FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 16

14 julio, 2014

Continuamos con la serie de artículos escritos por los alumnos del Máster de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, donde varios de los autores de este blog colaboramos como profesores.

JÓVENES CREADORES QUE ASOMAN LA CABECILLA

Por Rakesh Bhagwan y Luis Jaraquemada.

Jóvenes creadores, jóvenes realizadores, jóvenes… ¿Jóvenes? Debemos reconocer que los autores de este post no somos ya tan jóvenes, pero sí nos consideramos nuevos creadores, incluso antes de entrar en el Máster de Guión de la UPSA, por un simple hecho, objetivo y demostrable: habíamos desarrollado proyectos que se habían llevado a cabo. En el caso de Luis, en el ámbito de la dramaturgia y por parte de Rakesh dentro de la realización audiovisual.

Esta experiencia a.M. (antes del Máster) , siendo de ayuda, se convertía también en una desventaja. El aferrarse a formas de trabajo propias, el no escuchar, el no dejarse aconsejar pueden ser un serio handicap. Pronto nos dimos cuenta de todo lo que teníamos que aprender, y de la necesidad de reciclarse y dejarse llevar. Cura de humildad necesaria, porque uno puede haber escrito y realizado cosas con mayor o menor éxito. Pero durante las clases uno llega a ser consciente de algo que no siempre se encuentra de manera innata en un aspirante a guionista, y que es necesario ejercitar: el sentido común narrativo, como nos cuenta una de las profesionales que nos han visitado, Ana Sanz, en su libro Cuéntalo bien.

Descubrimos, especialmente gracias a los talleres, la necesidad de equilibrio entre amor y distancia con lo que se escribe. Antes de estos talleres, nuestra relación con lo escrito era mucho más afectiva. El guión pre-máster es más intuitivo y basado en ideas recurrentes, mientras que los trabajos post-máster, sin perder su naturaleza fabuladora, sumergen sus raíces en la estructura y en la re-escritura.

En este proceso de cambio de nuestro “yo escritor” hemos ido de la mano de los talleristas antes nombrados. De sus clases se pueden extraer muchas enseñanzas pero sobre todo hay tres conceptos básicos conectados con las tres partes de toda historia: David Muñoz nos ha enseñado a diseñar la estructura de una película desde el sentido común y la verosimilitud (planteamiento); las palabras de Pablo Remón “el guión no se escribe, se forja” (desarrollo) vienen a nuestras cabecitas de guionistas cada vez que nos involucramos en el proceso de re-escritura. Y nunca olvidaremos la pregunta retórica de Sergio Barrejón el último día de su taller de cortometraje, pregunta que debe hacerse todo guionista al acabar un texto: “¿Es esto lo mejor que puedo dar de mí?” (¿desenlace?).

Pero no sólo de talleristas vive el máster, y hay otros grandes momentos para el recuerdo. El director y guionista Luis María Ferrández nos contó en la clase inaugural que lo que le motivaba a ser guionista es que su trabajo perdura en el tiempo. Y eso nos hace preguntarnos: ¿qué perdura en el público de los guiones de las películas? Pues posiblemente sean algunas diálogos tipo “Siempre nos quedará París” o “Afortunadamente estoy siguiendo un régimen de drogas bastante estricto para mantener la mente…, ya sabes… ágil.” En otras ocasiones el público puede recordar algunas imágenes: la pisada de un Tyrannosaurus Rex junto a la vibración de un vaso de agua, un chico con manos de tijera que moldea un arbusto con la forma de un alce, un patinete volador rosa que se mantiene a flote en un futuro lejano… Al igual que estas imágenes ya imborrables en la memoria de los espectadores, hay algunas perlas a modo de frases que se nos han quedado ya impresas y que precisamente se escucharon en los “días especiales”, en las clases magistrales de diferentes personalidades del cine español, y que estarán presente en nuestros procesos de escritura futuros:

“Yo busco en montaje la mejor película que tiene el director y el productor en su cabeza” – Fernando Franco

“El montaje es la culminación del guión” – Jorge Guerricaechevarría.

“Reescribir, reescribir y reescribir” – tres palabras con las que se despidió Enrique Urbizu.

Reescribir. Porque el Máster lo que te enseña es a no conformarte con el trabajo hecho, hay que ponerlo a prueba, desnudarlo… Ya que, aparte de apasionarnos, esto es un oficio. Escribir guiones es una profesión maravillosa, es una aventura intelectual e imaginativa, que requiere mucho del que lo realiza, pero es exactamente eso: una profesión.

Cada año aparecen estudiantes de cine, y también de otras disciplinas, que anhelan acceder al mundo profesional, desean hacer de su pasión una profesión, tal y como queremos hacer nosotros. Este mundo, el audiovisual, se presenta de difícil acceso a priori. Aunque una cosa es segura: todo el que trabaja en este mundillo está motorizado por su pasión al cine. Esta pasión es el Leit-motiv que una y otra vez descubrimos en cada uno de los encuentros con profesionales que tenemos en el Máster. Fernando Trueba decía que los que queremos formar parte de este mundillo tenemos un contrato con el cine y con nadie más.

Estamos de acuerdo. ¿Dónde hay que firmar?

