¿ES MARIO CASAS UN BUEN ACTOR?

2 octubre, 2013

por Sergio Barrejón.

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¿Sabes esa gente que pulula por los conciertos de bandas veteranas diciéndole a quien quiera escucharles eso de que “yo ya les conocía de su primero disco” o  “a mí ya me gustaban antes de volverse comerciales”? Pues este post va un poco de eso. Avisado quedas.

Hace un par de años, cuando los organizadores del Master de Guión de Salamanca me propusieron escribir un ensayo para el libro colectivo DIEZ GUIONES CON HISTORIA, yo elegí escribir sobre Regreso al Futuro. Y no les pareció mal, a pesar de ser una película claramente comercial y de entretenimiento. Porque hoy en día ya se considera tolerable decir que Regreso al Futuro es una obra maestra.  Es casi un tópico decirlo. Ya no es FRIQUI.

Pero hace quince años, cuando impartía mis primeras clasecitas de cine en la ya desaparecida Escuela de Artes Visuales de Madrid, todos mis alumnos me miraban con cara de incredulidad cuando les ponía esta escena de Regreso al Futuro como ejemplo de presentación de personajes. O cuando les ponía esta otra como ejemplo de uso de lentes, cambios de punto de vista, ruptura de ritmo… Como ejemplo de TODO, vaya:

En 2013, los rictus de incredulidad me los encuentro cuando digo cosas como que MARIO CASAS ES UN ACTOR ESTUPENDO que ya lo quisiera yo para protagonizar un guión mío. No busques la ironía, que no la hay.

Los argumentos para criticar a Mario Casas suelen resumirse en tres:

1. Mucho musculito pero poco talento.
2. Tiene un rostro inexpresivo.
3. No se le entiende al hablar.

Pero el subtexto, desengañémonos, es éste:

ES INTOLERABLE QUE ALGUIEN SEA JOVEN, GUAPO Y EXITOSO. BAJÉMOSLE LOS HUMOS.

Las razones del cinéfilo-todólogo promedio para despreciar a Mario Casas están emparentadas con el mismo prejuicio que sufre el resto del cine español: la presunción de que “no se lo curra”. De que el éxito le ha venido regalado. De que no ha sudado sangre para triunfar.

En mi opinión, nadie diría que es mal actor si no fuera un sex-symbol para miles de adolescentes.

En esta profesión, el éxito siempre es producto del talento, la perseverancia y la suerte. Y hacen falta los tres elementos.

Tomemos el caso de Amenábar, por ejemplo. Perseverante donde los haya, y con algo de talento (hazte un favor y reconoce que puede existir gente con talento aunque no te interese su obra). Pero su talento y perseverancia no le habrían servido de gran cosa si no se hubiera tropezado con José Luis Cuerda en el preciso instante en que Cuerda quería producir cine (cosa que no había hecho antes ni ha vuelto a hacer después).

Ahora bien, ¿cuál de esos tres factores es el determinante para el éxito? Parece que es la suerte, porque fue el último factor en entrar en juego. Pero los tres son imprescindibles. Tropezarse con Cuerda le puede pasar a mucha gente. Pero Amenábar tenía algo que enseñarle: varios cortometrajes de calidad y un guión comercial. Los frutos de su talento y su perseverancia.

No sé cuánta suerte ha tenido Mario Casas. Ni me importa si, tal y como sugieren algunos, se ha tenido que acostar con alguien para llegar adonde está. No es que me parezca una estrategia digna, es que no me parece una estrategia en absoluto. Con un polvo oportuno puedes conseguir un papel, pero una carrera sólo la levantas con talento y perseverancia.

Sobre la perseverancia… no sé tú, pero yo sólo conozco una manera de hacer aparecer una chocolatina en tu abdomen: PERSEVERAR. Naturalmente, ser actor consiste en mucho más que en hacer abdominales. Pero cuidar el cuerpo es fundamental para un profesional de la interpretación. Ojalá todos los actores lo tuvieran tan claro como Mario Casas.

