FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 1

11 abril, 2013

Varios de los autores habituales de este blog somos profesores del Master de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca. Con este post, comenzamos una serie de “firmas invitadas” muy especiales: los alumnos del Master.

Con ustedes, los guionistas del futuro.

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FRASES TATUADAS EN EL ALMA DE UN ASPIRANTE A GUIONISTA

por Luis Jara y Alejandro Campos.

 

Atrás quedan ya cuatro duros meses de trabajo intenso en el Master de guión de ficción de la Universidad Pontificia de Salamanca. En las teclas de nuestros portátiles han caído gotas de café, ceniza de cigarrillo y alguna que otra lágrima. Queremos compartir con vosotros algunas sentencias recogidas en el master que nos han marcado y que tenemos muy presentes a la hora de sentarnos a escribir…

“ No, no, eso no lo escribas…”

“Ale, llevamos una hora para escribir este párrafo.”

“Lo de la ceniza y las lágrimas, no. No seas melodramático”

“…”

“¿Qué te pasa, Luis?”

“Mira, Ale, lo mejor es que cada uno escriba sus frases, porque es que no hay manera de ponernos de acuerdo”

“Vale, bien, empiezo yo y no me interrumpas…”

“¿Y si te presento yo, y tú me presentas a mí luego?”

“Cuidadito con lo que escribes”.

FRASES DE ALEJANDRO CAMPOS ESPAÑA:

Sevillano y trianero, amante del flamenco y de Almodóvar. El género en el que más a gusto se siente como guionista es en la comedia costumbrista, disparatada y con toques  de humor negro; y sobre todo, eso sí, en el melodrama. Esta ha sido su elección.


1. Alberto Marini: “Bayona emplea unas premisas muy potentes en sus películas: madre busca a su hijo en El orfanato; y madre/padre busca a sus hijos en Lo imposible”.

Sin premisa no hay película y mucho menos si esta no es lo suficientemente potente como para arrastrar a los personajes a la aventura de solucionar los conflictos que se le presentan.

¿Hay acaso un conflicto más potente que el hecho de que una madre busque a su hijo desaparecido, o viceversa? Las historias con esta premisa se repetirán una y otra vez, lo importante es el cómo se cuenta más que lo que se cuenta. Este supuesto, que trata la unidad de la familia, funciona porque debajo de la premisa se esconden muchos sentimientos con los que cualquier espectador se sentirá identificado, pues todos tenemos o hemos tenido una madre o un padre, o hijos a los que queremos con locura.

2. Natxo López: “El vestuario da comedia”.

El vestuario resulta fundamental en la comedia. Es un elemento visual que no sólo sirve para caracterizar al personaje, sino que además da mucha fuerza dramática a la historia que se quiera contar, y más aun si se trata de hacernos reír.

Ejemplos de ello hay muchos: quizás los más conocidos son Tony Curtis y Jack Lemmon vestidos de mujeres durante todo el metraje de Con faldas a y lo loco; Dustin Hoffman en Tootsie; Robin William en la Señora Doubfire; los enormes pendientes de cafetera que llevaba María Barranco en Mujeres al borde de un ataque de nervios; el inamovible e inalterable peinado de Marcia Cross en la serie Mujeres desesperadas; o el disfraz de tigre que llevaba Roberto Álamo en La piel que habito.

¿Es tarea del guionista o del director decidir la ropa o complementos que deben llevar los personajes en las historias? Tratándose de comedia estoy convencido que deben ser los guionistas los que deben dejar marcado esta decisión, siempre y cuando aporten una mayor caracterización a los personajes, esté al servicio de la historia, y den una mayor fuerza visual. Recordemos que la comedia suele prestarse a la inclusión de una paleta de colores mucho más estridente que a primera vista puede impresionar y marcar un ritmo dentro de este género.

3. Pablo Remón: “En la comedia los personajes se toman su papel muy en serio. Nos resulta ridículo eso que a los personajes les parece vital”.

Natxo López, coordinador del taller de escenas, dijo también algo muy parecido: Los monólogos funcionan muy bien en la comedia cuando lo que cuenta el personaje le importa mucho”.

Esto que el personaje puede contar o no, a modo de monólogo, visto con una cierta distancia por parte del espectador es lo que nos hace reír. Pues vemos lo patético que resulta aquello en lo que el personaje cree con total convicción.

Generalmente, estos monólogos vienen acompañados de sinceridad y desnudez psicológica por parte del personaje. Es aquí donde los conocemos mejor, pues descubrimos sus errores, sus torpezas, su ignorancia o sus debilidades. Y es esto justamente -lo que los hace vulnerables- lo que los hace tronchantes, a la vez que nos permite identificarnos con ellos.

En ocasiones esa vulnerabilidad puede ser reconocida por el personaje, y en otras no, pero en ambos casos, colabora a que nos riamos y sintamos empatía hacia ellos.

Llegados a este punto, me pregunto: ¿cuáles son los límites entre el humor blanco y el humor negro?

El humor negro quizá se fundamente en la mayor distancia que adopta el espectador frente al personaje y aquello que le ocurre.

Bajo mi punto de vita, puede coincidir también con que el personaje adopte por sí mismo una mayor distancia frente a los conflictos que se le presentan.

