¿NOS PODEMOS CAGAR EN LO SAGRADO?

29 enero, 2015

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Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Terminé mi post anterior diciendo que escribiría una continuación en breve. Odio ser tan predecible, pero aquí está la continuación.

Hablábamos sobre el poder de los símbolos, sobre su carácter sagrado y planteábamos una pregunta a raíz del funesto atentado de Charlie Hebdo y los consiguientes – y cansinos – debates acerca de si deben o no existir límites para la libertad de expresión.

Si aceptamos que los símbolos tienen ese poder casi mágico, que nos permiten conectar con otros mundos que están incluso por encima de lo humano… podríamos pensar que cometemos un pecado muy jodido cuando nos burlamos de esos símbolos con mayúsculas: ésos que sustentan las creencias y las religiones más arraigadas en nuestro planeta.

Nos referimos a símbolos que se consideran sagrados en sus respectivas culturas.

Pero, ¿realmente lo son?

Yo suelo hacer una distinción que, una vez más, es totalmente personal:

Por una parte está el arquetipo: Eterno, inmutable, probablemente existiendo en alguna dimensión inmaterial incluso antes que la propia Humanidad. Los arquetipos nos definen de una manera muy atávica, están en otra liga. Ni siquiera podemos comprenderlos y asimilarlos en su totalidad.

Por otra parte está el símbolo: Tal y como yo lo veo, el símbolo es un disfraz transitorio, una piel de serpiente con la que el arquetipo se disfraza para encajar y hacerse comprensible para las mentes concretas de un determinado período, una determinada geografía, un determinado contexto.

Del mismo modo en que un Dios puede encarnarse en un Cristo para mostrarse más accesible y más útil para ciertas mentes en ciertas circunstancias, creo que un arquetipo (eterno e inmutable) puede encarnarse en un símbolo transitorio para ser comprendido también por “ciertas mentes en ciertas circunstancias”.

Así pues: ¿Qué diferencia hay entre cagarse en un símbolo y cagarse en un arquetipo?

En mi opinión, el arquetipo está más allá de nosotros y no podríamos corromperlo aunque quisiéramos.

En cuanto al símbolo… creo que tenemos la capacidad e incluso EL DEBER de corromperlo.

Los tiempos cambian, el ser humano cambia, las civilizaciones cambian… Aunque el arquetipo siga vigente, creo que los símbolos pueden quedar obsoletos, e incluso se agradece que exista gente que se dedique a fiscalizarlos y ponerlos continuamente a prueba. Algo me dice que los símbolos (al igual que los políticos) no deben acomodarse en el trono durante demasiado tiempo; algo me dice que deben demostrar continuamente que están en condiciones de seguir reinando. Un símbolo, en mi opinión, debe ser como un león preparado para que cada día vengan otros leones a disputarle el liderazgo de la manada.

Me viene a la memoria un ensayo de Carl Gustav Jung en el que diseccionaba todos los símbolos del ritual de la misa cristiana y explicaba a qué arquetipo aludía cada fase del proceso, y de qué simbologías paganas provenía. Eso no desacredita los ritos cristianos. Todo lo contrario: Demuestra que brotan de un manantial muy poderoso, aunque al mismo tiempo sugiere que los símbolos de cualquier religión son un idioma más entre muchísimos otros. Lo sagrado no entiende de idiomas, ni de contratos de exclusividad.

Supongo que la cosa se complica cuando ciertos símbolos se manchan de connotaciones político-económicas. Cuando el dinero y el poder entran en juego, la manipulación no tarda en llegar. Quizá somos más susceptibles con algunos símbolos porque nos han condicionado como a perros de Paulov para que los respetemos de manera incondicional. Premio – castigo. Estímulo – respuesta.

Personalmente creo que tan válida es la virgen (a nivel simbólico) como la venus de Willendorf, tan válido Alá como la rueda del karma, tan válido el Cristo que resucita como el Fénix que resurge de sus propias cenizas o el Super Mario que continuamente muere para volver a jugar su fase una y mil veces.

También creo que quienes nos dedicamos a contar historias tenemos, en cierto modo, la responsabilidad de mantener a los símbolos entrenaos, en forma: contribuir a que no se estanquen, a que se renueven en lugar de pudrirse.

