ADAPTADO

22 febrero, 2011

David Muñoz

En este foro ya he hablado varias veces de adaptaciones literarias al cine.

Y justo ahora estoy viviendo una experiencia relacionada con este tema que me está resultando muy interesante. Desde hace unos meses, me encuentro “al otro lado”. O sea, me están adaptando a mí.

En 2009 se publicó este cómic con guión mío y dibujos de Rayco Pulido:

El planteamiento de la historia muy sencillo: tras la Guerra Civil Española, un maquis se queda sordo tras una explosión accidental y tiene que arreglárselas para sobrevivir en el monte durante el invierno. Pasan muchas más cosas, claro, pero tampoco es plan de destripar todo el argumento.

La cuestión es que más o menos hace seis meses se puso en marcha el (espero que no demasiado largo) proceso que podría terminar dando lugar a un largometraje basado en Sordo. Aunque no sé si es exacto decir que me están adaptando, porque la idea es que yo también acabe firmando el guión de la película, pero al menos durante la primera fase del desarrollo eso es exactamente lo que ha ocurrido. Como tiene muchas ganas de arrancar de una vez (llevamos meses al ralentí por temas de contratos) el director decidió escribir un primer borrador del tratamiento por su cuenta antes siquiera de terminar de cerrarlo todo. Y a mí me pareció una idea estupenda que lo hiciera. Habiendo escrito la historia original en la que debe basarse la película, me resulta muy difícil imaginarla de otra manera y no veía clara la manera de hincarle el diente para “convertirla” en cine.

A pesar de que Sordo es un cómic bastante adaptable (tiene un protagonista con un objetivo claro que hace cosas para conseguirlo, y una trama con sus actos y esas cosas), no podría trasladarse al cine tal cual. Primero, porque hay un par de escenas que costarían todo lo que debe costar la película entera y hay que encontrar equivalentes baratos. Pero también porque rodado viñeta a viñeta al estilo 300, el cómic daría lugar a un “largometraje” de sólo unos 60 minutos (¡y no es plan de mostrar al protagonista cazando conejos a cámara lenta para rellenar!). Para funcionar como película, Sordo debe “crecer” y transformarse en otra cosa.

Un momento que dudo que llegue a estar en la película.

Ah, hay algo importante que no he contado aún: Sordo es un cómic mudo. Apenas tiene dos o tres folios de diálogos. Y la idea es que la película también sea así. Eso plantea muchas posibilidades desde el punto de vista visual. Pero de caer en manos de un director que no sepa cómo contarla correctamente también puede dar lugar a una película árida, aburrida e incomprensible. Quizá eso es lo que más me preocupa de todo: que en vez de un Jeremiah Johnson minimalista a la española, acabemos haciendo un peñazo solo acto para festivales.

Afortunadamente, después de leer el tratamiento creo que eso no va a ocurrir. La película que quiere rodar el director a partir de nuestro cómic funciona muy bien como largometraje y, sin ser una adaptación totalmente fiel, cuenta la misma historia y lo hace respetando algo muy importante para mí: su tono y la intención que subyace debajo de todo lo que se narra.

Se lo he oído decir muchas veces a escritores (incluso a alguno al que yo he adaptado) y a veces he llegado a pensar que se trataba solamente de una fórmula de cortesía para salir del paso, pero ahora veo que es cierto: cuando te adaptan, los detalles no son tan importantes. Da igual que en el guión de la película falte una escena u otra, por mucho que te gusten. Al fin al cabo, los guionistas y los novelistas nos pasamos la vida apretando la tecla “Supr” y reescribiendo escenas que hasta ayer nos encantaban pero hoy de pronto nos parecen el horror. Lo que sí importa es que sientas que esa siga siendo tu historia.

Lo que peor me sentaría con “Sordo” es que el pesimismo del cómic desapareciera para dar lugar a otra historia del popular género “si quieres, puedes”. En ese sentido, los minutos finales, como en cualquier historia, son cruciales. Al igual que en la mayoría de los largometrajes, revelan el sentido último de lo que se ha contado. Forzar un final feliz haría que todo lo que ha ocurrido anteriormente careciera de sentido. Pero no, el final está ahí, y también la historia que quería contar. Además, como sospechaba, al ver la historia con algo más de distancia de la que puedo permitirme yo, el director se ha permitido cambiar cosas que mejoran el argumento original y ha añadido infinidad de detalles que le dan una personalidad fílmica más rotunda.

Eso sí, me ha resultado también bastante curioso ver cómo en el tratamiento se mezcla mi forma de ver las cosas con la del director. De alguna manera, soy yo visto a través de él (o más bien, somos yo y el dibujante, Rayco Pulido, ya que él también aportó muchas cosas al cómic a nivel narrativo). Lo más desconcertante es que el resultado de ese “trío” virtual es bastante coherente. Así que de momento estoy encantando.

Obviamente, todavía queda mucho trabajo por hacer, y en el tratamiento hay cosas que pueden mejorarse (como en todos), pero es un excelente punto de partida. Apetece mucho ponerse ya con el guión y todavía más verlo rodado.

Un boceto de Rayco para una escena que no aparece así en el álbum

Viendo cómo se siente uno cuando le adaptan, me alegro más que nunca de haber tratado de ser lo más respetuoso posible con el material que he tenido que adaptar yo. La verdad es que nunca he entendido porqué algunos productores compran ciertas novelas cuando saben que lo único que van a poder conservar de ellas es un par de ideas (y a veces ni eso). En algunas ocasiones le veo un sentido comercial –si coges una novela de Philip K. Dick por Ej. (luego, el resultado puede ser Blade Runner, pero también Paycheck…). Pero en la mayor parte de los casos el autor no es tan popular como para que el productor pueda suponer que el hecho de que su nombre aparezca en el cartel va a llevar a gente a los cines.

Además, como autor adaptado de aquí, hay otro factor a tener en cuenta: el dinero que se paga en España por los derechos de una novela o de un cómic no te cambia precisamente la vida. Como mucho, te puede valer para estar un poco más tranquilo dos o tres meses (y en la mayor parte de los casos, como este, ni eso). De modo que si no voy a poder comprarme una casa, espero que por lo menos cuando me siente en el cine a ver la película no se me caiga la cara de vergüenza al ver mi nombre en los créditos.

De hecho, lo que espero es sentirme orgulloso. Y de momento, parece que va a ser así.

Ya os contaré dentro de unos meses.


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