CÓRDOBA: UN VERANO DE GUIÓN

14 julio, 2011

por Sergio Barrejón.

Éste se supone que debería ser un post de autobombo, para venderles a todos ustedes que la última semana de este mes estaré en Córdoba, haciendo asesorías de guión y dando dos charlas monográficas, una sobre recursos en internet para guionistas y otra sobre vías de financiación de una obra audiovisual.

Charla de recursos en Madrid, 13 Junio 2011. Foto: Gorka Basaguren

Pero para eso no necesito un post entero. Me basta con un párrafo. Bueno, con dos. Así en el segundo les aviso de que pueden conseguir un descuento para todos los eventos de Un Verano de Guión simplemente solicitándolo en bloguionistas@gmail.com.

Hecho. Fin del autobombo. Déjenme ahora que les explique lo que significa para mí Córdoba y Un Verano de Guión.

Valentín Fernández-Tubau, “el jefe de todo esto”, por así decirlo, fue una de las primeras personas que me consideró guionista. Hace ya la tira de años, antes incluso de crearse abcguionistas, cuando mi currículum como guionista aún podía escribirse en un papel de fumar, incluso con letra grande y dejando buenos márgenes, Valentín se reunió conmigo en un bar de la Gran Vía y decidió que yo valía para esto. Con el tiempo, me dio trabajo de analista de guiones en abcguionistas, y me llevó como profesor de guión a la primera edición de Un Verano de Guión.

Valentín Fernández-Tubau

Gracias a Valentín, di mi primer curso sobre guión habiendo hecho apenas unos cortometrajes y un par de capitulillos de una serie que no vio casi nadie. Cierto que este dato podría indicar que Valentín no vale gran cosa como jefe de personal. Lo que yo creo que demuestra es que es una persona capaz de darle un voto de confianza a alguien que apunta maneras, más allá del hecho de que tenga un gran curriculum, que venga con contactos o que se tire mucho el moco. Son tres cosas que yo no tenía cuando empezaba en esto: apenas conocía a nadie en la industria, sólo había hecho unos cortos en vídeo y jamás he sido uno de esos que van a fiestas, estrenos y rodajes a dejarse ver. En fin, no es que yo desde entonces me haya convertido en un guionista súper exitoso ni nada parecido. Sólo he escrito unas pocas de series y mi primer largo como guionista todavía ni se ha rodado. Pero llevo ya siete años ganándome la vida decentemente con esto, lo cual no es poco decir, tal y como está el patio. Y en gran parte, creo que se debe al voto de confianza que me dio Valentín en su día. Y no porque me haya convertido en su protegido, ni su recomendado. No. Simplemente, porque en esta profesión hace falta cierta dosis de autoconfianza para seguir adelante, sin arrugarse ante los retos ni frustrarse ante los reveses.

No es casualidad que uno de los seminarios de guión más populares de España en los últimos años haya sido el de Valentín imparte sobre Mercado Audiovisual. Sus reflexiones sobre el estado de la industria y sobre las maneras de “meter el pie en la puerta” han sido valiosísimas para cualquiera que estuviese empezando. Tampoco es casualidad que Valentín insista en mantener la convocatoria de Un Verano de Guión incluso cuando las ayudas económicas del Ayuntamiento y la Universidad desaparecen o se reducen al mínimo. Valentín es uno de los pocos emprendedores reales que conozco. Con el mérito añadido de no ser un neoliberal desmelenado ni un pedante egocéntrico, que es lo que suelen ser los que se autodenominan emprendedores. Y además, uno de sus mayores empeños es siempre el de ayudar a formarse a futuros guionistas. Año tras año tiene que romperse los cuernos para no perder dinero en el camino. Pero ni se cansa ni abandona.

Tampoco es casualidad que las dos charlas que yo impartiré esa semana en Córdoba estén destinadas fundamentalmente a dar pistas a la gente que empieza. Ni es casualidad que participe en este blog, donde no hay publicidad ni ingresos de ningún tipo, y donde el único interés que nos mueve a sus autores sea compartir lo poco que sabemos de guión.

Podríamos decir que Valentín Fernández-Tubau me contagió las ganas de ayudar. Obviamente, no voy a Córdoba para forrarme dando clases. Lo que cobro por cada charla a duras penas da para comprarse un polo Lacoste de esos que lleva Caco Senante en las ruedas de prensa de SGAE. Pero merece la pena. Y creo que para todo el que esté empezando en esto, para todo el que necesite un empujoncito, merece la pena pasarse por Un Verano de Guión. La relación calidad/precio/buen rollo no creo que la supere ninguna otra oferta formativa en España.

