‘CREACIÓN DE PERSONAJES PARA SERIES’, O CÓMO FUNCIONAN LOS PERSONAJES EN LA FICCIÓN ESPAÑOLA

17 marzo, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

En un contexto como el actual, donde las producciones seriadas se están haciendo con una parte cada vez más importante del mercado audiovisual (y donde parecen abrirse por primera vez en años nuevas oportunidades con la entrada de las plataformas de pago), se podía echar hasta ahora en falta la publicación de un libro como el propuesto por los guionistas Francisco Javier Rodríguez de Fonseca y Raúl Serrano Jiménez: Creación de personajes para series (Instituto RTVE, 2017).

Portada CREACION DE PERSONAJES

Portada de ‘Creación de personajes para series’. Fuente: RTVE.es

El libro, un manual de consulta al uso, busca aportar al mismo tiempo un enfoque teórico sobre la tipología de las ficciones seriadas, trazar una línea temporal sobre la evolución de dichos formatos y, además, proponer en última instancia una serie de consejos sobre cómo enfocar la ideación y la escritura de una serie en el contexto productivo español. Y todo ello sin obviar (o por el contrario exaltar) que la punta de lanza es el modelo norteamericano de la televisión por cable, sino extrayendo valiosas lecciones de las mejores ficciones de éste (con una parte dedicada íntegramente al análisis de casos como Los Soprano, A dos metros bajo tierra, Frasier o The Wire, entre otras) y buscando su posible aplicación en las series de televisión de producción nacional.

Así, y por el hecho mismo de pertenecer al sector profesional del guión en España -tanto como autores como por sus actividades como docentes-, F.J. Rodríguez de Fonseca (Aquí no hay quien viva, Manos a la obra) y Raúl Serrano (La Rabia, Dreamland) abogan también por un amplio recorrido por algunas de las series españolas más vistas de los últimos años. Destacan entre otras Cuéntame, Velvet, El Ministerio del Tiempo, Siete Vidas o El príncipe, a través de las cuales explican las rutinas productivas de las series españolas actuales, aportando incluso mapas de tramas y diseños de personajes de algunas de ellas.

Desde un punto de vista más práctico, el libro también cuenta con un extenso apartado dedicado a los personajes y su creación, abordando temas tan centrales del proceso de diseño de un personaje como la caracterización, la evolución o hasta el uso de diferentes tipos de diálogo ya no sólo dependiendo del formato sino también de la misma identidad del sujeto creado para la serialidad.

Resulta igualmente interesante la última parte del manual, dedicada a reflejar el testimonio de figuras representativas de la escritura y la creación de ficciones seriadas en nuestro país. Así, por medio de toda una serie de entrevistas a profesionales como Javier Olivares, Eduardo Ladrón de Guevara, Ramón Campos, César Benítez, Alberto Sánchez Cabezudo, Victor García o Eduardo Villanueva, el lector también puede percatarse de la realidad cotidiana sobre la práctica del oficio de guionista en España.

Creación de personajes para series resulta, en definitiva, un manual útil tanto para los profesionales que busquen consultar aspectos concretos como para los neófitos que busquen aproximarse por primera vez a los mecanismos de ideación y escritura de las producciones audiovisuales seriadas.

 


VOLVER A CASA… NO SOLO POR NAVIDAD

8 enero, 2015

Por Estefanía Salyers.

Estefanía Salyers es guionista de cine y TV. Ha trabajado para productoras como Viacom, Prisa, El Terrat, Grundy, Big Bang Media y, en la actualidad, lo hace para Plano a Plano. Es una de esas profesionales que han sido capaces de vender su propia serie de televisión y que tuvo la mala suerte de que la cancelaran antes de su emisión. También es de las que se atrevió a volar a Estados Unidos para ganarse la vida como guionista, experiencia que nos cuenta en este post. 

Las series están de moda. Lo sabe tu madre, tu gato y la señora de Cuenca. Pero, ¿somos conscientes de que las series que vemos, de las que hablamos, no son, ni serán, para las que escribamos? Es una mera cuestión de pertenencia a un determinado universo que marca nuestra ficción, que nos hace ser lo que somos. Nos puede gustar Fargo, Borgen o True Detective, pero si solo valoramos lo que se hace fuera nunca podremos escribir desde dentro. Desde nuestra verdad.