¿Nos legitima eso para cagarnos en Dios, mearnos en la virgen, escupir sobre Alá?

Allá cada cuál.

Personalmente opino que una cosa es no respetar un símbolo y otra muy distinta no respetar a las personas que creen en dicho símbolo.

Como ya dije en este otro post, es casi imposible hacer humor sin molestar.

Actualmente trabajo en un programa que pretende hacer reír sin ofender a nadie. Es bonito comprobar que puede hacerse, y es un reto bastante estimulante. Aun así, creo que no todo el humor debe ser así. Es más: Os aseguro por experiencia propia que el hecho de no querer ofender no es garantía de que no vayas a ofender.

A pesar de ello, no simpatizo con esa gente que se dedica a “ofender por ofender“; no simpatizo con aquéllos que se regodean haciendo daño a otras personas con sus palabras, con sus chistes.

Yo tengo la tendencia – incluso la necesidad – de ser iconoclasta, bruto… Tengo, por llamarlo de algún modo, la necesidad de provocar.

Sin embargo pienso que existe – no me preguntéis por qué – una sutil diferencia entre “ofender” y “provocar”.

“Provocar” es una palabra que puede tener connotaciones positivas. Una palabra relacionada con “inducir a un cambio”, con ayudar a producir un vómito necesario. La provocación, aunque molesta, puede albergar una intención constructiva, incluso filantrópica.

Cuando ofendo a alguien con mis palabras no me siento bien al respecto. Eso no significa que me reprima. Me callo pocas cosas cuando escribo. Pero si a alguien le sienta mal algo de lo que digo procuro disculparme y hacerle entender que no tenía intención de molestarle. He de decir que en algunas ocasiones es esa otra persona la que no atiende razones y está más dispuesta a ofenderme a mí que a escuchar mis explicaciones. En esos casos, creo que lo suyo es seguir recurriendo al sentido del humor. Para que una persona atienda a razones, primero debe querer atender a razones, y muchas veces disfrazamos de actitud racional nuestra necesidad de escupir serpientes por la boca. Nos vanagloriamos de ser seres civilizados, pero seguimos teniendo mucho de animales pre-racionales. Nuestra civilización es un castillo de naipes cimentado en ese “horror” del que hablaba Joseph Conrad en El Corazón de las Tinieblas.

Somos criaturas contradictorias, complicadas. Por eso en lo que a relaciones humanas se refiere creo más en el mundo de las intenciones que en el frío mundo de las causas y efectos.

Yo me solivianto cuando alguien insulta a Steven Spielberg del mismo modo en que algunos se soliviantan cuando alguien se burla de Cristo o de Mahoma, pero sé que, en la mayoría de los casos, la intención no es dañina. “Perdónalos, Spielberg, porque no saben lo que dicen.

Y con respecto al poder de los símbolos, ¿qué los hace poderosos? Quizá las miserias y las grandezas humanas, quizá el hecho de que exista gente capaz de morir y matar por dichos símbolos, quizá una cuerda floja aterradora con un extremo atado en ese “horror” de Joseph Conrad que nos convierte en animales y con el otro extremo anudado en las aspas de los molinos de Cervantes, que giran y luchan – desesperada, infatigablemente – por convertirnos en humanos.


FLASHBACK – MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA GUIONISTAS: EL 525.1

18 septiembre, 2011

por Pianista en un Burdel.

La reciente apertura de juicio oral a Javier Krahe por un delito contra los sentimientos religiosos (artículo 525.1 del Código Penal) me ha hecho reflexionar sobre los peculiares límites de la libertad de expresión en España, y la forma en que afectan a los autores audiovisuales en un país en que la Iglesia Católica sigue teniendo un sitio preferencial en el ordenamiento jurídico. La separación Iglesia-Estado, desde el inicio de la democracia hasta nuestros días, ha seguido una progresión notable, pero aún queda mucho trabajo por hacer (ver gráfico).

Y mientras no se haga ese trabajo, cambiando las leyes y colocando a la Iglesia en su sitio, seguiremos teniendo Torquemadas wannabe.