En cuanto al talento, ni me voy a molestar en defenderlo: consulta con Álex de la Iglesia, Antonio Banderas, Jaume Balagueró, Paco Cabezas, Marcelo Piñeyro, Alberto Rodríguez o algún otro de los muchos directores con los que ha trabajado. Consulta con la “mayoría ruidosa” de gente que acude a ver sus películas.

En cuanto a la dicción y la expresividad: pues sí, yo también creo que pueden mejorar. Siempre pueden mejorar. Un actor se pasa la vida mejorando esos aspectos. Para ver si Mario Casas está esforzándose en conseguirlo, basta con echar un vistazo a sus primeros trabajos y compararlos con los últimos. Si alguno de sus críticos se tomase la molestia de hacer ese repaso, quizá descubriría que lo peor de esos trabajos no era su dicción, sino el PAPEL.

De manera que antes de decir “mucho musculito, pero poco talento”, piensa que una cosa no tiene nada que ver con la otra, y luego reconoce que si ese actor protagoniza películas que a ti de entrada no te interesan, con papeles que ya de entrada no te crees, difícilmente podrás apreciar su talento, aunque lo tenga.

Antes de decir “es inexpresivo”, trágate un ciclo de Ryan Gosling y luego échale un vistazo a GRUPO 7. Que igual no estamos hablando de la misma persona.

Y antes de meterte con la dicción de Mario Casas, piensa si no tendrá una dicción mucho más auténtica que todos esos actores de doblaje que nos han atrofiado el oído con su entonación perfecta y esa reverb que siempre les acompaña.

Y antes de meterte, en general, con actores de éxito, piensa si no estáras proyectando sobre ellos algún tipo de prejuicio más relacionado con su imagen pública que con su capacidad profesional. Piensa si no estarás anteponiendo el topicazo al criterio, cual tertuliano de talk-show mañanero. (Esos mismos tertulianos que luego te dicen que el cine español vive de espaldas a su público.)

Y aquí dejo el tema, que me empiezan a salir bifurcaciones. Si a alguien no le basta con insultarme en los comentarios, el 17 de octubre tendrá la oportunidad de hacerlo en persona, durante la presentación en Madrid de mi novela “Ese brillo en tus ojos“. El lugar está por confirmar, pero lo que es seguro es que estaré acompañado de otros dos actores estupendos: Javier Collado y Nadia de Santiago (Héctor y Asun, para los fieles de “Amar”).


FIRMAS INVITADAS: SILVESTRE GARCÍA

6 enero, 2011

Silvestre García ha sido guionista de la serie Los Serrano y Delegado de Ficción en Antena 3.  Colabora como analista de guión en Bloguionistas, ha escrito y dirigido el corto “17 del 7”, y actualmente trabaja en un guión de largometraje subvencionado por el ICAA.


DESMONTANDO UN PITCH

 

A principios del pasado mes de Diciembre tuve la suerte de presentar en público un guión de largometraje, “Atocha 1977”. Fue en un encuentro organizado por el Ministerio de Cultura para que los guiones subvencionados no se queden en un cajón. Así pues congregó a un buen número de guionistas y productores.

Me gustaría compartir la experiencia y lo aprendido esos tres días en Ronda (el encuentro se desarrolló en el marco del Festival de Cine Político).

Cuando me comunicaron desde el Ministerio que habría un encuentro con productores para contarles nuestras historias, entablar contacto y posibles negociaciones, la boca se me hizo agua. Luego, al recibir el programa me acojoné. El primer día debíamos realizar un pitch de 7 minutos de duración. Se debía exponer ante los demás guionistas y productores, y al ser en orden alfabético me tocaba salir el primero a la pizarra. Para los dos siguientes días estaban programados encuentros personales entre guionista-productor. Media hora cada encuentro. Sí, era como esas rondas de citas instantáneas en las que tienes que decidir si te gusta la persona que tienes enfrente, a la vez que por el rabillo del ojo observas al siguiente candidato, o… ¿era yo el candidato y ellos los que miraban de reojo?

