EL CURSO DE GUIÓN QUE ME CAMBIÓ LA VIDA

24 junio, 2013

por Sergio Barrejón.

En el otoño de 2003, yo llevaba ya cuatro años vegetando como realizador de televisión en un canal de pago hoy al borde de la desaparición. Desesperado por llegar a ser guionista profesional, me dedicaba a hacer ignotos cortometrajes y a escribir largos que nunca nadie producirá (la naturaleza es sabia), e incluso conseguí un empleo de guionista para una serie en ETB. Escribí dos capítulos y la cancelaron.

Año y medio después de aquello, y ya casi sin esperanzas de llegar a vivir del guión, lancé una de esas andanadas de curricula que, como todos sabemos, suelen ser tan efectivas como un viaje a Fátima, pero mucho más baratas. Por primera vez me contestó alguien. Se llamaba Valentín Fernández-Tubau y estaba montando un portal (entonces todavía se llamaban así) llamado Abcguionistas.

Quedamos en una cafetería de la Gran Vía en Madrid. Valentín me esperaba sentado con una carpeta en la mesa. En ella había varios curricula. Sí, los había imprimido y los había leído. Me comentó mi experiencia sin apenas echar un vistazo a los papeles. Le gustaba lo que había hecho. Algo debió de ver en aquella amalgama de fracasos universitarios, cinematográficos y televisivo. Y me ofreció incorporarme al equipo de Abcguionistas.

Durante unos meses, estuve haciendo análisis de guión para ellos. La relación tanto con Valentín como con Ángel García Roldán fue excelente. Y en la primavera de 2004 me ofrecieron un trabajo que era un verdadero desafío: impartir un curso de una semana sobre Iniciación al Guión. Estaban preparando un tinglado gigante con la Universidad de Córdoba: dos semanas completas dedicadas al guión. Con charlas, talleres, cursos y sesiones de análisis. Guionistas de la trayectoria de Fernando Castets o Senel Paz iban a estar allí. Y por alguna razón (quizá la naturaleza no era TAN sabia, después de todo), consideraban que yo también debería estar.

Rumié el asunto durante unos días, convencido de que era indigno de la oferta que me hacían. Pero qué demonios, era DINERO. Hablé con amigos y familiares y me convencieron de que me tragase la humildad (hoy comprendo que era un eufemismo de COBARDÍA) y me fuese a Córdoba. Recuerdo haber hecho aquel viaje en coche, solo, con un calor de mil demonios, eligiendo carreteras secundarias para tener más tiempo de pasar miedo. En el maletero había una caja con un montón de DVD y cintas VHS (sí, habéis leído bien), y en la maleta, escondidita, llevaba una caja de Lexatin. Por si acaso.

Supongo que para mis alumnos aquello no fue nada que les cambiase la vida. Pero yo me hice guionista en aquel viaje. Me había pasado días y días preparando aquel curso. Cada tarde libre, cada fin de semana. Noches en vela repasando películas y libros de guión, y tomando notas como un poseso (junto a las cintas y DVD iba un documento de DOSCIENTOS FOLIOS con mis apuntes para el temario). Decidido a no defraudar a mis alumnos, me obligué a contarme a mí mismo todo lo que sabía sobre guión. Con detalle. Con argumentos a favor y en contra. Hice un esfuerzo de autocrítica absolutamente agotador.

Durante una semana, hablé sobre guión cuatro horas al día. En algún punto del viaje de vuelta se quedó toda la inseguridad que había tenido hasta entonces. Volví a Madrid convencido de que yo valía, de que iba a ser guionista. Estaba tan convencido como si acabase de firmar un contrato.

Pocas semanas después de aquel viaje, una productora me llamó para trabajar como guionista en una serie de la televisión autonómica. Desde entonces, no he parado ni un solo día de trabajar como guionista de ficción. He tenido la suerte de ir ligando unos trabajos con otros sin apenas un día de descanso. Ha habido años en los que no he tenido ni vacaciones de verano. Y nunca he tenido la más mínima duda de que la experiencia que viví en Córdoba ha tenido mucho que ver con esa suerte. No de manera directa: de aquel curso no salieron enchufes ni recomendaciones. Pero la confianza que Valentín y Ángel depositaron en mí fue el empujón que necesitaba para yo mismo creerme guionista.