Resumamos los hechos del caso:

  • La obra por la que se acusa a Javier Krahe es el cortometraje “Cómo cocinar un Cristo“, de 1978. En él, de la manera más neutra y objetiva, se muestra la preparación un plato en el que el ingrediente principal es una escultura de Cristo, previamente retirada de un crucifijo, a la que se sazona de diversas maneras y se introduce en un horno, del que, según la locución, saldrá solo a los 3 días.
  • Dicho corto fue proyectado en la pantalla que aparecía tras los entrevistados en el programa Lo + Plus de 15 de diciembre de 2004. La directora del programa también ha sido imputada.
  • La querella criminal la ha presentado el Centro de Estudios Jurídicos Tomás Moro.
  • El caso fue sobreseído en 2007. El Centro Tomás Moro recurrió el sobreseimiento.
  • El lema que el Gabinete de Estudios Jurídicos Tomás Moro exhibe en su página web es “cristianizando el Derecho, cristianizando la Sociedad”.
  • El juez, aplicando el artículo 589 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, ha dictado que Javier Krahe vaya pagando una fianza de 400 euros diarios, hasta un total de 192.000, por si se le encuentra culpable.

Krahe

Yo no sé mucho de derecho (ni mucho ni poco) pero me parece ACOJONANTE que te puedan sacar 192.000 euros por si acaso resulta que eres culpable. No vaya a ser que luego te condenemos y digas que no tienes dinero.

Desde la ignorancia lo pregunto: si puedo fingirlo tras la sentencia, ¿no podría fingirlo también ahora? ¿Si resulta que soy inocente, me devuelven la pasta con los intereses?

Y sobre todo, ¿adónde va ese dinero? En caso de que me condenen, digo. ¿Reparar los ofendidos sentimientos religiosos de un fanático cuesta más que comprar un piso? Oiga, y ya puestos, ¿no podrían sacarle 192.000 también al Centro de Obtusos Jurásicos Toma Moreno, por si acaso resulta que Javier Krahe no es culpable de nada? Digo, para repararle a él los sentimientos de justicia, que después de esta locura deben de haberle quedado bastante maltrechos, al pobre.

También me parece acojonante que EXISTA un artículo del código civil que pretende proteger algo tan absolutamente etéreo como los “sentimientos religiosos”. Digo etéreo por no decir maleable. Porque bajo esa definición se pueden amparar cientos, miles de denuncias arbitrarias y malintencionadas, como en mi opinión es la presentada contra Javier Krahe.

¿Qué es el sentimiento religioso? ¿Cómo puedo identificarlo? ¿Cómo puedo saber cuándo lo estoy ofendiendo? Yo puedo evitar atropellar a un niño con mi coche. Veo al niño cruzando la calle, me hago una idea bastante clara de lo que le ocurriría si le paso por encima con mi coche. Puedo comprender que me castiguen duramente por hacerlo. Puedo comprender que el castigo sea mayor si lo hago en un paso de cebra (porque puedo ver el paso de cebra). Me parece estupendo que la multa sea mayor si encima supero la limitación de velocidad (perfectamente visible), y le atropello de noche con las luces apagadas (de sentido común).

Pero ¿cómo sé dónde empieza la sensibilidad religiosa de cada cuál? En fin, cualquier día pueden oírse blasfemias en la televisión. Que yo sepa, nadie ha denunciado nunca a nadie por decir HOSTIA PUTA o ME CAGO EN DIOS en televisión o en el cine o en la radio. Y sin duda son blasfemias dichas públicamente. Hasta a mí me molesta oírlas. Pero el caso es que se dicen, y nada ocurre. Se dicen delante de los niños, y el mundo sigue girando.

¿Es aceptable en un país aconfesional, en el siglo XXI, que a uno puedan no ya condenarle, sino siquiera procesarle, por cometer un supuesto delito que no se sabe cuándo se está cometiendo?¿Es aceptable que determinados delitos -como la estafa- prescriban en pocos años, y mientras se procese a ciudadanos por obras de arte realizadas hace más de TRES DÉCADAS?

