PACO LÓPEZ BARRIO: “LA INDUSTRIA VALENCIANA YA ESTABA DESTROZADA ANTES DEL CIERRE DE CANAL 9”

5 mayo, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

A día de hoy hay varias preguntas que sobrevuelan la apertura de la nueva Radio Televisión Valenciana. ¿Cuándo se hará?¿Con cuántos trabajadores? Y, lo que quizá es más importante, ¿cómo y con qué contenidos? Algunas de estas cuestiones (de complicada respuesta) son las que trata el guionista valenciano Paco López Barrio en la entrevista que tuvo lugar en su despacho de trabajo, y en la que también hubo tiempo de repasar sus años de profesión en la extinta televisión valenciana, las diferencias que notó al dar el salto a la televisión nacional con Víctor Ros El Ministerio del Tiempo, y de su labor como docente de guión.

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¿Cómo definirías tu experiencia después de tantos años trabajando en televisión pública?

Bien, por una parte mi experiencia se divide, en primer lugar, en mi paso por Canal 9, donde empecé en Benifotrem, una serie en donde me divertí mucho haciéndola, y luego en L’Alqueria Blancadonde estuve haciendo argumentos. Tras esto, pasé a Televisión Española, donde trabajé primero en Víctor Ros y luego en El Ministerio del TiempoEsto en cuanto a ficción, pero he trabajado muchísimo también en entretenimiento y documentales.

La verdad que son dos ligas muy diferentes. Trabajar en una televisión autonómica, y más en la valenciana, era hacerlo sabiendo que tenías presupuestos muy limitados y que, además, atrevimientos podías permitirte los justos. Especialmente en la época de L’Alqueria Blanca, por la situación política que vivíamos, todo tenía que ser muy blanco, y era una lástima, porque teníamos una cantidad de elementos de la época (Valencia, mundo rural, años 60) muy interesantes. Eran también los años del inicio de la industrialización en la comarca de la serie, pero sin embargo no podíamos hacer mención a ninguno de los cambios profundos que se apuntaban en aquel momento. Eso te quitaba muchas posibilidades de hacer tramas.

En tu experiencia, entonces, sí que has notado que la escritura de contenido de ficción estaba muy unida a la política reinante. 

Sobre todo en la época del PP. En la época en la que gobernaba el PSOE, que por otra parte poca ficción se hizo, tendríamos otros problemas, pero con el tema de contenidos no había inconveniente siempre y cuando no montaras algún escándalo. En cambio, en la época del PP era cogerlo todo con papel de fumar de manera continua. Entonces, claro, se hacía muy incómodo.

Por poneros un ejemplo. En L’Alqueria Blanca, una de las claves de una temporada fue un embarazo no deseado. Recuerdo que una de las posibilidades que planteé, aunque luego no se resolviese así, fue que el personaje reflexionara sobre la opción de abortar. Hablamos de los años sesenta, lo que nos habría permitido explotar el mundo del aborto clandestino, con todos los riesgos que suponía una mala operación, que incluso podía costarle la prisión o la vida a quien lo llevara a cabo. Pues bien, aquello no llegó ni siquiera a la cadena, fue la misma productora la que dijo que era un tema tabú. Y era un tema que estaba en la calle, no nos engañemos. Desde que soy muy joven llevo escuchando sobre casos de abortos clandestinos.

Todo muy blanco, como decías, sin mención alguna a la actualidad. 

Por supuesto. Sin mencionar el hecho de que en ese momento era Franco el que mandaba. Teníamos un personaje que había venido de la ciudad, un joven inquieto y con estudios, y era un personaje ideal para que montara un sindicato clandestino en L’Alqueria, que empezaba a tener sus primeras fábricas. Pero no había manera. Todo debía ser conflictos de familia o de negocios, no había lugar para la lucha de clases. Es muy complicado hacer una serie de época si te obligan a eludir los conflictos de la época. ¿Al final con qué nos quedábamos? Con la nostalgia del seiscientos y la minifalda.

Y aún así, L’Alqueria Blanca tenía una audiencia muy alta.

Muy muy alta. La audiencia nunca castigó la falta de atrevimiento, quizá porque no era un problema de la serie, sino un problema general de toda la cadena en todos sus programas. Pero sí, ya lo creo que funcionó. Había domingos que se plantaba con un 30% de audiencia. Eso no lo hacía nadie, ni lo volverá a hacer nadie.  También es cierto que había hambre de ficción en lengua propia. Llevábamos 20 años de retraso y el público la cogió con ganas.

¿Qué diferencias notaste cuando empezaste a escribir en nacional?

Para empezar poder dejar de lado el costumbrismo. Y poder, por fin, abordar temas sociales. Además tuve la suerte de formar parte de un equipo con el suficiente peso y prestigio profesional como para poder trabajar sin tener que aguantar demasiadas tonterías de terceros. Javier Olivares es una persona que allá donde va se hace respetar y que se toma muy en serio la dignidad de sus colaboradores, tanto la económica como la creativa. Defiende el hacer de cada escritor, y eso es algo que no tiene precio y que en Valencia nunca llegué a ver. Aunque ahora sigo otro camino, mi deuda con él es enorme.

Y esa valorización del trabajo del guionista de la que hablas, ¿no la llegaste a ver en Valencia en la televisión pública?

La valoración del trabajador audiovisual, guionista o conductor de unidades móviles en la TV pública valenciana… piensa en cómo acabó aquella casa y aquellos trabajadores. Eso te da la medida de todo.

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¿Qué crees que debería hacerse para que la nueva televisión autonómica no incurriera en los mismos errores?

A mí parecer, en estos momentos la televisión autonómica general tiene un handicap bastante gordo, y la valenciana, además, uno extra: viene de un cierre de tres años, algo demoledor para tu presencia en los audímetros, y además parte de una situación de desprestigio descomunal. Creo que nunca ninguna televisión ha llegado a estar tan poco considerada (y con razón) como la valenciana. Hay que salvar, eso sí, a sus excelentes profesionales, eh, que los ha habido, pero ha estado dirigida con el culo desde hace muchos años. Y por si fuera poco el cierre se hizo tan mal que, se dé la solución que se le dé, va a dejar víctimas y agraviados por el camino. Y eso quiere decir viejos camaradas enfrentados. Feo asunto.

Luego, además, por otro lado, se vuelve en un momento en el que la oferta está muy diversificada. Cuando se creó RTTV solo existía TVE y TV3. Internet tenían la NASA y las universidades. Entonces vinieron las autónomas, las privadas un poco después. Ahora la oferta ya sabemos la que es, y realmente está el mercado tan fragmentado que para que una televisión nueva pueda hacerse un hueco suficiente como para que se justifique el que esté abierta habrá que tirar de mucha imaginación, y ahí soy bastante pesimista, porque le temo bastante a los políticos.

Cuando escuché a los políticos de la Generalitat decir que van a reflotar Canal 9 (o como la quieran llamar) a base de ficción… No perdamos el norte: la ficción es lo más caro. Además, la parrilla son muchas horas al día, y tú no puedes hacer televisión a base de salvar una hora por las noches. Ni siquiera las generalistas mejor posicionadas te hacen una ficción al día, hacen dos o tres a la semana. El resto del tiempo hacen otras cosas.

Así, me da un poco de miedo pensar que los que puedan estar detrás de la nueva televisión hablen de oídas. Su viabilidad es dudosa. Si por lo menos tuviéramos la fuerza o la infraestructura (salvando la diferencia de escala) que aún a día de hoy tiene TVE, podríamos plantearnos hacer cierto tipo de televisión, pero nosotros jamás lo hemos llegado a ser, así que me parece un brindis al Sol decir que vamos a hacer mucha ficción. Ficción haremos poquita, y además de muy poco presupuesto. No vamos a poder competir con grandes ficciones que vayan a estar disponibles en el canal de al lado.

¿Y qué te puede salvar una ficción barata? Un guión muy bueno, que arraigue mucho con la gente, cosa que supone escribir con un nivel de exigencia que no sé si nosotros mismos nos hemos llegado a plantear alguna vez aquí. Y no solo eso, también tendremos que escribir con un nivel de atrevimiento importante. Es lo único que nos puede hacer competitivos.

¿Quizá series más pegadas a la actualidad valenciana?

Claro, sin ninguna duda, porque, para empezar, te quitas los elevados gastos de producir una serie de época. Luego, además, puedes conectar con un público más joven, con temáticas más jóvenes, más vivas.

Pero donde yo creo que hay que hacer la gran apuesta es en programas de servicios de proximidad. Entretenimiento bien entendido, de salir a nuestros pueblos, donde hay gente muy divertida que puede contarnos historias espectaculares. Hubo una época en que se apostó por esto, con programas como Trau la llengua o Gormandia, una época en la que de hecho se reflotó una audiencia que se había perdido. Por ahí, a mi parecer, es por donde puede ir el camino, y ojalá se hubiera hecho mucho antes. Ahí fue fundamental la jefatura de entretenimiento desempeñada por Teresa Díez Recio, con quien no me consta que vayan a contar ahora y sería un verdadero lujo.

Respecto a programas como los que puede tener TV3 del estilo Crackòvia o Polònia. ¿Crees que pueden tener cabida en la nueva televisión?

Sé, de hecho, que hay intentos. Lo que pasa es que como hemos perdido un poco la práctica (si es que la hemos llegado a tener) de ser críticos, ácidos, de no preocuparnos si hacemos sangre… estamos tan hechos a la autocensura que nos va a costar mucho cambiar de chip. Además, la sociedad valenciana presume de buen humor, pero no soporta la autocrítica. Bromear sobre el presidente de una falla ya es un tema delicado.

En guión, medir bien cuál es el punto de la crítica política, que duela pero que a la vez sirva de algo, es algo muy complicado, creo yo, y que además hace falta tener mucha mano y experiencia, y nunca nos han dejado desarrollarlo.

Es interesante esto que comentas de la autocensura y del tipo de productos que generó. En Valencia también podemos tener el problema de la audiencia, que está demasiado acostumbrada a relacionar la televisión pública con este tipo de contenido. Así, si ahora se hiciera una serie con una financiación adecuada y con unos guiones cuidados, ¿cómo convences al público más joven que se ponga Canal 9?

¿El público joven lo ha perdido Canal 9? Sí, pero también la mayoría de las cadenas, salvo programas concretos. Al paso que van, de hecho, me atrevería a decir que el público que ve televisión cada vez va a ser más reducido.

Una anécdota: dos abuelos en mi pueblo, en un banco del parque, comentaban el otro día si valía la pena ponerse HBO o Netflix… Si este segmento ya ha llegado a este punto… ¿qué les quedará a las generalistas?

¿Crees que a día de hoy hay proyectos en Valencia que puedan llegar a romper esa autocensura y lleguen al público?

