LOS MARTES DE DAMA

1 abril, 2013

Por Daniel Castro

Desde hace unos años formo parte del consejo de administración de DAMA. Para los que no la conozcáis, DAMA es como SGAE pero sin furgones de policía en la puerta.

No mandamos inspectores a las bodas, ni metemos demandas a las peluquerías. Recaudamos el dinero de las obras de nuestros socios y lo repartimos de manera transparente. Los dados no forman parte del proceso en ningún momento. Justo frente al pequeño piso en el que están las oficinas de DAMA está el palacio de Longoria, sede de SGAE. Allí tal vez no puedan decir lo mismo.

Lo bueno de ser de DAMA es que poca gente la conoce. Nadie te acusará de haber provocado el cierre del bar de su cuñado o de haberle obligado a descargarse de Internet esos dos teras de películas y series que hay en su disco duro. Eso queda para SGAE, y sus socios, que han debido soportar esas acusaciones (a veces injustas, otras no tanto) por ser los responsables casi exclusivos de la defensa de los derechos de autor durante mucho tiempo.

Sin embargo, lo malo de DAMA también es que poca gente la conoce. Algunos de mis mejores amigos me siguen preguntando qué tal me va por ALMA. Es cierto que muchos de los fundadores de DAMA salieron del sindicato de guionistas, pero hace ya años que ambas entidades, aún teniendo muchos miembros en común, son completamente autónomas.

Hasta ahora, DAMA, obligada por la ley a dedicar cierta cantidad de lo recaudado a actividades de formación y promoción, solía colaborar en el patrocinio de actos organizados por terceras personas o entidades. Es decir, nuestro logo era el tercero por la derecha en los Encuentros Internacionales de guión YY, el curso de dirección de actores XX o el festival de cine ZZ.

Sin embargo, ahora hemos decidido dejar de ser siempre el logotipo pequeño e intentar ser el grande. Dejar de aparecer como uno de los muchos patrocinadores de un evento y pasar a ser el organizador principal de algo.

Descartada, tajante e inexplicablemente, mi propuesta de patrocinar un concurso de cupcakes, DAMA ha decidido organizar unas charlas sobre guión de televisión y cine impartidas por algunos de nuestros socios (no descartamos, para el futuro, contar con participantes no afiliados a DAMA).

Tras unas cuantas semanas de llamadas, mails y gestiones varias, de las que nos hemos encargado principalmente Roberto Jiménez, César Martínez Herrada y yo, por fin podemos presentaros “Los Martes de DAMA”, que empezarán mañana mismo, día 2 de abril, en la Cineteca del Matadero de Madrid (tampoco descartamos ir organizando, con el tiempo, actividades en otras ciudades) con Enrique Urbizu, que hablará sobre “La esencia preverbal”

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Para los demás martes del mes de Abril, como podéis ver en el banner, contamos con charlas de Borja Cobeaga, que hablará sobre tendencias de la comedia actual, o Benito Zambrano, que intentará evitarnos los errores que él cometió.

Sin embargo, como nuestra intención es combinar los nombres más conocidos con los de guionistas de televisión algo menos populares, también estarán con nosotros Laura Belloso y David Bermejo, con gran experiencia en series como “Los hombres de Paco” o “Luna, el misterio de Calenda”, que nos hablarán sobre las diferencias entre nuestra ficción y la norteamericana y Viginia Yagüe, creadora de “La Señora y “República” entre otras, que tratará sobre la escritura y análisis de secuencias en formatos televisivos.

Para los socios de DAMA, las charlas son gratis, para los estudiantes de audiovisuales, cuestan unos ridículos 2 euros. Para los demás, 5. Eso sí, es necesario inscribirse aquí. No dejéis de hacerlo ahora mismo, ya que las plazas para algunas charlas ya están a punto de agotarse.

Gracias a la colaboración de Bloguionistas, iremos actualizando el banner con la información de las charlas durante los próximos meses.

Espero veros pronto por la Cineteca.

