EL FORMATO DEL GUION Y MIS AMIGOS DE LA RAE

23 octubre, 2017

Por Germán Aparicio

Hubo un tiempo en el que para ser un buen escritor era necesario tener una buena caligrafía. Imagino que hubo grandes filósofos cuyos pensamientos no transcendieron por culpa de una letra ininteligible. Con los médicos pasó lo contrario, pero esa es otra historia.

Siglos más tarde, las máquinas de escribir homogeneizaron la caligrafía, pero seguía existiendo el escollo de la ortografía. Los ordenadores y los programas de edición con autocorrección han hecho mucho por los delincuentes de la palabra, aunque muchos siguen cometiendo delitos casi en cada página.

Puedes tener historias muy interesantes que contar, pero si te huele el aliento, es poco probable que encuentres una audiencia dispuesta a escucharlas. Con la ortografía ocurre algo parecido, solo que por escrito. La diferencia estriba en que el aliento suele delatar lo que has comido, mientras que las faltas de ortografía delatan lo que no has leído.
Últimamente, el archiconocido y pirateadísimo Word, está dando paso a otros programas de edición de guiones, importados casi siempre de los anglosajones. Entre los más populares están el Screen Writer, el Final Draft, y el Celtx. Paradójicamente, diría que este último es el que se usa menos pese a ser gratuito.

El caso es que estos programas están estandarizando un uso de los signos ortográficos y del formato de guion que no se corresponde con el de las ediciones impresas. Además, según la editorial que leas, encontrarás un formato u otro, e incluso hay distintos formatos dentro de la misma colección de una misma editorial. Supongo que para respetar el original.

Muchos diréis que lo importante de un texto es que se entienda, y yo os digo que sí, pero que también es importante que sea cómodo de leer. Y para ello existen las normas de ortografía y gramática. ¡Coño, ya! Que si cada uno escribe como le viene en gana esto es un sindiós.

Para aclarar la manera correcta de dar formato a un guion, me dirigí hace unos meses a los señores de la Real Academia Española, vía mail. Para mi sorpresa me contestaron, y para mi gozo, coincidían conmigo. Me quedó alguna duda que volvieron a resolverme tras una segunda consulta. Os transcribo un resumen de lo hablado con ellos.

CONSULTA 1

…quisiera consultarles acerca de las normas de puntuación para cine y televisión.

En ocasiones se escribe una acotación en mitad de un diálogo. Como en el siguiente ejemplo:

JUAN

No he sido yo. (Enfadado). Y es la última vez que lo digo.

(…)

… casi nadie usa el punto después del paréntesis de la acotación, y algunos tampoco usan la mayúscula, como en el siguiente ejemplo:

JUAN

No he sido yo. (enfadado) Y es la última vez que lo digo.

Quisiera saber cuál es la manera correcta.

RESPUESTA 1

En primer lugar, siguiendo la norma general, en las acotaciones el punto se escribirá tras el paréntesis de cierre:

«Bernarda. (Golpeando con el bastón en el suelo). ¡No os hagáis ilusiones de que vais a poder conmigo!» (GaLorca Bernarda [Esp. 1936]).

En segundo lugar, lo indicado es empezar la acotación con mayúscula solo si va precedida de punto (a no ser que, por ejemplo, esta esté constituida por más de un enunciado y aparezca en mitad de una intervención).

En tercer lugar, se recomienda escribir punto delante de la acotación si está formada por una oración completa, pero no si está formada por un grupo nominal.

De acuerdo con esto, en su ejemplo, lo más indicado es escribir punto antes y después de la acotación y empezar esta con mayúscula:

JUAN

No he sido yo. (Enfadado). Y es la última vez que lo digo.

CONSULTA 2

…en mi consulta olvidé preguntar si se recomienda utilizar la cursiva en la acotación entre paréntesis o es indiferente.

