PASCAL RAMBERT VUELVE AL PAVÓN KAMIKAZE CON ‘HERMANAS’

14 enero, 2019

¿Qué es el lenguaje? ¿Un puente que nos conecta, o una frontera que nos separa?

Ése es el dilema que parece alentar la nueva obra de Pascal Rambert, titulada HERMANAS, y estrenada la semana pasada en el Pavón Kamikaze de Madrid.

La frase ‘como se suele decir’, que apostilla varias veces el diálogo de los dos únicos personajes de la obra; las alusiones a la necesidad de ampliar el lenguaje para ampliar los conocimientos: las sentencias como ‘si destruyo tu lenguaje, destruyo tu mundo’ nos sugieren que las hermanas del título son en realidad una metáfora de la naturaleza dual de la sociedad occidental, partida en dos mitades enfrentadas, condenadas a convivir pero incapaces de entenderse… porque hablan lenguas distintas.

Bárbara, trabajadora social, voluntaria que ayuda a refugiados y víctimas de la guerra. Irene, periodista mediática que escribe sobre asuntos banales. Ambas acaban de perder a su madre. Irene se presenta en el trabajo de Bárbara poco antes de que ésta pronuncie una conferencia sobre alguna emergencia social, para reprocharle que no la haya avisado de la inminente muerte de su madre tras una larga enfermedad.

El enfrentamiento es torrente verbal velocísimo, incontenible, que desarma al espectador con su intensidad… pero que no lleva a las hermanas a ningún entendimiento. Un millón de palabras no valen nada cuando no hay un lenguaje compartido. Al igual que ocurre en las redes sociales, el debate no sirve a las hermanas para llegar a una mejor comprensión del punto de vista de su interlocutora, sino para agudizar el conflicto y agrandar la separación.

© Manuel Naranjo

Tanto la Teoría de la Relatividad como la mecánica cuántica son consideradas correctas. El problema es que son contradictorias. Algo parecido ocurre con los puntos de vista de Bárbara e Irene. La primera tiene una conciencia global. Ha visto y comprendido los problemas de los refugiados, y es capaz de exponerlos con una claridad arrebatadora, dolorosa e innegable. “¡Despertad, moved el culo!”, grita con rabia en el momento álgido de la obra, tras una brutal diatriba en la que Bárbara Lennie, quizá la mejor actriz de su generación, dejó sin aliento al público que llenaba la sala.

Sin embargo, esa conciencia para lo global contrasta con su incapacidad de comunicar a su hermana algo tan sencillo como ‘mamá está muy mal, se va a morir, ven’. Irene, que vive de ironizar y airear trivialidades, que jamás ha publicado una palabra sobre la labor social de su hermana, que se mofa de la superioridad moral que late tras su activismo, es sin embargo quien más tiempo estuvo al lado de su madre enferma, soportando incluso que ésta la confundiese con Bárbara, claramente la hija preferida.

Rambert parece decirnos que mirar demasiado a lo alto nos hace olvidarnos de quien tenemos al lado. Y al revés, que para centrarnos totalmente en lo cercano necesitamos negar lo global. Y ninguno de los dos puntos de vista es correcto ni incorrecto, porque ninguno es completo. Y el lenguaje necesario para expresar un punto de vista, es incompatible con el otro.

La obra pone en escena de forma muy hábil ese muro invisible, distribuyendo el diálogo en largas y violentas diatribas, contrapunteadas con momentos de diálogos más breves, pero que siempre acaban en interrupciones e incluso en agresiones físicas. El único momento de cercanía llega, paradójicamente, cuando ambas callan y comparten unos auriculares para escuchar la misma canción. Sólo la música funciona como un lenguaje común y da una breve tregua en la interminable batalla dialéctica.

© Manuel Naranjo

Una brillante forma de expresar que estamos condenados a no entendernos si no hacemos el esfuerzo de aprender el lenguaje del otro, si no cedemos terreno para encontrar un lenguaje común.

La obra arrancó algo lastrada por una discutible decisión de dirección: retirar los paneles laterales de la caja escénica, aunque contribuye a la estética desnuda de la obra -mínima escenografía, hiriente luz blanca sin sombras ni matices- provoca que las voces de las actrices pierdan proyección, y dificulta la entrada del espectador en la historia en los primeros minutos.

Además, Hermanas carece de una trama como tal, y eso personalmente me impidió disfrutarla plenamente. No hay un clímax, no hay una conclusión. Uno sabe que la obra ha terminado porque la luz permanece apagada hasta que empiezan los aplausos.

