SALVA AL PERRO

1 febrero, 2017

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Por Juanjo Ramírez Mascaró.

El otro día coincidí con el guionista Jorge Naranjo y estuvimos conversando sobre algo que nos define a ambos: Lo mucho que amamos a los perros.

No tengo nada contra los gatos, pero yo soy de perros. Crecí con perros, jugué con perros, añoré, añoro y añoraré a perros. Le comentaba el otro día a Jorge que mi novia y yo estamos deseando adoptar uno si algún día nos lo podemos permitir: Si algún día vivimos en una casa adecuada para ello, si algún día tenemos unos horarios y unas condiciones de vida que lo permitan, unas circunstancias que garanticen la felicidad del chucho en cuestión. La contestación de Jorge podría resumirse en algo así:

– Nunca es el momento adecuado para tener un perro. Si esperas esas circunstancias idílicas, nunca llegarán. Hay que lanzarse a la piscina y meter al animal en tu vida a pesar de todo. Entonces, poco a poco, tu vida se irá adaptando a esa nueva situación o, dicho de otra manera: Te irás adaptando tú a ello.

Bueno, él lo dijo con otras palabras y con acento sevillano, pero espero haber sido fiel al concepto.

¿Por qué os cuento esto en un blog sobre guión? Porque creo que lo que acabáis de leer sobre “el mejor amigo del hombre” puede aplicarse también a ese guión de largometraje que queréis escribir “cuando llegue el momento adecuado“, o a esa novela que deseáis trasladar de vuestra cabeza al papel “cuando las circunstancias os lo permitan“, o a ese proyecto tan bonito que ojalá algún día podáis permitiros desarrollar, cuando tengáis la tranquilidad y el tiempo necesarios.

Ya sea por miedo a enfrentarse al monstruo cara a cara, ya sea por agotamiento físico y moral… nos sucede en última instancia lo mismo que con el perro. Nos decimos a nosotros mismos que ya empezaremos esa obra tan personal cuando nuestro trabajo alimenticio deje de absorbernos; o cuando vivamos en una casa mejor, con más luz, con más intimidad, con más silencio; o cuando – pelis, libros y series mediante – estemos mejor documentados sobre el tema que pretendemos abordar…

Nos pasamos la vida postponiendo adoptar al puto perro y mientras tanto alguien se nos adelanta y lo adopta en nuestro lugar, o una voz sombría en nuestra perrera interior nos susurra que estamos hartos de él y hay que sacrificarlo.

Estoy acostumbrado a escuchar a guionistas quejándose porque esa nueva peli o esa nueva serie que de repente lo está petando “se les ocurrió antes a ellos”. A mí también me sucede constantemente: Se estrenan historias que pisan ideas que ya llevaban años macerándose en mi cabeza.

Creo que nos lo merecemos, por haber remoloneado a la hora de escribirlas.

Siempre podremos justificarnos pensando que, aunque hubiésemos escrito nuestra obra, no habríamos tenido los medios o los contactos necesarios para convertirla en un éxito de crítica o de público. Justificación de cobardes, bálsamo de adictos al autosabotaje.

No obstante, la justificación favorita de los inmovilistas tiene más enjundia, incluso más sentido: “Esta historia es distinta a las demás. No puedo tomármela a la ligera. No me puedo permitir escribirla mal”.

A nadie le apetece que su hijo tenga que nacer en un pesebre.

Cuando mis circunstancias personales dificultan mi implicación en esas criaturas que realmente me apetece escribir, me viene a la memoria algo que dijo una vez una muy buena actriz que conozco, Belén López Valcárcel:

– Haz todos los días algo que te acerque un poco más a tu sueño, aunque sea únicamente comprar el sello de correos que necesitas para enviar tu videobook.

Ese sello de correos no deja de ser una metáfora de otras muchas cosas. A mí me funciona pensar en ello, incluso en los días más ajetreados: ¿Qué sello de correos compro hoy?

En el submundo del escritor ese “sello de correos” puede consistir en anotar una o dos ideas para tu historia, o en buscar en Google información para documentarte sobre algún detalle relacionado con tu obra o, si estás mejor de tiempo o de energías, escribir una única secuencia, o un par de diálogos.

