“EN UN REALITY MUCHOS CONFLICTOS SE CREAN EN VIVO, POR LO QUE VALE LA PENA NO LLEGAR A PLATÓ DEMASIADO PRECONCEBIDO”

26 octubre, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Si atendemos al número y a su impacto total en la cuota de pantalla, no es difícil ver que los realities llevan tiempo instalados con solvencia y autoridad en televisión. Sin embargo, sigue siendo un género que, en ocasiones, queda denostado al de “género menor”. Caridad Riol, guionista española afincada en México, ha trabajado en el último año tanto en el desarrollo y escritura de una serie de ficción como en un reality para el canal a+ de Tv Azteca, una de las cadenas más importantes del país. Aprovechando que La Fortaleza, concurso de competencias en el que cuatro grupos deben superar diversos obstáculos para hacerse con la victoria, se ha estrenado este lunes, hemos querido hablar con Caridad para reflexionar sobre la escritura del reality, sus diferencias con el género de la ficción y su opinión acerca de la percepción de la sociedad sobre este formato.

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¿Cuántos guionistas había en el reality que has participado, y qué funciones tenían?

En total éramos cuatro. Había un guionista en cabina, que era el responsable de dirigir a los presentadores (en México se les conoce como conductores), un guionista encargado de la guía y estructura del programa, otro encargado de inventarse las pruebas físicas y decidir cuándo realizarlas, y luego estaba mi función, que era la del reality.

Básicamente, mi tarea consistía en que los espectadores supieran cómo eran las personalidades y peculiaridades de los concursantes. Para ello, debía estar atenta a sus reacciones después de las pruebas: cómo actuaban cuando ganaban, cuando perdían, si rozaban entre ellos, si se enamoraban por la convivencia…

¿Qué características crees que debe reunir un guionista para escribir en un reality? 

En primer lugar, creo que es muy importante tener intuición para conocer la forma de ser de tus concursantes. Cuando un guionista trabaja en ficción tiene la libertad de crear el perfil psicológico que mejor se ajuste a cada situación, a cada historia. En este caso, a ti ya te viene dado un patrón psicológico, o lo que es lo mismo, la ficha con unos rasgos básicos del concursante. Por más que tú sepas cómo es alguien, debes amoldarte a la realidad, es decir, a lo que ocurre en cada momento.

Pongo un ejemplo real. Una concursante te dice que se dedicaba a la gimnasia rítmica, pero que ya no lo hace. Después, observas que por su modo de actuar en las pruebas físicas tiene baja tolerancia a la frustración cuando pierde o cuando no le sale una prueba. Si has percibido esto, debes pensar por qué tiene esa baja tolerancia, qué conflicto emocional tiene detrás. Por tanto, lo más interesante es tirar del hilo hasta que te diga a cámara a qué se debe esto. En este caso, de hecho, se debió a que tuvo un bloqueo emocional, su carrera profesional se truncó y todavía no se lo perdona a día de hoy.

Si tuvieras que sintetizar diferencias entre la construcción de un personaje de ficción y uno de un reality, ¿cuáles serían las principales?

La principal, como decía, es que en un caso tienes personas reales, y en otro no. Sin ir más lejos, antes del reality estaba escribiendo una serie de ficción en la que sí que tienes la libertad de construir a tu antojo los personajes y darle los tiempos que tú quieras. Si para la trama te va bien que tal o cual personaje de ficción tenga un día malo, puedes construir la historia para que esto ocurra.

Ahora bien, no hay manera alguna de poder controlar que un concursante tenga un buen o un mal día, porque no hay que olvidar en ningún momento que en un programa estás tratando con seres humanos. Del mismo modo, tampoco puedes controlar que un personaje sea o no celoso, sin importar lo que a ti, como guionista, te pueda interesar más.

He de decir, eso sí, que casting ya se encarga de elegir un perfil extremo para que te den juego a la hora de emitir el programa.

Por tanto, hay que estar abierta a jugar con los elementos que tienes y estar preparada para jugar con ellos en directo. Puedes hacerte unas expectativas de lo que va a ocurrir, por supuesto, pero nunca vas a poder programar que un concursante tenga un lío con otro en el programa 4 y que rompan mal en el 8.

¿Entonces, prima más el trabajo en directo o el trabajo de preproducción, desde el punto de vista del guión?

Os diría que depende del tipo de formato en el que estés trabajando. En mi caso ha sido un falso directo, por lo que puedo tener totales con los que armar historias a posteriori.

También os hablo de un caso ideal, de un caso donde he podido trabajar sin una presión excesiva por parte del productor y que además ha respetado los tiempos necesarios para armar un buen programa. Como los tiempos en televisión son los que son, muchas veces hay que armar historias en tiempo récord.

Pero si hablamos en general, es cierto que todos los realities tienen la misma base: sacar lo más jugoso a nivel personal y emocional de cada concursante. Para eso hay ciertas claves que puedes utilizar.

