DIFERENCIAS ENTRE UN BUEN SKETCH Y UN SKETCH DE MIERDA

5 junio, 2019

por Fernando Erre.

Los guionistas que formamos parte de ‘Vaya semanita’ a menudo recibimos felicitaciones por los sketches que fuimos escribiendo a lo largo de los años. Tenemos la suerte de que en el imaginario colectivo ha quedado como un buen programa de humor, un espacio audaz e incluso necesario en su momento. Pero hubo de todo. Hay sketches que ves hoy y te hacen sentir orgulloso, pero hay otros que duelen. Son tan malos que te entran ganas de arrancarte los ojos.

Para intentar evitar errores y conservar la vista, siempre he procurado analizar los fallos e intentar no repetirlos. Me gustaría aprovechar este espacio para desmenuzar por qué unos sketches funcionan y otros no. He elegido dos, uno de mierda y otro que me gusta mucho. Ambos abordan idéntica temática: la ley antitabaco que promulgó el Gobierno para prohibir fumar en espacios públicos.

Veamos primero el sketch de mierda. ¿Por qué es una mierda? No vas a tardar ni diez segundos en darte cuenta.

¿Sigues ahí? Gracias. De verdad.

Veamos por qué considero que este sketch tiene un guión desastroso:

  • La premisa –vienen a detener a Sherlock Holmes por fumar en un lugar cerrado- tarda demasiado en manifestarse. La duración total del sketch es 1’25” y el primer punto de giro sucede en el segundo 45. A resultas de ello, el planteamiento es bastante más largo que el nudo y se produce una clara descompensación estructural. Que el planteamiento se dilate tanto se debe en parte a la necesidad de explicar que esos personajes son Sherlock Holmes y Watson (si fuera por el vestuario, el espectador no lo habría descubierto nunca). Sin embargo, este punto se podría haber solucionado con frases más cortas y certeras, y no con semejante chapa. Un planteamiento largo se justifica por lo general para crear una atmósfera o para engordar una situación con la intención de romperla después y crear así un mayor efecto cómico. Aquí sólo conseguimos fomentar el efecto bostezo.
  • La asociación de ideas que da lugar al sketch es forzada. Creo que la premisa en un sketch se basa en lo insólito irrumpiendo en lo ordinario; de la colisión entre estos dos elementos surge la comedia. Para que esa colisión sea fructífera, ambos conceptos deben asociarse con cierta armonía. En este caso lo ordinario sería el mundo de Sherlock Holmes y lo extraordinario, la ley antitabaco. No parecen dos ideas que casen bien. Sí, Holmes fuma en pipa, pero ¿es ese un rasgo tan distintivo del personaje como para vincularlo a la ley antitabaco? El sketch podría haberlo protagonizado Hércules Poirot, que de vez en cuando fumaba cigarrillos, y funcionaría igual; igual de mal. Puestos a buscar un sentido a Holmes, sería más lógico que entrara una brigada de estupefacientes y le detuvieran por su conocida adicción a la cocaína.
  • Previo al primer giro, hay un minigiro: la irrupción de la policía vasca. Que la Ertzaintza haga acto de presencia en la Inglaterra victoriana es bastante absurdo, pero podría tener un pase si aportara algo al sketch. Por ejemplo, los Monty Python hacían aparecer a unos estrafalarios inquisidores en diferentes momentos de la historia; el anacronismo tenía su sentido y su comedia, ya que “nobody expects the Spanish Inquisition”. En este contexto, el único motivo para que sea la policía vasca y no la inglesa se debe a que el sketch se emitió en ETB (Euskal Telebista) y fue la manera que se nos ocurrió de traer el tema a nuestra realidad. Esta decisión lo único que logra es entorpecer la dinámica del sketch, ya que encima se intenta justificar el absurdo (las alusiones sin gracia a la indumentaria de los ertzainas).
  • Que en un programa de la televisión pública vasca aparezca Sherlock Holmes sólo se puede defender en virtud de la actualidad, con un estreno cinematográfico o televisivo en paralelo, por ejemplo. Pero en ese momento no existían las películas de Guy Ritchie -ojalá no existieran ahora tampoco- ni la serie de la BBC. En resumidas cuentas, ni Holmes ni Watson pintaban nada en medio de sketches sobre la kale borroka y gente que no folla.
  • El sketch es plano hasta decir basta. Las líneas de diálogo son tristes, sin chispa, y algunas están escritas para forzar la réplica: “No te hagas el tonto que sabemos perfectamente lo que está pasando”. “Lo que está pasando es que se ha cometido un crimen”. También hay sinsentidos: el ertzaina sabe que el asesino es menor de dieciocho años porque interesa para el desarrollo del sketch, pero no se entiende muy bien cómo ha podido averiguar esa información (el culpable está tan sorprendido como Holmes).
  • No hay un giro final ni una buena frase de cierre. Los ertzainas se llevan detenidos a Holmes y a Watson porque sí, y se ve venir desde el momento en que entran en la sala. El desenlace en el sketch es un asunto siempre a debate. Hay quienes consideran que no es necesario un remate. Por el contrario, yo creo que es importante, porque de él depende en buena medida la impresión que el espectador se lleve del sketch al completo. Aquí se ve muy claro que queda cojo, que hubiese necesitado un remate más contundente.

