ENTREVISTA A TOM FERNÁNDEZ

24 marzo, 2014

Entrevista y fotos por Alberto Pérez Castaños y Vicent Bendicho Cascant 

Tom Fernández estrenó ‘Pancho, el perro millonario’, protagonizada por Patricia Conde e Iván Massagué, el pasado domingo en el Festival de Málaga. Es su tercer largometraje como director y guionista tras ‘La Torre de Suso’ (2007), por la cual le nominaron al Goya al mejor director novel, y ‘¿Para qué sirve un oso?’ (2011), por la que ganó la Biznaga de Plata al mejor director en el certamen malagueño de aquel año. Tras el estreno de su nueva película y antes de regresar a su querida Asturias, recibió a Bloguionistas en Málaga para charlar un rato. 

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El guionista y director Tom Fernández

Con Pancho, el perro millonario has roto la línea que has seguido con tus dos primeras películas, has pasado de un humor más costumbrista y “rural” a uno más infantil y comercial, ¿a qué se ha debido cambio?

Sobre todo, a la casualidad. Me llegó un día el productor de la película y me dijo: “Quiero hacer una película con Pancho, el perro de la lotería. Tienes dos meses para escribir el guión”. Entonces, yo no lo dudé y le respondí: “Soy tu hombre”. Cuando me proponen algo tan complicado y surrealista siempre digo que sí de cabeza, sin pensarlo. En este oficio es tan poco habitual que te pasen estas cosas que más vale decir que sí, más que nada por todo lo que vas a aprender. Yo jamás me plantearía una película así si fuese mi propio productor, así que, de esta manera puedo aprender cosas que no habría aprendido de otra forma. Como director ha sido una experiencia muy formativa, encima me han pagado por ello y lo he pasado muy bien.

¿Ha sido un reto escribir para un público más infantil? 

Ahora mismo, el mejor cine que se hace está dedicado a los niños. Las películas de Dreamworks, de Pixar… Son películas increíbles, con guionazos. Los niños no lo saben, pero son gourmets cinematográficos, porque hacen muy buenos productos para ellos. Por eso, ahora mismo ya están resabiados, ya no puedes ofrecerles dos tonterías para que se entretengan, porque ya han visto la saga de “Toy Story”, por ejemplo. Así que para escribir Pancho me tembló más el pulso que con las anteriores, y eso que a mí me gusta el mundo infantil, y hasta tengo libros infantiles publicados, pero una película era un desafío porque tenía que entretener en el patio de butacas a un público que está acostumbrado a ver muy buenas películas para niños. Además, tenía que escribir pensando en los niños y también en los padres, porque, por ejemplo, en las de Pixar un adulto se lo pasa igual de bien o mejor que un niño. El objetivo ha sido beber de estas influencias americanas para que el padre que acompañe a su hijo a ver a Pancho a la salida diga: “Anda, pues me lo he pasado bien”.

¿A qué has tenido que renunciar como guionista al escribir para este tipo de público?

Pues, curiosamente, a nada. A parte de porque me dieron libertad absoluta para trabajar, he podido meterme en temas que nunca había tratado y me gustó la experiencia. Más que renunciar a algo, a veces me surgían dudas sobre si un determinado gag iba a funcionar. En este caso iba un poco a ciegas y ha sido un poco experimento, como probar con situaciones de comedia más absurda, con gags más surrealistas…

Al ser un encargo con tan poco margen para escribir, ¿cómo te has enfrentado al proceso de creación de la historia en un periodo de tiempo tan corto? ¿Te viste sometido a mucha presión?

Esa situación me volvió a recordar a los tiempos de la tele en 7 Vidas, donde había momentos de zafarrancho de combate en los que había que terminar de escribir en poco tiempo. Así es como se aprende el oficio, cuando te dicen que el lunes tiene que haber un guión terminado sí o sí. Pones el chip de escribir como un loco y te da igual que haya un terremoto o lo que sea que tienes que escribir. Sin embargo, cuando estás haciendo tus propias películas corres riesgo de perderte, por eso ayuda tener detrás a un productor ejecutivo pidiendo. Esa presión tipo “te han pasado el balón en el último segundo y tienes que meter la canasta” me pone mucho. Eso es lo divertido de este negocio, porque si te dicen: “Tienes ocho meses para escribir lo que te dé la gana”, seguro que llegas a la última semana sin tener nada. Sin embargo, como decía Patton, “la presión hace diamantes”.

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¿Esto ha supuesto modificar los hábitos como guionista que tenías hasta ahora?

