(ÚLTIMOS) ENLACES DONOSTIARRAS DE FIN DE SEMANA

25 septiembre, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

Fotos: Héctor Beltrán.

1. Esto se acaba, amigos. El Festival de San Sebastián está en su recta final, pero todavía nos quedan unas cuantas cosas que contar. Como que, por ejemplo, estuvimos en una round table con Agustí Villaronga.

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Villaronga atendió a algunos medios en una round table.

El director catalán presentó su nueva película, ‘El rey de la Habana’, en la Sección Oficial del certamen. Se trata de una adaptación de la novela del mismo nombre del cubano Pedro Juan Gutiérrez. “La novela tiene muy buenas cosas para hacer cine. Todo era acción. Pedro Juan, viene del campo del periodismo y él no elucubra, no hace reflexiones. Todo pasa a través de la acción, con lo cual eso es buenísimo cuando has de adaptar”, nos contó Villaronga.

En ‘El rey de la Habana’ vemos las aventuras de Reinaldo, un chaval que se ve obligado a sobrevivir en las calles de la Habana tras huir del correccional. Está ambientada en los años 90. Es decir: pobreza y miseria por todos los lados. También mucho sexo y sordidez. Cuando le preguntamos sobre los aspectos más delicados de la adaptación, Villaronga dijo que los dos problemas principales fueron que en la novela “ocurren muchas cosas y tiene muchos personajes”. Definió el entorno del libro como “un fresco” en el que “a través de un personaje hay mucho de otros personaje y de muchas situaciones”. Por eso, tuvo que condensar información: “Creo que fue la labor más importante. De hecho, el personaje de Magda, condensa seis o siete mujeres y el personaje de Yinusleidi, tres. Era la única manera de poder explicar en un tiempo, más o menos sensato, tantas cosas que como quería explicar Pedro Juan y que son muy interesantes”.

2. La mañana del jueves la aprovechamos para ver un par de películas. La primera fue una de las participantes de la Sección Oficial: ‘Freeheld’, dirigida por Peter Sollet y escrita por Ron Nyswaner.

‘Freeheld’ cuenta la historia –real– de Laurel (Julian Moore) y Stacie (Ellen Page), una pareja de lesbianas cuyos planes vitales se ven truncados cuando a Laurel le detectan un cáncer en avanzado estado. A partir de ese momento luchará para que su pensión pase a ser de Stacie, su pareja de hecho. Como os imaginaréis, hablamos de un dramón bastante importante –la señora sentada a nuestro lado en el pase de prensa tiró de pañuelo en un par de ocasiones– pero lo cierto es que las críticas han sido bastante duras con ella tanto en el Festival de Toronto, donde se preestrenó, como en Donosti. Se estrena en España en enero del próximo año, así que todavía tendréis que esperar un poco para sacar vuestras propias conclusiones.

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El director Peter Sollet junto a la actriz Ellen Page en la rueda de prensa.

3. La siguiente película que vimos fue ‘El clan’, de la sección Perlas, también basada en hechos reales. Escrita y dirigida por Pablo Trapero y producida por El Deseo, ‘El clan’ llegó a Donosti tras haber arrasado en la taquilla argentina.

El caso de los Puccio conmocionó a Argentina entera en los años 80. Los Puccio eran una familia que utilizaban su acomodada posición como fachada para cometer secuestros y asesinatos a sangre fría sin remordimiento alguno. Estaban encabezados por Arquímedes (Guillermo Francella), líder y cerebro de la familia, y su hijo Alejandro (Peter Lanzani), estrella nacional de rugby. En España se estrenará el próximo 16 de noviembre.

4. Por la tarde pudimos ver una nueva participante de la Sección Oficial, ‘Un día perfecte per volar’, del catalán Marc Recha. Se trata de una película muy pequeñita, protagonizada por Roc Recha, hijo del director, Sergi López y el propio Marc Recha.

Un padre y un hijo en la montaña vuelan una cometa. Se cuentan cuentos. Hablan de la naturaleza. Las críticas, si las leéis, son más dispares que en cualquier película que hayamos podido ver: desde pequeña maravilla reflexiva sobre la paternidad a sinsentido alargado hasta la extenuación –y sólo dura 70 minutos–. Aquí el tráiler, por si os interesa:

5. Y para cerrar, un anuncio. El de nuestra próxima –y última– entrevista en el festival. Una que tenemos muchas ganas de hacer. La publicaremos mañana y será, por fin, a una mujer: Paula Ortiz. Hablaremos con ella de ‘La novia’, su adaptación de ‘Bodas de sangre’ de Federico García Lorca que participa en Zabaltegi.

Para abrir boca, el tráiler:

Cobertura realizada gracias al apoyo de DAMA. 

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FEDERICO VEIROJ: “HAY ESCENAS QUE NO ESTÁN TERMINADAS DE ESCRIBIR HASTA QUE NO LAS FILMAS O LAS MONTAS”

24 septiembre, 2015

Entrevista: Alberto Pérez Castaños. 

Fotos: Héctor Beltrán. 

El pasado martes pudimos ver una de las sorpresas de la Sección Oficial de este 63 Festival de San Sebastián: ‘El apóstata’, dirigida por Federico Veiroj y escrita por él mismo junto a Álvaro Ogalla (también protagonista), Gonzalo Delgado y Nicolás Saad. ‘El apóstata’ cuenta la historia de Gonzalo Tamayo, un treintañero que ha decidido abandonar la religión católica con el objetivo de dejar atrás su pasado y encarar el futuro con una nueva visión de la vida. Sin embargo, se encuentra con más obstáculos de los que pensaba. 

‘El apóstata’ es el tercer largometraje del director uruguayo y nos ha llamado la atención por la manera en la que alterna la realidad con la fantasía y el drama más comedido con la comedia más disparatada. Por eso, quisimos hablar del guión con él y con el actor y coguionista Álvaro Ogalla en San Sebastián. 

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Federico Veiroj y Álvaro Ogalla, responsables de ‘El apóstata’.

El guión de ‘El apóstata’ está firmado por vosotros dos, Nicolás Saad y Gonzalo Delgado. ¿Cómo comenzó el proyecto y cómo fue la escritura entre los cuatro?

Álvaro Ogalla: Todo arranca con Federico proponiéndome contar mi proceso de apostasía tres o cuatro años después de que lo hubiese iniciado. Le parecía curioso contar una historia entorno a eso, a que alguien se propusiera salir de la iglesia y que fuese contándolo mediante una serie de cartas en las que le voy narrando esa aventura. Además, iría reflexionando sobre otros temas que también me propone él, como hacer una revisión del juicio. Sobre esto fue con lo que empecé a trabajar un tratamiento con Nicolás Saad.

Federico Veiroj: Y a partir de eso, de esas cartas y esos relatos con algunos momentos del trámite que Álvaro inició en la vida real cogí ese tratamiento escrito con Nicolás, allá por el año 2012, y, lo pasé a formato de guión. También había una voz en off que leía esas cartas que él mismo escribió. Es algo que fue mutando mucho cuando ya estuvo escrita una primerísima versión. Somos cuatro guionistas, pero no nos sentamos a escribir los cuatro estrictamente, fue una colaboración de todos en momentos puntuales. Con Gonzalo Delgado, que además también es el director de arte, fuimos retocando diálogos y alimentando la película. Durante la producción también reescribimos mucho. Cortamos un montón de escenas. Priorizamos personajes y situaciones para profundizar en la historia y porque, obviamente, no podemos filmar todo. En el guión hay personajes que están más desarrollados que en la película, como el de la hermana y el padre, pero yo no los echo de menos. En este proceso de escritura hay escenas que no están terminadas de escribir hasta no que no las filmas o las montas.

