ESTE PRESIDENTE NO ES BUENO PARA LOS GUIONISTAS

11 junio, 2018

¡Hagamos algo! El poder está en manos de incapaces, algunos metidos en procesos judiciales. Si no actuamos, cambiarán las leyes a su antojo, favorecerán a sus amigos a nuestra costa. ¡Guionistas, a las urnas!

Un momento… Quizá debería aclarar de qué urnas estoy hablando. No tiene nada que ver con el Congreso, con partidos políticos ni nada de eso. Es que HOY se abre el período para votar el cambio en los estatutos de SGAE que ha propuesto el presidente Sastrón y que los autores debemos votar en la próxima asamblea.

Si la asamblea se me tuerce, yo también me meto en un bar. Pero no 8 horas. Con lo que he trincado, puedo estar 8 semanas pimplando.

Muy resumidamente, ese cambio de estatutos servirá para que Sastrón y sus amiguitos de la Rueda acumulen poder y dinero en detrimento del resto de autores. Si sale adelante el cambio de estatutos, los más perjudicados seremos los autores de Audiovisual y Teatro.

Los argumentos de Sastrón y la Rueda son que el cambio estatutario es necesario para adecuarse a la nueva normativa de tal y cual y no sé qué. No es cierto. Eso es sólo el disfraz con el que visten al pucherazo. Su intención es lisa y llanamente:

  • Cobrar más que los demás por su trabajo.
  • Alargarse en el puesto más allá de lo que permiten las normas.
  • Reducir la presencia de los miembros de audiovisual y artes escénicas en la Junta Directiva a favor de los músicos (porque todos los de la Rueda son músicos).

Aclaración para los que no estudiaron Lógica en Bachillerato: afirmar que todos los de la Rueda son músicos no equivale a afirmar que todos los músicos sean de la Rueda. Ni que todos los músicos sean malas personas. Ni que todos los de audiovisual y artes escénicas sean buenas personas. Fin de la aclaración.

Evitar esto es más fácil que nunca. No hace falta acudir a la Asamblea. Ni siquiera hace falta delegar el voto. Se puede hacer todo online. Pero sólo esta semana.

SÓLO TIENES UNA SEMANA PARA EVITAR QUE SASTRÓN TE META LA MANO EN LA CARTERA.

¿Cómo puedes votar para paralizar este desastre? Fácil:

Desde hoy 11 de junio a las 10:00h hasta el próximo lunes 18 de junio a las 20:00h – Vas a la página de SGAE, pinchas en la pestaña “Socios en línea” y sigues las instrucciones. Ten en cuenta que todos los cambios que proponen les ponen más fácil lo de ROBARTE. Así que no te diré lo que tienes que votar, pero si no quieres que te roben, lo más útil es votar NO A TODO.

¿Que el rollo online no es lo tuyo? Me parece bien. Puedes votar presencialmente en la Asamblea general en Madrid. Es el día 21 a las 16.30 en el Auditorio del complejo de los Duques de Pastrana (Paseo de la Habana nº208).

Por supuesto, no va a ser sólo en Madrid. Antes de esa fecha, hay varias pre asambleas territoriales en Zaragoza, Barcelona, Bilbao, Valencia, Santiago de Compostela y no sé dónde más. Infórmate en tu sede.

Y si no quieres ni ir a las asambleas ni tampoco votar online, puedes delegar tu voto en algún otro socio del que te fíes. Pero ojo, no os fiéis todos del mismo porque cada socio sólo puede recibir tres delegaciones de voto.

Elegid vuestra opción y ayudemos entre todos a recuperar la SGAE. No va a ser fácil, pero eh: también parecía que Rajoy iba a estar ahí por siempre jamás y mira.

Sergio Barrejón.

Actualización 14 junio, 10:00 horas —> Asistentes a las pre asambleas territoriales me cuentan que se está produciendo un rechazo enorme a la propuesta de Sastrón. Los estatutos han sido rechazados por 600 votos contra 200 en Barcelona; por 250 contra 50 en Valencia y por unanimidad en Málaga. Este gif promocional de mi peli  lo ilustra bastante bien:

Boss Gomez GIF - Find & Share on GIPHY

Recordad que está abierto el plazo de votación online hasta el lunes. Oiréis rumores de que el sistema está fallando: no hagáis caso, funciona perfectamente y la mayor parte de mis conocidos guionistas ya han votado (no a todo, claro) sin problema.


LA SENTENCIA DE LA MANADA Y LA IMPORTANCIA DEL McGUFFIN

17 mayo, 2018

por Sergio Barrejón.

Para que sea violación, tiene que mediar violencia o intimidación. Eso es lo que dice la ley. Los jueces no vieron violencia ni intimidación en las acciones de La manada. Mucha gente ve ambas cosas y muy claras, además.

Así en plan resumido, ése sería el núcleo de esta polémica irreconciliable, ¿verdad?

Nadie excepto Ricardo González discute la culpabilidad de La manada. Han sido condenados. Han ido al trullo de cabeza. Han vuelto, mejor dicho: llevaban allí ya un tiempo.

En condenarlos estamos casi todos de acuerdo. La polémica es más de carácter semántico: ¿Lo llamamos abuso o lo llamamos violación? Y no es un problema menor: el lenguaje es una herramienta fundamental para la convivencia. Si una sociedad no se pone de acuerdo en la definición de términos como violación, la convivencia pacífica va a estar complicada.