En un mundo globalizado tenemos la suerte de poder diferenciarnos precisamente por eso, por las historias que contamos. Podemos vestirnos igual en cualquier parte del mundo, pero no en cualquier parte del mundo van a entender lo que solo nosotros vivimos. Nuestro escaparate no es el americano, que todo el mundo ve y conoce, convirtamos eso en beneficio, lejos de siempre denostar nuestra ficción.

Son muchas las veces que oímos hablar –mal, para qué engañarnos– de nuestra industria. Lo triste es que un alto porcentaje de las críticas llegan desde nosotros mismos. Somos los propios guionistas los que atacamos lo que contamos. Una cosa es hacer análisis y crítica constructiva y otra muy distinta es hacer del ataque, de la infravaloración, una bandera.

Los que llevamos un tiempo en esto y sabemos lo que es luchar contra viento y marea, es decir, contra las grandes etapas de parón laboral, quizás valoramos más lo que hacemos o somos más conscientes de lo que cuesta que te paguen por escribir. Por eso no colgamos etiquetas y no nos negamos a hacer una serie diaria, una telenovela o una tira de sketches. Es trabajo y nuestro trabajo es contar historias lo mejor que podamos. ¿Que te has portado bien este año y los reyes te han traído un prime time? Enhorabuena, pero, afortunadamente, lo demás ya no es carbón. Y lo que nos llega de fuera, no siempre es oro, incienso o mirra. Vamos, que aquí también hay calidad y fuera también se hace basura.

Hace un año y medio, cuando me di cuenta de que ya no sonaba el teléfono y que no estaba entre serie y serie sino bien afiliada al Inem, decidí meter toda mi vida en una maleta de 23 kilos e irme a Nueva York. Para siempre, dije. Soy así de dramática. La suerte es que tengo pasaporte americano, por eso sí podía irme para siempre. Pero mi siempre duró hasta que volvió a sonar mi teléfono. Mi teléfono español. La decisión no fue fácil, porque primero tuve que decir que no. No a escribir en Estados Unidos, que era el objetivo a alcanzar y por el que había emigrado.

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Lo recuerdo perfectamente porque fue una cadena de acontecimientos un tanto peculiar.

Vivir en Nueva York es complicado y conseguir un trabajo de lo tuyo cuando no has trabajado en el país y no tienes contactos, más todavía. Por muy americana que seas sigue siendo difícil.

Allí los procesos de selección se pueden eternizar y me encontraba, tras unos dos meses, en la etapa final para entrar en dos networks importantes. El sueño americano a mi alcance tras unas cuantas pesadillas que pasaron por no menos de cuatro entrevistas, dos pruebas de guión –una de ellas en persona–, sendos test de drogas y background checks (comprueban todo, tus datos académicos, laborales y, por supuesto, historial delictivo). Algo impensable aquí.

El caso es que me llamaron para darme el “sí, quiero” de uno de los proyectos a los que optaba. La llamada se produjo justo antes de una quedada con unos amigos americanos. Les había invitado a ver Ocho apellidos vascos. La euforia por haber conseguido dar un pasito hacia adelante en mi carrera como guionista en Estados Unidos se mezclaba con unas buenas dosis de risas, pero también de nostalgia.

Y es que de repente me vi haciendo algo tan complicado como explicar los chistes, las situaciones que marcan nuestra idiosincrasia como país. Entonces me di cuenta de que ése era mi universo. Las historias son globales, en todas partes encontramos diferencias entre el norte y el sur, pero explícale a un americano por qué un vasco no folla. ¿Qué le digo, que es como uno de Wisconsin? Pues hombre, no. Y que no se ofendan ni los vascos ni los de Wisconsin.

Entre tanta explicación hice un flashback emocional a mi infancia. Empecé a recordar cuando de pequeña les contaba a mis amigos americanos lo que eran los reyes magos, La bola de cristal o Verano azul. A los españoles, me tocaba traerles galletas oreo, mantequilla de cacahuete o videojuegos porque las animadoras o bailes de fin de curso ya lo veían en la tele. Ya lo conocían.

En España siempre sabemos o vemos a través de la ficción el universo americano, pero en Estados Unidos (u otros países) no saben cómo es nuestro mundo. Y eso no es ni bueno ni malo, solo es algo que nos hace únicos.

