“TIEMPO COMPARTIDO ES UNA ENSALADA CON MUCHO ADEREZO, PASAMOS MUCHO TIEMPO LIMPIANDO LAS LEGUMBRES ANTES DE SERVIRLA”

17 enero, 2019

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea.

Tiempo Compartido es la última película escrita por los mexicanos Sebastián Hofmann y Julio Chavezmontes. El film, que llega tras la colaboración de ambos en el guión de Halley, se ha hecho con el galardón a Mejor Guión en la última edición de Sundance. Hemos tenido la suerte de poder hablar con ambos escritores para reflexionar sobre las bases de un guión complejo, donde abundan las diferentes tramas de varios personajes y la hibridación de géneros, y sobre los motivos que, a su juicio, pueden explicar el gran momento que vive el cine mexicano.

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Hofmann y Chavezmontes, durante el rodaje de Tiempo Compartido

¿Qué fue primero en el guión de Tiempo Compartido? ¿La historia de amor, el turbio funcionamiento interno de las agencias responsables de coordinar un hotel? En otra palabras, ¿de dónde surge la idea de escribir Tiempo Compartido?

SH: Después del divorcio de mis padres, mi madre adquirió un trabajo vendiendo tiempos compartidos para la cadena hotelera americana Sheraton en Puerto Vallarta. Viví un año entero en un gran hotel cuando tenía 8 años. Siempre quise basar una película dentro de ese universo, el cual encuentro tanto cómico como tétrico. Es allí donde vive la película.

¿Por qué esta historia y no otra? Es decir, ¿qué hay en Tiempo Compartido que os haya obsesionado hasta el punto de convertirlo en un largometraje?

SH: Julio se emociono con las posibilidades creativas de escribir una historia que suceda en una sola locación. Las películas que suceden dentro de un hotel son casi un genero en sí mismo. Yo no sabía qué película terminaría siendo, pero quería explorar la comedia con actores cómicos. La locación o el ‘setting’ se prestaba mucho para escribir una comedia de situaciones y el contexto del la historia era ideal para plantear los matices de terror.

JC: En lo personal, lo que me motiva a escribir es la necesidad de expresar una sensación profunda que no sé definir, y que sólo cobra sentido y forma al ser plasmado en una página. Entonces, lo que me enamoró de Tiempo Compartido en un inicio fue la posibilidad de explorar la enorme desilusión de unos personajes fracturados, que no tienen cabida en los engañosos paraísos que desean habitar: el consumismo desenfrenado de un all-inclusive; los trabajos corporativos, los roles de género tradicionales, etc. La historia es un producto de esta exploración, y es importante como punto de entrada para el espectador, pero no es lo que me enamora.

Algo interesante es que Tiempo Compartido es una película que mezcla distintos géneros (hay comedia, pero también drama e incluso algo de thriller) y diferentes temáticas (como decíamos antes, las relaciones de pareja que se hunden, la obsesión y dedicación de algunos trabajos que pueden llegar a parecer sectas). ¿Cómo fue el proceso de elaboración de un guión con tanta complejidad y cómo conseguisteis el equilibrio entre los distintos elementos?

SH: Yo pienso mas en imágenes y Julio me ayuda a darles estructura dramática. Creo que sin duda pasamos tanto tiempo buscando financiamiento para la película que durante esos años debimos escribir una docena de versiones. Conforme reescribíamos el guion se volvía mas complejo. Tanto Julio como yo empezamos a plasmar preocupaciones personales en la trama. Con cada versión los temas se volvían mas claros. Tiempo Compartido es una ensalada con mucho aderezo, pasamos mucho tiempo limpiando las legumbres antes de servirla. En cuanto a la mezcla de géneros, pues yo nunca he escrito algo sabiendo el género, no pienso así, de hecho, ninguna de mis películas, desde mis ejercicios de escuela han pertenecido a un ‘género’. La vida es un collage.

JC: Cuando empezamos a escribir, lo hicimos con libertad absoluta. Nunca pensamos en posicionar la película dentro de un género establecido, o apegarnos a las reglas convencionales de un guión cinematográfico. Dejamos que nuestras inquietudes le dieran forma al texto, y confiamos en que funcionaría, sin la más mínima certeza que sería así. Nuestra colaboración funciona porque entendemos que hacer una película sólo merece la pena si es un salto al vacío. Es la única forma de expresar algo nuevo

¿Tuvisteis algún o algunos referentes (literario, audiovisual) en el que os fijarais

SH: Para mí fueron muchas películas de terror ochenteras. Clásicos como Poltergeist o The Thing.  Por supuesto no puedes escribir una película donde el patriarca de la familia se vuelve loco encerrado en un gran hotel sin volver a El Resplandor, la versión de Kubrick. Julio siempre pensó que si le quitas los elementos fantasmagóricos se vuelve algo mas interesante.