Aplausos que fueron largos e intensos y acabaron en ovación de pie. Merecida, sobre todo por la gran interpretación de Bárbara Lennie e Irene Escolar. Un trabajo de memorización titánico. Un trabajo de dicción y proyección de voz atlético. Y momentos de pura emoción verdaderamente impagables.

Apenas dos pequeñas sombras en un trabajo por lo demás brillante, que deja al espectador tocado, que invita a la reflexión y que pone de manifiesto una vez más el enorme talento de sus dos actrices protagonistas.

Sergio Barrejón.


POR SU CONTENIDO BLASFEMO Y SUS OFENSAS A LA CORONA, ESTA OBRA HA SIDO CONDENADA A LA HOGUERA.

31 diciembre, 2018

La frase que da título a este post es el arranque de la novela gráfica Los enciclopedistas. Quema de libros, reyes burlados, fanatismo religioso, crímenes sangrientos… Los ingredientes de la última obra del guionista bilbaíno José A. Pérez (@mimesacojea), producen una apetecible mezcla de vigencia histórica y clasicismo temático.

Curtido ya en televisión, radio y novela (y con una serie en desarrollo para una gran productora), José A. Pérez incursiona en el cómic muy bien acompañado por el dibujante Alex Orbe, y bajo el prestigioso sello de Astiberri.

Bajo el disfraz de un thriller histórico (¡Un asesino en serie está matando a los enciclopedistas de París!), el autor de programas como Orbita Laika o Escépticos y podcasts como Guerra 3 y El gran apagón establece un incontestable paralelismo entre nuestro tiempo y la época pre revolucionaria francesa. La quema de libros nos hace recordar el secuestro de Fariña o El Jueves. La persecución de los enciclopedistas no es tan distinta del acoso judicial a cómicos y titiriteros. Todas estas acciones persiguen el mismo objetivo: acallar las voces críticas.

En la obra de José A. Pérez, y Los enciclopedistas no es una excepción, parece subyacer siempre una intención didáctica (que no doctrinaria). Cada uno de sus trabajos como guionista es la expresión de una inquietud política y social. Pero esa inquietud se expresa sin traicionar el compromiso con el entretenimiento, eje central del contrato que establece un guionista con su público. Los enciclopedistas puede disfrutarse como una reflexión sobre el siniestro parecido entre nuestra censura actual y la que sufrieron los Ilustrados, pero también como una mera thriller criminal en el turbulento París del XVIII. Podría objetarse a este respecto que alguno de los giros de la trama resultan quizá demasiado convenientes para el guionista, pero ello sólo será problema para adictos enfermizos al género (como quien esto escribe).

José A. Pérez presentó la obra el pasado 3-diciembre en la librería La buena vida de Madrid, y se refirió sin complejos a este doble nivel de lectura: “La agitación cultural de la época pre revolucionaria me permitía hacer una traslación de lo que está pasando ahora: la persecución de la razón. El thriller… es un pretexto puro y duro.”

Sobre la intensa documentación que requirió Los enciclopedistas, José A. Pérez detalló algunas curiosidades, como por ejemplo su certeza de que, además de Diderot, D’Alembert, Hume y otros muchos nombres célebres, la Enciclopedia tuvo “cientos de otros autores borrados de la edición”, entre los cuales se contaban muchas mujeres. “Sólo han quedado referenciadas unas pocas mujeres en la Enciclopedia, pero eso no se lo cree nadie. Está claro que fueron muchas más, el problema es que no queda constancia de ello”.

Ante la imposibilidad de dar voz a esas autoras silenciadas, José A. Pérez introdujo el personaje de Marie, “el único personaje completamente de ficción de toda la historia”, una dibujante de clase humilde que colabora dejando constancia gráfica de los diversos oficios de París, y que asiste a las sesiones de los enciclopedistas, retratando a los diversos autores, lo que por cierto influirá decisivamente en la trama. “Sin Marie, esto no sería más que un tebeo de señoros con peluca diciendo cosas en sitios y matándose entre ellos.”

También detalló algunas licencias, como mostrar el encarcelamiento de Diderot (que ocurrió realmente y se llevó a cabo en el mismo lugar que presenta la novela), pero  “deformado para favorecer la narrativa”, en el sentido de que no se respeta la fecha real ni el motivo exacto del encarcelamiento.

Del mismo modo, se permitieron presentar las catacumbas de París con el aspecto que tienen en la actualidad, y que es algo posterior a la fecha en la que se desarrolla la acción. Guionista y dibujante consideraron que el atractivo visual de todas aquellas calaveras alineadas justificaba el anacronismo.