¿Cómo es posible que haya tanta discordia sobre lo que es violencia e intimidación? ¿Cómo de ciego hay que estar -dicen quienes critican la sentencia- para no ver violencia o intimidación en un grupo de cinco bigardos metiendo a una chica de dieciocho años sola y borracha a empujones en un portal? ¿Cómo de ciego hay que estar para no ver violencia cuando, después de violarla, le robaron el móvil y destruyeron la SIM? ¿Acaso el mero hecho de que la víctima denunciase una hora después de los hechos no desactiva por sí mismo la idea del sexo consentido?

¿Cómo es posible que los jueces no vean todo esto? Pues ésta es mi teoría: el problema no es lo que no ven. El problema es lo que sí han visto.

¿Y qué han visto? Han visto un vídeo de mierda.

Un vídeo grabado por un palurdo borracho en un portal oscuro mientras intentaba meter la polla en algún agujero.

Lo que se veía en ese vídeo, según el voto particular del magistrado Ricardo González, era sexo consentido. Lo que se veía en ese vídeo, según la sentencia, no dejaba apreciar violencia e intimidación.

Yo no he visto el vídeo de La manada. Pero estoy dispuesto a creer que en él no se veía violencia e intimidación. Estoy dispuesto a aceptar que, en ese vídeo, parecía sexo consentido.

Los magistrados pasaron horas y horas analizando ese vídeo durante el juicio. Una grabación de sólo 96 segundos. Y el tópico de que una imagen vale más que mil palabras se convirtió en algo tremendamente literal. Lo que vieron en esos 96 segundos les pareció representativo de lo que ocurrió aquella noche. Más representativo que todas las declaraciones, que todos los antecedentes y que todos los apabullantes indicios de que esos cinco tíos habían ido a Pamplona con la intención de violar a alguien. Aquellos 96 segundos les resultaron tan específicos, tan innegables, tan impactantes… que se olvidaron de todo lo demás.

¿Y por qué? Por algo que entiende cualquier guionista: por la expectativa creada en torno al vídeo. Toda España sabía que uno de los culpables grabó la violación con su móvil. Toda España sabía que ese vídeo fue borrado por su autor. Toda España sabía que la Unidad de Investigación Tecnológica de la Policía logró recuperarlo.

Ese vídeo se había convertido en el McGuffin del juicio. En el clásico microfilm dentro de una estatuilla de los tebeos de Tintín o de las películas de espías. Y, tal como Hitchcock nos enseñó, no hace falta decirle al espectador qué hay en el microfilm. Basta con darle a entender que el contenido del microfilm es crucial para los protagonistas. Es decir, basta con que hagamos girar la trama en torno al microfilm para que el espectador acepte que el microfilm es importante que te cagas.

“Now, Ladies and Gentlemen – Number 105, an excellent example of Pre-Columbian art. A Tarascan warrior from…”

Si el McGuffin del juicio no hubiera sido el vídeo, la sentencia habría sido de violación. Que en el vídeo de La manada no se aprecie intimidación ni violencia es jurídicamente irrelevante. Ley dice que para que sea violación debe mediar violencia o intimidación. No dice que la violencia y la intimidación tengan que estar grabadas.

Si los magistrados no hubieran visto ese vídeo (o ya puestos, si hubieran tenido un mínimo de cultura audiovisual para relativizar su valor) habrían entendido que la violencia y la intimidación fueron PREVIAS a pulsar el botón de ‘Rec’. Es de pura lógica: primero te obligan a entrar en un sitio aislado (violencia), luego te rodean y te dicen que te calles (intimidación), y entonces es cuando se atreven a grabarte.

Yo no me atrevo a decir qué pena deberían haber impuesto a La Manada, ni mucho menos a proponer reformas del Código Penal. Pero una cosa tengo clara: hace falta enseñar audiovisual desde la escuela. Hace falta enseñar guión. Hace falta enseñar montaje. Hace falta hablar del McGuffin. Del efecto Kuleshov. Del fuera de campo. De la relación entre la estructura en tres actos y nuestro sistema de pensamiento. Del in media res. De cómo el contexto cambia la percepción. Hay que proyectar Rashomon. El triunfo de la voluntad. Comedias de Lubitsch. Hay que dar a leer El cine según Hitchcock.

Es urgente, y es crucial. Porque la tercera parte de los televidentes de este país comen y cenan viendo programas deleznables que les llenan la cabeza de mierda. Porque muchos menores de edad consumen programas y tubes brutalmente manipuladores. Si no les damos las mínimas herramientas para filtrar toda la propaganda a que están sometidos, el resultado es una sociedad idiotizada, hipnotizada, cargada de prejuicios.

Todavía hoy hay gente que afirma haber visto a aquella niña untarse mermelada y llamar a su perro para que fuera a lamerla, mientras Ricky Martin esperaba en el armario.

Ése es el gran problema de los analfabetos audiovisuales: que se creen que todo lo que sale en la tele es verdad.

Y luego votan lo que votan.

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SASTRÓN ES EL NUEVO TEDDY

4 mayo, 2018

por Sergio Barrejón.

Cada noticia que sale sobre SGAE es un lío que te cagas. Lo último que ha salido ha sido lo del manifiesto contra los nuevos estatutos. La gente que no está en SGAE normalmente pasa por encima de estas noticias pensando “ah, sí, la SGAE… titiriteros subvencionados que roban o algo de eso”. La gente que está en SGAE, por su parte, piensa “ah, sí, a ver si me acuerdo de pasarme a DAMA”.