Después de este duro trago, voy a intentar dejarte un buen sabor de boca con esta otra pieza:

Veamos por qué este sketch sí funciona, a diferencia del horror de antes:

  • El choque entre lo ordinario y lo extraordinario tiene fuerza. Lo ordinario sería la prohibición de fumar en lugares públicos; lo extraordinario, ir un paso más allá y eliminar fumadores por medio de corridas similares a las taurinas. Es una idea absurda, pero está plantada con cierta lógica: “El fumador nace para morir: saben que van a palmar y no lo dejan”.
  • El nudo se desarrolla en consonancia con las fases características de una corrida: salida del toro, inicio de la lidia, una cogida imprevista, muerte del animal. Es decir, el sketch aprovecha que el espectador conoce en líneas generales cómo transcurre un evento taurino. Esto motiva que los paralelismos con los términos y situaciones propios de la tauromaquia surjan con naturalidad (“pulmón color negro azabache”; el personaje del picador, que aquí, en lugar de clavar picas, es un tipo que se dedica a picar, a tocar las narices al fumador…). Este punto es clave para que el sketch funcione.
  • La carga irónica es mucho más acusada en esta pieza que en la de Sherlock Holmes. Se trata al fumador como un animal, un tipo sin mente que sólo piensa en agarrar un paquete de tabaco. Además, tiene mucha mala baba la manera en que la pieza retrata la aversión hacia los fumadores.
  • La premisa aprovecha la actualidad: acababa de cerrarse la Monumental de Barcelona. El sketch funcionaría igual sin este detalle, pero hacer referencia a una noticia reciente ayuda a ganarse la complicidad del espectador.
  • La información está bien diseminada: en lugar de acumular todo al inicio, vamos averiguando cosas conforme transcurre. Por ejemplo, que el nombre del torero es “El niño de los Ducados”.
  • El giro final con la muerte del fumador y el corte de los dos pulmones, como si fueran las orejas del toro, es un digno colofón. En las presentaciones que he hecho del libro ‘Cómo tener éxito escribiendo sketches’, he puesto este vídeo y es un momento que siempre provoca risas. En su día, yo hubiese preferido unos pulmones ensangrentados, pero la opción elegida fue la correcta. John Cleese contaba lo siguiente a propósito del rodaje de ‘Un pez llamado Wanda’: cuando Ken, el personaje de Michael Palin, mataba perros por accidente, al principio se mostraba la sangre y las vísceras, pero causaba rechazo en los pases de prueba. Así que volvieron a rodar las secuencias sin sangre, y en el montaje final las muertes quedaron en clave cartoon. Esta decisión fue determinante para que los espectadores sintiéramos empatía por el pobre K-k-ke-ken.
  • La frase final, sin ser brillante, cierra con acierto el sketch y resume el tema tratado: “qué pena; qué pena que sólo se pueda matar a seis fumadores por tarde”.

En definitiva, los gurús y coachs suelen decir que del fracaso se aprende. Yo añadiría que de la mierda, también.


POR QUÉ EL SKETCH ES EL MEJOR FORMATO DEL MUNDO

24 abril, 2019

Vale, quizá el titular sea un poco exagerado, en la mejor tradición clickbait de Yahoo! Noticias; pero sí puedo asegurar que a mí el sketch me ha cambiado la vida profesional y, de camino, la personal. Conforme he escrito decenas, cientos de sketches, he ido descubriendo las enormes posibilidades que tiene este pequeño género.

Mi idilio con el sketch de humor empieza como espectador en los tiempos en que Emilio Aragón conducía ‘Ni en vivo ni en directo’, la Trinca protagonizaba polémicos sketches con trogloditas salidos en ‘Tariro, tariro” o Benny Hill, el Arévalo inglés, correteaba rijosamente detrás de mujeres ligeras de ropa. Por si te queda alguna duda, no, no soy millennial.

Pero fue en 2004 cuando un programa de sketches me impresionó de verdad: ‘Vaya semanita’.

Era un espacio que triunfaba no sólo en Euskadi, sino también más allá gracias a los contenedores de zapeo. En aquel entonces yo trabajaba en un magacín en prime time presentado por Iñaki López. Los datos de audiencia no eran muy generosos, aunque el último programa logró un 20% de share gracias a una entrevista con Bertín Osborne (Sí, a los vascos también nos seducía). Yo estaba deseando desarrollar ficción y, sobre todo, participar en aquel programa de sketches que me maravillaba por su audacia y su capacidad de reírse de todo y de todos. Tenía que entrar en aquel equipo como fuera.

