EL APLAUSO INMEDIATO.

24 abril, 2018
picassaltamira
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Por Juanjo Ramírez Mascaró.
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De entre todos los cataclismos que traen consigo las redes sociales, hay uno que me sobrecoge de manera especial. Me refiero a esa dinámica casi pauloviana que genera:

Truco y premio.

Estímulo y respuesta.

Las nuevas tecnologías permiten una inmediatez asombrosa, mágica, puede que satánica.

Cuando se habla de los peligros que trae internet para el escritor, aparecen como temas recurrentes la procrastinación y el despilfarro de tiempo. Poca atención se le presta a este otro escollo que, a mi juicio, afecta no tanto a nuestras metodologías como a la propia raíz de nuestra vocación.

Tuiteaba el otro día el guionista Jaime Vaca una frase de Umberto Eco:

Hay una sola cosa que uno escribe para uno mismo, y es la lista de la compra. Sirve para recordarte que debes comprar, y cuando lo has comprado puedes destruirla porque no le sirve a nadie más. Todo lo demás que escribes lo escribes para decirle algo a alguien.

En un mundo tan lleno de gurús repitiendo hasta el hastío que tenemos que escribir “para nosotros mismos”, a veces olvidamos que esa escritura rara vez tiene sentido si su fin último no es compartir lo escrito.

El problema llega cuando las redes te ofrecen un sucedáneo bastante aceptable de ese juego, de esa santísima trinidad de todo artista: expresar – compartir – recibir feedback.

¿Algún tema que te indigna especialmente? El siglo XXI ya es mayor de edad. Nada te impide plasmar esa indignación en un micropoema de Twitter, o incluso un hilo. Teclea sobre la marcha, pulsa un botón y comparte tu sentimiento con los miles de seguidores que habitan tu burbuja. Si tienes suerte, algunos de esos followers compartirán tus palabras – o tus imágenes – con otras decenas, cientos, miles o millones de personas. No puedo evitar acordarme de aquel capítulo de Los Simpson en el que Homer intentaba comprar una pistola. El vendedor le informaba de que para ello necesitaba obtener un permiso de armas, que tardaría unos días en conseguir.

¡Pero yo estoy furioso ahora! – respondía Simpson padre.

Este nivel de inmediatez que nos permiten las tecnologías actuales amenaza la supervivencia del proceso reflexivo, elaborado e incluso – en ciertos sentidos – ambicioso.

En 1951, cuando los escritores no tenían ordenadores, Ray Bradbury salió a dar un paseo y unos policías lo pararon para interrogarle. Les parecía extraño que una persona saliese sola a caminar, sin dirigirse a ningún sitio concreto. La indignación de Bradbury fue tal que acribilló su máquina de escribir hasta obtener, borrador tras borrador, un relato titulado El Peatón, ambientado en un futuro en el que la gente tenía prohibido caminar a solas por las calles. Mientras lo escribía le sucedió algo curioso: Se dio cuenta de que esa historia podía ser parte de un universo más grande: Un universo al que, borrador tras borrador, fue dando forma hasta obtener una novela corta titulada Fahrenheit 451, hoy día considerada una de sus más grandes creaciones, y parte integrante de la trilogía de obras distópicas por antonomasia, junto al mundo feliz de Huxley y el 1984 de Orwell.

Los Ray Bradburys de nuestro siglo probablemente cedan a la tentación de acallar a sus musas con pienso barato. Me los imagino escribiendo:

Hoy dos #policías me han parado por la calle simplemente porque iba #paseando. Abro HILO:

Nunca había sido tan perversa la facilidad con la que podemos compartir a un número satisfactorio de espectadores nuestro sentido del humor, nuestro ingenio, nuestra manera de percibir e interpretar el mundo.

No penséis que hablo de esto con la superioridad moral de quien se cree inmune a ello. El número de guiones y novelas que acometo por voluntad propia desde que existen las redes sociales se ha reducido de manera drástica. Examinándome con toda la honestidad de la que soy capaz, llego a la conclusión de que, posiblemente, estoy saciando en cómodas dosis de 140-280 caracteres ese hambre de compartir que antaño me motivaba a llenar de letras criaturas de más de cien páginas.

Hace tiempo un buen amigo trabajaba en un guión. Cuando le pregunté si me podía adelantar algo sobre lo que se traía entre manos, me respondió que prefería no desvelarme nada aún. Según decía, había descubierto que cuando contaba a otra persona eso que tenía dentro de la cabeza, ya había satisfecho gran parte de esa “necesidad de contarlo” y, con ello, gran parte de la motivación y energía que necesitaba para materializarlo. Aquel día me di cuenta de que a mí me sucede algo parecido. Por eso muchos de los detalles de mis proyectos de “escritura personal a largo plazo” no los comparto ni con mi pareja.

Ocurre, sin embargo, que soy una criatura impaciente. Si bien los dioses me han bendecido con esa paciencia que te permite aguantar las gilipolleces de un cretino sin estamparle una silla en la cabeza, me han escatimado esa otra clase de paciencia: La de poder esperar el devenir de los acontecimientos con los brazos cruzados. Odio las esperas. Me gustan los resultados rápidos. Así pues, no podría existir mejor cárcel para mi cerebro que esta prisión ciberespacial que han ido construyendo gracias a nuestra complicidad. Las cárceles más efectivas son aquéllas que se disfrazan de paraíso, y no existe para mí mejor valhalla que esta dinámica de comunicación tan postmoderna: Sientes algo, se te ocurre algo, vomitas algo, difundes algo sin conservantes, sin intermediarios, le llega a alguien, alguien te dice algo. Y corroboras – muy en minúsculas – que no estás solo. Eso te vale para ir tirando.

Creo que si me hubiese dedicado a la pintura habría sido pintor impresionista, y no porque no aprecie Las Meninas o El Jardín de las Delicias, sino porque me faltan el talento y la constancia necesarios para demorarme tanto tiempo en una misma cosa.

Cuando escribo largometrajes o novelas aguanto las exigencias de esos procesos tan prolongados en el tiempo porque mi necesidad de concretar lo que tengo en la cabeza – o en las entrañas – es superior a mi pereza, a mi aversión a estancarme. Ocurre sin embargo que, una vez alumbrada la obra, no tengo el mismo nivel de motivación para completar la parte más tediosa del itinerario: Mover el material, escribir a las editoriales, reunirme con productoras, hacer el pitch, rellenar decenas de formularios para presentar la obra a no sé qué subvención, o a no sé qué concurso.