¿Cómo demuestra un presunto ofendido que su sentimiento religioso ha sido herido? ¿Hay PRUEBAS de eso? Que yo sepa, no se puede condenar a alguien sin pruebas. Y sin embargo, el juez ya ha visto INDICIOS de delito. ¿Cuáles son esos indicios, Señoría? ¿La propia denuncia? ¿Basta con el testimonio del presunto ofendido para considerar que hay una ofensa? ¿Por qué se imputa a la realizadora del programa y no se persigue a quien ha subido el vídeo a Youtube? Qué demonios, ¿por qué no se multa a Youtube?

Imaginemos que yo establezco el límite de mi sensibilidad religiosa, pongamos por caso, en los Diez Mandamientos. Todo aquel que infrinja públicamennte los preceptos de este código básico y de todos conocido estará atacando a mi sentimiento religiosos, y por tanto conculcando el artículo 525.1 del Código Penal.

Bien. Pues que se preparen todos lo que pronuncien en mi presencia cualquier interjección con las palabras “Dios” o “Cristo”. Incluyo, naturalmente, “por el amor de Dios” o “por los clavos de Cristo”. Porque si eso no es tomar el nombre de Dios en vano, que venga Dios y lo vea.

Ups.

Y lo mismo con los mentirosos. Los que desean a la mujer del prójimo. LOS QUE NO SE AMAN LOS UNOS A LOS OTROS COMO ÉL LOS AMÓ.

¿Dónde está el límite?

Confío, Señoría, en que no sea usted quien lo marque, porque sería como mínimo dudoso que pueda usted dictar Justicia sobre los SENTIMIENTOS AJENOS.

A todo esto: ¿no sería más que razonable pedir, en este tipo de casos, que el juez demuestre no tener los mismos sentimientos religiosos que el denunciante? En fin, creo que a un católico de misa y comunión diaria le resultaría muy difícil ser imparcial en el caso de Javier Krahe.

¿Y si le diéramos la vuelta? ¿Y si mis sentimientos religiosos cristianos -que no católicos- se ven ofendidos cada vez que un cura de barrio suelta una diatriba contra las bodas homosexuales o contra los anticonceptivos? ¿No sería razonable ofenderse (religiosamente, digo) ante la noticia de que la Conferencia Episcopal, pongo por caso, tiene cientos de millones en fondos de inversión?

Digámoslo claro: la permanencia del 525.1 en nuestro Código Penal es una vergüenza intolerable para todos los Presidentes del Gobierno, Ministros de Justicia y, en general, Diputados del Congreso que la permiten. No tengo ni idea de si podría derogarse por decreto en el Consejo de Ministros. Pero de ser así, dudo que exista una justificación razonable para que no se haga ESTE VIERNES. Tampoco entiendo a qué dedican el tiempo ciertos congresistas, mientras en nuestro ordenamiento jurídico permanecen artículos propios de la Edad Media. Shame on you all.

Y que nadie vea esto como un ataque al catolicismo, ni a ninguna religión. Pero las cosas conviene ponerlas en su sitio. Los sentimientos religiosos pertenecen a la esfera privada. Y son intangibles. Luego no se pueden hurtar ni perjudicar. No tienen proyección en la vida social, como lo tienen por ejemplo otros intangibles (el honor, la identidad) por lo que no se pueden realmente menoscabar ni herir. La única manera razonable de que los fanáticos religiosos exijan que no se ofenda a sus sentimientos sería que exhibiesen su condición de fanáticos religiosos, y que dejasen claros sus sentimientos. No sé, una camiseta que diga

SOY CATÓLICO, TENGO UN BUFETE QUE TE CAGAS Y ME SOBRA LA PASTA. AL PRIMERO QUE SE CAGUE EN DIOS, LO EMPAPELO.

Por ejemplo.

A mí no me gusta blasfemar, pero hombre… en determinadas ocasiones no le queda a uno más remedio que cagarse esto y en aquello. Pero no se me ocurriría hacerlo delante de una monja. Porque eso son ganas de molestar a la señora. Pero si yo hago un corto en el que parodio la comunión y la resurrección de Cristo, y que se llama CÓMO COCINAR UN CRISTO… no veo dónde está el ánimo de ofender.