Durante la presentación en Madrid, José A. Pérez explicó también parte del proceso de colaboración entre guionista y dibujante:

JOSE A. PEREZ.- Yo era un poco abusón. Iba viñeta a viñeta, describiendo exactamente qué se veía en cada una… y luego Alex hacía lo que le daba la gana.

ALEX ORBE.- Obviamente. (Risas) No, en realidad soy bastante respetuoso. Si lo que ha escrito el guionista funciona, ¿para qué cambiar nada? Ahora, si yo veo que puedo aportar algo, pues se lo propongo.

JOSE A. PEREZ.- Exacto. Me manda la página ya totalmente terminada y me pregunta ¿qué te parece? (Risas) Yo tampoco hago exactamente lo que hace Alan Moore, en plan “la viñeta tiene que tener una composición triangular”, etc. Pero sí que hago una sinopsis de cada página, y digo “siete viñetas”, y luego hago una descripción histórica de lo que pasa en cada viñeta. A veces, esa descripción puede llegar a medio folio, que es una locura y a lo mejor otro dibujante me lo habría tirado a la cara. Por ejemplo, recuerdo una viñeta que tenía una descripción infinita, que era la viñeta en la que aparece por primera vez la imprenta, y era porque todos los elementos que aparecen en esa viñeta van a jugar un papel más tarde en la historia.

Siempre fiel a esa intención didáctica mencionada anteriormente, José A. Pérez aprovechó la presentación de Los enciclopedistas para introducir algunas anécdotas sobre la monumental obra de Diderot y D’Alembert. Entre ellas, que L’Encyclopédie original está digitalizada entera, y es de libre acceso en Internet; que una de las grandes revoluciones que supuso la Enciclopedia fue la instauración del orden alfabético (“aparecía antes un alfarero que Dios o el Rey”); o el atrevimiento que tuvieron los autores al referenciar, en el artículo sobre Dios, otras entradas como “ateísmo” o “superstición”.

Asimismo, se refirió varias veces a la obra del historiador alemán Philipp Blom, estudioso de la época, mencionando concretamente sus obras Encyclopédie, El triunfo de la razón en tiempos irracionales y Gente peligrosa. El radicalismo olvidado de la Ilustración europea como fuentes de inspiración y documentación.

En resumen, Los enciclopedistas es una novela gráfica de calidad, de narrativa ágil, amena de leer (y releer) y cuidadosamente documentada.

Sergio Barrejón.


QUÉ VOTAR MAÑANA EN LA ASAMBLEA DE SGAE

26 diciembre, 2018

por Sergio Barrejón.

Mañana hay una asamblea decisiva en SGAE. Si los estatutos no salen adelante, la intervención ministerial será inevitable. Los dramaturgos, directores, guionistas y músicos (decentes) se enfrentan a un dilema. Por un lado, les incomoda refrendar a una dirección que consideran ilegítima. Por otro lado, ¿tiene sentido hundir la SGAE votando “no a todo” sólo para dejar patente su descontento?

Esto es lo que yo voy a votar:

SÍ a la propuesta de nuevos estatutos, porque son necesarios para cumplir con la normativa europea y evitar la intervención ministerial, de consecuencias imprevisibles.

SÍ al nuevo sistema de reparto, porque servirá para limitar los desmanes de La Rueda introduciendo un tope del 20% a los ingresos de la franja nocturna (demasiado me parece, pero es lo que recomienda CISAC).

NO al reparto de Ejecución de diciembre, porque todavía refleja las prácticas mafiosas de La Rueda.

Y NI PUÑETERA IDEA a la transmisión de los inmuebles. (Supongo que votaré que sí, pero aún tengo que informarme).

Pienso que el voto de castigo (“no a todo”) es una inmadurez. Elecciones y asambleas no son el lugar adecuado para expresar nuestro cabreo con el mundo. No podemos pretender que en toda elección haya una opción que represente íntegramente nuestros intereses. Asumir una derrota parcial y seguir dando batalla es más inteligente que quemar las naves por puro orgullo.

Hay quien dice que todo esto da igual, porque los de Audiovisual “simplemente” deberíamos abandonar la SGAE y que se jodan. Es una opinión. Pero eso equivaldría a regalar a los de La Rueda todo el patrimonio que SGAE ha acumulado durante años gracias a nuestro trabajo. ¿Quién se jode en realidad?

Tengo el máximo respeto por los compañeros que han decidido pasarse a DAMA. Pero creo que los que aún siguen en SGAE deberían hacer mañana un ejercicio de responsabilidad y aprobar los estatutos y el nuevo reparto. Y a partir de pasado mañana, ya daremos batalla a esta Dirección para evitar que siga favoreciendo injustamente a los (malos) músicos.

