CUATRO MOTIVOS PARA NO IR AL CURSO DE ROBERT McKEE

30 septiembre, 2019

Viene un gringo famoso a dar clase de guión y todos como borregos a oírle.

¿Esto qué es, Bienvenido Mr. Marshall? Veamos por qué no habría que seguir a la masa.

1. El precio.

¿MIL EUROS? ¿NOS HEMOS VUELTO LOCOS?

Es con toda probabilidad uno de los seminarios de guión más caros del mundo (lo que no le impide ser también el más solicitado). ¿Cuánta gente puede gastarse 936€ en un curso de cuatro días? Para muchos, es una cantidad prohibitiva, insultante casi.

Sin embargo, cuando uno analiza el precio con detalle descubre que quizá no sea tan prohibitivo. Por ejemplo, McKee te da la oportunidad de asistir un día, dos, tres o el curso completo, configurando así el precio según tu bolsillo, tu agenda, o según el contenido que más te interese. Es un seminario sobre géneros. En la primera sesión hablan de comedia, en la segunda de acción, la tercera está dedicada al terror y la última se centra en series de TV. Si lo tuyo es escribir series de acción satirizando el género de terror vas a palmar mucha pasta. Pero muchos guionistas estarán más interesados en profundizar en uno o dos géneros y podrán ahorrarse el resto.

Pero además existen varios tipos de descuentos. Todos los estudiantes universitarios o de secundaria pagan un 20% menos. Los miembros de la Academia de Cine, socios de DAMA, y todos los profesionales asociados a las múltiples entidades y sindicatos que colaboran con la organización se ahorran un 10%. También hay entre un 10% y un 20% de descuento para grupos (quizá quieras usar la sección de comentarios para contactar con gente interesada en formar un grupo). Y los miembros de la comunidad ECAM (alumnos, ex alumnos, profesores y personal) obtienen hasta un 40% de descuento.

Así, por ejemplo, un estudiante universitario interesado en comedia y acción podría acudir los dos primeros días por 416€. No es calderilla, cierto. Ahora bien, teniendo en cuenta que cada jornada son 8 horas y media de clase, más la ronda de preguntas, estamos hablando de 46€ la hora por recibir clase del profesor de guión más solicitado del mundo. Barato no es, pero tampoco disparatado.

2. Ese tío no ha escrito ninguna película

LUEGO NOS DIRÁN “ESCRIBE DE LO QUE SABES”, NO TE JODE

Es cierto que el imdb de Robert McKee no es el de Rafael Cobos o Jorge Guerricaechevarría. El tema es que Cobos y Guerricaechevarría tampoco dan seminarios intensivos donde profundizan a saco en todos los aspectos de los géneros cinematográficos desde el punto de vista del guión.

¡Un momento! Dirán algunos. ¿Qué hay de el Máster de la Carlos III? ¿Qué hay del máster de Salamanca? ¿O de la misma ECAM? ¡Ahí sí que da clase gente con mucho currículum de guionista! Cierto. Pero ¿cuánta gente admiten cada año en esas titulaciones? Por no hablar de que el coste es muy superior al de este seminario.

Un extenso currículum profesional garantiza algo de criterio, nadie lo niega. El tema es que muchos guionistas de extenso curriculum, incluso ganadores del Oscar, aseguran que McKee es uno de los mejores profesores de guión del mundo. Y es que McKee ha dedicado su vida a enseñar, no le ha quedado tanto tiempo para escribir. O quizá es que no tiene el talento necesario para aplicar sus lecciones a su propio arte. Pero quizá esa dedicación exhaustiva y esa renuncia a la escritura sea precisamente lo que le permite orientar el talento ajeno hacia la excelencia artística.

3. Todo lo que va a decir ya está en sus libros.

ME COMPRO EL TOCHO Y ME AHORRO SETECIENTOS PAVOS

Buena idea. Y ya puestos a ahorrar, puedes también dejar de ir al teatro. Las obras pueden leerse. Puedes dejar de ir a conciertos. ¿Para qué pagar pudiendo oír las mismas canciones en Spotify? Puedes incluso dejar de ir al cine. Te descargas los guiones y listo.

