THE COMEDY CROWD: LOS 5 MAYORES ERRORES DEL GUIONISTA DE COMEDIA

21 diciembre, 2016

Jon y Peter han fundado The Comedy Crowd, una comunidad que apoya a los creadores de comedia para que aprendan, colaboren entre ellos y obtengan un feedback. Este post fue escrito por ellos para la web Bang2Write, una de webs más útiles que pueden existir para quien se dedique a escribir.


Los 5 mayores errores del guionista de comedia

Título original: Top 5 Mistakes Comedy Writers Make.

Texto original de The Comedy Crowd publicado en Bang2Write. Traducción de Nico Frasquet. 

 

Existe la idea de que ahora es más difícil que nunca entrar en comedia. Escritores consagrados han lamentado el cambio de horarios y presupuestos que ha sufrido la televisión a favor del drama y de las malditas “dramedias”, y en detrimento de la comedia de situación (también conocida como sitcom).

Si lo que tú estás intentando es hacerte un hueco en el primetime de la BBC y no eres un humorista consagrado, esos escritores probablemente tengan razón – sí que es muy difícil entrar en comedia.

Pero visto desde otras muchas perspectivas es un GRAN momento para el aspirante a escritor de comedia.

Si lo que estás buscando es ver tu guión realizado y encontrar una audiencia, la comedia es ahora más accesible que nunca. Para tener ventaja, los escritores necesitan adaptarse a un nuevo mundo donde los shows de éxito crecen a partir de contenidos de pequeño formato, y deben evitar estos cinco errores que los ralentizarían:

1)  Lanzarse directamente a escribir una comedia de situación.

Andy Riley (Veep, Black Books) equipara empezar escribiendo una sitcom en tu viaje por la escritura de comedia con empezar el gimnasio usando la mancuerna más pesada.

Nuestra opinión es que las sitcoms deben ser el producto final de una idea que ya ha sido probada. Los sketches son el mejor modo de empezar, porque cada uno puede ser una mini-sitcom a su manera. De esta manera puedes probar tus personajes, endurecer tu escritura, y no invertir demasiado tiempo antes de saber si una idea tiene o no tiene potencial.

2)  Centrarte en cualquier otra cosa al principio que no sean los personajes.

Si aceptas el consejo de arriba tu objetivo es simple: Crea personajes geniales.

Tu idea puede girar en torno a una premisa o a una situación en particular, pero eso no va a llamar la atención de nadie, los personajes lo harán.

Lo que realmente buscan los productores son personajes, así que no decepciones. Trabaja en la construcción de personajes ricos e interesantes, y muéstralos en piezas cortas como monólogos o sketches. Son la base de tu comedia, el resto se puede construir más adelante.

3) No recibir un feedback de manera temprana.

Hay muchas razones para no buscar feedback. Asusta, se siente personal, y podría dar como resultado darse cuenta de que la idea que pensabas que era buena no lo es tanto.

La comedia es el género más subjetivo de todos, y uno en el que la opinión de nuestro propio trabajo es, incluso, menos fiable. Así que expón tu trabajo lo antes posible. Te va a ahorrar tiempo y te va a dar confianza en que estás persiguiendo una idea con potencial. Nosotros hemos estado utilizando un plan de trabajo donde los escritores intercambian feedback bastante pronto, lo cual ha probado ser bastante positivo para aquellos guionistas que ya estaban listos para plasmar sus ideas.

4) No editar sin piedad

Aprender a desechar material que no es lo suficientemente bueno marca una gran diferencia en la calidad final de la pieza.

Obtener feedback también te va a ayudar a editar. Es muy difícil cortar líneas divertidas, y ese es el problema: gran parte del material que desecharas será bueno (guárdalo en el cajón para otra ocasión), pero el impacto de hacer toda la pieza más ajustada y precisa es mucho mayor que el efecto de esas secciones individuales.

5) Trabajar solo

Probablemente hayas notado una cosa:

Muchos escritores abrazan la soledad, y no estamos sugiriendo que todo proceso de escritura debe ser colaborativo, pero para provocar un impacto escribiendo comedia necesitas tender tu mano. Encuentra personas con la capacidad de llevar tu guión a la realidad a través de desempeño, feedback y motivación.

Los canales online ahora permiten a los escritores probar y evidenciar la calidad de sus ideas. Si eres capaz de crear ideas originales, tienes voluntad de abrazar los formatos cortos y de encontrar otros creadores de comedia que te ayuden, entonces se te abren un mundo de oportunidades.

¿A qué esperas? ¡Buena suerte!


La versión original del post la podéis encontrar en este enlace: http://www.bang2write.com/2016/11/top-5-mistakes-comedy-writers-make-by-thecomedycrowd.html 


PETER FLEMING: ¿EL CAMINO PARA UN MEJOR EQUILIBRIO ENTRE TRABAJO Y VIDA PRIVADA? LOS SINDICATOS, NO LA AUTOAYUDA.

5 diciembre, 2016

Peter Fleming es profesor de la Cass Business School, y ha ocupado cargos en la Universidad de Cambridge y en el Queen Mary University of London.

Este interesantísimo e ilustrativo artículo, publicado por él originalmente en The Guardian, nos habla de la importancia que tienen los sindicatos en un momento en el que jornadas laborales son cada vez más largas y despiadadas. Como bien reza el título del artículo, si quieres perseguir un equilibrio entre vida privada y trabajo la solución no son los libros de autoayuda, son los sindicatos.