La experiencia me ha servido para volver a ponerme las pilas. Antes estaba en el monte, por ahí perdido, con ese riesgo de que se fuese mucho la olla. Pero esto es un oficio y hay que tener disciplina. Si un atleta entrena todos los días, un guionista también tiene que tener sus hábitos, luego ya contarás tus historias, pero el hábito hay que tenerlo.

¿Cómo te planteas el inicio de un guión? ¿Eres de los que hacen escaleta, o prefieres ir directamente a las escenas y al diálogo?

Lola Salvador, que fue profesora mía de guión, siempre me echaba la bronca porque nunca hacía escaletas. Y es porque les cogí mucha manía en la tele. Yo, siempre que tengo claro uno o varios personajes, necesito que hablen, que se enfrenten y, cuando empiezan a callarse cosas es cuando ves que las cosas empiezan a funcionar y ellos a pensar por sí mismos; cuando, por ejemplo, estás a punto de escribir una línea y el personaje dice otra, como si empezase a tener vida propia. Ahí es cuando los empiezo a meter en escenas generales. Pero todo esto es a raiz de escribir y tirar mucho material.

También me gusta pensar en el final. En qué quiero provocar al espectador cuando esté en la butaca del cine; si quiero que esté sobrecogido, con una sonrisa… En general, qué es lo que quiero hacer para que le gente salga de su casa para ir a ver tu película. Personalmente, dirigir y trabajar con actores me ayuda mucho a la hora de estructurar y escribir una escena; los guionistas solemos caer en el error de gustarnos escribiendo para luego llegar al montaje y que veamos otra cosa diferente a lo teníamos en mente, por eso tenemos que quitarnos esa idea de que si no escribes parece que no te estás luciendo. Y hay cosas más importantes, como los silencios, las miradas… Cosas que también hay que escribir, pero dejando trabajar al actor y que se implique en el personaje más allá de interpretar los diálogos que has escrito.

¿Qué software usas para escribir?

¡Esa es la gran pregunta! Porque todos estamos igual… Por fin he comprado el Final Draft, pero ya por desesperación. He probado con Celtx pero no me convenció, me hice una plantilla mía pero era un caos… Así que al final merece la pena invertir en un buen programa. Pero a ver si alguien en España se decide a hacer un software en condiciones.

Volviendo a tu película, el final de Pancho, deja entrever que habrá una secuela. ¿Se inició este proyecto con la idea de una franquicia en mente? ¿Seguirías tú en ella?

Todo productor en el mejor de su sueños piensa en una franquicia. A medida que vas trabajando en la película te vas encariñando de los personajes y al final dejas siempre la puerta abierta, las haga o yo o no las haga yo. Si funciona sería una buena señal, pues significaría que en España interesa este tipo de cine que, al fin y al cabo, no deja de ser industria y trabajo; y también para que el público sepa que, en su propio país, a parte de las películas de este corte que nos llegan de Estados Unidos, también podemos hacer cosas buenas.

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Con el actor Iván Massagué

¿Te marcaste algún límite a la hora de escribir las acciones del personaje de Pancho?

Con el perro no me he puesto ningún límite porque no puedes defraudar a un niño, por eso, en la película, Pancho conduce, cocina… Todos los gags que se me ocurrieron, los puse. Uno de los aspectos que más me preocupaban a la hora de escribir a Pancho era lo de que fuese un perro millonario y qué imagen íbamos a dar a los niños al hacerlo muy rico. A mí, por una cuestión de principios, me daba cosa. Por eso lo planteamos desde el inicio como un personaje caprichoso que ha perdido el norte, no como que fuese algo “guay”. El mensaje que queríamos dar era que ser millonario, en el caso de Pancho, fue fruto de la casualidad, e incluso que en el caso de otras personas puede venir de que haya niños trabajando para ti… Pero todo sin llegar a la moralina. Así que, excepto con eso, con Pancho no ha habido ningún límite.

¿Eras consciente del lío en el que te podías meter como director al escribir cosas como “Pancho monta en un coche y empieza a conducir”?

Me acordé mucho del Tom guionista durante el rodaje, sí. El problema era que teníamos poco tiempo para rodar, y al final nos quedamos con ganas de echarle más horas, pero la verdad es que Pancho no dio problemas. De hecho, teníamos un doble, que era una especie de robot articulado que movía las patas porque pensamos que íbamos a utilizarlo mucho, pero no, al final Pancho hasta condujo, era alucinante.

Entonces, trabajar con un animal terminó siendo una experiencia positiva también, a pesar de todo lo que se dice…

Al principio sí costó un poco porque, claro, teníamos poco tiempo y había que hacer que interactuase con los actores, pero al final terminamos cogiendo la dinámica. Logramos hacer interpretaciones de lo que hacía Pacho junto al cuidador para que, con el montaje final, parezca que está reaccionando a los diálogos de los actores.

