NACHO VIGALONDO: OTRA LECCIÓN DE CINE

1 julio, 2010

por Pianista en un Burdel.

Hace diez años, Nacho Vigalondo ganó el premio al Mejor Corto en el Festival de Jóvenes Realizadores de Zaragoza con un corto de presupuesto cero, filmado ad hoc para el festival. Se titulaba Una Lección de Cine, y nació por la insistencia del director del festival, que tenía mucho interés en contar con la participación de Vigalondo.

Aunque no tenía ningún corto que pudiera presentar al festival, Vigalondo se comprometió a enviar uno antes de que acabase el plazo de entrega. Y una mañana cualquiera, agarró una handycam, se subió a un prado de los que abundan en los alrededores de su pueblo, Cabezón de la Sal, y grabó este memorable plano-secuencia protagonizado por él mismo, con la única ayuda de una inolvidable Batbola y una vaca que se merecía un lugar en los títulos de crédito:

Dentro de diez días, Nacho Vigalondo nos dará otra lección de cine. Dentro de diez días empieza a rodarse su segundo largometraje, Extraterrestre, un proyecto diseñado desde el primer minuto para poder hacerse con un presupuesto muy inferior a las cifras habituales, con un diseño de producción que resulte manejable para una productora independiente. ¿Y cómo se consigue eso? ¿Rebajando los sueldos a todo el mundo? ¿Pidiendo al equipo que haga catorce horas al día en rodaje? ¿Inundando el equipo técnico de becarios?

No. No tiene nada que ver con eso. El truco se hace mucho antes. Y es un truco de guión. Se trata de concentrar la acción. Pocos personajes. Pocas localizaciones. Y una premisa explosiva que cree tensión a lo largo de toda la trama, pero que no imponga dispendios de producción. Es decir, evitando costosos desplazamientos que multiplican las semanas de rodaje, y buscando el espectáculo no en la puesta en escena… sino en la escena. Es decir, en los personajes.

En un momento en que todo el mundo se queja de que es imposible financiar una película; en que todo el mundo tiene que rodar sus películas en una o dos semanas menos de lo aconsejable; en que las subvenciones se recortan y las cadenas de televisión no invierten… ¿qué mejor lección de cine que refugiarse en guiones mínimos? Proyectos que se puedan rodar con un presupuesto exiguo, sin por ello explotar al personal ni pagar por debajo de míninos. Películas rápidas, reconcentradas, sencillas. Baratas.

Todo guionista sabe -y casi todo productor ignora u olvida- que a mayor introspección en los personajes, mayor intensidad cobra el conflicto. En otras palabras, los mayores conflictos son los internos. Sólo el niñato del metro de Valencia mantendría que La Huella es menos intensa que, digamos, Pearl Harbor. Sólo un macaco borracho encontraría que Transformers atrapa más que El Ángel Exterminador.

Que ¿Quién teme a Virginia Woolf? Que Septiembre.

Que Náufrago. Que Infierno en el Pacífico. Que Reencuentro.

Nacho Vigalondo tiene en desarrollo proyectos mucho más grandes que Extraterrestre. Pero el propio tamaño de esos barcos hace que se desplacen con una lentitud exasperante. Y les impide virar con agilidad en caso de encontrarse con un iceberg. Así que se ha bajado a la playa y ha construido un bote de remos que quizá no le permita dar la vuelta al mundo, pero con el que podrá salir a pescar, a recorrer la costa, o a nadar en una calita escondida. Sin necesidad de patrones, y con timoneles amigos.

El talento está muy bien. Pero la capacidad de adaptación ya es la leche. Insisto: esto es una lección de cine. Tenedla siempre muy presente. Guionistas.


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