“¿Cómo acceder al mundillo?” es la eterna pregunta. Parece que realizar un corto y que éste empiece a ganar premios en festivales sigue siendo la manera de “asomar la cabecilla”. Así lo hizo Roberto Pérez Toledo con “Los Gritones”, Álex Pastor con “La Ruta Natural”, Nacho Vigalondo con “7:35 de la mañana” o Rodrigo Cortés con “15 días”. Pero, ¿cuántos consiguen destacar de esta manera? Una o dos personas al año… Ni idea, pero pocos. La ventaja del máster es que hemos tenido la oportunidad de conocer a varios realizadores y guionistas que ya están en este mundillo, que forman parte de él y que, si nos llega el momento y asomamos la cabeza al menos al otro lado habrá alguien conocido.

Otra de las preguntas que se nos viene a la cabeza es: ¿Quién se considera profesional del mundo del guión? ¿El que trabaja de ello aunque sea de becario? ¿El que cobra por ello? ¿El que escribe un guión y consigue que una productora se lo compre?

Después de varios encuentros con los profesionales del entorno audiovisual español nos hemos dado cuenta de que lo que determina si uno es profesional o no, es una cuestión de números pero no precisamente económicos. Muchos de estos profesionales nos han transmitido que tienen varios proyectos en marcha, si no sale uno hay otro que ofrecer. Sería triste que en un pitch rápido con un productor en la barra de un bar te preguntara en qué andas metido y solo tuvieras una idea que contarle. David Muñoz nos decía algo que parece una perogrullada que a veces se nos olvida: “un guionista no es el que tiene un título, o un grado, un guionista es el que escribe guiones”.

¿Cómo se traduce este concepto de profesionalidad al alumno de Máster de Guión? Si te piden una escena, haz cuatro y elige la mejor.

Llegamos al final de este post y nos viene a la cabeza otra gran frase, esta vez de Robert Mckee; una frase que dice en la película “Adaptation, el ladrón de orquídeas”: “El final hace la película”.

Dudamos por no decir que estamos sudando abrumados por la importancia de los finales. Estamos punto de darle al botón de publicar. Quizás podríamos darle una vuelta a la estructura, conectar mejor los párrafos o volver a escribir otros post y elegir el mejor de los dos. ¿Serán eso algunos síntomas de que estamos asomando la cabecilla? No lo sabemos, pero por si acaso vamos a volver a reescribirlo.


LA OTRA POMADA

1 julio, 2014

por Alberto Pérez Castaños.

Dos de mis post favoritos de Bloguionistas, como guionista joven y novato que soy, son estos: LA POMADA, de Chico Santamano, y CÓMO ENTRAR EN LA POMADA, de Sergio Barrejón. Las razones por las que me gustan son diversas: por una parte, “POMADA” me resulta una palabra graciosísima que no decimos lo suficiente. Y por otra, porque creo que contienen los mejores consejos que se le pueden dar a un guionista que está empezando.

Hace ya más de un año que tomé una de las decisiones más acertadas de mi vida: decidí ir a Salamanca a estudiar guión al Máster de la UPSA. Ya se ha dicho muchas veces por aquí que es el mejor lugar para estudiar la materia en España. Y no lo digo sólo yo, los Bloguionistas que dan clase allí y los alumnos que están publicando recientemente sus experiencias, también lo dice el periódico El Mundo. Parece que me paguen por decir esto, ¿eh? Pero no. De hecho, Pedro, Michi, si estáis leyendo esto: tenéis mi número de cuenta.

Sin embargo, creo que lo mejor del Máster de Salamanca es que es lo más parecido a la antes nombrada POMADA (nótese que hay que escribirla siempre en mayúsculas para lograr el efecto adecuado) que te vas a encontrar mientras te formas como guionista. Gracias a mi año allí conocí a la POMADA de la que habla Barrejón en su post y también a mi POMADA, la de creación propia de la que habla Chico en el suyo.

Porque, ¿para qué sirve un guionista joven?, ¿dónde se esconden?, ¿a qué huelen? Todas estas preguntas tienen la misma respuesta: ¿a quién le importa? Sí, querido amigo guionista novato, como principiante que eres no le importas absolutamente a nadie. Ser guionista joven es duro: cuando te quejas, no hay nadie para escucharte. Por eso creo que lo mejor que puede hacer alguien que está empezando es montar su propia POMADA. Voy a hablaros de la mía:

Somos cuatro (como los Beatles); somos dos alicantinos, un valenciano y un ovetense (también como los Beatles); y tenemos en común el amor por la guasa y el uso constante de referencias aleatorias a los Beatles. También escribimos cosas juntos y vivimos en Madrid. Nuestros nombres: Sergio Granda, Héctor Beltrán, Vicente Bendicho y quien esto escribe. Algunos ya nos conocen como “Ya vienen esos cuatro pesados otra vez, corre, vámonos de aquí antes de que nos vean”.

Teniendo una POMADA, las preguntas que he formulado antes cambian de respuesta: ¿Para qué sirve un guionista joven? Para hacer COSAS. Muchas y variadas. ¿Dónde se esconden? En los rincones peor iluminados de Madrid. ¿A qué huelen? A pechuga de pollo y a Ron Almirante.

be

Los Beatles bebiendo Ron Almirante

Personalmente, creo que la mejor manera de no venirte abajo mientras empiezas en el mundo del guión es creando tu propia POMADA. De hecho, si yo no tuviese una POMADA probablemente seguiría viviendo en Madrid, pero ahora sería el tercer heavy de la Gran Vía. Porque, con una POMADA puedes levantar proyectos que de otra manera no podrías. Y gracias a estos proyectos que, a lo mejor no llegan a ningún sitio, habrás conseguido lo que realmente importa: sentirte guionista y aprender a trabajar.