¿Cuáles?

Puedes intentar picarlos, emocionarles, juntar a dos concursantes que se llevan mal en una prueba, ir a sus puntos débiles… tienes que estar como un león a la caza.

Prima, por tanto, el trabajo en directo.

Sí, sin duda. En un reality, el elemento con el que juegas es la realidad, no tu imaginación. Por tanto, vuelvo a lo mismo. Hay que estar completamente abierta a lo que ocurre en directo, y para eso hay que observar muy de cerca de tus participantes.

Pero, aún así, el trabajo de escritura en la fase de preproducción es muy importante. 

Lo primero que recomendaría para ponerse a trabajar en un programa es leerse las fichas de cada persona. Ahí es donde puedes detectar quién está divorciado, de qué país vienen, si sus padres están vivos… Necesitas conocer bien la psicología de cada personaje. En segundo lugar, debes convivir con ellos para verlos en persona.

Hasta la tontería de observar sus redes sociales te va a dar información de cómo son. Solo después de estas fases puedes permitirte jugar con ellos, detectar en qué situaciones puedes ponerlos para amplificar los conflictos. Digamos que el objetivo es que el espectador sepa lo máximo a nivel personal de los concursantes para juzgarlos.

Y bueno, una vez más, la realidad es la que prima. Hay elementos que son ajenos a lo que tú puedes construir. Nunca puedes saber al 100% cómo va a reaccionar.

Al final, se trata de conocerlos como a tus amigos, porque tú sabes lo que le va a sentar bien o mal a un amigo, o le va a hacer ilusión o no. Pues aquí se trata de lo mismo.

¿Qué características dirías que son importantes a tener en cuenta para plantearse escribir un reality?

En mi opinión, el conflicto es lo que interesa. Un reality no deja de ser un fragmento de la vida real, donde hay conflictos de todos tipos. ¿Qué te interesa cuando ves Gran Hermano? Ver quién se enamora de quién, por qué han venido a concursar. Evidentemente, te va a dar mucho interés tener dos concursantes que, por poner un ejemplo, son hermanas gemelas, que quieren vivir la experiencia de concursar y a su vez se enamoran del mismo concursante y acaban enfrentadas en público. ¿Por qué? Por lo mismo, por el conflicto que eso te aporta. Conflicto que, si me apuráis, no es tan diferente al que pasó con Las Hermanas Bolena.

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Imagen promocional de La Fortaleza.

¿Es posible potenciar el conflicto en un reality sin caer en el morbo?

Quizá deberíamos redefinir qué entendemos por morbo. ¿Habéis visto La Pianista de Hanecke? ¿Eso no es morboso? ¿Y Lolita, de Nabokov?

Realmente creo que el reality tiene mala fama porque está catalogado de manera negativa, pero ¿qué nos gusta de una película? ¿el vestuario? ¿las localizaciones? Al 90% de la gente lo que le gusta del cine es el conflicto, y no distan mucho los conflictos que existen en las series o en el cine que en un reality.

¿Dirías, por tanto, que el reality se considera un género inferior?

Sí, sin ninguna duda. Y aquí (y vuelvo a decir que soy defensora de cualquier género, sea cine, serie o programa de entretenimiento) deberíamos de nuevo replantear ciertos conceptos. ¿Cómo consideramos si un género es inferior? Porque si lo hacemos a través del rating, por ejemplo, podemos ver como la mayoría de los realities tienen los ratings más altos.

Creo que a día de hoy todos pecamos de un poco de hipocresía a la hora de juzgar los realities, y os pongo otro ejemplo reciente que, a mi entender, lo demuestra. ¿Cuántas imágenes escabrosas y morbosas nos han llegado a nuestros móviles sobre el atentados o catástrofes que están habiendo ahora?

Dicho esto, sí que querría romper una lanza a favor de la ficción, y es que, de nuevo, y es solo mi opinión, la ficción te permite camuflar ideas y conceptos de una manera más sutil e intelectual, por decirlo de algún modo. Es decir, si tu concepto es matar por matar y el valor de la vida (No es país para viejos) puedes tener detrás toda una explicación antropológica que te deja muy buen sabor de boca al verlo. Si tú ves en un reality a dos personas discutiendo por discutir, evidentemente estamos ante una situación gratuita y vacía. Por tanto, no creo que se deba tanto al formato en sí, sino al uso que se le dé a este y a la forma de plantearlo, porque las situaciones pueden ser muy similares. En este caso, por ejemplo, teníamos un concursante sin un duro que se apuntó para conseguir dinero para poder darle a su hijo una infancia un poco más feliz en ese aspecto, lo que no deja de ser la misma premisa que encontramos en En Busca de la Felicidad.

