“ABORDAR LA ESCRITURA DE ESTA HISTORIA ENTRE DOS PERSONAS NOS EMPUJÓ A CUESTIONARLO TODO Y ESO BENEFICIÓ MUCHO AL GUIÓN”

3 diciembre, 2018

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea.

El pasado 16 de noviembre tuvo lugar el estreno en salas de El desentierro, un thriller escrito por Nacho Ruipérez y Mario Fernández Alonso. La cinta, que ya se hizo -entre otros- con los galardones a Mejor Guión y a Mejor Película en los Premios del audiovisual Valenciano, narra la búsqueda de dos primos entre el presente y el pasado de sus respectivos padres, por el levante costero y con la corrupción como telón de fondo. Con ellos hemos podido hablar sobre el proceso de escritura de esta historia de género, que también es la ópera prima de Nacho Ruipérez como director.

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Nacho Ruipérez (izq.) y Mario Fernández Alonso (dcha.), guionistas de la película.

¿Cómo surgió la idea de escribir El desentierro? ¿La idea nació de vosotros o vino por encargo?

NACHO: El primer borrador fue escrito hace más de 10 años, durante el Máster iberoamericano de guion para cine que estudiábamos ambos, en la UIMP (Valencia). Entonces no podía considerarse aún un guión, tan solo era un argumento y bastante lejano a lo que ha acabado siendo el guion definitivo de la película. Hubo una segunda fase de escritura durante mis años viviendo en Barcelona, trabajaba en turnos de noche en la recepción de un hostal y ahí pude dedicarme a escribir en profundidad. Pero fue finalmente con la incorporación de Mario cuando logramos darle la forma final y los personajes comenzaron a tener una mayor complejidad psicológica y las tramas más riqueza y enjundia.

MARIO: La etapa de colaboración a estos niveles fue muy rica porque ya partía de una estructura creada por Nacho y que permitió que nos centráramos en profundizar. La trama tenía mucha dificultad y cada vez que revisábamos un elemento teníamos que considerar muchísimos en cadena. Una especie de “efecto mariposa” en el que un cambio en la página 10 normalmente generaba un terremoto en la página 85, etc.
Creo que el hecho de abordar la escritura de esta historia entre dos personas nos empujó a los dos a cuestionarlo todo y que eso benefició mucho al guión. Hicimos finalmente más de 35 versiones, y no de cambios menores sino de todo lo que pudiera mejorar la historia. Ahora que la película está hecha a los dos nos gustaría hacer la versión 36 y que se volvieran a rodar algunas cosas pero, desgraciadamente, nos tendremos que conformar con lo que hemos logrado.

Uno de los mayores logros de la película es su ambientación. Empecemos por ahí. Es una tendencia actual de los thrillers en España buscar alejarse de la “americanización” que impera en este tipo de películas. Y sin duda, la albufera de València de los años 80 hasta la actualidad es un universo muy característico. ¿Qué os llevó a situar la historia en este contexto? ¿Cómo habéis trabajado, desde el guión, esa sensación de realismo?

NACHO: Cuando estudiaba en la Universidad Politécnica de Gandía, al menos durante los primeros años, cruzaba diariamente con el tren esos campos de arroz tan característicos de la Marjal, al hacerlo durante todo el año podía observar el mismo paisaje en sus distintas etapas: cuando el arroz estaba a punto de ser recogido, allá por agosto o septiembre, y también por aquellos meses en los que los campos quedan anegados al abrir las compuertas de los sistemas de regadío. Ese paisaje único en España estaba pidiendo a gritos ser retratado en una película de género, no solo por su atractivo visual –que lo tiene– sino también porque en esta película se habla de las diferencias entre los que quieren conservar las tradiciones y los recursos naturales y los que, por el contrario, no les importa destruir todo lo que les rodea con tal de enriquecerse. Ese choque de voluntades está representado en la historia mediante dos hermanos, el Conseller y el hermano bala perdida, el codicioso y el cabeza de turco, el paria de su propia ambición y el que quiere regresar a su tierra natal.

MARIO: Creo, como dice Nacho, que ese realismo proviene de una fuerte documentación y de un estudio de personajes en el que hemos intentado que todos los elementos de la narración sean consistentes con lo que les pasa a estos personajes. Es como ir de arriba hacia abajo. Si funciona lo esencial entonces todo se contagia hacia abajo, hasta los últimos capilares de la historia.

En este sentido, ¿contabais con material previo, o habéis trabajado desde cero la historia sin basaros en ningún material?

NACHO: En realidad partimos bastante de la nada, pero ha sido un viaje largo en cuanto al proceso de documentación. Desde las novelas de Chirbes, pasando por los libros de investigación periodística de Sergi Castillo Prats, así como una profusa recopilación de noticias de distintos medios de comunicación. También quisimos ponernos en contacto con testimonios de personas que vivieron en su propias carnes la llamada Ruta del Bacalao (Chimo Bayo, Carlos Simó, Luis Boníes…) y pudimos conversar con algunas mujeres que habían sido engañadas y traídas a España para ser víctimas de una red de prostitución. Todo ese material hizo que la historia fuera ganando en verosimilitud y coherencia.

MARIO: Una vez la historia se fue cerrando tuvimos también en cuenta algún referente literario que abordaba de forma parecida los temas de la película y que nos ayudó a profundizar en la trama. Salvando las distancias, nos fijamos sobre todo en la tragedia familiar de Shakespeare, y en concreto en Hamlet, donde el hermano del rey mata al propio rey para conseguir el poder. Nos ayudó mucho entender cómo Hamlet busca la verdad para salir de la ciénaga moral que ha creado su tío. Habría que aclarar aquí para no llevar a confusión que en nuestro guión Félix Montaner no es directamente responsable de la muerte de su hermano pero sí que es un elemento necesario para esta muerte y esto le genera un peso vital inaguantable y una necesidad de redención.
El segundo referente literario es el Ulises de Homero, en el que la memoria y las raíces conforman la identidad del héroe. Por supuesto esto está mezclado con la fauna y flora locales, con nuestro bestiario valenciano, que es lo que le da el color y el humor a la historia.

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Fotograma promocional de la película.

Uno de los elementos más interesantes de la escritura de esta historia parece ser la estructura con la que decidís contarla, a través de esos flashbacks que se intercalan en la búsqueda de los protagonistas para ponernos en contexto y presentarnos de dónde vienen los personajes. Puede resultar una decisión arriesgada, por ser a veces algo confusa para el espectador, pero también aporta mucho a la sensación de desorientación que debe tener el espectador en una película como está, donde se nos descubre un crimen.

NACHO: Claro, era eso justamente lo que buscábamos, que los espectadores sientan exactamente lo mismo que sienten los personajes. De hecho, si uno se fija bien, podrá descubrir que en todo momento se mantiene el punto de vista narrativo de los dos protagonistas, interpretados por Michel Noher y Jan Cornet. La historia del presente está siempre narrada desde el punto de vista de ellos, como si la cámara fuera siempre anclada a sus ojos. De esa manera la sensación de estar destapando el pasado con ellos es mayor y se produce un nivel de empatía más alto, lo que llamamos en términos de guión la identificación con el personaje.

Esta limitación en el punto de vista hace más complicada la escritura, ya que te encierras tú mismo en una estructura de la que no puedes salir una vez tomas esa decisión, pero creemos que de esta forma el espectador se engancha mucho más a ellos, y aún más tratándose de una historia de investigación, de puro cine negro. Por otro lado, nos hemos basado en un estilo de narración que nos gusta mucho y que fue tratado en profundidad por Kurosawa en su obra maestra Rashōmon, y es el hecho de que varios personajes cuenten el mismo acontecimientos desde distintos puntos de vista. En ocasiones vemos en El desentierro algunas secuencias que parecen repetidas, pero si observas con detalle verás que no son del todo iguales, simplemente responden a la lógica narrativa del que las está relatando. Así se refuerza una de las tesis que maneja la película, y es que la verdad no es absoluta en ningún caso, sino que es el resultado de la suma de los relatos recopilados por los protagonistas.

MARIO: La confusión de la que hablas creemos que, como dices, puede tener una parte positiva: el espectador se sugestiona mucho cuando está intentando orientarse, cuando se hace preguntas para saber dónde está. Lo importante para nosotros es que el espectador saliera de este mundo complejo habiendo entendido, o mejor, habiendo vivido a nivel emocional que los personajes necesitan desenterrar esas verdades para reconstruir sus vidas. En la película Jordi lleva sus recursos físicos al límite para restaurar la memoria de su padre, para dejarlo en el lugar que se merece, junto a la casa familiar en la que el padre quiso vivir. Y Diego logra utilizar todo el dolor que ha vivido para crear una narración, que es un homenaje a la verdad y a sus seres queridos. El dolor le obliga a Diego a buscar un orden, un sentido. Esta necesidad de dar sentido al dolor es, nos parece, el origen de gran parte de las narraciones. Una cosa que hemos ido recibiendo es que los espectadores suelen disfrutar mucho también del segundo visionado, donde pueden comprobar cómo los elementos cuadran y cómo cosas que no entendieron completamente en un primer visionado sí que son partes muy importantes para ir avanzando hacia las revelaciones.

Los personajes, como todo en la película, también destacan por su realismo. Como valenciano, sus maneras de hablar y sus idiosincrasias me resultan muy reconocibles y eso es algo muy de agradecer. ¿Cómo trabajáis la creación de cada uno de ellos?

NACHO: Ha habido un poco de todo: por ejemplo, el caso de Raúl Prieto se trabajó el acento por su cuenta y lo hizo estupendo, todo el mundo cree después de ver la película que es de algún pueblo valenciano por su acento, pero lo cierto es que ha vivido muchos años en Madrid, aunque tiene familia en Gandía. Nos basamos mucho para su personaje en un tipo muy carismático que sale en el famoso documental de Canal + sobre la Ruta del Bacalao, si no recuerdo mal el referente se llamaba Emili, incluso el departamento de vestuario fabricó la misma chupa roja de cuero a modo de homenaje. Por otro lado, los actores catalanes que interpretan al alcalde y al empresario benefactor trabajaron con un coach que pasó mucho tiempo con ellos hasta lograr el acento concreto que buscábamos. Es un amigo de Sueca que también es actor y eso pienso que les ayudó mucho a que se sintieran seguros. Aun así en rodaje siempre se les escapaba alguna palabra con acento catalán, pero rápidamente se corregía para la toma siguiente. Jugamos bastante en los ensayos para que se soltaran y pudieran alcanzar el tono jocoso y desenfadado que buscábamos, la idea era que todo fuera muy realista y satírico a la vez, a menudo hablan valenciano como lo harían los políticos chabacanos de esa época, o sea, mal.

MARIO: Un aspecto que creo que es reseñable de la creación de la película es que creo que tanto Nacho, como la productora, como el resto del equipo, hemos aspirado a utilizar los elementos locales sumando además elementos nacionales e internacionales. Es una forma de trabajar ambiciosa y que creemos que aporta talento y elementos de conexión que no se limitan a lo que tienes en tu comunidad sino a lo que puedes imaginar. Creemos que es importante que desde las instituciones se continúe profundizando lo más posible en fomentar esta libertad creativa.

Los diálogos, tanto por la manera de hablar como por esa mezcla entre castellano y valenciano, también destilan realismo. Seguramente el mérito deba compartirse con los actores en este apartado, pero es algo que ya viene dado desde el guión. ¿Qué podéis contarnos de vuestra manera de crear los diálogos?

NACHO: Mario y yo hacíamos lo mismo durante el guión: jugar mucho. Recitábamos los diálogos para ver qué tal nos sonaban y muchas veces esa práctica derivaba en risas porque nos veníamos un poco arriba creyéndonos actores profesionales. El caso es que de esos juegos siempre alcanzas un grado de realismo porque surgen cosas o expresiones inesperadas. Enfrentarte directamente al papel creo que no es bueno, hay que dialogar con la propia realidad que te rodea. Por ejemplo veíamos vídeos en Youtube de esos políticos a los que me refería antes, uno en el que pensábamos mucho era Alfonso Rus, su forma de hablar en valenciano es lo más cercano a lo que queríamos conseguir para retratar con veracidad la idiosincrasia de estos tipos que se ven a sí mismos poderosos pero que, en el fondo, son hijos del “boom” de la naranja o del ladrillo.