Con una POMADA puedes hacer locuras. Nosotros, por ejemplo, aprovechando que Vicent y Héctor hicieron unas prácticas en la productora La Competencia el año pasado gracias al Máster, escribimos un programa de sketches, nos colamos en el despacho del jefe y lo presentamos. ¿Nos lo compraron? Por supuesto que no. Recuerda que no le importamos a nadie. Pero al menos nos juntamos en agosto durante una semana en un piso en San Sebastián de los Reyes a escribir semidesnudos (insisto: agosto), nos reímos mucho y, de paso hicimos nuestro primer pitch ante un productor. Sin una POMADA no lo hubiésemos hecho. Es más, le cogimos el gustillo y volvimos a hacer otro hace unas semanas: fue ante los productores que formaban el jurado del premio Zona Pitching del Notodofilmfest. Nuestro pitch no ganó, pero quedamos muy satisfechos porque al llegar a casa seguíamos teniendo los calzoncillos limpios. Y porque seguimos aprendiendo. Ojo, que, afortunadamente, de vez en cuando algunos proyectos sí llegan a buen puerto y gracias a ellos podemos seguir permitiéndonos comprar pechugas de pollo y Ron Almirante en Madrid, donde, según Chico Santamano, hay que estar. Nosotros estamos de acuerdo.

Además de escribir cosas en calzoncillos también nos gusta conocer gente que, como nosotros, está empezando. Así que, si os apetece, podéis pasaros a tomaros una cerveza con nosotros los martes de este mes por el Microteatro de Madrid, en el que se estarán representando unas obras nuestras gracias al proyecto Microfusión en el que ha participado el Sindicato ALMA. Id con tiempo porque, ya sabéis, los martes de julio aquello está a rebosar. Nos reconoceréis porque al vernos dan ganas de abrazarnos con ternura.

En resumen, con todo esto lo que quiero decir es que sí, que la cosa está fatal, que vender un guión es prácticamente imposible, que en tele no hay trabajo y que es muy, pero que muy fácil desanimarse para un recién llegado al mundillo. Sin embargo, todas estas adversidades pueden serlo menos si trabajas en grupo y encuentras tus propias oportunidades; hay vida después de los másters de guión, pero hay que buscarla por cuenta propia. Y la mejor manera de empezar es siguiendo los consejos que Chico Santamano y Sergio Barrejón dan en esos dos textos. Ellos saben de qué hablan porque son de la POMADA. Nosotros los hemos seguido, de momento seguimos vivos y, lo más importante, con más ganas que nunca. Como los Beatles.


FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 10

7 julio, 2013

Última entrega de la serie de artículos escritos por los alumnos del Máster de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, VIII Edición. Reconocido como el mejor máster audiovisual de España, tiene abierto el proceso de selección de alumnos para la edición 2013/2014. Varios de los autores habituales de este blog, como David Muñoz, Natxo López o Sergio Barrejón, se cuentan entre sus profesores.

Y AHORA, ¿QUÉ?

Por Pablo Bartolomé Jiménez.

Cuando este post se haya publicado, mis compañeros y yo habremos terminado de cursar el Máster de Guión de la UPSA. Para entonces, ya habremos ahogado nuestras lágrimas de despedida en alcohol y los que eran compañeros hoy serán amigos.

Es probable, también, que para cuando este post vea la luz, los 24 alumnos del Máster estemos regresando a nuestras ciudades de origen, a nuestras vidas “pre-Máster”, haciéndonos pasar por aquellos que fuimos, como si pudiéramos engañar a alguien.

Pero todo eso es una cuestión temporal. La ilusión que llevamos con nosotros, el ímpetu que arrastramos después de un año escribiendo y tramando se acabará, se agotará como la batería del móvil -espero que dure más que la de mi smartphone-. Ese día llegará, seguramente, más pronto de lo que esperamos, y se nos presentará en forma de pregunta: ¿Y ahora, qué?

Lo normal es que cuando eso ocurra, nos metamos corriendo en la cama, nos tapemos hasta la cabeza con la manta, y nos quedemos quietos, aterrados, sin atrever a asomarnos. Porque la realidad se nos puede aparecer en cualquier momento. Así, de golpe. Sin avisar.

Y esa realidad, cruda, hiriente, despiadada, es que… ¡CUIDADO!… somos guionistas… (no es broma, no quiero arrancar una sonrisa, es una advertencia real).

Porque ese “título” que recae sobre nosotros ahora es una responsabilidad, quiero decir: ahora nuestro futuro depende de nosotros. Ya no hay que escribir para terminar la tarea, ahora tenemos que escribir porque nos gusta, porque nos proporciona placer… Y eso es tremendamente difícil, tediosamente duro.

Durante un año nos han estado guiando, llevando de una trama a otra, indicándonos cuáles eran los atajos para llegar antes a la cima. Pero ese camino ya se ha acabado y el final no era como creíamos. De repente, nos encontramos solos al borde de un precipicio, un precipicio abismal. Y es entonces cuando tenemos que arriesgarnos, tenemos que saber si queremos ser guionistas… y lanzarnos al vacío, dispuestos a estamparnos contra el suelo.