Juntos tal vez podamos enterarnos de qué carajo es eso de la “esencia preverbal”.


SIN TI NO SOY NADA

7 octubre, 2011

Drive

Por Guionista Hastiado

En las últimas semanas me han coincidido cuatro películas muy diferentes entre sí pero con varios aspectos en común. Las cuatro me parecieron buenas películas. Las cuatro me dejaron buen sabor de boca. Pero también les pongo algunas pegas parecidas. Los filmes en cuestión son:

Drive: Posiblemente la más entretenida de las cuatro. Una historia de cine negro dirigida por Nicolas Winding y protagonizada por Ryan Gosling en el papel de un conductor especialista en escenas de riesgo que compagina su trabajo legal con operaciones de huida de atracos. La aparición de una mujer en su vida le involucra en una trama violenta donde acabará enfrentándose, sin buscarlo, a una peligrosa mafia. Estimulante estética y música ochenteras y algunas secuencias de persecución automovilística trepidantes sin resultar increíbles. Aún no se ha estrenado en España (yo la vi en Londres), pero les recomiendo que no se la pierdan cuando se ponga a tiro.

No habrá paz para los malvados. Ya se ha hablado mucho de ella. También aquí en Bloguionistas. La última producción de Urbizu mete a José Coronado en la piel de un violento policía pasado de rosca que, grosso modo, digamos que se pone las pilas para librarse de un buen marrón, metiéndose en un berenjenal que no podía ni imaginar. Un policíaco poderoso, minucioso, rodado con buen pulso y conocimiento del oficio. Pero -para mi gusto- con algunos baches narrativos.

El hombre de las mariposas. Primer largometraje como director de Maxi Valero. La historia de un hombre apartado del mundo que vuelve a encontrarse con su pasado a partir de la inevitable relación con su nieta, que se cuela sin permiso en su pacífica existencia. Una historia pausada, alejada de maniqueísmos, con una magnífica dirección de actores, un guión consistente y una atmósfera personal y convincente. Yo la pude disfrutar en el Festival de Cine de Madrid. Dentro de pocos meses la tendrán en sus pantallas.

Somewhere. La última de Sofía Coppola, que ahonda en su recurrente discurso de “qué solitaria y aburrida es la vida de los ricos”, aunque en esta ocasión a través de los ojos de un hombre, interpretado por un sorprendente Stephen Dorff que me ha gustado recuperar, y que, al igual que en la película de Valero, ve trastocado su mundo  por la aparición repentina de una niña (su hija, la increíble y prometedora Elle Fanning). La mayor pega del filme es su apuesta por un ritmo cachazudo, de planos eternos y miradas perdidas. Parece que Sofía ha querido mostrarnos la abulia vital del personaje aburriéndonos también a nosotros, los espectadores. Una pena, porque tiene algunos momentos gloriosos (esas gemelas bailando una danza sexy-patética en la habitación del protagonista, los ronquidos del protagonista entre las piernas de su amante ocasional, el progresivo encuentro padre-hija…).

De hecho, dentro de que las cuatro películas me gustaron, la única nota negativa que les pongo es que en algunos momentos de su metraje, en distintos grados, me aburrieron un poco. Nada grave como para salirme de la sala o echarme una siestecita, pero tuve la sensación de que todas ellas tenían ciertos momentos “bajos” en los que mi interés por la historia se resentía.

Evidentemente, esto tiene mucho que ver con cuestiones de ritmo narrativo, montaje y puesta en escena. Mientras Coppola abusa de la crudeza narrativa y del vacío de contenido en una apuesta consciente por los planos alargadísimos, Urbizu se regodea en el minucioso proceso de la investigación y búsqueda del protagonista, Valero se centra en los gestos mínimos de consolidación de la amistad y el cariño, y Winding busca la recreación de una atmósfera por medio del laconismo de los personajes y de cuidadosos montajes que ponen en relación personajes y ambientes, conducción y sentimientos, la ciudad y las personas.