¿El camino para un mejor equilibrio entre trabajo y vida privada? Los sindicatos, no la autoayuda.

Título original:  The way to a better work-life balance? Unions, not self-help.

Texto original de Peter Fleming. Traducción de Nico Frasquet. 

Bienvenido al mundo del capitalismo 24/7, donde algunas personas incluso trabajan mientras duermen. ¿Por qué somos tan sumamente adictos al trabajo y qué podemos hacer al respecto?

En un relato fascinante sobre la adicción al trabajo, Melissa Gregg nos habla de Miranda, gerente de precios de una empresa de telecomunicaciones.

Miranda tiene un grave accidente de moto. Cuando su marido llega al hospital, ella apenas es consciente y solo es capaz de articular en susurros algunas palabras. Lamentablemente no es a sus hijos a quien van dirigidas. Y es que lo primero que Miranda quiere es llamar a la oficina porque probablemente mañana no pueda hacer la presentación que debía hacer; aunque si le mandan un portátil a la sala de emergencias verá que puede hacer para salvar la situación. Esta anécdota puede parecer inquietante, pero no es tan sorprendente.

El exceso de trabajo se ha convertido en una epidemia en el mundo occidental; Las autoridades sanitarias lo sitúan al mismo nivel que fumar cigarrillos en lo referente al daño que causa a la salud. Y el daño que ocasiona en la vida social puede ser igual de malo. ¿Qué podemos hacer al respecto?

Es importante darse cuenta que el problema de no saber compaginar el trabajo con la vida privada no es nuevo. Cuando trabajo y vida privada se separaron durante la revolución industrial, la primera lucha de los trabajadores fue reducir la duración de la jornada laboral, porque estar durante 17 horas al día, seis días a la semana dentro de una fábrica no era tener vida en absoluto. Y es que, de acuerdo con Karl Marx, la batalla sobre cuando uno entra a trabajar (o no) vendría a definir el sistema capitalista, y no estaba equivocado.

Actualmente están emergiendo ciertas tendencias que están comenzando a extender nuevamente, y de manera extraoficial, la jornada laboral. Ahora, a menudo, resulta imposible distinguir el trabajo del no-trabajo. Por ejemplo, pasar el domingo por la noche preparándonos para la jornada del lunes. ¿Eso es trabajo? Pues más o menos, pero eso no está remunerado y no hay jefes alrededor. Entonces quién sabe…

Con esta ambigüedad comprobamos cómo surge el capitalismo 24/7, en donde la gente trabaja hasta en sueños. Y no me refiero a simplemente soñar sobre trabajo, sino directamente intentando comprender códigos y algoritmos mientras duermen.

A menudo pensamos que todo el mundo trabaja tanto porque necesita el dinero. Esto puede ser correcto en cierta manera, dado cómo los ingresos se han estancado y el coste de vida se ha disparado en gran parte del mundo occidental. Pero otros cambios también han ayudado a esta progresiva colonización de la vida privada por parte de nuestros trabajos.

En primer lugar, hay que señalar que no todo el mundo trabaja, ya que en muchos países hay un alto nivel de desempleo. Lo que parece haber ocurrido es que los trabajos están distribuidos de manera muy desigual, lo cual se traduce en menos gente realizando más trabajo. Y aquellos atrapados en este inevitable cuello de botella están empezando a sentir los estragos.

En segundo lugar, la tecnología juega un papel fundamental dado que siempre estamos conectados – a veces, de manera obsesiva, incluso comprobamos el correo electrónico cuando ni siquiera es necesario. Algunos estudios han calculado las horas extras no pagadas para acabar descubriendo que los empleados pasan más tiempo trabajando en casa que tiempo disfrutando de sus vacaciones a lo largo del año.

En tercer lugar, la tendencia popular de reclasificar a las personas como trabajadores autónomos y contratistas fomenta el exceso de trabajo, porque sólo se les paga por las horas dedicadas de forma directa. Debido a que estos sueldos suelen ser inferiores a los de un puesto de trabajo normal (objetivo principal de la reclasificación), al final las personas se encuentran trabajando sin parar para poder llegar a fin de mes. Este sistema flexible de empleo al principio se nos vendió como el camino hacia un mayor tiempo libre y una mayor autonomía; básicamente, todos nos íbamos a convertir en emprendedores adinerados como Richard Branson. Pero, en realidad, ha acabado siendo una broma macabra.

Y, en cuarto lugar, nuestra sociedad está atrapada por una penetrante ideología del trabajo. Somos sermoneados continuamente con que el trabajo es la cumbre de la virtud humana. Si no estás haciendo esfuerzos sobrehumanos en la oficina, es que tienes un problema. Y no se te ocurra mencionar la palabra “desempleo” … ¡Esa palabra está prohibida!

La faceta más preocupante de esta ideología del trabajo es esta: estamos obligados a trabajar aun cuando ni siquiera es necesario en términos concretos y económicos. Parecer súper ocupados se convierte más en cumplir una expectativa social que en hacer algo útil, lo cual puede desembocar en problemas mayores.

Irónicamente, las personas que son alentadas a verse como si siempre estuviesen haciendo algo se acaban convirtiendo en las menos productivas. Investigaciones recientes han demostrado de manera convincente que el descanso y las jornadas de trabajo más cortas nos permiten hacer el trabajo mucho más rápido y de manera más inteligente en comparación con las crueles e innecesarias jornadas maratonianas que se han convertido en la norma.

