VOLVER A CASA… NO SOLO POR NAVIDAD

8 enero, 2015

Por Estefanía Salyers.

Estefanía Salyers es guionista de cine y TV. Ha trabajado para productoras como Viacom, Prisa, El Terrat, Grundy, Big Bang Media y, en la actualidad, lo hace para Plano a Plano. Es una de esas profesionales que han sido capaces de vender su propia serie de televisión y que tuvo la mala suerte de que la cancelaran antes de su emisión. También es de las que se atrevió a volar a Estados Unidos para ganarse la vida como guionista, experiencia que nos cuenta en este post. 

Las series están de moda. Lo sabe tu madre, tu gato y la señora de Cuenca. Pero, ¿somos conscientes de que las series que vemos, de las que hablamos, no son, ni serán, para las que escribamos? Es una mera cuestión de pertenencia a un determinado universo que marca nuestra ficción, que nos hace ser lo que somos. Nos puede gustar Fargo, Borgen o True Detective, pero si solo valoramos lo que se hace fuera nunca podremos escribir desde dentro. Desde nuestra verdad.

En un mundo globalizado tenemos la suerte de poder diferenciarnos precisamente por eso, por las historias que contamos. Podemos vestirnos igual en cualquier parte del mundo, pero no en cualquier parte del mundo van a entender lo que solo nosotros vivimos. Nuestro escaparate no es el americano, que todo el mundo ve y conoce, convirtamos eso en beneficio, lejos de siempre denostar nuestra ficción.

Son muchas las veces que oímos hablar –mal, para qué engañarnos– de nuestra industria. Lo triste es que un alto porcentaje de las críticas llegan desde nosotros mismos. Somos los propios guionistas los que atacamos lo que contamos. Una cosa es hacer análisis y crítica constructiva y otra muy distinta es hacer del ataque, de la infravaloración, una bandera.

Los que llevamos un tiempo en esto y sabemos lo que es luchar contra viento y marea, es decir, contra las grandes etapas de parón laboral, quizás valoramos más lo que hacemos o somos más conscientes de lo que cuesta que te paguen por escribir. Por eso no colgamos etiquetas y no nos negamos a hacer una serie diaria, una telenovela o una tira de sketches. Es trabajo y nuestro trabajo es contar historias lo mejor que podamos. ¿Que te has portado bien este año y los reyes te han traído un prime time? Enhorabuena, pero, afortunadamente, lo demás ya no es carbón. Y lo que nos llega de fuera, no siempre es oro, incienso o mirra. Vamos, que aquí también hay calidad y fuera también se hace basura.

Hace un año y medio, cuando me di cuenta de que ya no sonaba el teléfono y que no estaba entre serie y serie sino bien afiliada al Inem, decidí meter toda mi vida en una maleta de 23 kilos e irme a Nueva York. Para siempre, dije. Soy así de dramática. La suerte es que tengo pasaporte americano, por eso sí podía irme para siempre. Pero mi siempre duró hasta que volvió a sonar mi teléfono. Mi teléfono español. La decisión no fue fácil, porque primero tuve que decir que no. No a escribir en Estados Unidos, que era el objetivo a alcanzar y por el que había emigrado.

photo 1

Lo recuerdo perfectamente porque fue una cadena de acontecimientos un tanto peculiar.

Vivir en Nueva York es complicado y conseguir un trabajo de lo tuyo cuando no has trabajado en el país y no tienes contactos, más todavía. Por muy americana que seas sigue siendo difícil.

Allí los procesos de selección se pueden eternizar y me encontraba, tras unos dos meses, en la etapa final para entrar en dos networks importantes. El sueño americano a mi alcance tras unas cuantas pesadillas que pasaron por no menos de cuatro entrevistas, dos pruebas de guión –una de ellas en persona–, sendos test de drogas y background checks (comprueban todo, tus datos académicos, laborales y, por supuesto, historial delictivo). Algo impensable aquí.

El caso es que me llamaron para darme el “sí, quiero” de uno de los proyectos a los que optaba. La llamada se produjo justo antes de una quedada con unos amigos americanos. Les había invitado a ver Ocho apellidos vascos. La euforia por haber conseguido dar un pasito hacia adelante en mi carrera como guionista en Estados Unidos se mezclaba con unas buenas dosis de risas, pero también de nostalgia.