Como decía un profesor que tuve, Daniel Remón, entre Gran Hermano y Shakespeare está el mundo real. La clave de un reality está en saber encontrar el punto adecuado para presentar los elementos de una manera interesante y que no deteriore el formato. Es el mismo caso, de hecho, que cuando ves una película en la que las mujeres son objetos sexuales y son los hombres los que llevan el peso de las decisiones.

¿Qué dirías, entonces, que se ha trabajado en La Fortaleza para intentar conseguir esa diferenciación desde el punto de vista de la escritura?

Para empezar, hay un concepto que a mi parecer es bonito e interesante, como es el de jugar con la tradición mexicana del país, con la conquista de una fortaleza con historia. Luego se ha intentado tratar todo de una manera cuidada, artística.

Y si hablamos del reality en general, ¿cómo crees que se puede escribir este formato para potenciar el conflicto sin caer en el vacío?

Por ejemplo, fusionando géneros para hacer un híbrido mixto. Si se le da más importancia al contenido (pruebas físicas, cita romántica, etc.) que a quién se lleva mal con quién, potencias tu formato.

Y volvemos a lo mismo que llevamos un rato hablando. Aquí también entra en juego lo que consideramos o no “bajizo”. First Dates es un formato donde apuestan por las citas, y donde al final pueden salir parejas. Es la trama de cualquier comedia romántica. La forma en la que se cuenta es diferente, sin duda, pero no hay que infravalorar las respuestas o las enseñanzas de vida que te puede dar un concursante de reality.

Es evidente que este formato audiovisual tiene mucho guión. ¿Hasta qué punto se ficciona?

No se ficciona nada. No es guión, es guía, de hecho. En televisión se trabaja con escaletas que son guías para el presentador y para los concursantes. Como os decía, muchos conflictos se crean en vivo, así que vale la pena no ir demasiado preconcebido, puesto que hay que medir en directo qué imprevistos pueden ser interesantes añadir a tu escaleta.

Luego, por otro lado, es cierto que hay ciertas reglas del formato que es importante saber que hay que cumplir y respetar. Muchos de los concursantes con los que he trabajado ya vienen de otros realities, y ya tienen claro que al fin y al cabo, no nos engañemos, esto es un show, por lo que si los concursantes son insulsos, o no te dan conflictos… La televisión es show, sin duda, pero no en el mal sentido de la palabra.

Lo que sí que parece vital es tener el formato muy bien esbozado antes de ponerse a grabar, ¿no?

Sin lugar a dudas. El formato reality lleva implícito el concepto “detrás de las cámaras”, el tener ese punto de conexión con la realidad que te permite experimentar el programa con una sensación de estar viviéndolo más de cerca. De hecho, ya hace años que este concepto está instaurado en la ficción. The Office, Modern Family…

En la actualidad, ¿hacia dónde crees que están virando los realities en busca de esa originalidad?

Sucede exactamente lo mismo que en ficción. Los argumentos y tramas ya están todos inventados. La originalidad reside en el punto de vista que quieras darle a temas como la venganza, el amor, la familia… Y, para ello, es muy importante potenciar la creatividad. Y bueno, luego pues hay cosas que no funcionan, pero hasta que no se prueban no te das cuenta de ello. También es muy interesante ver las corrientes del momento. Rupaul’s Drag Race es un buen referente en lo que respecta a buscar esa originalidad.

¿Notas diferencias entre el reality mexicano y el español?

No realmente. Los formatos son universales. En todo caso, podría decir que las diferencias que pueden existir residen en la misma sociedad y en la forma en la que se estructura.

Quizá, en España, hay ciertos temas que en la sociedad están más arraigados, como pueden ser la lucha contra el machismo, por poner un ejemplo, o qué se considera machista y qué no. O la inseminación artificial, es un tema que en Europa está normalizado. Aquí no creo que pudiéramos hablar de esto en una televisión en abierto. Por tanto, si hay algunas diferencias nacen por el tipo de sociedad.

Si tuvieras que hacer balance, ¿qué dirías que es lo más difícil de ser guionista en un reality?

Tener que ir a los puntos débiles de los concursantes. Es complicado estar delante de una persona y tener que tocarle la fibra y sus puntos débiles para que hable sin tapujos sobre temas que sabes pueden hacerle tocarles la fibra.

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Por último, es interesante ver que, a tus 28 años en México, estás desarrollando una serie y dos largometrajes. ¿Ves posible, hablando en términos generales, obviamente, que existan las mismas oportunidades de trabajo en España?

En mi opinión, creo que las tasas de paro de un país y otro son una buena manera para responder a la pregunta, o detenerse a ver cuántos guionistas tienen trabajo en España y cuántos en México.

No sé quién tiene la culpa, la verdad, pero creo que sí que se pueden analizar ciertos datos. En primer lugar, la cantidad de millones de personas que hay en México comparado con España, lo que ya de por sí asegura más puestos de trabajo. Luego también está el condicionante de que el porcentaje de gente formada con estudios superiores en México es muy inferior al que hay en España, lo que creo que abre más puertas en este país a la gente formada.