Por todo esto, algunos trabajadores fingen que están trabajando todas esas largas horas porque de otra forma sería imposible lograrlo. En este sentido, un estudio estadounidense probó que algunos trabajadores hasta llegaron a idear formas muy ingeniosas para dar la sensación de que conseguían hacer un total de 80 horas semanales.

Claro, este camuflaje corporativo les permitió recoger a sus hijos del fútbol e incluso almorzar. Pero tal vez también ayudó a que el trabajo se realizara con éxito y a tiempo. Aquí vemos que la productividad (realizar una tarea bien) y la cultura del trabajo (trabajar hasta altas horas) no siempre van de la mano.

La mayoría de los contratadores se dan cuenta de que algo no funciona, pero la ideología del trabajo parece más fuerte que nunca. Algunas personas incluso se han autoconvencido de que adoran estar casados con su trabajo, lo que los investigadores etiquetan como “entusiastas adictos al trabajo”. Es muy difícil razonar con ellos, porque ni siquiera pueden pensar en vacaciones sin tener un ataque de pánico.

El problema con muchos de los consejos para equilibrar la vida y el trabajo es que han acabado mezclados con el concepto de autoayuda, movimiento que hace que todo se centre en el individuo. Proponen que si quieres reavivar tu bienestar y descubrir tu potencial interior, debes tomar el control de tus acciones, encontrar un trabajo que se adapte a tu temperamento, establecer fronteras firmes entre trabajo y ocio y aprender a decir que no.

Al final, esto acaba dando una imagen bastante poco realista de la mayoría de los trabajos, y si se toman en serio estos consejos lo más probable es que acabe llevando directo al paro. En otras palabras, los gurús del equilibrio entre vida laboral y vida privada asumen que todo el mundo es un creativo de mediana edad, que vive en Londres con una fortuna familiar de la que poder disponer en caso de urgencia, y que está firmemente en su derecho de decirle al jefe “¡Oye, no me molestes!”. Ya, claro…

El truco está en entender el ritual del exceso de trabajo como una presión social, no como un problema individual. Y gran parte de esta presión proviene de la falta de poder de la fuerza laboral que se ha producido en los últimos 20 años. La inseguridad –  real o imaginada – hace más probable que la gente sacrifique todo por su trabajo. Es por eso que lidiar con la obsesión por el trabajo como individuo es absurdo, tenemos que apoyarnos en grupo para expresar estas preocupaciones si se va a forjar una política y una legislación progresistas. De lo contrario, poco va a cambiar.

¿Quieres un mejor equilibrio entre trabajo y vida privada? ¡Únete a un sindicato! O mejor aún, créate el tuyo propio. Pero evita la sección de autoayuda de la librería del aeropuerto, pues intenta fingir que la ideología del trabajo puede domarse con la voluntad individual; pero no, no puede.


La versión original del artículo la podéis encontrar en este enlace: https://www.theguardian.com/careers/2016/oct/11/way-to-better-work-life-balance-unions-not-self-help


KEN LEVINE: SIEMPRE SUPONDRÁS MAL

8 noviembre, 2016

El guionista norteamericano Ken Levine (Cheers, M.A.S.H., Frasier) publica desde hace años un blog donde actualiza prácticamente a diario, muchas veces con anécdotas interesantísimas sobre sus experiencias en la profesión.  A continuación, os ofrecemos la traducción al castellano de uno de sus artículos.


YOU’LL ALWAYS GUESS WRONG

(Siempre supondrás mal)

Texto original de Ken Levine. Traducción de Nico Domínguez.

Hay algunos guionistas con un talento innato y sorprendentemente prolíficos. David E. Kelley, Aaron Sorkin y Matthew Weiner pueden perfectamente escribir ellos solos una temporada entera de una serie de televisión. Yo no sé cómo lo hacen. Si yo intentara una cosa así, escribiría los últimos capítulos desde la UVI.

Asimismo, también hay showrunners muy ávidos que reescriben por completo cada uno de los guiones que llegan a su mesa.

Si alguno de estos guionistas te asigna un trabajo, tendrías que tener mucha suerte para que algo de lo que has escrito aguante sin modificaciones todo el camino hasta la pantalla. Y esto no se debe a que ellos reescriban todo, sino porque probablemente tú habrás entregado un mal borrador.

¿Por qué? Porque en lugar de pensar “¿Qué diría el personaje?” probablemente estarás pensando “¿Qué querría el showrunner que dijese el personaje?” Pero bueno, es natural intentar complacer a tu jefe. Sin embargo, haciendo esto estás cayendo en una terrible trampa. Porque te lo aseguro, siempre vas a suponer mal. No puedes meterte en la mente de Aaron Sorkin. Ni de Matt Weiner. Ni siquiera en la mía.

Hay una gran diferencia entre escribir el personaje de otra persona y copiar directamente su estilo de escribir. Para que tu guión sea bueno tienes que darle algo tuyo, por lo tanto: ¿qué puedes darle tú?

Hazlo lo mejor que puedas, y si te lo van a reescribir, pues que así sea. Estas son las cosas de tu guión que probablemente lleguen a la pantalla: los momentos o líneas donde el showrunner diga “¡Vaya! ¿Por qué no se me ocurrió a mí?”

No seas un simple imitador. Como dice James L. Brooks “En algún momento vas a tener que ser un escritor”. Confía en ti mismo y quizás algún día alguien estará intentando imaginarse lo que escribirías tú.