Si Javier Krahe hubiese enviado el corto a la Conferencia Episcopal con una nota invitándoles a verlo… entiendo que eso sí serían ganas de tocar los cojones (aunque jamás entenderé por qué se valora el delito en 192.000 euros).

Los consejos de supervivencia que se extraen de este caso son claros: ten mucho cuidado cuando te metas con la religión (y con los Borbones). Y si en tu guión hay un ataque contra la Iglesia (la Católica, las otras aún no tienen abogados poderosos), procura que el atacante sea un personaje concreto. Porque si no, los fanáticos entenderán automáticamente que el autor del ataque eres tú, el autor de la obra. Y nadie garantiza que entre los fanáticos no haya jueces y fiscales. Recordemos que el inicio del año judicial se celebra con una misa católica.

¿Qué quieres? Han estudiado derecho romano. No esperarás que también sepan ALGO sobre comunicación audiovisual.

Tened mucho cuidado, y sobre todo en esta época. Porque si todo esto fuera un guión de cine, a lo mejor habría un sheriff llamado Garzón, y un forajido llamado Tomás Moro, dispuesto a cualquier cosa para impedir que ningún sheriff entrometido se ponga a buscar cadáveres por los armarios.

Por supuesto, esto no es un guión de cine. Y la denuncia contra Javier Krahe seguramente no será una acción de castigo de la parte más reaccionaria de la judicatura contra la izquierda antifranquista para que ésta se entere de quién manda aquí.

Pero si lo fuera, tengamos en cuenta que los que han presentado una querella criminal por un corto de 1978 no sólo tienen dinero, poder y la convicción de que Dios está de su lado. Además disponen de un Código Penal hecho a medida para joderle la vida a cualquiera que no comulgue con sus ideas.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 3 de junio de 2010)


MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA GUIONISTAS: EL 525.1

3 junio, 2010

por Pianista en un Burdel.

La reciente apertura de juicio oral a Javier Krahe por un delito contra los sentimientos religiosos (artículo 525.1 del Código Penal) me ha hecho reflexionar sobre los peculiares límites de la libertad de expresión en España, y la forma en que afectan a los autores audiovisuales en un país en que la Iglesia Católica sigue teniendo un sitio preferencial en el ordenamiento jurídico. La separación Iglesia-Estado, desde el inicio de la democracia hasta nuestros días, ha seguido una progresión notable, pero aún queda mucho trabajo por hacer (ver gráfico).

Y mientras no se haga ese trabajo, cambiando las leyes y colocando a la Iglesia en su sitio, seguiremos teniendo Torquemadas wannabe.

Resumamos los hechos del caso:

  • La obra por la que se acusa a Javier Krahe es el cortometraje “Cómo cocinar un Cristo“, de 1978. En él, de la manera más neutra y objetiva, se muestra la preparación un plato en el que el ingrediente principal es una escultura de Cristo, previamente retirada de un crucifijo, a la que se sazona de diversas maneras y se introduce en un horno, del que, según la locución, saldrá solo a los 3 días.
  • Dicho corto fue proyectado en la pantalla que aparecía tras los entrevistados en el programa Lo + Plus de 15 de diciembre de 2004. La directora del programa también ha sido imputada.
  • La querella criminal la ha presentado el Centro de Estudios Jurídicos Tomás Moro.
  • El caso fue sobreseído en 2007. El Centro Tomás Moro recurrió el sobreseimiento.
  • El lema que el Gabinete de Estudios Jurídicos Tomás Moro exhibe en su página web es “cristianizando el Derecho, cristianizando la Sociedad”.
  • El juez, aplicando el artículo 589 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, ha dictado que Javier Krahe vaya pagando una fianza de 400 euros diarios, hasta un total de 192.000, por si se le encuentra culpable.

Krahe

Yo no sé mucho de derecho (ni mucho ni poco) pero me parece ACOJONANTE que te puedan sacar 192.000 euros por si acaso resulta que eres culpable. No vaya a ser que luego te condenemos y digas que no tienes dinero.

Desde la ignorancia lo pregunto: si puedo fingirlo tras la sentencia, ¿no podría fingirlo también ahora? ¿Si resulta que soy inocente, me devuelven la pasta con los intereses?