JC: A diferencia de Halley, traté de no pensar mucho en referencias literarias. Tiempo Compartido fue una búsqueda mucho más intuitiva. Ahora, hubo textos que me fueron de gran ayuda, como los ensayos sobre el postmodernismo de Fredric Jameson, White Noise de Don Delillo, y El Castillo de Kafka. Pero en general, traté de leer libros que no tuvieran nada que ver con el guión de Tiempo Compartido mientras escribía, para darme una especie de respiro, o contrapunto.

Uno de los aciertos del guión viene de la decisión de contar en off algunos elementos determinantes para la construcción de los personajes. Pueden servir de ejemplo la enfermedad de Eva o la muerte del hijo de Andrés; se deducen por algunos detalles del guión pero no se sobreexplican. ¿Cuánto escribisteis de más (perfil de los personajes, background de la historia) que no aparece en el guión para conseguir este tipo de situaciones?

SH: En las primeras versiones los elementos del pasado de los personajes eran mucho mas obvios y evidentes. Conforme fuimos avanzando en la escritura nos dimos cuenta que no era necesario explicar con lujo de detalle el origen de sus traumas, si no que era más interesante plantear que  ambas familias cargan con mucho bagaje emocional y que así arrancara el primer acto. Nos pareció una forma mas sofisticada de narrar la historia.

Otro de los puntos fuertes del guión es la facilidad con la que el espectador puede empatizar con los distintos personajes y entender sus motivaciones, por qué hacen o dejan de hacer lo que hacen. En este aspecto, resulta complicado hablar de protagonistas o antagonistas, sino que, más bien, parece que estamos ante diferentes puntos de vista de un conflicto compartido. ¿Cómo fue el proceso de construcción de los personajes para poder conseguirlo?

SH: Para mí el mayor reto sin duda, tanto en escritura, en rodaje y luego en montaje fue tener tantos personajes en la historia. Cada uno es un universo complejo, lleno de matices e idiosincrasias. Probamos muchas maneras de pasar de una historia paralela a otra, tomando en cuenta factores cronológicos como la hora del día y el momento en la historia. Tratando siempre de avanzar la trama hacia adelante de una forma eficaz.  Julio y yo plantamos la semilla de los personajes y creo que fue con los actores que realmente me di la tarea de explorarlos, de encontrarlos, de darles fuerza vital. ¡Fue un trabajo en equipo con ellos, por supuesto!

JC: Para mí es muy importante entender las creencias de un personaje desde su punto de vista, y no el mío. Un profesor en la universidad me enseñó que al debatir, hay que enfrentarse al punto más contundente de un adversario, y me llevé esa idea a la ficción. Por ejemplo, cuando escribí los diálogos de Tom, lo hice sin la más mínima ironía. Me tomé totalmente en serio su filosofía de vida, por repelente que me parezca en la vida real. El resultado, a mi parecer, no es una crítica, sino un retrato, que le permite al espectador formular su propio punto de vista. Para mí, esto es mucho más importante que lo que yo, Julio, pueda pensar sobre el personaje y sus creencias.  

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También se puede intuir que al personaje de Miguel Rodarte tuvisteis que dedicarle mucha atención para encontrar el balance entre la cordura y la locura en la que parece manejarse gran parte de la historia. ¿Sufrió muchos cambios desde el primer planteamiento este personaje?

SH: Andrés, su esposa Gloria y su hijo al que nunca conocemos fueron los primeros personajes que imaginé cuando pensé en la historia. Escribir sobre la pérdida de un hijo es un terreno muy delicado que tratamos de abarcar con respeto. Para mí mas allá de querer profundizar en el tema, pensé ‘qué es lo peor que te podría pasar en la vida y que después tengas que volver a trabajar a un empleo donde se te obligue a sonreír’. Miguel Rodarte también fue el primer actor que tuve en mente para la película. Trabajamos juntos muchos años en el desarrollo del personaje. El actor se entregó totalmente. Se murió para hacer esta película.

El film deja la sensación de que el guión dejaba espacio para las ideas que pudieran surgir durante el rodaje. A nivel narrativo, ¿surgió algo importante durante el rodaje?