Hoy, por ejemplo, entre la escritura de este post y otras obligaciones, he dado un paseo en el que he imaginado cómo le vendería a un director el guión en el que estoy trabajando ahora. Gracias a esa conversación imaginaria han surgido ideas que han hecho crecer bastante el la historia.

En otros momentos del proceso “comprar el sello” podrá equivaler literalmente a comprar el sello (o su versión más postmoderna y económica, que es enviar un mail)

Le veo dos importantes ventajas a esta actitud vital de comprar el sello:

1- Es una forma efectiva de no olvidar lo que deseas hacer, incluso en días en los que no le puedes dedicar más de 5 minutos. Y todos sabemos lo fácil que resulta olvidar lo que queremos, e incluso por qué lo queríamos.

2- A veces sólo necesitamos ese “comprar el sello”, ese empujoncito inicial para no poder parar. Escribir algo que nos ilusiona es como empezar a comer pipas. De repente ese tiempo que no teníamos aparece como por arte de magia (simplemente era tiempo que teníamos defragmentado, disperso, embargado en ratos muertos, en divagaciones sin rumbo), o de repente esas fuerzas que nos faltaban aparecen como por arte de magia, porque igual lo que nos faltaba no eran las fuerzas, sino precisamente eso: El arte y la magia.


TIRAD LA PRIMERA PIEDRA

25 mayo, 2016

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Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Que tire la primera piedra quien no se haya documentado alguna vez en Wikipedia.

Que tire la primera piedra quien no haya dicho “escena” cuando quería decir “secuencia”… o “secuencia” cuando quería decir “escena”.

Que tire la primera piedra quien no haya dejado nunca erratas en sus acotaciones por prestarles menos atención que a los diálogos.

Que tire la primera piedra quien no haya borrado detalles interesantes en dichas acotaciones con el fin de acortarlas y que el guión ocupe menos páginas.

Que tire la primera piedra quien no se haya leído un guión saltándose los encabezados, hasta llegar a un punto en que ya no sabe si la acción transcurre en NOCHE o DÍA.

Que tire la primera piedra quien no haya tenido que coger un diálogo de un personaje y asignárselo a otro… haciendo la vista gorda ante el hecho de que… si el diálogo del primero te sirve también para el segundo… los personajes están mal trabajados.

Que tire la primera piedra quien haya tenido una ideaza para un corto de 5 minutos y no haya sentido la tentación de mutilarlo para que encaje en los 3:30 del Notodo.

Que tire la primera piedra quien de verdad se crea que la cosa ésta a la que nos dedicamos es un trabajo.

Que tire la primera piedra quien no esté leyendo esto para huir de sus obligaciones de escritor.

Que tire la primera piedra quien no baje la voz cuando tiene que criticar a alguien del gremio en un bar de Malasaña.

Que tire la primera piedra quien haya visto un capítulo de una serie española y no haya pensado: “Yo lo habría hecho mejor.

Que tire la primera piedra quien haya escrito un capítulo de una serie española y al ver el resultado, no haya pensado: “Joder, ¿no se suponía que yo lo iba a hacer mejor?

Que tire la primera piedra quien aún se acuerde de más del 20% de lo que decía Aristóteles en su Poética.

Que tire la primera piedra quien no haya dicho: “Bueno, es sólo una primera versión, aún falta mucho curro” cuando en realidad pensaba: “Joder, ojalá funcione a la primera y no haya que hacer las putas reescrituras de mierda“.

Que tire la primera piedra quien no se haya enterado de si sigue teniendo curro o no… a través de Vertele.

Que tire la primera piedra quien se haya visto todas las webseries de todos sus colegas.

Que tire la primera piedra quien no haya escrito cierta palabra en un guión… y justo en ese momento suena esa misma palabra en la canción que está escuchando mientras teclea… y piensa: “Esto es una señal“… pero luego no sucede una puta mierda y el mundo continúa girando igual de gris que siempre.

Que tire la primera piedra el guionista que no haya soñado con desertar de su oficio para montar: a) un grupo de música… b) un bar… c) una tienda de no sé qué cosa que compra de importación y luego se lo vende a los hipsters el triple de caro.