Y ahora permítanme otros dos párrafos de autobombo para terminar. Dentro de mi modesta aportación al programa de Córdoba este año, creo que destaca una charla inédita, que hemos titulado DE CERO A CIEN. La impartiré con Cristóbal Garrido y Álex Montoya, otros dos que empezaron en esto sin un enchufe ni un papaíto que les pagase los masters, y que ahí están ganándose la vida: uno reventando audiencias en prime-time, y otro con ciento y pico premios ganados con sus cortos.

Cristóbal Garrido y Álex Montoya

En esta charla de tres horas intentaremos explicar cómo demonios nos las hemos arreglado para salir adelante, tanto en proyectos de presupuesto cero como en obras subvencionadas. E intentaremos demostrar, desde nuestra humilde experiencia, que la única manera de entender este negocio es no entender este negocio de una única manera. E ilustraremos nuestras múltiples maneras de afrontar cada proyecto. Enseñaremos guiones, memorias, storyboards y presupuestos. Proyectaremos cortos y contaremos anécdotas de todo tipo. Y muy probablemente, será la primera vez en mucho tiempo que, en una charla sobre industria audiovisual, los ponentes no le dicen al público que “la cosa está muy mal”. Será el 28 de julio, en Córdoba. Y quién sabe… Quizá a la vuelta del verano repitamos en Madrid.


NACHO VIGALONDO: OTRA LECCIÓN DE CINE

1 julio, 2010

por Pianista en un Burdel.

Hace diez años, Nacho Vigalondo ganó el premio al Mejor Corto en el Festival de Jóvenes Realizadores de Zaragoza con un corto de presupuesto cero, filmado ad hoc para el festival. Se titulaba Una Lección de Cine, y nació por la insistencia del director del festival, que tenía mucho interés en contar con la participación de Vigalondo.

Aunque no tenía ningún corto que pudiera presentar al festival, Vigalondo se comprometió a enviar uno antes de que acabase el plazo de entrega. Y una mañana cualquiera, agarró una handycam, se subió a un prado de los que abundan en los alrededores de su pueblo, Cabezón de la Sal, y grabó este memorable plano-secuencia protagonizado por él mismo, con la única ayuda de una inolvidable Batbola y una vaca que se merecía un lugar en los títulos de crédito:

Dentro de diez días, Nacho Vigalondo nos dará otra lección de cine. Dentro de diez días empieza a rodarse su segundo largometraje, Extraterrestre, un proyecto diseñado desde el primer minuto para poder hacerse con un presupuesto muy inferior a las cifras habituales, con un diseño de producción que resulte manejable para una productora independiente. ¿Y cómo se consigue eso? ¿Rebajando los sueldos a todo el mundo? ¿Pidiendo al equipo que haga catorce horas al día en rodaje? ¿Inundando el equipo técnico de becarios?

No. No tiene nada que ver con eso. El truco se hace mucho antes. Y es un truco de guión. Se trata de concentrar la acción. Pocos personajes. Pocas localizaciones. Y una premisa explosiva que cree tensión a lo largo de toda la trama, pero que no imponga dispendios de producción. Es decir, evitando costosos desplazamientos que multiplican las semanas de rodaje, y buscando el espectáculo no en la puesta en escena… sino en la escena. Es decir, en los personajes.

En un momento en que todo el mundo se queja de que es imposible financiar una película; en que todo el mundo tiene que rodar sus películas en una o dos semanas menos de lo aconsejable; en que las subvenciones se recortan y las cadenas de televisión no invierten… ¿qué mejor lección de cine que refugiarse en guiones mínimos? Proyectos que se puedan rodar con un presupuesto exiguo, sin por ello explotar al personal ni pagar por debajo de míninos. Películas rápidas, reconcentradas, sencillas. Baratas.

Todo guionista sabe -y casi todo productor ignora u olvida- que a mayor introspección en los personajes, mayor intensidad cobra el conflicto. En otras palabras, los mayores conflictos son los internos. Sólo el niñato del metro de Valencia mantendría que La Huella es menos intensa que, digamos, Pearl Harbor. Sólo un macaco borracho encontraría que Transformers atrapa más que El Ángel Exterminador.

Que ¿Quién teme a Virginia Woolf? Que Septiembre.

Que Náufrago. Que Infierno en el Pacífico. Que Reencuentro.

Nacho Vigalondo tiene en desarrollo proyectos mucho más grandes que Extraterrestre. Pero el propio tamaño de esos barcos hace que se desplacen con una lentitud exasperante. Y les impide virar con agilidad en caso de encontrarse con un iceberg. Así que se ha bajado a la playa y ha construido un bote de remos que quizá no le permita dar la vuelta al mundo, pero con el que podrá salir a pescar, a recorrer la costa, o a nadar en una calita escondida. Sin necesidad de patrones, y con timoneles amigos.

El talento está muy bien. Pero la capacidad de adaptación ya es la leche. Insisto: esto es una lección de cine. Tenedla siempre muy presente. Guionistas.


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