Un evento de estas características te da mucho más que una transcripción del contenido del libro. Para empezar, asistes a la aplicación práctica de cada ejemplo con sus correspondientes proyecciones. Además, la forma de comunicar de McKee es una lección de guión y de sentido del espectáculo en sí misma. Para postre, tienes un coloquio posterior donde aclarar dudas y preguntar lo que quieras.

Y de remate, está la ventaja de coincidir en tiempo y espacio con cientos de personas interesadas en la profesión. Me da tirria el anglicismo que se usa para esto, pero ya sabes a lo que me refiero. La oportunidad de departir con colegas, de conocer a gente de la industria, de hacer todo tipo de contactos… Sólo eso ya hace que merezca la pena el desembolso.

4. Todos los gurús son unos farsantes.

NO HAY FÓRMULAS MÁGICAS PARA ESCRIBIR BUENOS GUIONES

No hay fórmulas mágicas para nada. Y sí, todos los gurús son unos farsantes. También todos los haters. Y son los haters los que se refieren a McKee como un gurú. Él nunca se ha puesto ese título.

Un sano escepticismo es estupendo. Pero que no se convierta en nihilismo. De la nada no sale nada. Una base teórica siempre va a ser de ayuda cuando estés perdido. McKee no ofrece fórmulas mágicas ni éxito garantizado. Pero enseña una panorámica de lo que ya ha tenido éxito. De las fórmulas que han funcionado. Simplificar y ver eso como una exhortación a rellenar la quiniela con los resultados de la semana pasada es un ejercicio de cinismo. Con ese mismo argumento podemos despreciar a Mamet, a Lajos Egri, a Stanislavski, al Arte Nuevo de hacer comedias, y hasta a Aristóteles.

No hay fórmulas mágicas, pero hay herramientas. Hay un acervo. Y hay un truco casi casi mágico: esforzarse constantemente por seguir aprendiendo y mejorando.

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En definitiva, McKee es gringo, es famoso, y muchos van como borregos a oírle. Pero ninguna de esas tres cosas contradice el hecho de que en sus clases hay mucho, mucho que aprender. Y que su estilo puede ser muy inspirador para mucha gente. Para otra gente puede resultar irritante, ampuloso, arrogante. Es cuestión de gustos. Pero el gusto es algo que merece la pena educar para ampliar conocimientos, no algo que fortificar para protegernos de lo distinto. Un gringo famoso viene a dar clase de guión y tú podrías aprender mucho de él.

O no, yo qué sé.

por Sergio Barrejón.


CINCO ENLACES Y UNA SEPARATA PARA EL FIN DE SEMANA

11 diciembre, 2015

por Sergio Barrejón

1) Hay un método infalible para lograr consenso en el sector del audiovisual español: basta con decir que los guionistas no hacen más que quejarse. Puede ser cierto o no. El consenso está sobrevalorado, como habrás comprobado oyendo a tus tías políticas y tus cuñados de derechas alabar a Albert Rivera. Pero hay una cosa cierta: no sólo los guionistas españoles se quejan. Atención a lo que cuenta (en inglés) Ken Levine, guionista de Cheers, Frasier y MASH, sobre abusos laborales a guionistas de televisión norteamericanos. Si esto lo dice el ganador de un Emmy, imaginaos cómo están por allí los guionistas junior.

2) Situaciones como ésa sólo se evitan teniendo un sindicato fuerte. Como ALMA, por ejemplo. Uno de los artífices del convenio. El primer convenio colectivo que garantiza unos ingresos dignos para los guionistas por cuenta ajena. ¿Y por qué hablo de ALMA, y no de los otros artífices? Pues porque ALMA ha organizado HOY otro encuentro de guionistas de programas (19:30 en la sede del sindicato) y MAÑANA tiene asamblea general ordinaria (11:00 en la Sala Berlanga). Todo esto es en Madrid.

3) Pero no sólo pasan cosas en Madrid. Por ejemplo, la semana que viene, lectores de Ponferrada, Vilassar de Mar, Valencia y Zaragoza recibirán ejemplares gratuitos de OBJETIVO WRITERS’ ROOM, el libro de Teresa de Rosendo y Josep Gatell sobre el funcionamiento de las salas de guionistas en Hollywood. Si no te ha tocado uno de los seis ejemplares que hemos estado sorteando hasta ayer, puedes comprar Objetivo Writers’ Room en la web de Alba Editorial. Un regalo de Navidad perfecto para guionistas. O para sus parejas. Para que entiendan por qué son así.