Desde entonces, he vuelto varias veces a participar en Un Verano de Guión, como ponente, como profesor y como asesor. Este año me será imposible, y me resulta especialmente doloroso, porque no sólo es la décima edición… también es muy probable que sea la última. Después de que el Ayuntamiento retirase la subvención con la excusa de esta peculiar crisis que sólo afecta a los que más ayuda necesitan, mientras casualmente aumenta el número de millonarios, Valentín se está planteando tirar la toalla. De hecho, sabe que en esta edición perderá dinero. Incluso llenando el curso por completo. Pero aun así, ha decidido hacerlo. Un Verano de Guión se merece un Décimo Aniversario. Supongo que es una cuestión de fe. Como contratar a jóvenes con poca experiencia, porque su instinto le dice que tienen futuro.

Este año, en Córdoba, se celebra quizá por última vez uno de los eventos más importantes del guión español: Un Verano de Guión 2013. Si tienen oportunidad, no se lo pierdan. Es posible que les cambie la vida.


ENTREVISTA: FERNANDO NAVARRO

16 septiembre, 2011

por Gorka Basaguren.

En Bloguionistas se ha escrito y reescrito en abundancia sobre cuál es la forma de acceder a este oficio. ¿Cómo se llega a ser guionista? Tengo 25 años y apenas he hecho unas prácticas en una serie de televisión así que no seré yo quien dé la clave mágica, pero tampoco creo que exista una respuesta concreta.

Recientemente, en el Verano de Guión de Córdoba, Valentín Fernández-Tubau decía que el oficio del guionista no es un trayecto en el que se asciende constantemente, si no una espiral en la que unas veces vas a estar arriba y otras abajo. Y tiene razón.

En mi caso, después de cursar el máster de guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, a través de una prueba entré como guionista en prácticas (sí, existen los becarios de guión) a Bambú Producciones. Hay que tener en cuenta que esas pruebas eran exclusivas para los alumnos del máster, y no conozco otra forma de entrar a trabajar en una serie de televisión que no sea por prueba o por enchufe contactos.

Pero al terminar el convenio que sostenía esas prácticas, de nuevo me vi en la línea de salida. Volvía a estar abajo en la espiral. Ya han pasado varios meses desde entonces, y como otros tantos aspirantes a guionista, sigo desempleado, vagando entre trabajillos de mierda esporádicos. Aún así, el tiempo que pasé en Bambú cuenta, porque aún recuerdo lo que aprendí y la gente que conocí. Porque de no haber estado ahí, no habría coincidido con profesionales como Fernando Navarro, guionista de series como Pelotas, ¿Qué fue de Jorge Sanz?, Hispania, la leyenda… Y en consecuencia no estaría escribiendo estas líneas.

Como dice Chico Santamano, lo importante es estar ahí, pero sobre todo, estar en movimiento. Porque cuanto más te mueves, más gente te ve. Y puede que algún día alguien se acuerde de ti.

En definitiva, no creo que ningún guionista haya accedido al oficio de la misma forma, y la de Fernando es una de esas trayectorias fuera de lo común que merecen ser destacadas.

Foto: Natxo López

¿Por qué decidiste ser guionista? ¿Buscaste la oportunidad o se te presentó de forma casual?

Medio tocaba la batería e intenté armar un grupo, pero en Granada todos mis amigos tenían uno. Así que me pareció que escribir cine o televisión podría ser igual de lucrativo y algo más relajado. Siempre me han interesado la escritura y el cine, y si juntas las dos cosas: sale un guionista.

Ahora están a la orden del día los cursos de guión, masters, etc. pero tus comienzos fueron muy distintos. ¿Cómo entraste en el gremio? ¿Recomiendas cursar este tipo de estudios?

Escribí mi primer guión de largometraje en Granada, antes de haber hecho otra cosa, en los ratos libres que me dejaban los trabajos mal pagados de camarero o crítico de música para un periódico local. Le pasé ese guión a un actor al que conocí casi de casualidad y él se lo llevó a una productora. Les gustó y me lo compraron. Como suele pasar, la película no se rodó, pero lo cobré íntegramente. Con ese dinero, conseguí tiempo para seguir escribiendo y moviendo cosas.