La versión original del artículo la podéis encontrar en este enlace: http://kenlevine.blogspot.com.es/2016/06/youll-always-guess-wrong.html


NEIL SIMON: “SE APRENDE MÁS DE LO MALO QUE DE LO BUENO”

4 noviembre, 2016

“Joan y yo íbamos al teatro todas las noches que podíamos, y lo veíamos todo, fuera bueno, malo o indiferente. En general, uno aprende infinitamente más de lo malo que de lo bueno. Y de lo genial no se aprende nada. La genialidad se compone de sufrimiento del autor, algo de inspiración divina, y un ligero toque de locura. Ser genial es algo a lo que puedes aspirar, no algo que puedas planear, sobre todo si conoces tus limitaciones.

Neil Simon. Fotografía de Irving Penn. ©1970 Condé Nast Publications Inc.

Neil Simon. Foto: Irving Penn. ©1970 Condé Nast Publications Inc.

Lo que sí puedes es ampliar tu horizonte dándote permiso para cometer errores. De hecho, deberías ir buscando los errores. Déjate seducir por el fracaso. Corre riesgos, intenta cosas peligrosas, salta sin red. A no ser que seas de esos que ignoran inocentemente que existe siquiera un riesgo. Pero la genialidad no te servirá de guía, porque no hay señales que marquen el camino a lo genial (…)

Sin embargo, puedes aprender mucho de lo mediocre y de lo malo. Porque se reconoce fácilmente, no sólo en una función de teatro aburrida, también te encuentras con ello en tu propio trabajo. Y si trabajas lo suficiente, empiezas a reconocer las señales: ¡Alto! ¡Vuelva a la casilla de salida! ¡Y pague la multa!

Nunca te permitas pensar “aquí parece haber un problema, pero igual me estoy equivocando. A lo mejor les gusta”. No les va a gustar. Si ya apenas les gusta cuando piensas que es maravilloso, ¿qué probabilidades tienes de colarles algo de lo que tú mismo dudas?

SIMON, NEIL: “Rewrites”. Simon & Schuster, New York (1996), páginas 127-129.

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Traducido por Sergio Barrejón.


CUATRO CLAVES PARA TRADUCIR UN GUIÓN

9 febrero, 2016

Douglas Stuart Wilson es cineasta, traductor y escritor. Ha traducido las versiones de rodaje en inglés de películas como Red Lights, Ways To Live Forever, A Story for the Modlins, y Money. A lo largo de su carrera de 20 años en el cine español, ha trabajado en Lola Films, Tri Pictures y lazonafilms en tareas de desarrollo y producción.

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El papel de traductor de cine siempre ha existido en España, pero en los últimos años ha adquirido mucha relevancia por el aumento del número de películas rodadas en inglés, y un mercado nacional azotado por la crisis, amén de un gobierno hostil a la cultura en general. Nunca la internacionalización del cine español ha sido tan importante para el sector, y sin embargo, poco o nada se sabe del papel del traductor de guiones de cine.

Pretendo aquí ofrecer unas claves o unos consejos para el guionista, director o productor que piensa rodar en inglés y no sabe muy bien a qué atenerse llegado al momento de elegir a un traductor o adaptador.

1) ELIGE UN TRADUCTOR QUE SEPA DE CINE

En primer lugar, hay que tener muy claro que ser bilingüe no significa saber traducir. Para traducir un guión de cine, el traductor ha de escribir el inglés tan bien como el guionista escribe en castellano.

A partir de allí, tal vez lo más importante a mi juicio es elegir un traductor que sepa de cine, y que sepa leer un guión de cine: cuándo sube, cuándo baja, el ritmo interno que tienen todos los buenos guiones, que es algo que sólo se aprenda tras leer muchos guiones, y ver mucho cine.

En este aspecto, la traducción de guiones de cine es como todas las especializaciones dentro del mundo de la traducción. ¿Acaso alguien cree que los mejores traductores de novelas no son expertos en literatura? Lo mismo se puede decir del traductor de textos científicos o de medicina o de asuntos jurídicos: conocen el mundo en el que se mueven.

Como mínimo, se puede aseverar que el traductor que no sabe de cine juega en gran desventaja. Los que hemos trabajado en el cine sabemos que mucha gente en la propia industria simplemente no sabe leer un guión, no visualizan la película o no reconocen un punto de giro, por ejemplo, así que imaginen ustedes el traductor que nunca ha abierto un guión en la vida. Para traducir bien, hay que “ver” la película.

2) LOS DIÁLOGOS LO SON TODO

Los diálogos son la parte fundamental del trabajo del traductor, pues son diálogos de rodaje, y no solo basta con que sean “correctos”. Una traducción puede ser perfectamente correcta en cuanto al significado del texto original, pero si los diálogos han quedado inferiores en brillo, en chispa, en gracia, si se han quedado sosos, eso puede marcar la diferencia entre la financiación o no de un proyecto, o que un actor acepte o rechace un papel.

Como dijo Robert McKee, los diálogos de cine no se parecen mucho a como hablamos en la vida real. Siempre están estilizados, hacia arriba o hacia abajo, pero todos sabemos que la Mafia no habla como Joe Pesci y Robert De Niro en Goodfellas.

Los guionistas saben que pulir diálogos es una parte importante del trabajo, y para el traductor no debería ser distinto, pues son uno de los elementos fundamentales en la creación de un personaje. Hay que recordar que puede haber tres o cuatro formas distintas de traducir el mismo diálogo. El buen traductor tendrá oído de dialoguista, sabrá cuál es la versión que mejor pegue con el personaje y la escena, sabrá si suena bien, si tiene ritmo, si es un diálogo que un actor puede pronunciar, y sabrá además en qué momento está en el arco dramático de la película.