4) Uno de los libros de guión más vendidos de la historia, incluso más que el de Teresa y Josep, es STORY, de Robert Mckee. Si te apetece saber más sobre el viejo maestro del guión, echa un vistazo a este vídeo en el que McKee explica las diferencias entre un buen guionista y un mal guionista

5) Y si los gurús gringos del guión te echan para atrás, échale un vistazo a este post de Curro Nárvaez, ex alumno del Máster de Guión de Salamanca. Una interesante reflexión sobre el vicio de muchos guionistas noveles españoles de llamar a sus protagonistas John en lugar de Benito.

BOLA EXTRA: En Bloguionistas hemos detectado que la Internet anda un poco escasa de newsletters, así que hemos decidido lanzar la nuestra para paliar esta insostenible situación. Se llamará LA SEPARATA y puedes suscribirte en este enlace. Saldrá a principios de 2016.

Buen fin de semana.


FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 5

15 mayo, 2013

Varios de los autores habituales de este blog somos profesores del Master de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca. Hace unas semanas comenzamos, y hoy continuamos, una serie de firmas invitadas muy especiales: los alumnos del Master, “los guionistas del futuro”.

SEIS CLAVES PARA CUALQUIER ASPIRANTE A GUIONISTA

por Vicente Bendicho Cascant y Alberto Pérez Castaños

Como jóvenes aspirantes a guionista, tener un espacio para expresarnos en esta página web nos provoca una mezcla de placer y vértigo. No creemos que tengamos nada importante que aportar que esté al nivel de cualquiera de los colaboradores de Bloguionistas, pero como lo que sí tenemos es mucha ilusión y un teclado que, al parecer, funciona sin problemas, vamos a contaros algunas cosas que, a nuestro juicio de guionista en pañales –limpios por ahora–, son claves para empezar a preparar el equipaje del largo trayecto que nos espera.

1)    Exprime las clases: Si algo tiene el Máster de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, aparte de una página web preciosa, es un profesorado excelente. Si un día Marca decidiera hacer un “once” ideal de guionistas españoles pasarían dos cosas: que generaría bastante confusión entre sus lectores habituales y que ese equipo estaría repleto de profesionales que pasan por las aulas de la UPSA. Sergio Barrejón, David Muñoz, Pablo Remón, Natxo López, Diego San José y David Bermejo son el equipo titular del Máster. Cristóbal Garrido, Adolfo Valor, Jorge Guerricaechevarría, Mateo Gil, Rodrigo Cortés y muchos más son otros de los guionistas que tendrás delante, dispuestos a compartir su infinita sabiduría contigo y responder todas tus preguntas, incluidas las más ridículas como, por ejemplo, “¿Qué tal es trabajar con Robert De Niro?”.

Por eso, el deber de un aspirante a guionista es exprimir este tipo de experiencias didácticas al máximo. Si de algo nos hemos dado cuenta nosotros es que, en cualquier momento, cualquiera de los profesores-guionistas puede compartir contigo y tus compañeros una frase realmente brillante y útil que te hará levantar lentamente la mirada de los apuntes, dándote ganas de decir en voz alta: “¡Eh, qué bueno! ¡Qué cierto eso que dices!”. Lógicamente no harás esto último porque quieres seguir pudiendo entrar a clase, pero éste tipo de cosas son las que demuestran cuánto puedes aprender de esos profesionales. Así que, ya sabes: abre las orejas y aprovecha el tiempo.

2)    Escribe algo todos los días: Hay una máxima que debes tatuarte en el antebrazo para no olvidarla jamás o bien escribirla en un post-it en caso de que te asusten las agujas: hay que escribir todos los días. Cada día que no escribas algo será un día perdido. Eso es así. Si no te gusta, ¿qué haces aquí, impostor? Si tienes un largometraje en desarrollo escribe mínimo una página al día, aunque sea mala, ya la reescribirás. Si no tienes ningún proyecto en marcha, créalo. No hace falta que sean exclusivamente guiones audiovisuales. ¿Qué tal esa idea tan buena para una obra de teatro que lleva rondándote varios meses por la cabeza? Escríbela. ¿Y por qué no pruebas en ese concurso de relatos que te ha comentado tu madre? Escríbelo. Y dona la mitad del premio a este blog si lo ganas.