Estuve preparando el pitch varios días. Me asaltaron dudas que compartí en el muro de mi Facebook: ¿Resumo la historia? ¿Cuento el final? ¿Lo dejo en alto? ¿Vaqueros y camisa? Más o menos solventadas estas dudas, ensayé frente al espejo, me grabé con el móvil y le hice el stand up a mi chica. Gracias a la sinceridad y acierto de esta última, un día antes de bajar al sur, el pitch entero se cayó. No funciona. Al carajo. Muy bien. Pensamiento positivo, soy optimista, todo es para bien, ¿y si no voy a Ronda y mejor me veo 30 capítulos seguidos de In Treatment? No. OK, entonces ¿qué hago? Dinggg, un mail. Vaya, justamente de los organizadores del encuentro (la Media Business School). Anda, vaya, una propuesta de escaleta sobre cómo estructurar el pitch. A buenas horas mangas verdes (!)

Para hacer ilustrativo y que pueda ayudar a los futuros pitchinistas aquí les dejo lo que mandaron:

1. Introducción

  • Saludo :  tu nombre y el título del proyecto
  • “Copyline”:  resumen de la película en una frase
  • Experiencia:  breve resumen de tu experiencia en la industria
  • Contenido: de qué se va a hablar

2. Desarrollo de la presentación

  • Concepto: resumen de la historia y trama principal de la película.
  • Información básica: género, ubicación temporal y espacial de la historia, si hay director o actores ya involucrados, audiencia potencial, títulos comparables (si procede).
  • La historia: máximo tres minutos de la trama principal
  • Los personajes:  perfil de los personajes principales
  • Selling point: explicar por qué esta película es especial y hay que apostar por ella.

3. Final

  • Conclusión:  resumir el “espíritu” de la película
  • Abrir a preguntas y respuestas.

Con ello reelaboré mi pitch. ¿Cuándo? Bajando al sur. ¿Cómo? En mi cabeza mientras conducía.  ¿Cómo? Hablando solo. Ya en Ronda recibí el asesoramiento de la persona que organizaba todo, me escuchó un ensayo y me aconsejó sobre puntos concretos. Me fui a descansar. Y no descansé. Escribí, escribí y reescribí, y cambié más cosas, y volví a reescribir… ¿Les suena? Pues eso, pero en Ronda.

Sabía, tras hablarlo con compañeros y meditar, que el objetivo del pitch ideal tenía que transmitir mi entusiasmo, contar de manera sencilla y directa mi historia, lo que la hace única/nueva y, sobretodo, dejar con ganas de más.

Muy bien, pero ¿cómo se consigue eso? Yo creo que estando cómodo, disfrutando el pitch por si mismo, no como herramienta “para”, sino con valor y entidad propia.

Una persona ajena al mundo del guión me aconsejó que no tratase de vender la película, que no “mercadease”, sino que lo ofreciese como un regalo, como un pequeño tesoro en el que he trabajado los últimos dos años y del que voy a  enseñar, mostrar, regalar, 7 minutos. Así mismo me aconsejó que disfrutase el momento, que recrease-recordase un estado de felicidad-satisfacción propia y me embutiera en dicha sensación.

¿Me ceñí a la escaleta que me mandaron? Sí y no. Me ayudó, pero me salté muchos de sus puntos, y traté de centrarme en la historia en sí. De hecho, además de resumir la trama, hablar del género y referentes, arriesgué medio pitch narrando el arranque, de manera visual y con el ritmo y tono del guión. Traté que ese fuese el “regalo” que ofrecía. Obviamente el inicio de la historia se presta a ello, no es dialogado y comienza fuerte.

Así pues, creo que el pitch fue muy bien, lo digo en la medida en que yo me sentí cómodo, a gusto y con la sensación de haber trasmitido la esencia, o parte de ella, de mi historia.