Respecto a los cursos, a pesar de mi formación, creo que está muy bien escuchar a guionistas con más experiencia, poner en práctica distintas técnicas de escritura, coincidir con más gente que también quiere escribir, aprender el paradigma, los tres actos y todas esas cosas de Aristóteles.

¿Qué hay de los libros? ¿Hay algún manual de guión, o algún libro de cualquier tipo, que te haya servido de guía o de inspiración?

De pequeño medio hojeé uno de Michel Chion cuyo nombre no recuerdo, pero que me parece que estaba bien escrito. Y alguien me dejó el que escribió Jean Claude Carrière, que es uno de los guionistas a los que más admiro. Sobre el proceso creativo a mí me han ayudado cosas muy variadas como el “Mientras escribo” de Stephen King o las “Oblique Strategies” de Brian Eno.

Y para aprender sobre el oficio recomiendo el “Backstory 4” (cuarto volumen de una serie dedicada a entrevistas a guionistas americanos, en este caso a los de los 70), y, sobre todo, “El Vendedor de Naranjas” de Fernando Fernán-Gomez, una novelita sobre un guionista que persigue a un productor para cobrar un guión.

¿Eres el típico guionista con un oficio alternativo? ¿Tienes un Plan-B por si lo de los guiones al final no funciona?

Dios proveerá.

Ahora, desde la distancia, ¿cómo recuerdas tus primeros trabajos de guionista?

No pienso mucho en los trabajos que ya he hecho. Y la realidad es que yo aún estoy empezando, con lo que mis primeros trabajos se remontan a antes de ayer. De todos modos, cuando empecé me sentía torpe en la escritura en sí. Me costaba encontrar las palabras justas, las más exactas o la manera de afrontar cada una de las secuencias. Hoy más o menos es igual.

Dicen las malas lenguas que curraste un tiempo de negro para un guionista famoso (si es que eso existe). No te pido nombres, pero sí anécdotas.

Las malas lenguas se equivocan. No era un guionista famoso. Y no conservo muchas anécdotas. Pero aprendí el oficio a su lado. No hice muchos trabajos para él. Dejó de llamarme pronto. Supongo que pensó que ya estaba preparado para ir por mi cuenta. No sé donde está ahora, pero si está leyendo esto, me gustaría invitarlo a una caña. Pago yo.

Has trabajado tanto en cine como en televisión. ¿Cuál es tu visión de estos dos medios hermanos y tan diferentes a la vez? ¿Dónde te has sentido más cómodo / has encontrado más facilidades para trabajar?

Escribir cine es un trabajo más parecido al literario. Es más personal y, a ratos, mucho más solitario. De la  televisión me gusta su inmediatez, el hecho de poder trabajar mano a mano con otros compañeros, conocer distintos métodos de escritura, ser disciplinado. Se mejora muchísimo como profesional cuando se escribe televisión.

¿Cómo crees que se podría mejorar la situación actual del cine español? ¿Y la calidad de las producciones televisivas?

Quitándolo de la sección “Cine Español” de las tiendas. “Rec” tiene que ir con cine de terror, “Pagafantas” con comedia y, no sé, “La Mujer sin Piano” en cine de autor. Por lo demás, para mí, el cine español no tiene ningún problema. Si que lo hay en la forma que tiene de percibirlo cierto sector del público. Pero no pasa nada, Spain is pain.

Mójate: ¿Cuál es el mejor guión español del año? ¿Y el mejor guión del mundo este año? ¿Y el mejor guión DE TODOS LOS TIEMPOS?

Uff. No sé. De lo que llevo visto este año, me han encantado los guiones de “Dispongo de Barcos” de Juan Cavestany y el de “Cerro Bayo”, una preciosa película argentina. Y estoy impaciente por ver “No Habrá Paz para Los Malvados”, de Enrique Urbizu y “La Piel que Habito”. Respecto a guiones de fuera, ahora mismo recuerdo los de “The Kids Are Allright” de Lisa Cholodenko, “I Saw the Devil” de Jee-woon Kim o “El Padre de mis Hijos” de Mia Hansen Love.