Incluso cuando uno tiene la suerte de encandilar a un editor o a un productor, los engranajes siguen girando con lentitud desesperante. El vía crucis que atraviesan la mayoría de los proyectos creativos en este país antes de ver la luz es desgarrador. Cada vez que veo empezar una película española con esa retahíla interminable de logotipos de productoras, instituciones, fondos de ayuda, etc. me entran ganas de abrazar al productor y ofrecerle todo mi consuelo.

Pueden pasar meses o incluso años desde que terminaste de escribir esa historia que querías compartir con el mundo, hasta que el mundo, finalmente, puede acceder a ella. Para entonces es muy posible que haya caducado el mensaje que querías transmitir, o el sentimiento que te impulsaba a transmitirlo. O puede que hayas caducado tú.

Las veces que me ha tocado “defender” una creación mía que llega al público por los “cauces tradicionales”, ha transcurrido tanto tiempo entre mi escritura y esa presentación en sociedad que la persona que soy cuando me toca venderlo ya no es la persona que se sentó a teclearlo.

Por eso, de un tiempo a esta parte, los puntos G de mis musas son estos:

twittear
facebook publicar
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Varias veces al día me pregunto si no estaré “tirando a la basura” ciertas ocurrencias por el simple hecho de convertirlas en material de redes sociales en vez de amasar con ellas una bola de estiércol que poder colocar en algún sitio más vistoso. ¡Si incluso invertir media mañana en preparar este post que no leeréis hasta la semana que viene me parece exasperante! Tengo un diablillo en mi hombro izquierdo susurrando todo el tiempo que me deje de blogs y lo recicle en un hilo de Twitter.

Me pregunto también cuánta gente con más talento que yo estará dejando de cocinar a fuego lento recetas memorables; cuánta gente seducida por la velocidad de este microondas gigante en el que vivimos, y para el que vivimos.

No obstante, cuando me da por buscar respuestas a esas preguntas no me nace ponerme especialmente conservador. Creo firmemente que el ser humano, como animal que es, tiene no sólo la capacidad de mutar, sino la obligación de hacerlo. Esos procesos de evolución son tan lentos que corremos el riesgo de frustrarnos al no asumir (ni descubrir) que estamos pasando nuestra vida entera en el interior de una crisálida. De hecho, es probable que TODA la historia de la vida en el planeta Tierra no sea otra cosa que el lentísimo avance de una crisálida continua, ininterrumpida, interminable.

De un modo u otro, el sentido y el propósito de cualquier proceso evolutivo se suele apreciar mejor con la perspectiva que otorga la distancia. Me imagino a un montón de simios hace millones de años, riéndose del primero de ellos que nació con pulgar oponible: ridiculizándolo, estigmatizándolo. Las cualidades que nos abren las puertas del futuro no siempre son bien vistas desde las ventanas del pasado.

Ahora hago un salto de unos cuantos milenios y me imagino al primer ser humano que escribió una novela. Me imagino a su entorno circundante instándole a que no perdiera el tiempo con esa tontería. Que lo invirtiese en una epopeya en verso o en un auto sacramental. Bien sabemos que hasta tiempos muy recientes la novela se consideraba un arte menor, y leerla una pérdida de tiempo o, como mucho, un guilty pleasure. El discurso que predominaba alrededor de ese género literario – o el que predominó siglos más tarde alrededor del cine, durante sus albores – es similar al de quienes hoy día tildan de mamarrachos a gamers, a youtubers o a personas que “pierden el tiempo” en las redes en vez de hacer algo productivo (como una novela, o una película).

Si McLuhan siguiese con vida, probablemente anunciaría que en poco más de 600 años, con algunos hitos intermedios, hemos pasado de la Galaxia de Gutenberg a la Galaxia de Zuckerberg. Aunque aún no lo queramos asumir, aunque seamos un poco como el Bruce Willis de El Sexto Sentido, los viejos códigos tendrán que hacerse a un lado y dejar paso a otras formas de expresión, a otras maneras de comunicar. Cuando uno entra en un bar, los parroquianos “de toda la vida” suelen estar apilados en una esquinita de la barra.

No es la primera vez que hablo aquí sobre la convivencia de los dos grupos de homínidos que mejor conocemos: Los cromañones (que en gran parte somos nosotros mismos) y los neanderthales. Hoy día empezamos a sospechar que maravillas como las de Altamira, cuya autoría adjudicábamos a los cromañones, probablemente fueron obra de neanderthales. Sin embargo, a pesar de su sentido de la belleza, a pesar de la riqueza de su mundo espiritual, los hombres de Neanderthal se extinguieron dejándole el testigo, puede que a regañadientes, a los de Cromañón. Puede que el homo sapiens actual ganase esa batalla simplemente por el hecho de reproducirse más rápido y adaptarse mejor a los cambios de su entorno, que es justo lo que hacen quienes se zambullen en las redes sociales de este presente nuestro, que acaso será la prehistoria de otros mundos.

Comentan que cuando Pablo Picasso vio por primera vez las pinturas de Altamira, murmuro que a partir de ahí, todo había sido decadencia.

Pero esa decadencia, a la larga, nos trajo a Ray Bradbury.

Ahora, en un alarde de incoherencia, me marcho a seguir trabajando en mi próxima novela.

TWITTER ANTÉS Y DESPUÉS DE MANUEL BARTUAL

21 septiembre, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Hace poco más de dos semanas, Manuel Bartual revolucionó el campo de la ficción cuando decidió narrar un thriller en Twitter. Poco después, su historia llegaba a ser Trending Topic mundial durante dos noches seguidas, lo que provocó que pasara de tener 16.000 seguidores a más de 367.000 y que dejará una incógnita abierta: ¿puede ser Twitter un canal al que acudir en busca de ficción? Desde entonces, Bartual ha estado sumido en una vorágine de entrevistas y de proyectos que eran impensables para él hasta hace bien poco. Ahora, pasado el primer boom mediático, hemos querido analizar con él las consecuencias que puede tener Todo está bien (nombre del thriller) tanto en su trayectoria futura como en la forma de narrar historias y de estructurar una industria que, cada vez más, tiene el punto de vista puesto en lo que ocurre en Internet.

Manuel Bartual - Foto de Cynthia Estébanez.jpg

Fotografía de Cynthia Estébanez

Antes que nada, felicitarte por el éxito que has conseguido con la historia. Es un buen ejemplo de que las cosas hace tiempo que han cambiado. Las televisiones ya no son las únicas que dictan qué se ve y qué no, y mucho menos son el único lugar donde la gente acude en busca de historias ¿no crees?