Si coges el hábito de escribir todos los días tendrás muchísimo ganado porque, cuando te llegue la hora de hacerlo por obligación y dinero –de verdad, nos han dicho que eso existe– lo harás sin esfuerzo porque ya formará parte de tu rutina diaria. En algunas disciplinas deportivas a esto lo llaman “entrenamiento”, pero no nos gusta hablar de lo que desconocemos.

 

3)    Kill your darlings:

Ésta es una de esas frases mágicas que hemos comentado anteriormente y que podrás escuchar de la boca de algún ponente-profesor-guionista. Nosotros, concretamente, se la oímos a Juanma Romero, coguionista de Evelyn (Isabel de Ocampo, 2012), y creemos que no significa que para llegar a ser un buen guionista haya que perpetrar un crimen pasional. Aunque tampoco habla de lo contrario. Más bien se refiere a que a veces en el guión como en la vida hay que saber dejar marchar a lo amado en beneficio de la obra o el equilibrio cósmico­.

Un error típico de aspirante a guionista es, dejando a un lado la obsesión de dar consejos a otros aspirantes a guionistas, aferrarse a una idea que no funciona por el simple hecho de no sentirse capaz de remplazarla por otra mejor. En este aspecto, debes dejar atrás el miedo y lanzarte al vacío –no literalmente, a no ser que realmente carezcas de alternativas–. No tengas miedo a la flecha que está encima del “Enter”. Ser capaz de borrar te hará mucho mejor guionista. Así que ya sabes, tanto en la vida como en el guion: “Mata a tus cariñitos”.

4)    La teoría no lo es todo, pero ayuda:

Mucha gente reniega de la teoría de guión, pero no debemos olvidar que los teóricos suelen basar sus trabajos en la observación y el análisis. No es que Syd Field se levantara un día y dijera: “Voy a registrar el Paradigma” –bueno, en este caso sí que fue así–. En general, tanto él como Robert McKee o Antonio Sánchez-Escalonilla –que por cierto da una clase espectacular en el Máster que cursamos–, intentan dar unas claves para que te puedan servir como guía a la hora de escribir tus historias, y lo hacen de forma brillante. Considéralo el Faro de Alejandría, no el Código de Hammurabi.

Tener una base teórica es esencial. Otra cosa es que luego, sin pensar en ella, te puedas manejar en la escritura e incluso puedas romper las convenciones y obtener buenos resultados.

En definitiva, estudiar a Robert Mckee hasta el punto de que puedas corregirle en una charla sobre sus propios estudios no te convertirá en un guionista de éxito. Renegar de las miles de páginas escritas sobre teoría de guión tampoco te hará triunfar de por sí, por muy rebelde que seas. Lo ideal está en el midpoint.

5)    El bloqueo es natural, pero se puede combatir:

Un problema al que todos nos enfrentamos es la sensación de que no avanzas en la escritura: el bloqueo. Esta sensación suele degenerar en ansiedad que, a su vez, suele traducirse en la sensación de que no avanzas en la escritura, que produce más ansiedad y más sensación de que no avanzas en la escritura y produce más ansiedad y más sensación de que no av–. Una forma de evitar esto es tener un hobby, es decir, una actividad que te sirva de pasatiempo y te ayude a despejar la mente. Por ejemplo, a Woody Allen le funciona pegarse una ducha o salir a caminar. Lo del paseo nos parece una idea genial; si por casualidad llegáis a estar en Salamanca como nosotros probad a dar una vuelta por la ciudad, nos han dicho que de día es preciosa.

A nosotros, personalmente, como amantes de la velocidad y la adrenalina, nos funciona sentir el viento en la cara jugando al Mario Kart de la SNES. Busca tus propios métodos de evasión, no importa cual, el objetivo es poder alejarte de la escritura durante un corto período de tiempo para evitar desesperarte y querer subirte a una azotea con un rifle.