Que tire la primera piedra quien no haya jurado y perjurado que no volverá a trabajar gratis pero a las dos semanas le proponen un proyecto que tiene muy buena pinta y que si sale adelante puede ser un bombazo y que lo cierto es que siempre le ha apetecido currar con fulanito.

Que tire la primera piedra quien no piense que todos los formatos son igual de respetables, que no todas las historias requieren la misma duración… pero que en el fondo no dormirá tranquilo hasta poder decir que ha escrito su primer guión de LARGOMETRAJE.

Que tire la primera piedra quien no haya usado la frase “voy a documentarme” como eufemismo de “me apetece ver una peli“.

¿Cuántas de estas piedras podríais tirar por mes? ¿Cuántas de ellas lloverían sobre vuestro propio tejado? Que tire la primera el guionista que sepa cómo coño se repara el tejado. O mejor guardamos las piedras para el próximo brainstorming, para la próxima mesa italiana, para el próximo microteatro, para el catering de la próxima peli lowcost, para el próximo trimestre… por si nos desgrava en la declaración de la renta…


PON LA TECNOLOGÍA AL SERVICIO DE LA ESCRITURA

2 diciembre, 2015

por Carlos Crespo

Jenna Avery tiene una interesante web titulada “Called to write“en la que pueden encontrarse muchos recursos para guionistas. Eso sí, está en inglés.

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Hoy os traducimos un artículo que la autora publicó hace unas semanas en ScriptMag, y cuya versión original en inglés podéis encontrar en el siguiente enlace:

http://www.scriptmag.com/features/get-a-new-story-7-ways-to-turn-technology-into-writing-productivity

UNA NUEVA HISTORIA: 7 FORMAS DE PONER LA TECNOLOGÍA AL SERVICIO DE LA ESCRITURA. Por Jenna Avery.

En la era de las distracciones y la multitarea, es muy fácil culpar a la tecnología de apartarnos de nuestra escritura y arruinar nuestra productividad.

Veo escritores que se lamentan de que Facebook y Twitter les distraen. Y es cierto que pueden distraerte. Pero toda forma de tecnología -incluso las redes sociales- pueden convertirse en herramientas poderosas si se usan correctamente.

Puesto que el tipo de interfaz que usamos hoy en día mientras escribimos nos tienta a entrar en ese mundo online que tan fácilmente nos distrae (ordenadores de mesa, portátiles, tablets, incluso teléfonos), nos corresponde a nosotros aprovechar las tecnologías online y offline para no salirnos del recto camino de nuestra labor de escritura.

Quizás sea incluso más importante, ya que el gran sueño de escribir puede disparar la resistencia, la procrastinación y cantidades ingentes de inseguridad, encontrar soluciones y pequeños trucos para seguir escribiendo en lugar de distrayéndonos. A veces, son las pequeñas cosas las que lo cambian todo.

Aquí tienes siete formas de hacer de la tecnología la herramienta que debe ser:

1. Bloquea las distracciones de internet. 

Unos de mis trucos tecnológicos preferidos es el uso de algún tipo de software bloqueador para minimizar otras distracciones online o del escritorio.

-El mejor en mi opinión es un programa que se llama Isolator (Mac), que bloquea absolutamente todo lo demás en mi escritorio, de modo que nunca hay otras ventanas que me distraigan. Cuando lo usas, no puedes ver ningún otro programa en funcionamiento. Hay incluso una opción para ocultar también el dock, aunque personalmente no lo encuentro necesario.

-Otra alternativa para los escurridizos evasores del deber es un programa llamado Concentrate (Mac), que te permite crear tareas, como Escribir, de modo que puedes restringir el acceso únicamente a determinados programas como Final Draft o Diccionario y bloquear el acceso a cualquier aplicación no incluida en la tarea Escribir para ese periodo de tiempo, como el software de tu navegador o tu aplicación de correo electrónico.

-Otra manera de limitar completamente el acceso a internet es usar una app llamada Freedom (PC y Mac) que bloqueará todo acceso a internet durante 8 horas cada vez que la uses.

-Como alternativa, puedes probar también Anti-Social (Mac), una app que te permite editar una lista personal de redes sociales que bloquear durante el periodo de tiempo específico que tú elijas.