Gracias. Y sí, estoy de acuerdo. Aunque precisamente es de este escenario del que se ha beneficiado la historia que he contado a través de Twitter: ahora que todos nos hemos acostumbrado a consumir cualquier ficción a nuestro ritmo, cuando nos apetece, sin que nadie nos imponga un ritmo ni un horario concreto, enfrentarse a una ficción que no controlas creo que ha sido uno de los mayores puntos de enganche.

¿En qué momento decides que para esta historia el mejor formato es Twitter?

No fue algo demasiado meditado, pero realmente era la opción más sensata. Aparte de que es la red social donde más cómodo me siento y la que mejor manejo y entiendo, contar una historia a modo de hilo de Twitter era lo idóneo para un relato que se iba a prolongar durante una semana, ya que permitía que cualquiera pudiera ponerse al día fácilmente independientemente del momento en el que se enganchase a la historia. También contaba con una buena base de seguidores, algo más de 16.000 cuando comencé a publicarla. Aunque no hubiera llegado a las cifras que acabé alcanzando, ya me parecía una audiencia más que suficiente.

Imaginamos que, de haberla escrito en formato audiovisual, habrías apostado por otras herramientas. Ahora que ha pasado el primer revuelo, ¿cuáles crees que son las mayores diferencias que has encontrado a la hora de escribir entre un guión, digamos, convencional, y un guión para Twitter?

La principal diferencia y seguramente la más importante es que el público está recibiendo la historia mientras la vas construyendo. Al menos si haces como en mi caso, donde cada nuevo tweet lo escribía prácticamente tal y como los iba publicando.

¿Y cuál ha sido tu experiencia al respecto? ¿Has variado mucho conforme la historia ha ido creciendo y ha recibido más opiniones? ¿Crees que es más importante mantenerse fiel a tu historia o ser flexible y reaccionar a las demandas del público?

Puedes ir a la tuya y no escuchar la conversación que tu historia genere, pero lo verdaderamente interesante aquí es prestar atención a lo que te comentan los lectores y valorar si merece la pena o no incorporar algunas de sus sugerencias al relato. Jugar con ellos. Mientras no te desvíes de lo que estás contando, creo que sirve para que tanto la historia como la experiencia se enriquezcan. También es un fabuloso campo de pruebas en directo. En mi historia, teniendo en cuenta que necesitaba que transmitiera cierta verosimilitud, no tenía nada claro cuánto humor me podía permitir. Así que hice una prueba, y cuando vi que el público reaccionaba bien, me quedó claro que tenía vía libre para utilizar humor en momentos puntuales de la historia. No llegar a convertirlo en una comedia, pero sí utilizarlo como un recurso más. Al final fue uno de los grandes aciertos, porque todos esos guiños humorísticos se convirtieron en parte de la identidad del relato y ayudaron a que la gente conectase con lo que estaba contando. Sólo hay que fijarse en el número de comentarios, likes, memes y retweets que generaron los chistes que fui diseminando a lo largo de la historia.

¿Y cómo fue el proceso de construcción? ¿Escaletaste? ¿Esbozaste un perfil psicológico, aunque fuera mínimo, de los personajes?

Sí, cuando escribí el primer tweet ya tenía todo escaletado, no me habría tirado a esta piscina sin saber cómo acababa la historia y los hitos por los que debía pasar. Pero no esbocé ningún perfil psicológico ni nada parecido, más que nada porque el protagonista era yo y la única voz que iba a imponerse durante todo el relato era la mía. Los primeros tweets están escritos tal y como yo mismo podría haber contado en Twitter cualquier otra cosa real que me hubiera pasado en vacaciones, pero a medida que fue avanzando la trama, y en parte gracias a todo el humor que fui incorporando, ese Manuel se fue convirtiendo en una versión diferente a la del Manuel real, por decirlo de algún modo. Un Manuel un poco más valiente e insensato, porque yo habría tardado mucho menos en huir de ese hotel, y mucho más preocupado por su alimentación de lo que yo podría estarlo nunca si pensase que mi vida está en peligro. Ya sabéis: ¡el bollo!

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Cada nuevo tweet de Bartual se saldaba con miles de retweets, “Me gusta” y seguidores nuevos.

Sabemos que la pregunta es complicada, ¿pero crees que podemos asistir a la proliferación de historias en esta red social?

Twitter se ha utilizado para contar ficción desde sus orígenes, aunque de forma minoritaria. De un tiempo a estar parte sí que veo cierta proliferación. En todo caso, es difícil aventurar nada. Imagino que si otras historias acaban obteniendo repercusión, como ha pasado con la mía, habrá cada vez más gente que se anime a plantearse las redes sociales como otro medio más a través del que contar historias. A mí, como lector, me encantaría.

¿Crees que puede existir un canal de ficción dentro de Twitter, o es una herramienta demasiado informativa?

Una de las cosas que mejor hace Twitter es prestar atención al uso que le damos a su red social, e incorporar novedades en función de estos usos. Ahora nos parece que los retweets siempre estuvieron ahí, pero esto es algo que nos inventamos nosotros. Si la ficción acaba teniendo un peso importante en Twitter, no me sorprendería que llegasen a incorporar algo como un canal de ficción.

Y si fuera así, ¿crees que hay algún género que se adapte mejor a Twitter por sus características?

Creo que Twitter, como canal para desarrollar ficciones, admite muchos géneros y enfoques diferentes. Lo mío ha sido un thriller de ciencia ficción con toques de humor, pero me imagino perfectamente cómo se podría abordar un drama político a través de Twitter. Me parece un momento muy propicio para desarrollar algo así. O una comedia protagonizada por millennials. O un relato histórico trasladado a nuestra época, y adaptado a los tiempos y usos de Twitter o cualquier otra red social. Las posibilidades son infinitas.

En tu caso, ¿por qué te decantas por el thriller?

Me gusta el género. Me gustan sus reglas, y me siento cómodo construyendo sobre los esquemas propios del thriller. Es un género que admite prácticamente todo lo que le eches, y que da buenos resultados cuando conociendo sus reglas y esquemas decides romperlos. O por lo menos replantearlos, contarlos de manera diferente a la habitual.

Imagínate que fueras profesor de guión especializado en historias para Twitter (quizá no es tan descabellado pensar que puede llegar a existir algo similar). ¿Qué consejos básicos le darías a alguien que se encontrara en el proceso de escritura para poder construir un relato interesante?