Álvaro, tú te enfrentabas por primera vez tanto a la escritura de un guión de largometraje como a la interpretación de un papel, ¿qué considerarías que ha supuesto un mayor reto para ti?

A.O: Son dos desafíos diferentes. La escritura lo fue en el sentido de tratar de volcar sobre papel aspectos sobre mi pasado, mi personalidad y mis principios y hacerlo de una manera irónica. Durante la escritura estábamos trabajando en nube con el guión. Yo lo leía mucho todos los días y retocaba, a lo mejor, una o dos palabras, editando diálogos y reconociéndome en el personaje. Quizás esto lo hacía para poder afrontarlo luego como actor.

F.V: En un momento decidí, cuando ya estábamos muy metidos en el guión, tres o cuatro meses antes del rodaje, que Álvaro dejase de ser guionista. Sobre todo para que empezase a prepararse el papel con algún coach y que sintiese que su trabajo ahora iba a enfocarse hacia otro lado.

¿Estaba decidido que la protagonizase Álvaro desde el principio?

F.V: Siempre fue la idea, aunque hubo un momento de duda durante el proceso de financiación. Pero finalmente me sometí a eso, en el buen sentido, para hacer la película con él porque, además, está diseñada para su cara, para su físico, su timbre de voz…

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Federico Veiroj.

Comentaste que en la rueda de prensa que ‘La prima Angélica’, de Carlos Saura, fue una referencia para el ‘El apóstata’, supongo que ya no solo por la parte incestuosa, sino por ese baile con la estructura, yendo del presente al pasado y jugando con la realidad y la fantasía…

F.V: Es una película que cuando la vi de adolescente me fascinó y durante la escritura del guión la volvimos a ver porque nos maravilla. Ese triángulo formado entre el pasado, la fantasía y el presente y el propio personaje, que parece un niño… Pero, más que tenerla como referencia diría que la tuvimos en cuenta como alimento. Además, el trabajo de Jose Luis López Vázquez en esa película me pareció sublime. Recuerdo aprender mucho de ese personaje, viendo que tiene como varias capas, cómo un cuerpo se representa a sí mismo en otros momentos de su vida, que es algo que llegamos a utilizar en ‘El apóstata’.

Una de los aspectos que hacen especial a la película son esos cambios de tono tan drásticos durante la historia. Pasáis de momentos más convencionales a otros más disparatados. ¿Trabajasteis esto desde el guión o fue una decisión de dirección?

F.V: Sí, está tratado desde el guión. Conforme fuimos avanzando en la escritura la fantasía y la fábula fueron tomando más fuerza. Ya desde el principio, cuando decidimos empezar con la canción de Lorca, vimos que iba a situar bien a la película y al personaje. Esto también es un elemento de fantasía, no es una película que empiece con un coche pasando o con una conversación cotidiana. Con ese inicio enseguida entras en un mundo de película y eso es algo muy importante. Que dentro de la película hayan distintos tonos es necesario para poder contar la historia del personaje, por alocado, por exagerado, por lo tierno que es… Su conflicto y su caos son así porque quiere demasiadas cosas.

También es interesante de cara al guión que algunos de los fragmentos están tomados de Benito Pérez Galdós, de una novela de llama ‘El audaz: historia de un radical de antaño’. Es algo que nos ha ayudado mucho en el proceso. Tiene un personaje muy irreverente, sinvergüenza y pícaro y nos inspiró mucho para el personaje y para justificar su tono.

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Álvaro Ogalla.

También habéis jugado con la música de la película para enfatizar esos cambios de tono, utilizando canciones de estilos diversos, ¿era también una idea preconcebida en el guión?

F.V: Hay algunas canciones que sí que sabíamos de antemano. Por ejemplo, la música de los créditos la encontramos más tarde. En cambio la música de Morente sí que estaba pensada desde el guión, aunque no sabíamos si iba a ser para el cierre o para el inicio. Finalmente lo fue para el cierre y para el inicio la de Lorca, que necesitaba que sonara con el primer plano de la película.

Por otro lado, nosotros nos conocimos en la Filmoteca y ya hacía un tiempo que trabajábamos ahí, por eso teníamos acceso a mucho material de archivo. Cosas inéditas, raras y ficción de todo tipo. Dentro de esos años que hemos ido viendo esas cosas nos topamos con mucho material muy hermoso. Eso nos sirvió para darle un punto de vista antropológico al personaje. La música siempre fue algo que fue cambiando pero en el guión sí que estaba escrito lo que tenía que pasar y con qué sentimiento. El tipo de caos sonoro que tenía que haber estaba escrito. Entonces, en el momento del montaje, junto a Fernando Franco, directamente trabajé pensando en Prokovief, que para mí era la primera referencia.

Y por último, dentro de ese proceso antropológico de encontrar la música, estuvimos buscando mucha música popular para el momento de la canción que canta la prima en la comida familiar. No tenía que ser ni una canción de cuna ni solamente inocente. Tenía que tener algo más crudo, ser un poco sórdida. Entonces descubrimos ‘El pelele’ en una película de Milos Forman, ‘Los fantasmas de Goya’. En el final de la película, que es muy hermoso, hay unos niños que cantan en coro esa canción. La letra era perfecta y no encontramos ninguna otra que fuera tan potente, tan inocente y cruel a la vez. Por ejemplo, en el guión estaba escrito que cuando el personaje entra en la iglesia y ve a los niños del coro, suena ‘El pelele’. Entonces, en el momento del montaje sonoro quedó bien pero nunca sabes si va a encajar.

Álvaro, la película cuenta tu experiencia intentando apostatar. Al personaje de la película le cuesta más de lo que pensaba en un principio. ¿Tú lo lograste?

A.O: No, no llegué a poder apostatar, la Iglesia pone bastantes obstáculos. De todas formas, dependiendo de la comunidad y del país es más fácil o menos. Hay países en Europa en los que sencillamente lo pides y al día siguiente lo obtienes, pero hay lugares como España en los que la Iglesia ha extendido los tentáculos y tiene influencia jurídica.

F.V: La película no intenta ser un manual sobre la apostasía. Solo tomamos algo que nos gusta de lo que le pasó, que no es un proceso normal, pero que tiene algo de interesante. Nos preguntábamos qué es apostatar: ¿recibir la carta de la diócesis que te corresponde y que diga que ya no formas parte?, ¿que se anote en el propio libro que ya nos formas parte?, ¿qué entiende cada uno por apostatar? En el caso de la película, lo que tratamos y que está escrito en el guión, es que el personaje se fije en algo material. Por eso, ese el plano en el que se ve la hoja y ese registro en el que están sus datos es tan importante. A mí me gustaba que la obsesión del personaje fuera por el objeto y trabajamos en esa línea.

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Entrevista realizada gracias al apoyo de DAMA. 

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ASIER ALTUNA: “LA PELÍCULA ESTÁ VIVA HASTA QUE PONES EL ÚLTIMO TÍTULO DE CRÉDITO”

23 septiembre, 2015

Entrevista: Alberto Pérez Castaños. 

Fotos: Héctor Beltrán. 

El pasado lunes se estrenó, en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián, ‘Amama’, de Asier Altuna. ‘Amama’ (abuela, en euskera) es una historia sobre la tradición y la familia y lo que ocurre cuando dos mundos diferentes chocan inevitablemente entre sí. La película, rodada en euskera, está ambientada en un caserío y protagonizada por Tomás (Kandido Uranga) y su hija Amaia (Iraia Elias). Tomás y Amaia son muy distintos; mientras el primero no conoce otra forma de vida que el trabajo duro y la tierra, la segunda ha decidido salir al “mundo exterior” y dedicarse al arte. Según la tradición, los hijos deben seguir manteniendo en marcha el caserío, pero los tiempos cambian y ni Amaia ni los otros dos hijos de Tomás parecen por la labor de hacerse cargo. 