Sólo unos pocos galos resisten al invasor. Y aun a riesgo de convertir a este viernes de mayo en el día con menos visitas de 2018, voy a resumir en menos de 100 palabras lo que pasa en SGAE y voy a proponer una solución:

  1. Sastrón es un mal presidente. Tan malo como Teddy.
  2. Un grupo de amiguitos suyos (la Rueda) se dedican a retorcer el sistema de recaudación para trincar pasta. El asunto está en los tribunales.
  3. La SGAE funciona como una junta de accionistas: más acciones, más poder. O sea: cuanto más trinca la Rueda, más votos saca. Así llegó a la presidencia Sastrón. Y así pretende reformar los estatutos para quitar representatividad a los autores de audiovisuales y teatro. Contra esa reforma surge el manifiesto, que firman Almodóvar, Roque Baños, Fesser, Alberto Iglesias, Guerricaechevarría y otros muchos.

¿Y qué se puede hacer contra esa banda de traidores? Fácil: ir a la próxima asamblea de la SGAE y votar contra los nuevos estatutos. Y en las próximas elecciones, votar en contra de Sastrón.

Mientras tanto, no te dejes influir por la desinformación. Las noticias darán a entender que toda la SGAE está corrupta, que los autores viven de la subvención y blablabla. Los cínicos anti-SGAE dirán que no merece la pena luchar, que es mejor irse de ahí y blablabla. Pero la cosa en realidad es muy sencilla: si la mitad de los guionistas, dramaturgos y directores votásemos en las asambleas, barreríamos. El problema es que en España nos pasamos la vida buscando excusas para no votar. Que si siempre salen los mismos; que si son todos iguales; que si yo es que estoy en contra del sistema.

Y así nos va.

Porque eso es justo lo que los malos quieren que pienses. Porque la apatía de la sociedad es la victoria de los corruptos. Es tu apatía lo que permite a Sastrón y sus amigos de la Rueda quedarse con tu dinero. Así que si eres guionista y socio de SGAE, tienes dos opciones: o te largas a DAMA, o acudes a la asamblea a defender tus derechos.

“¿Y para qué quieren dinero los guionistas? ¡Si no lo saben gastar! ¡Mira cómo visten!”

Ya, ya sé que no hay nada más aburrido en la vida que una asamblea de SGAE. Preferirías ver Princesas en loop antes que tragarte una asamblea de SGAE. Pero es que ése es precisamente el truco de los mangantes: demorar el momento de la votación, dilatar el evento hasta hacerlo tan inconcebiblemente esperpéntico y soporífero que todo el que tenga un trabajo de verdad se acabe largando sin votar.

Pero piensa un poco: eres guionista. Tienes un súper poder. Eres capaz de concentrarte en cafeterías, en aviones, en salas de espera. Ve a la asamblea con el portátil cargado, unos auriculares aislantes y una escaleta por terminar, un guión por reescribir, una biblia por pulir. Las tres primeras horas no tienes ni que levantar la vista del teclado.

Cuando veas que se ha ido la mitad de la gente, y la batería empiece a flojear, ahí empieza la mandanga. Si has hecho bien tus deberes, ya sabrás a quién votar. Es fácil: vota a una candidatura donde haya guionistaa que te suenen. ¿Sabes quiénes son los músicos de la Rueda? No, ¿verdad? Lógico. Son una panda de mataos. Unos tuercebotas que no vivirían de la música si no fuera gracias al chanchullo que se han montado.

¿A quién tienen enfrente? A guionistas y directores que no paran de trabajar y de estrenar obras. Y que están hartos de que les roben. La decisión es fácil. No tienes excusa.


VENCE EL BLOQUEO CREATIVO CAMBIANDO TU FORMA DE ESCRIBIR

2 mayo, 2018

por Sergio Barrejón.

Hace un par de años viví mi primer bloqueo. Después de una década larga trabajando como guionista, había empezado a pensar que eso del bloqueo creativo era una leyenda sin base real. Y de pronto, zas. Me atasqué a mitad de un guión de largo.

Era la adaptación de una novela. Tenía un argumento muy potente, un personaje protagonista maravilloso, me había documentado como dios manda y me había currado un outline muy majo, con mis tarjetitas dispuestas ordenadamente en mi panel magnético.

Y lo más importante: tenía una fecha de entrega en tres semanas. Eso suele ser el mejor acicate. Pero en este caso nada funcionó. Me sentaba al ordenador y me pasaba horas procrastinando.

Al principio me decía a mí mismo que estaba profundizando en la documentación. Pero llegó un día en que tuve que afrontar la realidad. Llevaba semanas sin avanzar. Por primera vez en mi carrera iba a tener que escribir a la productora y disculparme por no poder entregar a tiempo. El Mayor Pecado que puede cometer un guionista.

Entonces recordé algo que había leído en el libro “Correr, comer, vivir” de Scott Jurek. El tipo, un atleta de primera, sufrió una rotura de ligamentos a mitad de un ultramaratón de 100 millas. A pesar de ello, siguió corriendo, y no sólo ganó, sino que mejoró su marca personal. ¿Cómo lo consiguió? Atacando el problema en cuatro sencillos pasos:

  1. Permitirse a sí mismo sentirse mal y triste ante la inminente derrota.
  2. Analizar la situación. ¿Iba a morirse? ¿Podía apoyar peso en el pie? ¿Se lo había fracturado?
  3. Preguntarse qué acciones podía tomar.
  4. Separar las emociones de las acciones. El miedo, la vergüenza, todo eso… Fuera. Actuar, actuar, actuar.