Con todo esto dicho, resulta obvio que no es aconsejable fiarse de una agencia de traducciones a la hora de traducir un guión, ni dividir el trabajo entre varios traductores, como a veces se hace por cuestiones de prisa, ni tampoco elegir traductor porque ofrezca el precio más barato.

En el primer caso, el de las agencias, no se sabe quién va a traducir el guión, por mucho que las agencias aseguren tener gente especializada para todo. Además, trabajar a través de una agencia cortocircuita la relación imprescindible entre traductor y escritor.

Dividir un trabajo entre varios traductores por prisas es un acto desesperado que no compensa, pues casi seguro se notarán discordancias en estilo.

En cuanto al precio, por lo general, un traductor, si se toma en serio, ha de pedir una cifra consecuente con la responsabilidad que asume al aceptar el trabajo, y lo mismo se puede decir en cuanto a plazos de entrega.

3) HABLA CON TU TRADUCTOR

Traducir guiones que se van a rodar en inglés conlleva una gran responsabilidad, e implica por fuerza un componente ético: el guionista pone lo que puede llegar a ser años de trabajo en manos de un desconocido, en muchos casos sin poder juzgar el resultado final por sí mismo. Es una situación que genera inseguridades.

Es decir, lo más normal es que el guionista o director tenga alguna duda o pregunta al leer la traducción. En ese caso, lo mejor es coger el teléfono y mantener una conversación franca con el traductor, en lugar de guardar silencio, o pasar el guión a un amigo que domina el inglés –que no será traductor– para tener una opinión sobre el trabajo entregado. Los matices hay que hablarlos, casi siempre habrá, y la comunicación es muy importante. El buen traductor será paciente, querrá ayudar y escuchar y explicarse. Desarrollar una relación de complicidad con el traductor también ofrece ventajas a la hora de rodar, o en post-producción si se quiere cambiar un diálogo sobre la marcha. El traductor ha de ser el aliado del director y guionista hasta el final de la película: una garantía.

4) NADA SE PIERDE, TODO SE TRANSFORMA

En todas las traducciones se suele perder algo del texto original –un chiste, una referencia cultural, un dicho que no tiene traducción– pero el buen traductor estará atento para aprovechar otro momento en el texto y compensar la pérdida ocasionada. Eso se ve sobre todo en la comedia, cuando, por ejemplo, no funciona la traducción de un chiste en la página 10, pero luego se presenta la oportunidad de hacer otro en la página 20 que no está en el guión original. Enrique Vila-Matas comentó hace poco que un buen traductor puede hasta mejorar el texto original. No sé si yo llegaría a decir tanto, pero sí creo que una buena traducción ha de aspirar a ser tan buena como el original. Es más, debe llegar a serlo.

Por último, una pequeña reivindicación por la labor del traductor en el cine: ha de tener un crédito –tal como tiene en teatro y literatura- aunque sea en el rodillo final, pues los créditos no sólo son un reconocimiento, sino también una forma de verificar y juzgar el trabajo realizado por cualquier profesional del sector. Hay demasiadas películas españolas rodadas en inglés sin que figure el nombre del adaptador por ningún lado, y el derecho a un crédito es un elemento importante en la profesionalización del papel del traductor en el cine, una asignatura más que pendiente a mi juicio. Algo que, al fin y al cabo, sólo puede ayudar al cine español y contribuir a su creciente perfil internacional.


PON LA TECNOLOGÍA AL SERVICIO DE LA ESCRITURA

2 diciembre, 2015

por Carlos Crespo

Jenna Avery tiene una interesante web titulada “Called to write“en la que pueden encontrarse muchos recursos para guionistas. Eso sí, está en inglés.

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Hoy os traducimos un artículo que la autora publicó hace unas semanas en ScriptMag, y cuya versión original en inglés podéis encontrar en el siguiente enlace:

http://www.scriptmag.com/features/get-a-new-story-7-ways-to-turn-technology-into-writing-productivity

UNA NUEVA HISTORIA: 7 FORMAS DE PONER LA TECNOLOGÍA AL SERVICIO DE LA ESCRITURA. Por Jenna Avery.

En la era de las distracciones y la multitarea, es muy fácil culpar a la tecnología de apartarnos de nuestra escritura y arruinar nuestra productividad.

Veo escritores que se lamentan de que Facebook y Twitter les distraen. Y es cierto que pueden distraerte. Pero toda forma de tecnología -incluso las redes sociales- pueden convertirse en herramientas poderosas si se usan correctamente.

Puesto que el tipo de interfaz que usamos hoy en día mientras escribimos nos tienta a entrar en ese mundo online que tan fácilmente nos distrae (ordenadores de mesa, portátiles, tablets, incluso teléfonos), nos corresponde a nosotros aprovechar las tecnologías online y offline para no salirnos del recto camino de nuestra labor de escritura.

Quizás sea incluso más importante, ya que el gran sueño de escribir puede disparar la resistencia, la procrastinación y cantidades ingentes de inseguridad, encontrar soluciones y pequeños trucos para seguir escribiendo en lugar de distrayéndonos. A veces, son las pequeñas cosas las que lo cambian todo.

Aquí tienes siete formas de hacer de la tecnología la herramienta que debe ser:

1. Bloquea las distracciones de internet. 

Unos de mis trucos tecnológicos preferidos es el uso de algún tipo de software bloqueador para minimizar otras distracciones online o del escritorio.