Asier Altuna –junto a Telmo Esnal, coguionista de ‘Amama’– estuvo nominado al Goya al Mejor Director Novel con su comedia ‘Aupa Etxebeste!’ en el año 2005. Seis años más tarde rodó el documental ‘Bertsolari’. ‘Amama’ es su tercer largometraje. 

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El director y guionista de ‘Amama’, Asier Altuna.

En la rueda de prensa comentaste que en el proceso de escritura del guión de ‘Amama’ también han estado implicados Telmo Esnal y Michel Gaztambide. Me gustaría que empezaras contando cómo fue la aportación de cada uno…

La película, hasta tener la primera versión, la he escrito yo solo. En un momento dado le empecé a pasar a Michel Gaztambide las versiones que iba haciendo para que me diera su opinión. El leía la versión que yo le había mandado y quedábamos para tomar un café. Michel venía con unas notas y me iba sugiriendo cosas. Luego, hacia el final, cuando faltaban seis meses para empezar a rodar, le comenté a Telmo Esnal si le dábamos el último arreón al guión juntos. Él iba a ser el ayudante de dirección de la película y estuvimos trabajando juntos en las tres últimas versiones. Michel siempre estaba de consejero. La verdad es que era un lujo, ya solo tomar un café con Michel es un placer. Por su parte, Telmo tiene una capacidad visual muy importante, y estructura muy bien las secuencias. He estado rodeado de muy buenos compañeros y cuando llegamos a rodaje el guión estaba muy pulido y muy trabajado. Los mismos técnicos que leían el guión ya decían que ahí había algo, incluso hubo gente que llegó emocionarse solo con el guión y eso es una cosa que nunca me había pasado. Bueno, alguna vez sí que me había pasado porque yo antes trabajaba de técnico y algún guión sí que me llegó a emocionar.

El retrato de la tradición familiar y de los caseríos vascos está contado de manera muy veraz, ¿llegaste a vivir en un escenario así?

Es un mundo que conozco muy de cerca. Nací y estuve viviendo hasta los dieciocho años en un caserío. En todo lo que íbamos ambientando se respiraba realidad. Es una atmósfera que conozco muchísimo, la misma imagen de la abuela en la cocina, yo eso lo he vivido y visto en mi caserío. De hecho, ese caserío es real. No hay cartón piedra, pones un tiro de cámara y hasta una puerta, el tejado, todo te cuenta cosas. No hay casi nada manipulado y eso ayuda mucho a que respire realismo.

Además, yo tengo un proceso de trabajo en el que las historias están muy abiertas. El hacer una película localizada en un mundo rural y que contara un poco el cambio generacional la tenía en mente desde hace mucho tiempo. Incluso llegué a escribir una historia que trataba el mismo tema desde un punto de vista de comedia. Y es una película que casi se llegó a hacer pero nunca conseguí financiación y menos mal, porque creo que, al final, el poder rodar ‘Amama’ ahora ha sido un acierto. Ha llegado en un momento en el que me encuentro bien, seguro y ya con una serie de películas que ya he hecho, además de muchos cortos. Me sentía bien y seguro para afrontar está historia, ha sido una gozada.

‘Amama’ tiene dos protagonistas claros: Tomás, el padre de familia, trabajador incansable del caserío, y Amaia, hija de Tomás y artista. Durante la película cambia el punto de vista de un personaje al otro. Es una decisión poco habitual y un poco arriesgada, ¿no?

Sí, de hecho, de alguna manera cuando acaba el punto de vista de Tomás se podía acabar la película. No es una película convencional. El punto de vista de Amaia es tan visual, tan rico en movimientos de cámara, en música, diálogos y voz en off, que de alguna manera era una forma sencilla de meterme en la película y ser un trampolín. También, a la hora de montar, la primera parte de ‘Amama’ cambió mucho. Al final, el guión se escribió en montaje. Lo que nunca he tocado en guión es la parte de Tomás. En cambio, respecto al punto de vista de Tomás siempre me acuerdo de que comentaba con Telmo que nunca lo tocábamos porque era una parte tan visual, sin diálogos y sencilla que no había nada que hacer. Queríamos que trabajara con las manos y ver su evolución de una manera lenta, sin movimientos, sin palabras. Era una cosa casi documental. La de Tomás es la parte que más me gusta. Siempre ha sido una parte, como decíamos Telmo y yo, de secuencias inamovibles. Cuando vas escribiendo te das cuenta de que algunas secuencias no se van a mover porque tienen algo que las hace potentes.

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Asier Altuna con parte del elenco de ‘Amama’ en la rueda de prensa.

¿Cómo fue esa reescritura en montaje de la primera parte que comentas? ¿Cuándo te diste cuenta de que había que reescribirla?

Sobre todo, en la primera parte había más diálogos, se narraba de una manera más concreta la partida del hijo que se iba, de Gaizka, y en montaje lo que hice fue narrarlo de una manera más austera, con elipsis, y puse más énfasis en que el punto de vista fuera de Amaia todo el rato. Que tuviera voz en off y que cuando te olvidas de la voz en off, otra vez te llegue para no perder el punto de vista de Amaia. Creo que ayudaba mucho más a entrar en la película. 

Como el caserío está situado en un lugar de naturaleza total, rodeado de bosques maravillosos, tuve la suerte de plantear el rodaje en verano, con luz y mucho verde, y acabar en invierno. Esa fue la idea y planteamos la peli en dos partes. En julio grabamos una semana, y la segunda parte en octubre durante seis semanas. Ese parón me vino bien para, sobre todo, montar y revalorar el guión y reescribir. Cambié diálogos, quité secuencias enteras y eso fue lo que me salvó la peli, creo. Además, como estaba trabajando con algunos actores no profesionales, ese parón también les vino bien para madurar de alguna manera.

Has escrito un guión con pocos diálogos, en el que los personajes se expresan o bien con su propia personalidad y con su trabajo, como Tomás, o con el arte, como Amaia, ¿fue un objetivo desde el principio?

Fue un proceso bastante natural. Siempre pasa, cuando empiezas a escribir un guión, que te da mucho miedo quitar información, te da miedo que no llegue o no se entienda lo que quieres decir. En las primeras versiones tendemos a contarlo todo con diálogos muy informativos. Yo creo que lo más importante de un guión es cómo consigues cambiar un diálogo por un planito para contar lo mismo, que ese detalle resuene en la cabeza del espectador. Le estás dando la información, además, sin que se dé cuenta. Ahí está el secreto. Me parece uno de los ejercicios más bonitos de guión. Es un proceso que nunca se acaba, siempre está vivo. Con un cambio de plano en montaje puedes contar lo mismo de manera diferente. Es una maravilla, la película está viva hasta que pones el último título de crédito.

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Para conseguir que esos personajes puedan decir mucho sin hablar tienen que ser muy potentes, y eso también requiere un trabajo de guión importante…

Por supuesto. Es parte del guión. El personaje de Tomás es uno de los que más claros tenía desde el principio porque su punto de vista es el que más me pone. Ver cómo ese señor está viviendo una crisis enorme y todo en lo que él cree se desvanece. Ese personaje tenía que ser así: callado, duro… Ahora veo la película e incluso me parece que está un poco pasadito, demasiado fuerte y metiéndole mucha caña a su hija. Pero, a la vez, como lo pones a ese nivel de rudeza, cuando ves que empieza a trabajar con las manos y que tiene sensibilidad y su corazoncito es una maravilla.