MARIO: Los diálogos fue lo último que escribimos. En general buscamos tener claro qué pasa en la escena y con los personajes… y cuál es el conflicto y cómo se relaciona la escena con la totalidad de la película.
Finalmente, cuando ya tenemos todos estos elementos, para la escritura de diálogos usamos también muchos referentes reales para darle ese realismo a los personajes.

Siguiendo con los personajes, la escala de grises en la que se mueven todos y cada uno de ellos es lo que los dota de profundidad. Esto, que ocurre en las mejores novelas y películas de género criminal, es un ingrediente difícil de encontrar y tiene mucho que ver con los temas que subyacen detrás de la trama. Para vosotros, ¿qué temas son los más importantes? ¿Es algo que trabajáis conscientemente o preferís centraros en la trama y en sus diferentes hitos?

MARIO: Yo creo que la escritura va teniendo en cuenta todos estos elementos a la vez. Por un lado nos centramos en la historia que contábamos, en que partiera de la propia situación y de los personajes. Pero por otro lado si aparecían elementos que no eran consistentes con lo que se quería contar, con el tema, pues acababan cayéndose de la trama.
Pero lo más importante es siempre la narración, basada en las elecciones morales de los personajes. En el guión intentamos que todos los personajes estuvieran abocados a una decisión importante. Tirana por ejemplo tiene básicamente dos opciones: huir hacia una nueva vida asumiendo el peligro de ser encontrada y asesinada (ella y su hija) o aceptar el estado de esclavitud en el que vive y en el que su propia vida y la vida de su hija están en principio más a salvo. La decisión es terrible y bloquea a Tirana.
Diego, por poner otro ejemplo, oscila entre el lirismo y el cinismo. Tiene que elegir entre dejar su pasado en la sombra y desconfiar por completo de cualquier inversión afectiva… o asumir ese dolor y crear a partir de él. Muchos en la vida optamos finalmente por el cinismo, así que no es una decisión fácil. En general, todos los personajes están diseñados para alcanzar este momento crucial de elección, donde cualquier opción es dolorosa.

NACHO: Creo que es muy importante abordar el tema principal desde el principio para no desviarte, ya no tanto lo que se suele decir la premisa, sino más allá de esto, la espina dorsal de toda historia es su visión cosmogónica del mundo que retrata. En nuestro caso, éramos conscientes desde el principio de que estábamos hablando de la memoria en un sentido amplio y del valor que se le puede dar al concepto de verdad enfrentado a la corrupción. Si seguimos los pasos de Jordi, nuestro protagonista, descubriremos que lucha junto a su primo Diego por sacar a flote la verdad sobre los oscuros sucesos del pasado. Ese pasado está relacionado con la figura del padre (como en Hamlet) y descubrir qué fue de él supone recuperar la cordura y la fe en el propio ser humano. De lo contrario, sin ese vínculo emocional, lo que queda es el sinsentido y la locura, y entonces dejas la puerta abierta a la corrupción y al “sálvese quien pueda”.

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Fotograma de El desentierro.

La película tiene mucho de thriller, aunque también puede entenderse en ciertos momentos como un western. El tono de la película es testigo de ello, aunque también encontráis momentos para el drama puro o el humor, como la escena con Siri.  ¿Cómo habéis trabajado la armonía entre los diferentes tonos?

NACHO: Nos fuimos dando cuenta conforme avanzábamos en el proceso de creación que cuanto más humor negro o satírico añadíamos mejor funcionaban los resortes de la trama, y eso es porque la realidad de la que bebemos ya es bastante esperpéntica en sí misma. La política valenciana, sin ir más lejos, ha sido un grand guignol durante décadas. La realidad –como se dice– siempre supera a la ficción. Además nos gustaba que surgieran chispazos de humor irreverente entre los propios protagonistas, son tipos cínicos a los que la vida no les ha tratado muy bien, están un poco de vuelta de todo pero, a su vez, necesitan nuevamente entrar en contacto con sus raíces y con las cuestiones familiares. Ahí se produce un gran contraste y a menudo se manifiestan ridículos, patéticos, divertidos, sarcásticos… Jordi y Diego hacen una pareja muy buena, la verdad.
En cuanto al chiste de Siri, necesitábamos algo así porque venimos de varias secuencias de tortura y eso provoca una acumulación de tensión alta, además es la despedida de Germán Torres en la línea del presente, es un personaje que nos encanta por su diseño poliédrico: nos hace reír, nos hace sufrir, incluso intenta hacer que sintamos pena por él… como decimos en Valencia: es mel de romer, así que necesitábamos un cierre de telón para él a la altura de las circunstancias.

Hablemos ahora de vuestras rutinas de escritura. ¿Seguís algún método a la hora de escribir juntos? ¿Cómo decidís qué o qué no se queda en la historia?

NACHO: La verdad es que ninguno en concreto, nos dejamos llevar. A veces es uno el que tira más del carro y otras veces a la inversa. Una vez metidos ya en el guión literario trabajamos en Celtx y usamos mucho las notas para enviarnos aclaraciones o sugerencias, y por supuesto tratamos de numerar muy bien las versiones para no confundirnos, parece una obviedad pero es algo vital a la hora de trabajar en equipo, manejando tantos archivos puedes acabar loco si no eres muy pulcro con el material. Mario y yo nos llevamos bien porque somos los dos muy obsesivos y no nos conformamos con cualquier cosa. Trabajamos alargando al máximo las noches y de manera muy profusa y autoexigente.
Yo por ejemplo suelo escribir con música, para cada proyecto me hago una playlist de temas que me trasladan sensorialmente al universo de la peli, de esa manera tienes un largo camino ganado porque la música es un lenguaje universal, se puede expresar más con una canción que con mil explicaciones verbales. El tema es pasar mucho tiempo hablando y debatiendo antes de lanzarte a escribir, de ese modo la película ya existe en nuestras cabezas y el proceso resulta mucho más llevadero. Lo cual no quiere decir que no discutamos nunca, a veces no ves claro un diálogo o una escena en concreto y nos bombardeamos el uno al otro con argumentos persuasivos. Por supuesto Mario es mucho más cabezota que yo en ese sentido y siempre acaba ganando terreno…

MARIO: Bueno, Nacho tiene una energía inagotable así que no se le puede convencer de nada de lo que no se haya convencido por sí mismo…
A parte de lo que cuenta Nacho, lo que hacemos es seguir el método de que si algo no nos gusta a los dos pues buscamos otra opción. Esto acaba con muchas discusiones y es un método estupendo porque al final siempre se encuentra algo con lo que los dos estamos de acuerdo.

En la historia que contáis se entremezclan las relaciones familiares más oscuras con la corrupción política levantina, algo que por desgracia llena los periódicos desde hace unos años. Dicho esto, aunque la corrupción juega su papel en la trama, vosotros elegís seguir un camino más clásico, más de cine de género, y no ahondar demasiado en el entramado público. ¿Qué os llevó a ello? ¿Cómo lograsteis el equilibrio entre ambas tramas, para que fuesen complementarias y que ninguna fagocitase a la otra?

NACHO: Es que nunca la consideramos una película de crítica política ni nada por el estilo, más bien queríamos hablar de la corrupción en un sentido amplio. En la película pueden verse comportamientos de corrupción de todo tipo: hacia la amistad, en el núcleo familiar, hacia el cuerpo, hacia la propia alma humana… Además quisimos probar a juntar varios géneros, en el cartel se indica que se trata de una “ópera prima noir” porque seguramente es el género dominante, pero también jugamos con el western, el melodrama, con el burlesque… nos gusta ver la película como unas crónicas negras valencianas. Esperemos que el público lo perciba igual y conecte con la propuesta.

MARIO: Yo creo que lo que conecta ambas tramas de forma orgánica es que Félix Montaner traspasa los límites de la corrupción política y esto le pone en contacto con formas extremas del mal… el mal que lleva a la explotación más miserable de otros seres humanos. El Conseller y su compañero de fechorías, ese gran manipulador que es Germán Torres, necesitan dinero negro y esto les lleva a relacionarse con una mafia de prostitución de mujeres del Este. Ahí se da el contagio. Ellos se justifican pensando que saldrán de ahí con el dinero y ya está, pero se acercan al fuego y se queman. Por cierto que ¡el jefe de la mafia albana es mi padre! Lo conoció Nacho un día dándonos un baño en una piscina y le pareció que encarnaba a la perfección la ambigüedad del mal. Fue muy divertido que él, mi hermano y muchos amigos acabaran formando parte de la película.

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Cartel promocional de la película.

Por último, después de esta experiencia, ¿habéis empezado ya a pensar en otros proyectos (tanto juntos como separados)?

NACHO: En estos momentos cada uno tiene sus proyectos personales, pero Mario y yo siempre estamos colaborando el uno con el otro, de manera que nos pasamos lo que escribimos para ser víctimas de la tiranía del otro. Es lo mejor para someter el proyecto a la primera crítica, en mi caso me gusta que mi primer colaborador sea Mario porque es la persona más exigente y obstinada que conozco, pero también contamos con muchas personas que nos han ayudado con sus lecturas críticas. Son profesionales y amigos como Avelina Prat, Toni Barrena, Joan Marimón, Paco Bargues, el propio Sergi Castillo Prats, o el periodista Carlos Aimeur.

MARIO: Antes que colaboradores somos sobre todo amigos. En la vida real somos dos personas fáciles de llevar y nos tenemos mucho afecto y simpatía. Y en realidad, aunque los dos seamos muy insistentes, trabajamos muy bien juntos y nos entendemos muy bien. Para mí una parte muy importante de la colaboración es desear que le vaya bien a tu amigo y a ese nivel siempre tendremos vasos comunicantes. Con respecto a mis planes inmediatos yo soy básicamente director y ahora quiero hacer durante una temporada películas que pueda también dirigir. Ahora estoy escribiendo un guión sobre un choque cultural entre dos familias, una occidental y otra musulmana. Me gustaría poder rodarla en el 2020. Con respecto a los amigos que nos han ayudado quiero insistir en que una trama con tantos vericuetos te supera constantemente como guionista y que los amigos, que leen el guión y que son los primeros espectadores, son una parte imprescindible del proceso creativo. Los que Nacho ha nombrado son amigos personales y colaboradores habituales. Quiero añadir a la lista a mi amiga Mari Carmen Chinesta, que siempre lee lo que escribo y que tiene una gran capacidad para mejorar la profundidad psicológica de los personajes.


CARLOS G. MIRANDA: “LAS HISTORIAS QUE DEJAS A MEDIAS SON COMO UNA PIEDRA EN EL RIÑÓN QUE NO SABES SI SERÁS CAPAZ DE EXPULSAR. ESO SÍ, CUANDO LO CONSIGUES TE QUEDAS NUEVO.”

27 noviembre, 2018

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea.

Guionista de series como El internado, Los protegidos o Cuerpo de élite, columnista en diversos medios, profesor y también novelista, Carlos García Miranda ha demostrado ser un profesional de la escritura capaz de adaptarse a toda clase de medios y formatos. Hace poco que ha publicado su última novela, El club de los lectores criminales, así que hemos aprovechado la ocasión para charlar con él sobre el proceso de creación de ésta y del resto de sus historias.

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¿Cómo y cuándo te surgió la idea para El club de los lectores criminales? ¿Es un proyecto que nace de ti o un encargo de la editorial?