Estos personajes me parecen más inteligentes, pues son capaces de identificar y reconocer con madurez y crudeza aquello que les ocurre y reírse de sí mismos.

Esto no quiere decir que el espectador no se sienta identificado en alguno de los defectos o debilidades por parte del personaje.

Ejemplo de ello podría ser la película Carmina o revienta, donde el personaje de Carmina es capaz de distanciarse de lo todo lo que le sucede, se ríe de sí misma, y busca soluciones poco ortodoxas que nos hacen reír y que nos colocan en una posición como espectador mucho más distante. Quizás aquí nos sintamos unidos al personaje de ella, a pesar de todos sus defectos, por el mero hecho de ser una luchadora.

(Continuará)



LA ROPA

14 marzo, 2012

Por Chico Santamano.

Lourdes había nacido para coser. Desde pequeña jugaba con el costurero de su madre y creaba con un poco de hilo, aguja y trapos de cocina vestidos de princesas y brujas. Siempre supo que ESO era lo suyo, pero no veía sus vestidos en pasarelas o escaparates. La moda le provocaba una profunda indiferencia, con lo que Lourdes soñaba era con ver sus vestidos, sus chaquetas, sus trajes perfectamente cortados en la gran pantalla.

Durante años se preparó para ello y en cierta forma consiguió cumplir su sueño. Sus trajes no llenaban de color y texturas las pantallas de cine, pero sí lo hacían en la tele. Comenzó como ayudante y acabó siendo la máxima responsable de los atuendos que caracterizaban a cada uno de los personajes de la serie.

El ritmo de la tele era diabólico. Casi no tenía tiempo para coser detalles que contarán “algo más”, ni presupuesto para comprar las mejores telas. Sin tiempo ni dinero, acababa comprando una vez tras otra en las mismas tiendas donde compraban el común de los mortales. ¿Qué le iba a hacer? Ella no podía luchar contra los elementos. Aún así, Lourdes era muy buena y conseguía auténtica magia combinando unas prendas con otras, tiñendo, cosiendo y descosiendo… Ese era el auténtico reto y ella lo superaba con tanto orgullo como resignación.

Luego estaban los actores, claro. Lourdes se hartaba de escuchar una y otra vez que si “esto me hace gorda”, “esto no se lo pondría mi personaje”, “esta camisa ya huele”… Lidiar con las estrellas nunca ha sido fácil, pero nuestra protagonista era paciente y con una sonrisa y un poco de verborrea engañabobos conseguía ceder lo justo e ignorarles lo suficiente como para no tener que estar cambiando el vestuario de todo el reparto día tras día.

Con todo y con eso, Lourdes disfrutaba con su trabajo. Excepto un día clave que se repetía por cada nuevo capítulo al que se debía enfrentar. Lo peor que llevaba Lourdes era el pase de vestuario. Los jefes de equipo se sentaban alrededor de una mesa; arte, maquillaje, producción… No faltaba nadie. Es importante que todos los departamento sepan cómo van a lucir los protagonistas. El ayudante de dirección, junto al director de ese capítulo, iba repasando una por una cada prenda que aparecería en ese capítulo. Lourdes iba poniendo el vestido sobre la mesa y todos comentaban como si ella no estuviera delante. Como si toda esa ropa hubiera salido de la nada y no fuera fruto de su esfuerzo y el de su equipo. El ayudante de dirección no perdía la oportunidad de destacar alguna costura o el típico botón que por las prisas se había quedado un poco suelto. Todos reían. Lourdes también… no quería quedar como una siesa, claro. De repente, el director y su comentario de siempre… “Otra vez ese color”. Lourdes era consciente de la repetición, pero qué haces cuando tienes tantos personajes a los que vestir y llevas tantos capítulos a tus espaldas. Es difícil no reincidir. Como siempre, el jefe de producción se echaba las manos a la cabeza y la hacía sentir culpable por haber usado telas caras. ¿Qué culpa tenía ella de tener que vestir a personajes ricos?

Con el tiempo, Lourdes se fue acostumbrando. Sabía que no lo hacían con maldad ninguna. Cuando se trabaja durante mucho tiempo en una misma serie la ilusión deja paso al cinismo y todo el mundo necesita reírse un poco de la ropa para no caer en el tedio. Además… ¿Qué podía hacer ella? Era evidente que todos sabían más que Lourdes sobre vestuario. Todos tenían un figurinista dentro. Posiblemente el mejor figurinista de todos los tiempos.

Todos se creían con derecho a opinar y sobre todo a señalar y a hacer bromas sobre las carencias del esfuerzo de Lourdes. La figurinista siempre se lamentaba de que no hubiera mesa de planes de rodaje, desgloses de producción o pases de peluquería. Ella también quería hacer bromas del trabajo ajeno. Pero a Lourdes le había tocado ser el centro de atención en el único momento del proceso donde todos sus compañeros se reunían. Y aunque todos ellos fueran conscientes del poco tiempo que tenía para preparar el capítulo, puesto que también eran víctimas de esas condiciones de trabajo, sus compañeros no podían evitar reírse del guión… perdón, de la ropa de Lourdes.


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