pensemos, por ejemplo, en géneros como el thriller, el terror o la comedia pura y dura. A veces compensa correr el riesgo de intentar engatusar al espectador y sembrar la trama de trampas para que pueda caer en ellas. Si el espectador se huele nuestros ardides antes de tiempo, quedaremos en evidencia… pero nadie dijo que ser Shyamalan fuese fácil.

Volviendo a ver el sketch de Epi y Blas recientemente he obtenido una tercera enseñanza: Incluso cuando empecé a suponer, con el paso de los años, que habíamos sido víctimas de ese truco, una parte de mí se resistía a aceptarlo… porque recordaba perfectamente a mi hermana diciéndole a Blas, “Me llamo Ana” y al muñeco respondiendo: “Ana, qué nombre más bonito”. Ahora regreso a Derry, revisito el sketch y descubro que Blas nunca dijo eso. Así pues, tercera enseñanza: No tenemos apenas control sobre la percepción y la memoria del público. Lo que recuerde cada espectador de tu peli, lo que encuentre en ella… dependerá de factores ajenos a tu buen o mal hacer, y se distorsionará de un día para otro.

Por último (y aún más importante) una cuarta enseñanza: Gracias a Jim Henson y su equipo, aquel niño que yo era siguió creyendo en la magia durante más tiempo que otros niños. El día que dejé de creer en los reyes magos, todavía seguía creyendo en Epi y Blas.

De hecho, el adulto que soy, de algún modo, también sigue creyendo en la magia.

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El FesTVal de Vitoria

9 septiembre, 2011

Por Guionista Hastiado

La semana pasada tuvo lugar la tercera edición del Festival de Radio y Televisión de Vitoria, un evento que en tan poco tiempo se ha convertido en un referente para la industria televisiva nacional. Parte del éxito se debe a una adecuada mezcla de estrenos, ruedas de prensa, actuaciones, charlas y mesas redondas, que ofrecen un apretado calendario con el que es imposible aburrirse. Yo estuve allí desde el jueves por la noche, y me he traído un montón de buenas impresiones que paso a resumirles.

Estrenos, premieres, eventos, avances…

“Homicidios”

Eduardo Noriega, en la alfombra naranja del festival

Se estrenó el capítulo piloto de esta nueva serie de Telecinco. Una acogida algo fría para un producto bien ejecutado, con algunas buenas ideas de guión y con una factura más que notable. Mis dudas planean sobre la labor de Noriega, poco cálido en el difícil papel de un psicólogo experto en asesinos en serie. El capítulo no me enganchaba al principio, aunque va mejorando a lo largo del metraje, así que habrá que esperar a las siguientes entregas para hacerse una idea de por dónde irán los tiros. Personalmente abomino de la manía de coger a jovencitos y jovencitas guapísimos y jovencísimos para interpretar a duros policías. Me cantó un poco también que al protagonista lo llamaran “Sóller”, que suena exactamente igual que “Sawyer”. ¿Qué necesidad?

“El Barco”

Primer capítulo de la segunda temporada, aque ayer jueves se estrenó en televisión, seguro que con buena audiencia. Vuelve la serie de Globomedia con más fuerza que nunca, con un capítulo pantagruélico donde parece imposible que sucedan más cosas. Un ritmo frenético, conflictos potentes y un gran esfuerzo de producción y guión. Además pudimos ver imágenes de lo que depara la segunda temporada, con la aparición estelar de Belén Rueda. A mí personalmente lo que me cuesta más de la serie son  las escenas adolescentes de amor desmedido (pornografía sentimental, que la llamo yo), pero claro, es que uno, además de ser un navarro rancio, ya no tiene 16 años. Éxito asegurado.

