LOS CLIENTES QUE PIDEN LAS COSAS “PARA AYER”.

11 enero, 2017

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Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Hace poco tomé una decisión que me va a regalar años de vida: Asumir que vivo en España y trabajo con españoles.

En un pasado no muy lejano, cuando alguien me encargaba un guión, me tomaba sus palabras en serio.

Si me decían que la entrega del guión corría mucha prisa, yo trabajaba como si de verdad corriese mucha prisa.

Y… claro… SIEMPRE te dicen que su mierda corre mucha prisa, porque pedir es gratis.

En otros tiempos, en los que era más estúpido, llegué a rechazar otros curros para poder cumplir con plazos demenciales, sacrifiqué horas de sueño, descuidé relaciones sentimentales, fui taquicardia con patas…

… y como ya suponéis, en el 99% de esos casos, luego la prisa no fue tal.

De hecho, los momentos de más estrés, de más tensión, de más agobio… no fueron los de escribir apresuradamente… no fueron los del tecleo contrarreloj…

sino los de la calma chicha de después: Los de esos días, semanas, a veces hasta meses… de silencio inexplicable, incongruente.

Porque así sucede casi siempre: Pisas el acelerador, fuerzas la maquinaria para hacer el envío cuanto antes… (¡tienen prisa!)

… y acto seguido…

… nada…

… parálisis…

… silencio…

… en ocasiones, ni siquiera un: “Recibido, gracias“.

Ésos eran los paréntesis que más me agobiaban. Días de permanecer en estado de alerta, en una especie de limbo, esperando respuestas que nunca llegaban (y que a veces, ni llegarían), dilapidando unas energías y unas neuronas que acaso serían más productivas dedicándose a otros menesteres.

¿Qué estaban haciendo mientras tanto aquellos productores o directores de los que tú, con lealtad perruna, esperabas respuesta?

Cualquier cosa menos pensar en ti.

Esa clase de impresentables suelen dar señales de vida justo cuando estás empezando a olvidarte de ellos, cuando por fin has decidido retomar tu vida. Son como el mosquito que espera a que concilies el sueño para zumbar en tu oído y chuparte la sangre.

En el mejor de los casos te dan explicaciones. Explicaciones de mierda. “Disculpa, es que al final hemos decidido que merece la pena no precipitarse y enfocar el asunto con más calma” (genial… ¡Pues haber avisado antes, CABRONAZO!)

En otros casos retoman el contacto como si no hubiese pasado nada. “Perdona, es que he estado muy liado, jejeje“. (¿¡Jejeje!? ¿¡CÓMO QUE JEJEJE!? ¿¡Has estado muy liado, HIJO DE PUTA!? ¿¡No se suponía que íbamos a contrarreloj!? Tú has estado muy liado mientras yo flirteaba con el maravilloso mundo de los ataques de ansiedad porque me dijiste que había que tener esto “para ayer“. Lo querías para el viernes y estamos a jueves por la tarde)

Y en otras ocasiones sucede algo aún más lamentable: El proyecto no sigue adelante, se disuelve en el tiempo… pero ni siquiera se dignan a informarte de ello. Lo deduces tú mismo al comprobar que pasan las semanas y nadie se ha puesto en contacto contigo.

En este país es peligroso dar por hecho que tu interlocutor tiene un ápice de sentido del honor, o un miligramo de empatía. Asumir eso es apostar por el caballo perdedor.

En cierta ocasión un productor manifestó su incredulidad (de manera bastante despectiva) cuando le dije que trabajar en su guión me había ocasionado incluso problemas de salud. No le cabía en la cabeza que alguien pudiese enfermar a causa de un proyecto como el suyo. ¡Claro! Para él la travesía había sido distinta. Él marcaba el ritmo, él decidía cuándo yo escribía, cuando yo aguardaba nuevas instrucciones, cuándo yo viajaba a otras comunidades autónomas para tener reuniones con él, por qué todavía no era el mejor momento para concretar asuntos de dinero…

… y se trataba de uno de esos curros en los que te pedían una cosa para ayer, y escribías esa cosa a toda prisa, y esperabas respuesta durante dos semanas, y luego te informaban de que los “para ayer” son los nuevos “para el mes que viene” porque “finalmente hemos decidido enfocarlo con más calma para no precipitarnos y bla, bla, bla, bla”

Es la clase de gente que te dice que no le gusta la cuarta versión del tratamiento aunque, sin duda alguna, es mejor que la tercera, pero en el fondo le gustaría recuperar muchas cosas de la segunda versión… y finalmente te confiesa que la tercera es la única que de verdad le gusta.

