¿A QUIÉN ADMIRAR? ¡LOS SUFRIDORES!

24 diciembre, 2014

rambo.

Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Cuando empiezas en esto del “mundillo del espectáculo” sueñas con alcanzar la cima: ser el nuevo Spielberg, el nuevo Burton, el nuevo Tarantino. También sueñas con codearte con tus actores más admirados, tus directores más venerados… o con ser entrevistado en tus programas favoritos.

Me viene un recuerdo a la cabeza mientras escribo esto: Cuando éramos adolescentes, Alby Ojeda y yo fantaseábamos con que algún día nos entrevistarían en “Lo + Plus”, cuando dirigiésemos nuestra primera peli. Años después tuve la oportunidad de asistir a lo “Lo + Plus” como público… y descubrí que todo era una pantomima. Necesité muchos más años para llegar a la conclusión de que la pantomima no afectaba únicamente a nuestro programa televisivo preferido:

El mundo entero era una pantomima.

Sé que este blog lo lee gente que quiere dedicarse a esto y aún no tiene experiencia… y sé que también lo lee gente que tiene “el culo pelao”.

Los que tienen “el culo pelao” se aburrirán leyendo esto o, en el mejor de los casos, suspirarán al sentirse identificados. Los que quieren dedicarse a esta mierda, en cambio, entenderán lo que voy a escribir en un sentido meramente intelectual, pero no lo asimilarán del todo hasta que la vida les bautice con tres o cuatro hostias. Espero que esas hostias lleguen en los momentos oportunos y de la manera más “cariñosa” posible.

Aprovecho que hablamos sobre encajar hostias para citar un diálogo de Rambo: Acorralado 2ª parte. Tengo la teoría de que probablemente este diálogo motivó el título de la saga Expendables. En la peli, John Rambo habla con su compañera vietnamina y ésta le pregunta por qué le han elegido a él para la misión. La respuesta de Rambo es la siguiente:

– Porque soy prescindible.

Ella, que no domina bien el inglés, le pregunta qué significa “prescindible”. Rambo vuelve a contestar:

– Es como si alguien te invita a una fiesta, tú no apareces y a nadie le importa.

La gente de la que me gustaría hablar en este post no es la gente que todo el mundo quiere ver en la fiesta. No son los reyes del escenario. Pero es gente sin cuya discreta participación… la fiesta no tendría sentido.

No es raro descubrir con el tiempo que las celebridades que admiramos… aquéllas en las que nos gustaría convertirnos… es gente que en muchos casos no merece la pena.

Evidentemente, hay excepciones, pero es frecuente que la gente “célebre” que uno se cruza en su camino esté fabricada con el mismo material de cartón piedra que los decorados de vuestras series favoritas. O con materiales muchísimo más chungos, más complejos, más oscuros…

Según mi – corta pero intensa – experiencia el 20% de las celebridades son gente admirable y el 80% restante son gente perturbada o, en algunas ocasiones, incluso deleznable. Bueno, aceptamos barco: A lo mejor un 10% de ellos son al mismo tiempo perturbados y admirables. Puede que incluso necesitemos que lo sean. El mundo es mejor con ellos dentro, pero te aseguro que tú no necesitas conocerles.

Compartiré un secreto a voces, y es posible que muchos de vosotros estéis de acuerdo conmigo: Cuanto más tiempo pasamos currando en eso que llamamos “el mundillo” más gente anónima admirable vamos incorporando a nuestra vida.

He puesto en negrita lo de “gente anónima admirable” porque quiero hacer muchísimo hincapié en ello.

Gente anónima admirable.

Porque es así.

Porque la gente más admirable, según mi experiencia, suele ser también la más anónima.

Si yo hubiese hecho una lista de “persona admirables” cuando estudiaba Comunicación Audiovisual en la universidad, todos los nombres que leeríais en ella podrían encontrarse en cualquier enciclopedia de cine.

Si hiciese hoy día una lista de la gente que más admiro en el audiovisual, la mitad de esos nombres no los conocería nadie fuera del gremio. Son gente más discreta, son auténticos currantes, son gente que… conforme los conoces… descubres que han jugado un papel importante en muchos hitos de tu vida, aunque tú no lo supieras.