Y es que de repente me vi haciendo algo tan complicado como explicar los chistes, las situaciones que marcan nuestra idiosincrasia como país. Entonces me di cuenta de que ése era mi universo. Las historias son globales, en todas partes encontramos diferencias entre el norte y el sur, pero explícale a un americano por qué un vasco no folla. ¿Qué le digo, que es como uno de Wisconsin? Pues hombre, no. Y que no se ofendan ni los vascos ni los de Wisconsin.

Entre tanta explicación hice un flashback emocional a mi infancia. Empecé a recordar cuando de pequeña les contaba a mis amigos americanos lo que eran los reyes magos, La bola de cristal o Verano azul. A los españoles, me tocaba traerles galletas oreo, mantequilla de cacahuete o videojuegos porque las animadoras o bailes de fin de curso ya lo veían en la tele. Ya lo conocían.

En España siempre sabemos o vemos a través de la ficción el universo americano, pero en Estados Unidos (u otros países) no saben cómo es nuestro mundo. Y eso no es ni bueno ni malo, solo es algo que nos hace únicos.

Saber esto hace que conectes con lo que quieres contar. Es más fácil transmitir lo que has vivido en primera persona, o lo que ves a tu alrededor, y llegar así de forma más directa a tu potencial espectador. Si lo que cuentas, la historia, está llena de verdad, está contada desde dentro y tiene alma, funcionará.

Ser guionista es un camino constante, en el que no siempre puedes marcar la meta a la que llegar, pero sí la dirección en la que ir. Decidí volver porque he vivido más aquí que allí, porque el equipaje de series que me han marcado tiene muchos títulos españoles. Grandes series que merece la pena sean recordadas y por qué no, recuperadas. Desde Anillos de oro, pasando por Brigada Central, Turno de oficio hasta otras como Raquel busca su sitio, Mujeres y más recientes como Desaparecida y Punta Escarlata.

anillos de oro serie

Nuestra ficción es amplia y va más allá de los títulos que primero se nos vienen a la cabeza, de las series más típicas. Y si hay que poner etiquetas, la primera que debiera salir es que es nuestra. Tanto las series como el cine. Hay que valorar eso para contarlo y para contarlo tenemos que vivirlo. Tenemos que verlo.

Por eso, estos Reyes Magos han traído una buena lista de series españolas que recuperar del olvido y valorar por su calidad. Algunas de ellas se pueden ver en el archivo de rtve.es. Otras, es más difícil dar con ellas.

Pero merece la pena saber lo que somos, qué queremos contar y qué queremos que nos cuenten.


TODO TIENE UN PRECIO

7 junio, 2012

por Carlos López

Tardé en prestarle atención y cuando por fin lo hice tampoco llegué a ser adicto. Pero sí soy de los que echarán de menos al doctor Gregory House, que hace menos de un mes terminaba su serie después de ocho temporadas. Ocho años han dado para mucho. Para capítulos memorables y para otros de puro formulismo. Y sobre todo, para que el personaje quede inscrito en la historia de la televisión.

Un protagonista que, dejando a un lado la referencia holmesiana, es un mal bicho. Borde, incorrecto y mentiroso, sin una gota de sensibilidad. Pero en cuya brillantez confiamos porque, al final, es el que apaga el incendio. Y quien nos muestra, aunque no quiera, que tiene el corazón herido.

Hugh Laurie, ese gran actor que también es novelista y cantante, reconoce que nada más leer su perfil se dio cuenta de que el personaje no se hacía querer. Y sin embargo, él mismo se enamoró desde el primer minuto.

Laurie lo cuenta maravillosamente, más o menos así: “En los dramas televisivos hay una tendencia a pintar los personajes de un solo color, por eso el héroe es infinitamente heroico. Bien, House no es así. Está en el bando de los ángeles, pero él no es un ángel. Realmente no sábe cómo acertar, esa es parte de su verdad y de su encanto, porque así somos los seres humanos.”

Y luego añade: “Todos los actos heroicos requieren un coste, de otro modo no serían heroicos. Tiene que haber un dragón, tiene que haber un riesgo, tiene que haber dolor. Hay que pagar un precio.”