Para empezar, afortunadamente, hace dos años que cambiamos de gobierno y se respira una mayor libertad en todos los ámbitos. Ya no hay excusa para la autocensura.

Creo que hay varios proyectos interesantes. Conozco algunos de ellos, de hecho, e incluso he echado una mano. Creo que hay algunos muy frescos, que apuestan por normalizar la situación de la televisión a base de buenos contenidos. Pero luego también veo mucho proyecto que quizá va de más de lo mismo de siempre.

Mucho biopic de personajes ilustres de la vida valenciana, por ejemplo. No dudo que alguien muy relevante en su terreno (científico, artístico o el que sea) merezca todo el respeto, ni mucho menos, pero su vida puede ser un verdadero coñazo. Quizá para este caso vale la pena hacer biopics de valencianos menos importantes pero que han tenido una vida apasionante, porque dudo mucho que el público valenciano esté deseando que llegue la noche para ver la vida del ilustre académico de turno… pero son los proyectos que a los que tienen el poder más les suele gustar.

Luego también tenemos los típicos documentales estilo “Els Nostres…” Yo siempre digo de broma “Els Nostres Embotits: Capítol 1. La Botifarra”. No terminamos de salir de ahí, de esa concepción de la televisión que ya es antigua, y así nos vamos a quedar en el 3%. Para eso no sé yo si vale la pena volver a abrir.

¿Una modernización en los contenidos es lo que haría falta?

Sin duda, una modernización en nuestras mentalidades, las de los guionistas. Somos los primeros que tenemos que estar siempre renovándonos. Quiero creer que los guionistas, en general, estamos educados en ver contenidos de muchos tipos. Los que no sé si lo tienen tan claro son los políticos y los ejecutivos de turno.

Pero, fundamentalmente, hay un chip que deberíamos cambiar a la hora de desarrollar proyectos. Deberíamos trabajar en aquellas historias que necesitamos contar, porque nos salen de dentro. Pero nos hemos pasado muchos años escribiendo aquello que pensábamos que sería más fácil venderle al político de turno. No podemos seguir con esa mentalidad ni un dia más.

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Algunas de las series en las que ha trabajado Paco López Barrio.

Dejemos de lado ahora la televisión. ¿Cómo sobrevive un guionista en Valencia cuando deja de existir la televisión pública?

A mí, personalmente, me pilla muy entrenado, porque cuando había televisión e industria ya me había chupado largas épocas de paro. Nunca fui de los más simpáticos y queridos, aunque a veces me llamaban, pero no me pilla de nuevas estar un tiempo en el paro, pasando la mano por la pared.

Sí que llegué a una conclusión, hace tiempo, y es que aunque yo viva en Valencia y sea mi centro, tenemos que empezar a acostumbrarnos a que somos unos profesionales volantes que no podemos depender de un único mercado, y ya no hablemos de un mercado local. Precisamente nosotros, que no necesitamos estar físicamente en ningún lugar, o no demasiado tiempo, podemos trabajar en cualquier parte, sin salir de casa incluso. Y si en un momento dado necesitas coger un AVE e ir a Madrid, en una hora y media estás allí.

Eso, por un lado, te da más oportunidades, te oxigena, te permite cambiar de grupo de trabajo y de contenidos, y eso te permite ver que el mundo es ancho y variado y que no tiene que funcionar exactamente igual que en tu casa. Y bueno, supongo que llegará un momento, cuando dominemos otros idiomas, que podremos trabajar para quien haga falta. Ahora bien, ¿cómo abriremos otros canales? Sinceramente, no lo sé, y creo que es un trabajo que le va a tocar a gente con menos edad a sus espaldas, a las generaciones que vienen detrás de mí.

Pero una cosa está clara: el tema de guionista valenciano que trabaja en Valencia se va a acabar. Ya no hay fronteras en la profesión. Y eso quiere decir puertas abiertas para salir nosotros fuera o para que vengan aquí otros de fuera. Cuidado con los proteccionismos, no se nos vuelvan en contra.

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Más allá de los viajes habituales de un guionista, ¿crees que es posible que en Valencia recuperemos el tejido audiovisual?

Bien, el tejido audiovisual se destrozó antes de la catástrofe de Canal 9. Una vez más hay que explicar que la TV valenciana enterró millones y millones en productoras de fuera. Muchas veces propiedad de periodistas de derecha, en agradecimiento por allanarle el camino a Zaplana en su salto a la política nacional. Y el caso es que eran programas sencillos y baratos, que se podrían haber resuelto con personal y equipos propios, que se tenían parados. Pero se pagaron unos sobrecostes alucinantes. El comité de empresa se cansó de denunciarlo sin ningún éxito.

En cuanto a la empresa local, con el cierre quebraron aquellas que habían resistido, que eran las tres o cuatro que recibían los pocos encargos que se quedaban en casa. Siempre las mismas. Ahora se han quedado enganchadas al cerrar Canal 9 y tienen temporadas enteras por cobrar. Eso es un dineral, sin duda, y no hay que alegrarse nunca porque una empresa tenga pérdidas (que lo pagan sus trabajadores) pero tampoco hay que perder de vista que durante años se aprovecharon de su situación de oligopolio. El grueso del sector ya estaba quebrado mucho antes.

Aquí el sector debería replantearse qué papel jugó cada uno, pero… No creo que haga muchos amigos con esta entrevista (ríe), pero sinceramente, creo que hay mucha autocrítica pendiente.

Una de las opciones que le queda al guionista es la docencia, pero en la actualidad, quisiéramos saber si opinas que es un camino natural o, en ocasiones, puede ser casi un camino obligado por la situación de la industria.

A mi parecer hay de todo un poco. Yo, por ejemplo, llevo dando cursos de guión desde hace unos años, y lo que descubro al dar clases es que es una manera genial de refrescar conceptos, de actualizarte incluso y de hacer consciente cosas que puedes saber pero que nunca te has preocupado de sistematizar. Entonces, para mí mismo era una disciplina interesante, y, a la vez, una manera de sacar algo de dinero.

De lo que sí que me he dado cuenta es que la gente sale de las Facultades de Comunicación Audiovisual con unos conocimientos de guión muy pobres. Hay una sola asignatura de guión y es cuatrimestral.

Luego también suele ocurrir que la gente con una experiencia en la industria no está en la enseñanza universitaria, que está más llena de teóricos. Mucha semiótica, pero no profundizan en conceptos prácticos de la escritura porque nunca se han visto en la tesitura de tener que escribir algo para que la gente se entretenga o se inquiete. Así, el bagaje con el que se acaba la carrera respecto a la escritura de guión es poco y poco útil. Ahí pensé que se podía ayudar a cubrir una laguna que existe. Por supuesto hay Másters de guión cojonudos, pero no están al alcance de todo el mundo. Y el que había en Valencia, de FIA-UIMP, muy prestigioso, se lo cargaron hace años.

A mí, lo que más me atrae de la docencia (y así es como yo la enseño) es trabajar en equipos pequeños, con horas por delante para charlar y debatir sobre el estudio del repertorio existente, porque no hay otra forma de descubrir los mecanismos cinematográficos que viendo mucho cine. Tengo pocos alumnos, pero muy motivados. Y quiero que siga siendo así.

¿Y respecto a los manuales?

La mayoría de lo que llamamos “manuales de guión” son en realidad manuales para escribir blockbusters. No hay más que ver en qué años se escribieron la mayoría. Y no es que cuenten mentiras, ni mucho menos, pero sí que creo que su verdad es una verdad muy parcial.

El paradigma funciona de puta madre en historias muy clásicas, en el género de aventuras, pero fuera de ahí… No sólo hacen aguas cuando intentamos examinar a Welles, Fellini, Bergman, Tarkovski… es que el propio Billy Wilder te hace saltar la teoría en pedazos contínuamente. Es una teoría tan parcial, que como la tratemos como la única posible vamos vendidos. La mejor manera de analizar mecanismos no contemplados por el paradigma, pero completamente funcionales, es a través del repertorio.

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A modo de conclusión, ¿qué le dirías a guionistas que estén empezando a escribir y no vivan en Madrid?

Y para los que vivan en Madrid también. Fundamentalmente mi consejo es escribir, ir haciendo obra y pelearse con el folio en blanco. Luchar contra las carencias propias. Formarse al máximo, de una manera amplia, y no solo con audiovisual, sino también con la literatura grecolatina,con Las mil y una noches, con la gran novela del XIX, con el Nouveau Roman… Leer también poesía, muy útil para desarrollar la escritura con imágenes. Hay más potencia escénica o visual en un poema de Pavese que en muchas películas famosas. Con todo eso hay que construirse un bagaje propio. Y, sobre todo, vive. No te conviertas en una caricatura de cinéfilo. Sal a la calle, pasea, habla con gente corriente. Métete en los mercados, en los bares. Júntate con gente con la que no estés de acuerdo para tirar tus tópicos, tus creencias, por los suelos. Y hablad con otros guionistas, tenedlos cerca, sin la necesidad de hacer competiciones. Hay que ser naturales. Y divertirse y disfrutar mucho de esta profesión sin ponernos intelectuales ni pedantes, que ante todo somos personas corrientes. Por eso, por corrientes, somos valiosos.


MÉXICO D.F. AHORA SE ESCRIBE C.D.M.X: ENTREVISTA A ALEJANDRA OLVERA

9 enero, 2017

Entrevista de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea. Fotografías de Caridad Riol.

Las necesidades actuales del mercado mexicano permiten que cada año se produzcan un gran número de largometrajes. Si bien hay de todos los géneros, la comedia sigue siendo el predominante, tanto en cantidad de proyectos como en audiencia. Y dentro de la misma, la comedia más blanca, con poco contenido crítico, se sigue haciendo con los primeros puestos en la taquilla. Para hablar sobre la comedia mexicana actual, sus fortalezas, debilidades y futuro, estuvimos con Alejandra Olvera, guionista de la comedia Tiempos Felices. 

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¿Cómo empieza el proceso de escritura de Tiempos Felices?

El proyecto nació de mi novio. Él y yo estudiamos en la Universidad, y en clase de guión él debía escribir un cortometraje. Él hizo un corto de 10 minutos, más o menos.

Pasaron los años y los años, y me comentó que quería hacer de ese proyecto un largometraje. Ahí vimos qué funcionaba, qué no, y escribimos la película.

¿Cómo adaptasteis un cortometraje de 10 minutos a un proyecto de larga duración?

Como te decía, vimos qué funcionaba y qué no. Tuvimos que crear personajes para la película que no existían en el corto y retrabajar otros que no estaban muy bien desarrollados, por ser un cortometraje.