Lo normal es que ante este paso una persona racional dude. Es fácil mirar hacia atrás, darte cuenta de que puedes huir fácilmente, buscarte otros objetivos, otros curros y sobre todo otro hobby, porque “al fin de cuentas esto no es más que un hobby”.

Todo esto que estoy intentando explicar de manera patética, en realidad responde al miedo que tengo sobre mi futuro -y que hago extensible al resto de mis compañeros-. Esta situación es dura para los que hemos tenido la genial idea de querer pasar nuestra vida golpeando de manera mecánica un teclado de ordenador. Cuando se acabe el verano y no recibas en el mail ninguna prueba de guión o el corto que tenías entre manos se haya caído, ¿cómo puedes justificar que eres guionista?…, ¿cómo justificas a tu familia que eres guionista? o ¿cómo convences a tu ego -o lo poco que quede ya de él- de que en realidad tampoco eres tan malo, que todavía te mereces esa oportunidad?

Yo creo que la única manera de justificarte es escribir, no por gusto, sino por obligación, por pura y estricta obligación. Esa es tu arma, tu escudo y tu caballo… para vencer al miedo. Es tu salvavidas, tu comida y tu antorcha… para salvarte del naufragio.

Y sé que este miedo es un miedo general. Cuando leo -como he leído aquí-, a grandes guionistas como Carlos López, “aterrado” ante la falta de expectativas, ante lo amargo de esperar esa llamada de curro que no llega, me echo a temblar… “Si no sirve de aval firmar el guión de La niña de tus ojos, igual no debería seguir moviendo yo mi corto sobre un robot homosexual que viaja en el tiempo hasta el Londres victoriano -yo lo veo-“.

Por eso creo que es mucho más difícil para nosotros, los que empezamos, mis 24 compañeros del Máster. Porque no tenemos nada a lo que agarrarnos. Porque estamos solos en medio de la nada.

Porque no es verdad que tengamos el futuro en nuestra mano.

Aunque en realidad, tenemos otra cosa.

Cuando hayamos terminado de leer esta entrada en Bloguionistas y nuestro camino como estudiantes haya llegado a su fin y, habiéndonos acercado hasta el borde del precipicio, al mirar hacia abajo solo veamos un futuro negro, entonces, nosotros, no dudaremos en saltar. Sin miedo a darnos contra el suelo, sin miedo a que nos duela al caer -porque nos va a doler-. Pese a que en nuestras cabezas se repita todo el rato la misma pregunta:

¿Y ahora qué?


FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 9

6 julio, 2013

Varios de los autores habituales de este blog somos profesores del Máster de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca. Hace unas semanas comenzamos, y hoy continuamos, una serie de firmas invitadas muy especiales: los alumnos del Máster, “los guionistas del futuro”.

PREOCÚPATE POR DESPREOCUPARTE

Por Juan Andrade Eraso.

Para escribir guiones es necesario hablar de lo que nos preocupa. Esta frase, que se grabó en mi mente durante una de las invaluables sesiones del Máster de Guion de la UPSA, me lleva a pensar que, quizá, para escribir sobre escribir guiones probablemente es necesario hablar de preocuparse por despreocuparse. Soy consciente de que no he descubierto el agua tibia por lo que acabo de escribir; pero, por un lado, me permite contextualizar las ideas que pretendo compartir desde mi experiencia como único alumno extranjero de la VIII edición, y por el otro, es una excusa de “guionista” que me ha permitido comenzar a escribir esta entrada. Así, que como estamos entre guionistas, ¡se vale!, ¿no?

Hoy estoy en un piso en Salamanca y recuerdo que hace un año estaba exactamente igual de preocupado en un apartamento en Pasto, Colombia. Sí, el lugar ese entre Estados Unidos y Argentina que quizá se recuerde más por los alucinógenos que exporta y por la parada del escorpión de Higuita, que por ser el verdadero escenario del realismo mágico.

Para comprender mi preocupación es necesario hacer una explicación. Gracias a mi contacto con esos alucinógenos, obviamente consumidos en poca cantidad, además de mis emotivos encuentros con médiums, brujos y chamanes, decidí creer en la existencia del espíritu. Y debido a esa creencia, se me ocurrió la maravillosa idea de, solo por hacerme el interesante, vivir con espíritu aventurero.

Mi preocupación: no saber dónde voy a vivir el próximo año.

Así que, para sanar mi espíritu y alejar la incertidumbre, quizá, buscando soluciones inconscientemente, un día entré en la página Web de Bloguionistas. Terminé navegando en la del Máster de Guion. Yo había leído y escuchado algunos comentarios que me habían hecho soñar con cursarlo, pero para mi sorpresa, en ese momento las inscripciones estaban abiertas y yo cumplía con los requisitos necesarios para hacerlo. Pensé: ese es seguramente el mejor máster de escritura para cine y televisión en mi lengua y yo quiero estar allá. Planeé enviar mi solicitud de plaza sin comentarle a nadie, porque eso significaba dejar a mi pareja y arriesgarme a que mis padres no estuviesen de acuerdo con mi nueva partida, pero expulsé mis miedos y con toda la energía positiva, la envié.