-El mejor en mi opinión es un programa que se llama Isolator (Mac), que bloquea absolutamente todo lo demás en mi escritorio, de modo que nunca hay otras ventanas que me distraigan. Cuando lo usas, no puedes ver ningún otro programa en funcionamiento. Hay incluso una opción para ocultar también el dock, aunque personalmente no lo encuentro necesario.

-Otra alternativa para los escurridizos evasores del deber es un programa llamado Concentrate (Mac), que te permite crear tareas, como Escribir, de modo que puedes restringir el acceso únicamente a determinados programas como Final Draft o Diccionario y bloquear el acceso a cualquier aplicación no incluida en la tarea Escribir para ese periodo de tiempo, como el software de tu navegador o tu aplicación de correo electrónico.

-Otra manera de limitar completamente el acceso a internet es usar una app llamada Freedom (PC y Mac) que bloqueará todo acceso a internet durante 8 horas cada vez que la uses.

-Como alternativa, puedes probar también Anti-Social (Mac), una app que te permite editar una lista personal de redes sociales que bloquear durante el periodo de tiempo específico que tú elijas.

-¿La forma algo menos tecnológica de hacer esto mismo? Desactiva temporalmente tu conexión a internet desenchufando o apagando el router y trabaja con el ordenador sin conexión a internet o trabaja en un lugar en el que no tengas conexión a internet.

Y ya que estás, apaga también el teléfono, bloquea las alertas de email, desactiva las notificaciones de Twitter y/o ponlas en silencio. Apaga las alertas de sonido de tu móvil y ponlo boca abajo para que tampoco veas las notificaciones en la pantalla.

Siguiendo con el tema del email, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Loughborough tardas 64 segundos en recuperar la concentración cada vez que te interrumpe un correo nuevo en tu bandeja de entrada. Si apartas la vista de tu escritura aunque sea 5 minutos a la hora, ya estarás perdiendo 42 minutos de concentración por cada jornada de trabajo de 8 horas. Una barbaridad.

2. Bloquea las otras distracciones además de internet. 

Me encanta oír hablar de esos guionistas que escuchan bandas sonoras de películas mientras escriben sus guiones. Joss Whedon (La cabaña del bosque, Los Vengadores, Serenity), entrevistado recientemente en Preguntas y Respuestas con Jeff Goldsmith con motivo del estreno de Los Vengadores, hablaba de la necesidad de llevar siempre puestos los cascos como forma de bloquear y evitar distracciones offline.

“Suelo escribir mucho en restaurantes. Voy a restaurantes más a menudo con un portátil que con una persona. Allí lo único que puedes hacer es quedarte sentado, no puedes levantarte para ir a la nevera o abrir internet; bueno, ahora ya sí se puede, pero yo no lo hago. Y encima te traen buena comida y vino, que nunca viene mal, o café si es temprano. Así que resulta ser un espacio tranquilo que invita a la concentración y yo siempre llevo puestos mis auriculares. Si no los llevo me entran los temblores, es muy triste. Y antes de tener auriculares, cuando caminábamos seis kilómetros por la nieve para ir a hacer una película, solía irme a un restaurante con literalmente diez CDs y un discman porque no sabía qué banda sonora iba a necesitar. Y es que tienes que tener bandas sonoras de películas porque la persona en la mesa de al lado va a (pone un tono irritante) “hablar de su hermana y no creo que ella supiera que era mi cumpleaños hasta después de que yo…” y entonces tú te desesperas -por eso tienes que tener puestos auriculares todo el tiempo. Y la música de películas es la mejor forma de escribir películas porque evita que te oxides”.

Así que carga el reproductor mp3 con bandas sonoras y lleva los auriculares contigo cada vez que salgas a la calle.

Y si escribes desde casa cierra puertas y ventanas, apaga los teléfonos y no abras la puerta. Crea tu propio mundo… para crear tu propio mundo.

3. Nunca pierdas una idea. 

¿Sabes ese momento en que estás por ahí fuera y te viene una idea flotando como un diente de león en una brisa de verano? Mientras algunos valientes escritores siempre llevan una libreta, muchos de nosotros hombres de la nueva era, no.

¿La alternativa? Captura esa idea de forma rápida y fácil con la grabadora de voz de tu móvil (gracias a Jamie Livington, también conocido como Jamie Lee Scott por ese truco).

En mi iPhone uso la app de Evernote y dictado de voz para convertir mis ideas en una lista que puedo consultar cuando quiera -sin tener que reproducir una y otra vez la nota de voz-. Muchos teléfonos hoy en día vienen ya con grabadora de voz y software para guardar documentos y notas. Ya sé que podría utilizar Notas o Recordatorios, pero prefiero Evernote porque lo puedo sincronizar fácilmente con el resto de mis dispositivos.

Desde hace poco tiempo, uso también Things para llevar un seguimiento de mis proyectos y cosas pendientes por hacer -de nuevo sincronizados en todos mis dispositivos- de forma que puedo rápidamente añadir un nuevo ítem sin perder comba. Y también uso la función de dictado por voz y así no pierdo tiempo.

La clave para mantener todo esto es tener un sistema. No tiene que ser especialmente molón, basta con que sea consistente.

4. Usa un temporizador. 

Cuando escribes haciendo un sprint -porque estás haciendo sprints, ¿verdad?- prueba a usar un temporizador. Te mantendrá concentrado y en el tajo, con muchas menos posibilidades de que te escabullas y empieces a hacer otras cosas.