Lo primero que hice fue buscar un manual sobre escritura de sketches. No encontré ninguno. Tampoco había demasiados acerca de comedia, así que tuve que tirar de instinto y de la observación de maestros del sketch como los Monty Python. Un día grabé un capítulo de ‘Vaya semanita’ para poder darle al pause en los créditos finales y descubrir el nombre del coordinador de guión. Era Diego San José, talento que en el futuro se convertiría en uno de los guionistas más cotizados gracias a ‘Ocho apellidos vascos’ o ‘Superlópez’. Escribí un par de sketches de muestra y se los mandé por carta. Sí, por correo postal. Puro millennialismo. Para mi sorpresa, Diego me contestó y me pidió que hiciera la prueba estándar que encargaban a todos los aspirantes a integrar el equipo.

En la Semana Santa de 2005 entré en ‘Vaya Semanita’. Aún no sé por qué, los sketches que mandé como prueba eran horribles. Sin que yo hubiera escrito una sola coma, nada más volver de las vacaciones, el programa consiguió un 40% de share. Una bestialidad. Y no era de extrañar: el grado de autoexigencia que tenían Diego y su equipo era elevadísimo. Una máxima interna regía su funcionamiento: si una idea sonaba a ya hecha, se tiraba a la basura y se buscaba otra. Es algo que interioricé y que, desde entonces, he tratado de incorporar en los diversos programas en que he participado.

Fueron tres meses de intenso aprendizaje, de diversión, pero también de mucha tensión. En cuanto terminó la temporada, el presentador, Óscar Terol, y la mayoría del equipo actoral, de realización, producción y guión, comunicaron que se marchaban para crear un nuevo formato en Televisión Española. ¡La que se lió!

Como ‘Vaya semanita’ era el buque insignia de ETB (Euskal Telebista), nadie estaba dispuesto a dejar que desapareciera. Así que se configuró un nuevo equipo. Del anterior quedaban muy pocas personas. Estaba el director, Javier García de Vicuña, tres actores, entre ellos Andoni Agirregomezkorta, que se convertiría en la cabeza visible del programa, y yo. El guionista novato se acababa de convertir en el más veterano. Como era el único que quedaba, terminé de coordinador de guión.

Tuve la fortuna de contar con nuevos y magníficos guionistas, como Manu Martínez March, Aitor Eneriz, Julene Aranburu o Juanjo Ramírez Mascaró, que entró en el equipo más tarde, avalado por su flamante película protagonizada por cacahuetes.

Pero nadie tenía demasiada confianza en nosotros. Seguro que has ido a un funeral y te has fijado en las caras compungidas de los invitados al presentar sus respetos a los familiares del fallecido. Pues así nos miraban los trabajadores de ETB, como si fuéramos cadáveres prematuros. Casi nadie pensaba que ‘Vaya semanita’ podría mantenerse en la parrilla por mucho tiempo. Recuerdo que nos juntamos todo el equipo de guión para ver completo uno de los programas antiguos y cundió el desánimo. ‘Es que esto es cojonudo, no vamos a poder alcanzar este nivel’, dijo alguien. La verdad es que el reto era aterrador. Pero había que seguir adelante.

Y llegó el día del estreno. Había morbo por ver la primera edición del programa que ETB promocionó como el ‘Nuevo Vaya semanita’. Y no salió mal. Hubo críticas de todo tipo, pero muchas de ellas fueron bastante buenas. Eso sí, los espectadores echaban de menos a los actores ‘de antes’ y a los personajes ‘de antes’, y ‘los jefes’ nos presionaban continuamente para crear personajes que tuvieran tanto tirón como los antiguos y de paso, lograr las audiencias de la época gloriosa. Poco a poco nos fuimos consolidando con miniseries como ‘La Biblia contada a los vascos’, ‘Los Batasunnis’, ‘Los Euskolegas’ o ‘El Jonan y el Txori’. El programa se fue asentando gracias a que encontramos nuestra propia mirada respetando el espíritu gamberro y libre que había caracterizado a la versión anterior.

Nunca tuvimos unas audiencias tan espectaculares, pero estuvimos más de seis años en parrilla con emisiones ininterrumpidas (durante todo el verano ETB se dedicaba a quemar el formato con refritos de los mejores sketches, y ahí siguen). Los especiales navideños obtenían todos los años muy buenas audiencias hasta que en 2017, en una de sus decisiones incomprensibles, la cadena decidió cargarse la tradición.

También logramos algún que otro reconocimiento, como el Premio Ondas en 2006 (Diego San José, Óscar Terol y el equipo anterior ya no estaban pero, sin duda, también es su premio), el Laurel de Oro en 2007, un galardón que nos entregaron en Marbella (acabé compartiendo mesa con Julián Contreras Ordóñez y jacuzzi con Carla Duval y su marido, en una de las experiencias más surrealistas de mi vida), o el Premio de la Academia de la Televisión en 2008.