SH: El guión se escribe en tres partes; en papel, en el set y en montaje. Me gusta tener espacio para maniobrar y aprovechar las exquisitas oportunidades creativas en rodaje. Siempre estoy abierto a dejar ser a los accidentes, la improvisación con actores o tal vez alguna divina sugerencia del equipo creativo. Finalmente el cine es un medio colaborativo, esa es su mayor virtud. En el caso de Tiempo Compartido, se nos fue un actor en pleno rodaje, lo cual es una situación muy difícil, sin embargo rescribimos sus secuencias para otra actriz que resultó ser una revelación en el set y la película mejoró muchísimo gracias a este suceso.

Es indudable que la película goza de una estética visual muy marcada. ¿Dicha estética ya venía marcada o esbozada desde el guión?

SH: Cuando escribimos no sabíamos en que hotel del mundo filmaríamos la película. Aunque ambos, Julio y yo conocemos desde niños el mítico hotel Princess de Acapulco, aún no sabíamos si podíamos filmar allí pero sin duda era nuestro sueño. Cuando tuvimos confirmación me fui a hospedar varios días con el fotógrafo y el director de arte. Allí empezamos a diseñar la estética y los fotogramas que terminaron siendo la película.

JC: Para mí, el guión es una obra forzosamente inconclusa, cuyo fin es darle el sustento necesario a la que será la obra completa: la película. De lo contrario, sería una obra literaria, y no habría necesidad de filmarla. Yo juzgo el éxito del guión por todo lo que aparece en pantalla que no contemplamos al momento de escribir. Eso me habla de que dio el espacio necesario para que todos nuestros colaboradores aportaran su creatividad y visión, bajo la dirección de Sebastián. Como ocurrió en Halley, mis escenas favoritas de la película fueron justo aquellas que se inventaron en set. 

Resulta interesante destacar que sois dos guionistas. ¿La escritura del guión se  vio favorecida por contar con dos puntos de vista?

SH: En mi caso me parece vital tener con quién rebotar ideas. Dos cabezas piensan mejor que una sin duda y finalmente Julio confía en mis decisiones como director. No se apega con celo a sus palabras, personajes o ideas. Una vez que la historia esta aterrizada me anima a jugar con el equipo creativo.

JC: Lo que funciona es que ninguno de los dos está empecinado en un punto de vista, sino en colaborar para lograr algo que vaya más allá de lo que imaginamos. En mi caso, siempre que damos por cerrado el guión, le digo a Sebastián que se sienta en total libertad de cambiar, descartar, retocar, absolutamente todo. Esa transformación del material es lo que me resulta más emocionante.

Pregunta obligada, pero que sabemos que la respuesta no es fácil. A vuestro juicio, y tras haber ganado el premio especial del jurado a Mejor Guión en Sundance, ¿qué creéis que tenía de diferenciador vuestro guión para conseguirlo?

SH: Como siempre el jurado es clave en el factor ‘suerte’ que hay detrás de ganar un premio dentro de una competencia tan competitiva y subjetiva. Ruben Ostlund, el gran director sueco fue presidente del jurado ese año en Sundance. Para nuestra fortuna, ambos tenemos el mismo retorcido sentido del humor.

JC: Como dice Sebastián, los premios son finalmente subjetivos, y hay que entenderlos así. Nunca pensamos que nuestro guión fuera superior al de los colegas que estuvieron en competencia con nosotros en Sundance – todas, por cierto, extraordinarias películas. De hecho, nosotros distribuimos Loveling en México.

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Otra pregunta complicada. Vosotros en Sundance, Cuarón en Venecia, Ruizpalacios en Berlín, Del Toro en los Óscar… ¿qué tienen las historias de esta generación de cineastas mexicanos para que copen los grandes festivales y galardones a nivel mundial?

SH: México atraviesa una crisis social y humanitaria. Tenemos ya casi dos décadas viviendo  una guerra civil que nos ha alterado profundamente. Se dice que las orquídeas mas bellas y raras nacen en los pantanos oscuros. Siempre que una civilización atraviesa un cierto oscurantismo se generan obras de arte interesantes y sobre todo relevantes.

JC: Hay sin duda un factor cultural. México es un país con una riqueza visual indescriptible, y una gran tradición artística que la ha minado con mucho éxito en diferentes disciplinas. Pero lo mismo se puede decir de otros países. Para mí, el factor diferencial es de política pública. México dispone de muchísimos recursos para la producción cinematográfica independiente, que nos permite hacer películas de forma ininterrumpida. Aunque el dinero siempre es un problema, no es un obstáculo infranqueable, gracias al abundante financiamiento público para el cine. Esto ha permitido que se desarrolle una generación de cineastas extraordinarios. Estoy seguro que pasaría lo mismo en otros países si se implementara un modelo similar al mexicano

 


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