Por otro lado, la trama (un cuate quiere cortar con su novia y contrata a una agencia para que le ayude) era, obviamente, mucho más pequeña en el cortometraje, por lo que necesitaba más desarrollo, conflicto y profundidad.

¿Y empezasteis a estructurar el largometraje a partir de la trama o de los personajes?

Creo que fue de la trama. Agarramos los giros que más nos interesaban retomar y empezamos a trabajar con esa estructura. Vomitamos todo el guión, y luego vimos qué funcionaba en esa estructura, qué había que cambiar…

Luego, cuando empiezas a rodar la película el guión también crece gracias al trabajo de los actores, que aportan profundidad a sus personajes, se fijan en cosas que tú no habías visto… Como guionista escribes muchos personajes, pero ellos solo se enfocan en uno, en el suyo, por lo que está muy padre que todos ellos vayan enriqueciendo sus personajes.

Tiempos Felices es una comedia. ¿Cómo ves, a día de hoy, la comedia en México?

En mi particular punto de vista, siento que la mayoría de las comedias en México son demasiado básicas y están dirigidas a un público poco exigente. Aunque también existen comedias más independientes que pueden ser muy buenas.

Creo que la comedia es un género muy despreciado dentro la industria y dentro del público más exigente (no sé si solo en México o también en otras partes del mundo). Son pocas las comedias que ganan premios o que consiguen festivales.

Tal vez por eso nunca imaginamos que Tiempos Felices fuera una película festivalera. Acabó presentándose en Morelia, en varios festivales de Estados Unidos, Australia, Dubái… Quiero pensar que es una comedia que pretende ir un poco más allá de las risas fáciles, de los clichés, que es lo que veo en muchas comedias comerciales. Porque sí, se hacen muchas comedias en México, pero no hay muchas con las que yo me identifique. Ahora han estrenado una con la que sí que siento esa conexión, Me estás matando Susana. La vi y me gustó muchísimo. Trata de una manera divertida las relaciones de pareja y es lo que me gusta a mí, que vaya más allá de la risa y que al final consiga hacerte reflexionar. Eso es lo que pretendimos hacer con Tiempos Felices, y eso es lo que me gustaría ver más en el cine mexicano.

Por otro lado siento que el público mexicano no le da mucha chance a las comedias mexicanas. Lo vimos desde que se estrenó el tráiler de Tiempos Felices, la gente hacía comentarios en la página como “se ve que es otra película mexicana que habla sobre lo mismo”. La película no había ni estrenado y ya la tenían catalogada.

En general nos falta abrazar a los productos mexicanos y no hablo únicamente del cine.

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¿Crees que esto puede tener que ver con el contenido televisivo?

Creo que tiene que ver con los prejuicios. Nos pasó algo similar con Yago, una serie de Televisa para la que trabajé. Mis compañeros y yo le echamos muchas ganas pero la gente no le dio la oportunidad de conocerla porque tienen ciertos preceptos de Televisa que son difíciles de cambiar. Irónicamente, el público que hace esta crítica es el que quizá podría estar interesado en este tipo de contenido.

Si profundizamos en la reflexión, quizá es una reacción normal. Como audiencia se han sentido decepcionados por el contenido de tiempo atrás, y ahora es complicado que le puedan dar chance.

Si volvemos a la comedia, siento que en su mayoría se siguen cumpliendo los clichés de los que gran parte de la audiencia se queja, y por eso es todavía más difícil romper los moldes de la comedia en México. Por ejemplo, la mayoría de las comedias que están centradas en personajes femeninos presentan mujeres muy recatadas, ñoñas, o en el peor de los casos, la concepción masculina de lo que una mujer liberada es. Pero es una concepción falsa, nada real.

¿Crees que este tipo de personajes se crean, surgen, desde los guionistas, o pueden venir moldeados por otras exigencias, como producción o audiencia mayoritaria?

Creo que es una responsabilidad compartida porque aunque muchos escribimos lo que nos pide el productor de turno, nosotros desarrollamos los personajes. Eso sí, la última palabra siempre la tiene el productor o la cadena y el producto final queda en sus manos.

En el caso del cine, yo sí pude escribir libremente porque yo también fui parte de la producción. Supongo que en proyectos por encargo es distinto.

Hablabas hace nada de la falta de sensibilidad femenina en las películas protagonizadas por mujeres. ¿A qué crees que responde este hecho?

Creo que hay pocas guionistas de cine y eso hace que las películas sean contadas desde el punto de vista masculino. También creo que algunas películas fallan porque parten de un guión mal trabajado, muchas veces ni siquiera es un guionista el que desempeña este trabajo. Para mí el ideal sería que cada uno se ocupara de su faceta audiovisual. Si eres director, búscate un guionista para que escriba la idea. Creo que eso es lo que muchas veces no sucede y por eso cojean tantas películas.

¿Estaríamos hablando un poco de intrusismo laboral?

Justo con mi novio, que es director, solemos debatir sobre esto. Él defiende que en muchas ocasiones un director novel puede no tener el dinero suficiente como para pagarle a un guionista. Entiendo esa postura, pero para mí eso es como querer poner un restaurante y no querer pagarle el alquiler al arrendatario. Todos los negocios tienen un riesgo. Con esto no quiero decir que ningún director sepa escribir, hay muchos con mucho talento, pero creo que hay que saber a quién acercarse, hay que buscar a los guionistas. Y como guionistas, debemos saber acercarnos a la gente, debemos saber movernos.

¿Qué crees que debería tener la comedia mexicana para evolucionar?

Primero, buscar nuestro propio camino. No querer imitar a los gringos. Y por otro lado, invertir en el guión. Es lo más importante. En ocasiones escucho proyectos que ya cuentan con la financiación y no tienen un guión acabado, bien armado. ¿Cómo vas a tener una buena comedia si no tienes una buena historia?

En ocasiones la gente cree que la comedia es solo hacer chistes, pero la buena comedia parte de la situación.

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¿Y crees que se está siguiendo el camino correcto para ese cambio?

La verdad, no sé decirte. Me gustó la película que te comentaba antes, que vi muy real, nada falsa. Pero en general no tengo esta sensación.

¿Crees que el fenómeno Nosotros los nobles puede marcar un poco el cambio?

Es una comedia blanca, es cierto, pero sí que puede retratar ciertos aspectos que enlacen con la sensibilidad de los mexicanos. Y además ha sido la segunda película más taquillera de la historia, por lo que no puede ser más comercial. Retrata una sociedad con muchos contrastes.

¿La comedia vive pegada al cine comercial?

Sí. De hecho, nuestra película estaba en un limbo. Ni era muy comercial, ni era, por llamarlo de alguna manera, una película de arte. No me gusta el concepto de “cine de arte”, pero es útil para definir lo que quiero decir. Si no defines mucho a “qué cine” pertenece tu película, será difícil encontrar el público. No existe un nicho intermedio, la audiencia no lo ubica.

Falta, a mi juicio, encontrar la manera de llegar a ese nicho intermedio, que existe, sin duda. Personalmente, yo me considero de este nicho. A mí me gusta escribir el tipo de cine que quiero ver. Un punto medio entre películas muy intensas y muy comerciales.

Obviamente puedo ver cine comercial y cine de autor, me gustan ambos géneros cuando están bien hechos, pero creo que estas etiquetas no hacen más que perjudicar al cine. ¿Es necesario catalogar y diferenciar el cine en estos dos apartados? ¿Es necesario que todas las películas tengan varias capas de profundidad, o por el contrario, que no tenga ninguna, y que por ello ya sean “malas”?

No por hacer una comedia ligera significa que no te importe el país, y no por hacer una película de arte, o social, implica que no puedas reírte con una comedia ligera.

Para acabar, querríamos hablar de la figura del guionista en la industria mexicana. ¿Crees que está suficientemente protegida?

Para nada. Existen representantes de guionistas, por ejemplo, pero son pocos. Yo tengo dos amigos que tienen mánager y que luchan por sus derechos, pero creo que no son la mayoría.

Como guionista creo que es tan importante aprender a escribir como aprender a defenderte. Siempre hay alguien que se quiere aprovechar de tu trabajo. Sí hay sindicatos de guionistas que intentan apoyar nuestro trabajo. En mi caso uno de ellos me intercedió cuando tuve un problema legal, pero aún así nos haría falta más protección, y para ello necesitaríamos más unión como gremio.

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* Actualmente Alejandra está desarrollando una serie para Televisa basada en la vida de una legendaria figura del espectáculo. En cine, acaba de terminar la reescritura de un guión estadounidense, que se filmará en el transcurso de este año. Al mismo tiempo, escribe su segundo largometraje, una comedia femenina sobre las relaciones de pareja. La película estará filmándose a principios del próximo año.

 

 

 


MÉXICO D.F. AHORA SE ESCRIBE C.D.M.X: ENTREVISTA A EMMA BERTRÁN

20 diciembre, 2016

Entrevista de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea. Fotografías de Caridad Riol.

Aunque México y España compartan idioma, son dos culturas diferentes, con un cine y una televisión igualmente diferenciados. El tamaño del país, así como los millones de habitantes que viven en él, son elementos que hacen que la industria audiovisual mexicana sea mucho más grande, más compleja y variada. Del mismo modo, se abren oportunidades de todo tipo, aunque empezar de cero en un país desconocido siempre es arriesgado.

Tras dejar un proyecto a medias con futuro y la estabilidad que tenía trabajando en diversas series españolas, Emma Bertrán lo dejó todo y se mudó a México, país que le ha permitido seguir creciendo como profesional y ampliar su abanico de proyectos. Aquí, de hecho, ha podido hacer su primer largometraje, e incluso ha escrito una ópera. Sobre estas cuestiones y otras como la libertad creativa que supone escribir para una cadena de pago o el concepto de cine de autor pudimos hablar con ella una tarde de martes en el barrio de Polanco.

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¿Cómo es tu llegada a México?

Llegué por una cuestión personal: me enamoré de un mexicano, y me vine para aquí. Tenía trabajo en España, estaba desarrollando una serie que se llamaba Madrinas, para Antena 3, con Tedi Villalba, Rocío Martínez y Juan Carlos Cueto, y estábamos en proceso de venta. Habíamos llegado hasta el capítulo 6, y bueno, me surgió la posibilidad de venirme a México. Abandoné ese proyecto, y al final no salió, sigue ahí, esperando. Y es una pena, porque era un proyecto que está muy bien, está muy chulo.

¿Y cómo es tomar una decisión tan arriesgada como esa?

Es arriesgada, porque al menos en mi caso concreto no fue muy pensada. Fue un impulso visceral, puro y duro. También llevaba ya como 4 o 5 años sonando la crisis en España. Debo decir que yo tuve mucha suerte, porque siempre tuve trabajo mientras estuvo la crisis. Y luego tenía una sensación de techo, del famoso techo de cristal. Como que había llegado a un lugar donde no me iba a ser posible dar el siguiente paso, que era el de la producción ejecutiva. Sentía que el mercado estaba muy cerrado, muy concreto, en la gente que siempre había estado en esos puestos, y no sé, como que pensé que era ahora o nunca.