Con los años, he coordinado otros programas de sketch como ‘Irrikitown’, ‘Euskadi Movie’ –una de las mejores versiones que se han hecho de ‘Vaya semanita’-, ‘Vaya tropa’ –presentado por Arturo Valls en Cuatro-, o el próximo estreno de TVE 1, ‘Hoy no… mañana’, espacio codirigido y producido por José Mota, y con Santiago Segura como presentador. A lo largo de todas estas experiencias, he ido enamorándome cada vez más del sketch. Es un formato con enormes ventajas y posibilidades. Aquí listo algunas:

  • La capacidad de experimentar con posiciones de cámara, efectos visuales y de audio, tipos de planos…, es decir, con la narrativa, es inagotable. Como son piezas cortas, se pueden construir muchas y muy diferentes, y jugar con toda clase de recursos.
  • El contenido nunca se agota, porque la actualidad y los avances de la sociedad son excelentes semilleros para nuevas propuestas de sketch. Sin ir más lejos, para ‘Hoy no… mañana’ he escrito uno basado en la moda de los Youtubers: una futura madre descubre a través de una ecografía que en su interior habita un feto youtuber, que graba vídeos tales como ‘20 cosas que no sabías sobre el útero’.

  • Desarrollar una serie o una película puede llevar meses de intenso trabajo, mientras que es posible escribir un sketch en una sola tarde. Esto lo convierte en un formato ideal para introducirse en la escritura de guión.
  • El sketch no es exclusivo de la televisión: también se pueden escribir para la radio, el teatro o para el cine, como ya demostró Juan Cavestany en ‘Gente en sitios’.
  • Son piezas que permiten un consumo rápido, cosa que hoy en día se demanda más que nunca gracias a Internet y al auge de los contenidos virales. Un ejemplo de ello son las divertidas piezas de Pantomima Full.
  • Ayuda a testar personajes. Para probar la comicidad de un personaje, o si funcionan sus rasgos distintivos, es factible construir una situación de sketch y ver cómo se desenvuelve.
  • Los sketches siempre están de moda. Así lo evidencian programas como ‘Polònia’, ‘Homo zapping’, ‘Oregón TV’ o los especiales navideños de José Mota.
  • Para los actores, también el sketch es una golosina: les permite meterse en la piel de infinitos personajes.

Por todo ello me reafirmo, sí: el sketch es el mejor formato del mundo. Y a modo de homenaje a estas pequeñas piezas que tantas alegrías me han dado, acabo de cerrar el círculo: como seguía sin existir un manual dedicado al sketch, he escrito uno que acaba de publicarse:

Cuenta con un prólogo que el gran José Mota ha tenido el detalle de regalarme, y en sus páginas cuento todo lo que le hubiera gustado conocer a aquel guionista que en 2004 estaba loco por aprender de qué manera se crea un sketch. Como no tengo un Delorean y no puedo dárselo, espero que al menos sirva para que otros lleguen a sentir por el sketch lo mismo que yo.

Fernando Erre.

En breve sortearemos un ejemplar del libro “Cómo tener éxito escribiendo sketches” de Fernando Erre. Sólo podrán participar en el sorteo los lectores de nuestra newsletter. SUSCRÍBETE HACIENDO CLIC EN ESTE ENLACE.


DENTISTAS Y MEJILLONES: PARA QUÉ SIRVE EL ARTE.

22 marzo, 2017

Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Mi novia me ha hecho el mejor regalo de cumpleaños del mundo. Compró entradas para ver en directo a Faemino y Cansado. Mañana.

Llevo un par de días rememorando uno de mis números favoritos de ese dúo prodigioso: El comúnmente conocido como PELUCHOS MEJILLONIMUS:

Si nunca lo habéis visto os recomiendo que lo hagáis, aunque no es indispensable para entender este post.

Yo, además de troncharme de risa con ese sketch, encuentro algo poderosísimo en él. Algo que sólo os puedo explicar espoileándolo. No os preocupéis: por mucho que os espoilee, lo vais a disfrutar igual.

PELUCHOS MEJILLONIMUS trata sobre un tipo al que se le queda enganchada en una muela ese típico alga… esa pelambrera que llevan incorporada algunos mejillones. El tipo en cuestión, para solucionarlo, acude al dentista.

Y aquí empieza lo bueno:

Cuando el tipo (Faemino) llega al dentista, se produce una inversión de roles. Normalmente es el paciente quien llega a la consulta del dentista intimidado, acojonado. AQUÍ NO. En Peluchos Mejillonimus el paciente entra comiéndose el mundo, “muy sobrao”, humillando al dentista. Y el resultado no sólo es hilarante: ¡Es liberador!