No me atrevo a decir cuál es el mejor guión de todos los tiempos. Puedo empezar a decir guiones que me gustan, no sé… “Río Bravo” de Leigh Bracket y Jules Furthman me parece uno de los mejores, quizá mi favorito por su tono, tan ligero. Están muy bien “La Piel Suave” de Truffaut y Jean Louis Richard, “El Apartamento” de Billy Wilder y I.A.L. Diamond, el guión de “Yi Yi” de Edward Yang, que es como una novela, los guiones de Robert Benton y David Newman (que escribieron casi seguidos) para “Bonnie & Clyde”, “¿Qué me pasa, Doctor” y “El Día de los Tramposos”) y “Superman” o “Two-Lane Blacktop” de Rudolph Wurtlitzer. Si me preguntas mañana, seguramente te diría otros.

¿Cómo llega un joven de Granada a recibir el encargo de desarrollar un guión de largometraje para los hermanos Weinstein?

Llevo tiempo escribiendo con uno de mis mejores amigos, el director Gonzalo López-Gallego. A raíz de la buena acogida de su película, “El Rey de la Montaña”, en el festival de Toronto, se le abrieron las puertas del mercado americano. Un día le encargaron una película de terror y él se atrevió a sugerir mi nombre para escribirlo, aún sabiendo lo difícil que era que aceptaran a un guionista español, desconocido. Les mandamos un tratamiento escrito en inglés, les gustó y encargaron el guión. Todo es mérito de Gonzalo y de nuestros agentes en ICM, que han ayudado mucho con el papeleo.

Hay gente que piensa que “los del cine” os bañáis en champán. ¿Es tu caso? ¿Qué te pilla más cerca: el ranking de Forbes o el comedor de Cáritas?

“Hemos pasado de las más bajas cotas de la pobreza a las más altas cotas de la indigencia”.

¿Cuáles son las claves que te han permitido acceder al mercado internacional? ¿Cómo ha sido el sistema de trabajo con los productores estadounidenses?

La única clave está en la confianza que Gonzalo tiene en mi trabajo. También han ayudado la suerte y un moderado conocimiento del inglés para la escritura del primer tratamiento y la comunicación con ellos. Respecto al sistema, nos han dejado trabajar con bastante libertad. Como en cualquier trabajo, nos mandaban algunas notas desde Red Wagon -la productora- y más tarde, Dimension Films -el estudio- daba el visto bueno a los borradores que íbamos mandando. No ha sido especialmente traumático ni horrible. Son muy educados y muy amables. De todos modos, no me gusta mucho hablar mucho de este guión, porque como todo en Hollywood, no sabemos qué va a pasar con él.

¿Cómo es tu rutina de trabajo? ¿Eres de los que escriben a mano en un café, con jersey de cuello vuelto y fumando sin parar? ¿O tienes una mesa de diseño con un iMac y un sillón ergonómico? ¿Eres de los que no salen sin su libretita en el bolsillo, o trabajas en horas fijas?

¿Alguien escribe con jersey de cuello vuelto? Yo me levanto más o menos temprano, leo la prensa, pongo música y escribo hasta la hora de comer. Después, continúo hasta la caída de la tarde. Trabajo en un despacho sencillo, pequeño, siempre con música, con luz natural y ayudándome muy de vez en cuando de una libreta, que luego casi no miro.

¿Qué les recomendarías a un guionista novel para llegar a vivir de esto?

Que lea. Un guionista es un escritor. Y un escritor tiene que leer. Todo el tiempo y todo lo que caiga en sus manos.


ASESORANDO GUIONES EN CÓRDOBA

26 julio, 2011

por Sergio Barrejón. Fotos de Gorka Basaguren.

Ayer a las 13.42 llegué a Córdoba para incorporarme como asesor de proyectos al equipo de Un Verano de Guión. En la comida con el resto de asistentes pude comprobar la buena respuesta que ha tenido la convocatoria de este año.

El apoyo que varias instituciones públicas venían prestando al evento ha desaparecido, con la consabida excusa de la crisis. Pero Valentín Fernández-Tubau no se ha echado atrás: reduciendo el equipo al mínimo, ajustando el presupuesto drásticamente, y asumiendo una sobrecarga enorme de trabajo, ha conseguido sacar adelante una vez más esta convocatoria anual, que lleva ya siete ediciones consecutivas. Un aplauso para él.