Ese es el asunto. Todo tiene un precio.

LOS HÉROES CHUNGOS

Es un fragmento del cuarto y último episodio del jugoso documental America in Primetime, en el que actores y creadores de las mejores series estadounidenses destripan la sustancia de su trabajo. En esta última entrega hablan de esa evolución de los héroes televisivos, desde los arrojados salvadores de antaño, limpios y repeinados, que casi ni sudaban, de integridad a toda prueba, entregados a su causa con generosidad sin límite… a estos protagonistas de hoy, malencarados, torcidos, miserables y hasta paranoicos. ¿Qué ha pasado en estos años? ¿Nos hemos vuelto locos? ¿Nos hemos cansado de amar el bien? Sencillamente, digo yo, no nos lo creemos, el bien pintado de blanco ya no nos resulta interesante. No queremos ver cómo el elegido rescata a la princesa, queremos ver a uno que se pelea consigo mismo. Esa es su categoría de héroe. Ya no importa tanto que gane o pierda, importa cómo juega.

Un forense que también es un asesino justiciero. Un publicitario mujeriego con identidad falsa. Un profesor de química que en su doble vida es un narcotraficante. Dexter, el Draper de Mad Men, el Walter White de Breaking bad. ¿Tienen algo en común? Claro. Ninguno es un modelo a seguir. Los tres, igual que House, engañan, fingen, no muestran compasión, sólo siguen su propio código, no se fían de nadie y nadie debería fiarse de ellos. Pero todos son conscientes de sus miserias y las purgan a la vista.

Igual que el héroe clásico, se enfrentan a un dragón, sí. Pero esta vez el dragón lo llevan dentro.

Disculpad, una vez más, el tono de academia nocturna de guión. Tanto aforismo y tanta paradoja para contar algo simple y evidente: hoy nos gustan los héroes chungos.

¿Evidente? Pues aquí aún andamos lejos. En la ficción española, siempre temerosa de molestar, que quiere contentar a todos, sentar a la familia completa en el sofá y no escandalizar a nadie, el cliché sigue siendo el mismo de hace cuarenta años: los héroes son guapos, sanos y generosos. Se enamoran con dulzura y actúan con nobleza. Hablan de frente y jamás golpean los primeros. Según los que mandan, que son los que se juegan el dinero, esto es lo que gusta al público. Y punto. Cualquier otra cosa suena a peligroso experimento, a autoría incorregible, a veneno puro.

Pero la visión de este documental no me hizo pensar sólo sobre cuestiones de guión…

¿PANADERÍAS PÚBLICAS?

America in Primetime está producido y emitido por una cadena pública. Sí, hasta en los Estados Unidos hay una cadena pública (PBS, financiada, hasta donde yo sé, con donaciones). He disfrutado viéndolo, pero no he podido evitar una terrible sensación de desamparo. Aquí vamos a vender a precio de saldo las cadenas autonómicas y la nacional se está desvaneciendo cada día que pasa. Parece que nadie lo lamenta, no merecerán un responso, ni una simple despedida. Nos quedaremos sin ellas con esa actitud de estúpida resignacion que nos inculcan desde arriba, hay que conformarse, qué remedio, ya nos gustaría, qué le vamos a hacer, hemos gastado mucho, mejor quitar esto que camas de hospital… Bueno, camas de hospital también van a quitar, no es que vendiendo las televisiones salvemos la sanidad, no son vasos comunicantes, no es tan sencillo. Pero bueno, nadie se va a quejar porque se desmonte y se desguace la televisión: total, como dijo el ministro, si es para pasar el rato.

Es verdad. Si lo piensas dos veces, la tele es inútil, superficial, ociosa. No vale para nada. Igual que la ópera, el teatro, la novela, la música o el Museo del Prado. No pretendo compararlos, pero todos son para pasar el rato. Tarde o temprano, a este paso, todos acabarán en la hoguera. Por la misma razón: qué le vamos a hacer.

Me diréis que exagero. Ojalá.