Por poner un ejemplo, para una vacante en España puedes tener a quince personas muy bien formadas, mientras que aquí tienes dos personas bien formadas para tres vacantes. Por desgracia, en nuestro país, las variables se han invertido.

* Actualmente Caridad Riol ha vendido el guión de un largometraje del que todavía no puede decir mucho más, además de tener en producción la primera serie escrita íntegramente por ella. Cuando no es guionista, suele estar con la cámara trabajando como fotoperiodista. De España echa de menos la Mahou Clásica.


TODO TIENE UN PRECIO

7 junio, 2012

por Carlos López

Tardé en prestarle atención y cuando por fin lo hice tampoco llegué a ser adicto. Pero sí soy de los que echarán de menos al doctor Gregory House, que hace menos de un mes terminaba su serie después de ocho temporadas. Ocho años han dado para mucho. Para capítulos memorables y para otros de puro formulismo. Y sobre todo, para que el personaje quede inscrito en la historia de la televisión.

Un protagonista que, dejando a un lado la referencia holmesiana, es un mal bicho. Borde, incorrecto y mentiroso, sin una gota de sensibilidad. Pero en cuya brillantez confiamos porque, al final, es el que apaga el incendio. Y quien nos muestra, aunque no quiera, que tiene el corazón herido.

Hugh Laurie, ese gran actor que también es novelista y cantante, reconoce que nada más leer su perfil se dio cuenta de que el personaje no se hacía querer. Y sin embargo, él mismo se enamoró desde el primer minuto.

Laurie lo cuenta maravillosamente, más o menos así: “En los dramas televisivos hay una tendencia a pintar los personajes de un solo color, por eso el héroe es infinitamente heroico. Bien, House no es así. Está en el bando de los ángeles, pero él no es un ángel. Realmente no sábe cómo acertar, esa es parte de su verdad y de su encanto, porque así somos los seres humanos.”

Y luego añade: “Todos los actos heroicos requieren un coste, de otro modo no serían heroicos. Tiene que haber un dragón, tiene que haber un riesgo, tiene que haber dolor. Hay que pagar un precio.”

Ese es el asunto. Todo tiene un precio.

LOS HÉROES CHUNGOS

Es un fragmento del cuarto y último episodio del jugoso documental America in Primetime, en el que actores y creadores de las mejores series estadounidenses destripan la sustancia de su trabajo. En esta última entrega hablan de esa evolución de los héroes televisivos, desde los arrojados salvadores de antaño, limpios y repeinados, que casi ni sudaban, de integridad a toda prueba, entregados a su causa con generosidad sin límite… a estos protagonistas de hoy, malencarados, torcidos, miserables y hasta paranoicos. ¿Qué ha pasado en estos años? ¿Nos hemos vuelto locos? ¿Nos hemos cansado de amar el bien? Sencillamente, digo yo, no nos lo creemos, el bien pintado de blanco ya no nos resulta interesante. No queremos ver cómo el elegido rescata a la princesa, queremos ver a uno que se pelea consigo mismo. Esa es su categoría de héroe. Ya no importa tanto que gane o pierda, importa cómo juega.

Un forense que también es un asesino justiciero. Un publicitario mujeriego con identidad falsa. Un profesor de química que en su doble vida es un narcotraficante. Dexter, el Draper de Mad Men, el Walter White de Breaking bad. ¿Tienen algo en común? Claro. Ninguno es un modelo a seguir. Los tres, igual que House, engañan, fingen, no muestran compasión, sólo siguen su propio código, no se fían de nadie y nadie debería fiarse de ellos. Pero todos son conscientes de sus miserias y las purgan a la vista.

Igual que el héroe clásico, se enfrentan a un dragón, sí. Pero esta vez el dragón lo llevan dentro.

Disculpad, una vez más, el tono de academia nocturna de guión. Tanto aforismo y tanta paradoja para contar algo simple y evidente: hoy nos gustan los héroes chungos.

¿Evidente? Pues aquí aún andamos lejos. En la ficción española, siempre temerosa de molestar, que quiere contentar a todos, sentar a la familia completa en el sofá y no escandalizar a nadie, el cliché sigue siendo el mismo de hace cuarenta años: los héroes son guapos, sanos y generosos. Se enamoran con dulzura y actúan con nobleza. Hablan de frente y jamás golpean los primeros. Según los que mandan, que son los que se juegan el dinero, esto es lo que gusta al público. Y punto. Cualquier otra cosa suena a peligroso experimento, a autoría incorregible, a veneno puro.

Pero la visión de este documental no me hizo pensar sólo sobre cuestiones de guión…

¿PANADERÍAS PÚBLICAS?