“Cheers”

No pude asistir al estreno, aunque recabé algunas opiniones. La sensación general es de corrección, aunque nadie parecía excesivamente impresionado. Un cásting acertado que parece haberse visto algo lastrado por la dirección (de maneras más cinematográficas que televisivas) de Gómez-Pereira. Estuve hablando con alguno de los guionistas de la serie, que me decía que confiaba en que la cosa fuera bien siempre que la cadena tuviera paciencia las primeras sermanas, porque poco a poco los capítulos iban mejorando. Habrá que ver si la apuesta por el remake funciona mejor que con “Las chicas de oro” o “Matrimonio con hijos”, pero yo al menos le daré una oportunidad. Eso sí, cuando se hace una adaptación hay que asumir los riesgos. Como éste que no me resisto a adjuntar por si a alguien se le ha pasado:

Paramount Comedy

La cadena mostró un avance de algunos de sus próximos proyectos. “Chic-as”, una serie de sketchs sobre el universo femenino en cuyos inicios tuve el honor de colaborar hace un tiempo. Cuatro actrices sobresalientes bajo la batuta de Yllana para un producto modesto pero con grandes virtudes. También pudimos ver un avance de “Il Divo”, una divertida serie de Carlos Clavijo que entra en ese grupo de ficciones televisivas que intentan apostar por una comedia diferente a la que llevamos años haciendo en este país (una renovación que sí estamos viendo en otros géneros). Y, por supuesto, también hubo espacio para los cómicos de Paramount, auténticos adalides del monologuismo patrio. El especial “10 cómicos 10 es sin duda el mejor programa de Stand-up nacional que podemos disfrutar ahora mismo.

“El tiempo entre costuras”.

Una de las grandes apuestas de ficción de Antena 3, basada en el best-seller del mismo título. Pudimos ver un par de montajes de unos cinco minutos, en los que era palpable la gran cantidad de medios con los que han contado y una factura sin fisuras. En la rueda de prensa explicaron que han “estirado” el libro con nuevas tramas para poder llegar a hacer 11 capítulos en total. Y por lo visto la autora del libro se ha involucrado directamente en la escritura de los guiones supervisando todo el proceso de escritura, lo que, por qué no decirlo, me llama bastante la atención.

“Gran Hotel”

Los protagonistas de "Gran Hotel"

Mis compañeros de Bambú presentaron su nueva apuesta para Antena 3 con un avance bien empaquetado y muy prometedor, demostrando una vez más que saben hacer las cosas bien. No pude asistir a la rueda de prensa, pero las vibraciones que me han llegado son muy buenas. Hablaron de referentes como “Sherlock” y “Agatha Christie”, aunque las comparaciones con “Downton Abbey” y “Gran Reserva” son inevitables para muchos (una por imagen, otra por temática). Tiene toda la pinta de ser una de las revelaciones de la temporada, como ya lo fueron en su día “Gran Reserva” e “Hispania”.

Encuentro de guionistas “de Turno de Oficio a Gran Reserva”

Mi visita al festival se debía fundamentalmente a mi participación en esta mesa redonda organizada con la ayuda del sindicato ALMA, en la que cuatro guionistas hablamos sobre la evolución de las series españolas en los últimos tiempos. Fue un honor compartir mesa con Alberto Macías, Iván Escobar y Yolanda García Serrano.

Como siempre que un grupo de guionistas se juntan para hablar de la profesión, nos quejamos un poco del mundo y mostramos nuestro deseo de que las series nacionales ganen en calidad dramática y que los procesos creativos se profesionalicen todavía más permitiendo una mayor libertad creativa a los autores, aunque también hubo espacio para la autocrítica y cierto optimismo de cara al futuro. Respecto a temas tabú en la tele, me quedo con dos de los que salieron: la “tele sobre la tele” (por gafe) y la política, como asunto con el que todavía son pocos los que se atreven.