Quedé muy satisfecho  con su respuesta que, sin embargo, no es aplicable a la mayoría de los guiones de televisión con los que me encuentro (porque tampoco lo era mi pregunta). Y es que, debido a que se usan programas de edición importados de EE.UU. es usual encontrarse con el siguiente formato:

JUAN

No he sido yo.

(enfadado)

Y es la última vez que lo digo.

A mí me parece que no hay motivo para empezar la acotación sin mayúscula, ni para obviar el punto después del paréntesis de la acotación, pero querría conocer su opinión, así como si consideran necesario o recomendable el uso de las cursiva en la misma.

RESPUESTA 2

Las indicaciones que le ofrecimos sobre el uso de mayúscula en las acotaciones son válidas aunque la acotación o indicación aparezca en una línea aparte en este tipo de guiones.

Así, si la intervención del personaje se cierra con punto, la indicación deberá comenzar con mayúscula. Si la acotación, como sucede en este caso, no es una estructura oracional ni presenta puntuación interna y está aislada en una línea, prescindir del punto no sería completamente censurable:

JUAN

No he sido yo.

(Enfadado)

Y es la última vez que lo digo.

El criterio editorial más habitual es escribir en cursiva tanto el contenido de la acotación como los paréntesis.

Así pues, amigos guionistas y editores, mis amigos de la RAE y yo, os recomendamos fervientemente usar el siguiente formato.

JUAN

No he sido yo.

(Enfadado).

Y es la última vez que lo digo.

Queridos guionistas, coordinadores y editores, sé que cuesta cambiar, y que la inercia os llevará a seguir escribiendo esas tristes acotaciones en minúscula y sin punto, como si fueran huérfanas, como si no tuvieran derecho a nada. Os costará, como os está costando escribir “solo” y “guion” sin tilde, pero mis amigos de la RAE y yo os pedimos que lo intentéis.

 


 

Quisiera acabar con algunos ejemplos extraídos de esta web al azar para poner de manifiesto que no existe consenso acerca de la manera correcta de dar formato a un guion. Incluso dentro de un mismo guion el formato “baila”.

ministerio del tiempo

El Ministerio del Tiempo. Acotación integrada en el diálogo, en cursiva, a veces empezando en mayúsculas, a veces no, y sin punto después del paréntesis.

isla.jpg

La Isla Mínima. Acotación en una línea aparte, en cursiva y sin punto después del paréntesis.

galdos.jpg

Prim. Acotación en una línea aparte, en cursiva (no siempre), empezando minúsculas y sin punto después del paréntesis.

 

Germán Aparicio es guionista de televisión desde hace más de veinte años. Aunque su especialidad es la ficción y más concretamente la comedia, también ha escrito monólogos, sketches y programas. Actualmente se encuentra escribiendo un thriller para Movistar y una comedia para A3. Es socio de ALMA.

 


L@S A/Os

7 marzo, 2012

Por Chico Santamano.

El pasado fin de semana saltó la noticia. Los enlaces que recogían los lamentos bolivianos de los miembros de la RAE corrieron como la pólvora por las redes sociales. La Real Academia Española ponía el grito en el cielo al ver cómo, cada vez más, se intentan imponer esas guías de lenguaje no sexista que en los últimos años habían publicado diversas instituciones relacionadas con la igualdad de la mujer.

Algunos de mis amigos en facebook se hicieron eco de quejas como esta. Muchas de esas personas que dijeron “¡Ya va siendo hora de que alguien ponga fin a esta locura!” se dedican de una u otra forma a esta cosa del lenguaje (guionistas, periodistas, lingüistas, traductores…). Curiosamente, la gran mayoría eran mujeres y todas estaban hartas de que se les impusiera una forma de hablar que en general viola el buen uso de nuestro lenguaje y sobre todo las fuerza a expresarse, ya sea de manera oral o escrita, como auténticas idiotas.