Porque ésa es una de las funciones más cojonudas del arte: Desmitificar, restarle poder – ingenio mediante – a todas las cosas que nos dan miedo o nos hacen sufrir.

Faemino y Cansado lo consiguen con algo tan cotidiano como ir a la consulta del dentista (a más de una persona… a más de dos… les he recomendado ver el Mejillonimus cuando estaban nerviosas porque al día siguiente tenían que ir a hacerse una endodoncia) pero podemos aplicar los mismos parámetros a temas bastante más jodidos:

Cáncer.
Muerte.
Maltrato.
Pedofilia.
Terrorismo.
Infanticidio.
Sida.

Cualquier tema, por lúgubre que sea, se puede transmutar en algo ¿constructivo? gracias a la ficción. Catarsis, y todas esas cosas que comentaba el griego loco aquél.

Ficcionar una realidad apacigua sus monstruos: los convierte en algo que podemos procesar, nos permite observar el asunto desde una perspectiva distinta e incluso nos ayuda a empatizar con puntos de vista que no estaríamos dispuestos a asumir si no nos desarmasen las entrañas con ese juego de lo ficcionado.

Desde el punto de vista del drama, me viene a la cabeza (por reciente) la serie Fauda, descubierta gracias a la recomendación de Ángela Armero. Se trata de un thriller israelí que juega en la liga de Homeland/24, sobre la lucha de las fuerzas especiales de Israel contra el grupo palestino Hamas. A pesar de ser una serie abiertamente “judía” con protas judíos, se percibe un esfuerzo por presentar a los palestinos como PERSONAS, con sus motivos, con sus sentimientos, con sus argumentos. Yo veía la serie y me parecía maravilloso que en Israel se hubiese apostado por una narración en la que no se demoniza al mundo islámico. Esa clase de cosas son las que cambian el mundo, a base de cambiar las percepciones de la gente.

(Inciso off topic: Los capítulos de Fadua duran menos de 40 minutos. Mientras los veía llegaba a la conclusión de que si a la serie El Príncipe le hubiesen permitido tener esa duración, sería igual de buena que Fadua, o incluso mejor)

Pero es que en comedia ocurre lo mismo, ¡e incluso más!

¿Quieres insultar a alguien en Twitter, o desearle la muerte? Pues hazlo de la manera más seria y enfadada posible, sin atisbo de ironía. ¡Ay de ti como se te ocurra hacerlo con un chiste, o de forma imaginativa! Entonces es posible que te metan en la cárcel. Porque el humor y la imaginación dan miedo. Cualquier cosa que nos haga más lúcidos o nos ayude a ver las cosas desde otra perspectiva… aterra a ciertas personas, o a ciertos organismos sociales.

Yo soy de los que piensan que parte del mérito de la extinción de ETA, aunque sea una pequeñísima parte, se la debemos a Vaya Semanita. Y creo que lo digo con cierta objetividad, porque aunque yo haya sido guionista de ese programa, cuando me incorporé a la plantilla esa batalla ya estaba ganada. Yo no viví aquello en su momento álgido, pero me consta que fue un tremendo impacto en la sociedad vasca: Que de repente se empezase a hablar (y a humorizar) en la tele sobre cosas que hasta entonces eran tabú.

A veces las grandes inmundicias de la sociedad proliferan porque nadie se atreve a pronunciarse sobre ellas. Entonces, de repente, alguien pone el asunto sobre el tablero de la mesa y la “mayoría silenciosa” descubre que no está sola.

La ficción es ese mecanismo pasivo-agresivo que se ha inventado la civilización para sacar a la luz los trapos sucios.

Y cuando los trapos sucios salen a la luz… la luz los limpia… o nos damos cuenta de que dan asco y tenemos que tirarlos a la basura.

Gracias a esos importunos que tiran la primera piedra con sus ficciones, todos nos sentimos más acompañados, ya sea en un diagnóstico de cáncer, o en una amenaza terrorista, o en nuestros trabajos de mierda, o en nuestros matrimanios fallidos, o en nuestra visita a la consulta del dentista.

La ficción, si está bien hecha y es honesta, es como afrontar a la parca y orinarle en la cara.


¿ESTÁ BIEN VISTO CAGARSE EN LOS LÍMITES DEL HUMOR O ES MEJOR “HACER CAQUITA”?

15 octubre, 2014

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por Juanjo Ramírez Mascaró

Son tiempos siniestros. Todos estamos trastocados por el ébola, ya sea pandemia, cortina de humo o ambas cosas. Hace poco publiqué un estado en Twitter y Facebook; una adaptación contemporánea de un chiste clásico:

– ¿Cuántos negros hacen falta para pintar una pared de rojo?

– En Liberia sólo hace falta un niño, pero no saldrá en las noticias.