Jornadas “Branducers”

Una sesión maratoniana destinada a debatir sobre el “Branded Content”, una forma de producción audiovisual cuya llegada parece inevitable pero que, por diversos motivos, no acaba de cuajar en España. Básicamente, consiste en que las propias marcas produzcan y financien contenidos y los ofrezcan a las televisiones o medios de distribución. Las jornadas estaban organizadas por Aftershare.tv, productora de Risto Mejide, y, paradójicamente, aunque no se consiguieron resultados concretos, todo el mundo coincidió en que fueron un éxito. Por primera vez alguien colocó cara a cara a marcas importantes (Telefónica, BBVA, Danone…) frente a los responsables de las cadenas y a las productoras, para que discutieran entre ellos (con la moderación de Risto) sobre sus propósitos, sus peticiones y sus reservas acerca del Branded Content.

Yo poco entiendo de estos asuntos, pero lo que me ha llegado es que a las grandes cadenas les cuesta aceptar un cambio de modelo de negocio que, de momento, les funciona bastante bien. Puede que económicamente el “branded content” parezca una buena propuesta, pero ellas creen que perderían el control sobre el producto, algo que consideran irrenunciable. Tiempo al tiempo.

Algunos de los asistentes echaron en falta la opinión de los creadores (los guionistas) y de hecho alguien me comentó la posibilidad de participar en las jornadas del año que viene como ponente. No sé si yo tendría mucho que aportar, pero desde luego me resultaría interesante debatir sobre las posibilidades reales de escribir una serie para Coca Cola, por ejemplo, y convencer a los responsables de la firma de que el resultado no debería ser un truño complaciente y blandengue.

Uno de los ejemplos de “Brand Content” que más entusiasmaron a todo el mundo, fue el caso de “Sólo se vive una vez”, un largometraje de Bollywood en el que Tourespaña decidió invertir para dar a conocer nuestro país en la india. Trata de un grupo de amigos que deciden viajar a la península en la despedida de soltero de uno de ellos. El film se ha convertido en un éxito absoluto de taquilla en su país y ha logrado llevar nuestra imagen a millones de hindús, además de recuperar, con mucho, la inversión inicial. Aquí tienen una interesante entrevista donde hablan de ello.

Hubo muchos otros eventos a los que no pude asistir y de los que no tengo  información de primera mano: el curso de Stand-up comedy, el estreno de la segunda temporada de “La República”, el coloquio surrealista sobre el humor en televisión, el estreno de “El corazón del océano”, el taller de “Museo Coconut”, el interesante espacio “Pilotos”… Casi todos ellos tendrán continuidad en la cuarta edición, que, sinceramente, me gustaría no perderme.

LA GALA

(Actualización, aquí pueden ver la gala completa, si les interesa)

El Festival de Vitoria entrega una serie de premios elegidos por un jurado compuesto únicamente por críticos de televisión. Conocí a varios de ellos y he de decir que me causaron muy buena impresión y que me pareció que tenían una mezcla ponderada entre una visión crítica de la televisión y una atracción indisimulada por un medio que, de hecho, les apasiona. Me parece un acierto de cara a un festival de televisión que la crítica tenga, también, su espacio.

Bueno, de hecho también es un festival de radio, pero ya se ha anunciado que a partir del año que viene este medio se queda fuera, fagocitado por el éxito y la atención mediática que suscita la tele, y que es más que suficiente para sustentar el festival por muchos más años.

La gala empezó tarde, como casi todo en el festival, por culpa de los paseíllos de alfombra en los que había que compensar las largas esperas de las fans. Pero, una vez empezada, todo el mundo se lo pasó muy bien. Sentido del humor, ritmo, y un magnífico presentador al que le cayeron loas de todo el mundo: Luis Larrodera. Ya podían aprender los organizadores de los Goya o de los ATV.

Luis del Olmo recogió uno de los primeros premios y se arrancó a cantar una improvisada ranchera, “Sigo siendo el rey”. A partir de ahí,  varios de los premiados y presentadores, como Matías Prats (“Te quiero vida mía”) o Josep María Mainat, animaron a imitarle, aportando bastante buen rollo y diversión a una gala que ya de por sí funcionaba bastante bien.

Ana Pastor agradeció su premio compartiéndolo con todo su equipo y asegurando que a ella nadie le dice cómo debe hacer su trabajo, y que piensa seguir haciéndolo igual pase lo que pase el 20N.