Esa clase de gente no entiende que trabajar para ellos te mina la salud, porque es gente que no ve más allá de sí misma. Es gente que ni siquiera se para a pensar que te está haciendo bailar a su son.

La mayor parte de mis seres cercanos afirman que nunca me han visto más devastado (de aspecto y de actitud) que en esos casos, cuando estaba a merced de individuos como aquéllos:

Individuos que – sin maldad alguna, pero sin empatía ninguna – condicionan la vida de un guionista que se toma al pie de la letra aquello de “ESTO ES URGENTE” o “ESTOY SEGURO DE QUE ESTO ES LO QUE QUIERO”.

Para los productores esa clase alicientes y premuras son una cantinela, un engañabobos… No imaginan que lo que ellos dicen para cubrirse las espaldas, para el guionista medianamente responsable puede constituir un puto briefing.

España es un sitio en el que lo peor que te puede ocurrir es ser decente. Porque todos te van a tratar por defecto como si fueras un chorizo.

España es un país en el que lo peor que puedes hacer es ser sincero, honesto, consecuente.

España es un festival de Lazarillos chuleando a don Quijotes. Y yo no aspiro a la nobleza de don Alonso Quijano, pero la picaresca del sinvergüenza de Tormes se me antoja incluso más ajena. Mi sangre tiene un Rh incompatible con toda esa bazofia.

Mi calidad de vida ha aumentado desde que asumo que, cuando alguien me llama para ser un caballero, sólo espera de mí que sea, como mucho, un lazarillo.

Y eso es triste, joder.

Eso es muy triste…


FIRMAS INVITADAS: EL ODIO, LA ADRENALINA, LA CALMA

25 octubre, 2012

Isabel de Ocampo es directora de cine y presidenta de CIMA. En 2009 logró el Goya al mejor cortometraje de ficción con MIENTE y en 2012 ha estrenado su primer largometraje, EVELYN. Hoy nos habla del proceso de escritura de ese guión.

EL ODIO

Escribir el guión de EVELYN fue la parte más difícil de todo el proceso de crear esta película. Mucho más que rodarla, planificarla,  afrontar los problemas de producción, dirigir a los actores… El guión fue lo más difícil por un sólo motivo: el tema es terrible.

La violencia en general es muchísimo más llevadera si la comparamos con el tema de nuestra película: el tráfico de mujeres para su explotación sexual donde, a la violencia física y psíquica se le suma la abyección moral, la trasgresión ética,  la… la…

No tengo palabras.

¿Cómo logras escribir un guión cuyo tema odias? ¿Cómo logras escribir una película cuyo tema es tan horrible que ni tu mismo irías a verla?

Porque normalmente, la peripecia, la trama, los puntos de giro, la arquitectura de cómo ir construyendo ese mecano para que cada pieza encaje y el resultado final funcione es lo que ocupa la mente del guionista cuando escribe. Pero hubo una primera etapa de la escritura en que teníamos que convivir con el hecho de odiar la idea. Es una sensación perturbadora: valoras tu historia, convives con ella en la cabeza, pero al mismo tiempo la detestas. Tenía un problema de vinculación emocional con la película.  Y lo peor de todo es que a mi no me gustan las películas que consisten en hacer sufrir a una mujer. David Mamet nos cuenta en  Bambi contra Godzilla como llaman en Hollywood peyorativamente a este “sub-género”: fem jep (females in jeopardy, mujeres en peligro).

Pero por debajo del odio yo quería saber por qué y cómo una mujer se convierte en prostituta. Es decir, qué pasa en la mente de quien hoy dice “no quiero” y poco tiempo después se te ofrece con una sonrisa seductora.  Y me encontraba con que todas las películas que abordaban este tema tenían una delicada elipsis que te evitaba los peores momentos, justo ese lapso de tiempo clave donde se produce la transformación. Me interesaban esas mujeres y como gestionan su dolor para convertirlo en energía de supervivencia. Me intrigaba el proceso de “construcción de la puta” porque era el reverso de la

“socialización del ama de casa perfecta”. Dos caras de la misma moneda, la santa y la puta, dos construcciones culturales con un denominador común, la utilización del cuerpo como elemento definitorio de la identidad. La puta mostrándolo, el ama de casa decente escondiéndolo.