-¿La forma algo menos tecnológica de hacer esto mismo? Desactiva temporalmente tu conexión a internet desenchufando o apagando el router y trabaja con el ordenador sin conexión a internet o trabaja en un lugar en el que no tengas conexión a internet.

Y ya que estás, apaga también el teléfono, bloquea las alertas de email, desactiva las notificaciones de Twitter y/o ponlas en silencio. Apaga las alertas de sonido de tu móvil y ponlo boca abajo para que tampoco veas las notificaciones en la pantalla.

Siguiendo con el tema del email, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Loughborough tardas 64 segundos en recuperar la concentración cada vez que te interrumpe un correo nuevo en tu bandeja de entrada. Si apartas la vista de tu escritura aunque sea 5 minutos a la hora, ya estarás perdiendo 42 minutos de concentración por cada jornada de trabajo de 8 horas. Una barbaridad.

2. Bloquea las otras distracciones además de internet. 

Me encanta oír hablar de esos guionistas que escuchan bandas sonoras de películas mientras escriben sus guiones. Joss Whedon (La cabaña del bosque, Los Vengadores, Serenity), entrevistado recientemente en Preguntas y Respuestas con Jeff Goldsmith con motivo del estreno de Los Vengadores, hablaba de la necesidad de llevar siempre puestos los cascos como forma de bloquear y evitar distracciones offline.

“Suelo escribir mucho en restaurantes. Voy a restaurantes más a menudo con un portátil que con una persona. Allí lo único que puedes hacer es quedarte sentado, no puedes levantarte para ir a la nevera o abrir internet; bueno, ahora ya sí se puede, pero yo no lo hago. Y encima te traen buena comida y vino, que nunca viene mal, o café si es temprano. Así que resulta ser un espacio tranquilo que invita a la concentración y yo siempre llevo puestos mis auriculares. Si no los llevo me entran los temblores, es muy triste. Y antes de tener auriculares, cuando caminábamos seis kilómetros por la nieve para ir a hacer una película, solía irme a un restaurante con literalmente diez CDs y un discman porque no sabía qué banda sonora iba a necesitar. Y es que tienes que tener bandas sonoras de películas porque la persona en la mesa de al lado va a (pone un tono irritante) “hablar de su hermana y no creo que ella supiera que era mi cumpleaños hasta después de que yo…” y entonces tú te desesperas -por eso tienes que tener puestos auriculares todo el tiempo. Y la música de películas es la mejor forma de escribir películas porque evita que te oxides”.

Así que carga el reproductor mp3 con bandas sonoras y lleva los auriculares contigo cada vez que salgas a la calle.

Y si escribes desde casa cierra puertas y ventanas, apaga los teléfonos y no abras la puerta. Crea tu propio mundo… para crear tu propio mundo.

3. Nunca pierdas una idea. 

¿Sabes ese momento en que estás por ahí fuera y te viene una idea flotando como un diente de león en una brisa de verano? Mientras algunos valientes escritores siempre llevan una libreta, muchos de nosotros hombres de la nueva era, no.

¿La alternativa? Captura esa idea de forma rápida y fácil con la grabadora de voz de tu móvil (gracias a Jamie Livington, también conocido como Jamie Lee Scott por ese truco).

En mi iPhone uso la app de Evernote y dictado de voz para convertir mis ideas en una lista que puedo consultar cuando quiera -sin tener que reproducir una y otra vez la nota de voz-. Muchos teléfonos hoy en día vienen ya con grabadora de voz y software para guardar documentos y notas. Ya sé que podría utilizar Notas o Recordatorios, pero prefiero Evernote porque lo puedo sincronizar fácilmente con el resto de mis dispositivos.

Desde hace poco tiempo, uso también Things para llevar un seguimiento de mis proyectos y cosas pendientes por hacer -de nuevo sincronizados en todos mis dispositivos- de forma que puedo rápidamente añadir un nuevo ítem sin perder comba. Y también uso la función de dictado por voz y así no pierdo tiempo.

La clave para mantener todo esto es tener un sistema. No tiene que ser especialmente molón, basta con que sea consistente.

4. Usa un temporizador. 

Cuando escribes haciendo un sprint -porque estás haciendo sprints, ¿verdad?- prueba a usar un temporizador. Te mantendrá concentrado y en el tajo, con muchas menos posibilidades de que te escabullas y empieces a hacer otras cosas.