Nos vemos mañana. Recordad:

Auditorio del Complejo de los Duques de Pastrana (la ONCE)
Paseo de la Habana, 208 (Madrid)
15:30 horas, en primera convocatoria
16:30 horas, en segunda convocatoria

 

 


EL MADRID TV PITCHBOX VISTO POR DENTRO

19 noviembre, 2018

por Sergio Barrejón

¿Estás pensando en apuntarte al Madrid TV Pitchbox? Así lo vivimos los seleccionados de la anterior edición.

Este miércoles 21 se cierra el plazo de admisión de proyectos para el 2nd Madrid TV Pitchbox. Un evento organizado por Filmarket Hub que te permite presentar tu proyecto de series ante ejecutivos de Atresmedia Studios, Mediaset España, Movistar+ y RTVE.

Varios lectores nos han escrito preguntándonos cómo es el proceso de selección y cómo se vive el evento cuando te seleccionan. Conozco la experiencia de cerca, porque el año pasado un proyecto que firmábamos David Victori y yo participó en la primera edición de Madrid TV Pitchbox. Era este:

Pero como por contrato no puedo revelar NADA de ese proyecto, he decidido entrevistar a otro de los seleccionados, Guille Bandrés, que el año pasado presentó un proyecto muy interesante titulado FUERA DE CAMPO.

Guillermo, antes de entrar en materia, ¿puedes resumirnos brevemente tu experiencia como guionista?

Me apunté a la escuela de cine Un perro andaluz en Zaragoza a los catorce años donde descubrí lo guay que era escribir guiones. A los dieciocho entré en ESCAC donde realicé la carrera especializándome el guión. Escribí decenas de proyectos (cortos, series, obras de teatro, largometrajes). Tras eso estuve haciendo prácticas en Filmax en el departamento de desarrollo como analista de guiones. A día de hoy a los veintitrés me encuentro realizando un máster de guion de cine y televisión e la universidad Carlos III en Madrid. Aquí sigo, escribiendo.

Háblanos de ‘Fuera de campo’. ¿Qué es, qué cuenta, cómo surge el proyecto? 

Fuera de campo es una serie que muestra la otra cara del fútbol. Todo lo que ocurre fuera del césped narrado desde el punto de vista de Javier Canseco, el director deportivo de un equipo en auge que se debate entre su amor y odio por ese deporte. Es una carta de amor al fútbol, que como todos los amores te pone a prueba a veces.

Mi padre estuvo dentro de ese mundo durante unos años. Un día, en un trayecto en coche de varias horas, mi padre me estuvo contando batallitas y anécdotas de aquellos años tan surrealistas. Se me enchufó la bombilla y me puse a escribir. Si esas historias me flipaban a mí como amante del fútbol, pensé que en un país donde el fútbol es religión, una serie así podría tener mucha proyección.

¿En qué punto descubres Filmarket Hub y por qué decides inscribir tu proyecto?

En noviembre de 2017, cuando trabajaba en Filmax, Alejandro Marín, un amigo director de la carrera, vio la convocatoria que Filmarket Hub hizo para su primer TV Pitchbox. Sabía que yo tenía una serie entre manos, así que me comentó el tema ya que pensó que me interesaría. Y me interesó mucho.

Pensé que mi proyecto de serie ya se encontraba avanzado y que inscribir la serie en una convocatoria como la de Filmarket Hub podría servir para que empezara a tomar fuerza.

¿Qué implicó para ti la selección de ‘Fuera de campo’ para el Madrid TV Pitchbox?

Pues primero mucha felicidad. Cuando me llamaron para informarme de que me habían seleccionado me pegué el resto del día con una sonrisa en la cara. Llamé a mis padres y, bueno a todo el mundo en general y ya me vi en las portadas de revistas como la nueva gran promesa del cine. Ya ves, como si las revistas sacaran en su portada a guionistas. Luego ya llegó la calma y el ponerme a trabajar. Si algo he aprendido es que hay que ser paciente y no hacerte el cuento de la lechera a las primeras de cambio, aunque a veces es inevitable.

¿Qué retos te planteó la preparación del pitch?

Ya había realizado pitchings con anterioridad pero ninguno tan importante así que fue coger el guión de mi último pitch y empezar a construir desde allí. Desde Filmarket Hub me ayudaron mucho. Hicimos un par de llamadas por Skype donde me corrigieron cosas y me tranquilizaron bastante. Me dijeron dónde residía el potencial de mi serie y cómo podía explotarlo en el pitch. También Gemma, mi jefa en Filmax me ayudó a pulirlo con consejos para que fuera todo más profesional. Para hacer un pitch hay que tener labia, pero también prepararlo mucho y repetirlo mil veces antes, hasta que te salga perfecto sin perder la naturalidad del directo. Al menos eso pienso yo.