Con el techo de cristal, ¿te refieres a una cuestión de género?

No, la verdad que no. En ese salto no. He tenido grandes jefas, muy buenas productoras ejecutivas.

¿Y por lo que respecta a la situación en México?

Pues aquí el trabajo que he tenido, de hecho, ha sido por ser mujer precisamente. De repente sí había una carencia de mujeres guionistas en este país, en una franja de edad concreta que es la mía (a partir de los 40) y en el trabajo que estoy ahora también ha sido un punto a favor el ser extranjera, lo que me permite tener una visión no romántica del tema que estamos tratando en la serie.

Así, buscaban el perfil de mujer, mayor de 40 y extranjera.

Cuando entrevistamos a Luis Gamboa nos explicaba que él, al inicio, tuvo que diversificarse mucho. En tu caso, has escrito hasta una ópera. ¿Abres las miras al llegar aquí?

La verdad es que sí que vine con la idea de levantar un largo, que eso por ejemplo en España ni me lo había planteado.

Funcionaba bien, trabajaba mucho en series de televisión y me iba muy bien. Pero cuando llegué aquí sí que se me despertó el gusanillo, sí que vi que era posible. Aquí tienen un estímulo fiscal, la ley 189 ahora, que antes era la 226, y eso, quieras o no, abre el mercado. No hay tanto contenido. De repente fue una puerta que vi abierta y por la que decidí entrar, super a gusto además.

Escribí un largo, salió, escribí otro, que está en proceso de preproducción… y lo de la ópera fue por carambola. Yo era (y seré de nuevo ahora) profesora en la escuela de cine que promueve la productora Mantarraya. Antes tenía un taller Mantarraya, donde estaba dando clases, y el director tenía un amigo productor que tenía la idea de levantar una ópera. Nos presentó, de entrada a mí el proyecto me sonó rarísimo, y le dije que yo no podía ser su guionista, porque no sabía escribir ópera. Pero él, muy mejicano (risas) como que le entró por un oído y le salió por el otro. “Muy bien, pero quedamos la semana que viene para charlar”. Y claro, volví a quedar con él, y otra vez le dije lo mismo. “Mira, Juan, yo te ayudo en lo que quieras, pero no te puedo escribir una ópera porque no sé.” Y él, otra vez. “Sí, perfecto, voy a presentarte al compositor.”

Desde el inicio hubo muy buen feeling con Rogelio Sosa, y ya me apunté. Juan, además, me dijo una cosa que me tocó mucho la fibra. “Si tú nunca lo has hecho, ¿cómo sabes que no lo vas a saber hacer?” Pues ahí le has dado. Me senté mano a mano con el compositor, empecé a entender lo que era una partitura, la estructura de una ópera, me empecé a empapar y a documentar, y acabamos sacando un libreto de una ópera que en su circuito la verdad es que tuvo bastante éxito. Riesgo, se llama. Y ahí está, mi ópera (risas).

Escribir una ópera fue un trabajazo. Es un lenguaje diferente del audiovisual, escribes para una partitura, y literalmente fue arrancar de cero.

¿Cuáles son las diferencias entre escribir una ópera y un largometraje?

Las diferencias son todas, como te decía. Trabajas para un lenguaje diferente, para una partitura. Tienes que escribir, a parte de una historia que tenga sentido en una estructura de cinco actos, los diálogos (que son los párrafos que cantan) adecuados en sílabas a una partitura. Era una búsqueda espeleológica en tu lenguaje para encontrar las palabras adecuadas para que se ajustaran y que además pudieran contar la historia.

Y todo eso, además, adaptado al vocabulario mexicano.

Exacto.

¿Cómo fue tu búsqueda para aprender a dialogar?

Tiraba mucho de calle. Me montaba en un pesero (transporte público que vale un peso, pensado para la gente más humilde) que ni siquiera sabía a dónde iba, e iba tomando notas de las conversaciones que escuchaba. La gente que usa este medio de transporte suele ser más humilde. Popular, como dicen aquí. Entonces, tienen un lenguaje muy diferente al que puedes escuchar aquí, en Polanco (barrio de alto nivel económico de la ciudad). Había cosas que literalmente no entendía un carajo. Pero yo las grababa, así, a escondidillas, y luego se las preguntaba a mi novio. Y él me traducía (risas).

Otras las fui captando poco a poco, y luego, cada vez que iba a una reunión o a algún sarao yo estaba calladita, con la oreja abierta, a ver si así iba agarrando léxico y, sobre todo, formas verbales, frases hechas. Pero vamos, sobre todo espiando, venirme aquí, con el móvil, hacer como que escribo cuando realmente lo que hago es escuchar a los de al lado (risas).

Se lo digo mucho a mis alumnos, el diálogo se aprende en la calle, escuchando. Si no, te queda acartonado.

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Sabrás qué hacer conmigo es el título del primer largometraje de Emma.

Si volvemos al largometraje, ¿ves aquí muchas más facilidades para poder sacarlo adelante?

Sí, la verdad. Yo todavía el mercado mexicano no lo acabo de agarrar, puesto que también abarca gran parte del mercado de Estados Unidos. De repente te llaman productoras con proyectos que quieren vender a Telemundo, pero en realidad tu público va a estar en Estados Unidos. Se trata de generaciones primeras que nacieron allí, o para los padres de estas generaciones, que emigraron de aquí para allá.

Hay muchísima necesidad de contenido, son muchos millones de mexicanos en el mundo. O sea, creo que solo en el país son 160, y fuera del país se contabilizan otros 60. Son un huevo de mexicanos que quieren contenido. Por tanto, aquí se necesita contenido, tanto para este lado de la frontera como para el otro. Haya o no muro en un futuro.

Y luego está el estímulo fiscal, Eficine, por parte del gobierno, que la verdad que es un gran pulmón para el cine mexicano, porque sí que se puede acceder a él, no es tan complicado…

¿Crees que esta necesidad cubre las exigencias de hacer un cine mexicano que plasme la realidad?

Igual que en España, aquí lo que funciona es la comedia. Las películas más taquilleras han sido comedias. Cásese quien pueda, Nosotros los nobles, No se aceptan devolucionesSon películas para un público muy masivo, pero tienes una amplia gama de películas que se están moviendo en festivales.

Por ejemplo, hay un documental llamado Bellas de noche, que lo dirige María José Cuevas, que habla sobre las vedettes, un tema que no es masivo y sin embargo sigue teniendo un éxito brutal allí donde ha ido. En Morelia ha ganado premios, en los Cabos también, ahora se va a Rotterdam… Por tanto, sí que hay un cine que habla de México, y sí que hay un cine que no habla del narcotráfico, que habla de más Méxicos.

Así que sí, creo que existe una amplitud de temas. Ahora, lo taquillero, lo que llena las salas, es la comedia. Aquí y allí, vamos. Ocho Apellidos Vascos fue un petardazo. ¿Es una película que habla sobre la realidad de España?

El otro día, cuando entrevistamos a Pablo, comentaba que él opina que hay muchas películas de autor donde a él le faltaba esa conexión con el mexicano. Opinaba que era cine que se hacía directamente para ser exportado a Cannes. ¿Cuál es tu visión al respecto?

A mí, personalmente, el concepto de autor me genera serias dudas. ¿John Ford no era autor? y trabajaba en la industria que trabajaba… Lo que pasa es que era un tío que trabajaba de tal manera que cuando llegaba al montador el material no tenía más remedio que montarla como había rodado él. ¿Eso es autoría, o no?

Es que es un término que escucho desde que salió este concepto, pero no puedo entenderlo. ¿Todos son autores, no? ¿Cásese quien pueda no es una película de autor? Entiendo lo que dice Pablo desde la perspectiva de lo que consideramos cine de autor, pero si hablamos de ese mismo concepto tampoco estoy de acuerdo.

Emma se queda unos segundos reflexionando.

La verdad es que el concepto cine de autor me molesta, y suelo quedarme con la boca calladita en este tema, pero coño, ahí están Howard Hughes, Fritz Lang. Trabajaban en industrias donde todo estaba encajonado, y mira qué cine hacían. ¿Y eso no es cine de autor? ¿O cuándo es cine de autor, a partir de Jean Luc Godard? Pues yo no lo entiendo, la verdad, y menos cuando hacer cine de autor se adopta como una pose.

¿Y no crees que esto también puede ser un problema de cómo recibimos nosotros el cine como espectadores?

¿Por qué va a tener menos autoría una película como 8 apellidos vascos? ¿Te has reído con ella? Pues ha cumplido su función. O la comedia de Lars Von Trier, El Jefe de todo esto. ¿Qué es, comedia de autor? Porque claro, él es el propulsor del dogma. Entonces él ha creado un término nuevo. ¿Comedia de autor? Pues no. Autor es el que tiene una idea y esa idea se graba, se rueda como buenamente puede y le dejan.

Volviendo al cine mexicano, tienes films como 600 millas, de Gabriel Ripstein. Directores como Arturo Ripstein. Dudo mucho que su planteamiento inicial sea hablar de México para exportarlo a Cannes. Pero vamos, que no tengo ni idea.

Hablabas antes de la obertura del mercado, y cómo se están haciendo cosas alejadas de esa narconovela. ¿Ves alguna diferencia entre lo que están demandando Netflix y Blim?

Por lo que veo, por lo que está comprando Netflix en México, tiran por la comedia, una vez más.

Blim sí que sé que están diversificando mucho más los temas. Tienen comedia, hay thriller político… sí que están ampliando el contenido. Pero no sé si Netflix va a seguir esa estela, o se quedará en la comedia, que es éxito asegurado.

¿Qué diferencias notas en las series que has escrito aquí respecto a las que hiciste en España?

La serie que estoy escribiendo aquí ahora no es para un canal abierto, es para una plataforma, por lo que eso ya te asegura que no necesitas el visionado de toda la familia, desde el niño hasta el abuelo de 82. No hace falta nutrir de tramas para todos los públicos.

Es una serie escrita para un público muy concreto, y punto. Eso, como guionista, te da mucha libertad, porque te permite centrarte en la trama, en el arco de personajes. No tienes que estar pensando en meter la tramita corta de comedia, la de adolescentes… La verdad que aquí, la serie en la que estoy ahora, es una joya.