Les contaré un secreto (que he contado muchas veces), durante muchos años de mi vida he alternado esto de escribir guiones con curros como diseñador gráfico. La mayor parte de los clientes que tenía en cartera eran ayuntamientos. Así que se podrán imaginar la cantidad de mierda “no sexista” que he tenido que comer. Una vez tuve que hacer un folleto para críos en los que se explicaban los diferentes tipos de familias; la familia tradicional, la monoparental, con padres de diferentes razas, padres homosexuales, con abuelos en casa y sin ellos… ya saben, todas las variables posibles. Cada una de ellas se ilustraban con un dibujo de los miembros. Aparecían todos sonrientes, mirando a cámara, como en un retrato de familia. En todas ellas, en un ataque de ingenuidad por mi parte, el padre aparecía poniendo la manita por encima del hombro a su mujer. Como en cualquier imagen familiar que podamos tener en nuestro álbum de fotos, vamos. En la concejalía de asuntos sociales gritaron de indignación… Ese gesto de cariño era para ellas un descarado gesto de SOMETIMIENTO A LA MUJER. Tuve que cambiar todos los dibujos y borrar todas las manos masculinas sobre todos los hombros femeninos, claro.

En todos esos años, el caso más flagrante lo encontré en una concejalía de juventud. Posiblemente la concejalía mejor gestionada, con mejores intenciones, con más medios y ganas de hacer cosas útiles para la gente joven de toda España. Sólo tenían un problema… se habían vuelto locos con esto del lenguaje sexista. Durante mucho tiempo, en todas sus publicaciones me obligaban a poner el horrible y famoso o/a… dando lugar a despropósitos como “Todos/as los/as jóvenes podrán asistir con sus amigos/as”. Después de poner el grito en el cielo y hacerles ver que era un horror leer eso entraron en razón y se optó por una vía intermedia… ¡la arroba! Así que los textos se convirtieron en una especie de código marciano y absurdo… “Tod@s l@s jóvenes podrán asistir con sus amig@s”.

El climax de toda esta locura llegó un mes de Marzo. Sí, el mes en el que se celebra el día de la Mujer (trabajadora y/o en paro). Todos los meses sacaban una revista para jóvenes. Aquel año decidieron prescindir de a/o y arrobas. Ese mes llegaría el más difícil todavía. Ese mes toda la revista sería en FEMENINO. Muerte al género masculino. Ese mes no existían los chicos, ni los alumnos, ni los espectadores… sólo chicas, alumnas, espectadoras… No entro a calificar la idea, son libres de poner la etiqueta que les parezca, el problema vino con algo que nadie tuvo en cuenta. El reportaje central de la revista fue “El consumismo”. Así que todo aquel que leyera ese número fliparía al ver la imagen que se daba de la mujer con frases como “el grupo de amigas nos influye al vestir”, “la publicidad hace mella en nosotras” o “a veces compramos cosas que no necesitamos”.

La radicalidad más absoluta acabó como uno de esos planes imposibles del Coyote para cazar al Correcaminos. Quisieron normalizar el género femenino y lo único que consiguieron fue ahondar en el mito de las mujeres frívolas, gastonas y fácilmente influenciables.

Todos estas guías lingüísticas se entienden en un país que vivió por encima de sus posibilidades durante mucho tiempo. La ley del suelo dio mucho dinero a los ayuntamientos y comunidades y había que gastarlo… Daba igual el color político de la institución, cualquier chorrada bien intencionada encontraba su partida económica para sacar la publicación de turno. Les juro que he llegado a ver folletos explicativos con la ubicación de pasos de cebra en la ciudad.

Por suerte, creo que podremos vivir lo que quede de crisis sin la aparición de nuevas guías que nos obliguen a retorcer el idioma para solucionar problemas que ellas mismas han creado y que los ciudadanos (o como les gusta a ellos “la ciudadanía”) no los sienten como tal. Afortunadamente seguiremos hablando y escribiendo en español de una manera fluida sin que nos acusen de nada por escribir sin arrobas, barras o atajos retorcidos e innecesarios.

Muerte a los talibanes de lo políticamente correcto, por favor.


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