Ahora bien, el compañero que a mi gusto más trasmitió, fue Pablo Remón (guionista de Casual Day). Creo que él sí que consiguió regalarnos 7 minutos trepidantes, con muy buen ritmo, y haciéndonos llegar una historia interesante, original y atractiva. Y logrando que se disparase la curiosidad, y las ganas de saber y ver más.

Pero lo más interesante, más allá de cómo fue, es lo que saqué de ello y que creo que es algo valioso más allá de pitchings y presentaciones. Me di cuenta, quizá es algo que muchos de ustedes ya saben, de la importancia de poder resumir la historia. De someterla a un “test de stress” al contarla en público brevemente y dejar que ese público luego te acribille a preguntas sin compasión.

Aprendí que las preguntas que se hacen los productores nos pueden ser muy útiles antes de comenzar a escribir o escaletar. Son preguntas que atañen principalmente a la viabilidad financiera y comercial de la película, pero que como guionistas creo que podemos servirnos de ellas para crear de manera más consciente. Conscientes de qué es lo que preocupa a las personas que pondrán el dinero, conscientes de lo que cuestan esas cosas, conscientes de toda la maquinaria que deberá entrar en juego para que del papel se pase a la luz.

Algunas de esas preguntas fueron:

– ¿Hay personajes extranjeros, o posibilidad de meterlos?

– ¿A qué público va enfocado? ¿Por qué?

– ¿Podría ser una Tv-movie?

– ¿Con qué sensación quieres que se quede el público al terminar la película?

No obstante, el aprendizaje más importante fue encontrar el alma de la historia, lo que la hace única y merecedora de ser contada (y financiada).

¿Y como conseguí esto? Pues haciendo una de las cosas que menos me gusta hacer normalmente: resumir la historia. De siempre me ha costado horrores realizar sinopsis, reducir la película, la trama, los personajes, que en mi cabeza y el papel tanto ocupan, a meras líneas. Me enfado y protesto diciendo que si la historia se pudiese contar en unas frases habría hecho un corto para el Notodo, no un largo. Pero me equivoco. Porque si se hace bien, una sinopsis sencilla y directa, no es reducir y simplificar, sino desnudar y encontrar la esencia de la historia. Qué late tras los conflictos, tramas y personajes. Algo que puede que coincida con lo que ha hecho que le dediques tanto tiempo a esa historia y no a otra.

El summum de este ejercicio de desnudez es el que tuve que hacer para comenzar el pitch: resumir en una línea la historia. ¡Una línea! Me acordé del maestro Lumet que comenta en su libro “Así se hacen las películas” que él, al comenzar un proyecto, buscaba la frase que sintetizase el sentir de la historia completa. Creo que es esencial que toda una película se pueda sintetizar en una línea, y que esa línea sea clara, directa y original.

Ahora voy a intentar hilar más fino, intentando no enmarañar. He pensado a posteriori, que complementario a esta línea que retrata con fuerza la idea de la película, se puede trabajar otra línea, por así decirlo, más íntima. Que hable del fondo, del alma, de lo que late. Así pues estaría la frase que sintetiza de manera formal la historia y otra que hablase de lo que discurre subterráneamente.

Quizás como ejemplo tonto podríamos decir de Regreso al Futuro que su línea “formal” es: “Un joven realiza un viaje en el tiempo a un pasado muy personal”. Mientras que la línea de fondo podría ser: “Una historia de amor edípica”. En mi caso, lo que conté en el pitch sobre mi historia, la frase “formal” fue: “En la actualidad tres jóvenes investigan un caso que quedó sin cerrar: la matanza de los abogados de Atocha de 1977”. La frase de “fondo” no la conté, pero sería algo así: “La conciencia de la muerte como activador de la vida”. Un mejor ejemplo de esta “línea de fondo” nos la comentó Calparsoro en el curso de Thriller del compañero David Muñoz, hablándonos de Guerreros: “Es una historia de unos tipos que van a llevar la luz y entran en la oscuridad” (Para quien no haya visto la película: un grupo de jóvenes militares en Kosovo han de ir a un pueblo en el que los rebeldes han saboteado el suministro eléctrico, ellos han de repararlo para que la población vuelva a tener luz.)