Muchas veces, si veo que le estoy dando largas al momento de ponerme a escribir, me pongo en marcha simplemente centrándome en poner el temporizador. Una vez en funcionamiento, entro en acción abriendo Final Draft o mi procesador de texto y me pongo a trabajar.

Aquí tienes algunas posibilidades para usar el temporizador:

-Seguro que tu teléfono viene con temporizador. Tengo el mío personalizado con un sonido de público que aplaude y así celebro el final de mis sprints. Y no falla, siempre me hace sonreír.

-La aplicación Insight Timer para iPhone es un temporizador para hacer meditación, pero me encanta usarlo porque tiene un sonido de cuenco tibetano precioso.

-Aquí tenéis un temporizador online que uso sobre la marcha (pero claro, no funciona cuando bloqueas el acceso a internet). http://www.online-stopwatch.com/countdown-timer/

-Focus Booster tiene ambos: un temporizador online y un temporizador para descargar, basados en la técnica Pomodoro, que funciona estableciendo bloques de trabajo de 25 minutos con 3-5 minutos de descanso entre ellos.

5. Apunta tu tiempo. 

Un ayudante poderoso a la hora de hacer sprints es apuntar el tiempo que pasas escribiendo. En mi Cïrculo de Escritores online tenemos un registro donde apuntamos el tiempo que pasamos escribiendo cada día. Puedes hacer lo mismo usando una hoja de cálculo (preferiblemente una que se sincronice en todos tus dispositivos y que puedas editar desde cualquiera de ellos, como Google Docs). También existen apps y programas de registro que te pueden ayudar con esto, como Get Harvest Time Tracker (Mac y PC) o TrackTime (Mac).

Lo más útil de apuntar tus tiempos es que te ayuda a no perder de vista tu objetivo y la consecución de tus metas y también a mantener la concentración. Cuando sabes que estás cronometrando un sprint de escritura y que además vas a apuntar tus tiempos en alguna parte, es mucho más probable que cumplas esos tiempos que te has propuesto en lugar de dejarte distraer por otras cosas.

Y es además una manera excelente de reconocer y celebrar tu trabajo y ver cómo poco a poco estás cada vez más cerca de completar la tarea. Son motivadores psicológicos muy sencillos pero muy potentes que te ayudan a mantener la motivación a largo plazo y te dan sensación de logro -herramientas imprescindibles para la productividad en proyectos de escritura a largo plazo como un guión o una novela.

6. Escribe en la nube

¿Te acuerdas de aquellos tiempos en que había que pasar los archivos de un ordenador a otro? Escribir en la nube es una forma fantástica de tener nuestros archivos de texto guardados en otro sitio. Y además sincronizados entre dispositivos.

Me encanta usar Dropbox para guardar y acceder a mis archivos desde mis ordenadores y dispositivos. Una ventaja enorme de Dropbox es que funciona como una carpeta de tu ordenador, así que puedes acceder al contenido incluso estando offline (aunque tienes que tenerlo todo sincronizado previamente con conexión a internet). Y cuando vuelves a estar online tus archivos se actualizan en un momento.

7. Utiliza las redes sociales como herramienta y como recompensa. 

Las redes sociales, ya lo hemos hablado, pueden ser una distracción terrible que te aparta de escribir. Pero, como todo en esta vida, pueden usarse para el bien si se hace un uso correcto.

En lugar de permitir a las redes absorber todo el tiempo que tienes para escribir, úsalas como recompensa por cumplir con tus metas diarias. Plantéate no usarlas hasta que no hayas cumplido tu objetivo de trabajo para ese día -o al menos parte de ese objetivo-.

Al fin y al cabo, las redes sociales son también una forma eficaz de conectar con otros escritores -algo que necesitamos hacer a menudo para ayudar a combatir el aislamiento del escritor- así como hacer networking con directores, actores y productores y estar al tanto de lo que se mueve en la industria. Simplemente utiliza el sentido común para usarla como una herramienta profesional y sé consciente del impacto que el empleo que hagas de las redes tendrá en tu marca como escritor.

Recuerda que hasta el próximo 10 de diciembre puedes participar en el sorteo de seis ejemplares del libro Objetivo Writers’ Room. Las aventuras de dos guionistas españoles en Hollywood. Sólo tienes que rellenar este formulario:

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Y DE REPENTE, TU TRADUCCIÓN

18 noviembre, 2015

Por Juan Torres. 

Juan Torres ha sido guionista en series y programas como “Anclados”, “Aída” o “Sé lo que hicisteis”.

(Título original: “THE MORNING IN THE WOODS FROM BEHIND”)

Somos muy afortunados. Cada fin de semana somos espectadores privilegiados de varias obras maestras. Estoy hablando, lógicamente, de las traducciones de los títulos de las películas extranjeras.

Estamos, sin duda, ante la edad de oro de la traducción española. Si nos fijamos, de cada diez estrenos semanales que llegan a nuestras carteleras, aproximadamente unos cuatro son españoles y otros tres son películas extranjeras cuyo título se deja en el idioma original o se intercambia banalmente por otro traducido literalmente. Sin embargo, los otros tres son joyas de valor inconmensurable. Mejores que las de “Galería del Coleccionista”.