Decidí aplicar la técnica de Jurek. Me permití a mí mismo decirme que era un puto fracasado, que por fin se iba a descubrir lo que yo ya sabía: que no valgo para guionista, que soy un fraude, que he tenido suerte durante unos años, pero que a la hora de la verdad… Blablabla. Después analicé la situación y decidí que la cosa se reducía a esto:

“Me siento al ordenador y, en lugar de escribir, me bloqueo y me paso las horas en Internet”.

¿Qué acciones podía tomar al respecto? No tenía ni idea de lo que debía cambiar para solucionar mi problema, pero siempre podía cambiar alguna cosa al azar, a ver qué pasaba. Como suelo decirles a mis alumnos del Máster de Guión de Salamanca: si no consigues escribir un buen guión, escribe uno malo de momento.

Como lo del bloqueo no podía cambiarlo, decidí cambiar la otra parte de la frase: decidí no volver a sentarme al ordenador. Traté de apartar de mi mente la angustia y la vergüenza, metí la SIM de mi móvil en un viejo Nokia sin conexión a Internet, agarré un bloc y una pluma y me largué a un bar a escribir. A mano.

En poco más de una hora conseguí garabatear una escena completa. La releí. Era una escena de mierda. Y sin embargo, era la solución al bloqueo. Porque al escribirla cobré perspectiva sobre el problema: el outline era una basura. Había que tirar a la papelera todo el segundo acto. Estaba llevando al protagonista por un camino completamente equivocado.

Por eso no conseguía avanzar. Ésa era la esencia del bloqueo: en el fondo de mi mente, de una forma inconsciente y que no era capaz de articular, yo sabía que no debía avanzar, porque el camino era equivocado. Cuanto más avanzase en ese desastre de segundo acto, más perdido estaría.

Volví a la pizarra, reorganicé el segundo acto, creé nuevas escenas y todo cobró sentido de repente. Y decidí escribir el resto del guión a mano. No es que me pareciese una solución mágica, pero había sido la llave para cambiar el chip, así que me parecía sensato mantenerme alejado del ordenador -ese invento del diablo que concentra ocio, vicio y negocio en el mismo recuadro iluminado- y escribir de la forma en la que aprendí a escribir de niño.

Durante las tres siguientes semanas, escribí el segundo y el tercer acto a mano en ese mismo bloc, en ese mismo bar y con esa misma pluma. Gasté media docena de recambios de tinta, pero taché muy poco y no arrugué más de ocho o diez páginas.

En otros dos o tres días lo pasé todo a limpio y entregué el guión con menos de un mes de retraso. La vergüenza tardó algo más en irse. Ayudó a conseguirlo que el productor se retrasó más de seis meses en pagarme las putas facturas. Pero eso es otro problema para el que de momento no he encontrado solución…

Si estás bloqueado con tu guión, te sugiero que pruebes a cambiar la forma en la que escribes. Yo lo hice pasándome al lápiz y el papel, pero conozco otras técnicas. El novelista y guionista de Vis a vis Jesús Cañadas, por ejemplo, trabaja en un viejo portátil que tiene estropeado el wifi. No hay forma de conectarlo a Internet. A todos los efectos, es como una máquina de escribir.

El novelista Juan José Millás, en su libro El Mundo (Premio Planeta 2007), cuenta que todas sus novelas las ha escrito en ayunas:

Me levanto pronto, sobre las seis de la mañana, y me siento a la mesa de trabajo sin tomar nada hasta las nueve. Considero como mío, y para mí, lo que escribo durante ese tiempo.

Lo que escribo después del desayuno está contaminado por las miserias laborales, por el imperativo de ganarse la vida. Mis novelas, así como los trabajos periodísticos que más aprecio, están escritos entre las seis y las nueve de la mañana.

Y el polifacético Mark Duplass tiene una técnica absolutamente maravillosa para dialogar sus guiones a base de grabadora y sprints por el campo:

Un bloqueo es como un tronco de árbol gigante caído en mitad del camino. El tronco te impide pasar. Pero ¿es el tronco el problema o es el síntoma del problema? Dado que tanto el tronco como el camino son imaginarios, es obvio que el tronco lo has puesto tú. Es una forma de decirte “no sigas por ese camino”. Así que la solución no es intentar rodear el tronco, pasar por encima de él ni traer una imaginaria grúa gigante para retirarlo. Lo que hay que hacer es imaginar un camino distinto.

Y para conseguirlo, a veces basta con algo tan tonto cambiar de postura, de herramienta… o de dieta.

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GALA DE LOS GOYA – CUATRO LECCIONES DE GUIÓN

14 febrero, 2018

por Sergio Barrejón.

Esto no es una crítica a los chanantes. Ni una sátira sobre el discurso de Coixet. Ni una pataleta contra el palmarés. Sólo es un pequeño análisis de guión de la gala de los Goya.

La gala de los Goya es el Omaha beach del guión de programas. Parapetados tras sus cuentas de twitter y sus columnas en diarios digitales, miles de opinadores esperan cada año la gala con las armas cargadas de sarcasmo y superioridad. Sólo por ser capaces de lanzarse a tomar la playa sabiendo que lo más probable es que mueran acribillados, los guionistas de la gala se merecen un aplauso.