Y cuantas más películas veía sobre el tema, más elipsis me encontraba. Esta fue la segunda gran dificultad: de lo que yo quería hablar era de lo que, con razón, todo el mundo evitaba hablar. Este era el aspecto del guión que nos traía (a Juanma Romero y a mí) por la calle de la amargura.

Sin embargo había otros puntos del guión que me hacían conectar más con la parte bonita de este oficio. Porque cuando escribes una película en realidad estas participando en una gigantesca tela de araña de ideas que se conectan entre si. Todas las historias que escribas han sido escritas ya, pero ninguna tiene tu punto de vista. Cuando quieres escribir una película sobre un tema, y si haces caso  a Robert Mckee, te verás todas las pelis que aborden ese tema. Y entonces tu escribes la tuya y ahí queda para bien o mal, pero ahí queda, y cuando llegue el siguiente que quiera hacer una peli similar, se tendrá que ver la tuya para partir de ahí y continuar hacia otro lugar.

Yo tenía en la cabeza Le trou (La evasión) de Jacques Becker. Me encantó. Recordaba cuatro o cinco tíos metidos en una celda intentando huir y recordaba con nitidez la banda sonora, minimalista, hecha de golpes, golpes, golpes…. golpes que se te metían en la cabeza y en el estómago y te transmitían ellos solos, todo el nerviosismo de esos presos que se querían escapar.

Porque para combatir ese tema tan odioso, intentábamos escribir una atractiva historia carcelaria llena de suspense: una chica encerrada en un puticlub quiere escapar. ¿Lo conseguirá? ¿No lo conseguirá?

Y empezamos a escribir escaletas.  Acabo de abrir la carpeta “Evelyn>Guión>Antiguo 1>Escaleta 1” que llevaba sin ser abierta un año. Y dice así el primer punto:

  1. Deby mata a un policía y lo esconde debajo de la cama. Cuando entra el chulo, Reynaldo, quema el dinero.

Ni de lejos Evelyn empieza así, pero esto me hace recordar algo: yo quería empezar muy fuerte. Con una historia de estructura no lineal para poco a poco ir encajando las piezas. Como Amores Perros. Se lo comenté a un amigo y me dijo “trata de escribirla de forma lineal y luego prueba a descomponer”. ERROR. Hace poco en una charla de Eliseo Altunaga en la Fundación Autor lo mencionó: si quieres escribir una historia de estructura no lineal, lo tienes que hacer así desde el principio, no funciona descolocar las piezas luego. La intuición nos decía que era necesario contar de dónde venía esa chica y que a medida que iba creciendo la intensidad de la película, meter un flash back… no iba a funcionar. Ahora creo que la estructura que tiene EVELYN es la que tiene que tener. Porque es fundamental contar de donde viene esa chica para entender cómo le afecta todo lo que le sucede luego.

Y encuentro otra frase que me hace soltar una carcajada:

  • En algún momento del clímax Deby rompe la pared con la pata de la cama y hace un agujero para salvar a su amiga.

Y aquí llegamos a LA IMAGEN que tenía en la cabeza desde el principio. Sobre un plano de una pared, mientras escuchábamos a su amiga sufrir en la habitación de al lado, Evelyn, que por entonces se llamaba Deby golpeaba la pared y el espectador, lo único que alcanzaba a ver es una pared siendo golpeada con violencia (golpes, golpes, golpes) hasta que se abría un agujero y veíamos lo que pasaba al otro lado. Quería lograr que el clímax de la película fuera un plano fijo sobre una pared en la que se abría un agujero. Es decir, construirlo con el audio (la esencia de La huida de Becker). Utilizar el mínimo de recursos y lograr el máximo de intensidad.

Encuentro otro documento que data del 31/12/08 que se llama “miente2 en fichas”. Por entonces, no teníamos título.  Y Miente es el corto que inspira esta película (y con el que le arrebaté el Goya a Sergio Barrejón en 2009, jajajaja). No teníamos título pero teníamos claro que la estructura de la peli era las fases de la aceptación de la muerte.  (Por cierto, nótese la fecha en la que yo, a excepción del mundo, estaba trabajando…)

He dejado la parte de abajo porque me hace gracia recordar cómo antes pensaba que Syd Field era lo más…

LA ADRENALINA

Poco a poco a lo largo de año 2009 dimos con la primera versión de guión. Una chica encerrada en una habitación prácticamente toda la película. Paralelamente habíamos iniciado un proceso de documentación intensa. Habíamos contactado con periodistas, policías, escritores… habíamos intentado hablar con víctimas de trata. Y aunque todo era complicado y hermético una cosa sí aprendimos: antes de recibir hay que dar. No puedo explicarlo pero es así.