Es un proyecto mío que me ha costado muchos quebraderos de cabeza terminar. Empecé a pensar en escribir una novela de terror que funcionara como un gran homenaje a la literatura de Stephen King cuando estaba terminando la anterior, Conexo. Es más, por aquel entonces ya hice una escaleta y escribí los primeros capítulos, pero después sí que me llegó un encargo y tuve que dejar esta en el cajón. Un par de años después, volví a sacarla y aquí estamos, pero después de haber sufrido lo suyo… Pocas cosas se hacen tanta bola como una historia que dejaste a medias. La tienes ahí, igual que una piedra en el riñón que ya no sabes si serás capaz de expulsar. Eso sí, cuando lo consigues te quedas nuevo y ni te acuerdas de lo mucho que te fastidió. Es curioso como las historias se convierten en el centro de tu vida, pero en cuanto escribes “fin” son como un recuerdo en blanco y negro.

Pregunta obligada para un guionista como tú: ¿Por qué escribir esta historia en formato de novela y no como guión?

Es una novela sobre otras novelas. En concreto, sobre la literatura de Stephen King que un asesino utiliza como referente para cargarse a un grupo de adolescentes haciendo homenajes a los crímenes de It, Carrie, El Resplandor, Misery… Una novela me parecía el mejor contenedor para soportar la carga literaria de la historia.

En tu opinión, ¿cuáles son las principales diferencias entre un formato y otro? ¿Qué te aporta cada uno?

Me parecen lenguajes distintos, por mucho que están conectados y haya una tendencia a confundirlos. Por ejemplo, en una novela no es necesario ponerlo todo en escena. Si un personaje está sintiendo algo, el narrador puede pararse a contarlo tal cual ocurre. En un guion necesitas encontrar una acción o una imagen que hable de esos sentimientos. Por otro lado, en una novela no cuentas con actores que puedan darle la intención necesaria a tus diálogos, así que tienes que construirlos de tal manera que esa se comprenda con su lectura. Vamos, que cada lenguaje tiene sus características particulares, sus ventajas y sus desventajas. Bueno, menos en lo que se refiere al presupuesto de producción que gana de lejos la novela. Puedes inventarte todo un mundo sin preocuparte por lo que te va a costar porque los escenarios seguro que salen gratis. Además, y esta es la principal diferencia, una novela tiene entidad en sí misma, ya es un fin, y un guion es un instrumento de trabajo para realizar una obra audiovisual que será el producto final.

Has trabajado como guionista en varias series para televisión, donde las rutinas suelen estar bastante estandarizadas y siguen unos procesos concretos (escaletado, arcos de personaje definidos…). ¿Cuándo te enfrentas a la escritura de una novela también tratas de seguir una cierta metodología?

Sí, soy así de metódico para todo lo que escribo. Me hago escaletas hasta de las columnas… Con esta novela me propuse ir de escritor de brújula e intenté saltarme algunas partes de ese método de mapa. Empecé a trabajar con una escaleta completa, pero mucho menos detallada de lo habitual. Antes de llegar a la mitad de la escritura de los capítulos, me cortocircuité. Tuve que volver a la escaleta, definirlo todo bien y reescribir lo que ya tenía. Vamos, que el experimento solo me sirvió para darme cuenta de que yo necesito seguir ese método sí o sí.

Sin duda, El club de los lectores criminales es un libro muy cinematográfico. Tanto por su estructura, como por el tipo de historia que narra (y que es un argumento típico de películas del subgénero slasher), y por supuesto por tu manera de escribir y de describir, como lector uno tiene la sensación de estar imaginando una película en su cabeza. ¿Qué crees que te aporta tu formación y experiencia como guionista a la hora de escribir un thriller pensado para ser leído?

¡Muchas gracias por los piropos! Lo del género slasher (un asesino que se va cargando jóvenes de uno en uno, a lo Viernes 13) es cierto que no es algo muy habitual en literatura y eso hizo que me apeteciera más probar. Lo de escribir en imágenes es que supongo que ya lo tengo metido a fuego por mi trabajo como guionista y las historias me salen casi por secuencias. En cualquier caso, me gusta eso de generar con la lectura la sensación de estar viendo una peli. Eso sí, en este libro también he tratado de ser más literario, he usado dos tipos de narradores y he trabajado el estilo indirecto en los personajes. Mi sensación es la de que me ha quedado más “novela” que las anteriores, pero tampoco es que pueda ser yo muy objetivo… Lo que sí es seguro es que esa era la intención.

Siguiendo los códigos de este tipo de historias, el lector va cambiando el foco de sus sospechas a lo largo de la lectura, sin poder resolver el misterio hasta la última página. Para que esto se dé, hace falta que todos los engranajes encajen a la perfección. A la hora de escribir, ¿trabajas siempre sabiendo hacia dónde quieres ir o eres más de ensayo y error?

Justo por eso tuve que volver a la escaleta cuando ya casi llevaba la mitad de la novela escrita… Hay escritores que son capaces y me dan mucha envidia, pero ahora tengo clarísimo que yo necesito tener todos esos flecos bien atados antes de ponerme a construir frases con sujeto, verbo y predicado. A mí me parece que el misterio es muy exigente a nivel de trama y como no la tengas bien trabajada puedes acabar perdido en el ensayo y error. Creo que es más fácil manejar las opciones para que esos engranajes funcionen en las treinta páginas de escaleta que en las trescientas de la novela. Eso sí, cada maestrillo…

Con esta, ya son tres la novelas que has publicado. Si en algo coinciden, es que todas ellas son historias de misterio, pensadas en gran parte para un público juvenil. ¿Crees que existe alguna formula para triunfar dentro de este género?

Fórmulas sí que hay, pero otra cosa es que funcionen siempre. Además, hay un componente mágico cuando algo triunfa, algo así como un ingrediente único de la fórmula que suele cambiarla y que lo normal es no saber prever cuál va a ser. Y el género en el que me he manejado en estas tres novelas, en realidad, se califica como Young Adult (Joven Adulto) y fuera lleva petándolo desde Harry Potter. Son novelas con protagonistas jóvenes que se enfrentan a conflictos de una manera más adulta. Los protas de Los Juegos del Hambre, por ejemplo, acaban metidos en una guerra y hay un discurso fuerte detrás de la acción que sustenta la historia. La literatura ya la conforman libros que leen adolescentes, pero también los padres de esos adolescentes, atraídos por lo que fascina tanto a sus hijos. Además, la edad de los protagonistas de las novelas ya ha ido en aumento y no es extraño encontrar veinteañeros, con lo que también se ha abierto la horquilla de edad de los lectores. ¿Qué tienen todos esos libros en común? Buenas historias con protagonistas atractivos que se comportan de una manera diferente a lo que se espera de alguien de esa edad. Supongo que han ayudado a ver la adolescencia como un momento de la vida que es algo más que la edad del pavo… Y supongo que una parte de su lectura funciona por ese componente aspiracional.

El homenaje a Stephen King es del todo explícito en la trama, y se trata de una de los grandes referentes del género, muy adaptado además tanto a la grande como a la pequeña pantalla. En este sentido, es casi un ejercicio de metaliteratura. ¿Tenías esta idea en mente desde el principio?

Sí, eso sí. La novela siempre quise que fuera una especie de Scream con libros de Stephen King. En la película de Craven el homenaje es a las películas de terror de los 70 y los 80 que los protagonistas conocen y con manejan sus reglas para sobrevivir. En El club de los lectores criminales los protagonistas son conocedores de la literatura de King, saben que se han convertido en sus víctimas y tratan de resolver el rompecabezas (y, ya de paso, que el asesino no se los cargue) de una manera metaliteraria. Funciona como un “Escape room” de Stephen King.

Decides enmarcar la historia en una universidad, y más concretamente entre los estudiantes de literatura asistentes a un club sobre Stephen King. La atmósfera remite una vez más a las historias de tipo slasher como Scream o Sé lo que hicisteis el último verano -por citar algunas sagas-, aunque con una reformulación a un contexto que nos es más propio, como es el Madrid de la actualidad, y dónde no faltan referencias a las redes sociales que todos usamos en nuestro día a día. ¿Cómo haces para acotar el universo en el que contar tus historias?

Siempre necesito tener un número de personajes controlables en un entorno que conozco; no quiero decir que tenga que ser un mundo real, puedo haberlo construido, pero que sepa por dónde sale el sol y si tiene uno o dos baños. En este caso, me quedé con Madrid, pero sólo con la zona de Ciudad Universitaria, las facultades y residencias, porque, de noche, es terrorífica. No hay mucha luz, ni gente, a pesar de que por el día está llena de vida. Una historia de terror necesita ese tipo de escenarios. Además, a Amenabar le funcionó muy bien en Tesis, otro de los referentes de la novela. Y, sí, he incorporado las redes sociales hasta el punto de que el asesino acosa a sus víctimas a través de un grupo de Whatsapp. También escribiendo una novela online con lo que les está haciendo que cualquiera que no sea una víctima podría creer que es ficción. En realidad, ambas cosas podrían ocurrir en la vida real porque la tecnología puede llegar a ser terrorífica. Vamos, que por algo Black Mirror funciona como un tiro.

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El final de la novela da a entender qué podría existir una segunda parte…¿Tienes algún proyecto de escritura nuevo del que quieras hablarnos?

No soy muy fan de las segundas partes, la verdad. Tengo otros proyectos y también tengo, por suerte, mucho curro entre guiones, columnas y dar clases. Las novelas las voy escribiendo con calma que es como también me tomo su publicación. Reconozco que al principio de mi carrera tenía más ansiedad por publicar un libro cada año, pero después de seis títulos tengo claro que no hay por qué tomárselo con tanta prisa. ¡La vida de un libro es muy larga! Es cierto que no duras más de tres meses en la mesa de novedades, pero puedes estar mucho más tiempo en las estanterías. Por ejemplo, Conexo se publicó hace más de tres años, estamos ahora con la adaptación cinematográfica y aún se puede encontrar en librerías. Es casi un milagro que en este circuito de consumo rápido de productos culturales (y su consecuente fugacidad) en el que estamos todos metidos haya cosas como los libros a las que aún se les permite respirar más tiempo.


NO ME ENSEÑES EL RESULTADO, ENSÉÑAME CÓMO HAS LLEGADO ALLÍ

16 octubre, 2018

Por Mireia Llinàs.

Como todo el mundo, veo bastantes series, al menos, pilotos. La buena noticia es que muchas de las que veo son notables. La mala, que hace tiempo que no veo una serie que brille, que trascienda. Concretamente en el manido género del thriller, más que nunca, ya no es suficiente con matar, con poner tipos duros y despiadados, amenazas, hostias y traiciones simplonas. Preguntándome porque algunas series negras son notables pero no tienen el nivel, sobre todo de guión, de Los Soprano, Gomorra y algunos episodios de Homeland o Narcos, he llegado a estas conclusiones:

NO IMPONGAS LOS GIROS: Lo dijo Vince Gilligan, y mira que Breaking Bad está lleno de giros increíbles. Pero no los impongas. A menudo pensamos que un thriller tiene que tener sangre, acción, tensión y que esa tensión se va a generar por el simple hecho de escribir escenas/acciones con una supuesta tensión, pero si los personajes no te importan, has llegado allí de forma no del todo creíble o lo que pasa no es una consecuencia lógica, ya se pueden cargar a todo quisqui que el público no sentirá esa tensión. Quieres llegar a un sitio sea como sea: “al final del capítulo matan a su hija”. Y llegas allí de forma precipitada, burda, lo impones. Mal. Te la va sudar que maten a la hija y seguramente no seguirás en el siguiente capítulo. No hace falta que os diga como manejan el asesinato de Adriana, la mujer del sobrino de Tony Soprano, que colabora con los federales y la descubren, un momento televisivo de gran impacto y cocinado durante muchos capítulos. Tony no la hace matar porque le caiga mal en el capítulo 1. Por cierto los malos son de carne y hueso, son despiadados pero también humanos, tiernos, cariñosos…

ENTRA EN EL UNIVERSO A FONDO: No digo nada nuevo pero documentarse es básico. No copies otras pelis o series de gánsteres. En Gomorra estuvieron años hablando con killers, mafiosos…Se metieron en Scampia hablaron con las familias. De esta forma sabes que no van por calle sin escoltas, no puede entrar cualquiera en casa de Pietro Savastano y cargárselo. Hay vigías cuando venden la droga etc. todo este tipo de detalles van a hacer que te lo creas, que entres y que las escenas de tensión sean realmente tensas porque has entendido como funciona. Si no hubiese eso y simplemente entrara un tío y se cargara a Doña Inma, la tensión sería mucho menos porque no te lo has creído. Pero si has tenido que currártelo para sacar a los vigilantes, para que Inma, aún sabiéndolo, tenga que salir de su escondite etc., etc., eso sí que te hará sufrir porque dirás ostras, no tiene opción, qué putada. Si en tu país los gángsteres, te has documentado y no van con escoltas, ok pero explica porqué. Habrá otros peligros.