Muchas veces, si veo que le estoy dando largas al momento de ponerme a escribir, me pongo en marcha simplemente centrándome en poner el temporizador. Una vez en funcionamiento, entro en acción abriendo Final Draft o mi procesador de texto y me pongo a trabajar.

Aquí tienes algunas posibilidades para usar el temporizador:

-Seguro que tu teléfono viene con temporizador. Tengo el mío personalizado con un sonido de público que aplaude y así celebro el final de mis sprints. Y no falla, siempre me hace sonreír.

-La aplicación Insight Timer para iPhone es un temporizador para hacer meditación, pero me encanta usarlo porque tiene un sonido de cuenco tibetano precioso.

-Aquí tenéis un temporizador online que uso sobre la marcha (pero claro, no funciona cuando bloqueas el acceso a internet). http://www.online-stopwatch.com/countdown-timer/

-Focus Booster tiene ambos: un temporizador online y un temporizador para descargar, basados en la técnica Pomodoro, que funciona estableciendo bloques de trabajo de 25 minutos con 3-5 minutos de descanso entre ellos.

5. Apunta tu tiempo. 

Un ayudante poderoso a la hora de hacer sprints es apuntar el tiempo que pasas escribiendo. En mi Cïrculo de Escritores online tenemos un registro donde apuntamos el tiempo que pasamos escribiendo cada día. Puedes hacer lo mismo usando una hoja de cálculo (preferiblemente una que se sincronice en todos tus dispositivos y que puedas editar desde cualquiera de ellos, como Google Docs). También existen apps y programas de registro que te pueden ayudar con esto, como Get Harvest Time Tracker (Mac y PC) o TrackTime (Mac).

Lo más útil de apuntar tus tiempos es que te ayuda a no perder de vista tu objetivo y la consecución de tus metas y también a mantener la concentración. Cuando sabes que estás cronometrando un sprint de escritura y que además vas a apuntar tus tiempos en alguna parte, es mucho más probable que cumplas esos tiempos que te has propuesto en lugar de dejarte distraer por otras cosas.

Y es además una manera excelente de reconocer y celebrar tu trabajo y ver cómo poco a poco estás cada vez más cerca de completar la tarea. Son motivadores psicológicos muy sencillos pero muy potentes que te ayudan a mantener la motivación a largo plazo y te dan sensación de logro -herramientas imprescindibles para la productividad en proyectos de escritura a largo plazo como un guión o una novela.

6. Escribe en la nube

¿Te acuerdas de aquellos tiempos en que había que pasar los archivos de un ordenador a otro? Escribir en la nube es una forma fantástica de tener nuestros archivos de texto guardados en otro sitio. Y además sincronizados entre dispositivos.

Me encanta usar Dropbox para guardar y acceder a mis archivos desde mis ordenadores y dispositivos. Una ventaja enorme de Dropbox es que funciona como una carpeta de tu ordenador, así que puedes acceder al contenido incluso estando offline (aunque tienes que tenerlo todo sincronizado previamente con conexión a internet). Y cuando vuelves a estar online tus archivos se actualizan en un momento.

7. Utiliza las redes sociales como herramienta y como recompensa. 

Las redes sociales, ya lo hemos hablado, pueden ser una distracción terrible que te aparta de escribir. Pero, como todo en esta vida, pueden usarse para el bien si se hace un uso correcto.

En lugar de permitir a las redes absorber todo el tiempo que tienes para escribir, úsalas como recompensa por cumplir con tus metas diarias. Plantéate no usarlas hasta que no hayas cumplido tu objetivo de trabajo para ese día -o al menos parte de ese objetivo-.

Al fin y al cabo, las redes sociales son también una forma eficaz de conectar con otros escritores -algo que necesitamos hacer a menudo para ayudar a combatir el aislamiento del escritor- así como hacer networking con directores, actores y productores y estar al tanto de lo que se mueve en la industria. Simplemente utiliza el sentido común para usarla como una herramienta profesional y sé consciente del impacto que el empleo que hagas de las redes tendrá en tu marca como escritor.