Creo que es un acierto que hayas mostrado los dos puntos de vista sin llegar a posicionarte en ninguno como autor, sin poner uno por encima del otro…

Porque yo creo que, de alguna manera, ambos puntos de vista tienen razón. Por ejemplo, Tomás, es un señor que no ha vivido otro mundo que el del caserío, no se le puede pedir que, de repente, le diga a alguien “lo siento”, no es su estilo, no puedes pedirle que no sea él. Sin embargo, termina dando un giro, siguiendo en su posición pero aceptando que el mundo ha cambiado y que él ha cambiado con él, pero sin renunciar a su forma de ser. Me parece que eso pone al personaje en un lugar bonito.

El arte también tiene un papel muy importante en ‘Amama’. ¿Lo has utilizado como herramienta para distanciar a los dos personajes lo máximo posible?

No lo he usado para separarlos. El arte y que Amaia sea artista y mujer me parecía que era una manera de tener un espacio para experimentar un montón de imágenes que me apetecía meter. Sin embargo, creo que de alguna manera Tomás también es un artista. Si entendemos el arte como una “pose”, como la de Amaia al principio, con esas fotos modernas, vale. Pero la artesanía de Tomás también es arte cuando sirve para la vida. Que lo que hace con sus propias manos sea capaz de emocionarte es arte puro. La película también sirve sobre reflexión sobre ese tema.

Además, tú también has llevado a cabo una realización muy artística, muy plástica y con imágenes de mucho peso dramático…

Es un lenguaje que llevo muchos años trabajando con los cortos. Es un mundo que me atrae muchísimo, son imágenes que me vienen cuando estoy trabajando en un guión y no me las puedo quitar de la cabeza. Normalmente suelen ser muy surrealistas e intento terminar rodándolas. Por mi parte ha sido un poco arriesgado enfrentarme a un largometraje buscando el equilibrio con ese otro mundo un poco más onírico o metafórico. Pero por otro lado estoy contento, porque me da mucho juego y mucha vida.

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Entrevista realizada con el apoyo de DAMA.

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ÁLEX DE LA IGLESIA: “CUANDO MÁS LOCAL RESULTA ALGO, MEJOR FUNCIONA FUERA”

22 septiembre, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

Fotos: Héctor Beltrán. 

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El director y guionista Álex de la Iglesia.

Desde ‘Balada triste de trompeta’ (2010) se olía que Álex de la Iglesia tenía ganas de trabajar con Raphael. El título de la película, esa escena con el cantante proyectado en plena actuación… Cinco años después, lo ha conseguido y el resultado se llama como otra canción del de Linares: ‘Mi gran noche’.

Todo empezó con un guión. El director y su compañero Jorge Guerricaechevarría escribieron la historia pensando en Raphael desde el principio y sin plan B. Una decisión arriesgada, a priori. Quizá la primera vez en muchos años que los autores de ‘El día de la bestia’ escribían sin saber con seguridad si su trabajo se llegaría a rodar. “Era un todo o nada, o a rodar o al cajón. Podríamos haber hablado con él previamente pero si le hubiese explicado la película sin tener el guión nos hubiera dicho que no”, contó Álex de la Iglesia en la round table a la que fuimos invitados junto a otros medios en el Hotel María Cristina de San Sebastián. 

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Rueda de prensa de presentación de ‘Mi gran noche’.

La jugada les salió bien. Raphael dijo que sí y esta semana han presentado la película en la Sección Oficial de Donosti, aunque fuera de concurso. Además del cantante –”símbolo que representa una parte de la historia de España”, según de la Iglesia– hay un reparto coral de más de una docena de caras conocidas de nuestro cine. Porque la película es eso: una locura coral en la que varias tramas se suceden de manera consecutiva con un ritmo trepidante. “Empezamos a escribir el guión y, al principio, había más tramas, pero terminamos sintetizándolo. Conforme íbamos escribiendo se iba conformando el grupo perfecto de personajes, y cuando nos pusimos a dialogar ya teníamos claro los que iban a protagonizar esa comedia”, explicó.

Ante una historia con tantos frentes abiertos y tantos personajes en acción a la vez, quisimos saber si durante la escritura, Jorge Guerricaechevarría y él se enfrentaron a algún problema nuevo hasta el momento para ellos. La respuesta fue bastante significativa: “Jorge tenía un papel con los nombres de cada personaje porque no se acordaba. Yo creo que en el guión algunos personajes aparecen con diferentes nombres. De hecho, ha habido veces en que los actores me decían que les llamaba de dos maneras distintas”, dijo. Aún sí, aseguró que la del guión de ‘Mi gran noche’ ha sido una de las escrituras que más han disfrutado.

Carmen Machi, Mario Casas, Hugo Silva, Carlos Areces, Blanca Suárez, Pepón Nieto, Ana Polvorosa, Terele Pávez, Carolina Bang… El desfile es apabullante. Sin embargo, lo más parecido a un protagonista que tiene ‘Mi gran noche’ es, por supuesto, Raphael en la piel del mito viviente Alphonso. Todos estábamos deseando saber cómo fue ese primer encuentro entre los dos. “Íbamos retrasando el momento de hablar con él y ya teníamos el guión acabado. Estábamos a punto de empezar la preproducción y teníamos que cenar con él y convencerle. Quedamos y estábamos de los nervios y cuando dijo que sí yo le pregunté si se había leído el guión. Dijo que sí“, contó. Así de fácil. Y todavía más sencillo parece que fue el reto de rodar con él: “Raphael fue absolutamente fiel a todas las letras del guión. Le íbamos a poner un traje blanco que irradiaba luz como el de Jor-El en ‘Superman’ y le íbamos a meter en una cámara hiperbárica porque creíamos que era muy gracioso. Y aceptó. Incluso cuando le dije que moviera la mano como lo hace el Papa, lo hizo“.

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Álex de la Iglesia nos atendió en una ‘round table’.

Sin embargo, pese a que ‘Mi gran noche’ es una comedia alocada y frenética, de la Iglesia aprovecha para retratar en cierto modo algunos de los recientes lastres de nuestro país: expedientes de regulación de empleo, violencia policial, corrupción… El director, aún así, tampoco le da mucha importancia: “La película es perfectamente comprensible sin eso, Pero lo he hecho para añadirle algo más. Es como aliñar una ensalada, si no, no tiene sabor. Además, me gusta que esté colocado en ese entorno social concreto para que lo entendamos mejor. La gente sabe que es lo que ocurre, lo ha vivido. Ayuda a entender la película y a entender el mensaje”.

Así que se podría decir que ‘Mi gran noche’ tiene mucho de España. Pese a eso, fue una sorpresa lo bien que funcionó en el Festival de Toronto, donde Álex de la Iglesia fue a presentar la película. “De pronto pensé que no iban a pillar nada, que no iban a entender las bromas con las letras de Raphael, pero resultó que no importaba, lo entendían todo. Lo mismo que con Raphael, sabían que era un divo. Creo que cuando más local resulta algo, mejor funciona fuera. Ése ha sido el éxito internacional de Pedro Almodóvar y de otros tantos”, dijo.

Tras su paso por Toronto y San Sebastián, ‘Mi gran noche’ se estrenará en todos los cines de España el 23 de octubre.

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Crónica realizada gracias al apoyo de DAMA. 

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“EL ESPECTADOR ESPAÑOL NO ESTÁ ACOSTUMBRADO A VER CINE DRAMÁTICO CON FINAL NO FELIZ”

24 abril, 2015

El año 2012 fue, según los expertos, el más duro en lo que llevamos de crisis económica. ‘Techo y comida’, la ópera prima del jerezano Juan Miguel del Castillo, está situada en ese momento de nuestra historia reciente. En la película, Rocío, una joven madre soltera en paro desde hace años, lleva sin pagar el alquiler ocho meses y las circunstancias, cada día peores, empiezan a ahogarle. Este es el contexto que ha utilizado del Castillo para contar una historia que todos conocemos, ya sea porque la hemos vivido de cerca o porque la hemos visto en las noticias. Sin embargo, lo hace de una manera conmovedora, evitando en todo momento caer en el drama fácil gracias, sobre todo, a una Natalia de Molina sencillamente perfecta como Rocío. ‘Techo y comida’ se estrenó ayer en la Sección Oficial del 18 Festival de Málaga y cuenta con una particularidad: no se ha visto beneficiada por ningún tipo de subvención ni ayuda pública.

