DYSTOPIA, TECNOLOGÍA DE LAS EMOCIONES

27 marzo, 2019

por Carlos Crespo.

¿Hasta qué punto conocemos nuestra propia realidad? ¿Qué margen de error hay entre la realidad y lo que recordamos de ella? ¿Qué haces cuando crees vivir en un presente que no es el que te pertenece? De estas y otras preguntas nace Dystopia, el nuevo proyecto de la compañía PanicMap a cargo del dramaturgo y director Juan Pablo Mendiola, que se estrenó el pasado jueves 21 en la Sala Cuarta Pared.

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Una página en blanco sobre la que alguien desconocido necesita a toda costa escribir cualquier cosa; cualquier palabra, la que sea, válida o no, es preferible a ese vacío en el papel. Será una pregunta -o más bien dos- la que rompa el bloqueo: ¿Quién es ella y cómo ha llegado hasta aquí? 

Así arranca Dystopia, una propuesta inclasificable y sorprendente que combina diferentes lenguajes y soportes expresivos para ponerlos al servicio de una narración no lineal que transporta al espectador a un lugar desconocido en el que el pasado es tan cambiante como subjetiva es la memoria. Ella no recuerda cómo ha llegado hasta allí, y nosotros tampoco.  “Allí”, además, cambia de ubicación y de aspecto; en “allí” las paredes se revisten de recuerdos y envejecen, la habitación se desnuda y es otra, la misma ventana muestra vistas diferentes a medida que cambian los recuerdos y se construyen posibles futuros. Personajes que hablan con su autor, autores que se convierten en personajes, un mismo encuentro que se repite de formas diferentes traicionado por los caprichos de la memoria.

En esta mezcla hay una compleja dramaturgia que abarca varios niveles narrativos disfrazada de situaciones sencillas; hay momentos de palabra y diálogos naturales magistralmente lanzados por los intérpretes, Cristina Fernández y Àngel Fígols; hay piezas de danza y expresión corporal que narran poéticamente sensaciones abstractas que la palabra quizás no sería capaz de transmitir de manera tan certera; hay proyecciones de vídeo en vivo -qué bien la familiaridad de volver una y otra vez a la conversación nocturna en el coche- y hay, sobre todo, vídeo mapping. El vídeo mapping es la estrella. 

 

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Podría caer en la tentación de decir que la verdadera protagonista del espectáculo es la tecnología, pero no quiero que nadie piense que estamos ante una función vacía de contenido en la que actores y texto son meros títeres al servicio de lo técnico. Muy al contrario. El uso que el director hace de la tecnología es excepcional porque su prioridad no es que visualmente sea toda una experiencia -que lo es-, sino porque hace de ella una potente herramienta al servicio de la creatividad y de la emoción. Mendiola consigue integrar esos recursos como una parte más -muy destacable- de esa amalgama deliciosamente desordenada y sin puntos cardinales que es su texto. Nada en la parte técnica es un alarde gratuito ni un despliegue innecesario. Y la sensación que queda al final es la de que el director ha sabido elegir muy bien qué contar con palabras, qué contar con el cuerpo y qué contar con el apoyo de la tecnología. Voy a insistir y lo voy a decir otra vez: el uso del vídeo mapping en Dystopia es impresionante, visualmente y narrativamente.

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Juan Pablo Mendiola, autor y director

Minuto uno y la personita cabal y precavida que llevamos dentro ya querrá encontrar respuestas, una especie de explicación, algún punto de racionalidad al que agarrarse para poder seguir el relato cómodamente. Por suerte, no lo va a encontrar. Recomiendo encarecidamente disfrutar Dystopia con el corazón y no con la cabeza. La tendencia del ser humano es intentar comprenderlo todo, darle al mundo una forma y una dimensión manejables, figure things out. Pero en el universo propuesto por Dystopia es preferible rendirse al caos, abandonar todo amago de análisis racional y dejarse hacer sin miedo por Fernández, Fígols y Mendiola para viajar con ellos a un lugar que no aparece en ningún mapa.

Dystopia puede verse de jueves a sábado en la Sala Cuarta Pared hasta el próximo 30 de marzo. 

 


PON LA TECNOLOGÍA AL SERVICIO DE LA ESCRITURA

2 diciembre, 2015

por Carlos Crespo

Jenna Avery tiene una interesante web titulada “Called to write“en la que pueden encontrarse muchos recursos para guionistas. Eso sí, está en inglés.