De pronto el destino te lleva a currar con actores cuya cara te suena muchísimo, pero cuyo nombre no te suena de nada. Luego descubres que llevas toda tu puta vida viéndoles actuar aunque nadie les señalase con una luz de neón.

De pronto el destino te hace coincidir con directores y guionistas cuyos nombres no figuraban en tu “star system” personal… y entonces descubres que has disfrutado y aplaudido creaciones suyas sin siquiera saber que eran obras suyas.

Como en El Señor de los Anillos: cuando Boromir, en su lecho de muerte, reconoce a Aragorn como rey… no por su fama o su linaje… sino porque ha luchado codo con codo junto a él… dignamente… y le ha visto salir triunfante ante las tentaciones más jodidas.

¡Gente que se bate el cobre día a día, cojones! ¡Asalto tras asalto!

Gente que no sale en primer plano.

Gente que no recibe la luz de los focos.

Gente sin la cuál todo este mundillo no seguiría moviéndose.

¡¡Los sufridores!!

Cuanto más me adentro en esto del audiovisual, más sufridores admirables conozco. Algunos de ellos incluso escriben en este blog.

Y eso no es lo más bonito del tema: que cuanto más curro en esto del audiovisual… menos ganas tengo de ser el nuevo Spielberg, el nuevo Burton, el nuevo Tarantino…

Cuanto más curro en esto, más ganas tengo de ser otro sufridor. Que esa gente anónima, admirable que conozco me mire y me considere digno de este oficio tan precioso. Un John Rambo del audiovisual, alguien que hace en todo momento lo que cree que tiene que hacer… sin estridencias, sin bajarse los pantalones… aunque a veces le entren ganas de escupirle a la cara a quienes marcan la pauta.

Y otras veces…

… otras veces…

… pienso que el mundo sería un lugar mejor si los “sufridores” tomásemos el mando y pusiésemos punto y final a tanta inutilidad. ¿Por qué cojones no lo hacemos? ¿Son ellos los inútiles, o los inútiles somos nosotros?

Eso…

… joder…

… eso daría para otro post.


PALABRA DE TARANTINO

30 enero, 2014

por Sergio Barrejón.

Escribimos guiones para que sean transformados en películas. En productos audiovisuales. Escribimos con un bolígrafo o con un teclado. Pero ésas no son las herramientas con las que se cuentan las historias en el cine. El cine usa una cámara y un micrófono. Y el público recibe las historias mediante otras herramientas: una pantalla y un altavoz.

Sin embargo, según mi experiencia, el estudiante de guión promedio vive refugiado detrás de las palabras. Parapetado tras su teclado, ejecuta subterfugios retóricos para no tener que concretar qué va a ver la cámara. Y contándole al micrófono cosas que los personajes no tienen ninguna razón para decir en voz alta. El viernes pasado, terminé el taller de guión de cortometraje que imparto cada año en el Master de Guión de Salamanca. Analizamos los guiones que habían escrito los alumnos. Y me pasé toda la clase repitiendo las mismas palabras: “Sólo tienes una cámara y un micrófono para contar tu historia. Las explicaciones no te van a ayudar en el rodaje. Concreta”.

No sé cuántos profesores de guión insisten en esto. Sospecho que no los suficientes. Sospecho que gran parte de la enseñanza de guión está enfocada a la primera herramienta. Sospecho que, muy frecuentemente, nos olvidamos de que escribimos para grandes grupos de personas. Quizá porque estamos acostumbrados a esa falacia según la cual escribir pensando en el público es demagógico, banaliza la historia, y representa una derrota ante la tiránica “señora de Cuenca”.

Pero el hecho es que escribimos para el público. Y más nos vale ser consecuentes con ello. Para mí, uno de los ejercicios clave es leer los guiones en voz alta. Preferiblemente, para un grupo de personas. En su defecto, para una sola. Leer tu guión en voz alta tiene una diferencia fundamental con dar tu guión a leer, y es que tú marcas el ritmo de la experiencia. Tu público, o tu oyente, tiene que estar ahí sentado en la butaca, escuchando. Igual que ocurre en el cine, no puede levantarse a ponerse un café ni empezar a tuitear (hmmm).