Es una serie de época, de un momento muy concreto, las Olimpiadas del 68, la sucesión presidencial, cuando había un presidente que hizo su propia historia… De repente, he entendido el país en el que estoy, y de dónde viene. A nivel de documentación esta serie ha sido una joya. A través de Televisa Noticieros hemos tenido acceso a personajes que formaron parte de la historia del país. A estudiantes que todavía siguen vivos y que han seguido formando parte del espectro político, políticos que siguen vivos, escritores, filósofos… gente que forma parte de lo que viene siendo el acerbo cultural de este país.

Un día los estás leyendo en tu casa tranquilamente, y al día siguiente te estás tomando un café con ellos y te cuentan cómo vivieron el 2 de octubre. Para mí eso es una joya, ya de entrada, tener acceso a eso. Es como si te sientas con Iñaki Gabilondo. Pues qué maravilla, no, que te cuente él cómo vivió la transición.

Por lo que respecta a los tipos de personajes y tramas que has escrito, ¿notas diferencias entre lo que has escrito en España y México?

Es que, ya de entrada, son dos culturas diferentes. Efectivamente tenemos un mismo idioma, pero a la vez tenemos la distancia de dos lenguas. Es otra manera, las formas, la manera de dirigirte… ellos son mucho más dulces. Hay dos culturas diferentes, que se acercan, pero sí que existe un choque.

¿Qué te ha aportado, por lo que respecta a la creatividad y a la creación de nuevo contenido, vivir y trabajar en un país diferente?

Qué buena pregunta. No sé si se trata tanto de vivir en otra cultura como el hecho de sentirte fuera de tu zona de confort, lo que te obliga a despertarte, no te queda otra. Y más en un país como México, que te exige tener siempre el sentido común alerta.

Por tanto sí, yo sí que siento que veo más, que veo imágenes que no se me habrían ocurrido antes, del mismo modo que a partir de ahí me viene a la cabeza por dónde tirar. A poco que estés semivivo, ya no te digo vivo, sino semivivo, entrar por ejemplo a un mercado aquí te aporta una serie de experiencias (gestos, sonidos, posturas) que te abren la mente. Pero creo que es porque estamos fuera de lo que conocemos. Lo tienes todo por conocer. Y lo bueno de ser extranjera es que cuatro años después lo sigues siendo, cosa que en Madrid obviamente no lo eres, y das muchas cosas por hecho. Forman parte de ti, y tú de ellas. Y aquí no. Todavía no.

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¿Y qué te aporta escribir aquí que no tuvieras en España?

Pues me aporta ampliar mi mercado. ¿Cuándo iba a escribir una ópera en España? Y luego que en España somos los que somos y aquí son el triple, lo que hace que tus posibilidades se aumenten por tres también, del mismo modo que se aumentan también las visiones diferentes dentro del mismo mercado.

* Actualmente, Emma, escribe para una serie basada en hechos reales, sobre los acontecimientos que giraron en torno a las Olimpiadas de 1968 en México. Este año estrenó el largometraje “Sabrás qué hacer conmigo” de Katina Medina Mora y la Ópera “Riesgo”.  Su siguiente largometraje “La Manzana de Adán”, una coproducción entre México y EEUU, se encuentra en fase de preproducción. Forma parte de un colectivo de guionistas, Writers Room, que está en proceso de desarrollo de diferentes contenidos para un lado y otro de la frontera y volverá a dar clases de guión en ESCINE (Escuela Superior de Cine). A día de hoy, también se dedica a seguir conociendo este enorme país y sus gentes.


MÉXICO D.F. AHORA SE ESCRIBE C.D.M.X: ENTREVISTA A MIGUEL HERVÁS

13 diciembre, 2016

Entrevista de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea.

Si hablamos de la industria audiovisual mexicana tenemos que hablar de Televisa, uno de los grandes grupos de comunicación del país y uno de los máximos creadores de contenidos en lengua castellana a nivel mundial. En 2016 Televisa ha lanzado Blim, plataforma digital de suscripción de vídeo bajo demanda que ya se encuentra disponible en 17 países y que se presenta como el máximo competidor de Netflix en México. Para hablar sobre ello estuvimos con Miguel Hervás, guionista español que lleva 10 meses viviendo en México y trabajando en Televisa.

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¿Cómo llegas a trabajar en Televisa México?

Yo ya trabajaba en España para Televisa, en un equipo de desarrollo de series, donde nos dedicábamos a crear contenidos originales para todo el mundo, y también para México. Hicimos varios formatos que se han adaptado luego a México como novela, algunos como Antes Muerta que Lichitaque se estrenó en México por el Canal de las Estrellas, o La Esquina del Diablo, una narconovela que se emitió originalmente en Unimás. Y bueno, yo llegué aquí por unas semanas para apoyar a una serie en concreto, y a partir de ahí surgió la posibilidad de quedarme un rato más. Y aquí estoy diez meses después.

Supongo que viendo como estaba la situación en México, en ese momento pensé que lo mejor para mí era quedarme. La idea de conocer un país como México, trabajar para otro mercado y abrir mi campo de posibilidades a Latinoamérica, era muy tentadora.

¿Ves diferencias a la hora del contenido que escribes en México respecto al que escribías en España?

Creo que hay dos clases de diferencias. Una es la idiomática. En México tienen sus propias expresiones que nosotros no manejamos, como te habrás dado cuenta estando por aquí, y es la primera diferencia que uno nota al llegar. Y después está la cultural. Por poner un ejemplo, los mexicanos no se ríen de lo mismo que los españoles, o no sufren de la misma manera. Hay ciertas cosas que son más cuestión de tonos y de colores que propiamente de un planteamiento distinto, puesto que en el fondo sí que son países hermanos. Por tanto, adaptarse a esto es una experiencia muy enriquecedora y no tan difícil como pueda parecer en un primer momento.

La impresión que tuve cuando llegué es que no me iba a poder hacer a escribir como mexicano, o que me iba a costar bastante, pero después a la hora de escribir le vas pillando el tono. Es fundamental, eso sí, vivir una temporada larga en México para descubrir esto y poder adaptarse al mercado, saber qué quiere el mexicano.

Lo que siempre se dice, que un guionista tiene que hablar de lo que sabe. Para escribir México, tienes que conocer México.

Tienes que conocer México y tienes que tener muy claro qué es lo que ellos buscan. Yo he tenido la suerte de cruzarme con personas que me han orientado muy bien y me han ahorrado mucho tiempo, pero no puedes pretender llegar a México e imponerles tu visión española de las cosas. No funciona así. Aunque ahora se tiende un poco a hacer formatos más globales, y existe esta tendencia global en todo el mundo, las cosas luego no son tan sencillas.

Hablemos ahora de Televisa. ¿Cuál crees que es su papel en México respecto al tipo de contenido que escribís?

Televisa es el primer motor que hay en México por lo que se refiere a creación de contenidos, y en todo el mundo diría, en lengua hispana al menos. No hay nada que se parezca, ni en España ni en el resto de Latinoamérica. Es una empresa que además ahora se está regenerando mucho, que se está intentando adaptar y modernizar para las nuevas generaciones, para los famosos millenials. Personalmente creo que están poniendo todos los recursos necesarios para competir contra este otro monstruo que es Netflix, que no solo está cambiando la manera en la que se demandan los contenidos, sino que también están cambiando los hábitos de consumo.

¿Cuál crees que es el trabajo de un guionista para poder estar pegado a lo que demanda el espectador?

Creo que eso se consigue estando al loro de las tendencias del momento. No creo que sea tanto una cuestión de documentación, de ponerse un sombrero y una gabardina e internarse en un barrio popular. Es importante estar pendiente de las ferias anuales, o ver qué se emite en distintos países y qué funciona, ahí se puede ver cuál es la tendencia. Aquí la tendencia no es diferente a la del resto del mundo. Hay cada vez más formatos que tienen protagonistas femeninos, también está pegando la comedia tanto en televisión como en cine, cada vez se atreven más con historias de género… Por tanto, hay que estar actualizado a lo que se está haciendo, y en base a ello tratar de adaptarse.

Hablabas ahora de las series protagonizadas por personajes femeninos, cosa que quizá a día de hoy todavía no es algo tan habitual en otros mercados. ¿Crees que aquí hay una modernidad en cuanto a géneros?

Si lo comparamos con lo que conocemos, creo que en España tenemos una televisión muy fuerte. Me parece sorprendente ver cómo formatos y series de España son conocidos aquí. Tenemos que valorar mucho la televisión que tenemos, también respecto al resto de Europa. Se hacen series de mucha calidad y muy interesantes. Creo que en España se está siendo, hasta cierto punto, pionero en lo que se refiere al contenido en habla hispana.

Pero al mismo tiempo creo que en México sí que existe una renovación muy importante, y por primera vez hay productores y productoras que están apostando muy fuerte por los guionistas y escritores, y creo que ya es una tendencia que cada vez se va a ir viendo más. Y hay mucha gente intentando hacer cosas nuevas aquí, algo que es de elogiar. Uno siempre tiene la impresión que cuando se habla de México y televisión solo existe la telenovela, y no es cierto. Aquí se están haciendo cada vez más series de formato corto, y por ejemplo, cada vez hay menos diferencias entre una telenovela y una serie. Ahora se están empezando a hacer teleseries de 20 capítulos, cuando antes eran de 60, y cuando antes eran de 120. La diferencia entre un formato y otro no es tanto, cada vez son historias más contraídas, más concretas, apostando por un modelo de calidad de producción. Hay series ahora con valores de producción que en España serían difícil de ver. El espectador se está acostumbrando a la calidad. Y eso es una tendencia que ya es irreversible.

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¿Crees que este aumento y renovación de series se debe a que las exigencias del guionista se valoran más?

No sé si tiene una relación directa con el guionista, la verdad. Creo que todo viene un poco de competir con un mercado tan fuerte como es Netflix. Blim intenta ser la misma plataforma que Netflix pero orientada a un mercado hispanohablante. Competir contra Netflix implica adaptarte y hacer contenidos parecidos a los de ellos, sin perder la novela, algo que en México sigue encajando muy bien. Pero a la vez hay que hacer cosas para no perder ese público que cada vez está más acostumbrado a consumir formatos de Netflix. Los millenials mexicanos ya consumen contenidos angloparlantes sin complejos.

Respecto a los contenidos, ¿en qué crees que se puede llegar a diferenciar Blim a Netflix? ¿Por qué alguien iba a preferir Blim antes que Netflix?

Creo que es una muy buena pregunta. Al final creo que el gran valor que tiene Televisa y sus formatos es que están hechas por escritores y actores de aquí, que son series que están hechas en su propia lengua. Al final la gente también quiere ver caras conocidas e historias que le sean reconocibles. De ahí la importancia de respetar el localismo de la zona. No estás viendo una serie que transcurre al otro lado del mundo, sino que sucede en tu propio país. Creo que ese es un gran valor que no se debe perder.