Una buen día pasó algo con lo que todo guionista sueña: conocimos al personaje que habíamos creado. Una de las principales ong’s que operan en Madrid había aceptado leer nuestro guión y pasárselo a varias mujeres que habían atravesado por esa experiencia. Nos citaron y al poco nos encontramos alrededor de una mesa con unas 9 mujeres de varias nacionalidades que habían sido engañadas de distintas formas para ejercer la prostitución. Todas ellas nos fueron relatando sus historias. Fue emotivo y muy alucinante. Comprobar como entre ellas no conocían los detalles de lo que le había pasado a la otra, y la fuerza y el suspense de sus relatos empujaba a las demás a preguntar. ¿Y porqué no escapaste? ¿Y porqué no hiciste aquello o lo otro? Me di cuenta de la increíble fuerza dramática de lo que contaban y acepté el reto: había que trascender lo horrible del tema. Había que lograr una película que se te metiera en el estómago y te retorciera las entrañas. El odio se había transformado en energía creativa de fuerza 20 en la escala Richter. Había que conseguirlo.

Y como si de una caja de Pandora se tratara empezamos a ser recibidos por escritores, periodistas, policías, proxenetas, clientes, madames… toda una fauna increíble de personajes algunos de los cuales parecían haber sido sacados de la ficción que intentábamos crear y poco a poco nos sumimos en la contemplación de nuestra propia sociedad desde un punto de vista hasta entonces sólo imaginado: el Mal de verdad.

Comprobamos que el nexo que une la corrupción, el tráfico de drogas, los alunizajes de las joyerías, las contabilidades A, B y C, el blanqueo de capitales, los trapicheos varios… El elemento que todos estos negocios ilegales comparten son las prostitutas. Mujeres tratadas como ganado para celebrar cierres de negocios, extorsionar a políticos, chantajear a las familias. Material para escribir películas el resto de nuestras vidas. Y durante un tiempo andaba como sonada, mientras asimilaba todo lo que me contaban. Se me dio la cabeza de sí.

LA CALMA

A día de hoy, que EVELYN ya se ha estrenado y yo estoy a otra cosa, me doy cuenta de que la escribí de forma completamente contraria a como (supongo) trabaja la mayoría los guionistas. La fuimos creando paso a paso, secuencia a secuencia, de manera 100% orgánica y totalmente intuitiva. Utilizándome a mi misma de cobaya emocional y con un arco aproximado de lo que tenía que pasar, pero nunca con un mapa de acontecimientos fijado de antemano. Como los escritores escriben sus novela, sin saber a veces qué va a pasar a continuación. Un método que tiene sus ventajas y sus inconvenientes, claro. La gran desventaja es que puede ser caótico. La mayor ventaja es que es completamente visceral.

Otra de las grandes lecciones que he aprendido dirigiendo mi primera película es algo que ya sabía, como suele pasar. Guión viene de guía. Y una guía es como un libro de instrucciones con consejos para conocer bien algo, para llevar a buen termino alguna acción. Seguramente habréis oído esa frase de que “una historia es la que se escribe, otra la que se rueda, otra la que se monta”.  Y curiosamente, muchos de nosotros estudiamos los guiones de las películas a través, no del guión de esas películas sino de su montaje final. Es decir, a través de la tercera historia, no la primera. ¿Qué consecuencias tiene esto y de qué manera influye en cómo escribimos? Os lo dejo a vuestra reflexión…

Yo lo que he aprendido es que un guión tiene que estar bien armado pero poseer una gran dosis de flexibilidad que permita a la magia surgir. Es como llevar la historia envuelta en papel burbuja, tiene que respirar, tiene que estar holgada, tiene que haber material para montaje.  El guión es una guía, no la tabla de los diez mandamientos. A veces la actriz está especialmente inspirada y hace la interpretación de su vida en la secuencia más accesoria, justo cuando un rayito de sol se cuela en el plano y el eléctrico mueve 2 grados el stico y sus ojos llorosos llenan el plano de una manera que te embarga, y ese minuto de historia que iba a caer en montaje se transforma en un pico de emoción. A veces te pasas días inventado secuencias y diálogos que sirvan para redimir a un personaje y llega la actriz y te lo logra en un solo plano  haciendo temblar su barbilla. Nunca sabes qué puede pasar. Sólo te queda tener la antena bien sintonizada para capturar el mayor numero posible de momentos mágicos.  Y por supuesto tener un equipo como el que yo tuve, lleno de profesionales con gran sensibilidad y destreza.