Que escriba algo plenamente adaptado al medio que esté utilizando para contar su historia. Que trate de entender ese medio y valore bien de qué herramientas dispone, para sacarles el mayor partido posible. En realidad es un consejo que vale también para cuando te planteas narrar en cualquier otro medio. Ahora que prácticamente todas las historias están contadas, una buena forma de enganchar y sorprender al público es la forma en la que decidimos transmitirlas.

Lo que tu historia puede demostrar es que también se ha acabado eso de hacer una prueba de guión para entrar a trabajar en una productora. A parte de tu caso, recientemente tenemos a Diana Rojo, que entró a El Ministerio del Tiempo gracias (o al menos en gran parte) a la visibilidad mediática que adquirió uno de sus vídeos en Youtube. ¿Cuáles son, a tu juicio, las plataformas actuales que dan más libertad o permiten demostrar mejor la originalidad de un escritor?

Evidentemente Internet, en su totalidad. Cualquier red social, o un blog, o un canal de YouTube. Lo que sea que se ajuste a la historia que quieras contar. Nadie va a marcarte lo que puedes hacer o no, ni el enfoque que quieras darle a tu relato. Internet es el mejor escaparate para demostrar qué sabes hacer, y aunque haya mucho ruido y resulte difícil destacar, si lo que ofreces termina gustando puede llegar a muchísima gente. En Internet estamos todos.

Sin duda, tanto el vídeo de Diana como el tuyo pueden ser referentes actuales para un guionista a la hora de pensar y reflexionar sobre la creación de nuevas historias. A tu juicio, ¿cuáles son los referentes que un guionista debe manejar en la actualidad?

Yo procuro fijarme en lo que me rodea y no cerrarme a nada. Pero tampoco trato de imponerme nada, sino que me dejo influir por todo aquello que me gusta. Tras concluir la historia que conté en Twitter me di cuenta de un par de referentes no especialmente evidentes pero que, por decirlo de algún modo, me pusieron en el estado mental adecuado para construir y desarrollar mi historia. Por un lado Firewatch, un videojuego al que jugué hace unos meses, en el que te metes en la piel de un guarda forestal inmerso en una historia de misterio. Algo de su ambientación y de su ritmo estaban presentes en mi cabeza mientras construía el relato de mis vacaciones. Y por otro lado Hello from the Magic Tavern, un podcast de ficción que descubrí a finales del año pasado y que he disfrutado enormemente. No me canso de recomendarlo. De éste creo que me ha influido la manera en la que sus creadores abordan un formato como el podcast y su buen humor. Otra más: poco antes de irme de vacaciones volví a ver Creep, la película de Patrick Brice, escuchando el audiocomentario del propio Brice y de Mark Duplass. Acabo de recordarlo ahora. Duplass comentaba que la idea original de la película fue escribirla, dirigirla y protagonizarla él solo, pero lo acabó descartando porque vio que iba a resultar complicado sacar adelante una película con estos condicionantes. No pensé en ello de forma consciente cuando me planteé escribir y publicar en Twitter una historia protagonizada por mí en la que mi némesis iba a ser yo mismo, pero no descarto que ese comentario de Duplass activase algo en mi cabeza.

Vamos con otra pregunta complicada. Al ser la primera vez que se crea una historia así, no hay referentes en los que basarse, y quizá es sencillo reflexionarlo ahora, pero nos gustaría saber tu opinión sobre hasta qué punto crees que, como ocurre cuando se va al cine y el espectador sabe que está delante de una ficción, en Twitter debería ocurrir algo similar pese a que pueda perderse ese primer punto de misterio. A la vista esta que hay casos más que de sobra como el tuyo, desde la famosa Guerra de los Mundos de Welles, pasando por el de Joaquin Phoenix con su falso documental, hasta el falso documental de Évole, así que no queremos decantarnos (ni mucho menos opinar) ni hacia un lado ni hacia otro, sino, más bien, saber tu opinión sobre este tipo de productos y cómo y dónde limitar lo que “vale” o no como herramienta de atracción.

Creo que la línea de lo que “vale” y lo que no la marca que aquello que estés contando no perjudique a nadie. Me refiero a un perjuicio real, no a que alguien pueda pensar que aquello que estás contando es cierto y luego descubra que no es así. Cuando esto sucede, lo peor que puede pasarle a esa persona es que se dé cuenta de que quizá no deba creerse toda la información que le llega, o por lo menos sin cuestionarla o comprobar las fuentes. Te anima a desarrollar un pensamiento más crítico.

¿Tienes planeado recoger todos tus tweets y publicarlos a modo de libro?

No, no tendría sentido. No funcionaría igual. Esta historia ha de leerse en Internet, y a ser posible a tiempo real, según se fue construyendo. He podido comprobar que quien la he leído a posteriori también la ha acabado disfrutando, pero el efecto no sería el mismo si se trasladase a un libro.

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¿Hasta qué punto cambia tu agenda a medio plazo por lo que respecta a próximos proyectos el bombazo de tu historia?

Ha cambiado por completo. Me ha abierto puertas a las que hace apenas unas semanas ni se me hubiera ocurrido llamar. Ha sido algo completamente inesperado y es lo mejor que me podía pasar, que ahora tenga a gente dispuesta a ayudarme a que mis próximos proyectos vayan a contar con un apoyo y una difusión mayor, con mayores y mejores presupuestos. Y no dejo de pensar que lo más maravilloso de todo esto es que sea gracias a algo tan sencillo como lo que motivó que me pusiera a escribir estando de vacaciones: por el placer de pasármelo bien contando una historia.


TIENES LA BRAGUETA ABIERTA

24 febrero, 2016

sabrina

Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Hace tiempo, en la universidad, un profesor nos dio una clase con la bragueta abierta. Cuando la clase estaba a punto de terminar el profesor se dio cuenta de ello. Nos dijo:

– ¿Llevo todo este tiempo con la bragueta abierta y nadie me ha avisado? Sois unos hijos de puta.

En este mundo nuestro del guión (y del artisteo en general) somos muy de callarnos cuando alguien tiene la bragueta abierta. No lo hacemos por hijoputez. Más bien eludimos el tema porque nos da cierto apuro.

El mundo no está diseñado para gente sincera.

Si no te ha gustado el guión que ha escrito un conocido tuyo, si no te ha funcionado su peli, si te ha horrorizado su microteatro… lo más fácil es fingir que esa bragueta abierta no está ahí.