Es una pregunta difícil, pero supongamos que Netflix empieza a hacer series mexicanas con actores y guionistas mexicanos. ¿Dónde crees que se podría buscar entonces la diferenciación entre ambas plataformas?

Creo que ese es un muy buen planteamiento por parte de Netflix, puesto que es un valor añadido para competir en este mercado. Por otro lado, creo que si tú te vas a suscribir a una o a otra plataforma tienes en cuenta no solo el valor cualitativo, sino también el valor cuantitativo. Te interesa tener acceso a muchos formatos. No sé si a Netflix le bastará con hacer una serie al año en México cuando aquí se están haciendo más de 20. Puede ser interesante en los próximos años ver cómo se va a comportar el público.

Y tú personalmente, ¿qué géneros crees que se van a tocar en México en los próximos años?

Yo estoy en varios proyectos de largo, lo cual es una suerte y algo casi impensable viniendo de España. Por eso solo puedo estarle agradecido a esta tierra. Más allá de eso, ahora mismo se están haciendo, como te decía, más de 20 series aquí, y son proyectos que cada vez más abogan por la calidad, por ser concretos y por intentar aportar algo original.

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¿Qué te aporta México que no te aportara España? ¿Por qué decides quedarte aquí?

A parte de porque es una experiencia en sí misma estar en otro país, creo que es muy interesante para un guionista joven conocer otros mercados. Tus capacidades se amplían, y creo que es interesante ver más allá de lo que es España y de la comodidad que supone para alguien estar en su propio país. Creo que en México se está produciendo mucho, cada vez más, la tendencia de la gente que va al cine cada año sube, y luego la cultura mexicana es muy acogedora, premia mucho el talento y gusta la gente joven que viene de fuera. En ese sentido tenemos mucho que aprender de ellos. Creo que es muy interesante plantearse una experiencia fuera de España.

Eso sí, no quiero vender que es fácil venir aquí, colocarte y trabajar. No soy nadie para decirle a alguien que haga las maletas y pruebe fortuna. No es más fácil que en cualquier otro lugar. Yo vine cuando trabajaba para el equipo de guionistas de Televisa en España, lo cual ya es mucho más que empezar de cero, y contando además con el apoyo de varias personas dentro y fuera de la empresa.

* Actualmente Miguel está escribiendo dos largometrajes para Videocine, uno de los cuales se empezará a rodar en diciembre de este año y el otro está por confirmar. También escribe en una serie de televisión que se estrenará próximamente en Blim. A día de hoy afirma echar tres cosas de menos de España: A su madre, ver los partidos de La Liga a una hora decente y comer tortilla española (no por ese orden).


MÉXICO D.F. AHORA SE ESCRIBE C.D.M.X: ENTREVISTA A PABLO ARAMENDI

2 diciembre, 2016

Entrevista de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea. Fotografías de Caridad Riol.

Si hay una palabra que puede definir el panorama audiovisual actual en México, esa es cambio. A la apertura del mercado también se le suma la búsqueda de nuevos géneros e historias que contar, tanto en televisión como en cine, si bien ambos modelos todavía tienen elementos que los distinguen entre sí. Además, y pese a compartir lengua, el mercado mexicano presenta diferencias sustanciales respecto al español. Sobre todo ello pudimos hablar en profundidad con Pablo Aramendi, guionista español que ya lleva tiempo viviendo en México.

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Vamos a empezar a lo grande, con una pregunta fácil de formular pero difícil de contestar. ¿Cuáles crees que son las diferencias más notables entre el mercado mexicano y el español por lo que respecta a la forma en la que se escribe?

Buena pregunta, (ríe). Para mí la principal diferencia, si hablamos de la televisión y teniendo en cuenta que es la opinión de alguien que lleva aquí dos años, es que el mercado mexicano se ha basado muchísimo en la novela y en la teleserie, un formato que es muy largo y muy ajeno para nosotros. Se escribe mucho, y se escribe mucho más rápido. Para que os hagáis una idea de lo diferente que es aquí, están tan poco acostumbrados a hacer series de 13 episodios que muchas veces se encargan las temporadas de dos en dos o de tres en tres. Y la emisión también sigue ese esquema, a veces las series se emiten de lunes a jueves, casi diario, como si fueran telenovela. Por lo tanto, el tipo de historias también cambian. Necesitas más personajes, conflictos más fuertes y arquetípicos. Diría que en eso se basa el mercado mexicano, porque es lo que mejor ha vendido. Aún así, las series mexicanas, a mi parecer, no se han vendido bien fuera. Siento que no han viajado tanto como han viajado por ejemplo las españolas. Por ejemplo, algunas de las series que he escrito en España las he visto aquí en televisión. O sin ir más lejos, el Netflix mexicano me recomendaba series que había escrito yo, y ponía mis capítulos para ver si eso me da derechos de autor algún día (ríe). Pero volviendo a la pregunta, diría que sí, que se ha basado sobre todo en la teleserie y en la telenovela, que no han tenido tanto éxito como algunas españolas de prime time.

Por otro lado, aquí no entienden eso de los setenta minutos por episodio que tenemos nosotros. Son más cortas. Y la programación también es distinta, puesto que el horario es mucho más norteamericano y el prime time es antes que el nuestro. Por lo que respecta a los géneros, siento que se tira mucho más hacia el drama, que es la tendencia, por más que México sea un país con mucho sentido del humor la comedia se trabaja menos.

¿Crees que estas diferencias se deben a distintas exigencias por parte de las productoras, o a diferentes gustos por parte del público?

Esa es la misma pregunta que te van a hacer en España. Si le preguntas a cualquier guionista español seguro que te dice que el público está más preparado y que los productores y las cadenas son conservadoras. Pues aquí un guionista mexicano te va a decir lo mismo. Yo creo que probablemente el punto intermedio esté entre el mundo del guionista y el del productor.

Eso sí, hay que tener en cuenta que este es un mercado mucho más grande. Ten en cuenta que ahora mismo hay 110 millones de personas en México, por lo que creo que sí que debería haber hueco para más cosas. Aún así, sí que siento que es más difícil para las cadenas de televisión en México recuperar a los espectadores que han perdido por plataformas como Netflix o HBO, que aquí puedes contratarlo a diferencia de lo que ocurre en España. Eso implica que tienes mucha más variedad, puesto que puedes tener acceso casi a toda la oferta que hay en Estados Unidos, y creo que toda la gente que no busca su oferta en televisión difícilmente volverá a ella. Aunque tampoco sé si lo que se pretende es recuperar esa audiencia perdida.

ACTUALIZACIÓN: Si bien cuando estuvimos con Pablo hace dos semanas no era posible, a día de hoy ya se puede contratar HBO en España.

Quizá se trata de fidelidad el público que ya tienen escribiendo aquello que saben que le gusta a cierto público.

Sí, lo que pasa es que por un lado siguen perdiendo gente, sobre todo entre el target más joven, pero todavía siguen teniendo mucha fuerza. El último capítulo de la serie de Juan Gabriel lo vieron 17 millones de personas, que son un huevo de personas. Una Coca Cola vale lo mismo en España que en México. Pues imagina la cantidad de dinero de más si te están viendo 17 millones de personas.

Sí que es cierto que hay cosas que están cambiando. Por ejemplo, Tv Azteca tuvo que cambiar muchas cosas de su estructura y con ello paralizó los contenidos de ficción que tenía. Ahora lo están reactivando, están buscando su propio camino. O Televisa, que ahora está lanzando su propia plataforma y lanzando con ello multitud de series al mercado. Han salido unos datos que dicen que Televisa ha bajado sus beneficios en un 84% en los 9 meses que llevamos de año. Eso es cierto, pero también lo es que han vendido un 6% más de contenido. Hay que ver, quizá, qué es lo que les está fallando en ese modelo de negocio, porque quizá no es el contenido. Pero sí, ahora se está apostando mucho en México por hacer series.

¿Y con esta apertura de mercado se demandan nuevos tipos de series?

Va a ser lento, porque están buscando el tipo de público que se ha alejado de la televisión, pero la oferta va a tener que ser más variada sin duda. Esa es la apuesta, abrir la oferta y ver qué les funciona y qué no. Yo creo que no tienen una idea clara de qué es lo que están buscando, porque están comprobando, como digo, qué funciona y qué no. Es un poco como si pones Netflix en tu casa ahora. Están produciendo 20 series al año, y ahí dentro hay algunas que son para viejas, otras que son para jóvenes, otras para señoras, hay series históricas, y series que hacen directamente para el mercado afroamericano de Estados Unidos. Por tanto, yo creo que la idea de todas estas plataformas es tener a todo el público contento con su oferta. No creo que vayan a un público específico, que es lo que pasaba antes con la televisión. Antes, si tenías una única bala programada a cierta hora, lo que intentas es lo que ocurre con Juan Gabriel, que quieres que te vean 17 millones de personas. Pero si lo que vas a hacer ahora es encender Blim [la plataforma de Netflix] y tener 12 series, lo que quieres es que todas se diferencien entre sí para que le puedan gustar a alguien. O esa es mi interpretación.

A parte de las diferencias, ¿también ves similitudes en la forma de escribir?

Hay algunas cosas que sí que se comparten, no tanto por el idioma sino porque culturalmente estamos cerca en algunas cosas. Tendemos a enfatizar las emociones, a querer mucho a las madres en televisión (ríe). Ese tipo de cosas sí que son básicas y fundamentales, y no sé, seguro que tienen que ver con la religión católica. Hay parecidos por lo que respecta al respeto a la familia, que sí que está muy presente.

Aunque, volvemos a las diferencias, hay muchas cosas que no tienen que ver, porque aquí todo es más dramático y más intenso. Digamos que también España es una sociedad más acomodada que la mexicana, que es mucho más convulsa, por lo que las historias aquí también te piden más intensidad, porque lo que vive la gente es más intenso. Aquí cuando intentas hacer algo más diluido…

La televisión aquí está muy pegada a la realidad, por tanto.

Puede ser, y es verdad que luego también hay comedia y sentido del humor, pero siento que lo que es divertido en México no es lo que yo veo en la sociedad. No es ese tipo de comedia. La comedia aquí necesitaría evolucionar bastante. O al menos, para que me gustara a mí, puesto que todo es una percepción personal.

¿Cómo crees que podría darse esa evolución?

Es una pregunta difícil. La verdad, creo que no sé tanto como para poder dar una respuesta respetable.

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Cartel promocional de la película.

Si hablamos ahora de cine, ¿cuáles crees que son las diferencias que puedes ver a la hora de escribir para España –recientemente se estrenó en España The Night Watchman. La minadonde participaste en el guión– y para México?

Diría que hay una diferencia marcada en algo que también pasa en España, aunque cada vez menos. En España el que hacía cine se sentía cien veces mejor que el que hacía televisión. Creo que esa diferencia se ha estrechado, pero aquí todavía se mantiene un poco esa diferencia. Siento que la gente se siente muy jerarquizada en función del proyecto en el que esté trabajando.