¿Cómo fue la experiencia de participar en el evento y presentar tu proyecto en público?

Al principio estaba más perdido que un pulpo en un garaje. Todo el mundo era más mayor y casi todos los otros participantes venían con un productor. Se notaba que tenían tablas y que no era el primer vez que afrontaban un evento de esas características. Pero yo a poco que me das cuerda me suelto así que fue hablar un rato con Andrea y Bernardo de Filmarket Hub y ya estaba más relajado. Me lo pasé muy bien porque a mi me encanta hablar el público y también se aprende viendo los pitchings del resto. Había nivel, eso seguro.

Pitch de Guille Bandrés en el Madrid TV Pitchbox 2017

¿Qué reacciones provocó tu pitch?

Durante el pitch las que yo esperaba; me salió bastante bien, la gente se rió cuando yo pensaba que se iba a reír y si tenía que durar siete minutos lo hice en seis y cincuenta y cinco. Me sobraron cinco segundos. Luego hablando con las distintas cadenas y productoras pues claro, ya depende más de si les interesa el tema o no. Algunas se mostraron más cercanas pero en general todos fueron muy correctos y me dijeron que les había gustado como lo había hecho.

¿En qué ha cambiado tu carrera tras el paso por el Madrid TV Pitchbox?

Que Filmarket Hub seleccionara mi serie me dio muchísima confianza. Fueron los primeros que apostaron por mi proyecto y eso siempre te motiva. A día de hoy sigo escribiendo capítulos y reescribiendo la biblia y los personajes. Desde la página me animan siempre a seguir subiendo contenido y eso se agradece mucho. Aún soy joven y sigo formándome en la escritura de guiones, pero sí que gracias a la oportunidad que me dieron desde la página mi serie está mucho más avanzada de lo que jamás pensé que llegaría a estar. Siempre que desde la página se ponen en contacto conmigo, me da esperanza y lo más importante, muchas ganas de ponerme a escribir. Si quieres ser escritor tienes que escribir todos los días.


Recordad que el plazo de inscripción para el Madrid TV Pitchbox se cierra pasado mañana, 21 de noviembre.

Ah, y por cierto, si ese día andáis por tierras asturianas, no os perdáis la conferencia que daré en el FICX junto a Tomás Rosón (abogado del sindicato ALMA). Lleva por título Todo lo que firmaste y no debiste haber firmado y en ella descubriremos algunos de los errores más comunes que cometen los guionistas al firmar contratos.


ARTHUR MILLER: PONER PRECIO A LOS RECUERDOS

31 octubre, 2018

por Sergio Barrejón.

El teatro Pavón Kamikaze (Madrid) tiene en cartel una de las grandes obras de uno de los grandes dramaturgos norteamericanos. Dirigida por Silvia Munt y protagonizada por Tristán Ulloa, Gonzalo de Castro, Eduardo Blanco y Elisabet Gelabert, EL PRECIO, de Arthur Miller estará en el Pavón hasta el próximo 6 de enero.

En El Precio, un Miller ya en la madurez (post caza de brujas, post Marilyn) abunda sobre los temas que le obsesionan: la alargada sombra de la figura paterna y el aplastante peso de las circunstancias económicas sobre la dignidad del ciudadano norteamericano.

La acción se desarrolla en tiempo real en el desván de una casa brownstone de Manhattan pendiente de demolición. Antes de que la casa sea derribada, dos hermanos deben fijar un precio para la venta de los viejos muebles familiares y acordar un reparto del dinero obtenido.

Pero ese precio resulta ser para uno de los hermanos más metafórico que real. Se trata de Victor, el hermano que renunció a su carrera para quedarse a vivir con (y cuidar de) su padre, un antiguo hombre de negocios arruinado tras la crisis del 29. Aunque Victor realmente necesita el dinero, prefiere aprovechar la oportunidad para echar otro tipo de cuentas: las que tiene pendientes con Walter, el hermano que triunfó profesionalmente quizá a costa de que Victor se quedase en casa cuidando del padre.

Como tercera pata del taburete está Gregory Salomon, el tasador que debe negociar con ellos el precio de la venta y para quien todas estas disputas sólo son ruido. El ruido de una vieja construcción que se viene abajo. Gregory es el pescador de ese río revuelto de emociones, tan importantes para los que las viven, tan nimias para quien las contempla desde fuera, a la espera de revolver en los escombros a ver qué puede sacar de provecho.