Hay muy poca gente que sepa realmente lo  difícil que es escribir un guión. Y a mí éste, me ha cambiado la visión de la vida. EVELYN se proyecta el próximo miércoles, día 31 de Octubre, en la Filmoteca de Madrid. Si tenéis la oportunidad de verla entenderéis lo que digo.

EVELYN. Guión de Isabel de Ocampo y Juanma Romero.


MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA GUIONISTAS: LAS REBAJAS, EN EL CORTE INGLÉS

30 septiembre, 2010

por Pianista en un Burdel.

Uno de los mayores acontecimientos de mi adolescencia fue el momento en el que el primer de mis amigos se saca el carnet. De pronto, el grupo de amigos ya no depende de los autobuses y el Metro para llegar a los sitios. Ya no hay que hacer complicadas economías para tomar un taxi entre cuatro. De pronto, llega LA LIBERTAD.

¿Y qué se hace el primer fin de semana de LA LIBERTAD cuando uno tienen 17 ó 18 años en Madrid? Ir a la Casa de Campo a mirar a las prostitutas, naturalmente. El conductor va un poco más tenso de lo aconsejable para conducir, y los pasajeros van un poco más borrachos de lo aconsejable para llegar a viejo. El ritual suele estar entre lo ridículo y lo abiertamente tétrico, y consiste, básicamente, en dar vueltas y vueltas por la Casa de Campo, hasta que los pasajeros convencen al conductor de parar cerca de una prostituta en concreto y preguntarle, qué si no, cuánto cobra.

Recuerdo el diálogo más o menos así:

El coche se detiene frente a una prostituta. Ella se acerca a la ventanilla del Conductor.

PROSTITUTA

Hola, guapo. ¿Quieres pasar un buen rato?

El Conductor vacila, mira hacia sus amigos. Por fin, uno de ellos se decide a hablar.

PASAJERO 1

Disculpe, señora puta… ¿Cuánto cobra usted?

PROSTITUTA

Dos mil chupar, tres mil follar.

Los amigos se miran entre ellos. Es evidente que no han ido allí a ser chupados ni mucho menos follados, así que nadie sabe muy bien cómo continuar la conversación.

El Conductor decide seguir con el juego.

CONDUCTOR

¿Y si te follamos todos, nos haces descuento?

La Prostituta resopla. Debe de haber oído esa frase cientos de veces.

PROSTITUTA

No, guapo. Las rebajas, en el Corte Inglés.

Y se aparta del coche, dando la conversación por terminada.

¿Y a qué viene este incorrecto recuerdo? Por un lado, nunca viene mal una buena punchline. Por otro lado, cualquier cosa relacionada con prostitución tiene cabida en un blog de guionistas, ¿no? Especialmente, si lo firma un tal Pianista en un Burdel.

Pero realmente, lo que me ha hecho acordarme de este episodio, concretamente, de la sabia frase final de la prostituta (toda una filosofía de vida que ningún guionista debería dejar de observar) ha sido un comentario al post que publicó Daniel Castro el pasado 20 de septiembre: CONSULTORIO: OPCIÓN DE COMPRA. El comentario, escrito por el lector Tomatóstenes, decía así:

Justo la semana que viene tengo una entrevista con un productor ejecutivo al que le ha gustado el guión de largo que le envié. Si me pide una opción de compra GRATIS, ¿qué debo hacer?

Soy guionista novel y la posibilidad de visitar otras productoras que lean mi trabajo es una utopía. Por otra parte, soy consciente de que si todos negociamos a la baja …

Desde mi ignorancia, que un productor mueva mi guión en busca de finaciación suena muy bien, aunque no pague nada a cambio. Los expertos habláis de que así lo pueden quemar. ¿Qué significa exactamente esto? ¿Acaso cambia la actitud del productor por la módica cantidad de 2000 euros de una opción?

¿Y si me pide una reescritura gratis? Primera versión de guión, opción de compra y reescritura, ¿por cuánto se está firmando?

Como veís, estoy muy desorientado.