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Hoy os traducimos un artículo que la autora publicó hace unas semanas en ScriptMag, y cuya versión original en inglés podéis encontrar en el siguiente enlace:

http://www.scriptmag.com/features/get-a-new-story-7-ways-to-turn-technology-into-writing-productivity

UNA NUEVA HISTORIA: 7 FORMAS DE PONER LA TECNOLOGÍA AL SERVICIO DE LA ESCRITURA. Por Jenna Avery.

En la era de las distracciones y la multitarea, es muy fácil culpar a la tecnología de apartarnos de nuestra escritura y arruinar nuestra productividad.

Veo escritores que se lamentan de que Facebook y Twitter les distraen. Y es cierto que pueden distraerte. Pero toda forma de tecnología -incluso las redes sociales- pueden convertirse en herramientas poderosas si se usan correctamente.

Puesto que el tipo de interfaz que usamos hoy en día mientras escribimos nos tienta a entrar en ese mundo online que tan fácilmente nos distrae (ordenadores de mesa, portátiles, tablets, incluso teléfonos), nos corresponde a nosotros aprovechar las tecnologías online y offline para no salirnos del recto camino de nuestra labor de escritura.

Quizás sea incluso más importante, ya que el gran sueño de escribir puede disparar la resistencia, la procrastinación y cantidades ingentes de inseguridad, encontrar soluciones y pequeños trucos para seguir escribiendo en lugar de distrayéndonos. A veces, son las pequeñas cosas las que lo cambian todo.

Aquí tienes siete formas de hacer de la tecnología la herramienta que debe ser:

1. Bloquea las distracciones de internet. 

Unos de mis trucos tecnológicos preferidos es el uso de algún tipo de software bloqueador para minimizar otras distracciones online o del escritorio.

-El mejor en mi opinión es un programa que se llama Isolator (Mac), que bloquea absolutamente todo lo demás en mi escritorio, de modo que nunca hay otras ventanas que me distraigan. Cuando lo usas, no puedes ver ningún otro programa en funcionamiento. Hay incluso una opción para ocultar también el dock, aunque personalmente no lo encuentro necesario.

-Otra alternativa para los escurridizos evasores del deber es un programa llamado Concentrate (Mac), que te permite crear tareas, como Escribir, de modo que puedes restringir el acceso únicamente a determinados programas como Final Draft o Diccionario y bloquear el acceso a cualquier aplicación no incluida en la tarea Escribir para ese periodo de tiempo, como el software de tu navegador o tu aplicación de correo electrónico.

-Otra manera de limitar completamente el acceso a internet es usar una app llamada Freedom (PC y Mac) que bloqueará todo acceso a internet durante 8 horas cada vez que la uses.

-Como alternativa, puedes probar también Anti-Social (Mac), una app que te permite editar una lista personal de redes sociales que bloquear durante el periodo de tiempo específico que tú elijas.

-¿La forma algo menos tecnológica de hacer esto mismo? Desactiva temporalmente tu conexión a internet desenchufando o apagando el router y trabaja con el ordenador sin conexión a internet o trabaja en un lugar en el que no tengas conexión a internet.

Y ya que estás, apaga también el teléfono, bloquea las alertas de email, desactiva las notificaciones de Twitter y/o ponlas en silencio. Apaga las alertas de sonido de tu móvil y ponlo boca abajo para que tampoco veas las notificaciones en la pantalla.

Siguiendo con el tema del email, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Loughborough tardas 64 segundos en recuperar la concentración cada vez que te interrumpe un correo nuevo en tu bandeja de entrada. Si apartas la vista de tu escritura aunque sea 5 minutos a la hora, ya estarás perdiendo 42 minutos de concentración por cada jornada de trabajo de 8 horas. Una barbaridad.

2. Bloquea las otras distracciones además de internet. 

Me encanta oír hablar de esos guionistas que escuchan bandas sonoras de películas mientras escriben sus guiones. Joss Whedon (La cabaña del bosque, Los Vengadores, Serenity), entrevistado recientemente en Preguntas y Respuestas con Jeff Goldsmith con motivo del estreno de Los Vengadores, hablaba de la necesidad de llevar siempre puestos los cascos como forma de bloquear y evitar distracciones offline.