America in Primetime está producido y emitido por una cadena pública. Sí, hasta en los Estados Unidos hay una cadena pública (PBS, financiada, hasta donde yo sé, con donaciones). He disfrutado viéndolo, pero no he podido evitar una terrible sensación de desamparo. Aquí vamos a vender a precio de saldo las cadenas autonómicas y la nacional se está desvaneciendo cada día que pasa. Parece que nadie lo lamenta, no merecerán un responso, ni una simple despedida. Nos quedaremos sin ellas con esa actitud de estúpida resignacion que nos inculcan desde arriba, hay que conformarse, qué remedio, ya nos gustaría, qué le vamos a hacer, hemos gastado mucho, mejor quitar esto que camas de hospital… Bueno, camas de hospital también van a quitar, no es que vendiendo las televisiones salvemos la sanidad, no son vasos comunicantes, no es tan sencillo. Pero bueno, nadie se va a quejar porque se desmonte y se desguace la televisión: total, como dijo el ministro, si es para pasar el rato.

Es verdad. Si lo piensas dos veces, la tele es inútil, superficial, ociosa. No vale para nada. Igual que la ópera, el teatro, la novela, la música o el Museo del Prado. No pretendo compararlos, pero todos son para pasar el rato. Tarde o temprano, a este paso, todos acabarán en la hoguera. Por la misma razón: qué le vamos a hacer.

Me diréis que exagero. Ojalá.

Me diréis que defiendo lo mío. Sí, es verdad. Es lo que conozco, y nuestros puestos de trabajo son tan honrados como cualquier otro. El sector audiovisual es el que más ha sufrido el aumento del paro después del de la construcción. Se está desintegrando. Muchos profesionales de primera categoría llevan más de un año sin trabajar. Como en los demás sectores, me diréis. Exacto. ¿Y nosotros tenemos que callarnos, volatilizarnos sin derecho a queja, de verdad os habéis creído que todos somos vagos, derrochones y sin seso? Creedme, la mayoría no defiende privilegios que nunca tuvieron, ahora mismo la mayoría solamente reclama su derecho a ganarse el pan.

Me diréis que el modelo actual de televisiones no es viable. Vale. Y ya se están encargando de que cada vez lo sea menos. Por lo pronto, los políticos han malgastado nuestro dinero para que las televisiones les sirvan de instrumento y de altavoz. Exprimidas hasta dejarlas sin credibilidad ninguna. Y lo mismo que ha sucedido con varias autonómicas está a punto de pasar con TVE: a base de recortar, quedará convertida en algo tan cochambroso que resultará carísima aunque fuera la más barata de Europa. Cuando ya no le guste a nadie, de puro esquelética y casi bochornosa, entonces no habrá más remedio que venderla. Sí, otra vez el qué-le-vamos-a-hacer. Se desharán de ella con una oferta de mercadillo y, pese a todos los malos augurios, alguien habrá que la compre, alguien que al día siguiente exigirá un trato de favor para reflotarla. Ayudas, exenciones, facilidades, manga ancha. Y todos los canales serán privados, refundidos en dos o tres manos nada más.

Habremos perdido algo nuestro. De todos.

Me diréis que no podemos defender algo que no es rentable. Y yo digo, desde la más atrevida de las buenas intenciones, que un servicio público no puede regirse por criterios de rentabilidad. Precisamente por eso requieren de ayuda pública. Necesitamos líneas de tren aunque sean deficitarias, centros de salud en los barrios donde vive poca gente, carreteras que lleguen hasta el último pueblo, conservatorios en los distritos del sur. Y también necesitamos una televisión pública digna. Alguien tiene que hacer programas que las demás cadenas nunca van a hacer. Programas como America in Primetime sólo los producirá una televisión pública. Y también series que empujen la industria, documentales rigurosos, debates honestos, productos nacionales en la primera línea del escaparate. Una cadena que se distinga de las demás en un simple zapping.

Y si solo hay dinero para un canal de tres de la tarde a once de la noche, eso será mejor que nada.

En un debate político reciente, la presidenta de la Comunidad de Madrid rebatió las críticas de la oposición con una pregunta: “Si no existen panaderías públicas, ¿por qué van a existir televisiones públicas?”. Lo más extraño es que quien dijera esto lleve tantos años al frente de lo público, administrando además una cadena pública de televisión. Y ahora nos enteramos de que no le parecía bien su existencia. Claro, que este debate habría sido bien diferente si se realiza un mes después; entonces quizá el silogismo habría sido: “Si no existen panaderías públicas, ¿por qué van a existir bancos públicos?”.

Supongo que me caerán piedras –aquí mismo, en unos minutos– por defender unas televisiones cuya muerte por inanición hay muchos esperando. No defiendo las televisiones actuales, ni su gestión ni su programación. Defiendo la necesidad de una televisión pública. Y en cualquier caso, aborrezco la resignada pasividad con la que, en este asunto como en tantos otros, nos dejamos arrastrar al desagüe.