Otro de los principales reclamos de la película es que está plagada de rostros populares de la televisión española. ¿El proyecto estaba pensado desde el principio para que fuese protagonizado por actores populares o es algo que fue surgiendo?

No, es algo que fue surgiendo. Hasta que no tuvimos luz verde definitiva con el proyecto no hicimos muchas cábalas con el casting. Aunque es cierto que los actores de esta generación son todos muy televisivos y muy conocidos, y, además muy buenos cómicos. Y pienso que ayuda que esto sea así.

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Con la actriz Patricia Conde

 

¿Después de este tienes ya pensado tu próximo proyecto? ¿Será en la misma línea o volverás a la de tus primeros trabajos?

El cuerpo me pide volver a mis lugares de origen, pero, aún así, ojalá me sigan llegando proyectos bonitos y divertidos como Pancho, que continúen formándome como guionista y seguir aprendiendo. Este tipo de proyectos ayudan a oxigenar y quitar polvo para, cuando vuelves a ponerte con algo nuevo, hacerlo con ideas renovadas y nuevas ambiciones. Y ya lo ideal sería poder compaginar proyectos locos de este tipo con televisión, porque me encanta la televisión, sobre todo determinadas cosas que se están haciendo en Estados Unidos. Estoy abierto a todo y con muchísimas ganas.

¿Qué tipo de proyecto te gustaría llevar a cabo en televisión, teniendo en cuenta lo que se está haciendo aquí últimamente?

El problema es que las ideas que solemos tener y que son las que nos gustaría desarrollar ahora mismo no tienen cabida. Por ejemplo, yo ahora no podría hacer algo como 7 vidas, porque es algo que ya hice y creo que volver a esos terrenos sería estropearlo, por eso me gustaría hacer cosas diferentes cuando se empiecen a abrir nuevos caminos. En el momento en el que las cadena estén dispuestas a aceptar cosas nuevas, ahí estaremos nosotros.

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Con el bloguionista Alberto Pérez Castaños

 


BLOGUIONISTAS EN MÁLAGA – DÍA 2

23 marzo, 2014

Texto y fotos por: Alberto Pérez Castaños y Vicente Bendicho Cascant.

Segundo día en el Festival de Málaga. Tras la apertura de la Sección Oficial de Claudia Llosa con No llores, vuela, ayer fue el turno de Mikel Rueda con A escondidas y de uno de los platos principales del Festival y del que vamos a hablar aquí: el regreso de Paco León a la dirección con la segunda entrega de su saga familiar, Carmina y amén.

Además, también estuvimos en la inauguración de la sección Málaga Premiere, que llenó el Teatro Cervantes de público infantil y ambiente familiar con el estreno de la nueva comedia de Tom Fernández, Pancho, el perro millonario.

Por último, ayer también se entregó el Premio Eloy de la Iglesia a Pablo Berger, un reconocimiento que otorga todos los años el Festival a trayectorias profesionales destacadas.

Carmina y amén

En esta segunda entrega, el sevillano ha dado un salto de calidad importante, tanto en la dirección como en el guion. En este aspecto podemos decir que Carmina y amén comparte el ADN de su predecesora, pero le ha sacado brillo. Este ADN del que hablamos incluye la picaresca de barrio, el costumbrismo, el humor negro y la escatología como pilares de la saga de Carmina, además del imponente matriarcado que impregna cada minuto de las dos entregas.

La película arranca, como no podía ser de otra manera, en la cocina de Carmina. Su marido no se encuentra muy bien y ella le insta a que se siente en el sillón mientras le pone un plato de lentejas. Cuando Carmina va a servirle, su marido ya ha muerto. En el epicentro del dolor por la pérdida, Carmina, después de vomitar en el fregadero, logra tomar una decisión que rompe completamente los esquemas de su hija y también de los espectadores: conservar el cuerpo unos días para cobrar la inminente paga extra.

Como en las buenas películas, esta primera escena contiene el ADN del que ya hemos hablado y es una muestra de todo el entramado que vamos a ver durante los cien minutos siguientes. Toda la película está contenida en estos primeros minutos: el matriarcado, la picaresca, la escatología y el humor negro. Además, esta escena, sin duda una de las mejores de la película, incluye el detonante y el Mapa de la India*. No se puede pedir más.

* El Mapa de la India es un término acuñado por el guionista Manolo Matji para designar el momento en el que el protagonista explica su plan. Es cuando se despliega un mapa sobre la mesa para trazar una ruta. Aquí, el libro donde se habla de ello.