Me diréis que defiendo lo mío. Sí, es verdad. Es lo que conozco, y nuestros puestos de trabajo son tan honrados como cualquier otro. El sector audiovisual es el que más ha sufrido el aumento del paro después del de la construcción. Se está desintegrando. Muchos profesionales de primera categoría llevan más de un año sin trabajar. Como en los demás sectores, me diréis. Exacto. ¿Y nosotros tenemos que callarnos, volatilizarnos sin derecho a queja, de verdad os habéis creído que todos somos vagos, derrochones y sin seso? Creedme, la mayoría no defiende privilegios que nunca tuvieron, ahora mismo la mayoría solamente reclama su derecho a ganarse el pan.

Me diréis que el modelo actual de televisiones no es viable. Vale. Y ya se están encargando de que cada vez lo sea menos. Por lo pronto, los políticos han malgastado nuestro dinero para que las televisiones les sirvan de instrumento y de altavoz. Exprimidas hasta dejarlas sin credibilidad ninguna. Y lo mismo que ha sucedido con varias autonómicas está a punto de pasar con TVE: a base de recortar, quedará convertida en algo tan cochambroso que resultará carísima aunque fuera la más barata de Europa. Cuando ya no le guste a nadie, de puro esquelética y casi bochornosa, entonces no habrá más remedio que venderla. Sí, otra vez el qué-le-vamos-a-hacer. Se desharán de ella con una oferta de mercadillo y, pese a todos los malos augurios, alguien habrá que la compre, alguien que al día siguiente exigirá un trato de favor para reflotarla. Ayudas, exenciones, facilidades, manga ancha. Y todos los canales serán privados, refundidos en dos o tres manos nada más.

Habremos perdido algo nuestro. De todos.

Me diréis que no podemos defender algo que no es rentable. Y yo digo, desde la más atrevida de las buenas intenciones, que un servicio público no puede regirse por criterios de rentabilidad. Precisamente por eso requieren de ayuda pública. Necesitamos líneas de tren aunque sean deficitarias, centros de salud en los barrios donde vive poca gente, carreteras que lleguen hasta el último pueblo, conservatorios en los distritos del sur. Y también necesitamos una televisión pública digna. Alguien tiene que hacer programas que las demás cadenas nunca van a hacer. Programas como America in Primetime sólo los producirá una televisión pública. Y también series que empujen la industria, documentales rigurosos, debates honestos, productos nacionales en la primera línea del escaparate. Una cadena que se distinga de las demás en un simple zapping.

Y si solo hay dinero para un canal de tres de la tarde a once de la noche, eso será mejor que nada.

En un debate político reciente, la presidenta de la Comunidad de Madrid rebatió las críticas de la oposición con una pregunta: “Si no existen panaderías públicas, ¿por qué van a existir televisiones públicas?”. Lo más extraño es que quien dijera esto lleve tantos años al frente de lo público, administrando además una cadena pública de televisión. Y ahora nos enteramos de que no le parecía bien su existencia. Claro, que este debate habría sido bien diferente si se realiza un mes después; entonces quizá el silogismo habría sido: “Si no existen panaderías públicas, ¿por qué van a existir bancos públicos?”.

Supongo que me caerán piedras –aquí mismo, en unos minutos– por defender unas televisiones cuya muerte por inanición hay muchos esperando. No defiendo las televisiones actuales, ni su gestión ni su programación. Defiendo la necesidad de una televisión pública. Y en cualquier caso, aborrezco la resignada pasividad con la que, en este asunto como en tantos otros, nos dejamos arrastrar al desagüe.

Si queremos conseguir algo habrá que correr riesgos, sufrir, enfrentarse a la llamarada del dragón. Saldremos chamuscados, sí, ya sabes, todo tiene un precio. Pero si dejamos que nos arrebaten un servicio público, habremos pagado un precio demasiado alto.


SIN FUTURO Y SIN REMEDIO

8 febrero, 2012

Por Javier Olivares.

La noticia: TVE paraliza la emisión de sus grandes series (de gran audiencia) y proyectos futuros.

La reacción: quitando los propios perjudicados por trabajar en el medio, ninguna.