Si queremos conseguir algo habrá que correr riesgos, sufrir, enfrentarse a la llamarada del dragón. Saldremos chamuscados, sí, ya sabes, todo tiene un precio. Pero si dejamos que nos arrebaten un servicio público, habremos pagado un precio demasiado alto.


SIN FUTURO Y SIN REMEDIO

8 febrero, 2012

Por Javier Olivares.

La noticia: TVE paraliza la emisión de sus grandes series (de gran audiencia) y proyectos futuros.

La reacción: quitando los propios perjudicados por trabajar en el medio, ninguna.

Incluso en internet, ese pozo sin fondo, en los comentarios sobre la noticia, los lectores responden mayoritariamente con frases como “me da igual, a mí no me gustaban”, “¡¡¡¿¿¿¿600.000 euros cuesta un capítulo???!!!.. La cantidad de cosas que se pueden arreglar con esa pasta…”, “el recorte tiene que ser para todos y la televisión es menos necesario que la sanidad”, “desde que los actores dijeran No a la Guerra no veo nada donde salgan, que les den”, etc, etc… Lo cual demuestra que, sin ánimo de ser elitista, ahora que cualquiera puede opinar, la red se llena de demostraciones de ignorancia. Porque para opinar hay que: 1) centrarse en el tema del que se eestá hablando / 2) saber de él. / 3) dejar la mala baba para sus visitas al psicólogo. / 4) Saber que hacer las cosas, aunque sean series, cuestan un dinero y saber, de paso, la diferencia de nuestros costes (mucho menores) con las producciones extranjeras de países del nivel del nuestro.

¿Qué dicen los medios? Nada. Informan (y tarde). Pero nadie se atreve a analizar la situación. ¿Para qué? No suelen hacerlo nunca. Y menos en estos temas, donde la especialización es tan baja que muchas webs de simples aficionados informan mejor de la televisión que ellos (aunque siempre, por supuesto, con un énfasis en lo externo: cuando una serie es inglesa o made in USA, se citan guionistas, creadores. Las españolas se escriben solas).

O tonterías o la nada más absoluta: esa es la reacción. Y habría muchas cosas que decir. A saber.

1) EL PELIGRO DE DESMANTELAMIENTO DE UN SECTOR INDUSTRIAL IMPORTANTE. Un sector que genera riqueza y muchos puestos de trabajo. Las audiencias de las series en peligro son y pueden ser las mejores de este país y su efecto público es máximo. Por menos que eso, se habla de alarma social en otras ocasiones.

2) LA DEMOSTRACIÓN DE LA INCAPACIDAD DE NUESTROS POLÍTICOS. Primero se quita la publicidad de la televisión pública sin buscar alternativas (ni canon, ni un plan de viabilidad). Eso lo hizo el anterior gobierno a cambio de redondear las cuentas de ganancias de las cadenas privadas, que se llevaron todo ese pastel publicitario. ¿A cambio? Apoyar un lobby y no recibir demasiadas críticas… Y abrir la puerta a lo que pasa ahora. Y lo que pasa ahora es que el actual gobierno tiene las manos libres para, con estas medidas…

Algunos dirán: pues que vuelva la publicidad a TVE. Error. ¿Alguien se cree que las cadenas privadas van a perder  los beneficios que tienen con esta medida? Ejemplo: el actual gobierno (improvisando, como siempre por estos lares) dijo en un primer momento que no se descartaba que volviera la publicidad a TVE. Al día siguiente, se descartó. Entre una cosa y otra, no me cabe duda, los teléfonos debieron echar humo.

3) LA PERSECUCIÓN Y ELIMINACIÓN DE LO PÚBLICO. La educación, la sanidad y ahora la televisión. Es curioso: se dice que es una manera de ahorrar dinero, pero no es cierto. Ése sector privado tan alabado ni da la misma calidad de servicios, ni se mueve por otra cosa que no sea el beneficio económico… Y está subvencionado por el Estado. Primero, regalándole una gran cartera de clientes (todos los españoles). Segundo, con participaciones de políticos en el traspaso de negocio con ganancias evidentes que, parece, no merecen la atención de fiscales ni jueces. Tercero, con subvenciones en caso de pérdidas.

4) LO NECESARIO Y LO QUE NO LO ES. En crisis, se dice que lo importante es el paro.. Pero se toman medidas para que, precisamente, crezca. Luego se dice que hay cosas más importantes que la cultura, la educación o la televisión. Es un lenguaje de posguerra, de transición, impropio de un país moderno. ¿Hay que recortar? Sí. Pero no a costa de una pérdida que aún nos empobrecerá más. Y lo hará en algo tan importante como el trabajo o en el nivel cultural de los españoles. Una televisión pública es la referencia de un país y de la actividad privada en ese mismo sector. Querer hacer una televisión a la americana es imposible. Ni hay la misma industria ni la fuerza de las televisiones por cable (en la TDT se dieron concesiones a cadenas que reemiten y sólo hacen mesas redondas, nunca producen). Fueron concesiones políticas, no profesionales.