Mi pareja me dejó. En ese momento pensé: chao energía positiva, es imposible, España es donde se hace el mejor uso del castellano en el mundo. Y ahora que lo sé, pienso que es donde se hace la mejor tortilla, la mejor paella, el mejor jamón, el mejor queso —el manchego—, la mejor morcilla, la mejor chistorra, el mejor chorizo, las mejores empanadas, las mejores tostadas de tomate, el mejor cocido, el mejor gazpacho, el mejor pulpo, ¿Ya mencioné el queso? Bueno, en fin, retomando, España es donde se hace el mejor uso del castellano en el mundo. El máster es el mejor en escritura de guion en el país. Yo soy el mejor en… nunca me van a escoger.

Pero, contra todos mis pronósticos me aceptaron y mis padres me apoyaron como siempre. Entonces, después de todo el papeleo para obtener la visa y demostrar que no soy narcotraficante, allí estaba yo, luego de un viaje de 8.393,532 kilómetros (recorridos en coche, bus, avión con atravesada de charco incluida, tren y taxi). Así es, en la mística aula por donde este año se paseó el “queso manchego” de la televisión y el cine español, estaba yo presentándome con un: “no, tranquilos… no tengo ningún tío narcotraficante”

Mi preocupación había desaparecido. Mi historia no había terminado.

Llegar a vivir a España significaba cambiar el chip por completo. Empezar a descubrir las costumbres fue excitante. El ambiente en Salamanca era increíble. El máster cumplía muchas de mis expectativas y me planteaba nuevos deseos. Solo bastó una semana para darme cuenta de lo exigente que iba a ser. Un comienzo muy bonito hasta ese momento, pero sabía que no podía relajarme.

De repente y casi sin avisar, como suele ser esto de los agobios y los miedos ante los cambios, una nueva preocupación llegó a mi mente: ¿Y si lo poco que he escrito es una mierda absoluta —en realidad lo era— y todos estos escritores españoles que me van a rodear durante el próximo año tienen muchísimo más talento que yo?

Esta vez no me iba a dejar vencer por ninguna preocupación.

Estaba acostumbrado a ser el mejor pero aquí no iba a serlo. Lo único que debía hacer era disfrutar y compartir conocimientos. Preocuparme por despreocuparme. Y así fue. Pedro Sangro, Miguel Ángel Huerta, David Muñoz, Pablo Remón, Sergio Barrejón, Carlos Molinero, David Bermejo, Natxo López, Diego San José, David Cotarelo, Fran Carballal, todos los ponentes y, los otros 23 parceritos, me enseñaron que siempre va a existir gente mejor y eso no debe generarme temor.

Los miedos son sensaciones que nosotros mismos albergamos y alimentamos con nuestra propia ignorancia. Hay muchas maneras de expulsarlos de nuestro interior, la mejor es el amor. Pero para liberar mi miedo a que lo que escribía no era tan bueno como lo de los demás, era necesario escribir. Si eres escritor y no escribes, alimentas tu ignorancia. Si eres jugador de fútbol y no juegas al fútbol…

Yo me decidí a escribir para redimir mi espíritu tecleando. Las historias se cuentan solas, están en el aire. Nosotros solo somos un medio. Nadie nos va a enseñar cómo contarlas. Podría describir con frases separadas por puntos y comas los recuerdos, emociones y sensaciones que me deja el curso en España. Contar una historia. Pero todo se resume en que el Máster de Guion me ayudó a vencer mi miedo a escribir; y ahora, tengo toda la vida para poner esas frases entre signos de puntuación que en esta entrada no alcanzarían.


FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 6

16 mayo, 2013

Nueva entrega de la serie de artículos escritos por los alumnos del Máster de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca. Reconocido como el mejor máster audiovisual de España, abrió hace poco el proceso de selección de alumnos para la edición 2013/2014. Varios de los autores habituales de este blog, como David Muñoz, Natxo López o Sergio Barrejón, se cuentan entre sus profesores.

COSITAS QUE DECIRLE A UN GUIONISTA NOVEL PARA NO HERIR SU ENORME E INJUSTIFICADO EGO

por Sergio Granda y Sandra López.

Parte I: Las amistades peligrosas.

Una de las cosas que más se agradecen en el Máster de Guión de la UPSA es la verdad. Cierto es que cada ponente y profesor tiene su verdad. Sin embargo, siempre se trata de una verdad argumentada. Si lo escrito es una mierda, mejor saberlo cuanto antes. Sin medias tintas.

Pero más allá de las aulas nos encontramos con un fenómeno que sólo persigue controlar la estabilidad emocional del guionista novel. Y eso ocurre en el mismo instante en el que a uno se le ocurre enseñarle su trabajo a ese conjunto de personas cercanas que por extrañas circunstancias de la vida te tienen ligero aprecio.

He aquí una caprichosa, subjetiva y muy criticable colección de mentirijillas que, en el fondo, ocultan una opinión devastadora.

*Nota: El nivel de peligrosidad DEFCON va a la inversa, es decir, DEFCON 1 es el máximo y DEFCON 5, el mínimo.

***Nota2: Hemos añadido unos cuantos DEFCON más.

DEFCON 10. “Está… simpático”

Conserva esa amistad. En el fondo te quiere. Es posible que sea tu pareja y seguramente esté renunciando a muchas cosas por eso que tú llamas “tu vocación” y el resto de tu familia concibe como un “ya se le pasará, acabará trabajando en la frutería”.