A primera hora de la tarde, en uno de los salones de Bodegas Campos (una de las empresas que siguen patrocinando el evento), tuvo lugar el primer encuentro con los autores a los que voy a asesorar. Hicieron un breve pitching, hablamos de cómo ven su proyecto y qué esperan obtener de esta semana de asesorías, y nos marcamos una serie de objetivos para mejorar sus guiones.

Hay un guión de largo, un guión de corto y tres tratamientos de largo. Predomina la gente que quiere perfeccionar su material para presentarlo a las ayudas al ICAA, pero también hay un autor decidido a poner en marcha una producción en breve, y otro que apuesta por salir de aquí con las claves para una reescritura que le ayude a encontrar un productor.

El curriculum de los autores es totalmente dispar: desde gente que se gana la vida con el audiovisual, hasta gente que ha empezado a escribir hace pocos meses. Por eso era tan importante la primera sesión de grupo: para que las siguientes sesiones, que serán individuales (una hora diaria para cada autor, cara a cara con el asesor) resulten personalizadas, orientadas a la situación particular de cada autor.

Los horarios los hemos diseñado según la conveniencia de cada uno, para que los autores puedan también asistir a los cursos que más les interesen. Todos los días hay aproximadamente ocho horas de conferencias y seminarios. Y para mayor comodidad, hemos decidido mantenerlas en las magníficas instalaciones del Hotel Amistad, otra de las empresas que apoyan la convocatoria, y que está literalmente pegado a las murallas de Córdoba.

He tenido la primera reunión esta mañana a las 9.00, y el resultado ha sido muy satisfactorio para los dos, creo. En breve tendré la siguiente, y otras tres por la tarde. Van a ser días intensos, y de mucha concentración, pero quería encontrar un hueco para contarlo un poco en el blog y animar a todos los lectores a estar atentos a la convocatoria del año que viene. No se asusten por la retórica de su web: puede que no sean unos expertos en marketing. Pero Un Verano de Guión es, probablemente, la oferta formativa de guión con mejor calidad/precio/intensidad que se puede encontrar ahora mismo en España.

Y parece que la organización ya está en conversaciones con las instituciones que retiraron su apoyo el año pasado: imagino que a la vista de la respuesta de público (más de 20 autores en asesorías, docenas de inscritos a las charlas), están empezando a pensar que hicieron mal saltando de un barco que, hoy por hoy, no tiene visos de ir a hundirse.


CÓRDOBA: UN VERANO DE GUIÓN

14 julio, 2011

por Sergio Barrejón.

Éste se supone que debería ser un post de autobombo, para venderles a todos ustedes que la última semana de este mes estaré en Córdoba, haciendo asesorías de guión y dando dos charlas monográficas, una sobre recursos en internet para guionistas y otra sobre vías de financiación de una obra audiovisual.

Charla de recursos en Madrid, 13 Junio 2011. Foto: Gorka Basaguren

Pero para eso no necesito un post entero. Me basta con un párrafo. Bueno, con dos. Así en el segundo les aviso de que pueden conseguir un descuento para todos los eventos de Un Verano de Guión simplemente solicitándolo en bloguionistas@gmail.com.

Hecho. Fin del autobombo. Déjenme ahora que les explique lo que significa para mí Córdoba y Un Verano de Guión.

Valentín Fernández-Tubau, “el jefe de todo esto”, por así decirlo, fue una de las primeras personas que me consideró guionista. Hace ya la tira de años, antes incluso de crearse abcguionistas, cuando mi currículum como guionista aún podía escribirse en un papel de fumar, incluso con letra grande y dejando buenos márgenes, Valentín se reunió conmigo en un bar de la Gran Vía y decidió que yo valía para esto. Con el tiempo, me dio trabajo de analista de guiones en abcguionistas, y me llevó como profesor de guión a la primera edición de Un Verano de Guión.