Lo siento, pero, aún guardando ciertas diferencias (en la 2, ninguna: es mejor la nuestra), TVE está más cerca de la BBC que nuestras privadas de Channel Four o la DSF. Y es líder de audiencia. Tiene un prestigio internacional. Y, muy importante, estamos hablando de algo (la televisión) cuyo consumo en tiempos de crisis es máximo. El pasado enero se han vuelto a batir records en nuestro país: no creo que no sea un negocio poco rentable si se encauza como es debido. Es decir, con más inteligencia que recortando.

5) CULTURA Y SEÑAS DE IDENTIDAD. Se podrán tomar las medidas económicas que se quieran, aunque si son éstas dudo que levantems la cabeza en nada. Además, se toman otras (ley del aborto, posibilidad de que te cases o te divorcies con un notario -¡¡¡cómo se nota que Gallardón es de familia de notarios!!!, lástima que no hubiera sido de guionistas, atrezzistas, eléctricos… Lo mismo nos arreglaba el problema-, eliminar la asignatura de Educación para la Ciudadanía, la alcaldesa de Madrid pide voluntarios para mantener sus centros culturales…). Nada que objetar. Han arrasado en las elecciones (algo que debería hacer recapacitar a políticos de izquierda y a electores) y no creo que se esté haciendo nada que no se esperara.

Pero hay que avisar que si se sigue por esta senda y no hay oposición que lo critique (que parece no haberla, muda como la prensa), nos encaminamos a una vulgaridad y un desierto que hará (como  los recortes en I+D) que un país que debería querer ser grande, se haga pequeño. Sin señas de identidad. Sin cultura. Sin educación. Acrítico. Y un país que no tiene ese orgullo ni esa identidad, nunca tendrá ni economía ni industria porque ésta es el resultado de la esperanza, el optimismo y el trabajo. Y las dos primeras cosas se matan con estas medidas. La tercera, parece que no importa, cuando se castiga a quien lo ha hecho bien o se le elimina.

TVE no es el único ejemplo: el director general de Tráfico acaba de ser destituido tras rebajar un 60% los accidentes, algo que no pasaría en países de nustro entorno).

6) OPOSICIÓN Y SINDICATOS. La oposición (antes gobierno) no ha tomado medidas para evitar estos golpes. Todo lo contrario, con medidas como la supresión de la publicidad ha dado el primer paso para llegar donde estamos. Ha dejado sin defensa a TVE ante lo que va a ser su destino: el desmantelamiento. No es la primera vez que lo hace: por ejemplo, en Educación, lanzó ayudas al sector privado ahorrándole ese paso a quienes ahora gobiernan (y a la propia Iglesia). Ha preferido disputarse sus cargos dentro del partido que a crear un partido que defienda al país de estos embates. Y siguen en ello.

Los sindicatos. Me ceñiré a nuestro sector audiovisual. ¿Se puede esperar de ellos una mínima sensibilidad? Yo no la espero. ¿Qué se puede esperar cuando han impedido que los guionistas hayamos accedido a las  mesas de negociación de nuestro sector? (gracias González Sinde, para ser guionista, poco has hecho).

Una prueba del desprecio a la industria cultural es que hasta hace nada ni epígrafe teníamos los guionistas, los gestores culturales… en el INEM… Es tercermundista que ni siquiera tengamos la posibilidad de poner una tabla de salarios en las webs de quienes nos representan para que no seamos engañados. ¿Podemos esperar directores, guionistas, creativos de este sector -sin nuestro trabajo, los que no nos dejan sentarnos en las mesas de negociación no tendrían trabajo- que defiendan situaciones como ésta?. Sinceramente, lo dudo. Siguen pensando que industria es obrerismo (líbreme Dios de despreciarlo, pero no debe ser sólo eso), fábricas de automóviles y grandes empresas… cuando la industria cultural genera en el mundo unos beneficios superiores a muchas industrias tradicionales, las únicas que ellos protegen.

RESUMEN: estamos jodidos. Y quien crea que esto es sólo la alarma de alguien afectado por este problema en concreto, se equivoca. El verdadero problema es la falta de tejido social, de crítica, de nuestro país. La incapacidad de reacción ante las decisiones de unos políticos que se sienten libres de trabas para (además con el respaldo que da la democracia) tomar medidas inconscientes cuyo fracaso no tendrá responsable.

El verdadero problema es la inacción y, aún peor, que toda acción se pierde en un universo lleno de medios de comunicación que no comunican la realidad ni la analizan.