DEFCON 9. “Está gracioso…”

–       Pero si no es comedia.

–       (Silencio incómodo)

DEFCON 8. “… me recuerda a aquella peli de Kevin Costner”.

Has plagiado. Eso es así. Y no tiene por qué ser de forma voluntaria. De hecho, es bastante probable que no te gusten las pelis protagonizadas por Kevin Costner, pero el plagio involuntario funciona así.  Un día te levantas y se te ocurre la maravillosa y, en realidad, desafortunada idea de hacer una peli de acción post-apocalíptica donde los océanos han cubierto la Tierra. “¡A nadie se le ha ocurrido antes!”.

DEFCON 7. “Mola”

La cosa se complica. Estamos ante una de las expresiones más abstractas que el humano haya creado desde el origen de los tiempos. La clave está en la impersonalidad con que se manifiesta. El término “mola” no habla en primera persona. El sujeto no dice “me mola”. Simplemente dice “mola”. Y la supresión del “me” es una forma bastante elegante de echarle la culpa al resto de la humanidad.

DEFCON 6. “Dale un par de vueltas”/ “dale una vuelta”

Aquí conviene detenerse y analizar más en profundidad. Mucho cuidado. Esta frase en boca de alguien que no esté vinculado al mundo, sólo esconde una cosa: investigación previa. Y cuando alguien investiga para no admitir que tu guión da asco, malo. Muy malo. Porque es bastante posible que el nivel de asco sea de DEFCON 1.

DEFCON 5. “Promete…”

Pero detrás de esta inofensiva palabra… ¿Qué se oculta? Os lo diremos: UNA CONSPIRACIÓN. Meticulosamente articulada, seguramente tu madre haya tejido una intrincada tela de araña, una red de contactos familiares y amistosos, donde el único que no se entera de nada eres tú. Todo para que no te dé uno de esos estúpidos ataques adolescentes de tristeza. Todo para que… acabes trabajando en la frutería.

DEFCON 4. “Es un guión muy válido…”

Acompañado de temblores, sudores fríos, sensación de mareo y pronunciadas arcadas.

No añadiremos más.

DEFCON 3. “Tío, yo es que no sé leer guiones”

¿Sueles ponerte agresivo cuando te dicen cositas que no te gustan? ¿Agredes físicamente a tus amigos? ¿Tus conocidos temen tu reacción? Reflexiona.

DEFCON  2. “Sabes que te quiero ¿verdad?”

No sigas con esa conversación. Sonríe. Disimula. Finge que no ha leído el guión.  Finge que ese guión no existe. La otra persona también lo hará. Será vuestro secreto.

DEFCON 1.

– Mamá ¿Qué te ha parecido mi guión?

-¿Puedes sustituir a tu padre en la frutería este viernes?

Salvo que realmente sea necesario, la respuesta es NO. No cedas. Estamos contigo. El resto de guionistas noveles te queremos. Y te apoyamos. Pero por lo que más quieras no sustituyas a tu padre en la frutería este viernes. Se trata de una trampa. Se trata del único contrato indefinido que verás en mucho tiempo. Y cuando una madre dice las palabras “sustitución” y “temporal” en la misma frase, en realidad quiere decir “remplazar” y “siempre”.


FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 1

11 abril, 2013

Varios de los autores habituales de este blog somos profesores del Master de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca. Con este post, comenzamos una serie de “firmas invitadas” muy especiales: los alumnos del Master.

Con ustedes, los guionistas del futuro.

——————————————–

FRASES TATUADAS EN EL ALMA DE UN ASPIRANTE A GUIONISTA

por Luis Jara y Alejandro Campos.

 

Atrás quedan ya cuatro duros meses de trabajo intenso en el Master de guión de ficción de la Universidad Pontificia de Salamanca. En las teclas de nuestros portátiles han caído gotas de café, ceniza de cigarrillo y alguna que otra lágrima. Queremos compartir con vosotros algunas sentencias recogidas en el master que nos han marcado y que tenemos muy presentes a la hora de sentarnos a escribir…

“ No, no, eso no lo escribas…”

“Ale, llevamos una hora para escribir este párrafo.”

“Lo de la ceniza y las lágrimas, no. No seas melodramático”

“…”

“¿Qué te pasa, Luis?”

“Mira, Ale, lo mejor es que cada uno escriba sus frases, porque es que no hay manera de ponernos de acuerdo”

“Vale, bien, empiezo yo y no me interrumpas…”

“¿Y si te presento yo, y tú me presentas a mí luego?”

“Cuidadito con lo que escribes”.

FRASES DE ALEJANDRO CAMPOS ESPAÑA:

Sevillano y trianero, amante del flamenco y de Almodóvar. El género en el que más a gusto se siente como guionista es en la comedia costumbrista, disparatada y con toques  de humor negro; y sobre todo, eso sí, en el melodrama. Esta ha sido su elección.


1. Alberto Marini: “Bayona emplea unas premisas muy potentes en sus películas: madre busca a su hijo en El orfanato; y madre/padre busca a sus hijos en Lo imposible”.

Sin premisa no hay película y mucho menos si esta no es lo suficientemente potente como para arrastrar a los personajes a la aventura de solucionar los conflictos que se le presentan.