Y sobre todo, ¿adónde va ese dinero? En caso de que me condenen, digo. ¿Reparar los ofendidos sentimientos religiosos de un fanático cuesta más que comprar un piso? Oiga, y ya puestos, ¿no podrían sacarle 192.000 también al Centro de Obtusos Jurásicos Toma Moreno, por si acaso resulta que Javier Krahe no es culpable de nada? Digo, para repararle a él los sentimientos de justicia, que después de esta locura deben de haberle quedado bastante maltrechos, al pobre.

También me parece acojonante que EXISTA un artículo del código civil que pretende proteger algo tan absolutamente etéreo como los “sentimientos religiosos”. Digo etéreo por no decir maleable. Porque bajo esa definición se pueden amparar cientos, miles de denuncias arbitrarias y malintencionadas, como en mi opinión es la presentada contra Javier Krahe.

¿Qué es el sentimiento religioso? ¿Cómo puedo identificarlo? ¿Cómo puedo saber cuándo lo estoy ofendiendo? Yo puedo evitar atropellar a un niño con mi coche. Veo al niño cruzando la calle, me hago una idea bastante clara de lo que le ocurriría si le paso por encima con mi coche. Puedo comprender que me castiguen duramente por hacerlo. Puedo comprender que el castigo sea mayor si lo hago en un paso de cebra (porque puedo ver el paso de cebra). Me parece estupendo que la multa sea mayor si encima supero la limitación de velocidad (perfectamente visible), y le atropello de noche con las luces apagadas (de sentido común).

Pero ¿cómo sé dónde empieza la sensibilidad religiosa de cada cuál? En fin, cualquier día pueden oírse blasfemias en la televisión. Que yo sepa, nadie ha denunciado nunca a nadie por decir HOSTIA PUTA o ME CAGO EN DIOS en televisión o en el cine o en la radio. Y sin duda son blasfemias dichas públicamente. Hasta a mí me molesta oírlas. Pero el caso es que se dicen, y nada ocurre. Se dicen delante de los niños, y el mundo sigue girando.

¿Es aceptable en un país aconfesional, en el siglo XXI, que a uno puedan no ya condenarle, sino siquiera procesarle, por cometer un supuesto delito que no se sabe cuándo se está cometiendo?¿Es aceptable que determinados delitos -como la estafa- prescriban en pocos años, y mientras se procese a ciudadanos por obras de arte realizadas hace más de TRES DÉCADAS?

¿Cómo demuestra un presunto ofendido que su sentimiento religioso ha sido herido? ¿Hay PRUEBAS de eso? Que yo sepa, no se puede condenar a alguien sin pruebas. Y sin embargo, el juez ya ha visto INDICIOS de delito. ¿Cuáles son esos indicios, Señoría? ¿La propia denuncia? ¿Basta con el testimonio del presunto ofendido para considerar que hay una ofensa? ¿Por qué se imputa a la realizadora del programa y no se persigue a quien ha subido el vídeo a Youtube? Qué demonios, ¿por qué no se multa a Youtube?

Imaginemos que yo establezco el límite de mi sensibilidad religiosa, pongamos por caso, en los Diez Mandamientos. Todo aquel que infrinja públicamennte los preceptos de este código básico y de todos conocido estará atacando a mi sentimiento religiosos, y por tanto conculcando el artículo 525.1 del Código Penal.

Bien. Pues que se preparen todos lo que pronuncien en mi presencia cualquier interjección con las palabras “Dios” o “Cristo”. Incluyo, naturalmente, “por el amor de Dios” o “por los clavos de Cristo”. Porque si eso no es tomar el nombre de Dios en vano, que venga Dios y lo vea.

Ups.

Y lo mismo con los mentirosos. Los que desean a la mujer del prójimo. LOS QUE NO SE AMAN LOS UNOS A LOS OTROS COMO ÉL LOS AMÓ.

¿Dónde está el límite?

Confío, Señoría, en que no sea usted quien lo marque, porque sería como mínimo dudoso que pueda usted dictar Justicia sobre los SENTIMIENTOS AJENOS.

A todo esto: ¿no sería más que razonable pedir, en este tipo de casos, que el juez demuestre no tener los mismos sentimientos religiosos que el denunciante? En fin, creo que a un católico de misa y comunión diaria le resultaría muy difícil ser imparcial en el caso de Javier Krahe.