Recuerda que hasta el próximo 10 de diciembre puedes participar en el sorteo de seis ejemplares del libro Objetivo Writers’ Room. Las aventuras de dos guionistas españoles en Hollywood. Sólo tienes que rellenar este formulario:

(Participar en esta promoción supone que has leído y aceptas lo que se dice en nuestro disclaimer sobre Protección de Datos personales.)


LA TÉCNICA DEL DESTORNILLADOR Y LA CINTA AISLANTE

28 enero, 2011

Por Guionista Hastiado

Hace algunos años conocí a un guitarrista profesional que se ganaba la vida tocando en todo tipo de bolos que le iban surgiendo, desde fiestas de pueblos hasta pequeños recitales con músicos más o menos reconocidos. Era uno de esos artistas de toda la vida, flaco, de rostro ajado, sonrisa imborrable, tos ronca y dientes ennegrecidos por el tabaco. Era un tipo francamente simpático y optimista, a pesar de que a lo largo de los años había visto cómo sus ingresos disminuían por un constante recrudecimiento en las condiciones laborales que, como freelance del negocio, no tenía más remedio que asumir.

En muchos de los espectáculos en los que tocaba, tanto él como el resto de músicos debían encargarse, entre otras muchas cosas, del transporte y el montaje de los escenarios. No hace falta haber montado o desmontado un escenario para adivinar que es un trabajo muy duro. Muy duro. Y más cuando llevas encima horas de viaje en furgoneta o de actuación sobre el escenario.

Mi colega, además, empezaba a tener achaques. La mala vida le había pasado factura y, entre otros muchos problemas, su espalda torcida ya no estaba para grandes exhibiciones gimnásticas. Así que, en aras de una vida un poco más larga y saludable, había depurado a lo largo del tiempo la que él llamaba “la maravillosa técnica del destornillador y la cinta aislante”.

Se trataba de algo muy sencillo, en realidad. Montar un gran escenario suele requerir de una gran cantidad de gente trabajando a la vez, y en muchas ocasiones de manera no demasiado organizada. Él acometía el trabajo iniciando en primera instancia alguna tarea esforzada y claramente visible, durante algunos minutos, para que todo el mundo viera que era un tipo  solidario. Pero, pasado un rato, esgrimía en una mano un destornillador, y en la otra un rollo de cinta aislante, y empezaba a caminar de aquí para allá.

Iba de un lado a otro del escenario, se detenía en algún punto, observaba hacia arriba con el cigarro en la boca (nunca, nunca, se detenía a fumar), daba unos golpecitos aquí o allá, comprobaba unos cables, hacía alguna que otra pregunta (¿Han descargado ya los focos? ¿Dónde está el resto de l0s andamios?) y, en definitiva, conseguía que todo el mundo diera por hecho que estaba haciendo algo… cuando en realidad estaba practicando una grande y hermosa tocada de huevos a dos manos, y delante del todo el mundo. Así, con estos y otros trucos bien testados a lo largo de los años, consiguió salvar su espalda de muchas horas de duro trabajo.

Convendrán conmigo en que este tipo era un genio. Del escaqueo, al menos.

El mundo del guión es, afortunadamente, mucho menos duro. No levantamos grandes pesos, ni recorremos largas distancias, ni manejamos con las manos desnudas descacharrados y chispeantes aparatos eléctricos. Pero eso no no salva de ser una profesión donde las técnicas del escaqueo abundan.

Por un lado tenemos el “autoescaqueo”, más conocido como “procrastinación“. Es, quizá, el más peligroso de todos, pero éste es un pecado que suele ir en contra de nuestro propio trabajo, no del de los demás.

El verdadero “escaqueitor” del guión suele habitar en equipos de guión grandes, preferiblemente en televisión, donde todo es más alocado, más ruidoso, y donde las técnicas del escapismo funcionan mucho mej0r. Por supuesto, no basta con llevar en la mano un destornillador y un poco de cinta. Hay que ser más sutiles, pero existen miles de pequeños trucos. Consultar internet, mirar el mail, ir a por comida (a las máquinas, al comedor, al bar de la esquina, a tu casa en el centro), ir a hacer deposiciones (a cagar, vamos), a por material de oficina que falta,  bajar a ver qué tal va por plató, llamar por el móvil, atender al móvil, flirtear con la gente del equipo, y -uno de los más mortíferos y utilizados- contar batallitas del fin de semana, de tu último viaje, o sobre lo que viste anoche en la tele.