Lo importante es que al sintetizar y desnudar la historia, ayudamos a mantener una dirección. A la vez que ahondamos y enriquecemos con subtexto o sutilezas el discurrir de la acción.

Encontrar esta frase de “fondo”, esta esencia, creo que es un trabajo a realizar cuanto antes, pero que puede realizarse también a posteriori. Releer el guión y ver de qué estás hablando. Quizás para reescribirlo entero o para aliñarlo un poco con esa nueva dirección. E incluso se puede realizar con el guión ya cerrado, en rodaje. Añadiendo a la frase alguna sutileza que enriquezca todo el conjunto, algo que “imante” toda la película, haciéndola más atractiva y con más lecturas. Como por ejemplo hicieron en Ben Hur su director y guionista:

Un saludo y nos leemos por aquí.

P.D. Anticipándome a todas las críticas que se basarán únicamente en el hecho de haber recibido una subvención del Estado, quiero posicionarme al respecto. Creo que las subvenciones y los modelos del ministerio son cuestionables, criticables y siempre mejorables. No obstante, las veo necesarias en cuanto representan un impulso, una oportunidad, una “beca” para desarrollar un trabajo. No sé los demás subvencionados, pero en mi caso dejé un trabajo fijo con contrato indefinido para centrarme y apostar por esta oportunidad. Muchos lo han visto como una locura en los tiempos que corren, yo he sentido que no me quedaba otra. Locura, aventura, o ambas, subvenciones de este tipo permiten intentarlo.


LOS DOBLADORES ESPAÑOLES SON LOS MEJORES DEL MUNDO

20 mayo, 2010

por Pianista en un Burdel.

Son tan buenos, tan buenos, tan buenos… que hacen con las películas lo que les sale de los cojones.

Vamos con cuatro ejemplos de Back to the Future para ilustrar las variadas razones por las que los traductores y dobladores JODEN las películas.

Cada ejemplo va acompañado de dos clips de vídeo: primero la versión original (con unos subtítulos espantosos, lo siento) y luego la versión que realizaron los mejores dobladores del mundo.

Razón 1: PORQUE LA GENTE ES MUY IGNORANTE… Y QUEREMOS MANTENERLA ASÍ.


Naturalmente, poca gente en la España de 1985 sabía qué era Calvin Klein. Probablemente por eso, los guionistas se aseguraron de incluir la frase “it’s written all over your underwear”. Para que se entendiese incluso aunque no conocieses la marca.

En cualquier caso, es injustificable que el traductor se sacase de la manga la marca “Levis Strauss” (sic), o para el caso, cualquier otra. Si la versión original dice Calvin Klein, nadie tiene potestad para cambiarlo. ¿Quién ha dado la autoridad a los dobladores/traductores para elegir lo que podemos y no podemos conocer (o descubrir)?

Por cierto: no soy un experto en moda íntima masculina, pero que yo sepa, en los calzoncillos Levi’s no pone LEVI STRAUSS en grande… que es lo que caracteriza a Calvin Klein.

Frase para la eternidad: “Seguro que te llaman Lev”.

Razón 2: PORQUE A VECES EN LAS PELÍCULAS DICEN TONTERÍAS. MENOS MAL QUE ESTAMOS NOSOTROS PARA ARREGLARLAS.


Combinada con la razón 1, esto llevó a los dobladores a quitarle al personaje de Doc un matiz de extravagancia que los guionistas habían pincelado brillantemente. Llamar de tú y con diminutivo a Thomas Alva Edison es algo que da una idea bastante aproximada del tipo de científico loco ante el que estamos.

Pero eso, para los traductores/dobladores, es una tontería. Corregida. Y es que cuando algunos decimos “matiz”, los dobladores oyen “mariconada”.