Pero no nos engañemos. Si existiese una cura infalible contra el bloqueo ya estaría patentada por algún laboratorio internacional, o por Syd Field. El truco quizá, por lo que hemos oído este año, es insistir y trabajar. Los días que no estés inspirado, transpira. Escribir, como dijo Pedro Sangro –el director del Máster– es un ejercicio de minería: los días que no estés para picar diamante, dinamita carbón. Es un consejo tan bueno que desde entonces siempre escribimos sentados sobre una caja de explosivos, por si acaso.

6)    Crea proyectos con tus compañeros:

Uno de los aspectos más enriquecedores de estudiar guion es que te juntas durante un curso con personas con inquietudes y gustos bastante similares a los tuyos. Aprovecha esto para crear proyectos con ellos. Puede ser que al principio te cueste por aquello de que los guionistas solemos ser gente muy introvertida e insegura, pero cuando a los cinco meses de curso te atrevas a empezar a hablar con ellos seguro os entrarán ganas de trabajar juntos y materializar montones de ideas. Ahora mismo los jóvenes lo tenemos más fácil que nunca para hacernos ver y oír gracias a Internet. Por eso mismo, la excusa de que “es que está la cosa muy mal”, aparte de ser un tópico que huele a rancio, no vale para escribir un corto o una webserie y ponerte a rodar.

Estas son algunas de las cosas que creemos que hemos aprendido este año en el Máster de Guion para Cine y Televisión de la UPSA y que creemos que son claves para cualquier aspirante a guionista. Podemos decir, sin duda, que éste ha sido un año bien aprovechado y desde aquí lo recomendamos a cualquier aspirante a guionista.

Muy probablemente estemos equivocados en muchos puntos y apreciaciones. Somos conscientes de que estamos al comienzo del camino y que todavía no entendemos nada, pero por lo menos creemos que estamos en el camino correcto. Si ser guionista –y vivir de ello– fuera como casarse y formar una familia, nosotros estaríamos aún tirándole de los pelos a nuestra futura mujer en el colegio. Quién sabe, tal vez después de este año lleguemos al Baile de Graduación y podamos darle el primer beso.

 


Yo sí leo manuales de guión… ¿y qué?

8 noviembre, 2011

Por David Muñoz

Una de las cosas que más me sorprenden cuando leo entrevistas con guionistas y guionistas/directores españoles (los separo porque son dos “especies” distintas, aunque a veces se confundan) es que, cuando se les pregunta si han aprendido el oficio leyendo manuales de guión, prácticamente todos los niegan. Y quien lo reconoce suele decir algo así como “leí el libro X, pero no me sirvió para mucho; y desde entonces no he vuelto a leer ningún otro”.

Por supuesto, todos han aprendido a escribir guiones viendo películas y escribiendo.

No sé… ¡lo mismo hay alguna película en la que explican lo que es un punto de giro y me la he perdido!

Lo sorprendente es que no leer manuales de guión es una medalla que se cuelgan los entrevistados, como si de haberlo hecho disminuyera su categoría como creadores. “¡Que vergüenza, no he sido capaz de entender por mí mismo qué es el detonante, sino que se lo tuve que leer a Syd Field” ¡Perdóname gran Dios del guión porque he pecado!”.

Parece que todavía puntúa dar a entender que uno lo ha descubierto todo por su cuenta, como si en vez de una ciudad del siglo XX se hubiera criado en la selva, como el niño salvaje de la película de Truffaut, sin nadie que le enseñara como desenvolverse, aprendiéndolo todo mediante el método de la prueba y el error.

Un guionista durante una entrevista

Sin embargo, como creo que ya he dicho aquí muchas veces, yo no solo he leído libros sobre guión, sino que aún hoy sigo haciéndolo.

Cuando empecé lo hice porque no había ningún otro sitio donde encontrar la información que necesitaba para escribir mis primeros guiones. Yo era así de tonto, necesité leer a Syd Field y a Linda Seger* para que me entrara en la cabeza qué era aquello de los tres actos y cuál era la estructura básica que seguían la mayor parte de los guiones de largometraje. En aquella época que a mí me parece reciente, pero que a muchos les parecerá la prehistoria, no existía Internet y, dado que no conocía a ningún profesional que pudiera orientarme, y tampoco sabía de ningún curso de guión en el que matricularme, no me quedaban más opciones.