¿Hay acaso un conflicto más potente que el hecho de que una madre busque a su hijo desaparecido, o viceversa? Las historias con esta premisa se repetirán una y otra vez, lo importante es el cómo se cuenta más que lo que se cuenta. Este supuesto, que trata la unidad de la familia, funciona porque debajo de la premisa se esconden muchos sentimientos con los que cualquier espectador se sentirá identificado, pues todos tenemos o hemos tenido una madre o un padre, o hijos a los que queremos con locura.

2. Natxo López: “El vestuario da comedia”.

El vestuario resulta fundamental en la comedia. Es un elemento visual que no sólo sirve para caracterizar al personaje, sino que además da mucha fuerza dramática a la historia que se quiera contar, y más aun si se trata de hacernos reír.

Ejemplos de ello hay muchos: quizás los más conocidos son Tony Curtis y Jack Lemmon vestidos de mujeres durante todo el metraje de Con faldas a y lo loco; Dustin Hoffman en Tootsie; Robin William en la Señora Doubfire; los enormes pendientes de cafetera que llevaba María Barranco en Mujeres al borde de un ataque de nervios; el inamovible e inalterable peinado de Marcia Cross en la serie Mujeres desesperadas; o el disfraz de tigre que llevaba Roberto Álamo en La piel que habito.

¿Es tarea del guionista o del director decidir la ropa o complementos que deben llevar los personajes en las historias? Tratándose de comedia estoy convencido que deben ser los guionistas los que deben dejar marcado esta decisión, siempre y cuando aporten una mayor caracterización a los personajes, esté al servicio de la historia, y den una mayor fuerza visual. Recordemos que la comedia suele prestarse a la inclusión de una paleta de colores mucho más estridente que a primera vista puede impresionar y marcar un ritmo dentro de este género.

3. Pablo Remón: “En la comedia los personajes se toman su papel muy en serio. Nos resulta ridículo eso que a los personajes les parece vital”.

Natxo López, coordinador del taller de escenas, dijo también algo muy parecido: Los monólogos funcionan muy bien en la comedia cuando lo que cuenta el personaje le importa mucho”.

Esto que el personaje puede contar o no, a modo de monólogo, visto con una cierta distancia por parte del espectador es lo que nos hace reír. Pues vemos lo patético que resulta aquello en lo que el personaje cree con total convicción.

Generalmente, estos monólogos vienen acompañados de sinceridad y desnudez psicológica por parte del personaje. Es aquí donde los conocemos mejor, pues descubrimos sus errores, sus torpezas, su ignorancia o sus debilidades. Y es esto justamente -lo que los hace vulnerables- lo que los hace tronchantes, a la vez que nos permite identificarnos con ellos.

En ocasiones esa vulnerabilidad puede ser reconocida por el personaje, y en otras no, pero en ambos casos, colabora a que nos riamos y sintamos empatía hacia ellos.

Llegados a este punto, me pregunto: ¿cuáles son los límites entre el humor blanco y el humor negro?

El humor negro quizá se fundamente en la mayor distancia que adopta el espectador frente al personaje y aquello que le ocurre.

Bajo mi punto de vita, puede coincidir también con que el personaje adopte por sí mismo una mayor distancia frente a los conflictos que se le presentan.

Estos personajes me parecen más inteligentes, pues son capaces de identificar y reconocer con madurez y crudeza aquello que les ocurre y reírse de sí mismos.

Esto no quiere decir que el espectador no se sienta identificado en alguno de los defectos o debilidades por parte del personaje.

Ejemplo de ello podría ser la película Carmina o revienta, donde el personaje de Carmina es capaz de distanciarse de lo todo lo que le sucede, se ríe de sí misma, y busca soluciones poco ortodoxas que nos hacen reír y que nos colocan en una posición como espectador mucho más distante. Quizás aquí nos sintamos unidos al personaje de ella, a pesar de todos sus defectos, por el mero hecho de ser una luchadora.

(Continuará)



LÉELO EN VOZ ALTA

24 enero, 2013

por Sergio Barrejón

El año pasado por estas fechas impartí una masterclass sobre cortometraje en el Master de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, acompañado por el cineasta uruguayo Carlos Morelli (conté la experiencia en un post titulado Retrato del guionista adolescente).

Este año me ha tocado impartir un taller de escritura de cortometrajes en tres intensas sesiones de ocho horas cada una. Mañana es la última. A la primera clase, los alumnos tenían que acudir con una sinopsis ya escrita. A la segunda tenían que traer un outline. Para esta tercera, ya tenían que venir con el guión debajo del brazo.

El pasado día 17 recibí sus guiones. Teniendo en cuenta que tienen varias horas de clase diarias, y que participan en otros talleres, como el de escenas con Pablo Remón o el de largometraje con David Muñoz, y considerando además que han tenido por medio las navidades, en las que lógicamente tienen más difícil reunirse para trabajar, hay que reconocer que se lo han currado. Hoy les he enviado este mensaje:

“Hola a todos,

En primer lugar, enhorabuena por haber completado vuestros guiones a pesar del parón navideño y de todas las otras tareas que tenéis. Habéis hecho un gran esfuerzo y el resultado es muy satisfactorio.