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Ya en esta primera escena también se constata la maduración de Paco León como director y guionista respecto al tratamiento del humor y a las transiciones entre la comedia y el drama. Tiene mérito que una secuencia que empieza con la muerte del marido de la protagonista, acabe con una carcajada popular.

Respecto al humor en general, Paco León ha conseguido afilar lo que en la primera entrega se apuntaba pero no acababa de entrar. Un factor esencial que certifica esta mejora es la utilización de silencios y de subtexto. Se puede apreciar que, en general, el sevillano ha decidido apostar por la inteligencia del espectador, sin renunciar tampoco al humor más básico que funciona tan bien, sobre todo en el personaje de Carmina.

Pero en esta entrega, aunque el peso lo sigue llevando Carmina, aparecen una serie de personajes muy bien retratados, como la vecina que vive sola con su hijo enfermo, la amiga que fuma porros para abrir sus chakras o la vieja que dice que habla con Sofía. Personajes todos con un centro de gravedad alejado del de Carmina. Esto ayuda a enriquecer la narración mediante pequeñas subtramas (o, en ocasiones, simplemente gags) que ayudan a definir el universo narrativo en el que nos encontramos: el barrio de clase obrera de toda la vida que está pasando su peor momento por culpa de la crisis.

Otro acierto de Carmina y amén es la entidad de las escenas, ya que el peso que tiene cada una de ellas hace que funcionen incluso por separado. El desfile de los vecinos por el piso (en el que ocultan el cuerpo del marido de Carmina) genera una serie de escenas muy bien definidas y, en su mayoría, con remate claro (algo que se echaba en falta en la primera) y con carcajada incluida.

A grandes rasgos, la diferencia entre las dos entregas se podría resumir en que si en la primera, el momento más representativo es cuando Carmina descuida su esfínter en una furgoneta; en esta segunda parte, lo escatológico pasa a un segundo plano gracias a la brillantez de los diálogos y a la sucesión de momentos de buena comedia.

Si Carmina o revienta constituía un inicio prometedor, Carmina y amén confirma la progresión y redobla la confianza que teníamos puesta en Paco León como uno de nuestros cineastas emergentes más prometedores.

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Pancho, el perro millonario

Tras firmar dos buenas comedias como fueron La torre de Suso (2007) y ¿Para qué sirve un oso? (2001), Tom Fernández ha dejado a un lado el humor más costumbrista y “rural” y ha dado un giro hacia un cine más comercial y para un público más infantil con Pancho, el perro millonario, que inauguró la sección Málaga Premiere.

El anuncio de la llegada del perro más famoso de la televisión española llenó el Teatro Cervantes de Málaga de niños que, acompañados de sus padres, gozaron de lo lindo con cada locura que, gracias a unos logrados efectos artificiales, hacia Pancho en pantalla.

Otro de los alicientes de la película es su popular reparto, plagado de rostros televisivos: Iván Massagué, Patricia Conde, Secun de la Rosa, Alex O’Dogherty, Armando del Río, Marta Hazas y muchos más.

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En definitiva, Pancho, un perro millonario es una película sin más pretensión que la de hacer pasar un buen rato a toda la familia, algo que consigue sin problemas, ya que tiene todos los ingredientes clásicos de la comedia infantil comercial: una trama con giros en los que lo importante es que la historia tome una nueva dirección dejando la coherencia en un segundo plano, un héroe, un villano malvado con esbirros alocados y una sucesión de gags.

Antes de la proyección de la película, el reparto al completo, incluido Pancho, salió al escenario liderado por Tom Fernández. El director, tras bromear un rato con los más pequeños, prometió una sorpresa al final de la sesión. Y así fue: el grupo “Efecto Pasillo” salió al escenario a dar un pequeño concierto en el que interpretaron algunas de sus canciones, una de las cuales forma parte de la banda sonora de la película.

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Pablo Berger, Premio Eloy de la Iglesia

El día acabó con la entrega del premio Eloy de la Iglesia (La Opinión de Málaga) a Pablo Berger, el director y guionista de Torremolinos 73 (2003) y Blancanieves (2012). Este premio, que reconoce una trayectoria profesional destacada, le fue entregado por Ángela Molina en una gala en la que no faltaron grandes amigos del cineasta como Juan Diego, Fernando Tejero, Paco Delgado o Tomás Cimadevilla

Ademñas Pablo Berger charló con el público asistente de sus orígenes y sus gustos y desveló que está escribiendo una tercera película, de la que, por cierto, no dio detalles para “no traicionar a los personajes”.

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