Y luego aquí el cine tiene dos cosas. Tenemos el cine ultracomercial por un lado y el ultrafestivalero por el otro. Siento que hay pocos proyectos que estén en el medio. A mi parecer, el muy comercial está muy alejado de lo que me interesa, y en el festivalero, aunque encuentro cosas que me gustan más, lo siento un poco falso aquí, la verdad. El cine de autor, siempre hablando desde una perspectiva de extranjero, siento que es un cine de autor pensado para que le guste a un francés, pero no para que represente a un mexicano, y creo que hay mucha distancia entre el espectador mexicano y el cine de autor mexicano. Me parece que está más pensado para que te lleven a Cannes que más que para reflejar una realidad de aquí. Que muchas veces sí que tratan temas que son parte de la realidad mexicana, pero la forma de hacerlo creo que no es tan veraz, sino que es lo que queremos ver en Europa.

No sé si te refieres un poco a que el cine de autor aquí tiende a dar una perspectiva europeísta de lo que nosotros pensamos que es México.

Sí, también, pero sobre todo me refiero a que a veces ves películas mexicanas de autor donde la gente no habla como los mexicanos que te cruzas por la calle, donde los silencios son excesivos en un país que al menos para mí está lleno de ruido constantemente. Cuando un mexicano imita a un español, y lo sobreactúa, exagera la forma en la que hablamos, pero nos retratan como muy formales, y yo siento que aquí utilizan muchas más palabras que las que yo utilizaría para decir lo mismo, y sin embargo en las películas hay mucha tendencia a frase corta y mirada larga.

Luego, claro está, hay películas de autor donde también se pueden ver mexicanos, donde te los crees, como Y tu mamá también Temporada de Patospero hay muchas otras donde en el fondo lo que se hace es imitar la filmografía de países nórdicos con gente de aquí y con relaciones que no son las de aquí incluso. Siento a veces que los guionistas y directores mexicanos, como existe el rechazo desde la intelectualidad a todo lo que huela a telenovela, se desdramatiza y se limpia todo en exceso. Y para mí, después de eso, se pierde todo lo autóctono.

Digamos que queda un cine social casi prefabricado.

Sí, y no solo social, porque puede ser también de pareja, pero con esto quiero decir que si un matrimonio sueco descubren que se están siendo infieles el uno al otro quizá ni se lo dicen a la cara, o se lo dicen de una manera tranquila, pueden esperar dos semanas para decírselo, pero por lo general si aquí se descubre que se están siendo infieles los unos a los otros la discusión se empieza y se acaba esa misma noche. No son cosas que por lo general (no quiero generalizar) que aquí uno se vaya a guardar, o se vaya a eternizar como puede ocurrir en otros países, y siento que se imitan esos modelos cuando no son propios de la sociedad mexicana.

Quizá, a modo de conclusión, podríamos decir que lo que se está intentando (o lo que se debería intentar) es explotar más lo autóctono sin caer en clichés ni desdramatizar.

Podría ser. A ver, es verdad que es una exigencia un poco carona la mía. Es muy difícil encontrar un director que sea capaz de retratar la vida y las cosas como son, pero ni aquí ni en ningún lado. Hay que tener mucho talento para ello. Cuando digo todo esto no lo digo por condenar, sino que yo veo las cosas y reflexiono sobre si el proyecto acabado es realmente lo que está viendo su director. Muchas veces se me hace lejano.

Sería un poco hablar de lo que se conoce con tal de poder plasmar la visión sobre ello. 

Efectivamente.

¿Y ese alejamiento también está presente en el cine muy comercial?

Sí, pero yo creo que eso es algo que pasa en todos los cines del mundo. Lo comercial es comercial, y el modelo es el americano. Las películas que se hacen comerciales en España, por ejemplo, también siento en ocasiones que son productos que ya conozco de antes. Aunque bueno, eso ya depende de los gustos de cada uno.

Y por otro lado, también creo que es muy complicado conseguir hacer algo intermedio. Conozco a gente que ha intentado hacer películas de autor pero que a su vez sean accesibles y luego tampoco encuentran público. Y si en España la distribución ya es salvaje, aquí lo es mucho más, porque está duopolizada por Cinemax y Cinépolis, y hay muy pocos sitios donde se puedan ver películas fuera de ese duopolio. Por otro lado, hay películas que se pueden estrenar en la Ciudad de México este mes, pero que a ciudades más pequeñas pueden llegar en marzo. Y todo el esfuerzo publicitario que has hecho lo has hecho en este momento. ¿Cuánto queda de todo este esfuerzo de aquí a que la estrenen en otra ciudad? Muy poco. Y eso es un problema para este tipo de películas.

Pablo 2.jpg

Para acabar, ¿laboralmente qué te aporta este país que no te aporte España?

Ahora hay muchas opciones. También los proyectos en los que estoy, me gusten más o menos, son cosas que seguro que no estaría haciendo ahora en España. Hablo con mis amigos españoles y el 90% están haciendo cosas que ya hemos hecho, ellos y yo. Estaría haciendo series distintas pero muy parecidas. En cambio, las que estoy haciendo aquí, algunas mejores, algunas peores, son distintas, y eso me divierte. Me divierte, y es un desafío. Para mí eso es divertido. No sé cuánto me da a durar, supongo que llegará un momento que me deje de divertir si a partir de escribirlas no soy espectador de las series que escribo, pero de momento escribiendo aquí estoy muy cómodo y contento.

* Actualmente Pablo está dialogando una telenovela para Univisión, La doble vida de Estela Carrillo. Pronto podrá contar qué pasó con el proyecto Todo mal que hizo con Curro Serrano (de lo que ya empezó a contar en bloguionistas) y que se terminó de grabar en Los Ángeles en septiembre. Además, está preparando otros proyectos de serie que, como él dice, “avanzan dos pasos y retroceden uno” y escribe un guión de cine con Luis Gamboa que todo apunta a que se filmará el año que viene. Por si fuera poco está explorando nuevos territorios y escribe guiones para vídeos en 360º y de realidad virtual. Cuando no es guionista y, en sus propias palabras, “se aburre”, descarga diccionarios sonorenses de internet y ve vídeos en youtube de “buchonas” (novias de narcos) para aprender el idiolecto y que no le despidan.


ESCRIBES PARA GENTE QUE NO QUIERE LEER

20 enero, 2016

jameson

Juanjo Ramírez Mascaró.

Hace poco asesiné a una persona. Necesitaba esconder el cadáver en algún sitio en el que nadie lo encontrase, así que lo puse en la acotación de un guión.

Tenemos que asumirlo: Hay muchos PROFESIONALES que no van a leerse las acotaciones de tu guión. Es más: Habrá productores y miembros del equipo técnico que pondrán a parir lo que has escrito porque no han leído bien tus acotaciones y se han perdido matices importantes.

¿Y los actores? No voy a decir que la mayoría de los actores se fijen sólo en los diálogos, ignorando las acotaciones, pero todos sabemos que sucede más a menudo de lo que desearíamos.

Estaría bien reprocharles esa conducta con la cabeza bien alta, pero no podemos… porque nosotros, los guionistas, tampoco prestamos demasiada atención a las acotaciones.

Que tire la primera piedra el guionista que, en más de una ocasión, condicionado por la presión y por las prisas, se ha leído el guión de un compañero “en diagonal”, que es un eufemismo para decir: “Me salto tres de cada cuatro acotaciones porque ME DAS PEREZA.”

¡Si es que ni siquiera nos leemos bien nuestras propias acotaciones!  Cuando revisamos el guión pulimos el diálogo hasta la saciedad, pero lo otro ni lo miramos. A veces, más que texto, parece alcantarilla: ecosistema favorito de la errata.

Supongo que en el fondo pensamos: “Lo importante es el diálogo. Es la única parte de nuestro trabajo que, con suerte, va a llegar al público reproducida tal y como la hemos escrito.”

¡Mal!

Si piensas así, ponte a escribir teatro. Y escribirás un teatro muy coñazo.

Se supone que nuestro curro consiste en manejar el lenguaje audiovisual. Hacemos cine, televisión… esas cosas. Cuando estudiaba para esto, los profes me decían que lo que se veía era más importante que lo que se decía, que los personajes se definían por sus acciones…

El profesor que más insistía en ello era un tal Hitchcock.

Luego te licencias, empiezas a trabajar aquí y allá y te piden que escribas cosas que más que cine o tele son radio, pero sin la magia de la radio. Cosas que cualquiera pueda escuchar sin prestar demasiada atención a la pantalla, mientras friega los platos.

No sé por qué te esfuerzas tanto en mantener esos pectorales, Mario Casas. Nadie te está mirando.

Otra cosa que descubres cuando aterrizas en el mercado laboral es que a gran parte de los productores no les gusta leer. No les culpo. A nadie le gusta leer. Matizo: Nos puede gustar leer lo último de Stephen King, o lo primero de García Márquez. Pero no nos apetece perder nuestro valiosísimo tiempo leyendo abortos potenciales de “don nadies” como nosotros.

Hoy día cualquier cosa que no quepa en un tweet nos parece demasiado larga.

De niños sólo nos interesaban los libros que tenían muchos dibujitos. Despreciábamos el texto. Hoy día nos interesan los guiones que tienen muchos diálogos. Ignoramos las acotaciones.

Creo que somos nosotros, los guionistas, quienes tenemos que romper el círculo vicioso. ¡Cuidemos más nuestras acotaciones, para que no dé tanta pereza leerlas! ¡Hagamos ese esfuerzo!

Esmerémonos para que sean más fáciles de leer.

Revisémoslas con la misma atención que dedicamos a los diálogos.

Currémonoslo para que las frases no sean farragosas, para que sean directas, concretas, fluidas. Como puñetazos.

Mimemos la gramática, la sintaxis. Que el lector no tenga que consumir su energía desentrañando nuestra escritura. Que sea la frase la que salte para meterse en su cerebro, perforándole el cráneo.

Y usemos un poquito más la tecla INTRO, por favor. Espaciemos la información, dejemos huecos para que se cuele un poco de aire fresco entre un renglón y otro.

Un concepto por párrafo.

No abigarremos los folios con tochos interminables. A veces apelotonamos toda la información en unos pocos párrafos, provocando esa incómoda sensación de cuando estás en un restaurante en el que hay demasiadas mesas y están demasiado juntas. Creo que lo hacemos porque tenemos miedo a pasarnos de páginas. En el colegio hacíamos los trabajos con letras más grandes y muchos espacios para ocupar más páginas. Cuando creces y te dedicas al guión, acabas haciendo lo contrario: Recurres a todas las triquiñuelas habidas y por haber para ocupar menos espacio. En ocasiones eso implica incluso amputarle elementos a una acotación para que ocupe un solo renglón, aunque lo que dices en ella no se entienda del todo.