Razón 3: PORQUE A VECES UN COLEGA VA CORTO DE PASTA.

Y no cuesta nada sacarle un take de más. Metes una frase donde no la hay, y a correr. Véase:


Otros ejemplos: la frase final de Bill Murray a Scarlett Johansson en “Lost in Translation“, o el perros de paja inventado de “Strawdogs“.

Razón 4: PORQUE LA DROGA HA HECHO MUCHO DAÑO.


Este último ejemplo no me lo explico sin sustancias tóxicas inhalables o inyectables de por medio. Si se les ocurre una razón mejor, ahí están los comentarios.

Actualización, 25 de mayo de 2010:

Visto que, en la sección de comentarios, algunos lectores insisten en que “Esto sí es guay” es una traducción no ya legítima, sino óptima, para “Rock and roll”, he decidido actualizar el post para:

a) Asumir mi propia ignorancia: creía que lo había visto todo en materia de trolls, pero ya veo que aún me queda mucho que aprender.

b) Ilustrar mis improperios con ejemplos concretos. Vamos allá.

Dicen estos trolls expertos en traducción que “Rock and roll”, en el contexto en que está dicho, no se refiere al género musical, sino que representa sólo  una expresión entusiástica, una exclamación, un “qué pasada”. Ninguno ha querido comentar el hecho de que Marty dice “Rock and roll” CON UNA GUITARRA ELÉCTRICA EN LA MANO, tras reventar un gigantesco ALTAVOZ, que ha conectado para TOCAR A TODO VOLUMEN.

Tampoco les parece significativo que volvamos a ver otras dos veces a Marty tocando la guitarra. En una de ellas, concretamente, interpretando Johnny B. Goode, uno de los temas que se consideran “inaugurales” del género ROCK AND ROLL. Todo ello, al parecer, no forma parte del contexto.

Bien, pues allá van tres extractos más de la película que demuestran:

a) Que hay traductores mucho peores que los que se dedican al doblaje en España. Debería dictarse una orden de alejamiento contra el que hizo los subtítulos: que nunca vuelva a acercarse a un teclado. Ni a un diccionario.

b) Que los guionistas eligieron una expresión distinta para expresar ese “qué pasada”. Y no era “Rock and roll”. Era HEAVY. Y Marty la dice no una, sino tres veces con ese sentido.

Por cierto, al César lo que es del César: en la versión doblada tradujeron “this is heavy” por “esto es muy fuerte”. No es que hubiera muchas más opciones, pero en cualquier caso, es perfecto.

Queridos amigos del doblaje: calmaos. Este post no es un ataque contra el doblaje en general. Yo difícilmente lo soporto, pero eso no es razón para prohibirlo: si hubiera que prohibir todo lo que no soporto, íbamos mal. Me bastaría con que se acabase con los doblajes malos. Coincidiréis conmigo en que, por pura estadística, tiene que haber algunos doblajes malos (como también los habrá buenos, supongo, para el que sepa apreciarlos). Y para mí, éste tiene algunos momentos que representan lo peor del doblaje: traducciones arbitrarias, y obsesión paleta por el localismo. Y eso que, como han señalado algunos buenos observadores, ni siquiera había querido mencionar la VERGÜENZA del condensador “de fluzo” para no hacer demasiada sangre. Pero ya que vais de listillos, venga: justificadme eso. Justificadme por qué el traductor/doblador SE INVENTA una palabra, cuando la traducción de “flux” es “flujo” sin el menor género de duda.

Lo que os voy a decir a continuación me lo han dicho a mí en este blog y en el anterior unas cuantas veces: un exceso de corporativismo produce resultados indeseables. Puedo entender que defendáis el doblaje, porque os da de comer. Pero no podéis pretender que TODO el doblaje es bueno, y que los dobladores/traductores nunca se equivocan. Cuanto más defendais lo que evidentemente es una cagada, peor imagen dais a eso que queréis defender.


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