Pero, si nos centramos más en aspectos relacionados con el guión, hay un evidente elemento común entre estas cuatro historias, y es que todas ellas tienen como protagonistas a hombres solitarios. Son cuatro personajes aislados del mundo por diferentes motivos, sobre todo por el sentimiento de culpa y la necesidad más o menos inconsciente de evitar el sufrimiento. A mí el asunto me interesa especialmente porque estoy escribiendo un largometraje que tiene un protagonista parecido, y me preocupó comprobar lo difícil que resulta mantener el pulso de la historia sin que se produzcan”bajones”.

¿Por qué sucede esto? Bien, yo creo que porque en algunas de estas historias la fuerza de un personaje principal muy potente -especialmente en la de Urbizu- ha relajado la necesidad de hacer hincapié en uno de los pilares fundamentales de la narrativa: las relaciones entre personajes.

Contar historias es contar historias de personajes y de sus relaciones. “No habrá paz para los malvados” tiene un montón de elementos que a mí me gustan en una buena película policíaca: violencia, oscuridad, personajes con códigos morales complejos, grises, inadecuados… (Atención ESPOILERS) Pero -contradiciendo algunos estándares del cine negro, del que tanto bebe- el protagonista apenas se relaciona con nadie durante toda la película. Está solo en su viaje. Da la sensación de que habla con otros personajes (la prostituta, su colega de la judicial, el marroquí hortera) porque es necesario o inevitable para su investigación/huída, pero apenas hay conflictos personales entre ellos, y creo que es parte del problema que provocó que la película no me entusiasmara tanto como podría haber hecho.

Tanto en “Somewhere” como en “El hombre de las mariposas” o en “Drive”, la narración se viene arriba en el momento en el que los protagonistas empiezan a interactuar con otros personajes y surgen relaciones personales complicadas e imperfectas que evolucionan a lo largo del metraje. Estas relaciones son las que sustentan el drama, las que alimentan los conflictos, las que ofrecen las motivaciones y, muchas veces, las “soluciones” a los problemas internos de los personajes, especialmente a aquellos que les han terminado separando del resto de la humanidad.

Las escenas de “mecanismos” (investigación, persecución) de “explicación de personaje” (me gusta conducir solo por la noche, observo de lejos a una mujer que me gusta) o las que remarcan un estado de ánimo (tipo “hombre agobiado mirando al infinito”) son necesarias y pueden ser interesantes, hermosas y llenas de sentido, pero necesitan ser contrarrestadas con escenas entre personajes. No se trata de que hablen mucho o poco, no es cuestión tampoco de irse al culebrón (que, por barato, se basa fundamentalmente en secuencias de dos personajes hablando en una habitación), pero sí que hay que buscar a los personajes en la manera de reaccionar ante los otros, porque eso es lo interesante de este mundo, que vivimos rodeados de gente absolutamente diferentes a nuestra forma de ser, pero con los que nos vemos obligados e impelidos a convivir.

El amor, la familia, la amistad… son los verdaderos sustentos emocionales de nuestra vida, al mismo tiempo que los causantes de muchos de nuestros conflictos, y por eso tantas historias hablan de la confrontación entre el deseo de aislamiento y la necesidad de no estar solos. Incluso en un filme tan complicado -por la premisa de la soledad forzada- como “Náufrago” tenemos que buscarle al protagonista una pelota con la que hablar. Sin Wilson, el filme no sólo habría sido un coñazo, sino que el personaje de Tom Hanks habría perdido todo su sentido, se habría quedado hueco.

Evidentemente esto es una reflexión personal y ustedes podrán estar en desacuerdo. Hay grandes películas que pivotan sobre el mismo tema, el mejor ejemplo que me viene a la cabeza es “Las aventuras de Jeremiah Jhonson“, pero ahora mismo, inmerso en mis divagaciones abstractas de cara al guión que afronto, me obligo a mí mismo a considerar importante no perder de vista que el sentido y la evolucion de un personaje -y de su historia- se encuentra, casi siempre, en su relación con los demás, no sólo en sí mismo.


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