Nadie se ha mostrado ofendido. Nadie ha dejado “replies” indignados. Nadie me ha hecho ningún unfollow hasta el momento. En Facebook incluso he conseguido algunos “Me gusta”, concedidos por gente que suele apoyar las causas justas.

Quizá me equivoque, pero creo que habría recibido insultos y lapidaciones virtuales – no sería la primera vez – si hubiese escrito exactamente el mismo tweet, pero suprimiendo las palabras: “pero no saldrá en las noticias.” En ese caso, el mensaje habría sido el siguiente:

– ¿Cuántos negros hacen falta para pintar una pared de rojo?

– En Liberia sólo hace falta un niño.

Existe una diferencia, ¿verdad? El primero es un alegato con crítica social. El segundo es un chiste cruel.

Personalmente creo que una mente lúcida sabría detectar la crítica social en la versión “recortada”.

Personalmente creo que una mente lúcida sabría detectar un utilitarismo frívolo en la versión “extendida”.

Personalmente creo que si aún quedan mentes lúcidas en estos tiempos convulsos, probablemente estén brindando con cianuro para no seguir soportándonos durante mucho tiempo.

El lenguaje humano es cojo, ciego y sordomudo. Y nosotros imbéciles.

Ser imbéciles tiene sus ventajas: Si no lo fuésemos no seguiríamos aquí. Nos habríamos marchado, o habríamos impedido que todo esto se convirtiese en “aquí”.

Pero estamos AQUÍ. Las cosas no son perfectas, y si intentamos arreglarlas obedeciendo el manual de instrucciones notaremos que nos sobran tres arandelas y cinco mil tornillos. En casos como éste me acuerdo de esa cita de Samuel Beckett que leí en una novela de Alex de la Iglesia:

Cuando tenemos la mierda hasta el cuello, sólo nos queda cantar.

En otras palabras, imbéciles: Este post va a tratar sobre los límites del humor

… o va a “tratar de tratar” sobre ellos porque el imbécil número uno soy yo, y confieso que tengo más opiniones quebradizas sobre el tema que argumentos potentes.

Llevo década y media dedicándome a esto de escribir. No es mucho tiempo, pero sí el suficiente para fabricar unas cuantas convicciones, cagarme en ellas, esculpir convicciones nuevas con la mierda resultante y volver a sentir – de repente – unas ganas incontrolables de cagar.

En esos años me he especializado sobre todo en dos géneros:

Comedia y terror.

Y a menudo la comedia y el terror se me juntan en un mismo proyecto, porque lo bueno del terror es que es como el color negro: que pega con todo…

… y también porque, en cierto modo, terror y comedia son el principio y el final de un mismo círculo. Ambos nacen de situaciones extremas, de circunstancias en las que ya nadie aguanta más.

En pocas palabras:

Risa histérica.

Reír por no llorar.

Llorar de risa.

Creo que el humor, al igual que el miedo o cualquier otro comportamiento humano visceral, está inscrito en nuestro ADN por una cuestión de pura supervivencia darwinista.

Así a priori estamos todos de acuerdo con eso, ¿verdad? “¡El humor es una válvula de escape!” “¡Al mal tiempo buena cara!” “¡Si la vida te manda pesadillas, devuélvele sonrisas!” “Jejejeje”

El problema llega cuando alguien hace un chiste sobre un tema que a ti te afecta de forma personal. De repente ese chiste es cruel, inhumano, desconsiderado, poco apropiado. “¡Una cosa es reírse y otra es tener mal gusto!

Podría termina este post justo aquí, en esta frase, si alguien me mostrase un barómetro objetivo para medir el sentido del humor y el sufrimiento humanos.

¿Alguien lo tiene?

¿Quién?

¿Nadie?

¡No! ¡Todos a la vez no, por favor!

Está bien, continúo:

Si trabajas en comedia para televisión, teniendo que hacer chistes todos los días sobre todos los temas, es muy probable que, de vez en cuando, te veas obligado a idear bromas sobre temas que, en ese momento concreto de tu vida, te afectan de manera muy directa.

Cuando la gente se sienta en el sofá, cuando hace zapping en busca de miserias que le hagan reír porque no son las suyas propias… a veces dichas miserias están escritas por alguien que sí las está viviendo en primera persona. No es raro que un guionista de comedia se vea obligado a escribir chistes de funerales cuando acaba de morírsele alguien. No es raro que tenga que escribir sobre anorexia cuando tiene un familiar cercano sufriendo dicha situación. No es raro tener que buscarle la comedia al cáncer mientras esperas los resultados de una biopsia (tuya o de un ser querido) o mientras tu hipocondría personal te susurra que quizá deberías hacerte una.

En esa clase de situaciones, un escritor consagrado al humor nunca te dirá que “de ese tema no hay que reírse”. En todo caso dirá: “Oye, hoy yo no estoy de humor para hacer chistes sobre esto. No quiero removerlo. Hacedlo vosotros. Ya os cubriré yo a vosotros cuando estéis en esta misma situación con cualquier otro asunto.