Como tantas veces ocurre en Miller, el personaje femenino, Esther, es meramente un satélite de su esposo Victor. Apenas aporta nada a la obra más que una “pared” para que Victor pueda tener diálogos brillantes. Un machismo muy de la época, por otro lado.

El montaje que en su día hizo Terry Kinney en Broadway, con Mark Ruffalo, Tony Shalhoub, Danny DeVito y Jessica Hecht debió de ser memorable, y sin duda fue su éxito lo que motivó que el revival de esta obra de 1968 aterrizase poco después en España. Pero su directora Silvia Munt afirma no haber visto la obra nunca en escena, y asegura que “se enamoró del texto” leyéndolo. A mí me ha pasado lo contrario: aunque soy muy fan de Miller y he leído muchas de sus obras, esta no la conocía.

Antes de estrenar en Madrid, Silvia Munt ya había montado El Precio en Barcelona y en catalán con gran éxito de crítica y público. La traducción al castellano suena convincente y el montaje tiene un ritmo muy ágil, alejado de la solemnidad con que algunos directores tratan a veces a clásicos como Miller. Contribuye a no dar respiro el excelente trabajo de todo el elenco, en el que destacan la interpretación enérgica de Gonzalo de Castro, soberbio en el papel de Walter, y la enternecedora composición del anciano Solomon por el siempre brillante Eduardo Blanco, quien no hace esfuerzos por disfrazar su acento argentino, lo cual es de agradecer.

Es plausible también la decisión de Munt de no actualizar la obra, que transcurre en 1968. En declaraciones a EFE, Silvia Munt afirmaba que en un principio pensó “vamos a actualizarlo, porque estamos en una crisis y podríamos adaptarlo a lo que ocurre hoy día”. Sin embargo finalmente decidió confiar en la inteligencia del público para comprender la vigencia de la obra y los posibles paralelismos de la época original con el momento actual. Un acierto.

Silvia Munt consigue así una carambola a tres bandas: reeditar un éxito de Broadway, montar a uno de los grandes clásicos modernos con una obra cargada de significación social y alcance poético, y a la vez ofrecer al gran público un montaje perfectamente comercial.

Este montaje madrileño es una excusa perfecta para recordar otras de las grandes obras de Arthur Miller. Además del crepuscular guión de la película Misfits (Vidas rebeldes), Miller es autor de algunas de las obras fundamentales del teatro norteamericano del siglo XX, muchas de ellas adaptadas (con mayor o menor fortuna) a la televisión y el cine. Mis favoritas:

La muerte de un viajante

Todos eran mis hijos

Las brujas de Salem

Panorama desde el puente

Incidente en Vichy

En todas ellas apreciamos la que quizá es la característica que convierte a Miller en un genio: la capacidad para reflexionar ‘en directo’ sobre la época en la que está viviendo, componiendo dramas que perduran en el tiempo sin perder vigencia a lo largo de las décadas. Quizá el gran secreto para lograr esa lucidez histórica cuando aún se carece de la perspectiva del tiempo es una enorme empatía hacia sus personajes (al menos los masculinos), la capacidad de meterse en sus zapatos y sentir lo que están sufriendo en cada momento.

Donde más evidente se hace esa genialidad es en el caso de Las brujas de Salem. En plena caza de brujas de McCarthy, y en mitad de un agrio enfrentamiento personal con su gran amigo Elia Kazan por sus posturas ante el Comité de Actividades Antiamericanas, Arthur Miller escribe un drama histórico sobre una caza de brujas real ocurrida siglos atrás en su país, cuya trama reproduce paso por paso la histeria anticomunista que se está viviendo en ese momento en Estados Unidos.

Hablando de carambolas a tres bandas, Las brujas de Salem logra la carambola definitiva: no sólo es una tragedia sobrecogedora por derecho propio, sino que además presenta una escalofriante crónica de unos hechos históricos muy relevantes, y encima funciona de manera brillante como lectura metafórica del momento político en que fue escrita. Una obra fundamental de un autor fundamental.


EL OFICIO DE GUIONISTA – ALICANTE 3 DE NOVIEMBRE

17 octubre, 2018

por Sergio Barrejón.

En el contrato de mi primera película como guionista había una cláusula que aplazaba el pago de la mitad de mi sueldo al inicio de rodaje. La película tardó cinco años en rodarse.

En las reuniones de trabajo de otra película, al director lo alojaban en un hotel de 4 estrellas. A mí, en un hostal de prostitutas.