HUYE DE LOS TÓPICOS: No es suficiente que un tipo o tipa sea sanguinario y se cargue a gente para crear tensión, también tienes que creértelo, verlo inevitable, sufrirlo. No digo que lo tengas que justificar a nivel moral, puede ser un cabrón/cabrona pero incluso los hijos de puta tienen sus motivos para hacer lo que hacen y hay que explicarlo. Aunque sea una tontería, pero una tontería con fundamento, no por la cara. Los “malos” de verdad no van matando por ahí porque sí. No es que no sean crueles, pero lo que son es inteligentes. Pablo Escobar, después de muchos capítulos en guerra con el Gobierno decide atentar contra el Presidente. Convence a un chico de la comuna, pobre, para que grave una conversación. Finalmente descubres que es un chico bomba que iba engañado, un inocente tan desgraciado que está exultante por formar parte de una organización criminal que solo lo utiliza. La explosión del avión Avianca y la muerte de los 107 pasajeros, incluido este personaje que le has cogido cariño, es cruel pero está justificada durante muchos capítulos e inteligentemente planeada por Escobar.

COCINA BIEN TUS TRAMAS: Si tienes que estar varios capítulos para contar algo, hazlo. Homeland temporada 1, capítulo 2 y 3 para contar la historia de una escort del harén de un príncipe saudí, informadora de Carrie, primero la presentamos y también al oscuro mayordomo del príncipe. La chica informa a Carrie que ha visto al príncipe con Abu Nazir. Se niega hacer nada, acepta porque Carrie le asegura que está protegida pero no lo está. Se arriesga, parece que no la han pillado. Dos capítulos para contar el periplo de este personaje secundario, una trama llena de dudas. ¿Realmente el príncipe financia terrorismo o se lo ha imaginado todo Carrie? Finalmente la matan. ¿Ha sido un robo o la han descubierto? Parece que el príncipe no sabe nada. Al final ha sido el mayordomo y la financiación al terrorismo viene a través de una joya que le regala el príncipe a la escort, valorada en medio millón de dólares. Pam. Sorpresa, bien hurdido, documentado (los saudíes saben que la manera de mover el dinero son las joyas que no dejan rastro ni transferencias). Emoción: la muerte de la chica por culpa de Carrie y el Estado, que has visto durante dos capítulos. Lo tiene todo, es una trama bien cocinada.

VE POR DELANTE DEL ESPECTADOR, SORPRÉNDELE: Vigila todo lo que ya sabe del género. Que la persona traicionada vea la traición antes que el público y quizás ya haya actuado en consecuencia, elípticamente, y te sorprenda la manera inesperada (pero siempre lógica) de cómo lo resuelve. No enseñes tus cartas. Trocea el relato si es necesario, abre nuevos interrogantes. Ya no es suficiente con un objetivo, un obstáculo o un policía antagonista, hay que ofrecer más. La muerte de Salvatore Conte en Gomorra, como el público cree que Ciro di Marzio está definitivamente acabado y ves lo que ha pasado por detrás a posteriori: todo cuadra pero te sorprende, te han engañado.

NO ME ENSEÑES EL RESULTADO, ENSÉÑAME CÓMO HAS LLEGADO ALLÍ: En definitiva y lo más importante, es mucho más difícil de escribir pero mucho más brillante, entender cómo se ha llegado allí, no enseñarlo cuando ya está todo hecho. Una muerte, la expulsión de tu rival en un territorio, la llegada al poder. No me cuentes: “mira este tío es muy inteligente, créetelo, ha llegado hasta aquí”. “Mira, esta tipa es muy poderosa el otro solo verlo se caga encima”. No. Explícame porque tiene poder, porque los demás lo temen, por qué está por encima, no hagas trampas, no seas vago. Si sigues a tu personaje y ves porque tiene poder lo vas a respetar mucho más, si lo respetas te gustará más lo que ves, te enganchará más y notarás que estás delante una serie superior que rezuma verdad, y no solo que es entretenida.


ANÁLISIS DE PELÍCULAS: TRES ANUNCIOS EN LAS AFUERAS

8 marzo, 2018

Por Àlvar López

Tres Anuncios en las Afueras es una película que nos ha gustado mucho en Bloguionistas por una multitud de razones. Por ello, y tras el artículo en el que Sergio Barrejón analizaba tres claves que se esconden en el guion, hoy quiero intentar hacer un análisis en profundidad para averiguar por qué (al menos a mi parecer) la película funciona como un tiro.

[ATENCIÓN, MUCHOS SPOILERS]

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Sobre la estructura

La película empieza con un detonante clarísimo y expuesto casi desde el minuto uno. Estamos ante una historia de venganza, la de una madre, Mildred, que quiere culpar a alguien por el asesinato y violación de su hija. Y oye, si poner unos carteles enormes en las afueras de Ebbing puede ayudar a atraer algo de atención mediática… ¿por qué no hacerlo?

A partir de aquí, al menos en mi opinión, cuesta más seguir el rastro de una estructura clásica de tres actos, lo que quizá es uno de los grandes aciertos del film. Al leer el guion uno tiene la sensación de que Martin McDonagh controla a la perfección los tiempos, ritmos y arcos de los actos cinematográficos, y por eso mismo puede permitirse jugar con ellos y amoldarlos a las necesidades de su historia. En 85 páginas hay una cantidad de giros (tanto en número como en peso dentro de la historia) que permiten que la historia de Mildred esté en constante transformación. Casi podría decirse que está viva. Como dijo mi hermano al acabar de verla, “parece que no te intenta contar la típica historia de la típica manera”. Recurramos al guion para ver el por qué de esa sensación.

Al llegar a la página 12 del guion tenemos el primer giro potente: Willougbhy tiene cáncer. Parece un primer punto de giro, tanto por extensión del guion como por respuesta al detonante. Pero solo es la primera piedra que nos va a demostrar que a Mildred solo la mueve un sentimiento: la ira. La venganza. Fría como la que más, le responde que es consciente de ello. ¿Y aún así ha puesto los carteles? Sí. Aún así.

En la página 25 llega el segundo gran encuentro entre ambos. Tras haberle perforado el dedo al dentista, Mildred recibe la visita de Willoughby. La tensión entre ambos escala hasta que se rompe drásticamente con un nuevo giro: Willoughby le escupe sangre a Mildred. El hecho sirve para que veamos por primera vez a una Mildred más humana, que casi actúa como madre al querer cuidar al policía. Pero no nos engañemos: es solo la escalada evidente de los acontecimientos, el siguiente escollo en la decisión de Mildred. ¿Vale la pena mantener los carteles? La respuesta, de nuevo, es afirmativa.

Llegamos a la página 44 del guion. Al “midpoint”, momento en el que Willoughby se suicida. Resulta interesante ver cómo, más que un punto medio al uso, estamos delante del fin de un acto, puesto que a partir de aquí nos encontramos delante de un nuevo escenario. Es casi un detonante que inicia otra historia. La primera consecuencia es la aparición de Crop Haired Guy (descrito así en el guion) en la página 52. Desde el primer momento, McDonagh nos avisa: “fijaos en este tío. Algo va a pasar con él”. Y, efectivamente, como espectador solo puedes sentir que algo va a ocurrir, que más tarde o más temprano lo volveremos a ver.

Pero mientras vuelve a aparecer, tenemos un nuevo giro importante. Mildred incendia la comisaría (página 65) con Dixon dentro. Un giro que de por sí solo podría ser un Segundo Punto de Giro de una película que hubiera intentado ser más efectista. Pero no. En este caso, no es más que otra vuelta de tuerca que sirve para la transformación de Dixon y que nos justifica que a pesar de lo cabrón que ha sido hasta ahora empaticemos con él cuando en la página 74 (tan solo 9 más tarde) recibe la paliza para conseguir el ADN de Crop Haired Guy (sí, de nuevo, él).

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Llegamos a los compases finales. En la página 76 James le revela a Mildred su verdadera naturaleza. Le “abre los ojos” al hacerle reflexionar sobre la vida de mierda que lleva, sumida en la ira constante, incapaz de darse la oportunidad de evolucionar. Tan solo tres páginas más tarde, un nuevo giro. Tras haberlo visto dos veces y estar seguros de que Crop Haired Guy es el asesino de la hija de Mildred, tenemos ahora la certeza absoluta de que no ha tenido nada que ver. La historia de investigación, la pregunta que abre el detonante, se queda sin resolver en un giro anticlimático por lo que respecta a la trama, pero que permite tener el final que la historia necesita: Mildred y Dixon, ambos en el coche, a la caza de Crop Haired Guy, se dan cuenta que, realmente, ninguno de los dos se cree capaz de asesinarlo. Y de aquí, en mitad del viaje de ambos, nos vamos al fundido a negro.

Tras un vistazo a la estructura, es fácil ver cómo, efectivamente, Tres Anuncios juega al giro constante cada pocas páginas. Giros que, en otro tipo de películas, basadas simplemente en el efectismo o la sorpresa, harían saltar por los aires el guion, pero que sin embargo en esta ocasión funcionan a la perfección. A mí parecer, si esto sucede es precisamente por lo que comentaba al inicio, por no buscar el giro por el giro, sino a tener claro el tipo de historia que quieres contar y la forma en la que la quieres contar. Creo que es una de las pocas formas de no limitarse a la estructura más clásica, de jugar con ella… y de que te salga bien.

Para acabar con la estructura, me parece igualmente interesante destacar cómo el “final abierto”, las dudas que nos quedan en la trama (¿quién es el asesino? ¿qué pasa con James? ¿Y con Dixon?) ayudan a aumentar la sensación de que la historia está viva. Como tal, no da respuestas a todo, no todos los cabos quedan atados. Pero si nos vamos a la esencia de la historia, a la de una madre que busca venganza (al detonante, al fin y al cabo) nos damos cuenta que la historia se ha cerrado en ese sentido. Mildred, aunque no encuentre al asesino, ha evolucionado durante la historia, durante su relación con Willoughby, Dixon, James, Red, su hijo y su exmarido. Mildred, si bien no ha obtenido la venganza (lo que quería), ha encontrado cierta paz (lo que necesita).

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Sobre los personajes

Pese a ser una historia con unos protagonistas muy claros, se nota a la legua que la construcción de todos ellos está muy trabajada. Ojo, esto no quiere decir que todos tengan una profundidad impresionante. De hecho, son varios los que tan solo están esbozados. Pero incluso los que tienen menos profundidad (y, por tanto, menos peso dentro de la historia) son personas, no personajes. Algo que solo se puede conseguir cuando no vas al grano y te permites que la historia y, por tanto, los que en ella habitan, no siempre sean directos, o no sepan lo que quieren, o sean incoherentes. La línea entre los “buenos” y los “malos” está completamente desdibujada. Mildred podría actuar tanto de protagonista como de antagonista por lo que respecta al nivel de empatía que sentimos por ella, igual que ocurre con Dixon y con Willoughby. El arco de transformación de cualquiera de los tres sirve para convertirse por sí solo en el papel protagónico de una película. Cuando los juntas a los tres, y a sus conflictos, el resultado es un universo que respira vida propia y que, como ocurre con la estructura, se aleja de lo que estamos acostumbrados. 

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Sobre el tono

A mi parecer, este es el apartado al que el guion debe gran parte de su éxito. Y creo que es, sobre todo, por dos motivos.