“Suelo escribir mucho en restaurantes. Voy a restaurantes más a menudo con un portátil que con una persona. Allí lo único que puedes hacer es quedarte sentado, no puedes levantarte para ir a la nevera o abrir internet; bueno, ahora ya sí se puede, pero yo no lo hago. Y encima te traen buena comida y vino, que nunca viene mal, o café si es temprano. Así que resulta ser un espacio tranquilo que invita a la concentración y yo siempre llevo puestos mis auriculares. Si no los llevo me entran los temblores, es muy triste. Y antes de tener auriculares, cuando caminábamos seis kilómetros por la nieve para ir a hacer una película, solía irme a un restaurante con literalmente diez CDs y un discman porque no sabía qué banda sonora iba a necesitar. Y es que tienes que tener bandas sonoras de películas porque la persona en la mesa de al lado va a (pone un tono irritante) “hablar de su hermana y no creo que ella supiera que era mi cumpleaños hasta después de que yo…” y entonces tú te desesperas -por eso tienes que tener puestos auriculares todo el tiempo. Y la música de películas es la mejor forma de escribir películas porque evita que te oxides”.

Así que carga el reproductor mp3 con bandas sonoras y lleva los auriculares contigo cada vez que salgas a la calle.

Y si escribes desde casa cierra puertas y ventanas, apaga los teléfonos y no abras la puerta. Crea tu propio mundo… para crear tu propio mundo.

3. Nunca pierdas una idea. 

¿Sabes ese momento en que estás por ahí fuera y te viene una idea flotando como un diente de león en una brisa de verano? Mientras algunos valientes escritores siempre llevan una libreta, muchos de nosotros hombres de la nueva era, no.

¿La alternativa? Captura esa idea de forma rápida y fácil con la grabadora de voz de tu móvil (gracias a Jamie Livington, también conocido como Jamie Lee Scott por ese truco).

En mi iPhone uso la app de Evernote y dictado de voz para convertir mis ideas en una lista que puedo consultar cuando quiera -sin tener que reproducir una y otra vez la nota de voz-. Muchos teléfonos hoy en día vienen ya con grabadora de voz y software para guardar documentos y notas. Ya sé que podría utilizar Notas o Recordatorios, pero prefiero Evernote porque lo puedo sincronizar fácilmente con el resto de mis dispositivos.

Desde hace poco tiempo, uso también Things para llevar un seguimiento de mis proyectos y cosas pendientes por hacer -de nuevo sincronizados en todos mis dispositivos- de forma que puedo rápidamente añadir un nuevo ítem sin perder comba. Y también uso la función de dictado por voz y así no pierdo tiempo.

La clave para mantener todo esto es tener un sistema. No tiene que ser especialmente molón, basta con que sea consistente.

4. Usa un temporizador. 

Cuando escribes haciendo un sprint -porque estás haciendo sprints, ¿verdad?- prueba a usar un temporizador. Te mantendrá concentrado y en el tajo, con muchas menos posibilidades de que te escabullas y empieces a hacer otras cosas.

Muchas veces, si veo que le estoy dando largas al momento de ponerme a escribir, me pongo en marcha simplemente centrándome en poner el temporizador. Una vez en funcionamiento, entro en acción abriendo Final Draft o mi procesador de texto y me pongo a trabajar.

Aquí tienes algunas posibilidades para usar el temporizador:

-Seguro que tu teléfono viene con temporizador. Tengo el mío personalizado con un sonido de público que aplaude y así celebro el final de mis sprints. Y no falla, siempre me hace sonreír.

-La aplicación Insight Timer para iPhone es un temporizador para hacer meditación, pero me encanta usarlo porque tiene un sonido de cuenco tibetano precioso.

-Aquí tenéis un temporizador online que uso sobre la marcha (pero claro, no funciona cuando bloqueas el acceso a internet). http://www.online-stopwatch.com/countdown-timer/

-Focus Booster tiene ambos: un temporizador online y un temporizador para descargar, basados en la técnica Pomodoro, que funciona estableciendo bloques de trabajo de 25 minutos con 3-5 minutos de descanso entre ellos.

5. Apunta tu tiempo. 

Un ayudante poderoso a la hora de hacer sprints es apuntar el tiempo que pasas escribiendo. En mi Cïrculo de Escritores online tenemos un registro donde apuntamos el tiempo que pasamos escribiendo cada día. Puedes hacer lo mismo usando una hoja de cálculo (preferiblemente una que se sincronice en todos tus dispositivos y que puedas editar desde cualquiera de ellos, como Google Docs). También existen apps y programas de registro que te pueden ayudar con esto, como Get Harvest Time Tracker (Mac y PC) o TrackTime (Mac).

Lo más útil de apuntar tus tiempos es que te ayuda a no perder de vista tu objetivo y la consecución de tus metas y también a mantener la concentración. Cuando sabes que estás cronometrando un sprint de escritura y que además vas a apuntar tus tiempos en alguna parte, es mucho más probable que cumplas esos tiempos que te has propuesto en lugar de dejarte distraer por otras cosas.