Saber esto hace que conectes con lo que quieres contar. Es más fácil transmitir lo que has vivido en primera persona, o lo que ves a tu alrededor, y llegar así de forma más directa a tu potencial espectador. Si lo que cuentas, la historia, está llena de verdad, está contada desde dentro y tiene alma, funcionará.

Ser guionista es un camino constante, en el que no siempre puedes marcar la meta a la que llegar, pero sí la dirección en la que ir. Decidí volver porque he vivido más aquí que allí, porque el equipaje de series que me han marcado tiene muchos títulos españoles. Grandes series que merece la pena sean recordadas y por qué no, recuperadas. Desde Anillos de oro, pasando por Brigada Central, Turno de oficio hasta otras como Raquel busca su sitio, Mujeres y más recientes como Desaparecida y Punta Escarlata.

anillos de oro serie

Nuestra ficción es amplia y va más allá de los títulos que primero se nos vienen a la cabeza, de las series más típicas. Y si hay que poner etiquetas, la primera que debiera salir es que es nuestra. Tanto las series como el cine. Hay que valorar eso para contarlo y para contarlo tenemos que vivirlo. Tenemos que verlo.

Por eso, estos Reyes Magos han traído una buena lista de series españolas que recuperar del olvido y valorar por su calidad. Algunas de ellas se pueden ver en el archivo de rtve.es. Otras, es más difícil dar con ellas.

Pero merece la pena saber lo que somos, qué queremos contar y qué queremos que nos cuenten.


¿CUÁNTO DAÑO HA HECHO LA CRISIS A LOS GUIONISTAS?

4 diciembre, 2014

Por Carlos García Miranda.

Dicen los que mandan en España que los brotes verdes ya están dando flores porque hemos salido de la crisis. Igual es trola, que las Municipales están cerca y hay que vender el color de la esperanza, pero la realidad es que los centros comerciales vuelven a estar llenos, en los restaurantes no hay mesas libres, y las productoras producen de nuevo. Las cadenas que estrenaron series al inicio de la temporada han renovado las que van bien, y ya tienen adquiridos nuevos proyectos para el próximo año. También se ha puesto en marcha otra vez la maquinaria de la industria cinematográfica, en las carteleras se encuentran títulos de pata negra. Todo vuelve a ser como antes.

Bueno, casi.

La realidad es que las cosas distan mucho de ser como antes, al menos para los guionistas. La crisis llegó a nosotros como una ola que nos sumergió, arrastró y, al romper, nos pegó una buena hostia. Fuimos muchos los que nos tuvimos que pasar una época en barbecho, hasta que el mercado audiovisual se reactivó. Desde hace cosa de un año, vuelve a haber trabajo en tele. Pero lo que no hay es trabajo para todos.

Un grupo que se ha visto muy afectado por esta reducción de plantilla es el de los que quieren empezar en esto del guion. Hubo un tiempo en el que, los que estudiaban un Master, hacían prácticas en las productoras con las que las universidades tenían los convenios. Los alumnos que destacaban, acababan con un contrato de becario y, si todo iba bien, luego con uno de guionista. Bueno, pues ahora los estudiantes aprovechan al máximo sus prácticas y, después, se ponen a buscar trabajo de otra cosa, porque lo normal es que no les contraten. En las productoras no hay sitio para gente sin experiencia, ni gente con tiempo para enseñar a los que están empezando. Y esto es, más que nada, porque no hay mucha gente. Los equipos de guion han menguado considerablemente por culpa de la crisis. No pasa en todas las producciones, pero, en algunas, lo que antes escribían tres guionistas, ahora lo tiene que escribir sólo uno.

Hay otros que también se han quedado fuera por culpa de la debacle económica: los que cobraban mucho. La burbuja televisiva hizo que algunos de los que ocupaban los escalones más altos en las producciones como guionistas tuvieran nóminas de varios ceros. Con la llegada de la crisis, los que están aún más arriba en la pirámide, pusieron el grito en el cielo por esos sueldos, como si los guionistas no merecieran cifras cercanas a las de los productores ejecutivos por su trabajo. Llegaron entonces las rebajas, muchos de esos guionistas top vieron sus nóminas rebanadas; muchos otros se vieron en la calle, y con una edad, que para llegar hasta esos puestos hace falta tener una trayectoria laboral de años. Y, claro, tal y como están las cosas, no es fácil encontrar un cargo similar al de la época de abundancia televisiva. Lamentablemente, algunos de los que pusieron en marcha las producciones del pasado, éxitos de la televisión con los que crecimos muchos de los que trabajamos en esto, se encuentran forzosamente prejubilados.