Al final todo se reduce a eso: A espacio y a tiempo. Al tiempo que se supone que ocupa el espacio de un folio… o al poco tiempo del que dispones para reaccionar cuando te piden las cosas “para ayer”… o al poquísimo tiempo que va a destinar tu destinatario a leer lo que le ofreces.

Nos ponen la cosa muy difícil para hacer bien nuestro puto trabajo, pero eso no debería ser excusa para no hacer bien nuestro puto trabajo.


GUIONISTAS DE CINE Y GUIONISTAS DE TELEVISIÓN

13 noviembre, 2014

por Carlos López

SORKIN por dos

Me lo dijo hace tiempo un actor y creo que sirve también para guionistas: “Cuando hacemos televisión queremos hacer teatro, cuando hacemos teatro estamos deseando hacer una película y cuando por fin rodamos, mataríamos por entrar en una serie”. La eterna insatisfacción, las ganas de probarlo todo, de demostrarse a uno mismo que puede, de escapar de la rutina… En este oficio se empieza desde cero tantas veces que los deseos de cambio acaban por convertirse en un vicio. Cuando escribes drama estás deseando escribir chistes y cuando trabajas en una comedia echas de menos el drama. Y luego está, eso, el gran salto: que un guionista de series estrene un largo, que un guionista de cine entre en una serie. ¿Ah, que eso no pasa? Pasa, pero pasa poco.

No son mundos tan distintos ni, por supuesto, lenguajes diferentes. En la práctica, sin embargo, son planetas que giran en órbitas distantes. Muchos guionistas televisivos, entre ellos algunos muy curtidos y hasta con prestigio, tienen clavada la espina de no haber visto su nombre en los créditos de una película. Como si les faltara algo. Como si el éxito de audiencia y el trabajo continuado no fueran suficientes: el cine tiene un aura, un no sé qué, un envoltorio bohemio, el sello de artista… Sí, sí, lo mismo te pagan menos y tu película se estrena de refilón, pero es otra liga, es la Champions, entras en la historia, en los libros, en la alfombra roja. Vale que no podrás invitar más que a dos personas en el estreno, pero ¿vamos a fijarnos en los detalles?

Ah, eso sí, hay un momento que todo guionista debería vivir: camuflado en las filas de atrás del cine en una sesión de diario, fisgando los comentarios de los espectadores, comprobando que ríen tus chistes o saltan cuando has querido darles un susto. Eso no tiene precio, eso compensa todo. Eso hay que vivirlo.

Si hablamos de éxito de público, la televisión gana por goleada. Ahora mismo hay en emisión tres o cuatro series nacionales que convocan cada semana a más de cuatro millones de espectadores. En cine, aunque hay que tener en cuenta la envergadura de la película, un solo millón de entradas ya es un pedazo de éxito. El niño, por ejemplo, apenas ha pasado de los dos millones; Torrente 5, del millón y medio (puedes comprobar datos recientes de recaudación aquí). La conexión con su público que tienen las series en nuestro país es innegable y, sin embargo, muchas veces parece insuficiente para sentirnos orgullosos de ellas. Incluso para que muchos de los que trabajan en ellas se sientan orgullosos.

Ah, eso sí, dónde va a parar: quién se conforma con un Iris cuando se puede competir por un Goya.

Y eso que, en cuanto a la consideración artística que nos merece, de unos años a esta parte la televisión se ha convertido en la meca del creador, el laboratorio de invención de personajes, el lugar donde se exploran nuevos mundos y donde se juega a imaginar… territorios que antes parecían exclusivos del cine. Para la televisión actual, el cine es un trastero del que se dispone a voluntad hasta vaciarlo: a este paso, no van a quedar películas que se conviertan en series. Vale que cuando el fan habla de series suele referirse a los canales de cable norteamericanos, pero el virus se va extendiendo.

Tradicionalmente, cine y televisión eran, también, mercados laborales diferentes. La crisis ha tirado todos los muros que separaban esos mercados y profesionales de todos los departamentos han dejado el cine para invadir los platós de televisión. Incluso los directores. Y aún así, siguen siendo mundos bien distintos. Pido permiso a dos colegas para reproducir aquí un fragmento de charla tuitera de hace unas semanas:

CHAT

¿Y los guionistas? ¿El guionista peliculero no está preparado para el ritmo infernal de las series? ¿El guionista televisivo no tiene la altura requerida para la magia del cine? Realmente, ¿en qué se diferencia el trabajo de uno y otro?

En estas cuestiones estaba cuando leo la crónica que en este mismo blog escribió Alberto Pérez Castaños de la masterclass sevillana de los guionistas de Juego de Tronos. David Benioff y Daniel B. Weiss dejaron caer esta perla: “Escribir una película es como correr una maratón; escribir una serie es correr hasta que te mueres”. Qué razón tienen, pensé. Y seguí pensando más cosas: primero, el trabajo de guionista, en el fondo, es igual aquí y en todas partes; segundo, al guionista se le pide esfuerzo hasta el agotamiento, doy fe, nada de siéntate a esperar a las musas, no, tú ponte a correr y no pares; tercero, ¿de verdad no hay más opciones? ¿Estoy a punto de morirme o me he muerto ya y esto es Limboguionistas?

Por una mezcla de azar y empecinamiento, que es como únicamente se consigue algo en esta profesión, debuté en el cine y sólo unos años después tomé contacto con la televisión. En los primeros tiempos, cada vez que surgía la oportunidad de trabajar en una serie no podía atender la llamada porque ahí estaba, con mi película, regando el huerto, esperando a verla brotar, y entrar en el equipo de una serie era como alistarse en la Legión: despídete del mundo hasta que empiece la emisión. Pero llegó el momento en que me decidí a probar suerte, y llevo cerca de diez años entregado a la ficción televisiva. Así que no voy a contaros, de momento, cuáles son para mí las diferencias entre el trabajo de guion en cine y televisión, sino algunas de las cosas que he descubierto trabajando para la tele. Cosas que aprendes en la tele y que no conoce el guionista de cine.

Porque quizá la tele no da esa pátina, no es esa bufanda de autor, ese periplo de festivales y retrospectivas, ese sentimiento de pionero que se abre paso a machetazos, ese privilegio que sigue siendo participar en una película. A cambio, en el trabajo de guionista de ficción en televisión disfrutas de otros privilegios indudables. Como estos:

EL TRABAJO EN EQUIPO. Cójase a seis guionistas e introdúzcanse en una sala pequeña, sin ventanas, con una pizarra blanca muy grande, dos cajas de rotuladores y una montaña de post its. Permítaseles apoyar los pies encima de la mesa y hagáse el favor de suministrarles dosis constante de café y, de vez en cuando, algún dulce. En una semana han llenado la pizarra de tramas. Y por el camino, han compartido sus vidas al detalle, algunos ataques de risa floja, han cortado trajes a media profesión mientras escaletaban y han jugado al “¿Y si…?” como si fuera deporte olímpico. Tengo que decirlo: los ratos compartidos en eso que ahora llamamos writers room son los más fructíferos y divertidos que puedas vivir en este trabajo.

EL ORGANISMO VIVO. Trabajar en una serie es tomarle el pulso a un organismo, asistir a su gestación y alumbramiento, darle de comer, vigilar cómo crece y, casi siempre, lamentar su muerte prematura. Escribes personajes cuyo final no conoces, que van mutando de temporada en temporada, secundarios que despuntan inesperadamente hasta casi invadir los capítulos, al tiempo que otros a los que augurabas larga vida de pronto respiran con dificultad y se convierten en sombras al fondo del decorado. La serie en la que trabajas son varias series: la que imaginas, la que empiezas a ver cuando entran las caras y los colores del decorado, la que descubres en los primeros visionados, la que existe cuando empieza la emisión y se convierte en algo público, pasa a propiedad del espectador, que te exige que trates a sus personajes a su capricho.

LA INMEDIATEZ. Escribes páginas que van a grabarse el mes que viene, puede que la semana que viene, a veces mañana mismo. Los plazos se acortan, a veces hasta lo imposible, y ese ritmo endiablado acaba por convertirse, también, en un vicio. No hay tiempo para especular, el plató es el monstruo de las galletas y todos los días devora siete u ocho páginas de guion. Hay que alimentarle. Sin parar. Y tú eres la liebre que corre delante de los galgos, temiendo la dentellada que siempre amenaza tus talones, aunque la carrera suele acabar antes de que te hayan dado alcance. El mayor aprendizaje para un guionista es ver su texto puesto en pie, en la pantalla. En la tele disfrutas (o te espantas) constantemente, y se emite (casi siempre) en prime time.

EXPERTOS EN CASI TODO. Cualquier guionista de series con unos años en activo adquiere una capacidad técnica notable. Tiene reflejos, oficio, repertorio. Si no sabe medir sus fuerzas, puede que eso signifique adocenamiento o escasa autoexigencia, si se descuida será para siempre un expendedor de diálogos, pero incluso en ese caso no se puede decir que no tenga los músculos en forma. Cualquier guionista de series veterano conoce al detalle el protocolo policial, el médico, el de un bufete de abogados… puede que todos ellos a la vez. Todos han escrito un secuestro, un juicio, una entrada en urgencias, un arresto, un atraco, una muerte violenta, una despedida, un beso, un sueño, un despido, un accidente.

EL CONTACTO CON EL PÚBLICO. La televisión es un medio popular. Está comprobado: apareces diez segundos en un programa de la 2 un jueves a la una de la mañana y al día siguiente todo el mundo te saluda cuando haces la compra en el súper. Puedes llevar toda la vida escribiendo películas que la gran mayoría de la gente no sabe ni que existen; cualquier serie tiene un eco inmediato en el público. Encuentras opiniones en tu familia, tu portal, en las redes sociales, en una conversación ajena atrapada en el metro. Puede ser incómodo, sí, sobre todo si hablan mal de la serie, pero si trabajas en el espectáculo trabajas para el público y en ningún otro espectáculo tienes tan a mano la respuesta de tu público. En cine, te citas con tu espectador una vez al año, o cada dos años, o cada tres. En televisión, cada semana durante cuatro meses seguidos.

Y ahora viene el de la foto, el bueno de Aaron Sorkin, el monstruo, el máquina, el expendedor de diálogos kilométricos, que esta semana ha estrenado la última temporada de The Newsroom y, antes de que le lluevan las pedradas de costumbre, ha dejado claro en una entrevista que va a ser lo último que escribirá para televisión. Que sólo quiere hacer cine. Que no habrá más series. ¿Nos apostamos a que antes de dos años ha faltado a su palabra?


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