Durante mi primer año como guionista de televisión me pasaba catorce horas diarias al ordenador. Me gasté la mitad del sueldo en fisioterapia, engordé nueve kilos y no podía dormir sin un Orfidal.

Mis relaciones con los productores también eran difíciles. Firmaba cualquier cosa que me pusieran delante, no sé si por miedo o timidez. No sabía negociar. O bien comulgaba con ruedas de molino o bien rechazaba trabajos de forma altanera y quijotesca.

Me alimentaba mal, dormía a deshoras, tenía la vitamina D por los suelos y mi capacidad de concentración era un desastre. Es un milagro que hoy siga siendo guionista. Me sorprende incluso el seguir vivo.

En algún momento empecé a darme cuenta de que el mito del guionista que trabaja en pijama y descansa cuando quiere estaba poco conectado con la realidad. Sabía que mi carácter tampoco me permitiría ser uno de esos escritores que se sientan a la mesa de nueve a cinco y no se levantan ni a mear. Pero alguna forma tenía que haber de conciliar un trabajo que me encantaba con un estilo de vida que no me convirtiese en un viejo de treinta años.

Empecé a investigar sobre hábitos de trabajo. A leer sobre la postura correcta al ordenador. Me informé sobre alimentación. Empecé a hacer ejercicio. Aprendí a negociar.

Hoy estoy más en forma que hace quince años, duermo sin pastillas, aún me queda bastante pelo, y mi volumen de producción es mucho mayor que cuando era joven. Y entonces no era padre de familia ni profesor de guión. Mi presión arterial es correcta y cuando viajo por trabajo me alojan en sitios sin prostitutas (al menos que yo sepa).

A mí me costó  años enderezar un mal arranque. A otra gente le cuesta la carrera. Para evitarle el mal trago a futuros guionistas, y aprovechando que algunas escuelas y universidades me llamaban para dar clases de guión, en 2011 monté una conferencia sobre este asunto. No se trata sólo de advertir de los riesgos laborales del guión. También de dar consejos de organización de tiempo. Trucos para vencer el bloqueo creativo (empezando por comprender qué es y qué lo motiva). Proponer técnicas de negociación. Incluso he diseñado un diagrama para decidir qué trabajos aceptar y cuáles no.

Intento dar esta charla un par de veces al año. La última vez fue en febrero, en Madrid. La próxima es el 3 de noviembre en Alicante. La organiza la asociación Mediterrània Audiovisual. Se titula El oficio de guionista y la inscripción está abierta hasta este domingo.


ÍÑIGO GUARDAMINO: “NO ME INTERESA CONVENCER A NADIE DE NADA”

26 septiembre, 2018

Entrevista de Sergio Barrejón.

¿Qué es Europa? ¿Hacia dónde va? ¿Qué nos ha pasado? ¿Se puede hacer algo para arreglar esto? Íñigo Guardamino (Bilbao, 1973) trata de buscar respuestas a estas preguntas en obra teatral Monta al toro blanco, estrenada recientemente en el ambigú del teatro Pavón Kamikaze, en Madrid.

Monta al toro blanco es una inquietante comedia (negra como el fondo del Mediterráneo, en palabras de Guardamino) que comienza con discursos de Hitler y acaba (no es un spoiler) con un americano, un ruso, un chino y un saudí remando en una patera. Por el camino, el rapto de Europa por Zeus, y una galería de personajes que encarnan algunas de las caras más representativas de ese poliedro caótico en que se ha convertido la Europa contemporánea.

Tras asistir al estreno de la obra, tuvimos la oportunidad de hacer unas cuantas preguntas a su autor:

¿Qué impresiones tienes del estreno de Monta al toro blanco? ¿Reaccionó el público como esperabas?

Nunca sé muy bien cómo va a reaccionar el público, pero por las reacciones en vivo y en redes sociales parece que ha gustado mucho, también se ha ido al menos un espectador en cada función, tiene que haber de todo.

¿Cómo fue el proceso creativo que llevó hasta la versión definitiva del texto? ¿De dónde arrancas: partes de un tema, de una imagen sugestiva, de una noticia…?

Empecé a tener ganas de hablar de ello cuando veía las imágenes de los refugiados sirios entrando en Alemania. Pero no es preconcebido, son un montón de ideas y vivencias, algunas de hace años, que de repente convergen en el momento adecuado. La versión original era más larga pero luego he ido recortando y añadiendo cosas en los ensayos.

La obra tiene una estructura de puzzle. La imagen final se va completando a partir de escenas fragmentarias independientes, aunque hermanadas por un tema común.