Y luego estamos los que, antes del batacazo económico, sólo éramos guionistas con sueldos normales. La mayoría, ahora tenemos salarios reducidos, algunos incluso a la mitad. Los presupuestos de las cadenas para las series ya no son lo que eran, y lo que las productoras te pagan por escribir un capítulo, o trabajar en plantilla, tampoco. Además, los contratos fijos se han convertido en ciencia ficción; a lo más que puedes aspirar es a ser fijo discontinuo. Con ese tipo de contrato se supone que, una vez terminada la producción, te vuelven a llamar para la siguiente, o para otro proyecto en el que encajes. Pero, a veces, el teléfono no vuelve a sonar, que igual la serie no renueva o lo siguiente que hacen no está dentro de tus competencias. Entonces, la productora se lava las manos y se quedan con tu finiquito, el que no te pagaron porque tu contrato de fijo discontinuo les eximía de hacerlo. Si lo pides te lo dan, pero te dicen que entonces no te llamarán cuando salga algo que sí sea más para ti porque renuncias a tu contrato con ellos. Algunos incluso te dicen, como me dijeron a mí, que “por ley” no pueden volver a llamarte en un periodo de dos años si cobras tu finiquito.

Pero la crisis no sólo ha apaleado a los guionistas, que los espectadores también se han llevado lo suyo… Se cuentan a montones las series canceladas en estos años por sus presupuestos, los retrasos entre temporadas o las producciones en la nevera (series que si las cadenas emitían en plena crisis no iban a recuperar en publicidad todo lo que había invertido). Además, se lleva lo de comprar ficciones baratas. Pueden parecer caras, pero no serlo, porque de lo contrario no se producirían. Con lo que antes se hacía un capítulo, ahora hay que sacar tres.

Todas estas cosas son la cara negativa de cómo ha afectado la crisis a los guionistas. Pero, como en todo, también hemos sacado cosas positivas. La realidad es que los escritores de ficción televisiva y cine hemos espabilado bastante en los tres últimos años. Son pocos los guionistas que, ahora mismo, se dedican en exclusiva a los encargos de las productoras, en los que un día estamos y, al otro, a saber. Este tiempo de frío nos ha dado la oportunidad de hacer lo que nosotros llamamos “nuestras cosas”. Desde entonces, han aparecido montones de novelas, obras de teatro, microteatros, series y webseries de gente que ya estaba colocada en la rueda del audiovisual profesionalmente. Cosas que, igual no nos dan mucho dinero, pero sí puede darnos proyección y, sobre todo, pueden hacernos sentirnos más realizados. Laboralmente, los guionistas somos lo que producimos, para otros y para nosotros mismos.

La crisis también ha hecho que los guionistas nos unamos más en el sindicato ALMA, y que se haya aprobado la voluntad de entrar en un convenio que no nos deje en pañales frente a los abusos. También nos ha hecho más conscientes del valor de nuestro trabajo. Pero hay una cosa que aún nos queda por hacer: no permitir que esto vuelva a ocurrir.


LA CARTA DE BIENVENIDA

12 septiembre, 2012

Por Chico Santamano.

Querido Leopoldo González Echenique (nuevo Presidente de RTVE),
Querido Ignacio Corrales (nuevo Director de RTVE),
Queridos los dos,

…no soy un hombre de la casa, aunque he trabajado para ella, y desde mi modesta posición de guionista quiero daros la más sincera bienvenida al cargo. En serio, no me gustaría estar en vuestro lugar. Tenéis un marrón de los gordos y os deseo la mayor de las suertes.

Seguro que estaréis algo aturullados ante la perspectiva de abrir la puerta del despacho cada día y encontraros con esa multitud que pregunta “qué hay de lo mío”.