Y es además una manera excelente de reconocer y celebrar tu trabajo y ver cómo poco a poco estás cada vez más cerca de completar la tarea. Son motivadores psicológicos muy sencillos pero muy potentes que te ayudan a mantener la motivación a largo plazo y te dan sensación de logro -herramientas imprescindibles para la productividad en proyectos de escritura a largo plazo como un guión o una novela.

6. Escribe en la nube

¿Te acuerdas de aquellos tiempos en que había que pasar los archivos de un ordenador a otro? Escribir en la nube es una forma fantástica de tener nuestros archivos de texto guardados en otro sitio. Y además sincronizados entre dispositivos.

Me encanta usar Dropbox para guardar y acceder a mis archivos desde mis ordenadores y dispositivos. Una ventaja enorme de Dropbox es que funciona como una carpeta de tu ordenador, así que puedes acceder al contenido incluso estando offline (aunque tienes que tenerlo todo sincronizado previamente con conexión a internet). Y cuando vuelves a estar online tus archivos se actualizan en un momento.

7. Utiliza las redes sociales como herramienta y como recompensa. 

Las redes sociales, ya lo hemos hablado, pueden ser una distracción terrible que te aparta de escribir. Pero, como todo en esta vida, pueden usarse para el bien si se hace un uso correcto.

En lugar de permitir a las redes absorber todo el tiempo que tienes para escribir, úsalas como recompensa por cumplir con tus metas diarias. Plantéate no usarlas hasta que no hayas cumplido tu objetivo de trabajo para ese día -o al menos parte de ese objetivo-.

Al fin y al cabo, las redes sociales son también una forma eficaz de conectar con otros escritores -algo que necesitamos hacer a menudo para ayudar a combatir el aislamiento del escritor- así como hacer networking con directores, actores y productores y estar al tanto de lo que se mueve en la industria. Simplemente utiliza el sentido común para usarla como una herramienta profesional y sé consciente del impacto que el empleo que hagas de las redes tendrá en tu marca como escritor.

Recuerda que hasta el próximo 10 de diciembre puedes participar en el sorteo de seis ejemplares del libro Objetivo Writers’ Room. Las aventuras de dos guionistas españoles en Hollywood. Sólo tienes que rellenar este formulario:

(Participar en esta promoción supone que has leído y aceptas lo que se dice en nuestro disclaimer sobre Protección de Datos personales.)


EN QUÉ PIENSA UN ESCRITOR CUANDO SE LE ROMPE EL PORTÁTIL

11 noviembre, 2014

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por Juanjo Ramírez Mascaró.

Éste no era el post que pensaba escribir esta semana, pero ha surgido un imprevisto: Se me ha jodido el ordenador.

Lo malo de que tu ordenador decida irse al carajo en días festivos es que ésos son precisamente los días que tenías reservados para trabajar en cosas que no puedes gestionar durante los días laborables como, por ejemplo, escribir el post de Bloguionistas.

Los escritores no somos los seres más prácticos del planeta, así que… estoy escribiendo este post en el móvil.

De repente me ha resultado interesante la idea de escribir en el móvil un post sobre tener que escribir un post en el móvil, a ver si con suerte la realidad explota.

Y ya de paso aprovecho para compartir una serie de reflexiones que le asaltan a un guionista cuando se queda sin ordenador.

La primera reflexión es: ¿Realmente merece la pena seguir con Mac? Ésa es fácil de responder. Todo parece indicar que seguiré abonado a Mac, como un gilipollas.

La segunda reflexión es: ¿Hasta qué punto hemos permitido que la tecnología nos convierta en lisiados? La escritura es una de las artes menos sujetas a condicionantes materiales. Solemos presumir de que sólo hace falta una servilleta y un boli para crear un mundo, pero resulta que si queremos injertar ese nuevo mundo nuestro en este otro que compartimos con los demás humanos, necesitamos interfases, engranajes compatibles. El auténtico límite de la creatividad humana es nuestra necesidad de adaptarnos a los demás pa que nos hagan caso.

Cuanto más se complica un sistema, más esclavos somos de él. Hemos creado un mundo en el que un escritor sin ordenador portátil es poco menos que un tullido, cuando anteayer un tullido de los de verdad sólo necesitaba tinta, papel y pluma para escribir el Quijote.