¿Tienes amigos sinceros capaces de decirte las cosas que no les gustan de tus guiones? Guárdalos como oro en paño. Sobre todo si te lo saben decir de manera constructiva.

En caso contrario, tampoco se hunde el mundo. ¡Que no cunda el pánico! Voy a dejarte aquí un tutorial para que sepas cuándo a alguien no le ha gustado tu mierda, aunque ese alguien no se atreva a decírtelo a la cara.

Ésta es la lista de síntomas que, al menos a mí, me sirven para diagnosticar los casos de “bragueta abierta”:

EL TWEET TIBIO.

Las redes sociales han cambiado muchísimo el paisaje de Braguetolandia. Con tanto Facebook y tanto Twitter ya no criticamos ciertas cosas de la misma forma. Nos pronunciamos sabiendo que nuestras palabras pueden llegar a oídos (o a ojos) del autor de esa peli o de ese libro.

La gente no se comporta igual contigo si sabe que la estás mirando.

La consecuencia más obvia de todo esto es el troll. Ese tipo que habla mal de tu trabajo porque lo que quiere (en el fondo) es provocar y hacerse notar.

Pero el troll no es la única criatura de este ecosistema ciber-social. También está esa gente que, aunque no comulgue con tu obra, se ve obligada a escribir algo positivo sobre ella para quedar bien. Algunos lo harán porque no quieren herir los sentimientos del autor, otros lo harán de forma más bien interesada. El subtexto de muchas alabanzas en las redes es: “Dame trabajo”.

De ese caldo de cultivo surge lo que he decidido bautizar como “el tweet tibio”. En realidad puede tratarse de un tweet, un estado de Facebook o incluso un artículo de periódico, blog, revista…

El tweet tibio se caracteriza por su falta de entusiasmo. Notas que las palabras pretenden alabar pero titubean. En esta clase de comentarios suelen abundar sustantivos como “propuesta”, “ejercicio” o “iniciativa” acompañados por adjetivos condescendientes como “interesante”, “sugerente”, “meritorio” o “disfrutable”.

Si dicen que tu obra es “Una propuesta interesante…” o bien una “Meritoria iniciativa de…” o incluso “Un sugerente ejercicio de estilo…” desengáñate: A esa persona tu historia no le ha hecho ni cosquillas.

TE DIGO CUÁNDO EMPIEZO PERO NO CUÁNDO ACABO.

Te habrá pasado decenas de veces. Alguien viene y te dice: “Oye, ya me he empezado tu guión. Lo llevo por la mitad. Cuando lo acabe te cuento.

Luego pasan los días, las semanas, los meses… y nunca más se supo. Esa persona no te vuelve a mencionar el maldito guión.

Esos casos se pueden explicar de tres maneras:

A) No se terminó de leer el guión. Lo dejó a medias.

B) Se terminó de leer el guión y le gustó tan poco que prefiere no abrir ese melón. No te menciona el tema para no tener que decirte lo que opina acerca de tu basura.

C) Se terminó el guión y ni le gustó ni le dejó de gustar. Se la sudó tantísimo que se olvidó incluso de comentarte sobre ello.

No sé cuál de las tres opciones me parece peor. Quizá la primera. Si paran de leer tu guión y no lo retoman… pues vaya mierda de guión. Un guión como Dios manda te tiene que agarrar por los cojones y no soltarte.

Si en lugar de lector eres lectora, cambia lo de “cojones” por “ovarios” (o por cualquier otra parte de tu anatomía de la que te apetezca que te agarren cuando te cuentan una historia)

AFERRARSE AL CLAVO ARDIENDO.

Otro gran clásico a la hora de eludir la cruda verdad consiste en aferrarse a una única cosa (una sola) que más o menos te haya hecho tilín en el guión o película. Cuando el autor te pregunte la opinión (o cuando te lo encuentres de bruces mientras intentabas huir por la puerta de atrás) lo que haces es recurrir a ese clavo ardiendo, cebarlo, regodarte en ello. “Lo mejor, la escena de la abuela. Qué interesante la escena de la abuela, qué ejercicio de estilo, qué propuesta.

Así que ya sabes: Si tu interlocutor insiste más de lo normal en un único detalle, es muy posible que el resto del guión le haya parecido bazofia.

ESCAPAR POR LA TANGENTE.

Una argucia muy recurrente es la de esquivar el debate sobre la calidad de la obra desviando la conversación hacia cuestiones tangenciales. Cuestiones que tienen que ver con la obra pero NO son la obra.

Esto resulta más sencillo cuando la peli o el corto están ya rodados. El guión puro y duro no te ofrece tantas excusas para salir por la tangente.

Intentaré desarrollar algunos ejemplos:

Pongamos que has rodado un bodrio tipo El Renacido en la Pedriza de Madrid. Pues te acercas al director, le das unas palmaditas en el hombro y le dices: “Vaya frío que tuvisteis que pasar en la Pedriza, ¿eh, macho?

Si haces una peli con cacahuetes en lugar de actores, lo mejor para que te salgan por la tangente es: “Menuda panzada de comer cacahuetes os habréis pegao. Seguro que cuando terminasteis os comisteis a la mitad del reparto.

Muchas veces, el recurso de salirse por la tangente es algo que hacen las madres y los cuñaos con toda su buena intención, porque no conocen los entresijos del audiovisual, pero tú puedes aprender de los cuñaos y usar sus mismas técnicas precisamente para esquivar ese entresijo, ese meollo del asunto.

Funciona muy bien lo de refugiarse en el infalible: “Qué mérito tenéis. Tanta gente trabajando en una misma cosa. Qué mérito. Cuando lo ves en la tele parece fácil, pero no.

Una manera de hacer funcionar este método incluso comentando un guión no rodado: Desvíate hacia el tema del que trata el guión y huye de sus páginas hacia el mundo real. Si has escrito un largo sobre el bullying y no te ha salido bien, notarás que la otra persona habla más del tema del bullying que del guión en sí mismo. “Es que lo del bullying es muy fuerte. Ya era hora de que alguien tratara este tema. A la hija de un amigo mío le hacen bullying en el colegio y bla, bla, bla.

Éstas son las principales tácticas que me vienen a la cabeza, y para no hacer esto más largo de la cuenta me dejo algunas otras sin desarrollar, como la de: “Se nota que tu guión funcionaba, pero te lo han destrozao“, que es el equivalente a cuando le decimos a un actor o actriz: “La obra es un desastre. Lo único bueno de la obra eres tú.”