La verdad es que durante meses los profesionales del sector hemos vivido angustiados creyendo que RTVE no apostaría más por la ficción. Las torpes palabras del Ministro de Hacienda no calmaron precisamente los ánimos. Al menos ahora parece que se ha desbloqueado la salida de productos de la nevera.

¡Por fin se estrenó Isabel! ¡Y qué buen dato de audiencia! La Primera ha recuperado el brillo en el prime time con un producto de calidad del que sentirse orgullosa. Ha sido un soplo de optimismo que nos ha permitido pensar que no seríais capaces de dejar morir esta industria de la misma forma que Kate Winslet abandonó a su suerte a Leonardo di Caprio en Titanic.

Yo no sé mucho sobre gestión de cadenas. Pero a lo largo de los años que llevo currando como guionista he ido observando algunas cosas que lo mismo os es útil para manejar esta locura denominada “el Ente”. Voy a ejercer el papel del pobre iluso de oficina que cuando llega un nuevo jefe, libre de prejuicios y malos hábitos adquiridos, corre a venderles cuatro o cinco obviedades. Trivialidades que de verdad cree que harían mucho bien al funcionamiento interno de la oficina. Voy a ser un poco Dwight Schrute.

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PRIMERA OBVIEDAD. Entiendo que las series son caras. Lo son y algunas muy mucho. La mayoría de las productoras que trabajan para vosotros han accedido a rebajar presupuestos en los últimos años y posiblemente estarían dispuestas a renegociar aún más si con eso pueden seguir manteniendo su producto en antena y evitar que un centenar de familias se vaya a la calle.

Si las superestrellas (y todos sabemos de los protagonistas de qué superserie hablamos) no acceden a bajarse sus supercachés no sería ningún drama. Chapemos la serie de la misma manera que se ha hecho en USA toda la vida de Dios aunque estuvieran en pleno éxito de audiencia.  ¿El presupuesto se dispara? ¿La serie no es rentable? ¿Cargarnos a sus protas desvirtuaría el producto? Pues nada. Una serie dejará paso a otra más barata. Posiblemente a DOS más baratas. De esta forma la supervivencia estará garantizada. Y si aún así la ficción en general os sigue pareciendo un producto prohibitivo entonces tendremos que ir a por la segunda obviedad.

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SEGUNDA OBVIEDAD. ¡Coño, que vuelva la publicidad! Siendo una tele PÚBLICA la audiencia no debería importaros un pimiento, pero si os pica (con razón) el amor propio de no querer hundir el canal y os da miedo la bajada de share… no temáis. Telecinco tiene muchos anuncios y os supera en una cantidad considerable de franjas.

Si no queréis ser recordados como los tíos que trajeron de nuevo una invasión de anuncios a la parrilla, recuperadlos aunque sea sólo para el prime time. Con las tarifas por spot que se gastan en la hora de máxima audiencia, aliviaríais el coste de todo un capítulo con tan sólo un corte y un patrocinio bien puesto. Y si Vasile se enfada, que se enfade. Total… se enfada todo el rato.

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TERCERA OBVIEDAD. Las series de TVE viven un momento dorado. Cuéntame, Gran Reserva, Aguila Roja, Los Misterios de Laura, Amar en tiempos revueltos… no sólo tienen audiencias millonarias sino que cosechan premios y prestigio para la cadena y el país allá donde van. Las estanterías de Cuéntame tienen que haber sido reforzadas con cemento armado para soportar el peso de sus múltiples premios. Gran Reserva ha lucido en festivales más allá de nuestras fronteras con, entre otros, un premio de bronce en el Festival de Televisión de Nueva York y una nominación a mejor Drama en el de Seúl. La ya perdida Amar en tiempos revueltos (¡qué cojonacos habéis tenido, coño!) tuvo el honor de ser la primera serie española en emitirse en USA en español…

Estos reconocimientos, y muchos más, deberían hacernos entender que las series pueden ser rentables también en sus ventas internacionales. TVE es un maravilloso escaparate para un trabajo espléndido de cientos de profesionales y en el extranjero nos ven cada vez con mejores ojos. Si nuestras series tienen la suerte de hablar español al igual que 500 millones de personas en este santo planeta… ¿Por qué no sacamos más provecho económico de eso y vendemos como el Dios catódico manda nuestro producto?

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CUARTA OBVIEDAD. Nuestros capítulos son largos como un día sin pan. Cualquiera que haya tenido que ir a festivales internacionales a vender nuestras series sabe que ni el tato nos compra nada porque nuestro formato no encaja en sus parrillas. ¿Sitcoms de 60 minutos? ¿Dramas de 70/80 minutos? ¿Estamos locos? Vale que tengamos un prime time más largo que el resto. Vale que ya se hayan testado sitcoms de media hora y no han funcionado (claro, que… vaya series). Vale que si un capítulo acaba a las 22:50 no hay efecto arrastre y la gente huye a otras cadenas, pero a TVE eso debería importarle poco o nada. Repitamos esto una y otra vez:

“¿Somos una tele pública? SÍ. ¿Queremos gustar a la audiencia? SÍ. ¿La audiencia es lo primero? NO”.

Y si de verdad nos preocupa perder audiencia a las 22:50 pues poned otro capítulo de estreno, otro repetido o la enésima reposición de “Españoles por el mundo: Nueva York”. Las productoras que saben lo que es bueno para su producto quieren hacer capítulos más cortos y temporadas más largas, los guionistas soñamos con hacer capítulos con “duración yanki” y los actores se frotan las manos ante la perspectiva de cobrar por un capítulo de 45 minutos lo mismo que cobraban por uno de 80. Claro, ahí habrá que pararles los pies… como siempre. Y no se conseguirá… como siempre, también.

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Y QUINTA OBVIEDAD. La ficción española gusta. Hay una parte importante de la sociedad peleada con el cine español. De eso no hay duda, pero más allá de esa pelea hay ejemplos claros de profesionales, de ese y otros campos, que están viendo reconocido su esfuerzo y talento a través de sus productos.

A pequeña escala, la semana pasada laSexta3 programó cortos españoles en la sobremesa. El lunes empezaron con 45.000 espectadores. La audiencia no dejó de subir día tras día hasta alcanzar el viernes los 89.000 espectadores con el corto “G” de Diego Puertas. El cual aumentó en tres décimas el dato de esa misma franja una semana antes. ¿Qué hubiera pasado si el experimento se hubiera prorrogado durante unas semanas más? ¿Podría hacer TVE algo así? DEBERÍA.

Las citadas “Cuéntame” y “Gran Reserva” han visto cómo sus tramas eran susceptibles de múltiples remakes en otros países del mundo. También Albert Espinosa y sus “Pulseras rojas” hablan de tú a tú con Spielberg para producir la versión yanki.

“Gran Hotel” se ha vendido al mercado francés y ruso. Además de lograr CUATRO nominaciones (incluida mejor Drama) en los premios del Festival de Mónaco.

Es raro el año que no tenemos un español nominado a los Oscars y en la última década hemos tenido más nominaciones a mejor película de habla no inglesa que otras cinematografías más protegidas y prestigiosas.

Rodrigo Cortés, los hermanos Pastor, Nacho Vigalondo, Jaume Collet Serra, Javier Aguirresarrobe… multitud de profesionales españoles están ahora mismo bajo el objetivo de Hollywood.

Hace unos meses se anunció el remake de “Promoción Fantasma” por parte de la productora de Will Smith. Así como Paul Haggis pretende hacer lo mismo con “Celda 211”.

La “Blancanieves de Pablo Berger” y “Lo Imposible” de J.A. Bayona están cosechando ovaciones en el Festival de Toronto esta misma semana.

“Tadeo Jones” ha conseguido atravesar la difícil frontera de China y asegurarse allí su exhibición.

David Victori y su corto “La Culpa” se hizo con un premio de medio millón de dólares en el primer festival internacional de cortos de Youtube.

La mayoría de estos éxitos recientes habrían sido imposibles sin el apoyo del público, pero también sin el APOYO PÚBLICO. Sin instituciones que de una u otra forma consigan junto a los productores que esta maquinaria esté activa y sea rentable para todos. Para vosotros que exhibís nuestro trabajo, para nosotros que intentamos vivir cada de día de él y para el país en general y esa cosa llamada “MARCA ESPAÑA” en particular…

Que no sólo de Copas del Mundo y Zaras vive la imagen exterior de un país.

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Un abrazo y mucha suerte, Sr. Presidente y Sr. Director.


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