Esa diferencia fundamental es la que hace que los intérpretes de música, de drama y de danza lleguen a ser estrellas, mientras que muy contadas personalidades de la literatura, la pintura o la escultura llegan por los pelos a serlo. La experiencia escénica es una liturgia. Y lo es porque el ritmo viene impuesto. Y viene impuesto porque el ritmo lo es todo.

Paul Schrader solía testar sus historias con el siguiente truco: quedaba con alguien en un restaurante y le empezaba a contar su historia. A mitad del relato, fingía recibir una llamada y se ausentaba cinco minutos. Al volver a la mesa, no retomaba la historia. Esperaba a ver si su acompañante se lo pedía. Si no lo hacía, ya sabía que la historia tenía problemas. Porque si la historia es buena, y el ritmo es adecuado, simplemente no nos podemos quedar a medias. Necesitamos terminarla.

Puedes escribir todo lo bien que quieras. Puedes adjetivar como un poseso y llenar tus acotaciones de adverbios en -mente. Pero nada de eso servirá para cautivar a tus espectadores. Sólo el ritmo lo hará. Y para llegar a conocer el ritmo de tu guión tienes que leerlo en voz alta. A ser posible, varias veces. Llegará un momento en que lo interiorices. Llegará un momento en que no necesites leer tus guiones en voz alta. (Aunque probablemente quieras seguir haciéndolo, porque la experiencia no tiene precio.) Pero cuando empiezas, es absolutamente fundamental.

Bonus track: Brian Koppelman (el de las lecciones de guión en 6 segundos) contaba ayer en un artículo que se encontró con Tarantino en un avión y el director le estuvo leyendo Kill Bill directamente de su bloc de notas. Y es que él siempre lee sus guiones en voz alta.

Así que recordad: hay que leer los guiones en voz alta. No lo digo yo, lo dice Tarantino.


FLASHBACK – MICROPOST: ¿QUÉ TIENEN EN COMÚN TARANTINO Y GARCI?

16 octubre, 2011

por Pianista en un Burdel.

(Nota preliminar: escribo esto el Lunes, 24 de Enero. Antes, por tanto, de publicarse “Gordon Gekko contra los guionistas“, el post de anteayer. Lo digo por si esperaban aquí alguna contestación a cualquier hipotética controversia que haya podido generar dicho post.)

Hace dos días les lanzaba el acertijo: ¿Qué tienen en común la mejor película de Tarantino y la mejor película de Garci?

El adalid de la posmodernidad hollywoodiense y el director más valorado por el Imserso.

El cineasta más cool de las últimas décadas y el adaptador oficial de literatura viejuna.

El paradigma del éxito indie y un señor de derechas subvencionado y oscarizado.

Los dos usaron la misma canción en la banda sonora de sus mejores películas (Pulp Fiction y El Crack). Y en planos muy, pero que muy parecidos:

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 27 de enero de 2011)


MICROPOST: ¿QUÉ TIENEN EN COMÚN TARANTINO Y GARCI?

27 enero, 2011

por Pianista en un Burdel.

(Nota preliminar: escribo esto el Lunes, 24 de Enero. Antes, por tanto, de publicarse “Gordon Gekko contra los guionistas“, el post de anteayer. Lo digo por si esperaban aquí alguna contestación a cualquier hipotética controversia que haya podido generar dicho post.)

Hace dos días les lanzaba el acertijo: ¿Qué tienen en común la mejor película de Tarantino y la mejor película de Garci?

El adalid de la posmodernidad hollywoodiense y el director más valorado por el Imserso.

El cineasta más cool de las últimas décadas y el adaptador oficial de literatura viejuna.

El paradigma del éxito indie y un señor de derechas subvencionado y oscarizado.

Los dos usaron la misma canción en la banda sonora de sus mejores películas (Pulp Fiction y El Crack). Y en planos muy, pero que muy parecidos:


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