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El guionista y director Juan Miguel del Castillo.

Quiero empezar dándote la enhorabuena porque en ‘Techo y comida’ has llevado a la ficción una realidad muy complicada y delicada de una manera muy elegante…

Yo soy de Jerez y allí la cosa está que ni te cuento. Es un tema que conozco por parte de gente cercana. Me gustan muchos los temas sociales y me siento comprometido, además, viví una historia muy cercana, donde una vecina desapareció de donde yo vivía y después, por televisión me enteré de que la habían desahuciado. Eso me tocó la fibra y empecé a documentarme, empecé a buscar información en comedores sociales, Cáritas, asociaciones, plataformas… No quería mostrar esta parte en la película pero entre lo ya conocía y toda la información que conseguí me lancé a escribir el guión con muchas ganas. Este asunto me molestaba y lo he echado todo en la peli.

¿Llegaste a sentir responsabilidad al estar escribiendo una historia que afecta a tantas personas?

Es cierto que es un tema con el que la gente está muy sensibilizada, y todo el mundo conoce un caso, por eso la historia es tan cercana y emociona. Y sí que sentía una responsabilidad muy grande. Además, este guión lo he escrito solo. Yo soy muy cabezota, llevo 20 años luchando para hacer una peli y lo he conseguido ahora, es decir, que llevo mucho tiempo currando. Intenté estructurar de una forma que funcionase y que también plasmara el mensaje que a mí me interesaba. Con el tiempo el guión fue cogiendo cuerpo pero escribirlo ha sido una experiencia dura. Sabía que tenía que diseñar un gran personaje, y que todo se moviese a raíz de ella. No hay muchas tramas secundarias, esos personajes secundarios sirven para acompañar al principal. En el momento que tuve esa estructura y esa base que es el personaje de Rocío lo demás llegó solo. Se fue desarrollando la historia con lo que me pedía ella. También quería que esa “marca España” estuviese reflejada, le di muchas vueltas y decidí el momento en el que España ganó la Eurocopa del 2012 porque me parece muy interesante dramáticamente, quedó para la posteridad pero no hay que olvidarse que ese año pasaron más cosas.

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Juan Miguel del Castillo con los protagonistas de ‘Techo y comida’, Natalia de Molina y Jaime López.

Está muy bien jugado en segundo plano ese papel del fútbol como opio para el pueblo…

La peli se ha hecho para ese plano de Rocío con su hijo con la celebración de fondo. Todo está preparado para eso, fue la apuesta. También tenía un poco de miedo porque me tenía que arriesgar, dudaba si iba a funcionar porque esa parte es distinta al resto de la peli pero le tenía que dar la misma forma. Yo creo que está conseguida. Es una secuencia que hemos pulido mucho en montaje, sobre guión está distinta, es más larga. Creo que le hemos sacado el partido que queríamos y queda perfectamente reflejado el mensaje en la imagen, no hace falta explicar nada. Eso, como autor, me llena de satisfacción porque es mi ópera primera. He escrito varios guiones de largometraje, pero este es el primero en solitario, porque lo quería contar de una manera que sabía que lo tenía que hacer solo: está hecha con lo mínimo, es muy austera, sin música…

También tiene un papel algo menor la religión. Presentas a Rocío como una joven creyente, ¿lo haces como un clavo ardiendo al que se agarra por su situación?

Claro. Yo no sé en otras partes de España, pero en Andalucía hay muchas Rocíos, gente que está desesperada y que se agarra a una estampita de la virgen y le pone velitas o va detrás de un paso de Semana Santa, yo eso lo he visto toda la vida. La gente que está mal se agarra a donde sea. En Andalucía hay gente muy religiosa a la que le encanta las hermandades, los penitentes… A mí particularmente no me llama mucho la atención pero creía que debía estar presente, aunque sea una pinceladita que caracterice al personaje. Es un matiz rico para el guión.

Durante la película, al personaje de Rocío se le van presentado pequeños motivos para la esperanza: un posible trabajo, un boleto de lotería… ¿buscabas con esto que no fuese todo una cuesta abajo?

Mientras me documentaba vi que las personas que están en esa situación ven esperanza por todas partes, con cosas que pueden ser absurdas, como un cupón. Están tan desesperados que se agarran a todo. En el caso de Rocío, una papeleta de lotería o ese posible trabajo. Con lo del trabajo quería que se viese que sabes que no va a conseguirlo y, también, su inocencia al pensar que sí. Por otra parte, la complicación de esto era que yo no quería mostrar esperanza en la película, en ningún momento. Sólo pequeños matices, pequeñas pinceladas. Yo creo que me he portado bien porque, hay tantos dramas… Los espectadores españoles no están acostumbrados a ver cine dramático con final no feliz. Y creo que acabar de esa manera siempre invita más a la reflexión. Yo quiero que el espectador diga, “¿y ahora qué?”, que se quede como el personaje.

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En ‘Techo y comida’ no hay un malo. Todo el mundo sabe cuál es, pero en la película, los que ponen obstáculos a Rocío son personas que también lo están pasando mal, ¿ha sido delicado construir estos personajes secundarios?

Yo he querido contar la película desde el lado de los “buenos”, desde el lado de los que están sufriendo. Por eso no hay culpables ni malos en la película. Todo el mundo sabe los que han provocado esta situación, y yo no voy a cambiar el mundo con la película ni hace falta que los muestre. Creo que había que mostrar lo mínimo y lo máximo a la vez, y la apuesta fue esa. Quería que hubiese unas personas que crean unos obstáculos pero que también fuesen una víctima más. Al final, se ve al personaje de su casero hecho polvo, bebiendo, sin ver el fútbol. Quería que la película estuviese llena de estos matices. Llevo con ella tres años y le he dado tantas vueltas a todo…Han sido muchas versiones de guión y de montaje y la hemos acabado hace diez días, hemos ido a sprint para poder mandar la copia final a Málaga. En diciembre aún estábamos rodando y en febrero ya estábamos haciendo un pase para ver si nos seleccionaban en el festival.

La película se ha producido sin ayudas ni subvenciones de ningún tipo, sólo con inversiones privadas y crowdfunding…

El crowdfunding fue muy poco, unos 25.000 euros, pero no hemos tenido ni subvenciones, ni apoyo de televisiones, ni nada, todo ha sido con financiación privada de la productora que ha apostado por ello. Hemos llamado a muchas puertas y, la subvención más gorda, que es la del ministerio, no la hemos pedido pono estamos dispuestos a esperar tres años para que nos den un portazo en la cara, porque la última decisión de esta subvención es política. Y por ahí no pasamos ni vamos a esperar, porque se nos va el tiempo.

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Foto: @hbeltrangimeno.

Entrevista de Alberto Pérez Castaños. Fotos de Héctor Beltrán. 

Entrevista realizada gracias al apoyo del sindicato de guionistas ALMA.

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“ESTAR DIEZ AÑOS CON UNA IDEA EN LA CABEZA NO ES FÁCIL”

24 abril, 2015

El pasado miércoles se presentó en la Sección Oficial del Festival de Málaga la primera película de Gonzalo Bendala, ‘Asesinos inocentes’. Bendala, que en los últimos años ha estado trabajando como productor (‘Els nens salvatges’) ha debutado con un guión que mezcla suspense con comedia negra encabezado por Maxi Iglesias y Miguel Ángel Solá. 