No me malinterpretéis: No me gustaría volver a los tiempos de Cervantes. De hecho estoy seguro de que si Cervantes conociese las ventajas de escribir en un portátil se dejaría sodomizar por todos los turcos de Lepanto para conseguir uno. Sería muy divertido verle luego, cuando se le agotase la batería y descubriese que en el siglo XVII no hay tomas de enchufe.

Sin embargo me parece interesante que cada cierto tiempo nos sobrevenga una de estas catástrofes de juguete para demostrarnos que tampoco se hunde el mundo y que, efectivamente, lo esencial de nuestro oficio se puede hacer con un papel y un lápiz, o incluso con mucho menos que eso.

Esta situación me recuerda a otra que viví hará un par de años. Me embarqué en un proyecto muy loco y muy bestia con el director César del Álamo. Se trataba de escribir una secuela apócrifa de “El más allá” de Lucio Fulci. El proyecto estaba maldito. El tito Lucio nos gastaba muchas putadas desde su más allá particular. Los ordenadores se rompían, la conexión a internet dejaba de funcionar justo en el momento en que había que enviar el material. Incluso terminamos ambos físicamente enfermos, con fiebres inexplicables… pero ésa es otra historia.

El caso es que mi “necesidad” de escribir aquello era tal que me dije a mí mismo: “¡Al carajo! Si no me funciona el ordenador, me voy a un bar y empiezo a escribir el guión en el móvil.” Y sí: Las primeras diez o doce páginas de ese largometraje están escritas en el móvil. Tardé unas dos jarras de cerveza en escribirlas y tras ello el tito Fulci decidió que a lo mejor merecíamos un voto de confianza. El ordenador se arregló solo, misteriosamente. Me volví muy loco adaptando los formatos del móvil al universo Celtx, pero el guión ya estaba en marcha.

Aquello sirvió para recordarme algo: Cuando estás realmente ilusionado con algo, a las excusas les cuesta echar raíces. El impulso creativo se abre camino como los dinosaurios de Parque Jurásico. Es lógico que necesitemos rodearlo de ciertos protocolos para hacerlo compatible con el componente industrial de nuestro oficio, pero la semilla… ¡La semilla sólo necesita un poco de pasión! Lo demás es casi (casi) burocracia.

Me acuerdo de pronto del prólogo de Golpe en la Pequeña China. Ese prólogo que les obligaron a rodar para lavar la imagen de su protagonista. Les quedó maravilloso. Terminaba con el personaje de Victor Wong emitiendo rayos con sus manos para demostrarle a un abogado escéptico que la magia existe. Luego le decía que eso era sólo una demostración de andar por casa, pero que todas las grandes hazañas mágicas empezaban así: Por muy poquito.

Luego llega el trabajo duro, la ingeniería audiovisual… pero de alguna manera, el ADN que se inscribe en todas las células del proyecto es ese “muy poquito”, esa semillita que se puede poner en marcha escribiendo en una servilleta, o en un móvil.

Nos adiestran para que luchemos contra las excusas con sufrimiento y sacrificio personal. A veces me pregunto si no sería más efectivo aprender a enamorarnos de nuestros objetivos. No incidiré sobre ello porque ya escribí algo parecido el mes pasado. Aprovecharé la poca paciencia que os quede para comentar otra conclusión a la que he llegado con esto del ordenador roto:

Como os decía, escribo esto aprovechando un día festivo. Mi intención era aprovechar también para avanzar en un proyecto que me he comprometido a finiquitar en breve. No contaba con que Murphy se iba a mear en mi ordenador. Sin embargo, ha ocurrido algo curioso: Llevo semanas avanzando muy lentamente en ese proyecto, como víctima de una especie de bloqueo. Y ahora, cuando de repente sé que no puedo sentarme a escribirlas, me surgen todas las ideas en torrente. Somos unos animales muy rebeldes, muy de morder manzanas cuando nos dicen que no las mordamos. O quizá se debe simplemente a que es complicado que la mente se relaje cuando el teclado la observa con el rabillo del ojo como diciendo: “Ahora vienes y lo concretas.”

Podría seguir durante muchos más párrafos filosofando sobre mutilaciones y ordenadores rotos, sobre si los guionistas nos estamos convirtiendo en cyborgs, si gran parte de nuestra vida y nuestra funcionalidad depende de prótesis tecnológicas, sobre si nos hemos vuelto demasiado dependientes o sobre si simplemente hemos olvidado que no lo somos tanto.

Pero no puedo quedarme a desbarrar sobre esas cosas, porque ahora me toca averiguar si es posible programar un post en WordPress desde el móvil.

P.S: Revisar un texto en WordPress desde el móvil es ETA.


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