En primer lugar, desde el primer instante de la película tienes la sensación de que te vas a meter en un cuento, en una fábula, y por tanto en un universo donde vas a permitir que sucedan ciertas cosas que no sucederían en la vida real. ¿Por qué funciona tan bien que un personaje como Dixon cambie su forma de ser completamente por el mero hecho de leer una carta? ¿O que la joven novia del exmarido de Mildred esté llevada tan al extremo de la comedia absurda? ¿O que la madre de Dixon sea absolutamente racista e idiota? Podríamos seguir con varios personajes más, pero lo que quiero destacar con esto es que el guion ha sabido encontrar el tono exacto en el que contar la historia. Para mí, si tuviera que definirlo, sería el de una fábula que tiende a la exageración y a la hipérbole todo el rato, que estira a los personajes y a la trama hasta llevarlos al extremo… pero cuidando no pasar al otro lado, con lo que evita que la hipérbole se convierta en ridícula.

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Por otro lado, y creo que es difícil de negar, hay algunas escenas de la película que están muy cercanas al telefilm. El flashback en el que Mildred rememora el momento en el que le dijo a su hija que ojalá la violaran, o el momento en el que Willoughby pasa un día perfecto con su familia en el río son ejemplos de ello, y la música en estas escenas así se encarga de remarcarlo. No obstante, y creo que también es difícilmente negable, estas escenas funcionan muy bien. ¿Por qué?

En mi opinión, esto se debe, de nuevo, al uso y control de la estructura y a la hipérbole. ¿Qué ocurre acto seguido de haber presenciado el meloso día de Woody Harrelson con su familia? Que se calza una bolsa en la cabeza y se vuela los sesos. Bam.

Y lo mismo con el Flashback. La siguiente escena en la que aparece Mildred es cuando su exmarido acaba con un cuchillo de carnicero en el cuello… sostenido por su hijo.

Por tanto, es el equilibrio entre escenas y la posición en las que están ubicadas a lo largo del guion lo que permite que una escena que de manera independiente podría chirriar funcione a la perfección en su conjunto.

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Sobre los diálogos

Al leer el guion de la película hay un elemento que salta a la vista en seguida. Las 85 páginas son, en su mayoría, diálogos. Es una película muy sostenida en los parlamentos de los distintos personajes. El guionista y director viene del teatro, cosa que se deja notar (y que, de nuevo, me hace replantearme los límites entre un formato y otro, algo de lo que hablamos largo y tendido con Pablo Remón) en la puesta en escena de muchas de las secuencias. Una cámara, dos personas hablando, frente a frente. Y poco más.

En los diálogos se puede apreciar todo lo expuesto hasta ahora, hecho que demuestra cómo todos los apartados que componen el guion reman en la misma dirección. Tienen su componente de humor negro que tiende a la hipérbole, también están los que coquetean con el melodrama y los que aparentemente no van a ningún lado pero nos permiten ver cómo es la persona que está hablando en realidad. Y, en ocasiones, todo esto ocurre en una misma secuencia.

Del mismo modo, y relacionado con la construcción de los personajes, es muy interesante ver el cuidado con el que se ha elaborado la distinta forma de hablar de cada uno de ellos, lo que nos da muchos datos sobre su personalidad. Por poner solo algunos ejemplos, Dixon tartamudea cada vez que habla de su madre, o Red suele dejar sus frases inacabadas cada vez que no sabe bien cómo responder a algo que le han dicho, o la amante del exmarido de Mildred es un alivio cómico impresionante en los encuentros entre la expareja.

Incluso los personajes que sirven para hacer avanzar la trama lo hacen de manera emotiva o divertida, lo que permite que el “avance” esté bien camuflado. Quizá el ejemplo más claro en este aspecto es Willoughby, o, mejor dicho, el Willoughby de las cartas. Si leer una carta con voz en off ya parece un recurso arriesgado, hacerlo dos veces en un lapso temporal de una hora es todo un ejercicio de confianza en que va a funcionar. En ambas ocasiones las cartas (al fin y al cabo, un monólogo) sirven para transformar a un personaje y para que nosotros, los espectadores, nos enteremos de cómo va a seguir evolucionando el film y qué consecuencias tendrán en los receptores.

¿Cómo conseguir que este recurso no quede demasiado impostado? Sabiendo exactamente cómo combinar humor y drama en la misma carta. Acabar una carta con un “Espero que no te maten” no es habitual.

Otro acierto con los diálogos es saber combinar el humor que nace de la situación (gran parte de los chistes de Willoughby son parte de su personalidad, de su carácter) con el cinismo que se da entre personajes que viven una constante relación de amor/odio.

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La originalidad de un guion no reside en el tema a tratar, sino en la forma en la que se hace. Había multitud de posibilidades para contar esta historia de venganza. El gran acierto de McDonagh ha sido el de saber armar una excelente película teniendo en cuenta lo que todos sabemos y que olvidamos más de lo que parece: no hay gran película que no tenga detrás un gran guion.


ENTREVISTA A PABLO VÁZQUEZ Y RICARDO LÓPEZ TOLEDO, GUIONISTAS DE “CALL TV”.

10 enero, 2018

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Cuando hablamos de largometrajes “low cost” en España, uno de los primeros nombres que nos vienen a la cabeza es el de Norberto Ramos del Val. Sus películas, odiadas por algunos y adoradas por otros, forman ya parte del ADN del cine guerrillero español. Detrás de cinco de los nueve largos que ha dirigido Ramos del Val hasta la fecha están las manos, las neuronas y las entrañas de dos guionistas canarios: Pablo Vázquez, que firma cinco de esas pelis, y Ricardo López Toledo, que hace un tándem demoledor con Pablo en dos de ellas: La iconoclasta Summertime y la última creación de Norberfilms: CALL TV, que se estrena el próximo 12 de enero.

Aquí tenéis el tráiler:

Y debajo de este póster podréis disfrutar de la entrevista que tan amablemente nos han concedido Pablo y Ricardo para hablar de su guión.

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Vuestra peli empieza con una parodia de Scream: Una parodia de una parodia. Hay ahí unos malabarismos de metalenguaje similares a los de SUMMERTIME, la anterior incursión del trío Norberto/Vázquez/López Toledo. ¿Habéis regresado al juego metalingüístico deliberadamente o es que “la cabra tira al monte”?

Creo que el metalenguaje está presente en todo lo que hacemos porque disfrutamos mucho de crear ficción de varios niveles de lectura. “Summertime” era una broma a costa de toda la efímera moda del cine low cost de la época y una burla atemporal a toda la gran mentira del cine, de pequeño o gran presupuesto. “Faraday”, en la que no estaba Ricardo, era también una crítica a la forma de comportarnos en la nueva sociedad digital, y “Call TV”, aunque se centre principalmente en satirizar sobre el papel de la mujer en las películas de serie B contando la historia de una actriz que intenta como puede volver a triunfar, aspira a más, hablando de una forma bastante directa de la sociedad actual y de la dichosa crisis, que ya es endémica y está claro que se ha quedado a vivir con nosotros. En el prólogo teníamos la idea de hacer una completa declaración de intenciones al espectador antes de los créditos: lo que va a ver en la película tendrá varios niveles de lectura y cabalgará, de una forma parecida a “Summertime”, entre la realidad y la ficción, la seriedad y la broma, el deseo y la conformidad, como en la dinámica de un chiste o una pesadilla; el código de la sátira, en definitiva. En esa misma escena se concentran una burla a la postcensura, un homenaje al cine de género dándole una re-vuelta más, una sátira al cambio de roles ya presente también en “Querido imbécil” y “Amor tóxico”, y una crítica bastante clara a nuestra realidad política y social. Todo eso está ahí, de forma muy básica, casi naif, pero está, y es la perfecta introducción a una película que desarrollará en sus varias capas todos estos temas.

Mi sensación al terminar de ver CALL TV fue: “Desconcierto”. El guión da la impresión de predecir las expectativas del público y cagarse en ellas. El tono de la historia oscila de un lado a otro durante todo el metraje. ¿Pretendíais generar esa sensación en el espectador o es que, simplemente, el espectador os traía sin cuidado?

Nos preocupa mucho, no te creas. Hacemos películas para que la gente las disfrute o las sufra, que es también una forma de placer. “Call TV” es como thriller de los años ochenta, como una película de Larry Cohen, pero también una comedia coral nocturna, como “Jo qué noche”, “Cuando llega la noche” o “Algo salvaje”, en la que todo sucede con tanta rapidez que los personajes apenas pueden reaccionar y son constantemente superados por los acontecimientos y castigado por sus deseos más oscuros e inconscientes, pero aún así, como debe ser, todos o casi todos evolucionan o aprenden algo a lo largo de la aventura. Si a ello añadimos que algunos personajes están en un género y otros en otro… el desconcierto y el extrañamiento están servidos, pero no nacen precisamente del caos. No es nuestra película más desconcertante, pero sí la que más cree en sí misma y se toma en serio sus propias reglas. Sobre el papel era una locura prácticamente imposible de filmar, y Norberto la ha resuelto de una forma muy dinámica y atmosférica, con oficio de viejo narrador de historias, lo que genera ese desconcierto del que hablas que no es nada más que el deliberado juego con el cruce de los géneros y con las expectativas del espectador. Nos burlarnos del desarrollo narrativo que tienen las películas más convencionales, y aprovecharlo en nuestro beneficio o echarlo por tierra cuando nos conviene. Jugamos, desde dentro, con las películas de serie B clásicas para denunciar la actualidad.

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Tengo entendido que el proyecto surgió años antes de poder llevarse a cabo. ¿Cuál es la historia de su génesis? ¿Norberto Ramos del Val estuvo implicado desde el principio como director?

Sí, siempre pensamos en Norberto como director, porque a él esa mezcla de thriller y comedia le atraía mucho y lo veía como un desafío. Era un universo de alguna forma muy coherente con sus anteriores películas y de hecho a muchísimos niveles ha conseguido meter en “Call Tv” detalles y aciertos de toda su filmografía. Ten en cuenta que el proyecto es anterior a “Amor tóxico” y a “El cielo en el infierno”, que son aparentemente más densas y reflexivas. A Norberto le apetecía recuperar el tono cachondo y disparatado de “Summertime” y “Faraday”, que también estaba de alguna forma presente en una película mucho más canónica como “El último fin de semana”, mezclándolo con el dolor y toda la carga dialéctica que tiene esta película bajo la superficie de comedia absurda. De nuevo confió en nosotros, de nuevo confiamos en él, y éste ha sido el resultado: algo más oscuro y retorcido que el guión original, pero aún más rico e interesante.

Cuando retomasteis el proyecto años después de haberlo escrito, ¿modificasteis el guión o lo conservasteis intacto?

El proyecto tuvo bastantes modificaciones desde el comienzo, pero ninguna que afectara especialmente al complicado tono de la película y a la mezcla de géneros que proponíamos. Todos teníamos claro que nos apetecía ser una película rápida de disfrutar en una primera lectura como puro divertimento, que en el fondo es lo principal para que una película funcione como tal. Si de paso consigues darle unas capas de contenido más para que encuentres cosas a cada nuevo visionado… pues tanto mejor. Pero que quede claro que esto no es algo que hayamos inventado nosotros: el cine de género y la comedia siempre ha servido de instrumento para hablar de los problemas de la realidad cotidiana.

La peli está llena de diálogos coloquiales y espontáneos. ¿Estaban ya marcados en el guión, o se dio libertad a los actores para que los hiciesen “más suyos”?