Incluso en internet, ese pozo sin fondo, en los comentarios sobre la noticia, los lectores responden mayoritariamente con frases como “me da igual, a mí no me gustaban”, “¡¡¡¿¿¿¿600.000 euros cuesta un capítulo???!!!.. La cantidad de cosas que se pueden arreglar con esa pasta…”, “el recorte tiene que ser para todos y la televisión es menos necesario que la sanidad”, “desde que los actores dijeran No a la Guerra no veo nada donde salgan, que les den”, etc, etc… Lo cual demuestra que, sin ánimo de ser elitista, ahora que cualquiera puede opinar, la red se llena de demostraciones de ignorancia. Porque para opinar hay que: 1) centrarse en el tema del que se eestá hablando / 2) saber de él. / 3) dejar la mala baba para sus visitas al psicólogo. / 4) Saber que hacer las cosas, aunque sean series, cuestan un dinero y saber, de paso, la diferencia de nuestros costes (mucho menores) con las producciones extranjeras de países del nivel del nuestro.

¿Qué dicen los medios? Nada. Informan (y tarde). Pero nadie se atreve a analizar la situación. ¿Para qué? No suelen hacerlo nunca. Y menos en estos temas, donde la especialización es tan baja que muchas webs de simples aficionados informan mejor de la televisión que ellos (aunque siempre, por supuesto, con un énfasis en lo externo: cuando una serie es inglesa o made in USA, se citan guionistas, creadores. Las españolas se escriben solas).

O tonterías o la nada más absoluta: esa es la reacción. Y habría muchas cosas que decir. A saber.

1) EL PELIGRO DE DESMANTELAMIENTO DE UN SECTOR INDUSTRIAL IMPORTANTE. Un sector que genera riqueza y muchos puestos de trabajo. Las audiencias de las series en peligro son y pueden ser las mejores de este país y su efecto público es máximo. Por menos que eso, se habla de alarma social en otras ocasiones.

2) LA DEMOSTRACIÓN DE LA INCAPACIDAD DE NUESTROS POLÍTICOS. Primero se quita la publicidad de la televisión pública sin buscar alternativas (ni canon, ni un plan de viabilidad). Eso lo hizo el anterior gobierno a cambio de redondear las cuentas de ganancias de las cadenas privadas, que se llevaron todo ese pastel publicitario. ¿A cambio? Apoyar un lobby y no recibir demasiadas críticas… Y abrir la puerta a lo que pasa ahora. Y lo que pasa ahora es que el actual gobierno tiene las manos libres para, con estas medidas…

Algunos dirán: pues que vuelva la publicidad a TVE. Error. ¿Alguien se cree que las cadenas privadas van a perder  los beneficios que tienen con esta medida? Ejemplo: el actual gobierno (improvisando, como siempre por estos lares) dijo en un primer momento que no se descartaba que volviera la publicidad a TVE. Al día siguiente, se descartó. Entre una cosa y otra, no me cabe duda, los teléfonos debieron echar humo.

3) LA PERSECUCIÓN Y ELIMINACIÓN DE LO PÚBLICO. La educación, la sanidad y ahora la televisión. Es curioso: se dice que es una manera de ahorrar dinero, pero no es cierto. Ése sector privado tan alabado ni da la misma calidad de servicios, ni se mueve por otra cosa que no sea el beneficio económico… Y está subvencionado por el Estado. Primero, regalándole una gran cartera de clientes (todos los españoles). Segundo, con participaciones de políticos en el traspaso de negocio con ganancias evidentes que, parece, no merecen la atención de fiscales ni jueces. Tercero, con subvenciones en caso de pérdidas.

4) LO NECESARIO Y LO QUE NO LO ES. En crisis, se dice que lo importante es el paro.. Pero se toman medidas para que, precisamente, crezca. Luego se dice que hay cosas más importantes que la cultura, la educación o la televisión. Es un lenguaje de posguerra, de transición, impropio de un país moderno. ¿Hay que recortar? Sí. Pero no a costa de una pérdida que aún nos empobrecerá más. Y lo hará en algo tan importante como el trabajo o en el nivel cultural de los españoles. Una televisión pública es la referencia de un país y de la actividad privada en ese mismo sector. Querer hacer una televisión a la americana es imposible. Ni hay la misma industria ni la fuerza de las televisiones por cable (en la TDT se dieron concesiones a cadenas que reemiten y sólo hacen mesas redondas, nunca producen). Fueron concesiones políticas, no profesionales.