No obstante, también es habitual que la persona más afectada por algo sea la más dispuesta a hacer bromas sobre ello, la que propone los chistes más brillantes, ésos tan afilados que llegan hasta el tuétano porque provienen del tuétano. Lo hablaba el otro día con Daniel Castro: La comedia más auténtica proviene del dolor, de la indignación y de la rabia.

¡Y coño! Porque si algo tenemos en común quienes nos consagramos al humor es que no existe ningún tema del que no necesitemos reírnos. Siempre habrá bajas colaterales, por supuesto. Si algo no es susceptible de ofender a nadie, no es humor.

Cuando trabajaba en Vaya Semanita aprendí mil cosas. Una de ellas: Es casi imposible prever a quién vas a ofender con tus chistes. En ocasiones nos agarrábamos a la barandilla de la montaña rusa pensando que habíamos emitido algo que cabrearía a un montón sensibilidades… y no pasaba nada. En otras ocasiones, sin embargo, emitíamos algo que considerábamos relativamente inocente… y nos llovían quejas e incluso amenazas de denuncia.

Si hiciésemos comedia intentando no ofender a nadie seríamos mariposas incapaces de volar por miedo a provocar un terremoto en San Francisco.

Curiosamente, las personas más útiles en los velatorios son las que, a pesar de las circunstancias, consiguen hacer reír a los dolientes, quitándole hierro al asunto, apartándolos de su tormento durante algunos segundos. Esas personas me parecen héroes, o cuñaos, o vete a saber qué… Yo no sé hacer eso, a pesar de que me paguen por ello, muchas veces, a pesar de tener que hacerlo  en salas más deprimentes que cualquier tanatorio.

En cierta ocasión escuché a la humorista Raquel Sastre decir que, ante las quejas de muchos que pusieron el grito en el cielo sobre un chiste que Raquel publicó sobre Irene Villa… la propia Irene se pronunció sobre esa clase de chistes, e incluso especificó cuáles eran sus favoritos.

Lo decía más arriba y lo repito a riesgo de parecer cansino: Humor y miedo. Si reniegas del uno, asegúrate de que no estás condicionado por el otro.

Y donde digo miedo digo bilis, dolor, rencor, valle de lágrimas.

Propongo un experimento: Que dos personas transmitan un mismo mensaje: uno con seriedad, el otro con humor. Muchos se sentirán inclinados a crucificar al humorista. Porque no nos quieren libres: Nos prefieren con miedo.

Por supuesto que hay chistes de mal gusto, pero no siempre lo son por culpa del humorista en cuestión. Normalmente el cómico no sabe quiénes van a recibir su chiste, y si ése fuese un factor de peso para él, no existirían los cómicos.

Y si desapareciesen los cómicos ocurriría lo mismo que si desapareciesen las abejas: La Humanidad se iría al carajo.

El único código deontológico al que puede aspirar un profesional del humor es el sentido común. Y quizá también la convicción de que aunque el humor no esté por encima de todo… sí que está por encima de tropecientas cosas:

El humor tiene el poder de convertir los dragones en lagartijas.

El humor tiene el poder de convertir a Hitler en payaso.

El humor tiene el poder de aguar los licores amargos, los rencores…

El humor tiene el poder de que lo rígido se convierta en lo flexible…

… de que la lucha se convierta en baile.

La prota de Dentro del Laberinto derrotaba a su demonio personal diciéndole, muy convencida: “¡No tienes poder sobre mí!

A cualquier persona que esté ahora mismo en unas circunstancias desgarradoras yo le diría:

Cariño, hoy te ha tocado a ti. Vamos a sacarte una muestra de sangre y de tejidos y la vamos a usar para hacer chistes, porque la gente lo necesita y tú lo sabes. El día en que me toque a mí estar tan jodido como tú, aceptaré que hagáis lo mismo conmigo. Hoy por ti, mañana por mí. (…) Sí… tienes razón… es mejor cuando lo explica Eric Idle:


QUICKIES

2 septiembre, 2010

por Pianista en un Burdel

Este es mi primer post después de las vacaciones, si exceptuamos El fin del mundo ya fue, una llamada de atención que espero muchos de ustedes se hayan tomado en serio, porque es de lo más serio que va a pasar en los próximos días.

Para hacer una reentrada suave, no me voy a ciscar en nadie ni voy a perorar sobre formato ni nada parecido. Sólo unas cuantas ideas para aquellos que aún no hayan encontrado un buen propósito para el año nuevo. (Ya saben que las personas decentes no hacen sus propósitos el 31 de Diciembre, sino el 31 de Agosto.)