Y aquí me despido, no sin antes invitaros a que añadáis en los comentarios otras maneras de rehuir a la bragueta abierta. También podéis aprovechar para decirme que este post es un interesante ejercicio estilístico, o una propuesta sugerente.

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VIVA ZAPATA

15 junio, 2015

Yo quiero un concejal de cultura que sepa lo que es el humor negro. Que sepa decodificar una ironía. Que distinga un chiste de lo que no lo es. Que distinga entre ficción y realidad.

Quiero un concejal de cultura que sepa escribir, que sea capaz de explicarse en público con esa velocidad, con esa templanza, con ese estilo.

Quiero un concejal de cultura que desconcierte, que moleste, que ofenda a la gente que no distingue entre porque, por que, porqué y por qué. Esa gente vive en un estado de estupor tal, que sólo mediante un shock de incorrección podrá recobrar una mínima alerta.

“El humor negro no puede ser cruel”, ha dicho Manuela Carmena. Error. El humor negro TIENE que ser cruel. Y usted, alcaldesa, no debería comentar en televisión las acusaciones que se le hacen a su equipo si todavía no dispone de toda la información. Apúntese esta frase, alcaldesa: “Todavía no dispongo de la suficiente información para comentar este asunto”. Apúntese esta otra: “Todas las historias tienen dos versiones“. Dar esas respuestas en una entrevista no es escurrir el bulto: es negarse a que un periodista manipulador marque el ritmo de tu discurso.

Y recuerde esto, alcaldesa: si no molesta a alguien, no es humor. Y si no escandaliza a muchos, no es humor negro. Comprendo que por sus circunstancias vitales y profesionales no ha estado usted muy en contacto con lo que viene siendo el humor. Pero para eso tiene usted en su equipo concejales de cultura: para no tener que meterse en jardines que no controla.

Los supuestos chistes racistas de Guillermo Zapata eran citas en una conversación sobre los límites del humor. Citar a Hitler no te convierte en nazi. Y hasta Irene Villa hace chistes de Irene Villa. Si no entiendes esto, es TU problema. Un problema de comprensión lectora. No es tu CULPA, pero sí es TU problema: te falta educación. ¿Sabes por qué?

Porque llevamos demasiados años sufriendo a los otros concejales de cultura. A los que no hacen chistes racistas… sino que SON racistas.

Carmen González, viceconsejera de Educación de Esperanza Aguirre, cuando ésta era Presidenta de la Comunidad de Madrid, dijo esto: “el niño gitano lo que quiere es ir con su padre con la fregoneta al mercado a vender fruta”.

 

En Torrejón de Ardoz, el gobierno municipal del PP alteró la normativa de empadronamiento para dificultar a los inmigrantes registrarse como residentes.

 

En los ochenta, siendo ya diputado, Rajoy escribía artículos en prensa hablando en contra de la igualdad de los hombres, diciendo lindezas que es un hecho objetivo que los hijos de “buena estirpe” superan a los demás.

Y bueno, ni Botella ni Esperanza Aguirre han dicho jamás nada en contra de ese campo de concentración que hay en Plaza Elíptica. CIE le llaman. Ahí hay gente detenida e incomunicada durante 60 días, sin habeas corpus y sin estar -atención- acusada de ningún delito. Si luchar contra el racismo fuera censurar chistes en Twitter la vida sería muy fácil.

Todo mi apoyo a Guillermo Zapata. Sólo es la primera víctima de la guerra sucia que la caverna bipartidista lleva preparando desde el 25 de mayo por la mañana. Este tipo de manipulación informativa la vamos a estar viendo durante todo lo que dure la legislatura. Cesar a Guillermo Zapata ahora sería como tirar el fusil al oír el primer tiro.

Y en cuanto a los límites del humor: si alguien los encuentra, que me diga dónde están, que voy corriendo a cagarme en ellos.

Sergio Barrejón.


5 ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

26 septiembre, 2014

por Sergio Barrejón.

1. Eric Roth es el guionista de películas como Munich, El dilema Forrest Gump (por la que ganó un Oscar). En esta interesante entrada que le dedica Screencraft encontramos un vídeo donde Roth habla, entre otras cosas, de la necesidad de ser disciplinado. Él, por ejemplo, se levanta a las 5.30 am, sale a dar un largo paseo, y después trabaja desde las 7.30 hasta mediodía. Y otro rato por la noche.

Son cinco minutos de vídeo que te permitirán entrar en el estudio de un guionista famoso, cotillear sus hábitos de trabajo y sus manías personales (entre ellas, trabajar descalzo, como un servidor. MUY IMPORTANTE).

2. Dalton Trumbo no sólo escribía descalzo: escribía en pelotas. EN LA BAÑERA. Eso sí que es nivel. Y escribiendo de esa guisa ganó no uno, sino dos Oscars (ambos durante los años que tuvo que trabajar bajo pseudónimo gracias a McCarthy, Nixon y los amables señores del Comité de Activdades Antiamericanas). En un reciente artículo de JotDown, Paula Corroto nos lo cuenta todo sobre “ese rojo pacifista que escribió Espartaco.

3. Todos tenemos un pasado. Yo fui realizador de Los 40 principales con Fernandisco. Natxo López fue guionista en un concurso de habilidad de perros. Y muchos guionistas americanos ahora famosos también empezaron su carrera de forma sorprendente (aunque más digna, en general). Descúbrelo en este post de Bluecat Screenplay.

4. Hablando de principios indignos: en el blog Gideonsway nos advierten sobre 16 maneras muy habituales de arruinar un pitching. Un post para leer, releer y memorizar.

5. Empezamos con el ganador de un Oscar hablando de disciplina, y acabamos con la ganadora de un WGA Award (y nominada tres veces al Emmy) hablando de la importancia de trabajar duro. Menos soñar y más HACER, podría ser el resumen de este cómic que todos los guionistas deberían enmarcar y colgar en la pared de su estudio. Y lo dice Shonda Rhimes, que este año va a tener TRES series en antena en Estados Unidos. Ojito.

Estos y otros contenidos sobre guión aparecen a diario en nuestra cuenta de Twitter @bloguionistas. Síguenos para estar al tanto:

 

Buen fin de semana.


CÓMO ENTRAR EN LA POMADA

24 octubre, 2013

por Sergio Barrejón.

Si estás empezando o a punto de empezar en el mundo del guión y te preocupa la sensación de que “esto es un círculo cerrado” o temes que “sin conocer a nadie es imposible que te den una oportunidad”, este post te interesa.