‘Asesinos inocentes’ cuenta la historia de Francisco Javier Garralda, un mediocre estudiante de psicología al sólo le separa una asignatura de ser un licenciado. El profesor de esa asignatura es Espinosa, un misterioso psicólogo que le hará una propuesta: si le mata, le aprobará automáticamente. 

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El director, guionista y productor Gonzalo Bendala.

Leí la historia real en la que te has inspirado para ‘Asesinos inocentes’ y me pareció genial, ¿cómo llegaste a ella?

Sí, la película está inspirada en un caso real y ese es el punto de partida. Sí te digo la verdad, fue porque el profesor de literatura de mi instituto nos encargó, como trabajo de verano, leer una serie de relatos. Entre esos relatos había uno, serían como siete u ocho páginas nada más, que contaba el suceso de Michael Malloy. Me quedé sumamente sorprendido con la historia, de hecho se hizo súper conocida en el mundo entero y se empezó a conocer en aquella época como el asesinato más desastroso de la historia. Pensé que eso era increíble y que Hitchcock lo hubiera cogido y hubiese hecho una película.

Antes de la película, además, hiciste un corto con esa idea, ¿no?

Sí, de hecho se terminó en la facultad y la rodamos con un equipo totalmente amateur. Con una cámara Hi8 o incluso 8mm, no recuerdo muy bien, sin micrófonos y sin focos pero aun así me gustó mucho cómo quedó. Para haberlo hecho con nada y con diecinueve años estoy muy contento de cómo quedó. Pero nunca moví el corto porque la música que teníamos era música que no era original y no teníamos los derechos. Además, era un corto de escuela pero siempre me quedé con el gusanillo de seguir desarrollando esa historia y poderla hacer algún día en formato de largometraje. Ese fue el germen de ‘Asesinos Inocentes’.

Debe ser muy satisfactorio que tu primera película sea un proyecto al que llevas ligado tantos años y desde tan joven…

Sí. Llega un momento que se convierte casi en una espinita que se te queda clavada y que tienes que expulsar como sea. Ahora tengo la sensación de que por fin voy a pasar página y pensar en otra cosa. Estar diez años con una idea en la cabeza no es fácil. Pero claro, en diez años pasan muchas cosas y ya tengo mi siguiente película. Bueno, estamos metidos en dos proyectos, uno como director y otro de Patricia Ferreira, una comedia que se llama ‘Salsa de arándanos’ que tiene un guión muy potente. Y el segundo proyecto mío como director pretendía que hubiera sido mi ópera prima pero por cuestiones de financiación ha surgido antes la posibilidad de rodar ‘Asesinos Inocentes’.

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Foto: @hbeltrangimeno.

¿Por qué decides ambientarla en la actualidad, en el ambiente universitario y el mundo de la psicología?

Quizá fuera porque coincidió en mi época de estudiante en la facultad de Comunicación Audiovisual de Sevilla. Imagino que sería ese el motivo por el cual lo decidí así. Algo que quedó de la historia original fue que, como Michael Malloy era de ascendencia irlandesa, siempre pensé en la taberna irlandesa que sale en la película como escenario. También es cierto que al hacer el corto en esta época universitaria crees que es difícil encontrar actores de mayor edad y por eso son jóvenes.

¿En qué momento entra José Miguel Asensio a coescribir el guión contigo? ¿Participó en ese cortometraje inicial como actor, verdad?

Sí, José Miguel hizo de Sánchez en el cortometraje. El primer punto de partida fue el guión del cortometraje, que realmente no era un cortometraje sino un mediometraje, ya que duraba alrededor de 32 minutos. Ese fue el punto de arranque del guión y a partir de ahí quise desarrollar las relaciones entre los personajes. El corto está basado en los intentos de asesinato y los sucesivos fracasos pero no se desarrollaban las subtramas entre los personajes. En el largometraje ya desarrollé tramas nuevas como la de Nuria, que trata de investigar de una forma paralela lo que está pasando a su alrededor. También la trama de los del taller de coches y el tema de la deuda que Garralda tiene con ellos. Le di motivaciones y fui desarrollando las relaciones entre los personajes el guión se fue extendiendo hasta que en el 2004 tuve una primera versión de unas 130 páginas. Lo dejé parado, seguí con otras historias y en 2008 hice una segunda versión.

Después, ya en 2012, una vez estrenamos ‘Los niños salvajes’ quedé un poco más liberado de mi faceta de productor y retomé el guión y a la vez empezamos a buscar financiación. Conseguimos ayuda al desarrollo del ICAA y de la Junta de Andalucía. Seguimos desarrollándolo hasta la quinta versión en el que llegó un punto en el que me sentí atascado y conté con José Manuel. Había leído guiones suyos y habíamos colaborado en la facultad haciendo cortos, entre otras cosas. Y creí que su estilo era el adecuado para contar esta historia. Además, a él el thriller se le da muy bien y yo siempre había querido tratar esta historia, aunque realmente tiene mucha comedia, con un tono de suspense. Hicimos dos versiones más juntos, en paralelo seguimos buscando financiación, y en la última fase, a partir de 2013, estuve con un asesor de guión que es Fernando Cámara. Así que durante el último año yo seguía haciendo versiones y él sobre todo trabajó conmigo lo que eran las motivaciones de los personajes, especialmente, las motivaciones del profesor Espinosa. Hasta ese último momento, antes de la entrada de Fernando Cámara, las motivaciones del personaje eran muy diferentes. Simplemente estaba separado y seguía sintiendo mucho amor por su mujer aunque ella lo había abandonado totalmente y él no quería ser la causa de la ruina de su mujer. La seguía teniendo idealizada. Fernando me hizo ver que eso no era una razón de peso y fue cuando surgió el tema del sentimiento de culpa del que tanto habla el personaje. De querer morir como redención porque él se siente muy culpable. Por un lado, si muere va a acabar con esa losa que lleva cargando tantos años y por otro lado, su muerte podría hacer que su mujer se pudiera operar y que tuviera alguna esperanza para poder salir adelante. Todo ese trabajo fue mano a mano con Fernando Cámara.

Contó la productora en la rueda de prensa que el proceso se alargó cinco años…

De hecho, empezamos con él antes que con el de ‘Los niños salvajes’. Lo que pasa es que llegó este proyecto, que partía de la productora catalana Distinto Films y nos encantó. Queríamos trabajar con Patricia y paralizamos el proyecto de ‘Asesinos Inocentes’. Pero claro, cuando conseguimos ayuda al desarrollo, tanto del ICAA como de la Junta de Andalucía fue cuando empezó la financiación. La productora Marta Velasco empezó a mover el proyecto por mercados y a hacer contactos con Filmax y con TVE. Y después de ‘Los niños Salvajes’ fue cuando conseguimos la ayuda a producción del ICAA, nos dieron 495.000 euros, la máxima de aquel año de un presupuesto total de unos 3 millones que tenía el ICAA. A raíz de conseguirla se sumaron las de la Junta de Andalucía, Canal Sur y TVE. Ahí ya fue todo poco a poco.

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Foto: @hbeltrangimeno.

En ‘Asesinos inocentes’ mezclas thriller con algo de comedia negra, aunque has terminado dándole más peso al thriller

No me gusta utilizar la palabra thriller, no por nada, aunque realmente es un thriller. Lo que pasa es que últimamente se está asociando la palabra thriller a película de acción y no es lo mismo. Es decir, una película de acción es una película con persecuciones, coches y tiros. El thriller es otra cosa diferente y creo que da pie a equívocos. Hay otra vertiente de thrillers, como el psicológico, que te lleva a películas tipo ‘Memento’, ‘Seven’ o ‘El silencio de los corderos’. Pero tampoco es eso. Yo creo que a la hora de buscar los referentes para ‘Asesinos Inocentes’ siempre fueron películas clásicas de Hitchcock como ‘La soga’, ‘Extraños en un tren’ o ‘Un crimen perfecto’. En aquel entonces no se llamaba thriller, sino genero de suspense. Por eso prefiero decir que es suspense con toques de humor porque es verdad que el humor es la única forma en la que puede ser aceptada la premisa de esta película. La serie de situaciones inverosímiles, que por más que estén basadas en un hecho real resultan muy inverosímiles, o las tratas con humor o difícilmente funcionan. Incluso el humor funciona como desahogo de la tensión.