En años anteriores, también desde Bloguionistas hemos disparado contra ellos con cartuchos envenenados de mala leche. Por mi parte, se acabó. En primer lugar, porque no estoy seguro de que yo pudiera escribir un guión decente para los Goya. En segundo lugar, porque si hay algo que sobra en internet son opiniones. Pero sobre todo, porque los guionistas de la gala son compañeros. Y preferiría verlos salir de esa playa ilesos y victoriosos.

Estas son las cuatro lecciones de guión que he aprendido viendo los últimos Goya, y revisitando algunas de las anteriores en rtve.es:

1. La originalidad puede ser una trampa

Como cualquier gala de entrega de premios, el 90% del contenido de los Goya es inamovible y presenta una estructura rígida: ahora entregamos un premio, ahora entregamos otro premio, etc. Sólo hay dos aspectos dramáticos en esa estructura:

• Que los premios más importantes se dejan para el final.
• Que no se sabe cuál de los nominados ganará ni qué dirá cuando recoja el premio.

¿Tene sentido luchar contra eso? ¿Debe el presentador contrapuntear esa estructura con un show paralelo? Yo creo que no. Creo que el gran error de algunas galas ha sido dejar que se conviertan en el show del presentador.

En mi opinión, el formato de presentación no debe ser innovador ni chocante, ni estar particularmente elaborado desde el punto de vista escénico. En el mejor de los casos, eso contribuiría a robar protagonismo a los premios. En el peor de los casos, la presentación se convertiría en un show independiente de los premios, y se estaría obligando al espectador a presenciar dos espectáculos en uno. Cuando eso ocurre, la experiencia resulta larga y agotadora.

Mi presentación ideal sería la que sirve como lubricante para disfrazar esa estructura rígida e invariable de la gala. Porque el entregar y agradecer premios, por previsible y antidramático que pueda resultar, es la esencia de la gala. Uno puede hacer una lectura sarcástica de los discursos de los premiados, pero ¿acaso no es eso lo que ha venido a ver el espectador? Cinco nominados, un solo ganador. Y ése, obligado a subir a la palestra a mostrar su reacción. ¿Será humilde, será soberbio? ¿Mantendrá la compostura o lo embargará la emoción? El ritual de someter a los candidatos a la victoria o la derrota ante las cámaras, y el ritual de exponer al elegido al escrutinio público es el verdadero sentido de la ceremonia. Como miembros no destacados de una sociedad, queremos ver cómo se comportan los elegidos en el momento de recibir los honores.

Dice David Mamet en Una profesión de putas:

En la ceremonia de los Oscar, nosotros, el pueblo, obligamos a quienes hemos permitido acceder a una clase privilegiada a que se alcen individualmente para escuchar el veredicto y por una noche los despojamos de sus privilegios […] Y vemos que, en último término, sólo son unos simples mortales que deben soportar sus pérdidas con estoicismo y demostrar donaire en la victoria, lo mismo que nosotros. Obligamos a los Grandes -como obligaron a César- a solicitar la corona […] Nos unimos como comunidad en la más satisfactoria y unificadora de las actividades sociales, el chismorreo, cuyo propósito consiste en definir las normas sociales.

En un buen guión, todos los elementos están al servicio de la historia. En mi guión ideal de una gala de los Goya, todos los elementos del show estarían al servicio del momento en que el ganador acepta su premio.

La clave sería entonces asegurarse de que la presentación sea muy ágil, que tenga mucho ritmo, que no dé tiempo a que el espectador piense vale, muy gracioso, pero ¿ahora qué premio viene?

2. La ironía sólo funciona cuando es coyuntural

Siempre es divertido que el prólogo del presentador lance pullas a los protagonistas de esta edición. Pero si se ríe de la profesión en general, o de la gala como concepto, o de los oropeles que la envuelven, entra en terreno resbaladizo. Hay que medir muy bien, para no convertir la ironía en un insulto a tu público.

Si el show empieza con una alfombra roja, si a los invitados se les pide black tie, si los premios se presentan con sonoras fanfarrias, si acuden autoridades y se dan discursos… Hay que asumir que cierta solemnidad y cierto glamour son inherentes al formato. Arremeter contra eso es comportarse como un cínico.

Es cierto que en nuestra idiosincrasia nacional está muy arraigada la tradición de desmitificar y de bajar los humos a quien se da importancia. Está bien visto ejercer una brutal autocrítica como forma de demostrar (falsa) modestia. Todo eso puede estar bien. Pero en su justa medida. Una cosa es aprovechar la tensión propia del formato (los nominados están nerviosos porque desean ganar y temen perder) para ironizar, hacer humor y transformar esa tensión en carcajadas. Muy distinto es insistir una y otra vez en la chabacanería como rasgo de estilo. El efecto sería parecido al del cuñao que, invitado a un restaurante de alta cocina, suelta aquello de “donde estén dos huevos fritos con chorizo que se quiten los inventos”.

3. Se llama SUBtexto por algo

Antes decíamos que, independientemente de que cada presentador pueda tener su estilo propio, la gala no debe convertirse en el show de Fulanito. Del mismo modo, si un año en concreto se quiere que la presentación tenga un leit motiv, creo que es mejor introducirlo muy sutilmente. Porque recordemos: la esencia de la gala es la entrega de premios, no el tema elegido ese año por los guionistas o los productores de la gala.