Norberto respeta mucho los diálogos escritos, ata con mano fuerte a sus actores, y en sus rodajes, que suelen ser muy rápidos e inmediatos, apenas hay espacio para la espontaneidad y la improvisación. Entiende que cada frase está buscada y casi nada se dice por decir… y, tenga o no tiempo para ensayar, se lo deja siempre claro a los actores. No dejarles cambiar frases no es precisamente no dejarles trabajar. Bien sabes que ese es un error muy común en muchos directores y que hace que se carguen tantas veces el trabajo de diálogos… Pero no es para nada el caso con Norberto, y en ese sentido estábamos muy tranquilos, porque personajes como Hugo, Avril o Lucía se definen sobre todo por su manera de expresarse, por su asombro frente al mundo y por su condición de perros verdes o perdedores que por una noche tienen la oportunidad de vivir una aventura de verdad. Luego, como también se encarga del montaje, ahí es cuando tiene más tiempo para pulir y eliminar todo lo innecesario. En este sentido, ha sido bastante duro y tajante, porque la historia original tenía mucho más de broma, había mucha más guasa y cachondeo con los estereotipos, pero de alguna forma prescindiendo de algunos chistes demasiado evidentes, se ha reforzado el sentido original de la película y su condición de parodia envenenada de la serie B, y la peripecia ha ganado en ritmo, inmediatez y trepidación.

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¿Cuáles son los tres colectivos que creéis que se van a ofender más con la película?

En este momento que atravesamos, todo el mundo se ofende por cualquier cosa, así que de alguna manera es como darnos el trabajo hecho. No creo que nos haya quedado una película especialmente tocapelotas y ya en los preestrenos hemos visto con grata sorpresa cómo el público comprende perfectamente cómo funciona su humor. Nos hemos acordado mucho de Verhoeven y de cómo había gente torpe que lo llamaba facha viendo barbaridades como “Robocop” o “Starship Troopers”… Así que igual nos tacharán de nuevo de machistas por haber denunciado en la película todo el machismo que hay en el mundo del audiovisual y de la sociedad en general, así como el enfrentamiento entre las distintas posturas dentro de la izquierda o el mismo feminismo, que no hacen sino hacerle el juego a la derecha de toda la vida, que ahí sigue en el poder… Pero bueno, es el insulto de moda, qué se le va a hacer. Sabemos perfectamente lo que hacemos y no podemos hacer desgraciadamente una labor pedagógica previa al visionado. Hay también mucha nostalgia cifrada y como en toda película de Norberto, también mucha ternura y melancolía bajo el grueso de los chistes y la ferocidad de las puñaladas.

Ésta es vuestra segunda película como tándem, y la quinta de Pablo a las órdenes de Norberto. Se percibe un tema recurrente cada vez que os juntáis: Las confrontaciones, malentendidos y dinámicas de poder entre hombres y mujeres. ¿Es algo buscado o algo que no podéis evitar?

Tanto a Norberto como a nosotros nos gustan los personajes femeninos fuertes, que de alguna manera cortan la pana y dominan a los hombres, que son tan risibles y penosos como nosotros mismos. Es un tema recurrente que da mucho juego y que a veces puede hacer que nos metamos en jardines que en el fondo nos gustan porque plantean nuevos interrogantes y abren puertas diferentes. Aquí estaba claro que era de nuevo un tema principal, ya que estamos haciendo una sátira sobre el papel de la mujer en las películas de serie B. Vemos la historia de “Call TV” como una historia de redención y empoderamiento por parte de una mujer herida, secuestrada por las debilidades de su pasado, que además es una actriz para más señas (Lucía, interpretada por María Hervás) y mayor recochineo. Y la película también es la historia de un eterno adolescente (Hugo, interpretado por Álvaro Lafora) que debe decidir de una vez por todas entre el mundo de sus fantasías y la realidad (representada aquí por el personaje de Avril, su vecina enajenada encarnada por Ana del Arco), lo cual al mismo tiempo puede parecer tan paradójico como chiflado y complementario. Interpretar “Call TV” como una metáfora sobre el voyeurismo también es inevitable y eso estuvo presente desde el principio, puesto que las teletiendas y los programas de llamadas son de alguna manera la pornografía del capitalismo, o una pornografía chusca, grimosa y chocarrera marca España.

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Se rumorea por ahí que el guión de Summertime lo escribisteis en un par de días. ¿Hay algo de cierto en ello? ¿Cuánto tardasteis en escribir CALL TV? ¿Cuál es vuestro método de trabajo?

“Summertime” fue el resultado de una situación precipitada y desesperada, de querer rodar algo como fuera. Con “Call TV”, ha habido tempo para pensarla un poco más y revisarla con cierta calma, porque nuestra intención era llegar a un público más amplio sin dejar de ser nosotros mismos, pero siempre nos negamos a que su aparentemente contradictorio juego con los tonos se perdiera en las sucesivas revisiones. En este sentido, creemos que la película ha mantenido de alguna manera su esencia provocadora y radical, que es tanto nuestra como de Norberto. No teníamos ningún método concreto a la hora de escribir: cada película o historia marca de alguna forma ese método. Escribimos mejor por separado que juntos porque así nos andamos menos por las ramas, eso sí, y uno puede disfrutar mejor de los hallazgos del otro y perfilar o discutir mejor sus errores.

Además de vuestras dos películas, habéis publicado recientemente una novela juntos. ¿En base a qué criterios decidís en qué formato queréis contar cada historia?

Cuando el resultado es imposible de llevar a cabo con una cámara, tenemos claro que será una novela. En este sentido, “Call TV” se ha salvado un poco por los pelos y en eso ha tenido que ver el sentido común de Norberto que ha domado de alguna manera nuestra tendencia al desparrame.

¿Teníais en la cabeza referentes concretos mientras escribíais esta peli?

Al principio sí, más o menos los que hemos citado más arriba, pero una vez que ya tuvimos claros los personajes ya nos dejamos llevar por ellos y sus reacciones. El argumento principal se nos ocurrió viendo “Teléfono mortal” de Ruggero Deodato, una película que vemos cada 26 de abril, y nos planteamos si seríamos capaz de escribir algo tan serio y efectivo como eso. Lo malo es que al segundo diálogo ya era otra vez una comedia, porque nuestros personajes no eran normales, y pese a sus defectos y comportamientos, resultaban graciosos y corrían más rápido que nosotros. Es la única forma de conseguir películas que, aunque tengan un bagaje de fondo que quede bonito explicar en entrevistas, se defiendan solas y construyan universos personales en los que la referencia no pese demasiado y aplaste a los personajes y a la impronta final de la historia. Películas que se parezcan únicamente a sí mismas.

Hace poco le leí a Pablo Vázquez un comentario en redes sociales en el que hablaba de lo necesario que es el “cine de resistencia”. ¿Consideráis que vosotros hacéis ese tipo de cine?

Bueno, nosotros básicamente escribimos lo que nos da la gana, lo que nos apetece en cada momento. Muchos proyectos se caen, no pueden filmarse o son completas gilipolleces, y algunos inesperadamente van saliendo a la luz cada cierto tiempo. Buscar una coherencia en ellos es tan difícil como encontrarla en nosotros mismos, pero sí, de alguna manera las películas que no dependen del público y de la pasta terminan por ser más personales, ya que no hay cortapisas ni censuras de ningún tipo. De todas formas, la mirada de Norberto siempre es diferente a la nuestra y él siempre reescribe o reinterpreta nuestras ocurrencias, las hace más locas o más digeribles, y las acerca a su universo personal, cosa que en este caso es más clara que nunca porque creo que la película ha quedado como un compendio y refinamiento de todos los temas que tocábamos en todas las películas que hemos hecho juntos y las que él ha hecho por su cuenta. Ricardo y yo tenemos la suerte de no dedicarnos a esto y haber superado la opinión de nuestros padres o nuestros amantes ocasionales.

¿Estáis tramando alguna otra cosa de cara al futuro cercano?

En cuanto a un futuro cercano, como guionistas, nos gustaría regresar al género del terror, que lo tenemos un poco abandonado, pero siempre desde una perspectiva burlona y desenfadada, más cerca de una película de Parchís que de “Verónica”. Y algún día, por qué no, un drama. No, es una broma. Un drama jamás.

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TWITTER ANTÉS Y DESPUÉS DE MANUEL BARTUAL

21 septiembre, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Hace poco más de dos semanas, Manuel Bartual revolucionó el campo de la ficción cuando decidió narrar un thriller en Twitter. Poco después, su historia llegaba a ser Trending Topic mundial durante dos noches seguidas, lo que provocó que pasara de tener 16.000 seguidores a más de 367.000 y que dejará una incógnita abierta: ¿puede ser Twitter un canal al que acudir en busca de ficción? Desde entonces, Bartual ha estado sumido en una vorágine de entrevistas y de proyectos que eran impensables para él hasta hace bien poco. Ahora, pasado el primer boom mediático, hemos querido analizar con él las consecuencias que puede tener Todo está bien (nombre del thriller) tanto en su trayectoria futura como en la forma de narrar historias y de estructurar una industria que, cada vez más, tiene el punto de vista puesto en lo que ocurre en Internet.

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Fotografía de Cynthia Estébanez

Antes que nada, felicitarte por el éxito que has conseguido con la historia. Es un buen ejemplo de que las cosas hace tiempo que han cambiado. Las televisiones ya no son las únicas que dictan qué se ve y qué no, y mucho menos son el único lugar donde la gente acude en busca de historias ¿no crees?

Gracias. Y sí, estoy de acuerdo. Aunque precisamente es de este escenario del que se ha beneficiado la historia que he contado a través de Twitter: ahora que todos nos hemos acostumbrado a consumir cualquier ficción a nuestro ritmo, cuando nos apetece, sin que nadie nos imponga un ritmo ni un horario concreto, enfrentarse a una ficción que no controlas creo que ha sido uno de los mayores puntos de enganche.

¿En qué momento decides que para esta historia el mejor formato es Twitter?

No fue algo demasiado meditado, pero realmente era la opción más sensata. Aparte de que es la red social donde más cómodo me siento y la que mejor manejo y entiendo, contar una historia a modo de hilo de Twitter era lo idóneo para un relato que se iba a prolongar durante una semana, ya que permitía que cualquiera pudiera ponerse al día fácilmente independientemente del momento en el que se enganchase a la historia. También contaba con una buena base de seguidores, algo más de 16.000 cuando comencé a publicarla. Aunque no hubiera llegado a las cifras que acabé alcanzando, ya me parecía una audiencia más que suficiente.

Imaginamos que, de haberla escrito en formato audiovisual, habrías apostado por otras herramientas. Ahora que ha pasado el primer revuelo, ¿cuáles crees que son las mayores diferencias que has encontrado a la hora de escribir entre un guión, digamos, convencional, y un guión para Twitter?

La principal diferencia y seguramente la más importante es que el público está recibiendo la historia mientras la vas construyendo. Al menos si haces como en mi caso, donde cada nuevo tweet lo escribía prácticamente tal y como los iba publicando.

¿Y cuál ha sido tu experiencia al respecto? ¿Has variado mucho conforme la historia ha ido creciendo y ha recibido más opiniones? ¿Crees que es más importante mantenerse fiel a tu historia o ser flexible y reaccionar a las demandas del público?

Puedes ir a la tuya y no escuchar la conversación que tu historia genere, pero lo verdaderamente interesante aquí es prestar atención a lo que te comentan los lectores y valorar si merece la pena o no incorporar algunas de sus sugerencias al relato. Jugar con ellos. Mientras no te desvíes de lo que estás contando, creo que sirve para que tanto la historia como la experiencia se enriquezcan. También es un fabuloso campo de pruebas en directo. En mi historia, teniendo en cuenta que necesitaba que transmitiera cierta verosimilitud, no tenía nada claro cuánto humor me podía permitir. Así que hice una prueba, y cuando vi que el público reaccionaba bien, me quedó claro que tenía vía libre para utilizar humor en momentos puntuales de la historia. No llegar a convertirlo en una comedia, pero sí utilizarlo como un recurso más. Al final fue uno de los grandes aciertos, porque todos esos guiños humorísticos se convirtieron en parte de la identidad del relato y ayudaron a que la gente conectase con lo que estaba contando. Sólo hay que fijarse en el número de comentarios, likes, memes y retweets que generaron los chistes que fui diseminando a lo largo de la historia.

¿Y cómo fue el proceso de construcción? ¿Escaletaste? ¿Esbozaste un perfil psicológico, aunque fuera mínimo, de los personajes?