Pero aún quiero haceros sufrir un poco más: el viernes leeremos vuestros guiones en el aula. Enteros. En voz alta. Y cuando digo “leeremos”, obviamente quiero decir “leeréis”.

Es el momento de ir simulando estornudos, o de dejar caer como quien no quiere la cosa que vuestro compañero de piso anda con gripe y que ojalá no os contagie. Más os vale tener una buena excusa para no aparecer el viernes, porque cualquier ausencia va a ser muy sospechosa.

Bromas aparte, el ejercicio seguirá estas simples directrices:

1. QUÉ: Cada guión se lee de una sentada. Acotaciones y diálogos. Todo. Sin interrupciones ni comentarios.

2. QUIÉN: Cada grupo deberá elegir UN lector para salir a la pizarra y leer su guión ante la clase, de un tirón.

3. PARA QUÉ: El objetivo es descubrir las debilidades de cada guión. Oír cómo suenan los diálogos. Descubrir pasajes donde la redacción es mejorable. Notar dónde el público se interesa y dónde se aburre o se dispersa.

4. CÓMO:
-Los que presentan deben esforzarse por hacer una lectura clara y expresiva. Deben atender a las reacciones de la clase, que tras la lectura comentará sus impresiones. Y deben escuchar los comentarios con mente abierta.
-Los que escuchan deben seguir la lectura sin interrumpir, pero tomando notas para comentarlas al final de cada lectura: qué les gusta y qué no; qué les interesa y qué no; qué ven mejorable: qué pasaje ha captado su atención, etc. Tanto desde el punto de vista narrativo, como de redacción, como de estilo. Cualquier detalle que se nos ocurra. No se trata de hacer un brainstorming para cambiar el guión, sino de comunicar qué sensaciones nos ha producido.

5. POR QUÉ: Este ejercicio es probablemente el más difícil que os puedo plantear, y sólo os lo planteo porque he visto muy buen nivel en los guiones, y sobre todo, mucha dedicación y esfuerzo, por lo que confío en que será productivo.

El grupo que le ponga fe y pasión a la lectura y lo haga tremendamente MAL, tartamudeando, trabándose y sintiéndose muy ridículo, obtendrá una muy buena calificación. Porque no se trata de que seáis grandes oradores, sino de que os esforcéis por comunicar, y por descubrir dónde está fallando esa comunicación.

El grupo que no le ponga fe ni ganas, o que aborde este ejercicio desde la ironía, estará haciendo exactamente lo que hacen las películas que fracasan: dar la espalda al público.

El grupo que le ponga fe y ganas, y haga una lectura clara, confiada y con coraje, lógicamente se llevará la mejor calificación posible. Pero sobre todo se llevará un aprendizaje muy valioso. Porque si os tomáis en serio este ejercicio (y no es fácil tomárselo en serio), podéis aprender más que con cualquier análisis de guión.

Sufrir, vais a sufrir de todos modos. Así que, ya puestos, intentad sacarle algún rendimiento.

Nos vemos el viernes… siempre que esa tos que os acaba de entrar no se convierta en una bronquitis con fiebre alta y afonía severa.

Sergio.”

Si todo el mundo tuviese una check-list en la puerta de casa, nadie saldría nunca sin llaves. Pero viendo cómo viven los cerrajeros, es evidente que muy poca gente se toma ese tipo de molestias. Lo mismo pasa con lo de leer los guiones en voz alta: todo el mundo sabe que es una idea estupenda. Pero casi nadie la pone en práctica.

No digamos ya leer el guión en voz alta en público. Eso, además de pereza, produce vergüenza. Pero es una de las mejores lecciones que un estudiante de guión puede recibir. ¿Por qué?

-Porque los guiones no están escritos sólo para ser leídos. Están hechos para ser oídos. Ciertas cosas que sobre el papel aparentemente funcionan, al decirlas de viva voz resultan flojas o risibles. Y viceversa, leyendo para un público un pasaje aparentemente anodino, podemos descubrir un filón que no estábamos explotando.

-Porque juntar a cuatro amigos (o a veinte compañeros) y leerles el guión en voz alta de un tirón nos permite reproducir en condiciones de laboratorio la experiencia de presentar la película en público. Podemos empezar a prever qué funciona y qué no, dónde nos estamos enrollando y dónde estamos siendo demasiado parcos, si los chistes dan risa y si los cliffhangers dejan bocas abiertas.

No todo el mundo está preparado para ello. Habrá gente que lo pase muy mal. Seguramente lo pasarán peor aquellos que han escrito los mejores guiones. Porque ellos no sabrán hacerlo con la ceja levantada, no sabrán marcar una distancia irónica. Cada pasaje que no funciona les dolerá en el orgullo y les resonará en la cabeza durante días. Pero habrán presentado su película ante el público. Y descubrirán una sensación que normalmente no se tiene en las escuelas, y que es absolutamente fundamental para entender esta profesión: que estamos en manos del público. Trabajamos para el público, no para el productor, el distribuidor ni el crítico. Nuestro cliente es el público que paga la entrada.

Y el público es implacable. Si no le gusta la película, se larga. No hay justificaciones ni explicaciones que valgan. No hay subterfugios ni trucos que cambien eso. En algún momento hay que salir de la escuela, hay que hacer películas y hay que someterlas al criterio del público. Y cuanto antes lo hagamos, mejor.


A %d blogueros les gusta esto: