LA ESCRITURA SEGÚN VINCE GILLIGAN: LA QUÍMICA DEL CAMBIO

4 octubre, 2018

por Pedro de Mercader.

La semana pasada, Vince Gilligan acudió a Barcelona invitado por el Serielizados Fest y ofreció una masterclass en la facultad de Blanquerna moderada por Nacho Vigalondo y mantuvo un diálogo con el periodista Toni García Ramón. Después, Gilligan acudió a Madrid para conversar con la guionista Teresa de Rosendo, en un acto organizado por el sindicato ALMA. Bloguionistas tuvo el privilegio de poder acudir a ambas convocatorias. El domingo ya tuiteamos en directo la charla de Madrid, y hoy os traemos una crónica más detallada de lo que fue el paso por España del creador de Breaking Bad y Better Call Saul.

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Vince Gilligan durante la charla organizada por ALMA en Madrid. Fotografía de Natxo López.

Si algo me sorprendió de la figura de Vince Gilligan es su humildad y cercanía. Parece que ni él mismo sea consciente de las cotas que ha alcanzado. Asume el éxito con la mayor naturalidad. El autocontrol sobre su propio ego es insólito. Trata a sus compañeros con absoluto respeto. Es alguien de quien se puede aprender tanto en lo profesional como en lo personal.

Fue un constante goteo de información interesante. Aunque se puede poner un pero: tal vez no haya alcanzado la profundidad que me hubiese gustado. Pero es comprensible puesto que es un evento con vocación de llegar a todo tipo de público.

Gilligan comenzó la charla desgranando su trabajo en Expediente X. Se define a sí mismo como un fan que ha tenido la suerte de trabajar en la serie. Esta etapa duró 7 años. Fue su mayor escuela de guion. El nivel era muy exigente. “No hay nada en Breaking Bad que no hiciéramos antes de un modo u otro en Expediente X”. Trabajó de forma muy rápida ahí porque era una serie para una network. Eso trae consigo restricciones creativas y temporales.

Recuerda con especial cariño la temporada de 2001. Le encantó trabajar en el spin-off titulado Los Pistoleros Solitarios. A pesar de la prematura cancelación, es un trabajo del que se siente muy satisfecho. No sabe como sobrevivió ese año: no se desvinculó de Expediente X escribió 26 episodios (13 para la serie madre, y otros 13 para el spin-off).

Las circunstancias del formato episódico de Expediente X no les permitían construir muchas tramas horizontales. Gilligan se quedó con la idea de que no podía lidiar con las consecuencias de los actos de los personajes. Eso es algo que le causó cierto resquemor, algo en lo que quería profundizar. Gilligan recordó un episodio que escribió él mismo. Mulder tiene que matar a unas personas en su residencia. Al siguiente episodio el personaje está como si no hubiese sucedido nada. Eso no es orgánico. Si un personaje mata a otro, debe quedar destrozado moralmente. Es algo que no se puede negar si se quiere autenticidad.

Gilligan cree que vivimos en una edad de oro para la televisión. Si le das a elegir entre los dos medios, el showrunner escoge la televisión porque le permite hacer un estudio de personaje más prolongado. La única distinción respecto al cine es la duración. Eso se debe a la proliferación de las plataformas de VOD y los cambios de consumo. Esto ha permitido cambiar las clásicas estructuras argumentales de la televisión. Ya no hay por qué tener en cuenta la publicidad. Aún así, ellos siguen manteniendo el teaser y la estructura de cuatro actos en Breaking Bad y en Better Call Saul.

El grueso de la charla versó sobre su trabajo en Breaking Bad. Dentro de su writers room, Gilligan simplemente supervisa y ayuda a construir las historias. Las tramas las construyen entre todos los guionistas. El objetivo es llegar al punto en el que cualquier guionista podría escribir cualquier episodio. Es un equipo formado por seis o siete guionistas trabajando diez horas al día. Su mantra es “¿Qué quiere nuestro personaje en este momento?” Es una respuesta tediosa y muy complicada de responder. Pero invierten todo el tiempo que sea necesario hasta dar con la respuesta. Es un trabajo que requiere paciencia. Nunca hay que darse por satisfecho y lo último que quiere escuchar mientras buscan la respuesta es “esto ya es lo suficientemente bueno”. Emplean una pizarra entera y llena de notas por episodio. Tardan dos o tres semanas de trabajo intensivo en diseñar un episodio.

Previno respecto a las subtramas. No estaban acostumbrados a hacerlas en Expediente X. Comenzaron a probar en Breaking Bad. Construyeron una serie de subtramas. Se alejaban demasiado de la historia principal. Eran historias que no tenían nada que ver con Walter. El protagonista ni siquiera intervenía. No tenían mucho sentido, porque la historia de Breaking Bad se explica desde el punto de vista de Walter. En vez de sumar, lo que hacían las subtramas era que la serie fuera menos precisa. Eliminaron muchas al principio. Con el desarrollo de la serie perfilaron esta cuestión. Se hicieron más receptivos al respecto.

Gilligan se ve como alguien afortunado. Las productoras y cadenas quieren más inmediatez. Pero deben comprender que todo el tiempo y el dinero que inviertan dejando espacio a los guionistas, es dinero que luego se ahorrarán de lanzar un producto que tal vez no sea lo suficientemente bueno. Aplaude a Sony el hecho de que aceptaran que quisiera acabar la serie en el momento en el que comenzaban a rentabilizarla.

A su equipo de guionistas no le tiembla el pulso a la hora de meterse en terreno de dirección. Escriben descripciones de las escenas muy extensas. En ocasiones han podido llegar a las 14 páginas de descripción. Eso sienta mal a algunos directores. Entienden que se están metiendo en su terreno. Otros lo aceptan sin ninguna queja y aportan todo lo que pueden aportar.

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Gilligan habló de sus principales trabajos como guionista durante la charla. Fotografía de Natxo López.

No tuvieron miedo a la hora de tomar decisiones arriesgadas. Gilligan puso como ejemplos el episodio en el que Walter intenta recuperar la normalidad en su vida y La Mosca. Tremendamente complejos de escribir porque no tenían ningún esquema ni referente. Moira Walley-Beckett, la guionista de ambos episodios, estaba aterrorizada. Entre todos lograron afrontarlo.

Respecto al final, en un principio buscaron a toda costa la sorpresa. Pero llegaron a la conclusión de que era un error. Es más importante encontrar un final orgánico para la serie. Por ejemplo, en un principio se deleitaron matando a todos los personajes menos a Walter White. Pensaba que era un final irónico para una serie que empezaba con Walter anunciando que tenía un cáncer fatal. Pero después se dieron cuenta de que no estarían satisfechos ni ellos ni el público con ese cierre.

“No puedes ser rígido como guionista” es una idea en la que Gilligan hizo mucho hincapié. Es bueno tener un destino, pero hay que ser capaz de desviarse a carreteras secundarias. Encontrarás mejores vistas de las que te hubieses imaginado jamás. Y te las habrías perdido si te hubieses empecinado a seguir el plan inicial.

Eso es aplicable a los personajes. Su guía es hacer lo que los personajes quieren en todo momento. Es fundamental que todo en la serie sea orgánico y realista. Eso se consigue haciendo que los personajes tomen las riendas de la narrativa. Para ello hay que definirlos lo máximo posible. Dotarles de vida propia e identificarnos con ellos. Explica dos anécdotas personales para ejemplificarlo: él mismo sentía paranoia de que le fueran a pegar un tiro cada vez que un coche lo adelantaba. Creía estar en peligro en todo momento cuando escribía a Walter White. Escuchaba a Mulder y Scully discutir en su cabeza todas y cada una de las noches. Hay que sumar las experiencias personales que podamos proporcionar. Eso es lo que convierte a los personajes en seres humanos creíbles con los que el público se puede identificar. Las tramas se deben amoldar a los personajes.

En lugar de mirar hacia donde querían ir, miraban constantemente para atrás. Tomaban las decisiones en base a eso. Volviendo a ver los capítulos anteriores, mirando lo que ellos mismos habían construido, encontraban muchos indicativos de hacia dónde conducir la trama.

Volvió a explicar la historia de que tenían pensado matar a Jesse en la primera temporada, en el momento en que Walter ya estuviese en tratos directamente con los narcos. Fue la química entre los dos actores lo que hizo que cambiaran los planes. Hubiese sido un error desperdiciarla. Hay que ser receptivo con los desvíos y las potenciales aportaciones de cada uno de los miembros del equipo creativo. Es el esfuerzo colectivo lo que enriquece la creación. “La gente siempre me pregunta que cómo explico el éxito de Breaking Bad. Lo cierto es que no tengo ni idea”.

En el momento en que Gilligan pitcheó su idea a los ejecutivos de Sony ellos lo miraron como si estuviera loco. Quiso esmerarse con el piloto de cara a tener algo que pudiera presentar a la hora de buscar trabajo. No imaginó ni por un instante en lo que se iba a convertir. No encuentra explicación. Se autodefine como pesimista y algo psicótico. Está acostumbrado a convivir con el fracaso. Eso sí que se puede analizar y entender. ¿Pero del éxito? No sabe nada.

Respecto a la creación de Better Call Saul, Gilligan y su equipo tenían en mente lanzar una sitcom procedimental. En cada episodio viene un personaje distinto pidiendo ayuda al abogado. Saul se las ingenia para solucionarlo rompiendo la ley de forma creativa. Hubiese sido un camino. Pero no era el adecuado. Esta idea cayó por su propio peso. Ninguno sabía escribir comedias. Volvieron a pensar en los capítulos anteriores. Recordaron que el mismo Saul llegaba a decir en un episodio que Saul Goodman no era su nombre real. En realidad se llamaba Jimmy McGill. Comprendieron que Saul les estaba diciendo que aquella sitcom no era su historia. Que su historia era la de cómo Jimmy se convierte en Saul. La serie fue convirtiéndose en algo progresivamente dramático.

¿Qué es necesario para poder trabajar y prosperar en una sala de guionistas dirigida por él? En primer lugar, la actitud positiva. Es un trabajo muy duro y exigente. Es fundamental recordar que se hace porque uno así lo desea. Por otro lado, estar activo e intervenir. No aburrirse. No mirar a las ventanas. No sacar el móvil. Aportar a la historia y lanzar ideas. Gilligan es alguien que está dispuesto a escuchar y a valorar todas las ideas, por locas que sean. Refuerza la confianza en los guionistas. No quiere que estos se sientan intimidados. Quiere que lancen cualquier idea. Porque no se puede saber si la idea que se vaya a lanzar acabará siendo la clave para avanzar. Por último, tienes que ser un engranaje que contribuya al proceso de construcción de tramas. Hacer que avance en lugar de enrocarse o atascarse. Es indiferente lo bien o mal que escribas. Busca a alguien que logre dar la talla en esas exigencias.

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Vince Gilligan conversa con Teresa de Rosendo. Fotografía de Natxo López.

Gilligan niega cualquier atribución de autoría. Entiende que un pintor o un novelista sí son autores. En ese trabajo solo intervienen ellos mismos. Pero en el audiovisual han intervenido y aportado cientos de personas. Eso le ha conducido a terrenos inesperados que él solo jamás habría previsto. Y llevarse todo el mérito sería injusto.

Y eso es lo más destacado que nos dejó el paso de Gilligan en su paso por Barcelona. Para más información, os invitamos a leer el minucioso análisis que hizo en su día Carlos López de Ozymandias, El mejor episodio de Breaking Bad.

Bonus track 1: Gilligan confesó que, tras diez horas de extenuante trabajo, lo último que quiere es llegar a casa y ver alguna serie. Consume mucha telebasura. También algunas series clásicas como La dimensión desconocida o The Honeymooners.

Bonus track 2: Está escribiendo una miniserie de seis episodios para la HBO. Es la adaptación de Raven, el libro de Tim Reiterman y John Jacobs. Gira alrededor de la figura del reverendo Jim Jones. Aunque va más lento de lo que le gustaría.

Bonus track 3: Nos adelantó que en el episodio de esta semana de Better Call Saul aparecerá Walter White y se descubrirá que es un robot. Puede que esto último sea mentira.

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Con la colaboración del sindicato ALMA

 


KEN LEVINE: SIEMPRE SUPONDRÁS MAL

8 noviembre, 2016

El guionista norteamericano Ken Levine (Cheers, M.A.S.H., Frasier) publica desde hace años un blog donde actualiza prácticamente a diario, muchas veces con anécdotas interesantísimas sobre sus experiencias en la profesión.  A continuación, os ofrecemos la traducción al castellano de uno de sus artículos.


YOU’LL ALWAYS GUESS WRONG

(Siempre supondrás mal)

Texto original de Ken Levine. Traducción de Nico Domínguez.

Hay algunos guionistas con un talento innato y sorprendentemente prolíficos. David E. Kelley, Aaron Sorkin y Matthew Weiner pueden perfectamente escribir ellos solos una temporada entera de una serie de televisión. Yo no sé cómo lo hacen. Si yo intentara una cosa así, escribiría los últimos capítulos desde la UVI.

Asimismo, también hay showrunners muy ávidos que reescriben por completo cada uno de los guiones que llegan a su mesa.

Si alguno de estos guionistas te asigna un trabajo, tendrías que tener mucha suerte para que algo de lo que has escrito aguante sin modificaciones todo el camino hasta la pantalla. Y esto no se debe a que ellos reescriban todo, sino porque probablemente tú habrás entregado un mal borrador.

¿Por qué? Porque en lugar de pensar “¿Qué diría el personaje?” probablemente estarás pensando “¿Qué querría el showrunner que dijese el personaje?” Pero bueno, es natural intentar complacer a tu jefe. Sin embargo, haciendo esto estás cayendo en una terrible trampa. Porque te lo aseguro, siempre vas a suponer mal. No puedes meterte en la mente de Aaron Sorkin. Ni de Matt Weiner. Ni siquiera en la mía.

Hay una gran diferencia entre escribir el personaje de otra persona y copiar directamente su estilo de escribir. Para que tu guión sea bueno tienes que darle algo tuyo, por lo tanto: ¿qué puedes darle tú?

Hazlo lo mejor que puedas, y si te lo van a reescribir, pues que así sea. Estas son las cosas de tu guión que probablemente lleguen a la pantalla: los momentos o líneas donde el showrunner diga “¡Vaya! ¿Por qué no se me ocurrió a mí?”

No seas un simple imitador. Como dice James L. Brooks “En algún momento vas a tener que ser un escritor”. Confía en ti mismo y quizás algún día alguien estará intentando imaginarse lo que escribirías tú.


La versión original del artículo la podéis encontrar en este enlace: http://kenlevine.blogspot.com.es/2016/06/youll-always-guess-wrong.html


CINCO ENTRADAS GRATIS PARA VER A HAGAI LEVI

6 abril, 2015

por Sergio Barrejón.

El año pasado, Greg Daniels (Parks and Recreation, The Office) y los Jacquemetton (Mad Men). En 2015, el Sindicato ALMA vuelve a organizar una masterclass con un reconocido showrunner internacional: Hagai Levi (In Treatment, The Affair).

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Será en Madrid (sitio por confirmar) el 18 de Abril, con un precio de 20€ para socios de ALMA y de 50€ para no socios. Y como en otras ocasiones, Bloguionistas sortea entre sus lectores cinco entradas gratis.

Participar es tan sencillo como rellenar este formulario:

(Participar en esta promoción supone que has leído y aceptas lo que se dice en nuestro disclaimer sobre Protección de Datos personales.)

Tenéis de plazo para concursar hasta las 23:59 del próximo domingo 12 de abril. Los formularios recibidos después de ese momento no serán atendidos. Lamentablemente, no podremos contestar a todos los concursantes. Sólo nos pondremos en contacto con las cinco ganadoras. Sus nombres serán publicados en el Twitter de Bloguionistas y quizá también aquí, en el blog.

Muchas gracias a ALMA por ofrecernos esta oportunidad. Nos vemos el 18 de Abril en Madrid.


FIRMAS INVITADAS: EL SHOWRUNNER Y SU TÍA MATILDE

12 marzo, 2013

Nacho Faerna (Madrid, 1967) es guionista de televisión desde hace veinte años (“Inocente, Inocente”, “El Súper”, “Amar en tiempos revueltos”…) y más recientemente también productor ejecutivo de series (“El Comisario”, “La Fuga”) y miniseries (“La piel azul”, “El asesinato de Carrero Blanco”). También ha publicado dos novelas (“Quieto”, “Bendita democracia americana”) y un cuento infantil (“Olvídate de subir a los árboles”). Actualmente, es director del departamento de Ficción de la productora Shine Iberia.

El showrunner y su tía Matilde

Pasado mañana doy una charla a los alumnos de la Escuela de Guión de Madrid sobre el papel del guionista como productor ejecutivo en la televisión española. Quiero aprovechar la hospitalidad de Bloguionistas (muchísimas gracias, compañeros) para, desde mi experiencia personal, hacer unas reflexiones previas sobre el asunto.

Yo no me convertí en guionista/productor ejecutivo por casualidad; lo busqué. Tenía dos objetivos: participar del proceso creativo más allá de la escritura y poner en marcha mis propios proyectos. No fue fácil. El modelo imperante en España, o bien heredaba del cine la hegemonía del director, o bien hederaba del cine la hegemonía del productor. Poco a poco, sin embargo, se ha ido haciendo hueco en nuestra industria una figura propia del modelo televisivo americano, lo que allí llaman el “showrunner” –el responsable creativo de la producción–, que habitualmente es un guionista (ahora sólo faltaría importar el resto del modelo).

El primero de los dos objetivos (participar del proceso creativo más allá del guión) supone en mi caso la fuente principal de alegrías en este trabajo. Siempre es agradable conocer gente. Gente que no sean guionistas, se entiende, para hablar de cosas que no tengan que ver con nuestro oficio. Porque hay un mundo ahí afuera, más allá de los teclados. Desconozco el motivo por el cual en nuestro gremio somos tan aficionados al ombliguismo. No hay más que echar un vistazo a buena parte de las (por lo demás brillantes) entradas de este blog: Certezas que hay que recordarse para ser un guionista feliz, se titula una de las últimas; La vida de un guionista de televisión en 24 gifs es otra reciente. ¿Qué nos pasa, doctor? Nos pasa que padecemos un agudísimo síndrome de ensimismamiento. Somos una patética mezcla de Hamlet y Calimero.

HAMLET-CALIMERO OK

A menudo me pregunto por qué no se plantean estas mismas cuestiones corporativo-existenciales los directores de fotografía, los maquilladores, los montadores, los técnicos de sonido… Yo creo que es porque los guionistas pasamos demasiado tiempo solos o en compañía de otros guionistas. Un par de semanas abriendo el rodaje, compartiendo bocadillo con los eléctricos e intentando ligar con la de vestuario y se acabó tanto cascarón y tanto “ser o no ser”. Mano de santo.

El segundo de los objetivos (poner en marcha tus propios proyectos) no siempre resulta tan gratificante. A veces, sobre todo al principio, te ves obligado a trabajar en proyectos que no has creado. Muy frecuentemente (y estoy siendo optimista) no consigues vender los proyectos que te gustaría hacer, al menos no tal como te gustaría hacerlos. La ficción televisiva en España, salvo contadísimas excepciones, se produce para cadenas generalistas, lo que impone unas limitaciones argumentales, de tono, de género, de formato, que condicionan absolutamente el contenido y las características de las series. Cuando logras vender un proyecto (y eso es muy, muy, muy difícil), lo más probable es que durante el proceso de desarrollo se vayan limando, si no eliminando, gran parte de los elementos que lo convertían en algo atractivo para ti. No es culpa de nadie, es fruto de la lógica adaptación a un mercado muy amplio, nada especializado.

Yo comparo el trabajo del guionista de televisión con el de un sastre. No somos diseñadores de moda creando con libertad vestidos que luego lucen macizas top model en la pasarela. Cosemos para un cliente, que además escoge la tela, los botones y el corte. Y el cliente no es una top model, se parece más a tu tía Matilde. Lo ideal sería que el cliente confiara en nuestro criterio y se convenciera de que lo que le proponemos le va a favorecer, que va a deslumbrar en la boda de su mejor amiga, a conseguir el empleo en la entrevista de trabajo (o en nuestro caso, que va a hacer un gran dato de audiencia). Pero la tía Matilde, que no digo que no sea un encanto, es por definición conservadora. Cuesta mucho que se arriesgue.

MATILDE - NO MATILDE

Aconsejo a los guionistas que quieran ponerle capuchas y un lazo de horca alrededor del cuello a sus creaciones que no escriban televisión. Tampoco cine. Para eso inventó Dios la novela. Al contrario que la escritura dramática, la narrativa no necesita presupuestos ni planes de rodaje. Sí, hay un cliente en algún lado, pero le puedes poner la cara que tú quieras y hasta encapucharlo si te da por ahí. Escribir una novela, o cuentos, es algo que recomiendo vivamente a cualquier guionista. Eso y adoptar un perro; los largos paseos retrasan el momento de sentarte a escribir, respiras aire puro, haces ejercicio y agacharte a recoger la mierda de tu mejor amigo te prepara para encajar con humildad el más ingrato de los informes de lectura. Pero, volviendo a la narrativa, escribir libre de las servidumbres propias de la estructura dramática y de las limitaciones de la producción resulta terapéutico. Mirad si no el arranque de mi segunda novela:

“Al otro lado de la ventana, doce pisos más abajo, miles de personas bailaban a ritmo de samba, empapados en sudor y cachaça, dispuestos a enterrar el año 2000 en la arena de Copacabana y a incendiar el cielo del Redentor con la pólvora de los fuegos artificiales.”

Desglósame eso: billetes de avión a Río, alojamiento y dietas para todo el equipo, un par de miles de figurantes (los demás los duplicamos digitalmente) y cohetes y petardos como para la Nit del Foc. El presupuesto de toda una miniserie en cuarenta y ocho palabras. Y sólo es la primera frase.

Eso sí, si queréis tener tiempo para escribir, no digo ya una novela, un relato corto, no os hagáis productores ejecutivos. Desde que desempeño ese papel no he conseguido terminar ni un haiku. Tampoco penséis que vais a ganar mucho más dinero que como guionistas a secas (como guionistas a secas con trabajo, quiero decir). Es posible que ganéis incluso menos y por descontado trabajaréis muchas más horas. Lo de la narrativa (y lo del perro también, advierto) es incompatible con la producción ejecutiva. Digo que ganaréis menos dinero porque normalmente no podréis escribir nada más que para la productora para la que desarrolléis proyectos. A cambio, tendréis mayor estabilidad laboral (entendida la misma como regularidad en los ingresos y seguridad contractual). Normalmente, el guionista/productor ejecutivo está en plantilla y esto supone exclusividad; es decir, imposibilita seguir siendo guionista a secas.

Conclusión: si lo que más valoras de ser guionista es la libertad de horarios, trabajar en casa, tener perro y pasearlo, llevar un blog (yo alimento el mío a razón de un post por cuatrimestre) y compatibilizar los encargos con proyectos más personales, entonces no te hagas productor ejecutivo. Si, por el contrario, sueñas con ser el próximo Vince Gilligan y vender a una cadena LA SERIE, ésa que refleje tu profundo conocimiento del género humano y sus miserias, entonces sigue soñando. No lo digo con ironía: sigue soñando. Tarde o temprano se dará la conjunción planetaria que favorezca la aparición en España de una serie como las que todos amamos, y será más fácil que te toque a ti hacerla si estás en el lugar adecuado en el momento preciso.

Pero en cualquiera de los casos, elijas ser guionista a secas o además productor ejecutivo, si quieres vivir de esto tendrás que trabajar dentro de la industria, para cadenas generalistas, en proyectos cuyos capítulos durarán setenta minutos y en los que inevitablemente, da igual que sea una serie policíaca, histórica, una comedia o un drama, todo acabará girando siempre en torno a UNA GRAN HISTORIA DE AMOR. Luchar contra eso es inútil. Si en los últimos tiempos ha mejorado (y mucho) la calidad de la ficción televisiva española es porque algunos han comprendido que hay que jugar (bien) con las cartas que hay sobre la mesa, a favor de obra.

Tu tía Matilde puede que no acabe de verse con la capucha y la soga al cuello, ni siquiera con el sobrio vestido de noche que has diseñado para ella y que tan bien le sentaría, y prefiera que le copies el conjunto que ha visto lucir a no sé qué actriz de Hollywood en la alfombra roja. No trates de explicarle que ella pesa quince kilos más que la star y que esa caída tan fabulosa que se aprecia en la foto del ¡Hola! sólo se consigue con una seda en concreto que produce una variedad de gusano en vías de extinción, y no con el poliéster que entra dentro de su presupuesto. No pierdas el tiempo. Haz lo que sabes hacer: cose. Que tu tía Matilde quede contenta y nadie pueda decir que su vestido no está bien rematado.

El secreto del éxito es que te guste tu oficio, que disfrutes con él, independientemente del proyecto; que conviertas el encargo en una oportunidad para mejorar tu técnica, para seguir aprendiendo. Porque si disfrutas escribiendo, aunque no sea LA SERIE, lo harás bien, tendrás trabajo, seguirás soñando, y un día, quizá no muy lejano, quién sabe… “Disfrutar” y “frustrarte” comparten muchas letras; de que conjugues uno u otro verbo dependerá tu futuro en este negocio.

 PLEASURE

Termino con una frase de Charles Eames –arquitecto, diseñador, cineasta, un genio– que tengo colgada en mi despacho: “Tómate tus placeres en serio.” No sé si tiene mucho que ver con todo lo anterior (yo creo que sí), pero es que ya digo que la tengo siempre ahí delante y cada vez que la leo (una media de dos mil veces al día) me golpea con su lucidez, por lo que he pensado que compartiéndola me aseguro de cerrar mi reflexión con una útil y sabia observación, aunque sea prestada.


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