¿Qué has podido aportar a la película con tu experiencia de productor en anteriores proyectos?

En esta película solo he ejercido de director y de guionista, pero sí que es verdad que no solo tengo experiencia como productor sino que la empresa productora de la película es mía también. Con lo cual, si se gasta un euro de más, a quien le duele es a mí. Por eso, siempre he tenido mucho cuidado de medir y controlar qué necesito para contar y qué cosas puedo evitar para ahorrar costes. He estado continuamente pensando en el presupuesto de la película y que no se fuera de lo que estaba previsto. Puedes pensar que un plano de grúa quedaría súper bien pero siempre me planteo si se puede hacer de otra forma, si hay opción de que quede igual. Así que básicamente eso, mis conocimientos de producción y el cuidado de controlar el gasto han sido lo que he aportado, más que nada porque el dinero que se estaba arriesgando es el mío.

La película la protagonizan caras muy conocidas como Maxi Iglesias, Aura Garrido o Luis Fernández, ¿entraba en tus planes desde el principio que se hiciese con estrellas jóvenes?

Siempre, pero claro, como el proyecto ha pasado a través de tantos años, por mi cabeza y por el papel han pasado elencos muy diferentes de diversas generaciones. Por ejemplo, Maxi tendría doce años cuando hice la primera versión. Por mi cabeza han pasado muchos actores que están triunfando en el cine español pero que a día de hoy son mucho más mayores para lo que venía bien en esta historia. He querido coger lo mejor de lo mejor de los actores de esa edad de hoy en día.

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Foto: @hbeltrangimeno.

Entrevista de Alberto Pérez Castaños. Fotos de Héctor Beltrán. 

Entrevista realizada gracias al apoyo del sindicato de guionistas ALMA.

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“MI PELÍCULA ES UNA COMEDIA ROMÁNTICA Y TODO LO CONTRARIO”

23 abril, 2015

Alejo Flah lleva más de una década trabajando como guionista, siempre a caballo entre España y su Argentina natal. Ha escrito, por ejemplo, en la serie ‘Vientos de agua’, de Campanella, y el guión de ‘Septimo’, de Patxi Amezcua. Este año debuta como director con ‘Sexo fácil, películas tristes’, que se estrena el 24 de abril en nuestros cines y que pudimos ver ayer en la Sección Oficial del Festival de Málaga. 

En su primera película como realizar –que comparte productores con ‘Ocho apellidos vascos– Alejo Flah desmonta el género de la comedia romántica para llevarlo a su terreno y jugar con él entre la realidad y la ficción. Cuenta la historia de Pablo, un escritor argentino al que le encargan el guión de una comedia romántica en el momento en el que su vida empieza a irse a la deriva. Con estos problemas rondando por su cabeza a todas horas escribe la historia de Víctor y Marina, dos treintañeros que viven en Madrid y que se conocen en una librería. 

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El director y guionista Alejo Flah.

En ‘Sexo fácil, películas tristes’ cuentas dos historias: una real y otra de ficción, ¿cómo estructuraste esa mezcla cuando empezaste a escribir el guión?

En general, por una cuestión práctica, cuando escribo por encargo, por llamarlo de alguna forma, escribo de una forma bastante ordenada. Es decir, escribo una sinopsis, un tratamiento y luego lo dialogo, pero en este caso no. En este caso lo que iba teniendo eran escenas, más o menos sueltas, y lo que me pasaba con estas escenas era que algunas ocurrían en España y otras en Argentina y no terminaba de entender por qué. Era bastante caótico el tema, incluso escribí muchas escenas que no están en la película pero que formaron parte en un principio. Creo que por mi propia profesión de guionista me salió esa idea sobre la confusión en la que vivimos, entre la ficción y la realidad. Todos vivimos muy familiarizados con la ficción y cómo las comedias románticas, por decir un género pero podría ser cualquier otro, nos marcaron en nuestra forma de establecer las relaciones románticas. Y como me daba cuenta que todo lo que pasaba en las películas no ocurría en mi vida. De ahí surge esa contradicción y por qué no ponerla en escena.

En cuanto a la forma, con el tiempo me di cuenta que escribiendo en argentino y en español, por decirlo de alguna forma, había una cuestión rítmica que es distinta en los diálogos. No lo sabría explicar bien pero siento que son como dos lenguajes distintos aunque tengan palabras muy parecidas. Lo que me salía era que los personajes de la ficción hablaran más porque el protagonista de esa realidad prácticamente no se comunica. Es un gran observador y espectador y te habla a través de todos sus otros personajes. Esa quizá fue la diferencia más grande a la hora de dialogar.

En el cuestionario que hiciste hace unos meses para Bloguionistas dijiste que a veces escribías con escaleta y otras no. Esta vez ha sido de las que no, ¿verdad?

No he hecho, pero al final acabé escalentando casi de golpe. Escribía diez páginas y pensaba en cómo seguir y ahí me hacía guías y planes para saber qué es lo que pasaba. Ahí es cuando escaletaba. Pero lo que yo entiendo por escaletar, por eso respondí a veces en el test, no lo he hecho. Era como entrar y salir. Escribo una escena que me apetece, salgo un rato, la estructuro y luego vuelvo a entrar. La cuestión es que en las siguientes reescrituras pasé por un par de laboratorios de guión que me sirvieron mucho para mejorar la película. Pasé por uno que organiza el festival de Sundance en Oxaca (México) y por otro que lo recomiendo mucho: lo organiza el Programa Media “éQuinoxe Germany” y lo hacen en Noruega o en Alemania. Allí estuve con el guionista de ‘Drácula, James V. Hart, que es un genio total, y también estuve con el guionista de varias películas de Warren Beatty. Es decir, tipos con una experiencia genial y que es muy bueno que lean tu guión y se pongan a pensarlo contigo. Sobre todo para volverlo a estructurar.

¿Es ese proceso que comentas es más caótico que el convencional?

No sé si más caótico pero sí que sé que me fui desprendiendo, a medida que pasaba el tiempo, de algo más intelectual que tenía el guión para acercarme a algo más sentimental. Fui dejando la cabeza, que era lo más tentador, sobre todo como guionista, y me di cuenta que lo que me interesaba era que esos personajes de ficción, aunque se muevan dentro de un género como la comedia romántica, fueran interesantes. Porque es media película. Si hubiera estado todo el tiempo desnudando el artificio hubiese sido una película muy cerebral y no me interesaba hacer eso. Creo que eso fue lo que más se fue suavizando aunque tampoco cambiaron tanto las versiones. Sí que había versiones en las que los personajes le hablaban al autor, ese tipo de cosas como más de Charlie Kauffman pero a mí me interesaba algo más sentimental, aunque creo que el riesgo es mayor.

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Foto: @hbeltrangimeno.