Vamos allá, de más barato a más caro:

Propósito 1: mover mi guión. Éste es uno de los primeros propósitos en flaquear: ¿Y a quién se lo envío…? Si es que luego no contestan… ¿Y si luego me lo plagian…? Si además los directores en España no quieren guiones ajenos…

A mí estas actitudes derrotistas me parecen síntoma de falta de talento. La mayor parte de las veces esconden una certeza absoluta sobre la falta de calidad del propio trabajo. Es más fácil autocompadecerse que esforzarse por mejorar. Pero aun así, me gusta dejar sin excusas a esos blanditos que se quejan por lo difícil que está todo sin haber movido un dedo. Aquí les dejo el email de un director que está buscando guiones ajenos:

carnedeneon@yahoo.es

Es Paco Cabezas. Lo petó con su corto “Carne de Neón” hasta el punto de que le produjeron una peli basada en el corto. Se titula igual: “Carne de Neón”, y está a punto de estrenarse. En el blog de la peli apareció el lunes pasado una entrada titulada Quiero leer guiones, donde Cabezas dice literalmente:

[…] Escribir y dirigir una película es un proceso muuuuuy largo, meses, años de tu vida dándote cabezazos contra una pared de granito, hasta que ves la luz al final del túnel o te abres la cabeza.

Es por eso que voy a hacer algo fuera de lo común, se me ha ocurrido dejaros un e-mail por si hay alguien ahí que tenga un guión de largometraje que merece la pena ser leído… Ahora es buen momento…

La cosa es sencilla, punto 1, si has escrito un “melodrama-donde-se-ve-crecer-la-yerba-y-cuando-parece-que-va-a-pasar-algo-va-y-se-acaba” ¡No me lo mandes! agradecería que fuera un guión de género, llámale thriller, terror o comedia, o mejor los 3 la vez.
Punto 2, es bastante probable que me parezca una p*** mierda, no te lo tomes a mal, eso no quiere decir que no sea un buen guión o que no tengas talento, quiere decir que mis primeros 8 guiones eran espantósamente malos y que de tanto leer y escribir me he convertido en un cansino perfeccionista bastante ego-maníaco (Y un poco gañán también) y que el 99% de las veces que leo un guión acaba en la hoguera (En casa nos calentamos con una pila de guiones) porque me cuesta pasar de la pag 30 y me aburro con muuuucha facilidad…
Así funciona mi cerebro en un día bueno
¿Y qué pasa con el 1% restante? Pues que de ese guión puede salir una película, así de simple… Cuando yo trabajaba en el videoclub no tenía los contactos que tengo ahora y hubiera matado porque alguien me enseñase una puerta abierta. Así que, aquí está…

Lo dicho: no tienen ustedes excusa, quejicas de mierda. Recuerden: carnedeneon@yahoo.es. Dense prisa, antes de que se arrepienta o le pete el email.

Propósito 2: hacer algún cursillo de guión. Alguna vez he dicho que hacer cursillos breves con guionistas en activo me parece mucho mejor estrategia para meter la cabeza en la profesión que matricularse en inacabables carreras o carísimos masters. En menos de tres semanas da comienzo en Madrid uno de los cursillos más apetecibles que puedo imaginar: el TALLER DE SKETCHES de la Fundación Autor. Los profesores: nada más que Diego San José (Pagafantas, No Controles, Vaya Semanita…) y Rubén Ontiveros (Qué vida más triste, Vaya Semanita, Made in China…)

Dos monstruos del humor enseñando cómo hacen su trabajo en un cursillo eminentemente práctico. Son seis días y cuesta 200€ (sólo 125€ para socios de SGAE). Aquí el programa y aquí el boletín de inscripción. Más información: angomez@sgae.es

Propósito 3: hacer las Américas, que aquí la cosa está imposible. No sé si alguna vez les he hablado de InkTip. Es algo así como el Escaparate de Abcguionistas… pero de verdad. Un sitio donde los autores, por una tarifa razonable, pueden exponer sus guiones para que las productoras puedan acceder a ellos. La web está llena de testimonios sobre las producciones que han salido de ahí.

Pues bien, la gente de InkTip ha montado ahora un megaevento presencial en plan citas rápidas entre autores y productores. Lo han llamado InkTip Pitch Summit y tendrá lugar el 25 y 26 de septiembre en Los Angeles. Aquí ya estamos hablando de cuatro cifras, naturalmente. Les cobrarán 300$ por participar, lo que no es caro ni mucho menos, viendo la enorme lista de productoras que acudirán. Ahora bien, hay que pensar en hotel y avión, con lo que la broma, desde España, no bajaría de los 2.000€, calculo. Pero bueno, si lo combinan con ese viaje a L.A. que siempre quisieron hacer y para el que tanto han ahorrado…

El plazo límite para inscribirse es el 10 de septiembre.

Y eso es todo por mi parte hasta la semana que viene. Sigan pasándose por aquí, porque el resto de los bloguionistas ya están volviendo de sus vacaciones… y Chico Santamano ya va a dejar de publicar refritos.


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