He escrito otras obras con estructuras más clásicas; creo que lo mejor es elegir la estructura que se ajuste mejor a lo que quieres contar y en este caso la fragmentada encajaba mejor con la historia.

En Monta al toro blanco se tratan temas durísimos: el racismo, la intolerancia, la castración, la guerra, las crisis de refugiados, la corrupción… Pero no faltan los ramalazos de humor.

No me gusta mucho la gente que se toma demasiado en serio, porque al final se olvidan de la seriedad del tema y se toman en serio a ellos mismos y para mí lo importante es la historia. Lo solemne suele ir de la mano de lo panfletario y a mí no me interesa convencer a nadie de nada, prefiero que vean la obra y saquen sus propias conclusiones, y creo que el humor ayuda a distanciar y a pensar.

El mito del rapto de Europa es el leitmotiv de la obra y no es la única mención a la mitología griega. ¿Cuánto pesan los clásicos en tu mochila de escritor?

Mucho. Todo viene del origen. Luego ya haces con ello lo que te dé la gana pero creo que todo el mundo está influido de una manera u otra por los clásicos porque son nuestra base común.

Entremezclas con las tramas más políticas dos historias de pareja truncadas por el dolor y la muerte. Son dos parejas blancas, heterosexuales y europeas. ¿Encuentras un paralelismo entre la crisis de valores de las democracias capitalistas y la desintegración de la pareja heterosexual como estructura fundamental de la sociedad occidental?

La desintegración de la pareja heterosexual es una excelente noticia. El abrir y normalizar todo el espectro de relaciones humanas es lo mejor que nos ha podido pasar. Encuentro más paralelismo con la desintegración del asociacionismo, de los vínculos entre personas, y el predominio de un individualismo narcisista animado por las nuevas tecnologías mal entendidas y el consumo desenfrenado.

En la obra conviven los discursos de Hitler, Carlos Martel contra los musulmanes en el siglo VIII, la actual crisis de los refugiados… ¿Aprecias un efecto circular en las grandes crisis europeas? ¿Es como si la historia se repitiese una y otra vez?

Espero que la historia no se repita porque sería algo muy sangriento y mis rasgos hebreos no me ayudarían nada, pero durante la historia el ciclo de paz/conflicto/paz/conflicto se repite sin fin, en Europa y también en los mercados. En la montaña rusa que nos ha tocado montar. Hemos subido y ahora es el momento de la caída, a ver hasta dónde.

En la obra, la aparición de unos valiosos restos arqueológicos amenaza la viabilidad de un gran proyecto inmobiliario, de modo que sus responsables deciden ocultar el hallazgo. ¿Eso es lo que está pasando en Europa? ¿Olvidamos nuestras raíces y nuestra historia en favor del beneficio económico de proyectos banales?

Totalmente. Parece que no se ha aprendido nada de la crisis y sigue primando el beneficio a corto plazo y el “después de mí, el diluvio” de los comisionistas. Eso también pasa en política, los ciclos se acortan cada vez más y apenas se tomas las decisiones a largo plazo. Paradójicamente en las “democracias” estilo turco y ruso eso es más fácil porque saben que tienen agarrado el poder. Eso y la falta total de escrúpulos es lo que hace que les vaya tan bien últimamente.

En la obra hay varias referencias humorísticas al procés soberanista en Cataluña. ¿Qué relación aprecias entre el independentismo catalán y la crisis de valores en Europa?

El buscar el enemigo fácil y las soluciones simples. A la derecha catalana le ha salido muy bien la táctica de buscar un enemigo exterior justo cuando les estaban empezando a pedir cuentas por las mordidas y la corrupción.

¿Cuándo entraste en contacto con el Pavón y cómo se concreta el proceso de estrenar allí?

Mandé el proyecto y el texto, les gustó y me ofrecieron estrenar allí. Tenía muchas ganas de montar algo el Teatro Kamikaze por el apoyo que siempre han dado a la dramaturgia contemporánea y fue una alegría cuando seleccionaron el proyecto. Se trabaja muy bien con ellos.

¿Qué te aporta el Pavón Kamikaze en relación con otros teatros donde hayas estrenado?

Al igual que Nave 73, otra sala donde he estrenado, apoyan mucho las nuevas propuestas y no tiene miedo al riesgo; la diferencia estriba en que el Teatro Kamikaze tiene más repercusión (no olvidemos que son Premio Nacional de Teatro) y son el único teatro madrileño que está entre el off y el público/privado y se nutre de lo mejor de cada mundo.

Monta al toro blanco está en cartel hasta el 6 de Octubre, de miércoles a domingo en el teatro Pavón Kamikaze de Madrid.

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