Valentín Fernández-Tubau

Gracias a Valentín, di mi primer curso sobre guión habiendo hecho apenas unos cortometrajes y un par de capitulillos de una serie que no vio casi nadie. Cierto que este dato podría indicar que Valentín no vale gran cosa como jefe de personal. Lo que yo creo que demuestra es que es una persona capaz de darle un voto de confianza a alguien que apunta maneras, más allá del hecho de que tenga un gran curriculum, que venga con contactos o que se tire mucho el moco. Son tres cosas que yo no tenía cuando empezaba en esto: apenas conocía a nadie en la industria, sólo había hecho unos cortos en vídeo y jamás he sido uno de esos que van a fiestas, estrenos y rodajes a dejarse ver. En fin, no es que yo desde entonces me haya convertido en un guionista súper exitoso ni nada parecido. Sólo he escrito unas pocas de series y mi primer largo como guionista todavía ni se ha rodado. Pero llevo ya siete años ganándome la vida decentemente con esto, lo cual no es poco decir, tal y como está el patio. Y en gran parte, creo que se debe al voto de confianza que me dio Valentín en su día. Y no porque me haya convertido en su protegido, ni su recomendado. No. Simplemente, porque en esta profesión hace falta cierta dosis de autoconfianza para seguir adelante, sin arrugarse ante los retos ni frustrarse ante los reveses.

No es casualidad que uno de los seminarios de guión más populares de España en los últimos años haya sido el de Valentín imparte sobre Mercado Audiovisual. Sus reflexiones sobre el estado de la industria y sobre las maneras de “meter el pie en la puerta” han sido valiosísimas para cualquiera que estuviese empezando. Tampoco es casualidad que Valentín insista en mantener la convocatoria de Un Verano de Guión incluso cuando las ayudas económicas del Ayuntamiento y la Universidad desaparecen o se reducen al mínimo. Valentín es uno de los pocos emprendedores reales que conozco. Con el mérito añadido de no ser un neoliberal desmelenado ni un pedante egocéntrico, que es lo que suelen ser los que se autodenominan emprendedores. Y además, uno de sus mayores empeños es siempre el de ayudar a formarse a futuros guionistas. Año tras año tiene que romperse los cuernos para no perder dinero en el camino. Pero ni se cansa ni abandona.

Tampoco es casualidad que las dos charlas que yo impartiré esa semana en Córdoba estén destinadas fundamentalmente a dar pistas a la gente que empieza. Ni es casualidad que participe en este blog, donde no hay publicidad ni ingresos de ningún tipo, y donde el único interés que nos mueve a sus autores sea compartir lo poco que sabemos de guión.

Podríamos decir que Valentín Fernández-Tubau me contagió las ganas de ayudar. Obviamente, no voy a Córdoba para forrarme dando clases. Lo que cobro por cada charla a duras penas da para comprarse un polo Lacoste de esos que lleva Caco Senante en las ruedas de prensa de SGAE. Pero merece la pena. Y creo que para todo el que esté empezando en esto, para todo el que necesite un empujoncito, merece la pena pasarse por Un Verano de Guión. La relación calidad/precio/buen rollo no creo que la supere ninguna otra oferta formativa en España.

Y ahora permítanme otros dos párrafos de autobombo para terminar. Dentro de mi modesta aportación al programa de Córdoba este año, creo que destaca una charla inédita, que hemos titulado DE CERO A CIEN. La impartiré con Cristóbal Garrido y Álex Montoya, otros dos que empezaron en esto sin un enchufe ni un papaíto que les pagase los masters, y que ahí están ganándose la vida: uno reventando audiencias en prime-time, y otro con ciento y pico premios ganados con sus cortos.

Cristóbal Garrido y Álex Montoya

En esta charla de tres horas intentaremos explicar cómo demonios nos las hemos arreglado para salir adelante, tanto en proyectos de presupuesto cero como en obras subvencionadas. E intentaremos demostrar, desde nuestra humilde experiencia, que la única manera de entender este negocio es no entender este negocio de una única manera. E ilustraremos nuestras múltiples maneras de afrontar cada proyecto. Enseñaremos guiones, memorias, storyboards y presupuestos. Proyectaremos cortos y contaremos anécdotas de todo tipo. Y muy probablemente, será la primera vez en mucho tiempo que, en una charla sobre industria audiovisual, los ponentes no le dicen al público que “la cosa está muy mal”. Será el 28 de julio, en Córdoba. Y quién sabe… Quizá a la vuelta del verano repitamos en Madrid.


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