Y aunque Daniel Castro le contestó cumplidamente, he pensado que convendría hablar del asunto en la portada del blog, para que más lectores puedan contactar DE UNA PUÑETERA VEZ con esa sabia filosofía de puta vieja. Vamos allá con mi respuesta:

“¿Qué hago si me pide que firme una opción gratis?”

Naturalmente, le dices que no. Que por una opción cobras seis mil. En la anécdota, la prostituta decía “dos mil chupar, tres mil follar”. Nótese el pareado, cuestión de puro marketing. Tú, redondeando al alza los baremos mínimos de ALMA, puedes parear así:

Seis mil opción, cuarenta mil guión.

En todo caso, si le viene mal aflojar la mosca de golpe, dile que te puede aplazar el pago a tres meses, o a seis meses si quiere. Pero que tú eres una puta, y las putas lo único que hacen gratis es enseñarte el género y decirte cuánto cobran. Él ya ha visto el género. Si quiere catarlo, que lo pague. Y las rebajas… pues eso.

A no ser, claro, que te gusta que te la metan a cambio de nada. En ese caso, ya no serías puta, serías sólo un adicto al sexo y muy probablemente un masoquista. Porque hace falta ser rarito para cederle algo gratis a una persona que, manifiestamente, planea ganar dinero con ello. Jamás nunca harías algo parecido en cualquier otro ámbito. ¿Me prestarías tu coche gratis para que yo se lo alquile a un colega?

“Que un productor ejecutivo mueva mi guión para buscar financiación suena muy bien”.

Es cierto. Suena bien en la medida en que suena bien “este Gobierno jamás recortará los derechos sociales”, o “voy a poner todo mi empeño en sacar al país de la crisis” o “tenemos la responsabilidad de llegar a un acuerdo para impedir el antitransfuguismo”. Pero el subtexto, naturalmente, es “chupa, chupa, que yo te aviso”.

Suena mucho mejor de lo que en realidad es.

Piensa una cosa: si el productor NECESITA el guión para obtener la dichosa financiación, ¿no podría decirse que el guión es LA PIEZA FUNDAMENTAL en el proceso de producción? ¿Y no te parece que es MUY POCO PROFESIONAL intentar conseguir la pieza fundamental por el morro y sin soltar un duro?

De nuevo, no existe otro ámbito profesional en el que nos pareciese tolerable una conducta así. Si ese productor ejecutivo realmente tiene probabilidades serias de conseguir financiar este proyecto, asumirá que hay que hacer una mínima inversión en el resorte fundamental que acciona la maquinaria. Que insisto, es eso que tienes en tu disco duro, y que hemos dado en llamar guión.

Dándole la vuelta al razonamiento: un tío que no está dispuesto a soltar unos miles de euros para asegurarse los derechos del guión, muy probablemente no es un verdadero productor ni tiene probabilidades de financiar nada. Muy probablemente es un filibustero con más ilusión que talento, que no se quiere jugar los cuartos porque sabe que, casi seguro, no conseguirá recuperarlos.

“¿Cómo hay que obrar en estos casos?”

Bueno, la manera más destroyer sería decirle al productor ejecutivo que sí, que lo mueva por ahí a ver qué tal… pero sin firmar nada. Y que cuando encuentre la dichosa financiación, que ponga dinero sobre la mesa, y entonces habláis. Mientras tanto, naturalmente, tú serías libre de buscarte otros productores más interesados.

La manera más lógica sería hacerte socio de ALMA inmediatamente, y recabar los servicios de su abogado, Tomás Rosón, que te informará cumplidamente del tipo de contrato que más te conviene, y de los tramos salariales a que puedes aspirar. Y cuando algún productor te diga que estás pidiendo más de “lo que se está pagando por ahí“, no le escuches: ven a este blog a informarte y, sobre todo, escucha a Tomás Rosón. Él es el que lee, revisa y confecciona la mayoría de los contratos de guionista en este país. Él sabe realmente cuánto se cobra por un guión en España. Y está de tu lado, así que te dirá la verdad.

Espero que estos comentarios le sean de utilidad a alguien. Y confío en que tú, Tomatóstenes, sepas disculpar el tono cortante. Sé que, mezclado con el uso de la segunda persona, puede tocar un poco los cojones. Y últimamente, me han criticado bastante por mi tono de superioridad. No era la intención hacerme el superior ni el sabelotodo. Y si a veces soy cortante es porque me hace más gracia que ser falsamente amable. En cualquier caso, si te ha molestado, lo siento.

(Mentira.)


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