Sí, cuando escribí el primer tweet ya tenía todo escaletado, no me habría tirado a esta piscina sin saber cómo acababa la historia y los hitos por los que debía pasar. Pero no esbocé ningún perfil psicológico ni nada parecido, más que nada porque el protagonista era yo y la única voz que iba a imponerse durante todo el relato era la mía. Los primeros tweets están escritos tal y como yo mismo podría haber contado en Twitter cualquier otra cosa real que me hubiera pasado en vacaciones, pero a medida que fue avanzando la trama, y en parte gracias a todo el humor que fui incorporando, ese Manuel se fue convirtiendo en una versión diferente a la del Manuel real, por decirlo de algún modo. Un Manuel un poco más valiente e insensato, porque yo habría tardado mucho menos en huir de ese hotel, y mucho más preocupado por su alimentación de lo que yo podría estarlo nunca si pensase que mi vida está en peligro. Ya sabéis: ¡el bollo!

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Cada nuevo tweet de Bartual se saldaba con miles de retweets, “Me gusta” y seguidores nuevos.

Sabemos que la pregunta es complicada, ¿pero crees que podemos asistir a la proliferación de historias en esta red social?

Twitter se ha utilizado para contar ficción desde sus orígenes, aunque de forma minoritaria. De un tiempo a estar parte sí que veo cierta proliferación. En todo caso, es difícil aventurar nada. Imagino que si otras historias acaban obteniendo repercusión, como ha pasado con la mía, habrá cada vez más gente que se anime a plantearse las redes sociales como otro medio más a través del que contar historias. A mí, como lector, me encantaría.

¿Crees que puede existir un canal de ficción dentro de Twitter, o es una herramienta demasiado informativa?

Una de las cosas que mejor hace Twitter es prestar atención al uso que le damos a su red social, e incorporar novedades en función de estos usos. Ahora nos parece que los retweets siempre estuvieron ahí, pero esto es algo que nos inventamos nosotros. Si la ficción acaba teniendo un peso importante en Twitter, no me sorprendería que llegasen a incorporar algo como un canal de ficción.

Y si fuera así, ¿crees que hay algún género que se adapte mejor a Twitter por sus características?

Creo que Twitter, como canal para desarrollar ficciones, admite muchos géneros y enfoques diferentes. Lo mío ha sido un thriller de ciencia ficción con toques de humor, pero me imagino perfectamente cómo se podría abordar un drama político a través de Twitter. Me parece un momento muy propicio para desarrollar algo así. O una comedia protagonizada por millennials. O un relato histórico trasladado a nuestra época, y adaptado a los tiempos y usos de Twitter o cualquier otra red social. Las posibilidades son infinitas.

En tu caso, ¿por qué te decantas por el thriller?

Me gusta el género. Me gustan sus reglas, y me siento cómodo construyendo sobre los esquemas propios del thriller. Es un género que admite prácticamente todo lo que le eches, y que da buenos resultados cuando conociendo sus reglas y esquemas decides romperlos. O por lo menos replantearlos, contarlos de manera diferente a la habitual.

Imagínate que fueras profesor de guión especializado en historias para Twitter (quizá no es tan descabellado pensar que puede llegar a existir algo similar). ¿Qué consejos básicos le darías a alguien que se encontrara en el proceso de escritura para poder construir un relato interesante?

Que escriba algo plenamente adaptado al medio que esté utilizando para contar su historia. Que trate de entender ese medio y valore bien de qué herramientas dispone, para sacarles el mayor partido posible. En realidad es un consejo que vale también para cuando te planteas narrar en cualquier otro medio. Ahora que prácticamente todas las historias están contadas, una buena forma de enganchar y sorprender al público es la forma en la que decidimos transmitirlas.

Lo que tu historia puede demostrar es que también se ha acabado eso de hacer una prueba de guión para entrar a trabajar en una productora. A parte de tu caso, recientemente tenemos a Diana Rojo, que entró a El Ministerio del Tiempo gracias (o al menos en gran parte) a la visibilidad mediática que adquirió uno de sus vídeos en Youtube. ¿Cuáles son, a tu juicio, las plataformas actuales que dan más libertad o permiten demostrar mejor la originalidad de un escritor?

Evidentemente Internet, en su totalidad. Cualquier red social, o un blog, o un canal de YouTube. Lo que sea que se ajuste a la historia que quieras contar. Nadie va a marcarte lo que puedes hacer o no, ni el enfoque que quieras darle a tu relato. Internet es el mejor escaparate para demostrar qué sabes hacer, y aunque haya mucho ruido y resulte difícil destacar, si lo que ofreces termina gustando puede llegar a muchísima gente. En Internet estamos todos.

Sin duda, tanto el vídeo de Diana como el tuyo pueden ser referentes actuales para un guionista a la hora de pensar y reflexionar sobre la creación de nuevas historias. A tu juicio, ¿cuáles son los referentes que un guionista debe manejar en la actualidad?

Yo procuro fijarme en lo que me rodea y no cerrarme a nada. Pero tampoco trato de imponerme nada, sino que me dejo influir por todo aquello que me gusta. Tras concluir la historia que conté en Twitter me di cuenta de un par de referentes no especialmente evidentes pero que, por decirlo de algún modo, me pusieron en el estado mental adecuado para construir y desarrollar mi historia. Por un lado Firewatch, un videojuego al que jugué hace unos meses, en el que te metes en la piel de un guarda forestal inmerso en una historia de misterio. Algo de su ambientación y de su ritmo estaban presentes en mi cabeza mientras construía el relato de mis vacaciones. Y por otro lado Hello from the Magic Tavern, un podcast de ficción que descubrí a finales del año pasado y que he disfrutado enormemente. No me canso de recomendarlo. De éste creo que me ha influido la manera en la que sus creadores abordan un formato como el podcast y su buen humor. Otra más: poco antes de irme de vacaciones volví a ver Creep, la película de Patrick Brice, escuchando el audiocomentario del propio Brice y de Mark Duplass. Acabo de recordarlo ahora. Duplass comentaba que la idea original de la película fue escribirla, dirigirla y protagonizarla él solo, pero lo acabó descartando porque vio que iba a resultar complicado sacar adelante una película con estos condicionantes. No pensé en ello de forma consciente cuando me planteé escribir y publicar en Twitter una historia protagonizada por mí en la que mi némesis iba a ser yo mismo, pero no descarto que ese comentario de Duplass activase algo en mi cabeza.

Vamos con otra pregunta complicada. Al ser la primera vez que se crea una historia así, no hay referentes en los que basarse, y quizá es sencillo reflexionarlo ahora, pero nos gustaría saber tu opinión sobre hasta qué punto crees que, como ocurre cuando se va al cine y el espectador sabe que está delante de una ficción, en Twitter debería ocurrir algo similar pese a que pueda perderse ese primer punto de misterio. A la vista esta que hay casos más que de sobra como el tuyo, desde la famosa Guerra de los Mundos de Welles, pasando por el de Joaquin Phoenix con su falso documental, hasta el falso documental de Évole, así que no queremos decantarnos (ni mucho menos opinar) ni hacia un lado ni hacia otro, sino, más bien, saber tu opinión sobre este tipo de productos y cómo y dónde limitar lo que “vale” o no como herramienta de atracción.

Creo que la línea de lo que “vale” y lo que no la marca que aquello que estés contando no perjudique a nadie. Me refiero a un perjuicio real, no a que alguien pueda pensar que aquello que estás contando es cierto y luego descubra que no es así. Cuando esto sucede, lo peor que puede pasarle a esa persona es que se dé cuenta de que quizá no deba creerse toda la información que le llega, o por lo menos sin cuestionarla o comprobar las fuentes. Te anima a desarrollar un pensamiento más crítico.

¿Tienes planeado recoger todos tus tweets y publicarlos a modo de libro?

No, no tendría sentido. No funcionaría igual. Esta historia ha de leerse en Internet, y a ser posible a tiempo real, según se fue construyendo. He podido comprobar que quien la he leído a posteriori también la ha acabado disfrutando, pero el efecto no sería el mismo si se trasladase a un libro.

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¿Hasta qué punto cambia tu agenda a medio plazo por lo que respecta a próximos proyectos el bombazo de tu historia?

Ha cambiado por completo. Me ha abierto puertas a las que hace apenas unas semanas ni se me hubiera ocurrido llamar. Ha sido algo completamente inesperado y es lo mejor que me podía pasar, que ahora tenga a gente dispuesta a ayudarme a que mis próximos proyectos vayan a contar con un apoyo y una difusión mayor, con mayores y mejores presupuestos. Y no dejo de pensar que lo más maravilloso de todo esto es que sea gracias a algo tan sencillo como lo que motivó que me pusiera a escribir estando de vacaciones: por el placer de pasármelo bien contando una historia.


RODRIGO RIVAS: “CONTAR MOTIVACIONES, EXPRESAR SENTIMIENTOS Y HACERLO INTERESANTE ES NUESTRO TRABAJO COMO GUIONISTAS”

21 abril, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Garantía Personal es la primera película de Rodrigo Rivas. Coescrita junto a Julio Rivas, el film se enmarca en el contexto de la crisis para profundizar en unos personajes que son incapaces de adaptarse a las condiciones económicas y políticas actuales. El largometraje, definido por Rodrigo Rivas como un film Neo-Noir, llega hoy a los cines españoles. Aprovechando el estreno hemos tenido la oportunidad de charlar con Rodrigo en profundidad sobre el guión de la película. A continuación os dejamos la entrevista.

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¿Cómo nace el guión de Garantía Personal?

Garantía Personal es un concepto bancario. Quiere decir que, cuando firmas, en la letra pequeña pone que avalas con todos tus bienes presentes y futuros. Nos apoyamos en esta idea cuando empezamos a escribir la película porque nos parecía una metáfora, mas bien un símbolo, que se podía aplicar a la ficción de un guión cinematográfico. En la película, esta idea trabaja como detonante para que los personajes, al verse atrapados en la amalgama de bancos, préstamos, acreedores, tuvieran un motivo más para equivocarse en sus decisiones. Fruto de esas “malas” decisiones, los personajes se ven avocados a un final trágico.

Garantía Personal nace de la necesidad de hacer un cine periférico y provincial, de contar las vidas de los habitantes de este país que viven y padecen en ciudades de provincia más o menos pequeñas. Del empresario medio, del que tiene una Pyme, en fin, del tejido que compone la mayoría social.

A lo largo de la película afloran muchos temas y reflexiones sobre el amor, sobre los límites que estamos dispuestos a cruzar o sobre el poder del dinero. ¿Hay alguno que, para vosotros, fuera el nuclear a la hora de escribir? Es decir, ¿qué es de lo que más os interesaba hablar cuando escribisteis el guión?

En el fondo los temas son siempre los mismos: el sexo, el dinero, etc. Para Julio y para mí, estos temas o la crisis económica que está presente en toda la película no son más que “el ruido de fondo”. Lo que nos interesaba contar es cómo reaccionan los personajes a estos estímulos que vienen del exterior. Todos decimos, “¡ah! Yo nunca haría tal o cual cosa”, pero tendríamos que vernos en una situación límite para ver en realidad qué haríamos y eso, creo yo, es nuestra esencia. Nos gusta llamarlo personas normales en problemas extraordinarios. No hay nada que sea totalmente blanco o totalmente negro, los matices del gris de cada ser humano son la auténtica razón de ser de esta película. Por eso no hay, salvo el personaje de Ana que quizás es el personaje más blanco, ningún personaje “bueno”, todos tienen sus miserias y estas van saliendo según avanza la película. Por eso digo que esta película es “Neo-Noir”: temas clásicos, que incluyen hasta una “femme fatale”, pero tratados bajo un contexto plenamente actual.

Por lo que hemos podido documentarnos, Garantía Personal es el primer largometraje que escribís, o, al menos, que se rueda. ¿Por qué es importante para vosotros estrenaros con este guión y no con otro?