Por supuesto, no me convertí en guionista sólo leyendo a Field y a Seger. Como dice Mamet en su libro “Manifiesto”, la teoría que hace falta conoce para escribir un guión es muy sencilla, pero ponerla en práctica es otra cosa. Sobre todo, requiere mucha práctica. Como supongo le ocurre a todo el mundo, tuve que escribir miles de folios horrorosos hasta conseguir redactar algo por lo menos presentable.

Y nunca sentí que tuviera que respetar escrupulosamente las “reglas” que explicaban Field y Seger en sus libros.

Sobre todo porque nunca las entendí como tales.

Ellos, como la mayor parte de los teóricos, no inventan reglas que luego pretenden que sean aplicadas por los guionistas. No, lo que hacen en sus textos es reflejar la forma en la que se hacen las cosas habitualmente para conseguir unos resultados concretos. En el caso de Seger y Field, explican muy bien cómo es la estructura sobre la que se construyen la mayor parte de las películas que nos llegan de Hollywood.

Por eso, creo que es mejor no llamarle “reglas” a las reglas.

Llamémoslas… por Ej. “conclusiones a las que se ha llegado sobre el arte de narrar historias (y cómo narrarlas de forma más eficiente*) desde que existe constancia documental de ello. O sea, desde hace muchos siglos. Por poner alguna fecha, digamos que entre la primera vez que se contó la Ilíada y el estreno de la última de Almodóvar.

Esto de las conclusiones suena mucho peor que “reglas”, y desde luego cuesta más decirlo (con lo que no tiene futuro alguno), pero… ¿a que de pronto ya no queda tan bien decir que “te la sudan”?

Desde luego que también hay teóricos, como Robert McKee, que se venden como demiurgos del guión, como magos dueños del secreto de la piedra filosofal capaz de convertir en guionista al mortal menos talentoso que siga sus enseñanzas, pero creo que son los menos***.

En todo caso, lo que me parece importante remarcar es que lo que explican los teóricos en sus textos suele ser cómo hacen las cosas otros. Leerlos no es tan distinto de ver una película con una libreta en la mano escribiendo la escaleta para comprender cómo está construida. Solo que en el caso de los libros alguien ha hecho el trabajo duro por nosotros. Desde luego que se aprende más cuando ese trabajo lo hace uno mismo, pero siempre ayuda que alguien te diga qué es lo que tienes que buscar.

Además, pese a lo atractivo que resulta imaginarse como un niño salvaje, nosotros no estamos inventando nada cuando nos ponemos a escribir un guión.

Nuestro libreto será especial porque, como todo lo que escribimos, estará “contaminado” de nuestro punto de vista, de nuestra forma de relacionarnos con el mundo, de nuestras fobias y de nuestras preferencias, de todo aquello que conforma nuestra individualidad. Pero siempre lo haremos a partir de estructuras, de patrones narrativos, de paradigmas, que muchos otros han utilizado antes que nosotros.

El manual no te dice lo que tienes que hacer con el barro que has colocado sobre la estructura metálica de tu estatua. No, te dice solo como construir la estructura para que no se derrumbe.

Entonces… ¿qué tiene de malo informarse?

Formamos parte de una tradición. No hace falta inventar la rueda todos los días. Ni pretenderlo. A falta de poder pasar unos años como aprendices en la oficina de un guionista veterano, tenemos los libros. Y ahora también, Internet y blogs como éste.

Decía antes que sigo leyendo manuales de guión. Pocos, eso sí. Primero, porque tampoco se publican tantos, y luego, porque cada vez me cuesta más encontrar libros que no se limiten a reformular con ligeros matices algo que ya he leído antes decenas de veces.

Pero cuando los encuentro, los disfruto enormemente. No porque crea que me van a ayudar a convertirme en mejor guionista (que puede ser), sino por puro placer.