¿Y si le diéramos la vuelta? ¿Y si mis sentimientos religiosos cristianos -que no católicos- se ven ofendidos cada vez que un cura de barrio suelta una diatriba contra las bodas homosexuales o contra los anticonceptivos? ¿No sería razonable ofenderse (religiosamente, digo) ante la noticia de que la Conferencia Episcopal, pongo por caso, tiene cientos de millones en fondos de inversión?

Digámoslo claro: la permanencia del 525.1 en nuestro Código Penal es una vergüenza intolerable para todos los Presidentes del Gobierno, Ministros de Justicia y, en general, Diputados del Congreso que la permiten. No tengo ni idea de si podría derogarse por decreto en el Consejo de Ministros. Pero de ser así, dudo que exista una justificación razonable para que no se haga ESTE VIERNES. Tampoco entiendo a qué dedican el tiempo ciertos congresistas, mientras en nuestro ordenamiento jurídico permanecen artículos propios de la Edad Media. Shame on you all.

Y que nadie vea esto como un ataque al catolicismo, ni a ninguna religión. Pero las cosas conviene ponerlas en su sitio. Los sentimientos religiosos pertenecen a la esfera privada. Y son intangibles. Luego no se pueden hurtar ni perjudicar. No tienen proyección en la vida social, como lo tienen por ejemplo otros intangibles (el honor, la identidad) por lo que no se pueden realmente menoscabar ni herir. La única manera razonable de que los fanáticos religiosos exijan que no se ofenda a sus sentimientos sería que exhibiesen su condición de fanáticos religiosos, y que dejasen claros sus sentimientos. No sé, una camiseta que diga

SOY CATÓLICO, TENGO UN BUFETE QUE TE CAGAS Y ME SOBRA LA PASTA. AL PRIMERO QUE SE CAGUE EN DIOS, LO EMPAPELO.

Por ejemplo.

A mí no me gusta blasfemar, pero hombre… en determinadas ocasiones no le queda a uno más remedio que cagarse esto y en aquello. Pero no se me ocurriría hacerlo delante de una monja. Porque eso son ganas de molestar a la señora. Pero si yo hago un corto en el que parodio la comunión y la resurrección de Cristo, y que se llama CÓMO COCINAR UN CRISTO… no veo dónde está el ánimo de ofender.

Si Javier Krahe hubiese enviado el corto a la Conferencia Episcopal con una nota invitándoles a verlo… entiendo que eso sí serían ganas de tocar los cojones (aunque jamás entenderé por qué se valora el delito en 192.000 euros).

Los consejos de supervivencia que se extraen de este caso son claros: ten mucho cuidado cuando te metas con la religión (y con los Borbones). Y si en tu guión hay un ataque contra la Iglesia (la Católica, las otras aún no tienen abogados poderosos), procura que el atacante sea un personaje concreto. Porque si no, los fanáticos entenderán automáticamente que el autor del ataque eres tú, el autor de la obra. Y nadie garantiza que entre los fanáticos no haya jueces y fiscales. Recordemos que el inicio del año judicial se celebra con una misa católica.

¿Qué quieres? Han estudiado derecho romano. No esperarás que también sepan ALGO sobre comunicación audiovisual.

Tened mucho cuidado, y sobre todo en esta época. Porque si todo esto fuera un guión de cine, a lo mejor habría un sheriff llamado Garzón, y un forajido llamado Tomás Moro, dispuesto a cualquier cosa para impedir que ningún sheriff entrometido se ponga a buscar cadáveres por los armarios.

Por supuesto, esto no es un guión de cine. Y la denuncia contra Javier Krahe seguramente no será una acción de castigo de la parte más reaccionaria de la judicatura contra la izquierda antifranquista para que ésta se entere de quién manda aquí.

Pero si lo fuera, tengamos en cuenta que los que han presentado una querella criminal por un corto de 1978 no sólo tienen dinero, poder y la convicción de que Dios está de su lado. Además disponen de un Código Penal hecho a medida para joderle la vida a cualquiera que no comulgue con sus ideas.


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