Aplicado a la gala de este año: si se quiere hacer una gala feminista, creo que se podría haber buscado una manera más sutil de integrar elementos feministas en el contexto de la gala. Más presencia femenina, más chistes que pongan en evidencia aspectos machistas de la industria, etc. En un buen guión, la acción hace avanzar la trama, y el mensaje o el tema se comunica mediante el subtexto. Verbalizar el subtexto resta finura a la obra.

Y aunque los discursos de los ganadores no estén bajo el control de los guionistas, la experiencia nos dice que, en el calor del momento, siempre tienden a repetir alguna consigna relacionada con el tema de ese año. Efecto contagio, supongo. Si además el guión del presentador insiste en el mismo discurso, el resultado puede parecer repetitivo.

Por otro lado, lucir una etiqueta que diga “feminista” no convierte a nadie en feminista. Afirmar que ésta es la gala de las mujeres tal vez no sea el mejor modo de comunicar un mensaje feminista. “Deja que el público sume dos más dos y te querrán para siempre”, decía Billy Wilder.

4. Hay que tener en cuenta las limitaciones de Producción.

Viendo algunos de los sketches de ésta y de otras galas, sospecho que los medios de producción de los Goya no son particularmente holgados. Como además la gala sólo se hace una vez al año, entiendo que los productores tampoco tienen una certeza absoluta de hasta dónde pueden llegar con el presupuesto. Si entre producción y guión no se llega a acuerdos razonables, los sketches y los números que salen a escena corren el riesgo de quedarse en un quiero y no puedo.

En general, si el show no va sobrado de presupuesto, o si no hay tiempo de ensayar como Dios manda, quizá sea poco aconsejable pasarse de ambicioso con los sketches y los números musicales. Mucha gente ha criticado el rap de Resines, pero bien mirado, quizá el problema de fondo era meramente presupuestario. ¿Hubo dinero para ensayar aquel número el tiempo necesario?

He leído y escuchado muchas veces que en los Goya no debería haber números musicales. Es cierto que ha habido unos cuantos fallidos. Pero no creo que haya que verlo de una forma taxativa. Este año, para mi gusto, el mejor momento de la gala fue el medley que hizo Marlango de las canciones nominadas, en versión piano y voz. No hay nada malo en ser modesto si se lleva con dignidad. La cuestión no es números musicales sí o no. La cuestión es: ¿Entran en presupuesto? Al fin y al cabo, esto no es Broadway, es una vía de servicio de la A-2.

Dicho lo cual, creo que el nivel de la gala sube año tras año. Hay excepciones, sí. Fallos de realización que ponen los pelos de punta. Sketches que tal. Actuaciones que cual. Manel Fuentes. Pero incluso las que menos audiencia tienen, siguen siendo lo más visto del prime time año tras año.

Y bueno, si alguien tiene interés en comparar, siempre puede verse la primera gala de los Goya. Yo lo he hecho. He visto cosas que vosotros no creeríais. Dos minutos largos del Rey Juan Carlos saludando académicos, con un ayuda de cámara chivándole sus nombres uno a uno. El logo de la Academia, animado por un Commodore 64, con la música de Regreso al futuro. Los clips de las películas nominadas proyectados todos seguidos al principio de la gala. Todas las categorías, una detrás de otra. Dieciocho minutos de clips sin interrupción, con una música de fondo inenarrable.

No me lo estoy inventando. Ojalá. Queda mucho por mejorar, sí. Pero es mucho más lo que ya se ha mejorado.


TRES ANUNCIOS EN LAS AFUERAS, TRES LECCIONES DE GUIÓN

29 enero, 2018

por Sergio Barrejón.

Recibió el premio a Mejor Guión en los Globos de Oro. Y contiene valiosas lecciones para guionistas que merece la pena analizar.

El éxito de Tres anuncios en las afueras ha pillado a la industria por sorpresa. En su reparto no hay grandes estrellas. Su trama no es un high-concept. No es un remake, ni forma parte de una saga, ni es de súper-heroes, ni adaptación de un best-seller.

Entonces, ¿cuál es el secreto de su éxito? Sin duda un trabajo actoral excelente ha influido mucho. Pero quizá también tenga algo que ver  la total independencia con que Martin McDonagh realizó su tarea creativa. En una entevista reciente con Screendaily, McDonagh hablaba sobre su relación con los productores:

No estaban autorizados a opinar sobre el guión; podían opinar sobre el casting, porque eso es parte es un tema económico. Pero no podían interferir en nada más, ni siquiera discutir. Y yo decidía el montaje final.

No tengo nada en contra del proceso de desarrollo que siguen muchas películas. Hay guiones que lo necesitan. Que mejoran con sucesivas versiones, con la incorporación de opiniones diversas. El problema es cuando los departamentos de desarrollo se convierten en la autoridad por encima de los creativos. Creo que el departamento de desarrollo debería estar al servicio de los autores, no por encima de ellos. Es difícil crear contenido original bajo una autoridad que insiste en aplicar criterios comerciales y modificar el guión según lo que funciona o lo que gusta a la gente.

El cine no es estadística.

Nadie sabe qué es lo que funciona. Todo el mundo sabe lo que ha funcionado. Pero es imposible predecir lo que va a funcionar mañana.

Por eso quizá sea buena idea, de vez en cuando, dejar que los guionistas escriban los guiones y los productores, como su propio nombre indica, produzcan las películas.