Cuando dedicas la mayor parte del día a pensar en historias, en las propias, pero también, como es mi caso al ser profesor, en las de otros, es porque te apasionan. Casi diría que porque te obsesionan. Y leer una idea nueva sobre tu oficio; una idea que te ayuda a ver algo de una manera diferente, siempre resulta estimulante. Es un “chute” que a mí me anima a sentarme delante del ordenador y ponerme a escribir. Como ver una buena película.

Volviendo a lo que planteaba al inicio, muchas veces me pregunto por qué ha calado tanto en los guionistas el mito del artista espontáneo, que todo lo aprende por su cuenta y se comporta como un rebelde que ni respeta las reglas ni las necesita. Quizá saberlo explicaría también porque en las charlas con guionistas se aplaude cuando alguien niega la existencia de dichas reglas (lo repito, no son reglas, son conocimientos) o se enorgullece de por Ej. lanzarse a escribir un guión sin una escaleta previa, como si eso dotara a su obra de una especie de pureza de la que carece la de compañeros que prefieren escribir una escaleta para no tardar 27 versiones en tener un borrador aceptable. A lo mejor es que tienen mucho tiempo libre o no necesitan trabajar para pagar el alquiler, no sé.

Mientras lo descubro, seguiré leyendo manuales de guión.

Y si me preguntan en una entrevista si lo he hecho o lo hago, diré que no.

Yo también quiero ser un creador de verdad, hombre.

*En copias fotocopiadas que me pasó un amigo.

**O sea, más divertida, emocionante, etc.

***También hay que entenderlos. Hablar de guiones se ha convertido en su forma de vida. Y para llegar a fin de mes tienen que venderse. ¿Cómo? Dándose importancia.


LAS 10 RAZONES PARA HACER MILLONARIO A ROBERT MCKEE (y a otros gurús del guión)

3 febrero, 2010

Por Chico Santamano.

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Ya sé que intentar hacerles leer, en un día como hoy, un texto que no incluya los tags Dharma, Lost, Jack, Locke, Evangeline Lily, Desmond, 6×01, Jacob, el ruso tuerto que no se muere, the constant, teorías o el principio del fin, es misión imposible… pero bueno… ¡Entiéndanme!

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Hace siete años conocí en Pamplona a Robert Mckee, le pedí que me firmara su libro y nunca más volví a hablar con él. Esa fue toda nuestra relación, pero durante los días siguientes, él me estuvo hablando A MÍ durante horas y horas en una sala atiborrada de guionistas.

No sé a los demás, pero durante el transcurso de aquel seminario, yo sentía que cada frase de reprobación que soltaba por su boca en plan “¿No os parece horrible cuando en un guión pasa tal cosa?” yo apartaba automáticamente la mirada y pensaba “Dios, ha visto mi peli”. Ahora me río, pero os juro que hacía algunos comentarios tan concretos que lo llegué a creer en serio.

Un par de años después, también “conocí” a Syd Field cuando vino a Madrid, pero si les digo la verdad no me acuerdo ni de su cara. No sé si fue porque no me firmó ningún libro, porque no resiste la comparación con el primero o qué… pero no recordaría haber estado allí de no ser porque tengo testigos que así lo afirman. A la amiga Linda Seger, por citar a la Santísima Trinidad, no tengo el gusto de haberla tratado. Si alguno de ustedes sí, no dejen de comentarnos qué tal la experiencia en los comments.

Todo esto se lo cuento porque hay mucha gente que me ha preguntado desde entonces si realmente merecen la pena estos cursos y yo siempre doy un SÍ rotundo. ¿Las razones? Ahí van diez…