Banner-Hugh-Hefner

Te voy a contar cómo conocer a la gente que te dará trabajo. Te voy a dar LA FÓRMULA DEL ÉXITO. Y no te va a gustar. La fórmula del éxito es:

Deja de buscar la fórmula de éxito.

Ya.

No te ha gustado, ¿verdad? Bien, intentaré ampliarlo, a ver si además de no gustarte, consigo que verdaderamente te MOLESTE.

Es cierto: la profesión ES un círculo cerrado. ¿Y sabes por qué? Porque un gran porcentaje de la gente que quiere entrar en el círculo está loca de remate.

Emails llenos de faltas de ortografía.

Emails que más que pedir trabajo te lo exigen.

Emails con guiones adjuntos que dan por hecho te vas a leer y comentar.

Emails pidiéndote el teléfono de un actor famoso, para ofrecerle un corto.

Emails pidiéndote explicaciones por no haber contestado a un anterior email loco.

 

Esos 5 casos aglutinan, y no exagero, el 99% de los emails que me llegan de gente que “está empezando”.

La conclusión a la que he llegado es que el 99% por ciento de la gente que dice “estar empezando”, no está empezando un carajo. El 99% de la gente que “quiere ser guionista”, en el mejor de los casos, no son más que turistas del guión. Gente que tiene la equivocada idea de que escribir guiones es la vía más rápida al éxito cuando no eres capaz de actuar ni de dirigir.

La mala noticia es que saber apretar teclas y ser “cinéfilo y seriéfilo” no basta para ser guionista.

La buena noticia es que, habiendo tanto loco suelto, un cuerdo destaca rápido. Ser limpio, educado y puntual te coloca automáticamente por encima de la media de los principiantes.

Para llegar a la élite de los principiantes, sólo te faltan dos cosas: paciencia y empatía. Paciencia porque no hay fórmulas del éxito. Esto es una carrera de fondo, blablabla. Y empatía porque es necesaria para entender que la gente que vive del guión también tiene sus problemas. Que nadie les paga para ocuparse de darte una oportunidad. Es simplemente que todo el mundo anda mal de tiempo. Y que pedir favores no es buena manera de entrarle a un desconocido.

Entonces, ¿qué hacer?

Nada. Simplemente estar ahí. Acudir a los encuentros de guionistas. Ir a los festivales. Informarte de quién escribe las cosas que te interesan. Si sólo te interesan pelis y series americanas, bien por ti. Pero tal vez deberías plantearte… ya sabes, irte a América.

Si eres capaz de vencer tus prejuicios e interesarte por alguna de las cosas que se hacen aquí… adelante. Acércate a la gente que las ha hecho. Pero no les pidas nada de entrada. ¿Qué tal si simplemente les comentas que te gusta su trabajo? No hace falta que les hagas la pelota. ¿Llamarías PELOTAS a todos los que acudieron a ver la conferencia de Lynch en Getafe?

Salvando las obvias, abismales distancias, tampoco es peloteo acercarse al guionista de esa serie que lo está petando en prime time y comentarle tus impresiones (positivas) sobre la serie. También puedes aprovechar el podeeeer de las reeeedes sociaaaaaleeeees y decírselo por Twitter.

Sigue a la gente cuyo trabajo te parece interesante. Comenta de manera desenfadada cuando venga a cuento. Un día te harán un retweet, otro día un “gracias”. Otro un reply… Un día conversaréis sobre algo que no tiene nada que ver con tu trabajo ni con el suyo, etc.

Lo que viene siendo construir una relación. Lo que viene siendo dejar de ser un desconocido para esa persona. Entrar en el círculo. Poco a poco. Dejar ese limbo del “no conozco a nadie”. Dejar que el mundo sepa que te dedica a escribir guiones. (Pero dejar que lo sepa de una manera casual. Sin guiños ni codazos. No seas como esos vegetarianos que no se quedan tranquilos hasta que informan a todos los presentes de su vegetarianismo).

Y cuando hayas hecho eso durante un tiempo, ya podrás entrarle a esa persona con una petición. Me consta que “un tiempo” es bastante abstracto, pero aquí prefiero confiar en tu cordura para dilucidar cuánto dura “un tiempo”. Si estás loco, te va a dar igual lo que te diga. Si eres cuerdo, entenderás que, simplemente, DEPENDE.

¿Qué puedes pedirle a esa persona? ¿Una prueba? ¿Ver tu corto y darte su opinión? ¿Una pregunta técnica? No lo sé. Tú sabrás. En cualquier caso, debes estar preparado para un silencio, una negativa o una respuesta no satisfactoria. Recuerda: todo el mundo está muy ocupado. Nadie tiene la obligación de ayudarte. Y todos nos hemos encontrado respuestas muy locas cuando alguien nos pide nuestra opinión y se la damos… y no es buena. Es normal que haya cierta resistencia.

Y sobre todo, recuerda estas dos máximas:

  1. Que llegues o no llegues a vivir del guión no es una cuestión de justicia. No tienes ningún derecho a vivir del guión.
  2. Los que ahora mismo están viviendo del guión no tienen ninguna garantía de ir a vivir de ello para siempre. Desde el punto de vista de un aspirante en paro, un guionista consagrado parece una especie de Hugh Hefner. Pero la realidad es que la carrera de fondo no termina cuando vendes tu primer guión. La carrera dura toda la vida.

¿Y qué hacer mientras pasa “un tiempo” y vas construyendo esas relaciones?

Fácil: ESCRIBE.

 


NAPALM VENDO Y PARA MÍ NO TENGO

3 mayo, 2012

por Sergio Barrejón.

Cuando la gente sale de ver una película extranjera infame, comenta “qué mala es esta película”. Pero cuando sale de ver una película española horrible, comenta “qué malo es el cine español”.

La frase es de José Luis Borau. Se la oí hace ya unos cuantos años. Ahora está más vigente que nunca. En eso, como en tantas cosas, el maestro Borau se adelantó a su tiempo.

Ahora se lleva más que nunca atacar al cine español. Así, en genérico. El “cine español” entendido como si fuera un partido político, o una sociedad mercantil. Valga la redundancia.

Conviene aclarar cuanto antes que no escribo este post para defender al “colectivo” del cine español. Eso sería tan estúpido como lo es atacarlo. Etiquetar de manera homogénea a un montón de personas cuyo único denominador común es el trabajar en determinada actividad, es un error de base.