Lo siento, pero, aún guardando ciertas diferencias (en la 2, ninguna: es mejor la nuestra), TVE está más cerca de la BBC que nuestras privadas de Channel Four o la DSF. Y es líder de audiencia. Tiene un prestigio internacional. Y, muy importante, estamos hablando de algo (la televisión) cuyo consumo en tiempos de crisis es máximo. El pasado enero se han vuelto a batir records en nuestro país: no creo que no sea un negocio poco rentable si se encauza como es debido. Es decir, con más inteligencia que recortando.

5) CULTURA Y SEÑAS DE IDENTIDAD. Se podrán tomar las medidas económicas que se quieran, aunque si son éstas dudo que levantems la cabeza en nada. Además, se toman otras (ley del aborto, posibilidad de que te cases o te divorcies con un notario -¡¡¡cómo se nota que Gallardón es de familia de notarios!!!, lástima que no hubiera sido de guionistas, atrezzistas, eléctricos… Lo mismo nos arreglaba el problema-, eliminar la asignatura de Educación para la Ciudadanía, la alcaldesa de Madrid pide voluntarios para mantener sus centros culturales…). Nada que objetar. Han arrasado en las elecciones (algo que debería hacer recapacitar a políticos de izquierda y a electores) y no creo que se esté haciendo nada que no se esperara.

Pero hay que avisar que si se sigue por esta senda y no hay oposición que lo critique (que parece no haberla, muda como la prensa), nos encaminamos a una vulgaridad y un desierto que hará (como  los recortes en I+D) que un país que debería querer ser grande, se haga pequeño. Sin señas de identidad. Sin cultura. Sin educación. Acrítico. Y un país que no tiene ese orgullo ni esa identidad, nunca tendrá ni economía ni industria porque ésta es el resultado de la esperanza, el optimismo y el trabajo. Y las dos primeras cosas se matan con estas medidas. La tercera, parece que no importa, cuando se castiga a quien lo ha hecho bien o se le elimina.

TVE no es el único ejemplo: el director general de Tráfico acaba de ser destituido tras rebajar un 60% los accidentes, algo que no pasaría en países de nustro entorno).

6) OPOSICIÓN Y SINDICATOS. La oposición (antes gobierno) no ha tomado medidas para evitar estos golpes. Todo lo contrario, con medidas como la supresión de la publicidad ha dado el primer paso para llegar donde estamos. Ha dejado sin defensa a TVE ante lo que va a ser su destino: el desmantelamiento. No es la primera vez que lo hace: por ejemplo, en Educación, lanzó ayudas al sector privado ahorrándole ese paso a quienes ahora gobiernan (y a la propia Iglesia). Ha preferido disputarse sus cargos dentro del partido que a crear un partido que defienda al país de estos embates. Y siguen en ello.

Los sindicatos. Me ceñiré a nuestro sector audiovisual. ¿Se puede esperar de ellos una mínima sensibilidad? Yo no la espero. ¿Qué se puede esperar cuando han impedido que los guionistas hayamos accedido a las  mesas de negociación de nuestro sector? (gracias González Sinde, para ser guionista, poco has hecho).

Una prueba del desprecio a la industria cultural es que hasta hace nada ni epígrafe teníamos los guionistas, los gestores culturales… en el INEM… Es tercermundista que ni siquiera tengamos la posibilidad de poner una tabla de salarios en las webs de quienes nos representan para que no seamos engañados. ¿Podemos esperar directores, guionistas, creativos de este sector -sin nuestro trabajo, los que no nos dejan sentarnos en las mesas de negociación no tendrían trabajo- que defiendan situaciones como ésta?. Sinceramente, lo dudo. Siguen pensando que industria es obrerismo (líbreme Dios de despreciarlo, pero no debe ser sólo eso), fábricas de automóviles y grandes empresas… cuando la industria cultural genera en el mundo unos beneficios superiores a muchas industrias tradicionales, las únicas que ellos protegen.