  1. Porque de vez en cuando nos viene bien que nos digan lo que no queremos oír (trabaja más, reescribe otra vez, dale una vuelta, no es suficiente) o cuanto menos todo aquello que creemos que sabemos por pura intuición, pero que necesitamos que alguien nos lo subraye y le ponga nombre.
  2. Porque, aunque ya exista un libro publicado con el contenido del seminario, no es igual que tu pareja te mande un sms de ruptura a que te lo diga a la cara. Las distancias cortas marcan más.
  3. Porque no estamos acostumbrados a oír a hablar de nuestra profesión, más allá de los lamentos de lo mal que está todo. Se nos va la fuerza por la boca hablando de la forma y nunca del fondo de nuestro oficio. O lo que es lo mismo… qué pocas veces hablamos de ¡escribir!
  4. Porque si eres mínimamente sociable y no te limitas a hablar con los de tu grupito puedes hacer contactos con otros guionistas. Ya sabéis que en esta profesión… quien tiene un contacto, tiene un tesoro. Además, vale que una reunión de guionistas no es precisamente una feria de turismo, pero lo mismo ¡hasta ligas! (Las posibilidades son mínimas, lo sé… pero se han dado casos)
  5. Porque a los que no controléis lo suficiente de inglés, el traductor simultáneo os puede hacer la velada más divertida con meteduras de pata varias. Como la historia que contó Mckee sobre su perro moribundo que cazaba ratones. La simpática traductora nos fue contando el triste relato de la mascota del gurú, hasta que se dio cuenta de que algo no cuadraba en su traducción y remató la anécdota, en un giro absolutamente shayamalanesco, con un “el perro era un gato” de su propia cosecha y siguió como si nada.
  6. Porque en un seminario, estos gurús del guionismo cuentan esos cotilleos que nunca se atreven a escribir en sus manuales y critican a algunos de sus más célebres alumnos o aquellas películas que parecen intocables y con las que se ceban que da gusto. ¡Con lo que nos gusta un cotilleo y más si es para dejar a alguno de los “grandes” por los suelos! Mckee se despachó a gustito con Jane Campion y su guión de “El Piano”.
  7. Porque (antes de que lo digan en los comments) NO HACE FALTA HABER ESCRITO NUNCA UN BUEN GUIÓN para enseñar a escribir. Ni Mckee, ni Syd Field, ni Linda Sieger, ni ninguno de estos gurús han ganado ni ganarán jamás un Oscar. Ellos no os van a enseñar nunca cómo tener una buena idea, o a tener la sensibilidad necesaria para acercarte a según qué historias. El talento está dentro de ti. Sin embargo, lo que ellos imparten son herramientas en forma de conocimientos técnicos, claves y consejos para poder construir tu guión de una manera fácil y eficaz. La creatividad, el talento, la sensibilidad (y la matrícula del curso) la pones tú.
  8. Porque, por desgracia en este país, son muy pocos los guionistas (especialmente de cine) los que se dedican todo el tiempo a ser eso… guionistas. Así que, si tienes la suerte de salir de tu provincia, te tirarás cuatro o cinco días en una auténtica burbuja. Sentirte escritor de cine desde que te levantas hasta que te acuestas, sin tener que alternar con trabajos alimenticios, es un subidón.
  9. Porque no hay mejor dinero que el que inviertes en ti mismo. Si quieres ganarte la vida con tu coco, hay que darle de comer. Vale que, entre la matrícula, el desplazamiento, el hotel y las dietas, el alimento neuronal salga un pelín caro, pero podemos recibir tanto a cambio. Además, ¿cuántas veces vas a verte en una de estas en tu vida?
  10. Porque estos cursos, al menos el de Mckee, son tremendamente ilusionantes e inspiradores. Yo salía cada tarde con la cabeza en plena ebullición de ideas y la sensación de que tenía la receta mágica para los problemas puntuales del guión que estuviera escribiendo en ese momento. Este tipo de seminarios te aportan una motivación y unas ganas de enfrentarte al teclado que ni todos los sueldos y galardones del futuro, señores.

Les advierto de que todas estas conclusiones están sacadas desde la perspectiva de alguien que en aquella época estaba empezando (un poco como ahora, pero más aún). Por lo que lo mismo, si usted es un guionista descreído que está de vuelta de todo, estos seminarios sólo le parecerá un sacacuartos.

Moraleja: si alguno de estos gurús (especialmente Mckee) pisaran próximamente la Península Ibérica y tienen dinerito para permitírselo no duden en asistir a su seminario. De momento, lo más inminente es… Mckee: primera quincena de abril en París y segunda en Londres. No es Pamplona, pero algo es algo… De Seger y Field no he encontrado fechas próximas en Europa.

En fin… Se lo ponía a todo el mundo, pero a mí me hace ilusión…

“Para Chico Santamano. Escribe la verdad”
Robert Mckee


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