Has dicho en la rueda de prensa que te interesaba que la parte ficcional de la película tuviese mucha verdad para mantener la atención del espectador. Siendo ambas muy reales, me ha dado la sensación de que has utilizado el estilo de los diálogos para diferenciar algo más las dos partes…

Las dos son artificios, porque construir una realidad no deja de ser un artificio y una ficción a la vez. Pero creo que la diferencia a la hora de construir los diálogos de una realidad o de una ficción está en que en la ficción se habla más ordenadamente, mientras que en la realidad se habla de forma más caótica. Normalmente pasamos rápidamente de hablar de una cosa y a hablar de otra. Lo que quise es que en la realidad nunca se viera lo que va a responder el otro después. En cambio en la ficción sí, y aunque te sorprenda una cosa te va llevando a la otra. Tiene cierta lógica dentro del género. Hay un ejemplo muy claro de esto en la secuencia en que una chica, cuando está meando, le dice al personaje de Ernesto Alterio: “¿quieres mirar?”. Eso nunca hubiera podido pasar nunca en la ficción, aunque después lo retomo y en la ficción dice: “¿quieres pasar?”. Pero era la idea de que en todo momento están pasando cosas y no tienen un orden tan lógico.

La lección de la película podría ser que, mientras que en las comedias románticas siempre sabemos lo que va a pasar, en la vida real, no…

Exacto. Y aún así, aunque sepamos lo que va a pasar en las comedias románticas, porque desde el minuto uno esos dos personajes aunque se odien van a terminar juntos, les queremos ver y saber por qué y qué les pasa para que terminen juntos. A mí me interesaba desnudar todos los elementos, de hecho la película empieza prácticamente contando el final y no me importa.

Me ha parecido muy interesante lo que ha dicho de ti Ernesto Alterio, que tienes la virtud de reescribir como tuyas las sugerencias de los actores…

Yo creo que esto viene un poco de ser guionista y perder cierta solemnidad con el papel escrito. Hay un punto en el que como guionista te das cuenta de que tu guión se transforma en otra cosa. Viene gente con otra visión, colabora, se aportan cosas en el rodaje, la gente escribe encima y el guión se transforma en algo nuevo. A la hora de dirigir yo quería estar abierto a todo eso. Es un equilibrio por el cual sabes que llevas un año escribiendo y tiene una lógica pero si de golpe te aparece algo nuevo puedes discernir entre una cosa u otra. Si uno entra en un terreno de confianza puedes decirle al actor “no lo veo” o “esto sí”. Por ejemplo, el diálogo sobre las series de televisión que tienen Quim Gutiérrez y Carlos Areces terminaba diciendo que la sexta temporada era la buena y que tenía que ser un poco paciente, pero los dos se pusieron a hablar de un personaje inventado de esa serie que era medio tonto y me pareció genial. Me empecé a descojonar y lo metimos. También me gusta mucho una improvisación robada de otra improvisación que es cuando Areces le dice a Quim mientras corre: “cuidado con la mierda”. Esa frase en realidad es una improvisación de Ricardo Darín la película ‘El mismo amor, la misma lluvia’ de Campanella que le encantó a Carlos Areces y la metimos. Por eso, me parece que en un rodaje hay que estar abierto a que sucedan estas cosas sin perder la vida y tener en mente que uno escribió un guión que es una guía y lo tiene que tener presente pero también hay que estar abierto. Sobre todo si hay gente talentosa, inteligente y con experiencia como Quim, Areces o Ernesto que proponen cosas. Además, siempre está la opción de la retoma o quitarlo en el montaje por si algo no te encaja.

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Rueda de prensa del equipo de ‘Sexo fácil, películas tristes’.

En la película hay un personaje que hace de productor de Pablo y con el que mantiene una muy buena relación, ¿cómo ha sido la tuya con tus productores?

Curiosamente, uno de los productores, José Nolla, es un gran amigo mío. También lo son Gonzalo Salazar-Simpson y David Naranjo, hemos creado una muy buena relación pero a José lo conozco de hace mucho. De hecho, apenas llegué a España le conocí. Me molesta a veces esta figura del productor enemigo que aparece en el cine. Sí, es cierto, hay productores que son el enemigo pero también hay directores de fotografía que son enemigos, o cualquiera… Quería rescatar esa figura del productor que ama el cine, que quiere sacar esa película adelante, hipoteca su casa… y más si es con un actor como Luis Luque. Es un actor que maneja ese límite entre la oscuridad y el cariño de una manera formidable. Logra hacer un personaje que por un lado te propone hacer un intercambio de parejas y por otra parte te debe dinero, pero aun así le quieres. Es lo que tiene trabajar con Luis, que a pesar de todo logra hacerlo querible. Si hubiese sido un actor más oscuro o más cursi no hubiera funcionado. En definitiva, quería rescatar esa figura del productor que aunque parezca un oxímoron, ama el cine.

Dices que gracias a salir a andar por la ciudad para despejarte descubriste el Madrid de la comedia romántica que has plasmado, ¿demuestra esto que para escribir no hace falta estar delante del ordenador?

Sí, si no me equivoco también lo contaba un escritor israelí, Amos Oz. Decía que para él escribir era como tener un negocio, como tener una peluquería en la que esperas a los clientes igual que a las ideas. Y que mientras no llegan las ideas él está trabajando. Como el peluquero que barre el suelo, lee el diario, sale a pasear… Yo reivindico, sin pasarse porque también hay que escribir, que hay que darse cuenta que esos procesos de búsqueda también forman parte de la escritura. Lo que pasa es que creo que con la experiencia uno se va dando cuenta y va sabiendo cuando son demasiado grandes esos tiempos de búsqueda. A medida que empezamos a localizar para la película yo les iba mostrando a muchos madrileños zonas de la ciudad en las que no habían estado nunca y se sorprendían. Eso era gracias a las caminatas que a priori pensaba que eran perder el tiempo al final me acabaron sirviendo para eso.

‘Sexo fácil, películas tristes’ también es una tesis sobre la comedia romántica, donde desmontas su estructura en los primeros minutos, ¿es un género que te gusta?

A mí me gustan muchas películas, desde el thriller hasta las comedias románticas y película sin género. Hay muchas películas que me gustan que son comedias románticas y hay otras que detesto. Pero, a medida que uno las va pensando y se va dando cuenta de que son todas iguales, no importa. Eso era un poco lo que quería reivindicar. Habrá gente que le gustará y habrá gente a la que no y me dirá que le conté todo solo en el principio… No importa, tú puedes saber que el protagonista va a tener un amigo, que va a pasar esto y lo otro y da igual. Lo que importa es la emoción de cada escena, como si la trama no importara. Lo que importa son los personajes y la emoción que logran imprimir los actores cada momento.

¿Es un género cada vez más difícil de escribir por eso que cuentas?

Yo creo que pasa con todos los géneros, y por eso creo que la película está escrita así. Por un lado, a la gente de nuestra generación, que nos criamos viendo géneros, nos gustan. Pero por otro lado, no podemos evitar decir: “ahora pasa esto”. Lo que me pasa a mí es que aunque lo desmonte me acerco con mucho cariño y respeto, no con cinismo y desdén. Ahí están todos esos elementos, pero están tomados en serio, es decir, el monólogo final busca emocionar, no se está riendo de esos personajes. El personaje de Ernesto es un escritor que empieza a escribir la película con cierto cinismo y poco a poco se va dando cuenta, que esto a todos los guionistas de encargo nos ha pasado, que un encargo te puede transformar la vida más que un proyecto personal. Y eso es curioso de nuestra profesión. La intención era abordarlo como un juego pero sin perder el cariño por el género. Yo digo que la película es una comedia romántica y todo lo contrario. Ahora estamos en un momento de géneros puros y cuando piensas, por ejemplo, en Azcona, las comedias tenían una carga dramática tremenda. Es muy difícil mezclar muchos géneros pero me interesa mucho.

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Foto: @hbeltrangimeno.

Entrevista de Alberto Pérez Castaños. Fotos de Héctor Beltrán. 

Entrevista realizada gracias al apoyo del sindicato de guionistas ALMA.

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