Los responsables de “La que se avecina” agradecieron el primer premio que recibían después de varios años en antena, y aprovecharon para postularse como ejemplo de que cuando las cadenas tienen paciencia con un producto, éste puede llegar a remontar y a convertirse en un éxito.

También fue el primer premio que recogió desde su estreno el equipo de “Hispania”. Hubo agradecimientos y buenas palabras para las cadenas, los actores, los equipos de rodaje… en fin, para todo el mundo… excepto para el equipo de guión de la serie, del cual, como ustedes saben, yo era responsable. Qué se le va a hacer, los guionistas ya tenemos asumido que nunca nadie se acuerda de nosotros.

Crematorio” se llevó el premio a “lo mejor del año”, en un reconocimiento merecidísimo, en mi opinión, a las intenciones y los resultados de un producto que hasta hace pocos años era inimaginable en la ficción televisiva nacional. Me enteré hace unos días que la van a emitir en La Sexta. Yo no tuve paciencia y me compré el dvd.

También hubo un justo premio para “La mitad invisible”, uno de esos programas de la 2 que casi nadie conoce, pero que destaca por su calidad, su buen humor, y su valor cultural.

Quizá con el único premio que personalmente no comparte es que le dieron a Ana Rosa Quintana (que no deja de ser una profesional con años de experiencia, pero que hace una televisión que ni me interesa, ni me gusta, ni me parece premiable). Y me dejó también algo indiferente el galardón al concurso “Atrapa un millón”, que a mí, ni fu ni fa.

EL FESTIVAL

Si en algo estuvieron de acuerdo todos los asistentes al festival, tanto profesionales como medios de comunicación, es en el magnífico trabajo realizado por la organización. En estos tiempos de crisis es admirable ver cómo los recursos se invierten inteligentemente, y cómo una buena gestión puede lograr magníficos resultados sin necesidad de grandes fastos.

Los invitados al festival fuimos mimados, en el mejor sentido del término. Un hotel excelente, servicios de transporte numerosos y eficientes y, quizá lo más llamativo, todos los días nos llevaban a comer y a cenar a restaurantes que podrían competir sin ruborizarse por una estrella Michelín. En el norte se come bien, todos lo sabemos, y en el festival de Vitoria han querido que todo el mundo se vaya con la sensación de que no hay una ciudad en el mundo donde se coma mejor. Ustedes pensarán que todo esto es puro hedonismo de mercadillo, pero detrás hay una estrategia calculada que ha logrado en pocos años, sencillamente,  que todo el mundo quiera volver. Al fin y al cabo, el éxito de un festival depende, en gran medida, de la afluencia de estrellas y profesionales del medio, y eso de momento ya lo tienen ganado.

Otro de los aspectos más llamativos de las jornadas ha sido la afluencia masiva de fans histéricas a la caza del famoso. Había visto alguna cosa parecida en festivales de cine, pero creo que nunca con tanta intensidad. Las fans (porque eran mayoritariamente chicas, para qué nos vamos a engañar), pasaban días enteros esperando, bajo la lluvia a ratos, cogiendo sitio en primera fila para poder ver de cerca de sus ídolos de la televisión, tanto en las alfombras de los estrenos de las series (“Cheers”, “Homicidios”, “El barco”) como en la entrada del hotel, donde se veía gente apostada a todas horas, incluso de madrugada. He visto ataques de nervios, lloros y gritos histéricos que, les aseguro, se quedarán grabados en mi memoria durante mucho tiempo.

Como metáfora de todo el asunto de la fama, me quedo con una frase que un colega colega monologuista y yo escuchamos cuando, a eso de las cinco de la mañana, llegábamos al hotel. Al ver acercarse un taxi, varias de las “grupis” apostadas se levantaron del suelo esperando encontrarse a algún famoso que compensara tantos sacrificios. Cuando nos vieron bajar del coche, una de ellas exclamó en alto, sin ningún ánimo de disimular su decepción: “apaga la cámara, que no es nadie”.


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