Tres anuncios en las afueras no parece escrita pensando en lo que gusta a la gente. La historia de una madre que decide pagar tres vallas publicitarias acusando de incompetencia a la policía local de su pequeño pueblo porque no pueden encontrar al asesino de su hija, violada y quemada viva, probablemente no triunfaría en un festival de pitching. Tampoco parece que haya pasado por un largo proceso de desarrollo.

Y aun así, ha barrido en los Globos de Oro, está nominada a BAFTA y a Oscars, e incluso en España ha llegado a nº 1 de taquilla.

Para mí esto demuestra que, mientras que algunos proyectos mejoran con el desarrollo, otros quizá agradezcan un guión original sin interferencias, un casting fiel a la historia, y un director con montaje final.

Veamos ahora tres lecciones que los guionistas podemos aprender de Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (aparte de que un título largo no sólo puede molar mucho, sino que también funciona.)

[COMIENZA EL FESTIVAL DE SPOILERS]

 

LECCIÓN 1.

Dibuja un personaje de forma muy marcada en la primera mitad, y en la segunda mitad le das la vuelta como a un calcetín.

El personaje de Dixon (Sam Rockwell) está dibujado como el paleto absoluto. Ignorante, arrogante, violento, racista hasta la médula, vulnerable a la más elemental manipulación psicológica, y totalmente dependiente de su madre.

El hecho de que sea policía lo convierte en un personaje no sólo despreciable, sino terrorífico. Porque además sabemos que odia a la protagonista. Le saca de quicio que esa mujer se haya atrevido a colocar tres anuncios criticando al jefe de policía Willoughby, a quien Dixon admira, y quien además está enfermo de un cáncer incurable.

El guión invierte una escena completa en contarnos hasta qué punto puede llegar Dixon si se le cruzan los cables: el tipo, de uniforme y todo, irrumpe violentamente en la agencia de publicidad que hay enfrente de su comisaría, golpea con saña al responsable de alquilar los tres anuncios, y luego… lo tira por la ventana.

Y lo deja tirado en mitad de la calle.

Y se vuelve a comisaría como quien vuelve de tomar el café.

Ése psicópata es el personaje perfecto para convertirse en el mejor aliado de la protagonista durante la segunda mitad de la película. Y no se trata de traicionar la personalidad que se le ha dado. Dixon no se convierte en un tipo amable, humilde, igualitario y culto. No. Simplemente despierta y activa su instinto de policía usándolo de forma inteligente para recabar las pruebas necesarias en una situación muy delicada y sin alertar al sospechoso.

¿Por qué?

Porque debido al hostigamiento de Mildred, en el momento de despedirse de todos, Willoughby se siente obligado a dedicar unas líneas muy sentidas a Dixon, explicándole en qué consiste ser un buen policía y asegurándole que él llegará a serlo algún día.

Estas líneas le llegan a Dixon en su momento más bajo, cuando más susceptible está. Y no sólo eso: en el instante en que las lee, el incendio que provoca Mildred está a punto de matarlo. Lo que nos lleva a la lección 2.

 

LECCIÓN 2.

Los mecanismos clave de la trama serán menos evidentes si tienen más de una función dramática.

Hoy en día, el espectador medio posee una cultura audiovisual tan vasta que es capaz de prever muchos de los mecanismos narrativos, y eso le lleva a mirarlos por encima del hombro. El espectador medio es un cínico. Necesitamos mecanismos más sofisticados para sorprenderlo y conseguir que disfrute sin intelectualizar la historia.

¿Cómo? ¿Llenándolo todo de giritos? ¿Inventado nuevas y originales apariciones de cadáveres como detonantes de las tramas?

No necesariamente. Pero sí podemos intentar solapar los mecanismos dramáticos: que los grandes eventos de acción (la explosión de un cóctel Molotov) coincidan con los grandes eventos emocionales (la emotiva carta de despedida de una figura paterna que acaba de suicidarse).

Ésta es una estupenda manera de desviar la atención del espectador para que no sospeche cuando estamos sembrando información. En el momento en que el cóctel Molotov revienta los cristales de la comisaría en una oleada de fuego, el espectador se olvida del contenido de la carta y se concentra en ver cómo se salva Dixon del fuego. Sin ese golpe de efecto, el espectador medio, el cínico, podría haber pensando “a ver, ¿por qué se gasta el guionista una escena de dos páginas del tonto de la peli leyendo una carta en la que el poli bueno le dice algún día serás un gran poli y resolverás tú solito los casos? Obvio: porque al final del segundo acto, este cabrón va a ser el que resuelva el caso del asesinato de la hija”.

Pero al añadir a la escena una capa de acción puramente física, una escena de pura supervivencia, el espectador deja esa información aparcada al fondo a la derecha del neocórtex, justo donde le viene bien al guionista para que el giro de Dixos sea impredecible, pero a la vez perfectamente lógico.

 

LECCIÓN 3.

Toma una situación que hayamos visto mil veces y dale un enfoque distinto y perturbador.

Por ejemplo, la clásica secuencia en la que un personaje recto y noble, por circunstancias de la trama, decide quitarse de en medio con dignidad, pegándose un tiro. Pero antes, pone sus cosas en orden y escribe una carta de despedida digna de recibir el Premio Nacional de Literatura Epistolar, si tal cosa existiera. Y si es militar, se pone el uniforme de gala.