¿Y quiénes son los responsables de tales maravillas de las letras? Hablamos de la élite de la escritura: Los TITULADORES, unos artistas con un talento innato que estudian “Titulación Creativa” en prestigiosas universidades privadas como las de Wisconsin o Albacete. Estudiantes que siguen una estricta formación en la que una traducción poco arriesgada puede dar con sus huesos en el asfalto. Son la envidia de cualquier profesional de la literatura. Los guionistas, desde nuestra menesterosa mesa de Ikea con quemaduras de cigarro pintadas con tipp-ex, soñamos con poder vivir sus vidas. Deseamos con todas nuestras fuerzas que algún día nuestras series tengan la repercusión que tuvo, por ejemplo, su traducción de “Beverly Hills Ninja” como “La salchicha peleona”. Porque sus títulos son universales, se disfrutan obligatoriamente incluso en las carteleras de los cines en versión original. Nada escapa a su genialidad.

Sin embargo, hace poco he descubierto una traducción totalmente decepcionante. Me había puesto mi mejor albornoz y me había acomodado en el sofá, dispuesto a disfrutar de la ingeniosa traducción de la película escrita por Amy Schumer, “Trainwreck”. Y sin embargo, ¡pam!, leí el título español: “Y de repente, tú”. Me sentó como si un productor me hubiera lanzado un jarro de agua fría en los testículos después de tirarme la tercera versión de una escaleta no remunerada.

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¿Cómo habían podido traducir así la película? Un traductor literal la podría haber titulado: “Tren descarrilado”, o “Descarrilamiento”. Uno un poco más habilidoso, como “Descarrilamiento emocional”, o “Chica descarrilada”. Un titulador legendario la hubiera traducido como: “Esta chica es una ruina”, o “Descarrilla como puedas”. Pero no, el titulador optó por “Y de repente, tú”. ¿En serio? Analizad el título un segundo. Efectivamente, podría valer para decenas de películas. “Pretty woman”, por ejemplo, podría llamarse “Y de repente, tú”.

O “Cuando Harry encontró a Sally”.

O “El apartamento”.

O “Toy story”.

Cualquier comedia en la que alguien conoce a alguien nuevo que le cambia la vida podría titularse así. Pero si abrimos un poco las miras, muchos más films podrían hacerlo. Podrían tener ese título películas de catástrofes como “Titanic”, en la que el personaje de Di Caprio sería ese “tú”. O incluso si lo vemos desde el punto de vista del barco, el iceberg podría ser el “tú”. Pero también podría ser un título válido para muchos thrillers, como “La mano que mece la cuna”, o todos sus sucedáneos de las sobremesas de Antena 3. Pero joder, es que valdría hasta para el noventa por cien de las películas de terror. “Alien” podría llamarse “Y de repente, tú” perfectamente.

O “Tiburón”.

O “La cosa”.

O “Pesadilla en Elm Street”.

Recapitulando, “Y de repente, tú” sería un título totalmente adecuado para comedias, thrillers, o películas de terror. Pero, ¿y los dramas? ¿No podría encajar también para “Cadena perpetua”? ¿O “La lista de Schindler?” Incluso en la ciencia ficción, “Star wars” podría titularse así. “Y de repente, tú, Luke Skywalker”, o “Y de repente, tu padre” serían títulos válidos. ¿Y qué me decís de los westerns? Lo difícil sería encontrar alguno de Clint Eastwood en el que “Y de repente, tú” no sirviera como título.

Dicho esto, sólo espero que la Asociación Real de Tituladores Españoles (ARTE) se haya percatado de esta genérica traducción y le retire el título de Titulador. Porque si empezamos así, con “Y de repente, tú”, “Al bueno le salen bien las cosas”, “La vida a veces es regulera” y “Vaya sorpresa al final” acabarán titulando el noventa y cinco por ciento de los estrenos.

Lo único que necesitamos es que los Tituladores vuelvan a sus orígenes, a filigranas intimistas y de culto como traducir “The ring” por “La señal”. O la reciente “The Martian” por “Marte”, porque “El Marciano” iba a sonar a sitcom de FDF. A homenajear tan acertadamente a Almodóvar en una comedia de Jonah Hill titulándola “Todo sobre mi desmadre”. A traducir “Ice Princess” como “Soñando, soñando, triunfé patinando”, que sonaba mucho más armónico. A añadir un subtítulo a “Cinderella Man” como “El hombre que no se dejó tumbar”, para “spoilear” intencionadamente el combate de boxeo final. A cambiar “The village” por “El bosque” porque “El pueblo” iba a sonar cateto. O a traducir “Bad boys” por “Dos policías rebeldes” y que al estrenarse “Bad boys 2” tuvieran que aguantarse y traducirla como “Dos policías rebeldes 2”, que parecía que estaban insistiendo en el número de policías. Dos, oiga señora, traigo dos.

En definitiva, que traduzcan los títulos con alma, por favor, que son artistas. ¡Traducid, traducid, malditos! Y si pueden, que hagan masters en el extranjero y aprendan de grandes maestros, como los que titularon “Leaving las Vegas” como “Soy un borracho y tú una prostituta” (Hong Kong); “101 dálmatas” como “La noche de las narices frías” (México); o “Up” como “La casa volante que va dando vueltas” (China).

Eso sí, pase lo que pase, siempre nos quedará el orgullo de saber que en España se engendró probablemente la mejor traducción de título del mundo: “La semilla del Diablo”. Que, dicho sea de paso, también podría titularse “Y de repente, tú”.

(O “Y de repente, tú, hijo del Diablo, en mi útero de mujer blanca sobria” en Hong Kong.)


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