RESUMEN: estamos jodidos. Y quien crea que esto es sólo la alarma de alguien afectado por este problema en concreto, se equivoca. El verdadero problema es la falta de tejido social, de crítica, de nuestro país. La incapacidad de reacción ante las decisiones de unos políticos que se sienten libres de trabas para (además con el respaldo que da la democracia) tomar medidas inconscientes cuyo fracaso no tendrá responsable.

El verdadero problema es la inacción y, aún peor, que toda acción se pierde en un universo lleno de medios de comunicación que no comunican la realidad ni la analizan.

Mientras, miles de ingenieros y licenciados en otras carreras de alta cualificación dejan España para trabajar en el extranjero, tras haber invertido el Estado en una formación de la que ahora se beneficiarán otros. Mientras, el Senado (ese símbolo de inutilidad) sigue abierto. Mientras, quienes desde el poder hablan de la herencia recibida se olvidan del fracaso de sus políticas en las comunidades autónomas regidas por su mismo partido (la Comunidad Valenciana sobre todas ellas… La madrileña, si se desvelara toda su ingeniería económica, también). Y su ministro de Justicia, hasta hace nada alcalde de la ciudad más endeudada de Europa, posa en la foto de un gobierno que pide restricciones y ahorro. Dentro de unos días doy clase a jóvenes guionistas: les diré que aprendan inglés y que emigren. Es lo que haría yo si tuviera su edad.

Ahora, se pide esfuerzos y sacrificios a una ciudadanía que no es culpable de esta crisis. Una ciudadanía que, además de esforzarse, ve cómo se burlan de ella cuando el ministro de Economía habla de que los bancos deben bajar los precios de los pisos que guardan y luego calcula que habrá que despedir a cerca de 40.000 personas de bancos y cajas: ¿serán ellos los que compren los pisos con el dinero del paro? ¿Lo serán toda la gente que se está quedando sin trabajo con medidas como ésta?

La burla puede llegar más lejos. En Italia, su presidente Mario Monti ha declarado que el trabajo fijo es monótono y que “es mucho más bonito cambiar y aceptar nuevos desafiíos”. Mario Monti es senador vitalicio. O sea, que todo es cuestión de aburrimiento.

Bromas de mal gusto aparte, esa ciudadanía tendrá que asumir el co-pago en atención sanitaria, que verá (si es humilde) las dificultades de sus hijos puedan aspirar a algo por mucho que estudien… Y que cuando lleguen a casa verán programas del corazón, informativos llenos de videos de youtube (ojo: los informativos de TVE serán el siguiente objetivo), realities y series del siglo XII en las que es posible ver a uno de sus personajes hacer anuncios de ING Direct como si por aquella época existiera. O televisiones públicas como la valenciana y la madrileña, fieles servidoras de sus políticos y ajenas a su público (ver audiencias y comparar con la catalana, la vasca o la gallega).

El día que la lectura, el ocio, la televisión, el uso que un ciudadano hace de su tiempo libre (convirtiéndose en consumidor y generando industria con ello) se tengan en cuenta, este país será un país moderno: porque eso es también economía, dinero, publicidad, industria… No parece que vayamos por ese camino.

Como escribió Juanjo Millás cuando la huelga de guionistas de Hollywood  (“Pan y Circo”, 9 de noviembre del 2007):  “No se puede vivir sin comida, claro. ¿Y sin fábulas? Quizá tampoco. (…)  Desde que el mundo el mundo, mientras unos amasan el pan que comemos por la mañana, otros urden las historias que devoramos por la noche. Estamos hechos de pan y de novelas. (…) Imaginen un mundo sin cine, sin novelas, sin cómics, si series de televisión, sin culebrones; sólo realidad a palo seco, o sucedáneos de las fábulas como los que nos sirven los políticos. Ese señor tan raro que se acuesta cuando usted se levanta es guionista. Un respeto.

En este caso, cuando se lea guionista, entiéndase también productor, director, ayudante de dirección, ayudantes de producción, localizador, director de casting, los de sonido, fotógrafo, los montadores, los de atrezzo, eléctricos y hasta los guardias jurados que vigilan un plato. En esto, estamos todos juntos… Aunque tantas veces no nos hayan querido, a nosotros los guionistas, junto a ellos cuando queríamos defender nuestros derechos.

Para todos, un respeto.