Todos recurrimos a esas estrategias en mayor o menor grado, no hay más remedio en un oficio donde, tantas veces, parece que la cabeza te va a explotar intentando hacer encaje de bolillos con esa escaleta que no acaba de cuadrar. El problema viene cuando una costumbre ligera y desengrasante se convierte en un hábito recalcitrante, en una constante adherida a nuestro sistema de trabajo.

Los guionistas escaqueitors existen. Yo los he visto. Son capaces de pasar diez horas en una sala llena de guionistas sin haber aportado ni una idea útil. Pero, asombrosamente, tienen la habilidad de mostrarse tremendamente productivos ante sus superiores, habitualmente echando mano de frases del tipo “mira qué bueno esto que se NOS ha ocurrido”.

Hay escaqueitors de todo tipo y condición, pero lo curioso es que el nivel de escaqueo suele aumentar exponencialmente en relación al cargo que se ostenta. En cierto modo es lógico, ya que, cuanto menor es la cantidad de gente a la que tienes que dar explicaciones, mayor es el desparpajo con el que puedes desaparecer de tu puesto laboral.

He visto jefes escaqueándose porque tenían partidos de golf, comidas de negocios (de las que llegaban muy tarde y muy contentos), porque debían reparar la carrocería de sus descapotables, pasar la ITV, comprarles regalos a su hijos, ir a la peluquería o a clases de trompeta (vale, esto último no lo he visto, pero sí cosas parecidas). Aunque la herramienta más útil y utilizada para el escaqueo de altos vuelos siempre serán las reuniones, esas voraces máquinas del tiempo donde uno puede entrar y, sin darse cuenta, salir mucho tiempo después sin haber avanzado absolutamente nada de trabajo.

El escaqueo en altas instancias es quizá el más lesivo, ya que provoca grandes atascos de trabajo y esperas innecesarias en los curritos que verdaderamente sacan las cosas adelante, y que irremediablemente deberán solucionar los marrones en el último minuto.  Pero claro, quién le pone el cascabel al jefe vago.

Por suerte yo hace bastante tiempo que no me cruzo con un auténtico escaqueitor del guión. Pero sé que existen, están ahí fuera y a veces me llegan noticias de ellos. Hasta cierto punto puedo comprenderlos. Básicamente, nuestro trabajo es un coñazo. Arremangarse a escribir y pasarse horas frente al ordenador, o frente a una pizarra, o discutiendo hasta la extenuación cada pequeño detalle de una trama, es jodido, y eso no apetece, no gusta. Pero, ay, es lo que toca si uno ha elegido esta profesión. A cambio tenemos, también, nuestros pequeños privilegios.

Los grandes escaqueitors tienen la habilidad suficiente para sortear las consecuencias de su falta de solidaridad  con los compañeros. Pero no se dan cuenta de que es una prerrogativa a corto plazo. Por muy bien que uno disimule, por muy refinadas y maquiavélicas que sean sus excusas, antes o después tus compañeros de trabajo te acaban calando. Uno no sabe cómo trabaja de verdad alguien hasta que lo tienes a tu lado -o no- durante horas, días, semanas… Por eso en este oficio son tan habituales -y tan necesarias- las referencias. Uno, siempre, acaba sabiendo quién saca realmente  el trabajo adelante… y quién se arroga los méritos.

Y eso, a la postre, termina calando. La nuestra es una industria muy pequeña, y los defectillos que cada uno de nosotros llevamos encima se terminan conociendo. La fama puede ser inmerecida a corto plazo, pero al final siempre se acaba averiguando quién es quién, y qué es lo que hace, o no hace. Ya lo decía Lincoln: Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.

Sí, amigos, se puede enarbolar el destornillador y la cinta aislante y pasar por los trabajos de manera más o menos airosa durante un tiempo, incluso durante toda una vida laboral. Pero mi consejo es que, si de verdad quieren ustedes llegar a ser buenos guionistas, y no provocar la ira de sus compañeros de profesión, sólo hay una verdadera obligación que no puede ser incumplida: trabajen.


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