La película es el segundo capitulo de una trilogía, el primero, Carta de Ajuste, nunca se llegó a rodar, aunque hubo un momento en el que teníamos gran parte de la financiación asegurada mediante subvención, pero llegó la crisis y se lo llevó por delante. Bueno, esa es otra historia, pero quizás ayudara a que Garantía Personal se haya hecho realidad. En cuanto a la pregunta, creo que es una mezcla de suerte o quizás de alineación de astros, no sé. Esta película casi se viene abajo tres o cuatro veces en los diferentes procesos. Por eso digo siempre que su razón de existir es un acto de fe, las matemáticas, los planes de rodaje, el presupuesto, etc. siempre dijeron que no era posible hacerla, pero la hicimos.

¿Cómo ha sido el proceso de venta de vuestro primer guión?

Venta del guión como tal nunca hubo. Somos una familia, una gran familia que rema junta para conseguir una meta. No teníamos que satisfacer a ningún productor, ya que somos los dueños de la película. De hecho, íbamos modificando alguna escena según se nos venía el tiempo y el presupuesto encima. La película ha tenido sus ayudas y sus televisiones, pero siempre ha sido entendida como un paquete, un proyecto completo. Bueno, contractualmente los derechos los tiene Derivas Films, pero estamos abiertos a que alguien los pueda comprar para hacer un remake, entiéndase la ironía.

Resulta interesante destacar que estamos delante de un thriller que no ocurre en Madrid y que, además, explotáis los personajes, profesiones y acentos de la zona. ¿Qué os añadía esto desde el punto de vista de la escritura?

A nivel de guión creo que no mucho. Fue más bien después, cuando tuvimos que trabajar con actores de diferentes regiones, Andalucía, Castilla y León, Extremadura, etc. Intentamos que los que tuvieran un acento más marcado lo llevaran a un terreno más neutro pero tampoco fue una obsesión. Creímos oportuno que hablaran como la gente normal y forzar demasiado hubiera quedado impostado y artificial. Creo que nadie se ha quejado de que algún diálogo no se entienda y es más, creo que lleva la película a un terreno más real y cercano.

Tampoco creo que se pueda encajar la película dentro del género del thriller. Tiene drama, comedia negra, mucho de cine negro… Es difícil de expresar, pero si hay que ponerle una etiqueta quizás es “thriller social con suspense”, o cine “Neo-Noir”, o simplemente cine negro.

Del mismo modo, ¿qué os aporta contextualizarlo en la situación actual de crisis económica?

La crisis económica ha creado una nueva realidad. Lo que nos ha aportado el cambio de paradigma son frases tan típicas como “ya nada será como antes” y cosas por el estilo. Y hay mucho de verdad, ahora todo es distinto. El adaptarse a los cambios, navegar y sobrevivir en un mundo nuevo no es fácil. La historia comienza con uno de los protagonistas al borde del suicidio porque no puede soportar que su mundo se venga abajo. Él, que era un empresario solvente, casado de segundas con una bella mujer, no se permite a sí mismo fracasar. Ella, protagonista de su vida, con su pequeña tienda de ropa, no se puede creer que lo vaya a perder todo y, cuando le toca decidir, toma la peor de las decisiones, con lo que las consecuencias se vuelven imprevisibles. El Policía Local, guapo, campeón de su portal, no está dispuesto a tirar toda su carrera y su estabilidad familiar por la borda. Cuando se encuentra metido hasta el cuello en un problema que no era suyo, trata de salvarse primero. Lo que tienen en común estos personajes es su incapacidad para adaptarse a la nueva realidad marcada por la crisis.

¿Qué elementos (escaleta, tres actos) utilizasteis durante el proceso de escritura para poder armar la estructura del film?

Normalmente trabajamos en actos. La estructura clásica de principio, nudo y desenlace. Tenemos una gran pizarra y en ella escribimos normalmente un principio y un final sin desarrollar. Tenemos una vaga idea de lo que tienen que hacer los personajes, lo que les motiva y también tenemos claro el tema, por así decirlo. También hay una o dos escenas que son lo que en un arco clásico llamaríamos la clave o piedra angular sobre las que se sujeta la película. Es en este momento cuando hacemos lo que se llama un tratamiento o un argumento, de diez a veinte páginas, contando la historia a groso modo. Luego, Julio trabaja el guión por su cuenta desarrollando escenas que van encajando en la estructura y las ponemos en común. Yo, por mi parte, voy perfilando el look visual y metiendo las transiciones, las morcillas propias del autor, cosas que den una unidad al tipo de cine que quieres hacer en ese momento y en el futuro. Cuando ya hay algo armado, que se sujete, trabajamos con el programa de escritura de guión y vamos rematando, quitando y poniendo hasta que un día decides dejarlo ahí, darlo por terminado.

Lo que ocurre es que durante el proceso de rodaje y sobre todo de montaje la película varia mucho. A veces debido a un problema técnico, otras por disponibilidad de fechas de los actores o simplemente te das cuenta en montaje que una escena no funciona. El guión, tengo que decir, era un tanto ambicioso y quizás también optimista. De hecho hubo escenas, que ni siquiera se rodaron y que hubieran transformado la película totalmente. No lo llamaría errores, serían avatares del proceso creativo, pero está claro que modifican tu manera de trabajar en el guión de cara a proyectos futuros y a ese aprendizaje solo llegas “equivocándote” una y otra vez.

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¿Hubo alguna escena que tuvierais clara cuando empezasteis a escribir (el final, el primer punto de giro, etc.)?

Quizás la escena de la cocina, el nudo de la película, pero no la puedo contar por que la destrozo para el espectador. Es una escena larga y con mucha tensión y nos marcaba el tono del discurso. Curiosamente hay una escena de diez o doce páginas de guión que marcaba el tono de comedia negra y que nunca se llegó a rodar. Era una escena que definía la película pero que estructuralmente era suprimible. Le tengo mucho cariño a esa escena, pero se me hubiera ido de madre el metraje de la película y, si me hubiera empeñado en hacerla (porque además era una escena muy cara de producir), a lo mejor no hubiera podido rodar el final. Son decisiones que tomas en rodaje y no vale la pena lamentarse por ellas.

¿Hasta qué punto fue importante la documentación para poder contextualizar toda la información bancaria?

No nos hizo mucha falta, el guión tiene mucho de autobiográfico. Uno escribe de lo que conoce, de lo que sabe y en este caso, Julio se ha enfrentado a los problemas que tiene el personaje de Alberto más de una vez. Tratas de que todo tenga una base real, pero lo trasladas al mundo de la ficción. Seguro que esto mismo le ha ocurrido a muchísima gente en este país, que se han visto arrastrados por la crisis y por la vileza legalista con la que actúan los bancos. Pero esto, por sí mismo está carente de emoción, es una triste realidad pero no es material fílmico. Tienes que ver e identificarte con los personajes, con su realidad, con sus problemas, con sus miserias y llegar a ponerte en su piel. Porque la gente no va al cine a ver lo mal que te ha ido en la vida, no nos interesa la gente normal a no ser que la llenemos de emociones y de suspense. Si el espectador no se está preguntando constantemente ¿y ahora, qué va a hacer fulano o mengano?… Truffaut habló mucho con el maestro de todo esto, y de esta manera interpreto yo el cine también.

¿Os habéis nutrido de casos reales?

Sí, aunque solo para el contexto y la parte social de la película. El resto es ficción.

¿Hasta qué punto creéis que es sencillo llegar hasta donde llegan los personajes una vez te ves arrastrado por los acontecimientos?

Lo típico de que la realidad supera a la ficción es cierto en parte. Estamos hartos de ver en las noticias casos en los que el “final” es trágico. El problema es el canal de comunicación, si nos lo cuenta el reportero sacando la información de los medios policiales que llevan la investigación, la historia es estándar. Sabemos el principio y el final de una historia carente de sentimientos y motivaciones. Contar motivaciones, expresar sentimientos y hacerlo interesante es nuestro trabajo como guionistas y como cineastas. Puede que no sea sencillo que un personaje llegue a matar, pero si comprendemos por qué lo hace, puede que incluso lleguemos a identificarnos con él. Y para eso existe el cine, para darte el gusto de matar al malo sin tener problemas morales, remordimientos, juicios, y sin consecuencias, porque es un mundo ficticio. Si es verosímil y encaja en la ficción, vale.

También resulta interesante ver cómo habéis planteado ciertos personajes que solo están detallados, pero de los cuales es fácil hacerse una idea de qué tipo de personajes son (como por ejemplo el dueño del Club). ¿Escribisteis mucha perfilación de trama y personajes que no salga en la versión final del guión?

Se escribió mucho guión que no sale en la película, diría yo. El dueño del Club tenía dos o tres escenas más en las que se definía un poco más el tipo de personaje que es. Un tipo muy Cohen pero a la española, que se enrolla y que le gusta tener el control de la situación. Un personaje de profesión asquerosa que nos resulta simpático porque siempre está hablando de actores de cine famosos y comparándolos con los que tiene enfrente. Una especie de metalenguaje que ha sido interpretado por un actor sin experiencia en cine pero que ha estado toda la vida subido en los escenarios de teatro y con mucho reconocimiento. Intentamos, a la hora de escribir el guión, que cada personaje tenga su mundo, un mundo propio que le dé carácter y herramientas para contraponerse a otros personajes. También escribimos una historia de vida de cada uno, en algunos, según su importancia, se desarrolla más y en otros es un poco mas esquemática y arquetípica.

¿Cómo buscáis la originalidad dentro de un género (el thriller) del que se hacen tantos largometrajes a día de hoy?

Pues intentamos que no sea un thriller al uso, hemos querido hacer una película, como decía al principio, que ocurra en la periferia de las grandes ciudades. Tampoco éramos conscientes de que estuviéramos haciendo un thriller, esta inclusión en el género viene después, cuando tienes que vender la película y todo tiene que encasillarse y definirse bajo un patrón. Pienso que esta película tiene una mezcla de géneros. Por eso me gusta llamarlo nuevo cine negro y creo que ya se considera un subgénero vigente con muchos autores de prestigio que lo respaldan.

¿Tuvisteis algunas referencias en mentes a la hora de escribir el proyecto?

Siempre tienes maestros de cabecera y referencias a la hora de enfrentarte a un proyecto. Lo que pasa es que intentas que no te influyan directamente. Todo lo que vas viendo, leyendo, escuchando, va conformando tu imaginario personal. Luego, dentro de la película hay mucho de lo que te gusta de una manera inconsciente, creo yo. Que “está todo inventado” es verdad, pero siempre hay un punto de vista nuevo, otra forma de ver las cosas, de narrar… Lo de hacer listas de directores o películas que te han influido es injusto porque, aunque la opinión colectiva conforma el discurso, te dejas muchas obras maestras por el camino, y aunque no sean obras totales muchas veces puedes rescatar la interpretación de un actor, el tratamiento musical, la luz de una escena… no sé, es infinito. Intento aprender hasta de lo que no me gusta para saber cómo no tengo que hacer las cosas. A veces descartando te vas encontrando con lo que sí vale y es con eso con lo que te quedas. Lo que sí hemos intentado es que sea cine español, y decirlo con orgullo, porque tenemos una de las cinematografías mundiales más ricas y variadas. Además es el cine que más me toca, el más cercano, el que habla de mis problemas y de mi vida.

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¿Y sobre nuevos proyectos que estéis escribiendo, podéis contarnos algo?

Hace unos días registramos un nuevo guión de nombre El Conseguidor, que tenemos la esperanza de llevar a cabo en estos años. Os puedo adelantar una breve sinopsis:

“Ante el cambio de panorama político y social en la España de la corrupción, el intermediario de los contratos con los que mercadea la clase política se verá atrapado entre el empresario sin escrúpulos y el político que intenta salir indemne de sus amaños en las concesiones públicas.

“El Conseguidor”, incapaz de sacar a flote su vida personal, obligado a caminar por la cuerda floja, tendrá que jugar peligrosamente haciendo de bisagra para salvar su vida.”


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