Es una secuencia que hemos en un millón doscientas cincuenta y seis mil películas y media. ¿Quiere decir esto que no debemos volver a escribir esto jamás? Sí y no. Podemos escribir lo que nos dé la gana, pero tenemos la responsabilidad de hacerlo de la forma menos sobada posible.

¿Qué hace McDonagh en Three Billboards? No elude el sentimentalismo de la carta, ni la solemnidad de la secuencia. Pero introduce un elemento anecdótico, un detalle pequeño que, sin embargo, dota a todo el bloque de un interés especial, porque ilustra la personalidad del suicida. Lo convierte en algo único. Decía Stanislavski que el arte dramático consiste en llevar a escena la vida del alma humana. Por eso, pequeños detalles como que el suicida se ponga una bolsa en la cabeza para asegurarse de que su familia no lo encuentre con los sesos desparramados por el suelo como chicharrones, y para asegurarse escriba con rotulador en la bolsa No abráis la bolsa. Llamad a comisaría”… Detalles así convierten una escena que podría ser lo de siempre en algo único y emocionante.

FIN SPOILERS

 

Si has visto Tres anuncios en las afueras y has sacado alguna otra lección de guión, compártela en los comentarios.

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EL OFICIO DE GUIONISTA

22 enero, 2018

por Sergio Barrejón.

En los trece años largos que llevo trabajando como guionista me han hecho jugadas de todos los colores.

Han borrado mi nombre de títulos de crédito. Me han dejado facturas sin pagar. Han firmado mis guiones gente que no había escrito una línea. Han añadido escenas sin consultarme. Me han usurpado derechos de autor…

Y me han vendido todo tipo de motos.

Pero en lugar de amargarme, cuando me pasaban estas cosas, procuraba tomar nota. Sacar una enseñanza. Entre otras cosas, para poder compartirla después. Para que no le pase lo mismo a otros compañeros.

Y para eso, decidí armar una charla llamada El Oficio de Guionista para hablar de las pirulas que te hacen a veces y cómo evitarlas (o al menos preverlas). Para advertir sobre los riesgos laborales de nuestro oficio (que los hay y son serios). Para dar consejos de organización de tiempo. Trucos para vencer el bloqueo creativo (empezando por comprender qué es y qué lo motiva). Técnicas de negociación. Diagramas para decidir qué trabajos aceptar y cuáles no.

Llevo unos años dando esta charla allá donde quieran contratarla. En la ECAM, en la SGAE, en DAMA, en el Máster de Guión de la Pontificia de Salamanca, en la Universidad de Alicante… Pero también por cuenta propia. Porque más que ganar dinero, lo que me interesa es compartir lo aprendido.

Por eso, el sábado 3 de febrero volveré a organizarla por mi cuenta, sin universidades ni instituciones de por medio, para que pueda apuntarse quien quiera. Y además la ofreceré a un precio justo: o sea, un precio que no decido yo, sino los alumnos.

Me explico.

Imaginemos a un guionista que se interesa por la masterclass. Digamos que cuesta 25€ o 30€. El título le parece sugerente, mi currículum le convence… Es un poco caro, pero al final decide apuntarse. Llega el día de la clase, y a la media hora de empezar se da cuenta de que aquello no le aporta nada. Ha perdido un buen dinero y una mañana de sábado. Mal.

Para evitar esto, he decidido pedir sólo una cantidad simbólica por adelantado (5€ en concepto de reserva de plaza, para cubrir al menos el coste del local) y luego sugerir a los alumnos que al final de la clase dejen el dinero que ellos consideren.

¿Que a la media hora aquello no les convence? Se pueden marchar sin dejar nada. Aún les queda media mañana libre y sólo han gastado 5€. Si no les parezco buen profesor, al menos quiero parecerles honesto.

¿Que la charla les parece útil y les aporta mucho? Pues a la salida de la clase habrá una caja donde podrán dejar discretamente el dinero que ellos vean justo. O lo que puedan permitirse. Porque si la formación sólo está al alcance de los pudientes, mal vamos.

Si alguien está preguntándose cuál sería la cantidad ideal, la respuesta es NO LO SÉ. Si la charla te flipa y te sientes generoso, no te cortes. Si te gusta pero vas justo de pasta y sólo puedes dejar unas monedas… muy agradecido.

Lo que puedo asegurar es que no voy a estar vigilando a ver qué deja cada uno. Si al final de la charla cuento el dinero y veo que el trabajo no merece la pena, me iré a casa a reflexionar. ¿Que en la caja queda una cantidad razonable? Pues repetiré la charla lo antes posible.

Es un riesgo, sí. Pero en cualquier caso no me voy a hacer rico dando charlas sobre guión, así que al menos quiero sentime útil.

Si todo esto te suena mínimamente interesante, rellena este sencillo formulario para inscribirte a El Oficio de Guionista. La charla tendrá lugar el sábado 3 de febrero a las 10:00 en la Librería LA SOMBRA de Madrid (c/ San Pedro, 20) y durará aproximadamente hasta las 14:00.

Los lectores de nuestra newsletter y los seguidores de nuestro canal de Telegram recibieron esta convocatoria la semana pasada. En el momento de publicar esto, ya hay unos cuantos inscritos y el aforo es limitado. Si estás pensando en inscribirte, decídete pronto.

Si tienes alguna duda sobre el proceso, puedes escribirme y te contestaré lo antes posible.


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