Mientras, miles de ingenieros y licenciados en otras carreras de alta cualificación dejan España para trabajar en el extranjero, tras haber invertido el Estado en una formación de la que ahora se beneficiarán otros. Mientras, el Senado (ese símbolo de inutilidad) sigue abierto. Mientras, quienes desde el poder hablan de la herencia recibida se olvidan del fracaso de sus políticas en las comunidades autónomas regidas por su mismo partido (la Comunidad Valenciana sobre todas ellas… La madrileña, si se desvelara toda su ingeniería económica, también). Y su ministro de Justicia, hasta hace nada alcalde de la ciudad más endeudada de Europa, posa en la foto de un gobierno que pide restricciones y ahorro. Dentro de unos días doy clase a jóvenes guionistas: les diré que aprendan inglés y que emigren. Es lo que haría yo si tuviera su edad.

Ahora, se pide esfuerzos y sacrificios a una ciudadanía que no es culpable de esta crisis. Una ciudadanía que, además de esforzarse, ve cómo se burlan de ella cuando el ministro de Economía habla de que los bancos deben bajar los precios de los pisos que guardan y luego calcula que habrá que despedir a cerca de 40.000 personas de bancos y cajas: ¿serán ellos los que compren los pisos con el dinero del paro? ¿Lo serán toda la gente que se está quedando sin trabajo con medidas como ésta?

La burla puede llegar más lejos. En Italia, su presidente Mario Monti ha declarado que el trabajo fijo es monótono y que “es mucho más bonito cambiar y aceptar nuevos desafiíos”. Mario Monti es senador vitalicio. O sea, que todo es cuestión de aburrimiento.

Bromas de mal gusto aparte, esa ciudadanía tendrá que asumir el co-pago en atención sanitaria, que verá (si es humilde) las dificultades de sus hijos puedan aspirar a algo por mucho que estudien… Y que cuando lleguen a casa verán programas del corazón, informativos llenos de videos de youtube (ojo: los informativos de TVE serán el siguiente objetivo), realities y series del siglo XII en las que es posible ver a uno de sus personajes hacer anuncios de ING Direct como si por aquella época existiera. O televisiones públicas como la valenciana y la madrileña, fieles servidoras de sus políticos y ajenas a su público (ver audiencias y comparar con la catalana, la vasca o la gallega).

El día que la lectura, el ocio, la televisión, el uso que un ciudadano hace de su tiempo libre (convirtiéndose en consumidor y generando industria con ello) se tengan en cuenta, este país será un país moderno: porque eso es también economía, dinero, publicidad, industria… No parece que vayamos por ese camino.

Como escribió Juanjo Millás cuando la huelga de guionistas de Hollywood  (“Pan y Circo”, 9 de noviembre del 2007):  “No se puede vivir sin comida, claro. ¿Y sin fábulas? Quizá tampoco. (…)  Desde que el mundo el mundo, mientras unos amasan el pan que comemos por la mañana, otros urden las historias que devoramos por la noche. Estamos hechos de pan y de novelas. (…) Imaginen un mundo sin cine, sin novelas, sin cómics, si series de televisión, sin culebrones; sólo realidad a palo seco, o sucedáneos de las fábulas como los que nos sirven los políticos. Ese señor tan raro que se acuesta cuando usted se levanta es guionista. Un respeto.

En este caso, cuando se lea guionista, entiéndase también productor, director, ayudante de dirección, ayudantes de producción, localizador, director de casting, los de sonido, fotógrafo, los montadores, los de atrezzo, eléctricos y hasta los guardias jurados que vigilan un plato. En esto, estamos todos juntos… Aunque tantas veces no nos hayan querido, a nosotros los guionistas, junto a ellos cuando queríamos defender nuestros derechos.

Para todos, un respeto.

PS: A los que piensen que escribo esto como implicado porque soy director argumental y jefe de guión de Isabel en su primera temporada o porque he trabajado estos últimos cuatro años para Diagonal, decirles que he dejado esta productora y ya he cobrado religiosamente todo mi trabajo. Lo cual quiere decir dos cosas: 1) que no obtengo beneficio económico alguno, aunque, evidentemente, que el público vea la serie es de mi máximo interés; 2) que la nombrada productora, junto a las otras que han parado la emisión de sus series (Bambú, Globomedia) han hecho un desembolso que a ver cómo recuperan y en qué tiempo, algo no menos grave que lo que arriba cuento.

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Javier Olivares: Estudió dos años en el Laboratorio del TEC, teniendo como maestros a William Layton, José Carlos Plaza, Miguel Narros… En prensa, fue redactor jefe de La Luna de Madrid. Ha estrenado diversas obras de teatro, como autor, adaptador y director. Como guionista ha trabajado en programas (La Última Noche, El Club de la Comedia…) y en series como Robles Investigador, El secreto de la porcelana, Los Serrano, Pelotas –en todas junto a su hermano Pablo Olivares-, Los hombres de Paco, Ventdelplà, Infidels, Kubala Moreno i Manchón (estas dos últimas como creador y productor ejecutivo) e Isabel, de la que es director argumental y jefe de guión. Profesor de guión en el Master de Producción Audiovisual de la U. Complutense y en la ESCAC de Barcelona.


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