PS: A los que piensen que escribo esto como implicado porque soy director argumental y jefe de guión de Isabel en su primera temporada o porque he trabajado estos últimos cuatro años para Diagonal, decirles que he dejado esta productora y ya he cobrado religiosamente todo mi trabajo. Lo cual quiere decir dos cosas: 1) que no obtengo beneficio económico alguno, aunque, evidentemente, que el público vea la serie es de mi máximo interés; 2) que la nombrada productora, junto a las otras que han parado la emisión de sus series (Bambú, Globomedia) han hecho un desembolso que a ver cómo recuperan y en qué tiempo, algo no menos grave que lo que arriba cuento.

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Javier Olivares: Estudió dos años en el Laboratorio del TEC, teniendo como maestros a William Layton, José Carlos Plaza, Miguel Narros… En prensa, fue redactor jefe de La Luna de Madrid. Ha estrenado diversas obras de teatro, como autor, adaptador y director. Como guionista ha trabajado en programas (La Última Noche, El Club de la Comedia…) y en series como Robles Investigador, El secreto de la porcelana, Los Serrano, Pelotas –en todas junto a su hermano Pablo Olivares-, Los hombres de Paco, Ventdelplà, Infidels, Kubala Moreno i Manchón (estas dos últimas como creador y productor ejecutivo) e Isabel, de la que es director argumental y jefe de guión. Profesor de guión en el Master de Producción Audiovisual de la U. Complutense y en la ESCAC de Barcelona.


LAS OTRAS WEBS QUE NO PAGAN

19 enero, 2011

Por Chico Santamano.

¿Otro post sobre derechos de autor? Sí. ¿Otro post donde un guionista llora porque se infringe la ley? Sí. ¿Otro post donde se denuncia que con la llegada de internet se han abierto nuevas vías de explotación de su trabajo y que sin embargo los creadores no ven ni un euro de lo que legalmente les corresponde? Sí.

SÍ, SÍ y mil veces SÍ. Pero no se preocupen este post es muy cortito y prometo un giro “revolucionario” y la promesa firme de retractarme según vayan demostrándome lo contrario.

Mucho se ha hablado de webs como seriesyonkis (y similares) que con la excusa de ofrecer enlaces de megaupload te ametrallan a publicidad llenándose bien llenados los bolsillos. Los de Megaupload tampoco están en la indigencia ojo. Pero… ¿No habría que sumar otras webs a esa lista de sitios de internet no respetuosos con los derechos de autor? ¿Otras webs que cuelgan las series e incluyen publicidad (de la que sacan cuantiosos beneficios)? ¿Otras webs que no están cumpliendo con los derechos de autor correspondientes? Venga, me lanzo a la piscina y empiezo a sumar unas cuantas a la lista:

Telecinco.es
Antena3.com
rtve.es
cuatro.com
lasexta.com

Vaaale, sí. Es cierto… ellas son las propietarias de esos contenidos… no es DEL TODO comparable, pero eso no las exime de cumplir con los legítimos propietarios de esos derechos. Un dinerito que ahora mismo se están quedando en un limbo perfectamente medido por los poderosos ojos cibernéticos de Nielsen.

He hecho un pequeño sondeo entre compañeros que curran en series emitidas por las cadenas generalistas (de las otras ni hablamos). A ninguno les consta que les haya llegado un euro de esta explotación de su obra en las webs oficiales de la cadena. Así que, una vez más, uno se siente bastante idiota. Y se pregunta… ¿De quién es la culpa? ¿Son las cadenas que no apoquinan? ¿Son las entidades de gestión que no hacen bien su trabajo? ¿O lo están haciendo bien y ese dinerito se queda por el camino? ¿Qué están haciendo al respecto SGAE y DAMA? ¿Debería ALMA pelear por esto?

Hace unos pocos años dimos por perdida la batalla del DVD a sabiendas de que la guerra en un futuro inmediato se iba a librar aquí, en internet. Pues bien… esta guerra ya ha empezado y resulta que los mismos que se quejan por un lado del azote de la piratería, son igual de irrespetuosos que las webs parásitas de megaupload.

Como sabiamente dice el bueno de Stéphane Hessel… ¡INDIGNAOS!


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