Un error derivado del desconocimiento. O peor: de la falsa sensación de conocimiento que caracteriza a los pontífices vocacionales y a los palurdos en general.

La mala fama del cine español, en concreto, no proviene sólo del desconocimiento general que se tiene sobre las profesiones del cine, sino también y especialmente del conocimiento general de dos o tres datos anecdóticos relacionados con la profesión, y que no son en absoluto representativos.

Convendría decir, además, que el hecho de que todo el mundo conozca esos dos o tres datos anecdóticos -baja cuota de pantalla, cobro de derechos de autor, existencia de subvenciones públicas- mientras que desconoce el resto de circunstancias que rodean al sector, es algo conscientemente buscado desde determinados medios de comunicación.

Por ejemplo: casi nadie que no sea familiar, muy amigo, o compañero de trabajo de un controlador aéreo tiene la más remota idea de las circunstancias en que se desenvuelve su trabajo. Pero todo quisque sabe (o cree saber) que ganan mucho dinero. Cientos de miles de personas pudieron saber, incluso, la cifra concreta que ganó en 2009 el controlador aéreo mejor pagado de España. ¿Y por qué lo saben? Porque un Ministro del Gobierno se ocupó de decírselo. ¿Y por qué hizo tal cosa? Porque le interesaba desprestigiar al colectivo. ¿Para qué? Para ganarse a la opinión pública en el momento en que tuviera que empezar a despedir controladores y traicionar los acuerdos laborales pactados con el gremio. ¿Y por qué quería hacer todo eso? Porque el Gobierno quería privatizar AENA, y ninguna empresa iba a comprarla si existían hipotecas complicadas en el entorno de los derechos laborales.

Qué pereza, ¿no? Esto de la realidad es complicadísimo. Con lo fácil que es decir “¡Hijoputas! Ganan 400.000 euros al año y no tienen bastante”. Cierto no es, desde luego. Pero es fácil. Y nos permite cinco minutos de sabrosa indignación, antes de volver a nuestra vida de mierda.

Print the legend, que dicen los americanos.

Con el cine pasa lo mismo. ¿Y saben qué? Me parece bien. Me parece estupendo que miles de personas hayan elegido el cine español para soltar su rabia. Mejor que la dirijan contra el cine español que contra… no sé, las mujeres, o los judíos. Así que, antes de continuar, vamos a quedarnos a gusto:

EN ESPAÑA SE HACEN UN MONTÓN DE PELÍCULAS DE MIERDA CADA AÑO. ¡Y SUBVENCIONADAS!

El hecho de que esa afirmación sea cierta aunque le cambies la segunda palabra por “Francia”, “Alemania”, “Italia”, etc. no debe arruinarnos la diversión.

CON LA QUE ESTÁ CAYENDO, NO ES NORMAL QUE SE GASTEN MILLONES EN HACER PELÍCULAS QUE LUEGO NADIE VE.

El hecho de que desconozcas realmente las partidas presupuestarias para el cine… (o para cualquier otro sector) tampoco debe arruinarte la diversión. Ni tampoco el hecho de que puedas cambiar todo lo que viene después de “millones” por casi cualquier otra cosa.

No te contengas: cágate en el cine español. El cine español te quitó la novia. El cine español te provocó esa alopecia patética. El cine español mató a Kennedy.

No pasa nada… siempre que mantengamos las cagamentas dentro de unos límites retóricos razonables. Es decir, sin llegar a cosas como ésta:

Con “el colectivo” se refiere al colectivo del cine español. Y ya sé que es una hipérbole. No me voy a rasgar las vestiduras por ello ni a pedir que El País censure a Arturo Pérez-Reverte por incitar al odio, como ha hecho en otras ocasiones mucho menos merecidas.

Lo que me entristece es precisamente la calidad de la hipérbole. Lo que me deprime es que un señor que se dedica a escribir novelas no cuide un poquito más sus figuras retóricas. Como decía el otro, “hablar bien no cuesta una mierda y quedas de puta madre”.

Vivimos en una época muy delicada. Los blogs y las redes sociales ha dado lugar, por un lado, a una edad de oro de la comunicación. Y por otro, a una proliferación terrorífica de barbaridades en negro sobre blanco.

A nada que te equivoques de click, das con un hashtag o con un estado de Facebook en que a alguien pide, literalmente, que MATEN a tal persona. O que TORTUREN a tal otra. Parece que hemos llegado a un nivel de rabia en el que ya sólo concebimos soluciones sangrientas para los problemas. Y no me refiero a grandes problemas políticos o sociales. Hablo de frases como “a Mourinho había que cortarle los huevos”.

Esas cosas, que se oyen en la barra de cualquier bar y no llaman especialmente la atención, ya escalofrían un poco cuando se ven escritas, en un foro o un grupo de Facebook. Pero verlas publicadas por un profesional de la comunicación es muy triste. Pérez-Reverte, aunque sólo sea en calidad de miembro de la Real Academia de la Lengua, debería ser un poco más consecuente.

E insisto: no me molesta particularmente el destinatario de su ataque. Me consta que le gusta atizar a diestro y siniestro. A mí lo que me ofende es esa manera de regodearse en la barbarie.

Por otra parte, ¿es legítimo criticar a voleo al “colectivo” del cine español cuando uno ha vendido los derechos cinematográficos y televisivos de varias de sus novelas, e incluso ha escrito un par de guiones de cine, como él mismo se ocupa de recordar?

(Nota: el Goya fue para el guión de “El Maestro de Esgrima”. Un guión que no escribió él… con otros tres miembros del “colectivo”.)

Pérez-Reverte debe de compartir esa opinión tan extendida de que el “cine español” es el cine español malo, y lo otro es una excepción, una anomalía: películas buenas que no parecen españolas. (O quizá, películas buenas porque no parecen españolas.)

Yo también la comparto, la verdad. Pero no la circunscribo al cine español. En mi opinión, casi todo es una mierda. Lo bueno siempre es una excepción. Por eso precisamente a lo muy bueno se lo llama excepcional.

Hoy en día, lo excepcional es ser capaz de expresar una opinión negativa sin necesidad de insultar. A mí me está costando hacerlo en este post, sobre todo teniendo en cuenta que los dos únicos guiones que, según imdb.com, ha firmado Pérez-Reverte son los de estas dos obras maestras que todos tenemos en lugar destacado dentro de nuestras colecciones de DVD:

No juzgues y no serás juzgado, dicen los evangelios. Y yo añado: no pidas napalm, no te vaya a caer a ti la primera ráfaga.


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